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miércoles, 29 de julio de 2026

3...Con antelación

El 1 de agosto de este año es la fecha de un aciago aniversario: 3 años de una noche trágica, la noche en que, sin esperarlo, perdí a mi padre.

Sí, papá, es una mierda o un milagro, alcanzar a decir que llevamos tres años sobreviviendo son ti. Duele escribirlo, leerlo, saberlo, sufrirlo. Me cuesta hasta respirar solo de pensarlo. Y no ha habido ni un único día en el que no haya pensado en ti. Da igual si estaba sola o acompañada; triste, alegre, nerviosa, tranquila, preocupada; aburrida o hasta la bandera de trabajo...He tenido días o épocas incluso de estar profundamente cabreada con el mundo, pero no me sirvió ni me sirve de nada, es como darme cabezazos contra un muro, pegar patadas al aire o arrojar piedras al río. Es mantener en el tiempo la sensación de tener una herida abierta, tal vez sea algo más pequeña, lo que pasa es que no cierra, ni creo que lo haga nunca. El duelo tiene un principio, aunque me parece que no existe final, es algo que sigue pese a que el tiempo pase. Da lo mismo si se han pasado las fases del duelo, cada cual las vive a su manera, a su ritmo, y con una intensidad distinta. Y no es cuestión solo de lo que nos pasa, sino de cómo nos pilla eso que nos pasa. También de cómo gestionamos esa tristeza infinita, ese dolor de alma, el corazón hecho pedazos, y los pasos que somos capaces de dar, si es que podemos, para recomponernos un poco o un mucho. Y algo que lo que me duele darme cuenta es que, desde tu fallecimiento, soy más valiente, para muchas cosas, pero muy a mi pesar. Puede deberse a que no me ha quedado otra. Y pongo un ejemplo, parte de esa valentía la he notado cuando alguien a quien quiero ya no tiene una persona a quien quería con cada poro de su piel, ya sea una pérdida reciente o no. Puede que ese aumento de valentía tenga que ver también con comprender mucho más el dolor ajeno ante la pérdida de un ser amado, aunque no soy experta en nada. Y a veces la vida nos sitúa en escenarios en los que jamás habríamos querido imaginarnos, y nos da dos opciones: ignorar o hacer algo para aliviar el dolor de las personas que están a nuestra vera. Desde tu muerte he visitado bastante el tanatorio San Carlos Borromeo, dos velatorios en estos tres años han sido en la misma sala en la que estuviste. Y en ambas ocasiones he tenido que marcharme llorando. Sigue siendo lo primero que miro o de lo que me informo cuando sé que me apetece, aunque no me guste, acompañar a alguien que ha sufrido una pérdida tan dolorosa como la mía. 

A cada cual nos duele lo nuestro, no hay duda, y no poseo ningún aparato capaz de medir ese dolor. Según mi modo de entender el mundo, percibimos nuestro dolor como el más grande, a fin de cuentas, es el que padecemos en primera persona, el que sufrimos en nuestras carnes. Y aunque queramos, nunca vamos a comprender al 100% el dolor de otra persona, por muy empáticos y observadoras que seamos (o nos creamos). 

Y desde que te marchaste la lista de "dolores" provocados por el vacío que nos dejó tu ausencia roza el infinito: ver ropa que ya nunca volverás a poder llevar, tu silla vacía, no poder escuchar tu voz acompañada de tu presencia, tu manera de caminar, no compartir corriendo contigo una buena noticia, no poder celebrar nada con tu compañía, cocinar algo y que tú no vayas a degustarlo, un beso o un abrazo tuyo, estar a tu lado, sin más...Y paro no porque no haya más, sino porque cada uno de los elementos que he añadido a esta lista hacen que me salten las lágrimas, esas que en los "primeros momentos" después de haberte ido, entrecomillo esas dos palabras porque no logro recordar cuánto duraron esas lágrimas imposibles de frenar e inagotables, llegue a temer que nunca se acabaran. No sé ni cómo no me deshidraté. Lo que está claro es que el duelo pasa factura, física y emocional. Creo que sigo pagando intereses, más a nivel físico que emocional. Ojo, la parte emocional no ha sido nada fácil de reconstruir, pero a día de hoy siento que las piezas están recolocadas y eso me permite vivir, que no es moco de pavo. Me permite sonreír, reírme a carcajadas. llorar de alegría, abrazar apretando fuerte, besar con cariño y/o con pasión, esforzarme por dar el máximo en mi trabajo, observar fotos tuyas y esbozar una sonrisa, visitar un sitio en el que tengo excelentes recuerdos contigo y no amargarme ni llorar, sino disfrutarlo más porque incluye una dosis extra de alegría por las vivencias previas contigo...Y con esa actitud, por casualidades de la vida, he vuelto a Benidorm, y he recordado, lo que significa volver a pasar por el corazón, algunos de los muchos momentos felices que vivimos allí. Benidorm, hasta hace unos días, solamente era sinónimo para mí de vacaciones en familia = vacaciones de los 4 (mamá, papá, Míguel y yo). Ahora gana una acepción nueva, "vacaciones con amigas". GRACIAS, MARTA, por todo. De verdad, papá, que si has podido ver cómo ha sucedido todo, ha sido una coincidencia ir de vacaciones allí. No era nuestro plan inicial, pero las circunstancias nos han llevado hasta allí. 

Hacía veintitantos años (no sé cifra exacta), que no veraneaba en Benidorm. Tuvimos hasta fuegos artificiales, está claro que en la Comunidad Valenciana son expertos en pirotecnia y tiraron la casa por la ventana con la pólvora. Iban muy enlazados unos con otros y algunos hacían sonidos algo extraños. Me pareció precioso. Cierto es que está masificado, leímos que en verano septuplica la población que tiene el resto del año. Hay gente a patadas, comiendo, bebiendo, paseando y por todas partes a cualquier hora. Ni idea de cuántas nacionalidades confluyen en este momento en Benidorm. Benidorm es una explosión de color, una mezcla curiosa de muchas circunstancias distintas que dan lugar a un menú de lo más original. He percibido que ya no se aprecia tanto la playa de Levante como la favorita de turistas extranjeros y la de Poniente para el turismo nacional. He visto rascacielos que en la época que andábamos por allí no existían. Lo que pasa es que también he pasado por lugares que me han transportado a momentos muy felices de mi infancia y mi adolescencia, como el parque de Elche, con la fuente que hay al comienzo y una cantidad ingente de palomas revoloteando; el buzón de Correos al que echaba postales para familia y algunas amigas; las playas de Poniente y Levante, el mirador...Y para mí, haber podido regresar a sitios en los que fui enormemente feliz, ha sido un plus a unas vacaciones de amigas en la playa que me apetecían un montón. Claro, la compañía ha sido excelente. Hasta hemos bajado a ver el amanecer desde la playa, asomando entre edificios, ya sabes que el sentido de la orientación no es una de mis virtudes precisamente, pero mereció la pena estar allí. La gente madruga para colocar su sombrilla, su silla y/o poner su toalla en una de las tumbonas azules que gestiona el ayuntamiento (menudo negocio tienen, por cierto). Y pese a que da igual por dónde fuéramos porque había gente en todas partes, parece que, al menos de momento, hay playa para todos. He tardado demasiado en volver, me he alegrado mucho de ser capaz de hacerlo y pasármelo bien, sin penas ni lamentos. Mi suerte es todo lo viví allí hace mucho tiempo y los nuevos buenos recuerdos que me traje en la maleta. Me ha faltado recorrer el camino hasta el Fenicia, actualmente hotel Villa España, y acercarme a pasear por el Rincón de Loix, pero tampoco hace falta revivir todo, ya fue suficiente.




No "celebro" tres años sin ti, para nada. Celebro los 40 rozando los 41 a tu lado, y haber conseguido, aunque sin estar tú, con más o menos éxito, intentar ser feliz y seguir viviendo lo mejor que pueda, y todo eso sí merece ser celebrado. No soy amiga de misas, pero supongo que iré, aunque no quiero, a misa el sábado. No me apetece nada de nada el arañazo extra de dolor que me va a suponer, más que nada porque no la necesito para acordarme de ti. Ya lo hago todos los días y la misa me sobra, me sobra y me duele. Sé que algunos no lo entenderán, pero ya me encargo yo de recordarte a diario. Eso sí, a mí manera. Y no es amarte menos, es amarte de la forma que yo quiero hacerlo, y no como a otros les gustaría, por mucho que les moleste, duela, o no lo entiendan. 

Continúo pensando que además de ser más valiente (con matices, ascensores no gracias, carreteras con curvas y precipicios tampoco), también me he hecho más fuerte, por necesidad, no por gusto. Gracias por el cargamento de fuerza que siento que me envías. Con lo de la paciencia habrá que ponerle más ímpetu, porque la tengo, y es bastante, pero selectiva (según para qué y con quién).

Así que hablo yo, y en nombre de nadie: te echo de menos todos los días y eso nada ni nadie lo puedo cambiar. Agradezco la barbaridad de años de los que sí dispusimos, y sigo recolocando, como puedo, ese amor pendiente que ya no podré darte. Echo mucho de menos cómo me mirabas, porque solo tú me mirabas con amor de padre. Y nada, aquí sigo. como se puede, viviendo y no sobreviviendo, cada día más consciente de que vida solo hay una, y los ingredientes que quiero ver en ella. Una vez más, gracias, PAPÁ.

Con mucho amor, tu hija:

Raquel Plaza Juan

PD: Sí, solo estamos a 29 de julio, pero mi padre era extremadamente puntual, "cagaprisas" para ser más exacto. Y he salido a él, así que, de forma adelantada, no me espero al 1 de agosto, ni falta que hace, y en cuanto he acabado esta entrada del blog, le he dado a "Publicar". Gracias.








