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domingo, 12 de febrero de 2023

Los Goya del amor

Llevo ya algunos años aprovechando los discursos de agradecimiento de los Goya para escribir en el blog. Eurovisión y los Goya suelen ser dos citas televisivas ineludibles para mí. Procuro no quedar con nadie ninguna de estas noches. Anoche lo tuve fácil porque fui de excursión y regresamos tarde, ya era de noche. De hecho me costó no quedarme frita, por el cansancio acumulado. Esta vez no voy a poner el vídeo de ninguno de los premiados. Por aquí, en entradas de años anteriores, están por ejemplo Blanca Portillo, Jesús Vidal o un jovencísimo Miguel Herrán.

Ayer me di cuenta que todos los discursos tenían dos ingredientes comunes: la gratitud y el amor. Hace no mucho leí en algún lugar una frase que dice así: "La gratitud es la memoria del corazón." Y así es. Se habló mucho de amor, amor a la profesión, a la familia en general, a los hijos y/o a la pareja en particular, a los amigos, a los compañeros de trabajo, a las mascotas, a la cultura. al cine...Puede que algunas galas de los Goya sean un tostonazo, pero habitualmente siempre tienen "algo" que me mantiene bastante espabilada.

Así que esta entrada va de retazos, de destellos de amor que anoche pude disfrutar. Es la entrada que tiene el 14 de febrero en mente, aunque me adelante un poco. No es nuevo mi cagaprisismo, así que a nadie le extrañará que me adelante. Obviamente recibir un Goya debe ser algo emocionante, y disfruto mucho viendo la emoción que otros transmiten. No me olvido de mis estudios de Comunicación Audiovisual, y me encanta "escudriñar" cada detalle de la gala.

Me gustaría empezar por el principio de la gala. Tras una actuación musical de la mano de Manuel Carrasco, con la colaboración de un puñado de actores y actrices, y una breve intervención de Clara Lago y Antonio de la Torre, Carmen Maura hizo entrega del Goya de honor a Carlos Saura. Como el director había fallecido la víspera de la entrega de los Goya, pensaba que tal vez nadie cercano iría a recogerlo. Pero no, dos de sus hijos, Carlos y Ana, y su pareja, Eulalia Ramón, fueron a recogerlo. Quiero destacar la intervención del primogénito de Carlos Saura, Carlos. Habló de la importancia de las cuatro mujeres en la vida del cineasta: sus cuatro esposas (añadió a su hija Ana, la única hija del fallecido). Reivindicó la importancia de esas mujeres en la vida de su padre, y que lo convirtieron en la maravillosa persona que fue. Me pareció un acto de amor tremendo, también de gratitud y generosidad, destacando a cada una de ellas de una manera diferente. Supo valorar la importancia de cada mujer en la vida de su padre. Simplemente, brillante. No todo el mundo sería capaz de hacer lo que él hizo, y transmitir esa sinceridad. Cada cual es de una manera, pero a mí me parece que nuestra manera de ser, de actuar, de todo, tiene que ver con las personas con las que elegimos compartir nuestra vida.  Ya sean los amigos, la pareja...Y quiero pensar que esas personas que elegimos y, también ellas nos han elegido a nosotros por supuesto, sacan la mejor versión de cada uno y son capaces de iluminar nuestros días más oscuros. Es el único vídeo de la gala que voy a incluir. Sin el premiado, pero con la emotiva presencia de tres de los pilares de su vida.

La gala de los Goya duró alrededor de tres horas y veinte minutos. Estad tranquilos que esto no es un resumen de toda la gala. He procurado exprimirla y quedarme con lo mejor. De todas las películas nominadas solo he visto una, "Cinco lobitos". Y justo voy a resaltar a una actriz de esa película: Laia Costa. Ganó el Goya a Mejor Actriz Protagonista. Entre lo que dijo, destaco lo que comentó sobre los últimos meses. Lo hermoso de habérseles acercado mucha gente a decirles que, después de haber visto "Cinco Lobitos," sentían la necesidad de llamar a sus familiares (padres, hijos...). Y Laia deseaba que ojalá, mucha gente más la viera y esas llamadas se hicieran. Y pensé en todas las cosas que a veces nos guardamos. En los números que no marcamos y en mil cuestiones. He buscado respuestas, no he encontrado todas. Pero no me apetece nada dejarme algo sin decir, una llamada sin hacer o un café pendiente.

