BIENVENIDOS a este blog.
En él me gustaría unir varias ideas, la principal, que para que exista una buena EDUCACIÓN, uno de los ingredientes principales ha de ser la EDUCACIÓN EMOCIONAL. Y una de las herramientas de esa educación es, la que denomino la "palabra mágica", EMPATÍA.
Espero que seas docente, madre, padre, alumno, o simplemente hayas entrado a "dar una vuelta", pueda resultarte útil y/o interesante su contenido.
Queda mucho por APRENDER, pero claro está, con EMOCIÓN.
Hace una semana estaba de funeral. Falleció un vecino de mi edificio de los que llevaba viviendo aquí desde que tengo uso de razón. Además mis primeros 10 o 12 años de vida vivimos puerta con puerta. Tenía dos años menos que mi padre. Mi vecino llevaba ya unos años enfermo, da igual desde cuándo, da igual de qué. Omito los datos que me parece por respeto a su familia. Era muy buena persona, de los que siempre saludan, capaces de arrancarte una sonrisa, y si te preguntaba algo se interesaba por la respuesta. Su hija intervino en la ceremonia, con una entereza que a mí me abrumó. Habló por él y por ella, y su madre y hermano. Sus palabras resonaron en la iglesia, como un arcoíris es capaz de llenar de colores el cielo más gris. He asistido, tristemente a unos cuantos funerales en lo que llevo de vida, a los que habré de añadir unos cuantos más todavía. Y puedo afirmar que este fue uno de los más hermosos, dentro del dolor reinante por la ausencia del que acaba de marcharse. Lloré como un bebé desconsolado. Me pareció un momento muy emotivo. Y me importa un bledo si me repito como las lentejas, no hablamos suficiente de la muerte. Mi impresión es que nos cuesta integrar a la muerte como parte de la vida, lo contemplemos como un final o no. Pero insisto y continuaré haciendo lo propio, porque hay que gritar un ¡hasta aquí! a pleno pulmón. Está en nuestros manos hablar más de lo que nos duele tanto. Hablar más de la pérdida de los más cercanos, los que más nos pellizcan el corazón cuando se van de este mundo. Se trate de familiares o amigos, la muerte necesita su espacio. El duelo necesita su espacio y su tiempo. Y todos, sin excepción, por valientes que nos hagamos, necesitamos ese hombro en el que llorar, el abrazo sin preguntas y la conversación sin palabras. Necesitamos que los que nos quieren "estén" aunque no los llamemos, porque saber que están a veces basta. Siempre que voy a un velatorio y/o funeral, una parte de mí revive los de mi padre. Esas dos eternas noches de velatorio y el entierro que le siguió. Y si son en el Borromeo, mucho más. No puedo evitar mirar rápidamente en la esquela en qué sala se encuentra la persona fallecida y los que lo acompañan, y algo dentro de mí se tranquiliza al ver un número diferente al 9. Es el segundo funeral al que voy allí desde el de mi padre. El primero fue en septiembre del año pasado y casi me salgo del ahogo que sentía. Literalmente, era incapaz de respirar, como si tuviera algo obstruyendo mi garganta y no pudiera pasar el aire por ningún punto. Este fue mucho más llevadero, pese a las lágrimas por el fallecido (fue ver la esquela en mi portal el domingo y subir llorando a casa) y también por rememorar el más doloroso que he vivido. Una amiga me comentó que me costaría estar allí porque el de mi padre, fue en el mismo lugar. Ya le dije que nada tiene que ver estar sentada donde estaba el lunes pasado a ocupar la primera fila junto al féretro. Por una parte soy muy sensible, por otra a veces desconozco de dónde narices saco determinada fortaleza. A mi edad, y sigo sorprendiéndome de mí misma.
Habiendo empezado así la semana anterior, cualquiera pensaría que ya todo era mejorar, pero no. La semana fue intensa a todos los niveles, laboralmente hablando, y en el plano personal, igual o incluso más. Mucha emoción por todas partes. Algo de rabia y frustración también. Agotamiento mental y físico. Mi "amiga" la ciática tiene ganas de jarana y ha decidido despedir a mi lado el curso. Y un sinfín de cuestiones que prefiero no enumerar.