Todas las imágenes son propiedad de Raquel Plaza Juan.

lunes, 22 de junio de 2026

PELLIZCOS

Hace una semana estaba de funeral. Falleció un vecino de mi edificio de los que llevaba viviendo aquí desde que tengo uso de razón. Además mis primeros 10 o 12 años de vida vivimos puerta con puerta. Tenía dos años menos que mi padre. Mi vecino llevaba ya unos años enfermo, da igual desde cuándo, da igual de qué. Omito los datos que me parece por respeto a su familia. Era muy buena persona, de los que siempre saludan, capaces de arrancarte una sonrisa, y si te preguntaba algo se interesaba por la respuesta. Su hija intervino en la ceremonia, con una entereza que a mí me abrumó. Habló por él y por ella, y su madre y hermano. Sus palabras resonaron en la iglesia, como un arcoíris es capaz de llenar de colores el cielo más gris. He asistido, tristemente a unos cuantos funerales en lo que llevo de vida, a los que habré de añadir unos cuantos más todavía. Y puedo afirmar que este fue uno de los más hermosos, dentro del dolor reinante por la ausencia del que acaba de marcharse. Lloré como un bebé desconsolado. Me pareció un momento muy emotivo. Y me importa un bledo si me repito como las lentejas, no hablamos suficiente de la muerte. Mi impresión es que nos cuesta integrar a la muerte como parte de la vida, lo contemplemos como un final o no. Pero insisto y continuaré haciendo lo propio, porque hay que gritar un ¡hasta aquí! a pleno pulmón. Está en nuestros manos hablar más de lo que nos duele tanto. Hablar más de la pérdida de los más cercanos, los que más nos pellizcan el corazón cuando se van de este mundo. Se trate de familiares o amigos, la muerte necesita su espacio. El duelo necesita su espacio y su tiempo. Y todos, sin excepción, por valientes que nos hagamos, necesitamos ese hombro en el que llorar, el abrazo sin preguntas y la conversación sin palabras. Necesitamos que los que nos quieren "estén" aunque no los llamemos, porque saber que están a veces basta. Siempre que voy a un velatorio y/o funeral, una parte de mí revive los de mi padre. Esas dos eternas noches de velatorio y el entierro que le siguió. Y si son en el Borromeo, mucho más. No puedo evitar mirar rápidamente en la esquela en qué sala se encuentra la persona fallecida y los que lo acompañan, y algo dentro de mí se tranquiliza al ver un número diferente al 9. Es el segundo funeral al que voy allí desde el de mi padre. El primero fue en septiembre del año pasado y casi me salgo del ahogo que sentía. Literalmente, era incapaz de respirar, como si tuviera algo obstruyendo mi garganta y no pudiera pasar el aire por ningún punto. Este fue mucho más llevadero, pese a las lágrimas por el fallecido (fue ver la esquela en mi portal el domingo y subir llorando a casa) y también por rememorar el más doloroso que he vivido. Una amiga me comentó que me costaría estar allí porque el de mi padre, fue en el mismo lugar. Ya le dije que nada tiene que ver estar sentada donde estaba el lunes pasado a ocupar la primera fila junto al féretro. Por una parte soy muy sensible, por otra a veces desconozco de dónde narices saco determinada fortaleza. A mi edad, y sigo sorprendiéndome de mí misma. 

Habiendo empezado así la semana anterior, cualquiera pensaría que ya todo era mejorar, pero no. La semana fue intensa a todos los niveles, laboralmente hablando, y en el plano personal, igual o incluso más. Mucha emoción por todas partes. Algo de rabia y frustración también. Agotamiento mental y físico. Mi "amiga" la ciática tiene ganas de jarana y ha decidido despedir a mi lado el curso. Y un sinfín de cuestiones que prefiero no enumerar.

No todo fueron noticias negativas. De fondo, mucha emoción, muchos lazos compartidos, algunos que he sabido reconocer poco antes de despedir el curso académico, pero agradezco que existan. Y ojalá siga con ellos el 2026-27.

De ahí lo de "pellizcos" del título. Si volviera a nacer, quiero tener la gente con la que puedo contar en mi vida. En los que pienso, de los que primero me acuerdo, a los que escribo, llamo o lo que se tercie cuando me pasa algo bueno, y también con los que puedo abrirme en canal cuando lo necesito. O llorar y sentirme acompañada aunque no me digan ni pío. Pero sentir que mis lágrimas no son ignoradas, que están ahí y brotan por algo. Esas personas son las mismas y no son demasiadas, y mi suerte es saber que cuento con ellas. Ojalá sea lo suficientemente clara, quiero pensar que lo soy, para que ellas sepan que pueden contar conmigo siempre que lo necesiten. 

Y ya. Cuidar a la gente, no siempre es sencillo, pero hace falta. Hago lo que puedo con "los míos".  Buena tarde todos y ánimo con lo que la vida os trae.





miércoles, 15 de abril de 2026

DOLUS

Quería haberme dejado caer por el blog para escribir sobre cuestiones más alegres, pero he de hacer caso a las señales, y llevo unos días recibiendo demasiadas. Por eso, aunque me cueste, no voy a dejarlo para mañana. Recientemente no recuerdo si leí o escuché, solo que fue algo que salió en Instagram, que el duelo es el dolor por ese amor que ya no le vamos a poder dar a alguien. He dado y buscado vídeos relacionados con este tema y muchas definiciones sobre el duelo, y con todas estoy algo de acuerdo. Pero esta me pareció especialmente atinada. Poco después encontré una serie de Prime, "Días mejores", la historia gira en torno a una peculiar terapia de duelo que reúne a desconocidos que han perdido a su pareja. Solo he visto un capítulo, pero el enfoque que le da a un tema peliagudo, es más que suficiente para estar interesada en verla. Tiene 18 capítulos, repartidos en 2 temporadas. Voy a verla, pero no quiero devorarla porque, afortunadamente, tengo muchas cosas en la cabeza que nada tienen con el duelo. El duelo está ahí, sigue ahí y llegó para quedarse. 


Entre medias, o sin el entre, muchos recuerdos, pensamientos, conclusiones, teorías y de todo un poco, relacionadas con la mayor ausencia de mi vida hasta ahora: mi padre. Y me doy cuenta que si escribo o hablo de él sigo emocionándome. Esta emoción no siempre se traduce en lágrimas, si hablo hay menos posibilidades de llorar en algún momento que si escribo. Podría decirse que hablando me controlo más . Si escribo me siento totalmente libre, y como no me guardo nada, dejo que las emociones afloren y fluyan como elijan en cada momento. Y si lloro pues lloro, no es el fin del mundo. Creo que es preferible sacar ese dolor, esa tristeza infinita y amarga, que dejarla dentro, enquistándose. Y esta tarde, ya la señal definitiva para escribir ahora, sí o sí. En Instagram también, obviamente nos espía, me salió un anuncio de Fundación "La Caixa" con una entrevista sobre el duelo. No os quitará ni 10 minutos. Pero vale la pena verla. Me ha parecido interesantísima, sin paja, todo sirve. En ella, Andrea Ropero entrevista a Alba Payàs, psicoterapeuta experta en duelo. Se llama "Una mirada al duelo". 

Extraer titulares de esta entrevista es facilísimo, pero voy a mencionar solo dos. Una frase evidente, pero complicada de aceptar e integrar en nuestra vida: "No podemos vivir sin duelo." Me parece una verdad como un templo, ponerse una venda no soluciona ni arregla nada. Sería bueno aprender a integrar el duelo como parte de la vida, para enfrentarnos a las pérdidas con más fortaleza, más conocimiento, más serenidad...Y la segunda, puedo decir que es una recomendación también, huir de los tópicos y frases hechas como "Ya verás como el tiempo lo cura todo." El tiempo no cura una mierda. El tiempo ayuda a suavizar una herida que va a quedarse abierta hasta el final de mis días. Pero entiendo que se trata de una cuestión de supervivencia, y el pico de dolor por la muerte de alguien amado alcanza un punto álgido cuando fallece. Lo que pasa es que hay más picos, tal vez de distinta intensidad, pero existen, y hay que pasarlos como buenamente cada cual sea capaz.  Da igual que ya haga, en mi caso, más de 2 años y medio desde que murió (mi padre). A veces parece que fue ayer. Lo que sé es que puso mi vida patas arriba, y me costó mucho sentir felicidad de nuevo. Y hasta cuando empezaba a sonreír me resultaba difícil, o notaba cierto sentimiento de culpa, por poder sonreír sin él. Asumí, o más bien aprendí, tampoco vi alternativa, que la vida sigue a pesar de lo mucho que pesan ciertas ausencias. Aprendí que lo más sensato y quizás lo que más le hubiera gustado a él, es que fuera lo más feliz que pudiera, lo que no quita que sea una felicidad distinta, porque él ya no está. Todo cambio. Hay un hasta que él vivió y un desde que él no está. No he elegido las cartas que me ha traído la vida, pero sí qué hacer con ellas. Puede que a ojos ajenos no esté jugando mi mejor partida, pero es la mía, y ya que las cartas no dependen de mí, las "jugadas" son mi poder. 