La verdad es que empecé la gala llorando, y la acabé poco más o menos igual. Me pareció muy emotiva, y esa carga emocional tan alta traspasó la pantalla. Eso y que hay momentos en los que estamos más sensibles que otros. Y llevo un tiempo con las emociones a flor de piel, y lo que me rodea me afecta una barbaridad. Respiro profundamente,  paseo, lloro, río, me desahogo y procuro desconectar el coco al apagar la luz. 

Pero vuelvo al amor y la gratitud mencionados al principio, porque me gustaría que fueran el hilo conductor de esta entrada. Ojalá el 14 de febrero sepáis adaptarlo a vuestra situación personal. Estoy convencida que, de un tipo u otro, pero en vuestras vidas el amor está presente. Agradeced ese amor y todas y cada una de las fuentes de las que proceda.

Creo que es imposible vivir sin amor, y la gratitud ha de ir muy ligada a él.

Gracias por amarme. Gracias por hacerme sentir especial. Por hacer que me vea guapa todos los días, con lo difícil que me resulta a veces. Gracias por los besos, los abrazos. Por esos silencios que valen oro, por las risas compartidas. Por las miradas cómplices sin mediar palabra. Por poder escuchar el latido de otro corazón.  Por cada palabra, aunque no todas me guste oírlas, pero entiendo que a veces también digo cosas y puedo no "acertar", todos metemos la pata. Este año Miley Cyrus estrenó una canción fabulosa. Fabulosa por forma y por contenido. Un buen ejemplo de cómo hablar de despecho de una manera elegante, no como Shakira. Como dice la letra de "Flowers" traducida, "puedo comprarme flores a mí misma " (y lo que haga falta o me apetezca en un momento concreto), pero también me haría mucha ilusión que me las regalaran. O cuando afirma "puedo amarme mejor (de lo que tú lo haces)". Considero que son amores distintos. El amor a un mismo es autoestima. Y necesitamos tener una autoestima adecuada. Pero el amor que sentimos hacia otra persona, es amor. Y el que esa persona siente también es amor. No es ni mejor ni peor que el que tenemos hacia uno mismo, son otros amores. Cuando dice "puedo ver cosas que no entiendes". Puede pasar, pero también una pareja nos puede hacer ver cosas que no vemos o ayudarnos a entender las cosas de una forma diferente. Eso no tiene por qué ser malo, puede ser enriquecedor porque nadie, repito nadie, tiene que estar en posesión de la verdad.

Soy de las que insiste mucho en la necesidad de decir, de expresar lo que sentimos, de decirlo con palabras. No obstante, muchas veces los gestos valen más. Pero las palabras pueden hacer falta, y ser necesarias según en qué circunstancias. Y por eso escribo esta entrada, porque tenía ganas de dejarlo por escrito, y dejar constancia de lo afortunada que me siento. Viva el amor que crece en libertad. Viva el amor que se mantiene pese a rachas duras. Viva el amor que permanece pese a la distancia. Viva el amor generoso, valiente, el que es capaz de afrontar adversidades juntos y derribar barreras. Viva el amor que nos hace crecer juntos, estando en construcción o en reconstrucción. Viva el amor que permite a cada cual crecer y hacer realidad sus sueños. Viva el amor que  comparte la rutina, la ilusión, la esperanza, a preocupación, la duda, la confianza, la lealtad, la verdad, la tristeza, la melancolía, la alegría, el placer, la valentía, el miedo, la ausencia, la presencia, la tormenta, la calma...Y viva el amor, sin más. 

Y aunque soy de las partidarias de San Valentín, al igual que con el cumpleaños o los Reyes Magos, no son más que "excusas" para acordarme, incluso un poco más, de los que quiero. Y eso hay que celebrarlo todo lo que sea posible. Gracias.

La guinda musical no se la dejo a Miley Cyrus. Manuel Carrasco, versionando los "Cantares" de Serrat, se ha ganado este lugar. No lo olvidéis, se hace camino al andar. Pero hay que dar el primer paso. El amor se construye cada día, con cada detalle, palabra, mirada, mensaje...Celebrad el 14 de febrero, pero no solo ese día, haced que todos los días sean un poquito "San Valentín."

viernes, 10 de abril de 2020

Lluvia cae: CORONAVIRUS día 27

Estamos (los docentes y el alumnado) a escasos días de acabar nuestras "vacaciones" de Semana Santa. En este momento no tengo ni idea, tal cual, de qué va a ser de todos nosotros en la tercera evaluación. Imagino que será porque tal vez ellos (los de arriba del todo) también los desconozcan, y estén esperando a cómo evoluciona todo para decidirlo en los próximos días.

