martes, 7 de abril de 2026

VIDA: 7 de abril de 2026

He decidido que mi 2026 empieza hoy, sí, en abril. Siento si me habéis leído o escuchado algo semejante antes. A veces las piezas de un puzle tardan en encajar, pero acaban haciéndolo. No envié las tarjetas de Navidad, la semana pasada rompí dos de las tres que hice en verano y las tiré, sin remordimiento, incluso con cierto alivio si me apuráis. Así que no sé, puede que las demás tengan el mismo final. Ya veremos. De momento no las mando porque me encanta escribir, lo adoro, no es ningún secreto, pero procuro ser honesta conmigo misma y no es mi momento para felicitaciones navideñas, cargadas de palabras que a la mayoría puede que no les sirvan ni les gusten y que a mí no me apetece poner. Quizás cambie de tercio y escriba porque sí, un día de primavera que ande inspirada, sin prisa pero sin esperar tampoco a que llegue otra Nochevieja. Y en vez de enviarlas las entregue en mano, según sople el viento, todo es posible. Tengo que darle una vuelta je, je.

Así que espero que mi año inaugurado a 7 de abril tenga otros colores. Que deje de ser parte de lo que soy y me saque más partido en muchos sentidos. Sé que potencial no me falta, lo siento pero tristemente abuelos no tengo ninguno vivo desde hace muchos años, así que me permito decirme esto, porque me da la real gana. Total, hoy es el comienzo oficial de la tercera evaluación, el último tramo del curso. Y he decidido afrontarlo de otra manera. Quiero disfrutar lo que no he podido en las dos anteriores, y tengo razones en ambos institutos, con nombres y apellidos de adultos y adolescentes, para exprimir esta parte final del año académico.  Y eso lo voy a aplicar a los demás ámbitos de mi vida. 

Y si en breve puedo tener mi dosis de mar, aunque no sea para bañarme, ya que estamos en abril y no he perdido el norte, todo va a tener una gama cromática todavía más bella. Estos días, sin pasar nada del otro jueves, han estado llenos de palabras cariñosísimas de algunos de mis ex alumnos. Me cuesta un mundo ponerles un ex delante, porque mis polluelos lo eran y lo siguen siendo, igual que el pollito. 

Como ya mencioné en la entrada anterior, estos días sin clases los he pasado regular en lo que a salud se refiere. Pero he vuelto a dibujar por gusto y no por obligación. Resultado de tres madrugadas productivas son estos tres árboles de la vida. 



Fotografías propiedad de Raquel Plaza Juan. 

Siento si a alguno le entra diarrea visual al ver tanto color junto. Si fueran menos coloridos, os garantizo que serían de otra persona. Reconozco que cuando estuve en San Eloy una de las cosas que más me costó fue la etapa de carboncillo. Y de dibujar teniendo en cuenta tantos parámetros. Puedo pasarme horas y horas dibujando, es frecuente que al ponerme a ello pierda la noción del tiempo, pero me aburría soberanamente tanta técnica. Lo mío es más la creatividad, la imaginación, un espíritu libre que puede fijarse en algo que ve, pero quiere modificarlos según los ojos que observan. Y que se note que es mío, cada cual tiene su sello. Recuerdo los dibujos de un alumno del CEIP "Santa Catalina", que dibujaba con una ternura inmensa, como la que él tenía. En navidades di con una tarjeta suya de una actividad que hicimos en clase, y verla ahora, que ya debe haber acabado Medicina, fue muy emotivo. Y verlo actualmente, ya un adulto, igual, aunque sigue conservando esa ternura que derrochaba por todos sus poros. Una mirada distinta, incisiva, enigmática, tierna también, entonces y ahora. La verdad he dado con muchos niños y niñas que hablaban con la mirada más que por la boca, fueran callados o unos cotorritos.

A los tres árboles de las fotografías van a seguirles otros cuantos en A3 y A4. Porque lo que se promete, si se puede, hay que cumplirlo, aunque sea dos años más tarde. Me gusta muchísimo el árbol de la vida y no lo disimulo. Es un motivo muy presente en mi vida desde hace bastantes años. 

Así que a nada de despedir el 7 de abril...¡Feliz año nuevo (mío)!


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