Y cuánta razón tiene Alba, hay días en los que estas deseando hablar del tema, por mucho que duela. Y otros en los que pides a gritos distraerte, y pensar en cosas que no tengan nada que ver. Y que no te pregunten qué tal estás continuamente. Discrepo con una de las personas que hablan sobre el duelo, ella afirma que quien más te puede ayudar a afrontarlo es alguien que haya pasado por algo "parecido". Entrecomillo lo de parecido porque me habréis leído mucho, que entiendo el duelo como algo personal, único. Y sigo defendiendo que hay tantos tipos de duelo como números de habitantes tiene el mundo. A mí me ayudaron muchísimo varias personas que habían sufrido pérdidas infinitamente dolorosas, no voy a decir que semejantes a las mías. Pero también un par de personas que, afortunadamente, no habían ni han pasado todavía por algo así. Supieron estar, y sé que era muy complicado estar, porque muchos días no quería ni verme, como para querer ver a alguien. Y otros estaba deseando no olvidar, pero si distraer la mente y fijar mi atención en cuestiones que nada tuvieran que ver con mi duelo. Gracias a los que estuvieron, fuera o no agradecida con ellos en aquella etapa tan fastidiada, que no aventura ni a calcular lo que pudo durar aproximadamente. Acotar es muy complejo. No es un día llorar por los rincones y al siguiente ya  aplaudes con las orejas. Pero gracias, de corazón, otra vez. Porque dentro del dolor, la fuerza del amor y la amistad tuvieron mucho que ver para salir a flote. Una de las veces que más afortunada me he sentido en mi vida por el círculo humano con el que cuento. Eso me hace mucho más millonaria que al dueño de Mercadona, tal cual.

Sobre lo que se escucha al comienzo del vídeo, antes de empezar la entrevista. Para mí, al poco de fallecer mi padre, necesitaba escuchar su voz una vez más, y no paré, fue muy difícil, encontrar un audio suyo. Mi padre no era de mandar audios por el "WhatsApp". Fue desgarrador a la vez que sanador escucharlo. El audio no dura ni diez segundos, pero lo que dice es reconfortante, casi mágico. Recurro a ese mismo audio cuando la pena por su ausencia me asalta. Y no me he puesto a buscar si existen más, puede que sí, pero con ese, me basta. El mensaje es demasiado potente, y sus palabras siguen abrigándome a día de hoy.

Al intentar localizar un vídeo corto también de la Fundación "La Caixa" que vi ayer por la tarde en la tele (YouTube), me ha salido este otro, excelente también. Es de hace un año, Gemma Nierga habla con Alonso García de la Puente, psicólogo. Brillante la explicación que da y la distinción entre empatía y compasión. Al igual que la primera, no llega a 10 minutos de duración. ¡Maravillosa!


Localizado el vídeo que iba a poner en 2º lugar, os dejo con la historia de Aroa. Sabias palabras, recomendaciones muy acertadas.


Y por supuesto, la dosis musical, que nunca falte. Como siempre, medicina para el alma.





Feliz miércoles a todos. Sí, es la una y algo de la madrugada y entro a 1ª hora (8:30 horas). Pero me acuesto con una sonrisa, y con la mochila más liviana. Y deseando tender la mano y sentarme a escuchar, a acompañar, o lo que se tercie. Dicho queda. Es una oferta que no caduca. Y tocaba hacerla en este instante. Porque antes era pronto.

sábado, 28 de marzo de 2026

GOYA, MARZO y PUBLICIDAD

Empiezo a escribir esta entrada hoy domingo, primer día de marzo. Anoche debía ser una "noche de cine". Creo que tengo cuatro citas casi ineludibles frente a la pantalla del televisor: Las campanadas de fin de año, el concierto de año nuevo, Eurovisión y los Premios Goya. Ayer fue el turno de los Goya.

Sobre la gala, decir que se me hizo larga y aburrida. Hubo algunos destellos que merecieron la pena, pero en conjunto la vi bastante sosa. No culpo a los presentadores, en teoría los conductores de la gala. Mi sensación es que cada vez les quitan más peso escénico, puede que para ahorrarles disgustos con las críticas feroces que suelen caerles, sean los que sean. Pero no me pareció que brillaran. De la música esperaba más, si me dan a elegir, me quedo con el homenaje a los que ya no están, homenaje  al mismo tiempo a Robe Iniesta en las voces de Belén Aguilera y Dani Fernández. Emotivo "Si te vas", de lo más potable de la velada, musicalmente hablando.  Por ponerle un pero, a Belén no le entendía muy bien, su vocalización fue mejorable, no obstante, sí me gustó la actuación de ambos.

Y de música lo siento, pero como esta es mi crónica de los Goya, no voy a incluir nada más. Para gustos, ya sabéis, los colores...

Respecto a los discursos de agradecimiento, para mí donde suele haber más chicha y además siempre alguno me sirve de inspiración, destacaré cuatro, ojo que el orden no significa nada:

1.- Álvaro Cervantes, al recibir el Goya al Mejor Actor de Reparto.

Estuvo soberbio. Desconocía el término "capacitismo" pero, desgraciadamente...¡cuánta razón! Preciosa la historia de las "personas libro", que un día le contó su compañera de película y prota de la misma, Miriam Garlo. "Personas libro", personas a las que mirar, cuando se sentía perdida...Y yo me lo apropio también y le doy una vuelta de tuerca, "personas brújula", entendidas como aquellas a las que recurro cuando me siento perdida, y me ayudan a recuperar el "rumbo". Y puede que no sean muchas, porque los puntos cardinales puros y duros son solo cuatro, dejemos sudeste...No sé, cada vez que me pasa algo que necesito compartirlo (para bien o para mal), no pienso en mucha gente. Es más, con el paso de los años cada vez vienen menos nombres a mi mente. No lo interpreto como algo negativo, sino como que con las canas tengo las cosas más y más claras y compartir determinados pensamientos y/o sentimientos con muchos me parece una idea pésima. La gente tiende a preguntar más de la cuenta y a estar pendiente (en exceso). Y eso supone tener que repetir lo mismo una y otra vez, y entrar en detalles que para bien o para mal no tengo ganas de dar, y romper una distancia sana que quiero mantener. Insisto, con lo muy bueno y con lo muy malo. A mí me resultaba agotador y doloroso, creo que el fallecimiento de mi padre fue el punto de inflexión, y a partir de ahí empecé a entender el mundo de otra manera, ni mejor ni peor, simplemente distinta. Gracias a mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste. Los silencios, a veces, también se hacen por salud. Cuidad a vuestras personas especiales, sean libro, brújula o lo que sea. No deis nada por sentado ni a nadie por seguro, los vínculos hay que cuidarlos. Y lo digo yo, que cuando anímicamente no estoy para tirar cohetes me aparto, intento hacerme invisible, aunque no es lo mío la invisibilidad.

2.-Miriam Garlo, actriz ganador al Goya de Mejor Actriz Revelación.

Simplemente...¡Maravillosa! Y me encantaron sus palabras respecto al matiz al explicar que las personas sordas no son mudas, pero que a lo mejor su voz no es oral. Entono el "mea culpa", porque nunca lo había visto así. Brillante su discurso sobre la identidad propia, la comunicación, el respeto, el arte, la invisibilidad, la conexión y la empatía. Me dan ganas de ponérselo a todos mis alumnos, especialmente a los de alfabetización, Porque hay algunos a los que da igual las veces que se lo repitamos, muestran cero interés en ampliar sus nociones de español. Como digo yo, ya manejan un "español de supervivencia", y no están interesados en mucho más...¡Qué lástima! Anoche me sentí un poco extranjera. Creo que TVE1 debería haber tenido más en cuenta a las personas que presentaban los premios, así como a algunos de los posibles ganadores. Y a mi parecer, habría hecho falta un traductor de euskera y otro de catalán. Hubo detalles que me perdí, y me da rabia.

3.- Alba Flores y Silvia Pérez Cruz, con su Goya a mejor canción original. Solamente habló Alba Flores, entiendo que es algo que ellas ya habían hablado previamente. Me encantaron sus palabras de agradecimiento y el final del mismo, con un fragmento de la canción "No dudaría", impresionante. Y poderoso mensaje de aquellos que tienen voz para usarla delante de mucha gente. Agradecí los múltiples guiños hacia el genocidio de Palestina, y como nos estamos limitando a ser meros espectadores, como cuando vamos al cine...No hemos aprendido nada. No recuerdo a quién le escuché esto, si fue famoso o cercano, pero hace un tiempo, al hablar sobre la sociedad actual y su manera de obrar, afirmó, sin dudarlo: "Nos extinguimos". Y no lo veo descabellado, más bien hace justicia al caos reinante en el loco mundo del que formamos parte.

4.-Alauda Ruiz de Azúa y su Goya a la Mejor Dirección. Gracias por hablar del talento y de las oportunidades. No fue un discurso extenso, tuvo la oportunidad de dar varios al tener más de un premio, pero fueron breves y sabias palabras a la vez. Hay talento en ambos géneros, aunque en mucho ámbitos las oportunidades que se le dan a uno u otro, difieren bastante. Y me parece un acierto recordarlo, y ver si algo cambia y alguna conciencia se remueve, por difícil que resulte.

Y podría enumerar alguna intervención de los "Goya", pero no pretendo saturar a nadie.

Retomo la entrada hoy jueves, 4 de marzo. Febrero nos trajo una publicidad de las que pega fuerte en la "patata". La primera vez que vi completa la historia, se me cayeron unos lagrimones considerables. Potentísimo mensaje. Precioso anuncio. Impactante a la par que bello. Os invito a verlo, os emocionéis o no. Creo que al menos no os dejará indiferentes. Sigo reivindicando la importancia de la publicidad y lo útil y atractiva que a mi parecer podría resultarles a los alumnos.


Y sin despeinarnos apenas ni un ápice, casi es 6 de marzo. El tiempo vuela, se esfuma. No me canso de decirlo. De no exprimir el hoy, quizás nos arrepintamos mañana...Y me incluyo.