De cualquier forma, ojalá sea algo coherente, y den instrucciones claras, comunes para todos los centros educativos. Y que sea lo más justo posible. No digo que ser justo sea fácil. Pero reconozco que tal cual, la teleeducación es una injusticia, por muchas cuestiones. Espero que al menos anulen la tercera evaluación. Que podamos seguir virtualmente planteando actividades a los alumnos (planteen un repaso de las dos evaluaciones anteriores o avanzar materia), pero sin tener que ponerles una nota por este periodo surrealista, en el que las realidades de cada casa son distintas y me consta que hay diferencias abismales. 

A mí no me quita el sueño la parte académica de toda esta historia, pero lo que de verdad me preocupa es el plano personal. Me pregunto cómo estarán ellos, sus familias, y lo mismo respecto a todos mis compañeros de Béjar. Sí, seguimos en contacto, pero no es igual. Esta tarde una alumna me decía a través del Class Dojo que ella también nos echa mucho de menos, y me hablaba de las ganas que tiene de volver al cole...¡Y yo! Aunque con la mano en el corazón creo que en lo que queda de curso ese reencuentro en las aulas entre profes y alumnado no va a producirse (pero quién sabe). 

Tengo ganas de retomar esa rutina que tantos quebraderos de cabeza me da y es agotadora. Ganas de volver a madrugar a las mil de la mañana y empezar las clases en el Fili de Béjar a las 9. Con sus cinco sesiones y un descanso de por medio. Con la tarde, reuniones de coordinación, reuniones informativas, celebraciones, recreos...Con todo. Pero lo veo bastante negro. ¿Estaré equivocada? Mi cabeza prefiere hacerse a la idea de "esto va para largo," y así podemos salir antes de lo que creo, sería un alegrón. 

Y el "tengo ganas" podría ser bastante extenso, especialmente si enumerase a todas las personas con las que quiero reencontrarme. Hay días en lo que más que un deseo es una necesidad. Momentos en los que necesito ver nuevamente a determinadas personas, aunque nos quedemos en silencio. Me parece que los abrazos y las miradas hablarán por sí solos...

Poco después del aplauso de las ocho, se ha puesto a jarrear. ¡Bendita lluvia! Agradezco el sonido, el olor, verla, todo, todo, todo. En cuanto se pueda y llueva a cántaros, pienso salir a la calle sin paraguas, a disfrutar de la tormenta.

El aplauso es parte de mi nueva rutina, o mi COVID-rutina mejor dicho. Es como pasar lista, en vez de en el cole, en el barrio. Y creo que de alguna manera nos damos fuerza, nos miramos, sonreímos, demostramos que seguimos aquí, y todavía con energía para esos minutos de encuentro (a distancia), de apoyo colectivo. 

Otra parte de mi COVID-rutina, de la que ya habéis leído algo en el blog, son los audios. No recuerdo muy bien si empecé a enviarlos el segundo o el tercer día, sé que no tardé demasiado. Se me ocurrió, sin más, mandar una cosita diferente cada tarde (más bien noche casi siempre). Y ahora, con todos los días que llevamos superados y los que nos quedan por pasar, no me apetece dejarlo. El de hoy no fue fruto de la búsqueda, sino de la casualidad. Estaba revisando unas tareas en el Class Dojo y abrí el YouTube, por mi necesidad de tener música de fondo sí o sí. Y apareció una canción, que no me sonaba nada...La estrenaron hoy mismo. Es de Manuel Carrasco: PRISIÓN ESPERANZA.


Ánimo, mañana no vamos a salir, el día después de pasado mañana tampoco, pero va quedando menos y hay que visualizarlo. Mientras tanto, cruzaremos los dedos para quedarnos como estamos...y los que estamos.

Acabo con una viñeta publicada hace menos de una hora por 72 kilos. Pues eso...


viernes, 8 de febrero de 2019

Pinceladas de emoción (9, 9.5 y 10)

Lo habitual es que cada pincelada tenga su entrada en el blog. Vais a perdonarme, esta vez tengo casi un "3 en 1."