No todo fueron noticias negativas. De fondo, mucha emoción, muchos lazos compartidos, algunos que he sabido reconocer poco antes de despedir el curso académico, pero agradezco que existan. Y ojalá siga con ellos el 2026-27.
De ahí lo de "pellizcos" del título. Si volviera a nacer, quiero tener la gente con la que puedo contar en mi vida. En los que pienso, de los que primero me acuerdo, a los que escribo, llamo o lo que se tercie cuando me pasa algo bueno, y también con los que puedo abrirme en canal cuando lo necesito. O llorar y sentirme acompañada aunque no me digan ni pío. Pero sentir que mis lágrimas no son ignoradas, que están ahí y brotan por algo. Esas personas son las mismas y no son demasiadas, y mi suerte es saber que cuento con ellas. Ojalá sea lo suficientemente clara, quiero pensar que lo soy, para que ellas sepan que pueden contar conmigo siempre que lo necesiten.
Y ya. Cuidar a la gente, no siempre es sencillo, pero hace falta. Hago lo que puedo con "los míos". Buena tarde todos y ánimo con lo que la vida os trae.
Quería haberme dejado caer por el blog para escribir sobre cuestiones más alegres, pero he de hacer caso a las señales, y llevo unos días recibiendo demasiadas. Por eso, aunque me cueste, no voy a dejarlo para mañana. Recientemente no recuerdo si leí o escuché, solo que fue algo que salió en Instagram, que el duelo es el dolor por ese amor que ya no le vamos a poder dar a alguien. He dado y buscado vídeos relacionados con este tema y muchas definiciones sobre el duelo, y con todas estoy algo de acuerdo. Pero esta me pareció especialmente atinada. Poco después encontré una serie de Prime, "Días mejores", la historia gira en torno a una peculiar terapia de duelo que reúne a desconocidos que han perdido a su pareja. Solo he visto un capítulo, pero el enfoque que le da a un tema peliagudo, es más que suficiente para estar interesada en verla. Tiene 18 capítulos, repartidos en 2 temporadas. Voy a verla, pero no quiero devorarla porque, afortunadamente, tengo muchas cosas en la cabeza que nada tienen con el duelo. El duelo está ahí, sigue ahí y llegó para quedarse.
Entre medias, o sin el entre, muchos recuerdos, pensamientos, conclusiones, teorías y de todo un poco, relacionadas con la mayor ausencia de mi vida hasta ahora: mi padre. Y me doy cuenta que si escribo o hablo de él sigo emocionándome. Esta emoción no siempre se traduce en lágrimas, si hablo hay menos posibilidades de llorar en algún momento que si escribo. Podría decirse que hablando me controlo más . Si escribo me siento totalmente libre, y como no me guardo nada, dejo que las emociones afloren y fluyan como elijan en cada momento. Y si lloro pues lloro, no es el fin del mundo. Creo que es preferible sacar ese dolor, esa tristeza infinita y amarga, que dejarla dentro, enquistándose. Y esta tarde, ya la señal definitiva para escribir ahora, sí o sí. En Instagram también, obviamente nos espía, me salió un anuncio de Fundación "La Caixa" con una entrevista sobre el duelo. No os quitará ni 10 minutos. Pero vale la pena verla. Me ha parecido interesantísima, sin paja, todo sirve. En ella, Andrea Ropero entrevista a Alba Payàs, psicoterapeuta experta en duelo. Se llama "Una mirada al duelo".