Tengo una virtud o un defecto, y es que puede haberme gustado una barbaridad una película, serie o libro, me sucede mucho más con los dos primeros, después de un tiempo, no recuerdo mucho de ninguna, como si mi cerebro se hubiera reseteado. Acabé la 4ª temporada de Los Bridgerton hace unos días y, en lugar de buscar una serie nueva para ver, estoy otra vez con Merlí. Hace un rato vi la parte final de un capítulo. En un punto del mismo, Merlí les lanza varias preguntas a sus alumnos:

¿Qué cualidades tenéis?

¿En qué sois buenos?

¿Qué sabéis hacer?

Y me parecen aparentemente sencillas de responder, pero a la vez muy profundas. Y como si se trataran de unos auto-deberes, ya que a veces soy bastante dura conmigo misma, me lanzo a responderlas porque sí, porque quiero, y ya.

No sé si tengo muchas cualidades o no. He intentado hacer algo similar en voz alta y me costaba, sentía que era presumir o me sonaba raro escucharme hablando así de mí misma, como si fuera un posible fichaje para un equipo de fútbol. Tranquilos, que nadie se espante, de futbolista tengo entre poco y nada, sería un nefasto fichaje. Podría ser para otros tipos de equipo, no necesariamente relacionados con el deporte, pero para el fútbol no, ni hablar, conozco mis limitaciones. ¡Al lío!

Considero que se me da bastante bien dibujar. Me relaja un montón, se me pasan las horas como segundos y no me gusta hacer dibujos "encorsetados". Dibujando me veo como un pájaro libre. Si me fijo en algún dibujo para copiarlo y hacer algo parecido, le doy siempre mi toque. No soy de blancos y negros, en lo que hago me encanta que haya grandes dosis de color. También me llama el brillo en determinadas ocasiones, aunque sin abusar. Y tener una amplia gama de pinturas disponibles es acariciar el paraíso. Eso sí, tengo ya pinturas para siete vidas.

Me parece que me defiendo bien entre fogones. No sé hacer de todo, pero lo que hago suele quedarme rico, o mienten como bellacos los que degustan lo que cocina...¡Espero que no!

Igual que dibujando, cocinando puedo pasarme horas, sin problema. No cocino ni una décima parte de lo que me gustaría. Con el dibujo me pasa algo parecido. Intento cocinar con cariño, con amor, creo que son los ingredientes invisibles que más se agradecen y el secreto de las mejores recetas. E intento hacerlo con mimo, con pasión, igual que el dibujo o cualquier otra actividad. Hacerlo de cualquier forma, sin esmerarse, sin cuidar los detalles, es una pérdida de tiempo. No obstante, obviamente, cuando hay que hacer las cosas por obligación y no por gusto, se hacen como se puede.

Aunque hablo mucho, y lo sé, me parece que soy bastante buena escuchando. Además me encanta. Y a medida que he ido cumpliendo años, he aprendido a no juzgar, no siempre lo logro, pero pongo mucho de mi parte para hacerlo, y es complicadísimo. Y ahí con lo que más disfruto es con las conversaciones de dos, los diálogos de tú a tú. No grupo pequeño, dos, sin más. Mirar a la otra persona a los ojos y sentirme cómoda, aunque me "desnude" al hablar con lo que cuento. O lo haga el otro mientras yo escucho. Es casi mágico.

Me gusta hacer planes, cuidar los detalles, no sé, cualquier celebración me viene bien. Puedo disfrutar hasta de una mañana productiva haciendo recados. Y más si se trata de planificar algo especial, como un viaje, o algo para regalar, algo que no pueda envolverse, pero sí disfrutarse. ¡Ah, sí!  Casi se me olvida, me encanta envolver regalos, no sé si se me da bien o no, pero es un gustazo envolverlos, igual que forrar libros. Si menciono lo de forrar libros, es con el forro de toda la vida, no adhesivo, y el celo tradicional.

Soy muy detallista, para bien o para mal. Hay ocasiones en las que me arrepiento por si es excesivo, pero no logro evitarlo, está en mi naturaleza. Esto es algo muy relativo, aunque de verdad adoro ser así con los que me importan. Y nunca me parece suficiente. Cualquier fecha es buena, sea especial o no. Está en nuestras manos hacer especial un día normal. Creo que es porque me gusta que los que quiero lo sepan, lo sientan, sientan que para mí son especiales, que no son del montón. Y hacerles llegar lo mucho que me gusta haber coincidido con ellos y que estén en mi vida. No dar nada por sentado, que les llegue, que sientan lo valiosos que son para mí...y que los cuido. ¡Me gusta cuidar! Lo admito, estar pendiente, ayudar en la medida que me dejen y/o haga falta.

Iba a decir que se me da bien elegir toallas. Ja, ja, ja. Puede que llevar tantos años yendo a Miranda de Douro, en sus inicios a Fuentes de Oñoro también, contribuyó a convertirme en una especie de "experta toallera". Y me encanta la ropa de hogar (sábanas, colchas, toallas, manteles...). Los muebles también, y cualquier objeto para darle un puntito personal al espacio en el que habito. 

Me defiendo escribiendo sobre temas que me resultan próximos o que me acercan algunas personas. Especialmente desde la muerte de mi padre, la escritura tiene mucho de terapéutica para mí. Se nota en el blog, lo sé. A quien le moleste, que no lo lea.

Se me da bastante bien hablar de sentimientos, emociones...No en cualquier circunstancia, ni contarle mis intimidades al que pase a mi lado, pero sí hablar de sentimientos y emociones en un clima en el que me encuentre cómoda, donde me sienta muy yo. 

Sé que por ejemplo en el ámbito docente, a muchos no se les pasaría por la imaginación tratar temas que he visto con mis alumnos, por miedo, desconocimiento u otras razones. Que conste que siempre que lo hago, ha habido un estudio previo del "terreno", para saber si es mejor hablar o no de algo, y tener una idea aproximada de hasta dónde podemos llegar. Aunque siendo sincera, ese límite prefiero que lo coloquen ellos. Y que cuenten lo que quieran, como prefieran y de la manera que ellos decidan. Y en mi caso limitarme a tratar con mucho respeto los temas que puedan resultar más delicados. Y si alguno me hace dudar, por si es adecuado o no, lo he descartado, sin problema. Pero me parece importante que al hablar no exista ningún tema tabú, excepto si ellos de algo no quieren hablar. Y aquí quiero concretar algo: debemos hablar de la muerte. Omitir eso no ayuda, puede causar más dolor si cabe. Y no hace falta que nadie haya vivido alguna desgracia en sus carnes, es algo que todos viviremos, antes o después. Mejor después, pero nadie, sin excepción, tiene la vida garantizada.

Y aquí estoy de nuevo, ¡qué desastre! a 28 de marzo. Antes me ha resultado "Misión imposible". 

Sobre lo que sé hacer, creo que más o menos queda respondido antes, al comentar lo que, bajo mi punto de vista, se me da bien o pueda considerar como cualidades positivas. 

Quizá no acierte al retomar esta entrada. Si algunas de las escritas en otros momentos han sido una macedonia, esta se lleva la palma. Ayer comencé las muy merecidas vacaciones de Semana Santa. El trimestre ha rozado el infinito. He acabado, igual que en la primera evaluación, con la ciática guerrera y un cansancio mental considerable (no solo por motivos laborales). Pero bueno, de todo se sale, o eso me repito a diario. Es agotador andar con pies de plomo para evitar ser manipulada. Medir lo que digo y lo que no digo, porque soy consciente de lo mucho que dicen determinados silencios. Percibir que algunos piensan que no soy suficiente. Sentir que me juzgan personas que tienen menos experiencia que yo. Y por prudencia he callado mucho, me he mordido bastante la lengua, y he llorado, sí, a menudo. No tengo que demostrar nada a nadie, ni como maestra en general, ni como maestra de Compensatoria en particular. No actúo a la ligera, reflexiono mucho sobre cada paso que doy, y no los doy a ciegas. A veces la gente paga sus miserias con los demás, tal vez para sentirse un poquito menos miserables. Dudo que saquen algo bueno de esta manera de obrar, pero allá ellos. En mi caso duermo a pierna suelta, con la conciencia muy tranquila.

Lo que tenía claro es que necesitaba estas vacaciones como el aire que respiro. Lamentablemente me da en la nariz que como mucho, podré escaparme, en estas fechas, un par de días. Espero que al menos sí pueda hacerlo dos días, o emocionalmente va a ser un mazazo, mi salud de todo tipo me lo pide a gritos, me lo lleva pidiendo meses, y no me veo capaz de afrontar el final de curso, y todo lo incluido en ese pack que no es trabajo, sin coger un aire. Quiero un sitio nuevo, aunque sea próximo, pero nuevo, y que allá donde vayamos no conozcamos a nadie. No sé, ya veremos si se puede.

Tercer Día del Padre sin él. Y los que me quedan por vivir. Hay dolores que están perennes, pase el tiempo que pase. Se amortiguan pero no desparecen ni por asomo. Creo que me faltaron Josés y papás por felicitar. Espero que ninguno me lo tuviera en cuenta, porque se me hacen bola las felicitaciones ese día. Por otro lado pienso que los demás no tienen culpa alguna de esa ausencia, y no debo "pagarlo" con ellos. Para mí dejó de ser un día festivo desde que el mío falleció.