La número 9 fue hace justo una semana. Nuestra última media hora del viernes fue para al amor. Les presenté el libro del Emocionario, de la editorial Palabras aladas. 


De ahí vimos las definiciones de amor y odio, y estuvimos comentándolas un poquito. Les  dije que iba a dejar ese libro, y algunos más de ese estilo, en la biblioteca de aula, como libros de consulta (únicamente para leer en clase). Y ya los tienen allí desde hace un par de días, espero que se animen a leerlos, aunque sea en parte. 



Y relacionado con el amor, no pude resistirme a leer un cuento que me encandiló desde el minuto 0. Es "Adivina cuánto te quiero," de la editorial Kókinos, una delicia de libro. Lo descubrí gracias a la sede de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez que hasta hace unos años teníamos en la calle Peña Primera. Opté por la versión más reducida, en pop-up. Estuve acompañada de un peluche de "la gran liebre",  desde hoy la han bautizado oficialmente Avellana (y así se quedará...). Los protagonistas son la gran liebre y la pequeña liebre.



Me dio pena que faltaran tres alumnos y se perdieran el cuento, pero es que enero hizo estragos y raro es el día que hayamos estado todos. La salud es lo primero.

Os dejo un vídeo con el cuento:



Me encanta que sea "la gran liebre", a secas, y que cada niño o niña pueda pensar en quien/es prefiera: papá, mamá, ambos u otra persona a quien quieran muchísimo. Es una cuento sencillito, cargado de ternura y, cómo no, de amor. Una vez se lo conté a un chico de 2º de la ESO, y funcionó francamente bien. 

Hablamos de la importancia del amor, y de demostrárselo a los que queremos, ahí es nada.

Luego repartí a cada niño o niña un corazón con su nombre y una pequeña imagen. Las imágenes estaban relacionadas con cada uno de ellos, con sus aficiones, su manera de ser...Y como el timbre estaba a punto de tocar, mi invitación fue a que pensaran hacia quién sienten amor o algo relacionado con ese sentimiento que se les ocurriera, y lo escribieran en su casa. La primera opción era no hacerlo, quedarse con el corazón, y punto. No voy a obligar a nadie a compartir lo que siente, si no quiere hacerlo, tampoco a escribir sobre ello si no le apetece.

Los que se animaran a escribir en el corazón, lo podían guardar tal cual o traérmelo para plastificarlo y hacerles un agujero para colocar una cinta. Unos seis me lo trajeron. Vi alguno arrugado en la mochila y me dolió, para qué negarlo, disimulo fatal.

Y hasta aquí llegaría la novena sesión. A mitad de esta semana, como el amor da para mucho, volví a recurrir a Ana Llenas y conté, con la ayuda visual del libro, su cuento Te quiero (casi siempre). Es también una historia de amor, plaga de ternura como la anterior, de una luciérnaga y un bicho bola; pero es otro tipo de amor, el romántico.



Hay vídeo disponible, para que veáis el contenido del cuento y las ilustraciones. 

Y con él da pie a hablar de lo curioso que a veces, lo que más nos gusta de una persona, en otros momentos es al mismo tiempo lo qué más nos molesta.  El libro, de una manera muy sutil, hace hincapié en la importancia de respetar las diferencias, las particularidades de cada cual.

Te quiero (casi siempre) representa la minisesión entre semana, la 9.5, surgió sin planearla.

Con todo lo anterior reciente, llegó el viernes. Esta mediodía no había cuento, solo un peluche. Hay que ponerse en situación, si hablar de cuestiones relacionadas con las emociones de por sí cuesta un poquito (o bastante), imaginaos un viernes después de una semana  excesivamente intensa (cada una, un desafío). Mi sensación es de una montaña rusa continua, sin descanso. Puse en la pizarra, en letras bien hermosas (por el tamaño quiero decir, no por la estética), lo siguiente:

Eres especial porque...

Me gusta cuando...
Me encanta que...
Me caes bien porque...

Y saqué de su lugar a Avellana, la gran liebre. Retomamos las caricias emocionales, lo bonito que es usar palabras agradables y decirles a otros algo que nos gusta de ellos, de cómo son, de su manera de tratar a los demás...De lo que sea, hay que intentar ver más allá.

