Este vídeo sobre el cartel que tiene una persona ciega, me parece que encaja muy bien aquí.
Nuestras palabras pueden hundir a una persona (sí, tal cual) o alegrarle el día, así que no debemos descuidarlas. Aquí ya lo digo en nuestra faceta como docentes, en la que tenemos ante nosotros a un "público" muy vulnerable, muy especial: niños o adolescentes, inmersos en una espiral de cambio continuo. Igual que le digo a mis alumnos, aunque no siempre logremos cumplirlo. Primero, piensa, y un rato después, empieza a hablar. Hay que hablar con el corazón, pero usando la cabeza. Como si fueran las ruedas de una bicicleta, que van dando vueltas al unísono.
Y una canción de Amaia Montero que a lo mejor os extraña que ponga aquí, pero me parece que vale la pena la conjunción texto e imagen del vídeo.