En este tiempo he escuchado mucho, poca transparencia a ratos, mentiras y verdades. Algunas mentiras no sé si los que las dicen pretenden engañar a otros o a ellos mismos, o a ambos. Hasta un silencio en un momento concreto puede convertirse en una mentira. Opto por hacerme la tonta. He visto en cuerpos ajenos el significado de "relación tóxica" personificado, pero no hay mayores ciegos que los que no quieren ver. Y eso en personas muy jóvenes, ¿demasiado?, y maduras también. En los dos casos, tiempo al tiempo. Sigo con la mosca detrás de la oreja sobre la manera tan arriesgada y poco acertada de relacionarse los jóvenes hoy en día, necesitan orientaciones que no están recibiendo. Luego nos llevaremos las manos a la cabeza, en vez de haber hecho más, desde nuestro sitio, para evitar determinados "golpes".

He sufrido al sentir mis lágrimas ignoradas. No me gustan los animales de compañía, pero no sé si sería capaz de ignorar un perro llorando, pues con las personas tampoco. Hay gente que sí. No hay que perder la capacidad de alucinar, últimamente las actitudes de algunas personas me han dejado "flipando". Y me dan ganas de pellizcarme. Vaya mierda. Sí, sin exclamaciones, una mierda.

Menos mal que todo sigue teniendo cierto equilibrio, y unas palabras a tiempo compensan a los intentos de ninguneo o menosprecio. Unas palabras a tiempo chocan con los que vienen con las espadas en alto, sin haber iniciado ninguna guerra. Y tengo ganas de muchas cosas, pero no de guerra. Si acaso de guerra conmigo misma, de seguir luchando por mis proyectos y porque los que quiero, en la medida que dependa de mí, estén bien.

Agradezco también las vacaciones para poner a cargar mis baterías de paciencia. El estar compartida en dos institutos me sigue resultando más cansado, porque aunque mis horas de trabajo total son las mismas, las idas y venidas y cambios de chip, son agotadoras. Cada uno tiene una forma diferente de entender la enseñanza, y en particular la Educación Compensatoria. Funcionan de modos que poco tienen que ver. Pero no me amargo, cada curso es un mundo y solo tengo claro dónde estoy hasta el 30 de junio. Y de todas las experiencias educativas he sacado cosas muy buenas, incluso del peor curso que he vivido hasta ahora, aunque ni se me ocurre recordar cuál fue. 

Como la prudencia me puede, tengo nuevo destino definitivo (provisionalmente). No celebro nada porque celebrar algo que está en el aire sería una sinrazón, y no es mi estilo. Tampoco esto me quita el sueño, de corazón.

Y me gustaría acabar esta entrada, como repito en muchas, agradeciendo, sí, otra vez. Gracias por las palabras amables. Gracias por los mensajes. Gracias a los que me hacéis más llevaderos los días llenos de hostilidad. Gracias a los que intentéis comprenderme aunque no penséis igual. Gracias a los que me dais aire en lugar de echarme tierra. Gracias a los que vais de frente y sois coherentes con lo que decís y hacéis. Gracias a los que estáis cuando necesito que estéis, lo verbalice o no.

Feliz Semana Santa a todos. Disfrutad de lo que os guste de estos días y evitad lo que no os haga sonreír. A ver qué nos depara abril. Siento que el 2026 vuelve a empezar, y espero que sea una buena señal.

Y...¡cómo no! Mucha música para alegrar el alma.





La última no es una gran canción. Pero reconozco que es muy pegadiza y me sube el ánimo, y me hace subir el volumen de la radio en el coche, cada vez que suena. 


domingo, 8 de febrero de 2026

¡Qué barbaridad!

Me siento ante la pantalla de mi portátil con muchas ganas de escribir y sin saber muy bien por dónde empezar. Tiendo bastante a hacer entradas tipo "popurrí" con una variedad de temas, como la vida misma.

Digamos que 2026 se me está haciendo largo. 2025 fue intenso y algo o muy abrupto. Enero rozó lo eterno. Las tarjetas de Navidad siguen guardadas. No he escrito ni una. Algunas están por rematar y otras solo en mi cabeza. No sé si llegaré a enviarlas. En plan chungo decía que a lo mejor llegaban para Carnaval. Al paso que voy ni para Semana Santa. No hay ganas. No se dan las circunstancias. Hay cosas que se me dan muy bien, y otras rematadamente mal. No soy buena mintiendo. Paso de fingir y poner cosas que no son, de llenarlas de palabras bonitas pero que suenen huecas. De ver las cosas de un color que ahora no alcanzo a ver. Lo dicho, ya veremos si pasan por Correos o se van a la basura. No quiero castigarlas al olvido. Ya veré qué hago con ellas, ahora mi cabeza está rellena de mil cuestiones más importantes.

Hace días, pongamos unos diez, tal vez sean más, me crucé con un ex alumno de un cole. Da igual el nombre del cole y del alumno. El caso es que no es la primera vez que me pasa. Él iba ausente, escuchando música. Me limité a decir "Hola" alto y claro. Me miró con extrañeza, desde el 2017-2018 ha llovido mucho. Se paró, saludé nuevamente pero añadí su nombre. Y ya le dije, "¿no te acuerdas de mí, verdad?".  Y me dio la razón. Le refresqué la memoria y estuvimos hablando unos minutos. Os prometo que si hubiera hecho predicciones sobre el futuro de mis alumnos, por este no habría apostado nada. Nada de nada. Se negaba a trabajar, no hacía los deberes nunca, no estudiaba, y en clase parecía que le costaba hasta agarrar el lápiz. Y ahí estaba él, como un tortazo de realidad, recordándome que hay veces en las que no acierto con lo que pienso en mi interior, y me alegre de haberme equivocado tanto. Cuando fue mi alumno, estaba en 5º de Primaria, era un niño. Por supuesto que me encontré un hombre, pero la cara lo delataba, sabía que era él. Daba igual escuchar una voz totalmente distinta y ver un cuerpo de adulto. Esbozó una sonrisa y seguía siendo él. Está en el segundo curso de una FP de grado superior. ¡Qué bien está confundirse a veces! No pude disimular mi alegría. Le dije que me alegraba un montón de lo que me contaba y de haberme cruzado con él. Ojalá todo le vaya fenomenal. Fue un bálsamo encontrarme con él. Ser maestra de Compensatoria es complicado, más de lo que muchos creen. No ven más allá de lo evidente, estoy en Salamanca capital aunque mi destino definitivo esté en Peñaranda. Pero los cercanos sí se dan cuenta del precio que pago. Es desesperanzador cómo vienen las nuevas generaciones, la escasa o inexistente capacidad de escucha, la poca humanidad que gran parte de ellos demuestran, actitudes irrespetuosas continuas y sin justificación alguna. De verdad que los resultados académicos pasan a un tercer plano. De hecho desde que me estrené como maestra de Compensatoria relativicé la parte académica. A partir de ahí empezó a tener más relevancia la parte personal, el bienestar emocional de mis alumnos. Sigo siendo una docente exigente, suelo decir que exijo en la medida en la que doy. Reconozco que este curso se deben estar juntando muchos factores, y puede que sean el motivo para lo cuesta arriba que todo se me está haciendo. Reflexiono mucho sobre lo que hago, aquello que funciona, lo que no, y cómo puedo actuar de otra forma distinta. Pero hay momentos en los que siento que no me quedan muchas más teclas por tocar. Luego veo a alumnos como el que os he comentado antes y me repito a mí misma que sigue mereciendo la pena el esfuerzo. No se trata solo de estar en Salamanca capital, me gusta Compensatoria. Lo que no quita que sea especialmente complejo hacer lo que hago o intento hacer. No quiero las cosas a cualquier precio. No todo vale. Si veo algo naranja no pienso decir que es amarillo, por mucho que me insistan, aunque eso pueda ser como tirar piedras contra mi propio tejado. Apechugo con las decisiones que tomo y procuro que sean coherentes, lo entiendan otros o no. Para mí es importante tener la conciencia tranquila.

Por eso me aferro a la parte positiva, a los que sí, a las personas que sí, que sí se esfuerzan, que lo intentan (lo consigan o no), que sí ven más allá de sus narices y son capaces de empatizar. A las que son coherentes y no dicen una cosa pero hacen la contraria. A aquellos que aportan, que están dispuestos a sumar y no restan. Y a mis alumnos se lo repito bastante, algo estamos haciendo mal...T-O-D-O-S. Sería muy injusto cargar sobre sus hombros toda la culpa. Tampoco me parecería de recibo echárnosla toda a los docentes, ni a las familias. Es una combinación de factores, una mezcla explosiva. Y nos está explotando en la cara. Si me dicen que imagine cómo será la educación dentro de 10 años, no sé si acertaría. El rumbo no lo veo claro. y lo de remar juntos es bastante utópico. Ojalá me confunda y alguien sea capaz de agarrar con fuerza el timón, y hacer que el barco llegue a buen puerto y no parezca que va a la deriva. Muchos días siento que me doy contra un muro. Y a medida que el tiempo avanza, el muro no se derriba ni mengua, sino que da la sensación de hacerse más alto.

A ver si esta semana veo las cosas con más claridad y lo que está a mi alrededor acompaña. 

El otro día, no recuerdo ni por qué, me puse a pensar en las amigas que con cierta frecuencia me dicen "guapa". Conté cinco, con nombres y apellidos. Seguramente algunas veces me lo habrán dicho días en los que yo no me veo así, desgraciadamente algo que sucede mucho. No hay nadie en este mundo que sea más duro conmigo de lo que yo misma soy. Y no lo reduzco a la parte física, sino a toda yo. No sé si cinco son muchas o pocas, algunas no recuerdo que me lo hayan dicho nunca. Es lo que hay. Sus motivos tendrán. No soy de pagar con la misma moneda. Si veo a alguien que lleva algo que le favorece, o es guapo/a, se lo digo. No se me caen los anillos ni actúo así para recibir lo mismo. Me comporto así porque me nace. Me maquillo porque me gusta. Voy a la peluquería porque la operación "raíces" es fundamental (para mí) una vez al mes, y es bueno para mi salud mental verme mejor físicamente. Aunque de vez en cuando agradecería alguna caricia emocional más. Alguna palabra bonita. No soy de preguntar si a otros les gusta mi peinado o cómo voy maquillada. Hay días en los que me levanto y me veo guapa y otros que veo cara de acelga y no lo siento igual. He llegado a la conclusión, errónea quizás, que la gente es poco detallista y todavía menos empática.  Soy muy detallista, a muchos niveles, y algo que siempre me ha parecido una virtud, una cualidad positiva, ratos empieza a parecerme un defecto...¡Manda narices! Como veis, 2026 se me está haciendo largo.