Les pedí que, para que todos pudieran recibirlas, solo intervinieran dos por compañero al que le pasara a Avellana, por el poco tiempo del que disponíamos. Iba pasando la liebre de uno en uno, sin seguir orden alfabético ni de ningún tipo. Y se soltaron rápidamente...Fue un lujo, después de algunos ratos de aguas turbulentas y bastantes momentos duros (en este curso), ver cómo miraban a los ojos del destinatario de las "caricias emocionales", y decían cosas muy bonitas. Con toda la vista, se lo expliqué después, salvo contadas excepciones, procuré no elegir a las personas que más afinidad parecen tener entre ellas. 

Sin embargo calculé mal...Y sobró tiempo, ellos insistieron que era mi turno. No lo había pensado así, ni por lo más remoto. Me apetecía que fuera algo suyo, pero no hubo manera. Gritando mi nombre y viniendo un buen grupito (me parece que femenino al 100%)* a abrazarme, no me quedó otra que ceder. Me senté en la silla, ya casi sin poder contener la emoción, y empezó una sorprendente cascada de cariño. Lo suyo habría podido darles las gracias después de escuchar a cada uno. Pero, suele haber un pero, tenía un nudo en la garganta que no atinaba a deshacer. Al final, cogí aire, entre lágrimas, y logré darles las gracias por tantas cosas preciosas que escuché. Tuve que parar varias veces, porque el nudo en la garganta no había manera humana de hacerlo desaparecer. Me dio tiempo (o aire) a decirles que pese a los malos ratos (los hay), los enfados (también), los disgustos...Me encantaría (y aquí frenazo en seco). Tomé aire y ya pude acabar "Me encantaría...continuar el próximo curso con vosotros." A ver si hay suerte y el destino me deja en el Fili, y de tutora (de 6ºC).

[*Hago un inciso, no considero que mis alumnos, con o, no sean cariñosos, o me aprecien menos que mis alumnas, con a. Pero me da la sensación que todavía a los niños les cuesta más demostrar ese cariño, están más contenidos.]

He de decir que antes de escuchar lo que me decían, para mí ya había sido uno de los momentos más bonitos con la clase en lo que llevamos de curso. A lo mejor hay gente que no alcanza a entender por qué me emociono con mis alumnos. No me importa, si no comprenden eso, serán incapaces de entender muchas otras cosas. Es mucho tiempo, el dedicado a ellos y el compartido; cariño, el dado y el que recibo; gratitud, la que me demuestran muchas personas y la que a mí me sale, aunque quizá resulte pesada (GRACIAS es una palabra inmensa); esfuerzo, dentro y fuera del cole; paciencia, para todo, con todos (a veces se me termina, pero eso tarda bastante en suceder, y menos mal)...

Y en medio de tanta emoción, a despedirnos en la puerta del aula. Para no dar la nota, me puse las gafas de sol antes de salir al patio. Salí intentando pasar desapercibida...

Para San Valentín quería hacer un corazón, en una cartulina grande, con los nombres de los niños y niñas de 5ºC. Como llegué a Salamanca tan emocionada, comí deprisa y corriendo y desplegué sobre la mesa más rotuladores de los que os podáis imaginar. Necesitaba canalizar esa energía de alguna forma. He juntado el corazón con las caricias emocionales, y desde el lunes estará en clase. Aquí lo tenéis:


Imagen propiedad de Raquel Plaza

Y como a mí la vida sin música no me parece vida, me he ido directa a una canción, del último disco de Manuel Carrasco. El título ilustra muy bien cómo me siento: Qué bonito es querer (...y sentirse querida, ya ni os cuento).



Hoy es de esos días, en los que me digo a mí misma: Tengo la profesión más bonita del mundo. Aunque en realidad lo digo muy a menudo.

Eso sí, a ver qué se me ocurre para la próxima semana. Esta vez el listón lo han dejado muy alto, difícil igualar lo de esta Pincelada de emoción.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Pinceladas de emoción (3)

Viernes por la mañana, última media hora , escasa, mientras salgo de la clase en la que estoy, acaba la compañera que estaba en mi aula y cambiamos de chip.