Extraer titulares de esta entrevista es facilísimo, pero voy a mencionar solo dos. Una frase evidente, pero complicada de aceptar e integrar en nuestra vida: "No podemos vivir sin duelo." Me parece una verdad como un templo, ponerse una venda no soluciona ni arregla nada. Sería bueno aprender a integrar el duelo como parte de la vida, para enfrentarnos a las pérdidas con más fortaleza, más conocimiento, más serenidad...Y la segunda, puedo decir que es una recomendación también, huir de los tópicos y frases hechas como "Ya verás como el tiempo lo cura todo." El tiempo no cura una mierda. El tiempo ayuda a suavizar una herida que va a quedarse abierta hasta el final de mis días. Pero entiendo que se trata de una cuestión de supervivencia, y el pico de dolor por la muerte de alguien amado alcanza un punto álgido cuando fallece. Lo que pasa es que hay más picos, tal vez de distinta intensidad, pero existen, y hay que pasarlos como buenamente cada cual sea capaz. Da igual que ya haga, en mi caso, más de 2 años y medio desde que murió (mi padre). A veces parece que fue ayer. Lo que sé es que puso mi vida patas arriba, y me costó mucho sentir felicidad de nuevo. Y hasta cuando empezaba a sonreír me resultaba difícil, o notaba cierto sentimiento de culpa, por poder sonreír sin él. Asumí, o más bien aprendí, tampoco vi alternativa, que la vida sigue a pesar de lo mucho que pesan ciertas ausencias. Aprendí que lo más sensato y quizás lo que más le hubiera gustado a él, es que fuera lo más feliz que pudiera, lo que no quita que sea una felicidad distinta, porque él ya no está. Todo cambio. Hay un hasta que él vivió y un desde que él no está. No he elegido las cartas que me ha traído la vida, pero sí qué hacer con ellas. Puede que a ojos ajenos no esté jugando mi mejor partida, pero es la mía, y ya que las cartas no dependen de mí, las "jugadas" son mi poder.
Y cuánta razón tiene Alba, hay días en los que estas deseando hablar del tema, por mucho que duela. Y otros en los que pides a gritos distraerte, y pensar en cosas que no tengan nada que ver. Y que no te pregunten qué tal estás continuamente. Discrepo con una de las personas que hablan sobre el duelo, ella afirma que quien más te puede ayudar a afrontarlo es alguien que haya pasado por algo "parecido". Entrecomillo lo de parecido porque me habréis leído mucho, que entiendo el duelo como algo personal, único. Y sigo defendiendo que hay tantos tipos de duelo como números de habitantes tiene el mundo. A mí me ayudaron muchísimo varias personas que habían sufrido pérdidas infinitamente dolorosas, no voy a decir que semejantes a las mías. Pero también un par de personas que, afortunadamente, no habían ni han pasado todavía por algo así. Supieron estar, y sé que era muy complicado estar, porque muchos días no quería ni verme, como para querer ver a alguien. Y otros estaba deseando no olvidar, pero si distraer la mente y fijar mi atención en cuestiones que nada tuvieran que ver con mi duelo. Gracias a los que estuvieron, fuera o no agradecida con ellos en aquella etapa tan fastidiada, que no aventura ni a calcular lo que pudo durar aproximadamente. Acotar es muy complejo. No es un día llorar por los rincones y al siguiente ya aplaudes con las orejas. Pero gracias, de corazón, otra vez. Porque dentro del dolor, la fuerza del amor y la amistad tuvieron mucho que ver para salir a flote. Una de las veces que más afortunada me he sentido en mi vida por el círculo humano con el que cuento. Eso me hace mucho más millonaria que al dueño de Mercadona, tal cual.
Sobre lo que se escucha al comienzo del vídeo, antes de empezar la entrevista. Para mí, al poco de fallecer mi padre, necesitaba escuchar su voz una vez más, y no paré, fue muy difícil, encontrar un audio suyo. Mi padre no era de mandar audios por el "WhatsApp". Fue desgarrador a la vez que sanador escucharlo. El audio no dura ni diez segundos, pero lo que dice es reconfortante, casi mágico. Recurro a ese mismo audio cuando la pena por su ausencia me asalta. Y no me he puesto a buscar si existen más, puede que sí, pero con ese, me basta. El mensaje es demasiado potente, y sus palabras siguen abrigándome a día de hoy.
Al intentar localizar un vídeo corto también de la Fundación "La Caixa" que vi ayer por la tarde en la tele (YouTube), me ha salido este otro, excelente también. Es de hace un año, Gemma Nierga habla con Alonso García de la Puente, psicólogo. Brillante la explicación que da y la distinción entre empatía y compasión. Al igual que la primera, no llega a 10 minutos de duración. ¡Maravillosa!