He de reconocer que aunque todavía no la conozco en persona, y en un par de días hace su primer mes de vida, Lara es una de mis dos mejores noticias en lo que va de 2026. Bienvenida al mundo, Lara. Segunda hija de una amiga del gremio docente, Cris. Bebé que va a contar con una maravillosa hermana mayor, Triana. Y ya cuenta con unos papás que la quieren con locura. Sea la semana que viene o la que va después, deseando conocerte Lara. Los rayos de sol brillan más cuando son sinónimo de una nueva vida. 

Tengo muchas ganas de viajar, pero no me apetece hacerlo sola. Si no fuera por la situación de algunos ríos, y por una razón personal, me encantaría pasar los Carnavales en Córdoba, pero no va a ser posible. Al menos no en los de 2026. El año pasado tuve que anular ese viaje, pero estaba muy reciente una operación familiar y no era correcto ni prudente irme de escapada a ninguna parte. Ojalá estos sí pueda, podamos, me conformo con el fin de semana, aunque en mis sueños me iría los cuatro días, de cabeza, a alguna parte en la que el clima sea agradable y los ríos no se desborden. Ya veremos...No me gustaría quedarme con las ganas. Sé lo que pasa, que luego las circunstancias varían, y lo que el próximo fin de semana puede ser realidad, en dos se puede tornar imposible. La vida pasa, vuela, aprieta, y hoy estoy aquí pero mucho más allá no sé ni cómo, ni nada. Faltan certezas, falta seguridad, no me faltan sueños ni ilusión.

Y con este caldo, de estar bastante harta de muchos temas, es inevitable seguir teniendo presente a mi padre. Esta tarde, en una serie de Netflix que estoy próxima a finalizar, dos mujeres hablaban sobre un personaje principal, fallecido solo hace un par de capítulos: "Es difícil estar sin él, ¿verdad?". Y la otra persona respondía: "Es todo el espacio en el que no está." Y...¡cuánta razón! Su silla, en la que casi nunca nos sentamos ninguno. Su lado de la cama. Su sitio en el sofá, que sí ocupamos pero sigue siendo el suyo. Un banco de mi barrio, donde todavía me parece verlo. Las calles en las que se paraba a charlar con algún amigo o conocido. Las fotos de celebraciones en las que ya no puede aparecer. La parte de mi vida que vieron sus ojos y he perdido. Hasta ir a hacer la compra puede ser doloroso. Que sí, que la vida sigue y mil paparruchas más, pero sin él no sigue igual, sigo como puedo, y me parece que me equivoco más de lo que acierto, por mucho que yo sea independiente y haya tomado mis decisiones yo misma, al menos aquellas en las que ya me veía como una adulta. Y de eso desde luego que no me arrepiento. 

Últimamente mis semanas son un deseo de llegar al fin de semana. Y cuando este acaba siento que no lo he aprovechado lo suficiente. Por un lado necesito descansar, por otra parte necesito socializar más, quiero estar más tiempo principalmente con mi pareja, y no sé. Quiero viajar, es un deseo pero una necesidad también. Las oportunidades hay que aprovecharlas, tal vez lo que hoy pueda permitirme en unos meses no sea razonable. Por eso no me apetece esperar. No sé qué me depara el futuro, sí lo que me gustaría que me deparase; pero soy consciente de lo que sí puedo hacer en mi ahora. Y me siento afortunada.  Llevo mucho llorado en este mes y poco de 2026, pero también ha habido momentos felices. 

En mi cabeza no me daba cuenta que no me sentaba a escribir una entrada del blog desde que estrenamos enero. Una auténtica barbaridad.  Puede que se repita, ojalá no. Ojalá mis silencios en este rinconcito no duren tanto.

Os deseo a todos un buen comienzo de semana. A ver si el lunes es menos lunes. A ver si no nos convertimos en ranas (como dice una amiga) con tanta lluvia. Y soy de lluvia, aunque no tan constante, es ya un soberano aburrimiento. Se complica hasta ir al trabajo en coche. En Salamanca cuando llueve, diluvie o sea chirimiri, coge el coche hasta el gato. No tengo pruebas, tampoco dudas.

Y como queda mucho de febrero y de 2026 ya ni os cuento, voy a pensar que va a ser un año majete y se va a ir enderezando. Cruzo los dedos. Buen lunes, queridos lectores. Y gracias por la paciencia y por seguir leyendo este blog.




jueves, 1 de enero de 2026

1 de enero de 2026


No son fechas fáciles, me refiero a las "navidades". Ha empezado 2026 y estreno las entradas de este año el primer día. Prefiero escribir aquí, porque los que me leéis desde hace un tiempo (más de dos años), sabéis que desde que mi padre murió, ha sido muy frecuente que lo nombrara en las entradas y/o escribiera sobre el duelo/la muerte aquí. ¿Por qué? Porque a mí me servía, no quiere decir que a otras personas en una situación de duelo, les venga bien.

Insisto en lo de que el duelo es individual y algo muy personal. Como cada ser humano es único e irrepetible, dos seres humanos no van a reaccionar igual ante la "misma" situación, es imposible, siempre van a existir matices. Entrecomillo misma porque nunca es exactamente la misma, no son exactas, segurísimo. Por ejemplo, dos personas que pierden a su madre, y son hermanas. Cada hermana va a llevar el duelo a su manera, por mucho que fuera la misma madre. O dos personas que han sufrido una pérdida parecida, la muerte de su pareja. No, somos un mundo, un mundo sin igual, sin gemelo idéntico. Da lo mismo si varios han perdido a la misma persona o si dos pierden a alguien (diferentes personas) con el que mantenían el mismo vínculo (madre-hijo, novio-novia, tía-sobrino...). Y a mí, lo de dar en el clavo en momentos de duelo, me parece rozar el milagro. Sirva mi experiencia de ejemplo, que no tiene por qué resultar de ayuda.



Recuerdo que en una entrada escribí un título semejante a este. "Algunas consideraciones respecto al duelo". Tal vez fueran justo esas las palabras exactas. Como no me apetece nada de nada comprobarlo, porque me conozco y fijo que la releo de cabo a rabo, me lanzo a la piscina y escribo lo que quiero, sin más. Y si me repito, son lentejas...Es lo que hay.

Además de lo comentado hasta este punto, había mensajes que llevaba fatal. Fatal me parece hasta una palabra sutil. Y seguramente habré metido la pata con más de uno siendo al contrario, es decir, yo la amiga que pregunta, y el receptor la persona que ha perdido a un ser querido. Lo siento, de corazón. Si ha pasado, no me he parado a pensarlo y probablemente haya sucedido antes del fallecimiento de mi padre. A mí me enervaba los mensajes tipo "anímate". ¿En serio? Me daban ganas de ponerles alguna barbaridad de vuelta. Para mí eran palabras vacías, vacías porque por una parte no me servían de nada, leer un "anímate" no me ayudaba en mi proceso de duelo. Y además cabreantes, me ponía de muy mal talante. Lo mismo con otros mensajes, no dudo que estuvieran escritos con cariño, pero con escasa reflexión. Es sencillísimo dar consejos a otros sobre lo que uno no ha pasado todavía (ni se lo deseo). De mi grupo de amigas/as más cercano y de una edad próxima a la mía, solo un par de personas habían sufrido ya la muerte de su padre. Y se notaba. Otras no lo habían padecido (ni falta que hace y deseo que sus padres vivan muchos años más), pero tal vez su empatía, el conocimiento profundo que demostraron tener sobre mí o su manera de entender el mundo, hicieron que su manera de estar, más que de actuar, sí sirviera de bálsamo y me proporcionara algo de consuelo.

Llegó un día, no recuerdo cuántos había "sobrevivido" desde esa noche del fatídico 1 de septiembre de 2023, en el que me harté. Me harté de responder a la gente con sus mensajes de "¿qué tal estás?" o paparruchadas parecidas. Y claro, dejé de responder. Pues mira, hecha una mierda, como si me hubieran partido en dos, como si me hubieran removido las entrañas, como si me hubieran hecho una herida profunda y me estuviera desangrando, como si me faltara el aire por el nudo continuo que sentía en la garganta, como si mi cuerpo pesara 10 toneladas y no hubiera forma de mover ni un solo dedo, como si no tuviera motivos para levantarme de la cama, salir de casa ni continuar respirando. Así, eso dicho de manera concisa.