Después de una semana de lluvia un día sí y otra también, muchos alumnos esperaban ansiosos las cartulinas para ir "coleccionando" los cumplidos que a lo largo del curso les vayan poniendo sus compañeros y yo. Bueno, en realidad ahora somos uno más, hasta las vacaciones navideñas. Llegó el lunes un compañero de prácticas, futuro maestro (en breve), que nos acompañará en todas mis clases. A mí me hace ilusión, porque creo que es una experiencia con la que ganamos todos (los niños y niñas, el alumno de prácticas y yo). Creo que todos podemos aprender mucho, los unos de los otros.

El caso es que, se lo había anunciado previamente, no me arriesgué a llevar las cartulinas (tienen tamaño DIN A-3) ante semejantes condiciones meteorológicas. Como veo que hay ganas de seguir poniendo cumplidos, y ellos saben que antes hay que quitar los que tenemos ahora, el lunes llevo las cartulinas aunque se esté cayendo el cielo a pedazos. Me encanta que le vayan cogiendo el gusto a las "caricias emocionales" en forma de palabras, tampoco cuestan tanto.

Estuve unos minutos leyendo en voz alta gran parte de esos cumplidos, sin decir quién era el autor o a quién iba dirigido. No obstante, la "silla de los cumplidos" está a la vista de todos, y cada cual sabe qué ha escrito o qué le han escrito. Aunque les advertí que al principio prefería que a mí no me escribieran nada y se centraran en ellos (lo que no quita que yo vaya a escribir), una niña me escribió uno, pero me dio vergüenza leerlo...

Y a continuación abrí la versión pop-up de El monstruo de colores, de Anna Llenas. Este vídeo lo he encontrado en Youtube, por si queréis ver cómo es por dentro la versión pop-up:


A mí me lo regalaron hace dos cumpleaños y fue un regalazo, es una delicia de libro, para todas las edades.

Os dejo también un videocuento, de la edición, normal, sin pop-up.


Los que me conocéis sabéis que mi favorito de Llenas es Vacío, pero ya se lo conté hace más de un mes para una actividad de Plástica. Reconozco que me da rabia que la gente, si escucha Anna Llenas, conozca solo El monstruo de colores. De hecho conocí antes sus ilustraciones que sus libros, me conquistó una mochila suya, suya por los dibujos. Pero tenemos Laberinto del alma, Te quiero casi siempre, Topito Terremoto... 

Sin embargo, pese a todo lo expuesto antes, El monstruo de colores me parece buenísimo para introducir el tema de la educación emocional e ir poco a poco. Tenía en mente una actividad para hacer después, pero prefiero ir piano piano...Cuando comencé a contarlo vi que la historia pedía a gritos que ellos participaran, y les pregunté qué hacían cuando, por ejemplo, sentían alegría, tristeza, rabia...Llegamos hasta la rabia, ahí tuvimos que dejarlo, porque media hora aproximada no es gran cosa. Al principio parecía que les costaba más hablar, por supuesto quien quisiera, que el tema es delicado y ni se me ocurriría obligar a un niño o niña (bueno, alumnos, da igual cuántos años tengan) a participar si no tiene ganas.

Y en la rabia nos vimos obligados a hacer el paréntesis. Saqué bastantes "conclusiones" de todo lo escuchado y compartí las que me parecían más prudentes:

  1. Para poder decir qué haces cuando te sientes de una determinada manera (triste, alegre, rabioso...), previamente necesitas reconocer esa emoción.
  2. Hay muchas emociones que se confunden, y no son iguales. No es lo mismo estar triste que enfadado.
  3. Al hilo de la anterior, las emociones, aunque el libro las separe en distintos tarros, muchas veces se presentan de forma combinada. ¿Quién no ha sentido alguna vez una mezcla de tristeza y rabia? ¿O de alegría y calma?
  4. La rabia no se soluciona ni se apacigua con violencia, eso empeora la situación y es una pésima opción para gestionarla. 
  5. La mayoría tienden a aislarse cuando se sienten tristes, recurriendo a algún sitio que usan como "refugio." Les dije que con los años, en mi caso, intento buscar la compañía, el compartir mi tristeza con otras personas, me ayuda a atenuarla.
  6. Hay que continuar trabajando la escucha atenta. Escucho con atención por respeto hacia los demás. Igual que a cada uno nos gusta que nos escuchen, presten atención y no nos interrumpan cuando hablamos.
Y esta última la he comentado en bastantes entradas, pero la repito. Si nosotros queremos que nuestros alumnos compartan sus pensamientos, opiniones, preocupaciones, sentimientos...tenemos que estar (sí, los docentes), dispuestos a ser generosos y compartir las nuestras también, por muy descabellado que a algunos os pueda resultar. De hecho creo que es la base de la confianza con ellos, y con los alumnos de otros años, especialmente con los del instituto. No se puede estar todo el rato demandando, pidiendo...Me parece que debemos estar preparados para dar, para quitarnos parte de esas capas que a veces nos envuelven y mostrarnos más humanos, sin dejar de tener presente cuál es nuestro sitio, somos sus maestros. En este caso en particular, además, soy su tutora en el cole, que es mucho...Y encantada de serlo.