Localizado el vídeo que iba a poner en 2º lugar, os dejo con la historia de Aroa. Sabias palabras, recomendaciones muy acertadas.
Y por supuesto, la dosis musical, que nunca falte. Como siempre, medicina para el alma.
Feliz miércoles a todos. Sí, es la una y algo de la madrugada y entro a 1ª hora (8:30 horas). Pero me acuesto con una sonrisa, y con la mochila más liviana. Y deseando tender la mano y sentarme a escuchar, a acompañar, o lo que se tercie. Dicho queda. Es una oferta que no caduca. Y tocaba hacerla en este instante. Porque antes era pronto.
No son fechas fáciles, me refiero a las "navidades". Ha empezado 2026 y estreno las entradas de este año el primer día. Prefiero escribir aquí, porque los que me leéis desde hace un tiempo (más de dos años), sabéis que desde que mi padre murió, ha sido muy frecuente que lo nombrara en las entradas y/o escribiera sobre el duelo/la muerte aquí. ¿Por qué? Porque a mí me servía, no quiere decir que a otras personas en una situación de duelo, les venga bien.
Insisto en lo de que el duelo es individual y algo muy personal. Como cada ser humano es único e irrepetible, dos seres humanos no van a reaccionar igual ante la "misma" situación, es imposible, siempre van a existir matices. Entrecomillo misma porque nunca es exactamente la misma, no son exactas, segurísimo. Por ejemplo, dos personas que pierden a su madre, y son hermanas. Cada hermana va a llevar el duelo a su manera, por mucho que fuera la misma madre. O dos personas que han sufrido una pérdida parecida, la muerte de su pareja. No, somos un mundo, un mundo sin igual, sin gemelo idéntico. Da lo mismo si varios han perdido a la misma persona o si dos pierden a alguien (diferentes personas) con el que mantenían el mismo vínculo (madre-hijo, novio-novia, tía-sobrino...). Y a mí, lo de dar en el clavo en momentos de duelo, me parece rozar el milagro. Sirva mi experiencia de ejemplo, que no tiene por qué resultar de ayuda.
Recuerdo que en una entrada escribí un título semejante a este. "Algunas consideraciones respecto al duelo". Tal vez fueran justo esas las palabras exactas. Como no me apetece nada de nada comprobarlo, porque me conozco y fijo que la releo de cabo a rabo, me lanzo a la piscina y escribo lo que quiero, sin más. Y si me repito, son lentejas...Es lo que hay.
Además de lo comentado hasta este punto, había mensajes que llevaba fatal. Fatal me parece hasta una palabra sutil. Y seguramente habré metido la pata con más de uno siendo al contrario, es decir, yo la amiga que pregunta, y el receptor la persona que ha perdido a un ser querido. Lo siento, de corazón. Si ha pasado, no me he parado a pensarlo y probablemente haya sucedido antes del fallecimiento de mi padre. A mí me enervaba los mensajes tipo "anímate". ¿En serio? Me daban ganas de ponerles alguna barbaridad de vuelta. Para mí eran palabras vacías, vacías porque por una parte no me servían de nada, leer un "anímate" no me ayudaba en mi proceso de duelo. Y además cabreantes, me ponía de muy mal talante. Lo mismo con otros mensajes, no dudo que estuvieran escritos con cariño, pero con escasa reflexión. Es sencillísimo dar consejos a otros sobre lo que uno no ha pasado todavía (ni se lo deseo). De mi grupo de amigas/as más cercano y de una edad próxima a la mía, solo un par de personas habían sufrido ya la muerte de su padre. Y se notaba. Otras no lo habían padecido (ni falta que hace y deseo que sus padres vivan muchos años más), pero tal vez su empatía, el conocimiento profundo que demostraron tener sobre mí o su manera de entender el mundo, hicieron que su manera de estar, más que de actuar, sí sirviera de bálsamo y me proporcionara algo de consuelo.