Creo recordar que en una de las múltiples entradas con la etiqueta "Papá" en las que hablo de lo que a mí me pide el cuerpo (cabeza y/o corazón), mencionaba también, relacionado con lo del duelo, algo que ahora ya no alcanzo a recordar si me lo dijo alguien, lo escuché/leí o es de mi cosecha. Es como si a mi madre, a mi hermano y a mí nos hubieran lanzado al mar. Los tres estamos en medio de la tormenta, luchando por salir a flote, pero cada uno tiene que salvarse a sí mismo. No es me salvo yo y ya luego ayudo al otro. No, cada cual ha de dar con la forma de no hundirse. Para esto hay que pensar en uno mismo, sí. El duelo tiene una parte "egoísta". Yo tenía que intentar estar bien, no para ayudarlos a ellos, para ayudarme a mí, por estar bien yo. Y eso iba a suceder a una velocidad indeterminada, porque no conocíamos el camino, y cada uno de nosotros iba a hacer o hizo el suyo, y no coincide exactamente con el de ningún otro. ¡Ojo! Podíamos apoyarnos los unos en los otros. Pero no sé hasta qué punto eso era bueno, era un dolor compartido, una tristeza indescriptible por una pérdida irreparable, pero...¿nos iba a allanar el camino que debíamos recorrer? 

¿Cuándo se acaba el duelo? Mi sensación es que nunca, jamás. A día de hoy sigo viviéndolo, porque mi padre ya no está ni estará y eso no tiene vuelta de hoja. Si es verdad que lo vivo de manera distinta a hace un tiempo, pero me ha costado un mundo. 

Ayer, último día del año, fui al cementerio y visité su tumba. A lo mejor no era el mejor día. No sé, ningún día es idóneo para ir al cementerio. Fui serena. Llevaba flores y compré más allí. Hacía un frío importante y, por primera vez de muchas visitas, no me encontré ni un solo gato. Algo que agradecí porque no me hacen una gracia especial ver a los gatos campando a sus anchas sobre las lápidas de los que han muerto. No sé si me quedé mucho o poco, estuve lo que quería estar, suficiente. Prefiero ir sola, también esto es algo muy personal, íntimo (lo que no quita que otros prefieran acudir acompañados). Cuando lo enterraron tuvimos mucha compañía y visto con la perspectiva del tiempo, lo agradezco mucho. Ayer había más personas que, como yo, habían decidido visitar el cementerio el último día del año. No muchas, en total creo que conté unas ocho. Cuando voy observo todo, me llaman la atención algunos mensajes de familiares, estatuas, mausoleos incluso...Ayer me fijé en un banco que hay en uno de los laterales, no recuerdo que lleve mucho tiempo allí. Probablemente lo instalaran tras la reforma más reciente, que lo hace algo menos frío y más naturalizado, con mayor zona verde y mejora de parte del asfaltado de algunas calles. El banco me recordó una serie que vi cuando mi padre ya había fallecido. No os digo el tiempo que había transcurrido porque no lo recuerdo. La serie, al menos por entonces, se llamaba "After life", y la protagoniza Ricky Gervais. En ella se trata mucho el tema del duelo, me ayudó verlo desde fuera, como espectadora. Y sale un banco en el que se producen conversaciones maravillosas, algunas para enmarcar. Es dura, no es para todo el mundo ni en cualquier momento. Lloré una burrada viéndola, y no únicamente por la muerte de mi padre, tenía más razones. Pero me dejó muy buena sensación, y me agradó que hubieran sido capaces de tocar un tema tan duro con dosis de humor. No es fácil.

Con esta entrada no pretendo dar pena ni nada parecido. Son mis vivencias y es mi experiencia. Comparto lo que quiero y de la forma que quiero. Entonces escribí bastante sobre el duelo por mí, segundo por mí, y tercero por mí. Luego ya si eso, en cuarto lugar, dándome cuenta que es un tema tan delicado que no se habla con naturalidad de él, y eso me da rabia. Y quizá, solo quizá, podía serle mínimamente útil a alguien. Y si no, ahí quedan, ahí siguen mis botellas al mar, porque a mí me vino de fábula lanzarlas. Entiendo que los que me lean pueden no comprender que comparta algo tan íntimo. El límite, la barrera de qué es lo que cuento, cómo lo cuento y hasta qué punto profundizo, siempre la coloco yo. Es algo que controlo. Por eso el blog es público, porque sé que alguien que lo lea puede compartir alguna entrada con otra persona. Y no pasa nada. Si me molestara que algo llegara a alguien, tengo miles de cuadernos, no lo pongo aquí, o ni siquiera lo escribo en ningún soporte, según me dé.

Ayer a mediodía hice una visita relámpago a la pastelería. Estuve en Gil, teníamos pendiente soplar unas velas y, aunque no soy supersticiosa, no quería empezar el 2026 sin que se hubieran soplado las velas de todos los cumpleaños de 2025. El caso es que me reconocieron en cuanto entré. Al preguntarme directamente con mi nombre, me preocupé, pensando que se me había pasado su cara y era una antigua alumna. Y se lo dije: "Perdona, porque si te he dado clase de verdad que ahora mismo no me acuerdo de ti." Me extrañó, se me puede pasar el nombre de algún antiguo alumno, pero...¿la cara? Raro, raro, raro. En un tris me refrescó la memoria. Se identificó, era la hermana mayor de un alumno de hace "algunos" años. Sé cuántos, pero no voy a incluir más datos. Me preguntó muy educada qué tal estaba y cómo me iba. Al preguntarle yo, enseguida se echó a llorar. Su padre había fallecido, 54 años, unos meses atrás, después de estar enfermo. Obviamente no pregunté la enfermedad, da igual. Hace nada, en uno de esos vídeos de Instagram, escuché a una persona diciendo que da igual si el que fallece lo ha hecho de repente o tras una larga enfermedad, la pérdida es la pérdida, el duelo es el duelo. Y razón no le falta. Mucha gente sigue recordando que mi padre, al morir repentinamente, no sufrió. Y añaden esa coletilla como si este dato dulcificara o restara un ápice de dolor a su fallecimiento. Dos años y pico después, afirmo que no, a mí eso no me consuela ni un pelo. Sí, mejor sin sufrir. Seguramente cualquiera firmaría por una muerte de esa manera, pero no cambia el hecho: papá ya no está. La conversación con la hermana de mi exalumno fue un pellizco de realidad para el día de Nochevieja, un zarandeo. Uno de esos zarandeos que necesitamos a veces, solo a veces. Espero volver a encontrarme con ella. Y me alegra ver que tiene trabajo y le va bien en la parte laboral, la parte familiar necesita recomponerse. Y una mesa que en su casa tenía cinco patas, ha de dar con el mecanismo para continuar haciendo lo que hacía pero con una pata menos. Y cuesta una barbaridad, quien le quite hierro al asunto es un "espabilao" o un mentiroso compulsivo que prefiere hacerse el fuerte y no compartir sus tristezas, penas, miserias...llamadlo como prefiráis. Al final se trata de vivir, o sobrevivir. No sé, solo sé que hay un punto de inflexión en mi vida tremendo desde que mi padre ya no está. Y ese vacío sigue estando, porque el tiempo amortigua, pero no cura, o yo no he dado con la fórmula. Aunque él no esté sigo queriendo vivir, sigo pensando que en la vida hay personas fantásticas y situaciones maravillosas. Y quiero exprimirla, disfrutarla e intentar seguir con mis ilusiones, mis proyectos de todo tipo, y sintiéndome más yo. Como puse en la entrada anterior, ojalá 2026 sea en el que vea y veáis, la mejor versión de mí misma. 

Esta mañana vi parte del "Concierto de Año Nuevo", celebrado en Viena. Quien la ha dirigido este año,Yannick Nézet-Séguin, posee una alegría especial, un buen rollo que traspasaba la pantalla e invitaba a no cambiar de canal. Destilaba aires de modernidad y cercanía. Y con el buen sabor de boca que me ha dejado el broche del concierto, quiero rematar esta entrada. ¡Ah! Vivid el comienzo de 2026 lo mejor que podáis, cada cual con sus circunstancias. Si os agobian estas fechas, calma, solo nos quedan "Los Reyes" y regreso a la rutina para todos. 


Es muy típico ponerse algún propósito, o muchos, al comenzar el año. Me he puesto varios, vienen de antes de dar la bienvenida a 2026. Y justo al buscar alguna frase para que formara parte de la entrada, he visto esta imagen sobre la salud, y me gustaría que fuera el final de esta entrada. Suerte si vosotros también tenéis algún propósito, no os agobiéis si los plazos difieren un poco de los que queríais, lo importante es llegar al destino deseado. 

miércoles, 17 de septiembre de 2025

La muerte, la vida, "bárbaros" y...aquí estamos

Aquí estamos atravesando septiembre, y aunque parece que llegó antes de ayer, ya es 17. Y noto que va cuesta abajo y sin freno. Solo sé que veo lejanísimos los días que logré escaparme de la rutina y ver el mar, aunque no lo catara. Y eso pasó a  finales de agosto, pero si lo pienso parece que lo he soñado y ha llovido una barbaridad. Añoro esos días 24/7 en la mejor compañía, comiendo rico, descubriendo rincones preciosos de la geografía española y reencontrándome con sitios a los que deseaba volver. Lugares que al verlos de nuevo me removieron por dentro, y me emocionaron por fuera también. No se puede tardar tantísimo en revisitar sitios tan especiales.

Empecé septiembre con cieta inquietud y pocas ganas. Cuesta volver a funcionar tras unas vacaciones extensas. Muy descansada, sí, no lo voy a negar, pero con pocos viajes, algo que remediaré en cuanto se pueda. Y para eso soy muy afortunada, porque no necesito esperar hasta el verano. Ni tampoco a que llegue el invierno.

Ahora ya es otra historia, el lunes comenzaron las clases en los institutos. Como sabéis estoy compartida, poniendo un pie en el Venancio Blanco y otro en el Francisco Salinas. Lo bueno es que un par de días pongo los dos pies en uno solo, y es de agradecer. Aprovecharé al máximo lo que pueda aprender en esta nueva aventura. Hoy salí feliz, tal cual. Motivo principal: mis alumnos. Segundo día de clase con ellos en el Salinas. El verano, de momento, les ha sentado fenomenal, me están sorprendiendo gratamente.