Aunque la clase terminó un poco después, la entrada prefiero cerrarla con una canción. Manuel Carrasco ha vuelto, y es un regalo. Un canto a muchas emociones. Todavía hay gente que compone cuyas letras emocionan, y mucho. Qué mejor despedida que Me dijeron de pequeño. Qué grande eres Manuel:








domingo, 21 de octubre de 2018

Pinceladas de emoción (1)

Para los seguidores del blog no es novedad, pero por si acaso alguna persona lo visita por primera vez, no hay que dar nada por sabido.

El curso pasado, estando como maestra de Educación Compensatoria en el CEIP Beatriz Galindo de Salamanca, realicé un taller los miércoles por la tarde, llamado Emociónate. Estaba destinado a los niños y niñas de 5º de Educación Primaria. En él hacíamos actividades, dinámicas...sobre educación emocional. La verdad es que dio bastante de sí (octubre de 2017 a mayo de 2018), pero una segunda parte también habría tenido cabida. A los interesados en saber qué es lo que hicimos, cómo, con qué..., solo tenéis que pinchar en la etiqueta "Taller EMOCIÓNATE" que está colocada en la parte superior del blog. Valió la pena, y mucho, fue una experiencia maravillosa.

Este curso mi vida ha dado un vuelco (laboral), y el destino me ha ayudado a recaer en mi querido Guijuelo. Soy tutora oficial nuevamente (y especialista de Inglés). Como mis funciones son distintas, igual que la organización y características del colegio (el CEIP Filiberto Villalobos), de momento Emociónate no tendrá un continuará, al menos no con el formato anterior. 

No obstante, sabéis que para mí la educación emocional es uno de los pilares en los que apoyo mi labor docente, y no voy a eliminarlo. De ahí que cuando haga en clase, con mi tutoría o con alguno de los otros quintos de Primaria (a los que doy Inglés), algo que tenga que ver con las emociones, sentimientos, educación o inteligencia emocional, lo seguiré compartiendo en el blog. La razón es muy sencilla, y la resumo en una palabra: COMPARTIR. Compartir con compañeros docentes (da igual el lugar), con alumnos (de los de ahora y de los anteriores), con familias (de mi alumnado actual y del de otras etapas), con amigos y con cualquier otra persona a la que le pique la curiosidad por saber qué es esto de la educación emocional y cómo podemos trabajarla en las aulas. O curiosidad, sin más... Y como es habitual, os invito a poner en práctica lo que os parezca que en vuestro contexto puede funcionar, tal cual o adaptándolo al entorno en el que os encontráis. Y por qué no, a ponerlo en práctica en la familia, eso sería ya un sueño hecho realidad.

Pues bien, el viernes fue el estreno oficial. Desde esta entrada en adelante, a momentos como estos, vamos a llamarlos "Pinceladas de emoción", para que solo con ver el título sepáis a lo que me refiero.

Aclarar que lo que haremos será dentro del horario escolar puro y duro, por eso lo de "pinceladas", el tiempo hay que distribuirlo bien y que no falte para nada. Solo pudimos disfrutar de media hora. Primero les puse la canción con la que me habría encantado darles la bienvenida el 10 de septiembre (comienzo de las clases). Aunque tarde, quería que la vieran y la disfrutaran. Sí, no os frotéis los ojos, es una de las canciones que llevo por bandera: NO DEJES DE SOÑAR, de Manuel Carrasco, ni más ni menos. No es reciente ni nueva en el blog, pero por comodidad, la pongo directamente aquí:


Mis alumnos tienen 10 u 11 años. Y sí, tienen mucho que aprender, pero sin dejar de ser niños y niñas de 10/11 años. Por eso recurro a esta canción, porque es una directa, sin rodeos: POR FAVOR, no dejéis de soñar. No dejéis de ser felices con lo que tenéis; de exprimir cada minuto con las personas que os quieren; de esforzaros académicamente y dar lo mejor que tengáis; de ser buenas personas y limar vuestros defectillos; de jugar, de cuidar a vuestra gente; de preocuparos por los que están cerca (y no tanto); de sonreír; de echar una mano siempre que podáis...de sentir. Creo que les gustó el vídeo. A mí me encanta porque Manuel Carrasco es un poeta de la canción. Hay muchos cantantes con voces fantásticas, pero su capacidad para emocionar no siempre está a la misma altura que la calidad de su voz. En este caso sí.