Llegó un día, no recuerdo cuántos había "sobrevivido" desde esa noche del fatídico 1 de septiembre de 2023, en el que me harté. Me harté de responder a la gente con sus mensajes de "¿qué tal estás?" o paparruchadas parecidas. Y claro, dejé de responder. Pues mira, hecha una mierda, como si me hubieran partido en dos, como si me hubieran removido las entrañas, como si me hubieran hecho una herida profunda y me estuviera desangrando, como si me faltara el aire por el nudo continuo que sentía en la garganta, como si mi cuerpo pesara 10 toneladas y no hubiera forma de mover ni un solo dedo, como si no tuviera motivos para levantarme de la cama, salir de casa ni continuar respirando. Así, eso dicho de manera concisa.
Creo recordar que en una de las múltiples entradas con la etiqueta "Papá" en las que hablo de lo que a mí me pide el cuerpo (cabeza y/o corazón), mencionaba también, relacionado con lo del duelo, algo que ahora ya no alcanzo a recordar si me lo dijo alguien, lo escuché/leí o es de mi cosecha. Es como si a mi madre, a mi hermano y a mí nos hubieran lanzado al mar. Los tres estamos en medio de la tormenta, luchando por salir a flote, pero cada uno tiene que salvarse a sí mismo. No es me salvo yo y ya luego ayudo al otro. No, cada cual ha de dar con la forma de no hundirse. Para esto hay que pensar en uno mismo, sí. El duelo tiene una parte "egoísta". Yo tenía que intentar estar bien, no para ayudarlos a ellos, para ayudarme a mí, por estar bien yo. Y eso iba a suceder a una velocidad indeterminada, porque no conocíamos el camino, y cada uno de nosotros iba a hacer o hizo el suyo, y no coincide exactamente con el de ningún otro. ¡Ojo! Podíamos apoyarnos los unos en los otros. Pero no sé hasta qué punto eso era bueno, era un dolor compartido, una tristeza indescriptible por una pérdida irreparable, pero...¿nos iba a allanar el camino que debíamos recorrer?
¿Cuándo se acaba el duelo? Mi sensación es que nunca, jamás. A día de hoy sigo viviéndolo, porque mi padre ya no está ni estará y eso no tiene vuelta de hoja. Si es verdad que lo vivo de manera distinta a hace un tiempo, pero me ha costado un mundo.
Ayer, último día del año, fui al cementerio y visité su tumba. A lo mejor no era el mejor día. No sé, ningún día es idóneo para ir al cementerio. Fui serena. Llevaba flores y compré más allí. Hacía un frío importante y, por primera vez de muchas visitas, no me encontré ni un solo gato. Algo que agradecí porque no me hacen una gracia especial ver a los gatos campando a sus anchas sobre las lápidas de los que han muerto. No sé si me quedé mucho o poco, estuve lo que quería estar, suficiente. Prefiero ir sola, también esto es algo muy personal, íntimo (lo que no quita que otros prefieran acudir acompañados). Cuando lo enterraron tuvimos mucha compañía y visto con la perspectiva del tiempo, lo agradezco mucho. Ayer había más personas que, como yo, habían decidido visitar el cementerio el último día del año. No muchas, en total creo que conté unas ocho. Cuando voy observo todo, me llaman la atención algunos mensajes de familiares, estatuas, mausoleos incluso...Ayer me fijé en un banco que hay en uno de los laterales, no recuerdo que lleve mucho tiempo allí. Probablemente lo instalaran tras la reforma más reciente, que lo hace algo menos frío y más naturalizado, con mayor zona verde y mejora de parte del asfaltado de algunas calles. El banco me recordó una serie que vi cuando mi padre ya había fallecido. No os digo el tiempo que había transcurrido porque no lo recuerdo. La serie, al menos por entonces, se llamaba "After life", y la protagoniza Ricky Gervais. En ella se trata mucho el tema del duelo, me ayudó verlo desde fuera, como espectadora. Y sale un banco en el que se producen conversaciones maravillosas, algunas para enmarcar. Es dura, no es para todo el mundo ni en cualquier momento. Lloré una burrada viéndola, y no únicamente por la muerte de mi padre, tenía más razones. Pero me dejó muy buena sensación, y me agradó que hubieran sido capaces de tocar un tema tan duro con dosis de humor. No es fácil.