Tengo caras nuevas y otras ya muy conocidas, y esa combinación me gusta, aunque no ha estado en mis manos elegirla. No sé cuánto les durarán las ganas, por eso disfruto el momento y punto. Por si las moscas, tocaremos madera.  Dure lo que dure, hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto en clase y me sentía tan cómoda. Eso es aplicable al alumnado de 1º y al de 2º de la ESO. Y me apetecía ponerlo aquí, porque hay que reflejar lo bueno también, no solo quejas y lamentos. Ojo que a mí siempre me pesa más lo positivo, pero hay días que lo negativo hace que tengas un día, o más, cruzados.

La próxima semana se sumará el apoyo a los de desconocimiento de español y, en breve en el Venancio, participar en el "aula abierta" y apoyos de varios tipos. La verdad en ambos institutos estoy ilusionada, de manera diferente, pero ilusionada. Soy prudente ante lo desconocido y lo conocido me aporta cierta calma, que viene de perlas. A mí los días entre el 1 y el 15 de septiembre me resultan tediosos y complicados de digerir, prefiero la "marcha" de la rutina diaria de clases. No obstante suele ser de todo menos rutinaria. Nunca sé qué puede pasar, quién me va a dejar ojiplática, con cuáles saltaré como si tuviera un resorte, quién me arrancará más de una sonrisa o qué personas harán que me muerda la lengua o, como yo digo, hasta el alma. Me he propuesto bajar de volumen, es complicado, pero lo intentaré. Llevo muchos años hablando, dentro y fuera de los centros educativos, como si de pequeña me hubiera tragado un altavoz. Y pensando en los demás y en mí misma, voy a ver si soy capaz de hablar más bajito. Fácil no va a ser.

Y en este contexto, ayer estuve en un velatorio y a continuación en un funeral. Llevaba yo gran parte del verano reflexionando sobre mil cuestiones, relacionadas con la vida y con la muerte, con la permanencia y con el cambio. Y pensaba, una vez más, en lo poco que hablamos de la muerte a lo largo de la vida. En la solemne estupidez de parecer un tema tabú y tocarlo de refilón o ni tratarlo. En el error de creer que no existe porque no se hable de ella, o restarle importancia. Y estamos muy confundidos, la muerte está presente en muchos momentos de la vida. En ocasiones avisa, otras no pregunta y...¡zas! zurriagazo del destino al canto. Y te quedas como tonta, descolocada, desarmada, indefensa, frágil, débil...Te sientes pequeñita, diminuta, te puede costar dormir, comer y hasta caminar. Puedes llorarlo todo o guardártelo dentro. Optas por afrontarlo sola o compartir el dolor del duelo y sus etapas. Buscar ayuda externa o decidir que tú puedes sin nadie más. Y creo que nunca nadie se recupera por completo de la pérdida de un ser amado, llamadlo padre, madre, marido, mujer, pareja, hijo, amiga o familiar de primer grado. Como tengo comprobado que hablar de mi duelo, mi dolor y mis ideas sobre tratar con mayor frecuencia y naturalidad el tema de la muerte me ayuda, y puede que ayuden a otras personas, hoy era el momento de lanzarme a escribir aquí. Como soy muy bruta, a pelo, sin guion ni esquema alguno, según lo que quiero reflejar va viniendo a mi cabeza y saliendo en forma de palabras al ritmo que mis dedos teclean en el ordenador. 

Lo repito mucho, pero una de las cosas que peor llevé cuando falleció mi padre, de eso hace dos años, un mes y dieciséis días, era que la gente me preguntara qué tal estás. Sé que la mayoría lo hacían con buena intención, pero a mí me dolía un montón, era como meter el dedo en la herida. En una herida que a día de hoy no se ha cerrado ni lo hará. Simplemente continúo aprendiendo a vivir con ella, y no tiene el mismo tamaño que al principio, pero va a seguir abierta, sin que eso me quite el sueño. Cuando alguien amado muere, "asumes" (es un decir, lloro solo de escribirlo), porque no queda otra, que no vas a poder disfrutar de tener contigo a esa persona. Que no vas a escuchar su voz (a mí me encanta, a la par que me duele, escuchar un audio muy breve de menos de medio año antes de morir mi padre), olerla, quererla, reírte con esa persona, escucharla cantar, saludar a la gente, rezongar, o sentirla cerca, aunque sea en silencio. Vas a dejar de oler la colonia que usaba en su piel, y aunque te la eches, no huele igual, te recuerda a esa persona, pero tiene un matiz distinto. Y no vas a contarle igual las cosas buenas que te pasan, lo que te preocupa o las "penas", al menos no teniendo esa presencia física. Todo cambia. Todo duele. Duele ver su ropa, porque era suya y no va a volver a ponérsela. Por una parte deseas que desaparezca toda esa ropa de un chasquido, y por otra te gustaría guardarla con mimo, como si con eso lo sintieras un poco más cerca. Con las fotos depende, a mé me consolaban bastante, porque me hacían rememorar momentos felices, pero también eran un baño de dura realidad, asimilar que no va a haber fotos nuevas que "congelen" momentos felices. Y me sentía inmensamente afortunada, por la barbaridad de años compartidos con mi padre; y una completa desgraciada, porque él ya no está, y no hay vuelta de hoja. Nuestra permanencia en este mundo es finita, es limitada. Somos instantes. De repente desaparecemos y dejamos de pasear por el barrio, viajar, leer el periódico, abrazar, besar, regar las plantas, sentarnos a la mesa en familia, ir de compras...Es verdad que los que nos rodean y nos quieren ayudan a que el duelo sea un pelín menos duro. Y algunos "aciertan" y otros meten la pata hasta el fondo, Pero entrecomillo aciertan por lo complicadísimo que me parece acertar. Antes de fallecer mi padre creo que soy yo la que no habrá estado lo presente que debería ni actuado de la mejor forma ante muertes de personas muy próximas. Seguramente me han faltado funerales a los que debería haber asistido, velatorios en los que tenía que haber estado más tiempo o solo estado y mensajes, llamadas o quedadas que no llevé a cabo. Desde el 1 de agosto de 2023 veo las cosas de otra manera. Pasar por ese dolor infinito, y sin esperarlo, me parece que me ha ayudado a entender mucho mejor el dolor de los demás ante una pérdida. Lo que no quita que puede que no siempre esté atinada.
Ayer, acudí a un funeral, por extraño que parezca, hasta que no estuve dentro de la iglesia del San Carlos Borromeo no me percaté. Era el primer funeral al que iba allí tras la muerte de mi padre. Pasé un par de minutos de perros en los que me faltaba el aire, estuve tentada de salir pitando, no lo hice. Respiré y me quedé, aunque eso supusiera revivir en parte su funeral allí. Antes, cuando estaba pendiente de la web del tanatorio para ver en qué sala estaba la persona fallecida a cuyo velatorio quería acudir, solo pensaba: por favor, que no sea la sala 9. Dentro de la tristeza del momento, no fue en la misma sala. Y eso que me faltan dedos de una mano para contar los velatorios a los que he ido allí desde esa fecha imposible de olvidar. A bote pronto diría que en estos dos largos e intensos años, habré ido al menos a seis, aunque paso de hacer tan doloroso recuento, con la cifra aproximada basta y sobra.
Y entre unas vivencias de esta quincena larga de septiembre y otra, he disfrutado, con mayúsculas, por segundo año consecutivo, de las Fiestas del Cristo en San Esteban de la Sierra. Hasta hoy he estado catatónica, no soy yo fiestera. Además pese a considerarme ave nocturna, no soy de trasnochar si de fiestas se trata, pero lo de San Esteban es una excepción. Me lo he pasado infinitamente mejor este año que el pasado. Me siento incómoda cuando soy la nueva, la desconocida, y no "controlo" el lugar ni sus tradiciones. Y eso que el año pasado, los amigos del responsable, dicho con mucho amor, de estar yo por esos lares, me lo pusieron muy fácil. Entre fiestas  2024 y la edición de 2025, he coincidido con ellos en bastantes ocasiones, por lo que ya no era la novata, la que estaba en "periodo de prácticas" como digo yo. Espero haberlas superado, ja, ja, ja, Y si no, es lo que hay. He intentado adaptarme, en la medida de mis posibilidades, y exprimir cada minuto. He bailado mucho más que el año pasado, y no hay ni punto de comparación a lo que me he reído esta vez respecto a la primera. No sé si lo leerán ellos, "Los Bárbaros", porque no lo escribo aquí para que lo lean, sino porque tenía ganas de escribirlo, pero estoy muy agradecida por cómo me recibieron y cómo me tratan siempre. Y eso que lo rural no es mi terreno, y sigo siendo más urbana que "El Corte Inglés". Cada cosa, su espacio y su tiempo. De corazón, gracias, y ojalá pueda disfrutar a vuestro lado, especialmente al lado de mi "bárbaro" preferido, de vuestras fiestas, muchos años más. A las que ya voy sintiendo un poco mías, porque es así. Y entre comida deliciosa, cariño, "castillos", música, amistad, bordados serranos, bailes, nueva sede para la peña, avispas matadas a golpe de cuchara, y cuesta arriba y cuesta abajo, despido esta entrada, que tiene como siempre, mucho de mí, para algo soy yo la autora, y mucho de aquellos a los que me encanta tener en mi vida en unas partes u otras.
Vamos a disfrutar la vida, a tratarnos bien, a cuidar a los que queremos, a no callarnos, y a recordar la importancia de estar aquí, vivos, sin más, sin grandes problemas, y con sueños posibles, del tipo que sean. Buenas noches.