A continuación vimos un vídeo que promocionaba la segunda temporada de una serie, Por 13 razones. Expliqué brevemente de qué va el libro en el que se basaron para la serie (es una cruda historia sobre el bullying). Igual que con No dejes de soñar, este vídeo sale por segunda ocasión en este blog, la primera fue parte de una sesión de Emociónate. Se llama La importancia de las palabras:


Al terminar el vídeo, lo comentamos. Hablamos de la gran relevancia que tienen las palabras que empleamos para dirigirnos o comunicarnos con otros. Y de algo a lo que no siempre le damos la importancia que merece, el daño que podemos a hacerle a alguien con lo que le decimos. Además, vamos a luchar porque sea una sana costumbre decir las cosas buenas de los demás o, si no las decimos, por lo menos que las pensemos, que tengamos presentes que todo el mundo, me parece que sin excepción, tiene algo bueno (aunque a veces cueste encontrarlo). Qué importante es la empatía y qué poquito la usamos. No voy a preguntaros si preferís los insultos o cumplidos, porque imagino vuestras contestaciones.

Previamente (un par de días antes) les había pedido que pensaran algo bueno sobre cada uno de sus compañeros de clase. Algunos sé que lo hicieron, incluso por escrito. Lo que pasa es que si reflexiono, un par de días era un plazo muy corto. Ahora disponen de una semana para pensar dos cualidades positivas de la forma de ser de cada niño o niña de 5ºC. No tienen que escribirlo ni tampoco van a compartir lo que hayan pensado si no tienen ganas. 

Cuando estaba a punto de tocar el timbre, una de mis alumnas, pidió intervenir. Quería decir que le gustaría que la clase estuviera unida, y que permaneciera unida en 6º y después cuando empiecen el instituto y, probablemente algunos, vengan a estudiar a Salamanca. Poco pude añadir porque me emocionó ver que era la primera vez que sentía mi clase como un grupo, y me encantó.

El próximo viernes, salvo cambio de última hora, tendremos unas nuevas Pinceladas de emoción, Hasta entonces, hacedme un favor: poned toda la carne en el asador para intentar ser felices, llueva o truene. 

jueves, 19 de octubre de 2017

Día contra el cáncer de mama

Tener un blog como este, hace que haya muchas fechas que no puedo dejar pasar. No siempre puedo escribir todo lo que quisiera, pero este 19 de octubre debía estar aquí.

Hay miles de vídeos que hablan sobre el cáncer de mama y lo enfocan de muchas maneras distintas. He seleccionado una pequeñísima muestra de entre los que me han llamado más la atención.







Y sin Manuel Carrasco todo sonaría menos bonito. Aunque él la canta muy bien solito, este dueto de Carrasco y Miguel Póveda es una delicia. Disfrutad de Mujer de la mil batallas. Por todas esas mujeres que están luchando contra el cáncer de mama, por las que ya lo superaron, y como no podía ser de otra forma, por todas aquellas que no lograron vencerlo. Toda la fuerza del mundo para las que se encuentran en plena batalla. Para ellas y para los que luchan a vuestro lado.

Seguro que todos tenéis alguien cercano, familia o no, que se encuentre en alguno de los supuestos anteriores. Para mí, son todas unas grandes guerreras, un ejemplo de lucha que sí debería ser contagioso. 

Y aunque parezca mentira, en el caso de las que se quedaron en el camino, un ejemplo de vida, y no puedo evitar levantar la mirada al cielo, porque desde hace aproximadamente dos años, hay una estrella más allí.



Así que, esta entrada, va por todas ellas, sin excepción. Ya sabes, hoy 19 de de octubre, Día Internacional contra el cáncer de mama, #súmate al rosa.