Con esta entrada no pretendo dar pena ni nada parecido. Son mis vivencias y es mi experiencia. Comparto lo que quiero y de la forma que quiero. Entonces escribí bastante sobre el duelo por mí, segundo por mí, y tercero por mí. Luego ya si eso, en cuarto lugar, dándome cuenta que es un tema tan delicado que no se habla con naturalidad de él, y eso me da rabia. Y quizá, solo quizá, podía serle mínimamente útil a alguien. Y si no, ahí quedan, ahí siguen mis botellas al mar, porque a mí me vino de fábula lanzarlas. Entiendo que los que me lean pueden no comprender que comparta algo tan íntimo. El límite, la barrera de qué es lo que cuento, cómo lo cuento y hasta qué punto profundizo, siempre la coloco yo. Es algo que controlo. Por eso el blog es público, porque sé que alguien que lo lea puede compartir alguna entrada con otra persona. Y no pasa nada. Si me molestara que algo llegara a alguien, tengo miles de cuadernos, no lo pongo aquí, o ni siquiera lo escribo en ningún soporte, según me dé.
Ayer a mediodía hice una visita relámpago a la pastelería. Estuve en Gil, teníamos pendiente soplar unas velas y, aunque no soy supersticiosa, no quería empezar el 2026 sin que se hubieran soplado las velas de todos los cumpleaños de 2025. El caso es que me reconocieron en cuanto entré. Al preguntarme directamente con mi nombre, me preocupé, pensando que se me había pasado su cara y era una antigua alumna. Y se lo dije: "Perdona, porque si te he dado clase de verdad que ahora mismo no me acuerdo de ti." Me extrañó, se me puede pasar el nombre de algún antiguo alumno, pero...¿la cara? Raro, raro, raro. En un tris me refrescó la memoria. Se identificó, era la hermana mayor de un alumno de hace "algunos" años. Sé cuántos, pero no voy a incluir más datos. Me preguntó muy educada qué tal estaba y cómo me iba. Al preguntarle yo, enseguida se echó a llorar. Su padre había fallecido, 54 años, unos meses atrás, después de estar enfermo. Obviamente no pregunté la enfermedad, da igual. Hace nada, en uno de esos vídeos de Instagram, escuché a una persona diciendo que da igual si el que fallece lo ha hecho de repente o tras una larga enfermedad, la pérdida es la pérdida, el duelo es el duelo. Y razón no le falta. Mucha gente sigue recordando que mi padre, al morir repentinamente, no sufrió. Y añaden esa coletilla como si este dato dulcificara o restara un ápice de dolor a su fallecimiento. Dos años y pico después, afirmo que no, a mí eso no me consuela ni un pelo. Sí, mejor sin sufrir. Seguramente cualquiera firmaría por una muerte de esa manera, pero no cambia el hecho: papá ya no está. La conversación con la hermana de mi exalumno fue un pellizco de realidad para el día de Nochevieja, un zarandeo. Uno de esos zarandeos que necesitamos a veces, solo a veces. Espero volver a encontrarme con ella. Y me alegra ver que tiene trabajo y le va bien en la parte laboral, la parte familiar necesita recomponerse. Y una mesa que en su casa tenía cinco patas, ha de dar con el mecanismo para continuar haciendo lo que hacía pero con una pata menos. Y cuesta una barbaridad, quien le quite hierro al asunto es un "espabilao" o un mentiroso compulsivo que prefiere hacerse el fuerte y no compartir sus tristezas, penas, miserias...llamadlo como prefiráis. Al final se trata de vivir, o sobrevivir. No sé, solo sé que hay un punto de inflexión en mi vida tremendo desde que mi padre ya no está. Y ese vacío sigue estando, porque el tiempo amortigua, pero no cura, o yo no he dado con la fórmula. Aunque él no esté sigo queriendo vivir, sigo pensando que en la vida hay personas fantásticas y situaciones maravillosas. Y quiero exprimirla, disfrutarla e intentar seguir con mis ilusiones, mis proyectos de todo tipo, y sintiéndome más yo. Como puse en la entrada anterior, ojalá 2026 sea en el que vea y veáis, la mejor versión de mí misma.
