Sé que lo he visto anteriormente, pero no sé exactamente dónde. Google me ha "chivado", la etimología de RECORDAR:
A finales de mayo, un par de días antes de acudir a mi cita con la Feria del Libro de Madrid, hojeando poemas del libro Fragilidades de Sara Búho, me detuve ante algunos poemas. Uno de ellos es "Pide ayuda a la niña". No pude evitar leerlo un par de veces, y masticar lentamente esas palabras. Y a la vez que las masticaba, mi memoria me hacía viajar el pasado.
Y viajé, viajé a la niña que fui. A esa niña que jugaba a la comba en el patio del "Paco Viruta". A la que "fabricaba"en otoño cestas o largas cadenas con las hojas de los chopos que cubrían gran parte del patio del cole. A la que jugaba a "la calle 24" o cambiaba hojas con dibujitos (algunas además con olor), con otras compañeras. También a la que cuando iba a celebrar su cumpleaños se empecinaba en hacer las invitaciones a mano en vez de comprarlas hechas. Y a esa niña que año tras año le pedía su madre un disfraz de princesa cuando se acercaban los carnavales. A la que tenía la suerte de ir unos días a la playa cada verano, muchos de ellos a Benidorm. Viajé además a la que dibujaba princesas de perfil con cinturitas de avispa y luego vestidos con mangas abullonadas y faldas muy aparatosas. Casi siempre rubias y de largas melenas. A la que le encantaba jugar al pañuelo pese a ser más lenta que "el caballo del malo", y a bomba, y al baloncesto con el equipo del cole, pese a que en los partidos me sacaban poco (casi todos los entrenadores) y me llevaba siempre codazos para dar y regalar. A la que admiraba a muchas otras niñas de su edad pero no acababa de encontrarse a ella misma. A la niña que le encantaba ir de excursión con el cole y mucha de la ropa que llevaba era hecha a medida por Cata. A la niña que miraba a algunos chicos pero no sentía que ninguno la mirara a ella con los mismos ojos. A la que se reía con los compañeros de clase. A la niña que un día de un curso cualquiera un compañero regaló una piruleta de corazón por San Valentín, detallazo que tuvo con todas las niñas de clase, pero detallazo igualmente. A la que era feliz en clase de Plástica y sufría en Educación Física, excepto cuando se portaban mal y Argi paraba la clase, entonces era feliz por dentro, mantenía las formas exteriormente pero en mi interior había fuegos artificiales. A la niña que se creía casi todo lo que le decían y especialmente eso de "mejor amiga" (lo que ahora llaman mis alumnas "meja" o "bestie"). A esa niña que nunca sacaba los pies del tiesto y no se portaba mal en clase ni llevaba la contraria a sus padres...ni a nadie. A la que se enfadaba de vez en cuando con su hermano pero al mismo tiempo lo quería con locura. Y a esa niña que cargó la mochila de su hermano ni sabe cuántas veces subiendo las escaleras del cole cuando su hermano tenía un esguince y/o fractura...Y por eso aprendió dónde está la calle Bientocadas en Salamanca y no se le ha olvidado a día de hoy. A la que recorría las tiendas de "Todo a 100" en Benidorm buscando figuritas. A la que disfrutaba yendo con la hucha del "Día del Domund" cuando ya era "mayor". A la que iba a los "Multicines Salamanca" a ver las pelis de Disney. A la niña que soñaba despierta e imaginaba cómo sería su vida en el futuro. A la que hacía castillos de arena con su hermano y el "tío Felipe" con bandera y todo. A la que aprendió a nadar en la piscina de Beatriz. A esa que disfrutaba lo que no está escrito cada víspera de Reyes en la celebración del Ambulatorio para hijos de trabajadores del hospital. Llegando a llevarles cartas a los "Reyes", incluso al Baltasar que muchos años después le puso una férula en Urgencias. Los Reyes eran, son y serán de carne y hueso, aquel Baltasar falleció estando de vacaciones. A la niña que se le iluminaba la cara cada vez que iban a Miranda Do Douro con sus padres, su hermano y "tía Tere". Y le sabía allí la tortilla de patatas de su madre aun más rica. A la que llevaba chándal de tactel y una vez se pateó ni se sabe las tiendas de Miranda buscando una muñeca de porcelana para su primera comunión. A la que una semana antes de acabar 8º de EGB le dio por llorar y acabaron llorando todas las niñas de 8ºC un buen rato, porque nos íbamos del cole. Y en mi caso no iba al mismo sitio que mis compañeros y mis amigas. A la que se pintaba las uñas desde los seis años. A la que disfrutaba ver cocinar a su mamá y hacer de pinche, inolvidables esos hornazos caseros para el "lunes de aguas". Y, por supuesto, ese olor en el obrador de "El Nene" en Villares, mientras esperábamos ilusionados ver salir nuestro hornazo. A la que soplaba las velas cada 21 de agosto y cada 17 de septiembre, porque cuando yo era pequeña me dejaban ayudar también a soplar en el de mi hermano. A la que fue feliz cuando con "su dinero" (paga) pudo empezar a regalarles algo a sus padres por Reyes. A la que el "Día de la madre" y el "Día del padre" le encantaba hacerles un dibujo y ver la cara que ponían al verlo. A la que se tomaba una leche merengada en la terraza de las "Torres" en la Plaza Mayor. o a la que iba a las piscinas de "Las Torres" (actualmente Hotel Emperatriz) con su hermano y una de sus primas. A la niña que bailaba como una posesa las canciones del tocadiscos. A esa que subía a toda prisa las escaleras de madera de "La Religiosa" en navidades con su padre y su hermano para comprar algún adorno nuevo para el árbol o alguna figura para el belén. A todos y cada uno de esos momentos, y más, de la niña que fui, he viajado gracias a la lectura de Sara Búho. Creo que conservo algunas cosas de esa niña.
Supongo que es parte de mi esencia, aunque hayan pasado muchos años y haya cambiado por dentro y por fuera.
Y como dice en "Pide ayuda a la niña", "Recuerda que sabes ser feliz". Y sí, eso no se nos debe olvidar nunca, pero nunca, nunca. Estamos aquí de paso, vamos a intentar disfrutar de ese viaje, y de los compañeros que bajan y/o suben a nuestro vagón. Y cómo no, de los que se han quedado en él. Feliz comienzo de semana a todos, y mucho ánimo a los docentes que estáis hasta el moño y más allá de exámenes, cuadernos, informes, reuniones, planes de refuerzo/recuperación y de todo. Por supuesto ese mismo ánimo lanzo a los alumnos, que tampoco pueden más, ni a las familias que lo dan todo desde que empieza el curso hasta que lo despedimos. Hacedme todos el favor de intentar lo más felices que podáis con lo que tenéis y con los que tenéis.