Esta mañana vi parte del "Concierto de Año Nuevo", celebrado en Viena. Quien la ha dirigido este año,Yannick Nézet-Séguin, posee una alegría especial, un buen rollo que traspasaba la pantalla e invitaba a no cambiar de canal. Destilaba aires de modernidad y cercanía. Y con el buen sabor de boca que me ha dejado el broche del concierto, quiero rematar esta entrada. ¡Ah! Vivid el comienzo de 2026 lo mejor que podáis, cada cual con sus circunstancias. Si os agobian estas fechas, calma, solo nos quedan "Los Reyes" y regreso a la rutina para todos.
Es muy típico ponerse algún propósito, o muchos, al comenzar el año. Me he puesto varios, vienen de antes de dar la bienvenida a 2026. Y justo al buscar alguna frase para que formara parte de la entrada, he visto esta imagen sobre la salud, y me gustaría que fuera el final de esta entrada. Suerte si vosotros también tenéis algún propósito, no os agobiéis si los plazos difieren un poco de los que queríais, lo importante es llegar al destino deseado.
Al paso que voy los títulos de las entradas van a ocupar varias líneas. Escribo esta entrada sentada, mientras el cuerpo aguante. Mejor dicho, mientras mi más que probable ciática me lo permita. De ahí que no creo que me explaye demasiado. O me lance a rematar la entrada en pie. Es lo que hay. El viernes final de trimestre, subidón (pese a mi agotamiento mental y físico) por la proximidad del comienzo de las vacaciones navideñas, y posterior bajón a media tarde. Como si al haberme relajado los males corporales que estaban en "stand by", se hubieran espabilado y decidieran que sí, que de comenzar las vacaciones medio coja, no me libraba nada ni nadie. Así que si no queda otra que parar, pero de verdad, pues se para. Mi médico hasta el 26 no tiene hueco, y de momento a ratos estoy razonablemente bien, por lo que no veo motivo, de momento, para plantarme en las Urgencias de la calle Valencia. Y menos sabiendo que estarán de gripes de toda clase, COVID y otros virus hasta la bandera. No me arriesgo a entrar regular salir peor. Por eso mis mejores aliados ahora mismo se llaman relajantes musculares (en crema), Ibuprofeno y cama. El orden que queráis. Quería haber hecho una barbaridad de cosas ayer, y no, para cuando se pueda. Más de la mitad están "en proceso", y no sé cuándo podré continuarlas en algún caso, iniciarlas en otros o terminarlas, según de qué se trate. Salud resentida imagino por la intensidad del trimestre. Por una primera evaluación agotadora a cualquier nivel, no solo en el ámbito laboral. Desde septiembre he vivido en una montaña rusa día sí, y día también. Y yo soy más de evitar determinadas "atracciones". Y mi cuerpo, que de tonto no tiene un pelo, como el del resto de personas del mundo mundial, me ha pasado la factura ahora, que me ha visto más relajada.
Puntualizar que antes de ayer fue un último día de clases atípico. Obviamente no había ni ganas ni nada de llevar a cabo las clases con normalidad. Mi sorpresa fue la elevada asistencia de mi alumnado del Salinas. En un grupo fueron justo la mitad, y en otro más de la mitad...¡De récord! Así que tenían para elegir, y eligieron "Unánimo", un juego de mesa muy entretenido, para pensar palabras con rapidez. Ocupa poco espacio, este dato es también relevante. Y te anima a pensar en lo que pueden pensar los otros, para intentar lograr la mayor puntuación posible. Una joyita que descubrí gracias a una visita con mi hermano a Madrid hace ya tres años (creo), cuando de casualidad, en una librería con mucho material, había una sección de juegos con una selección maravillosa. Totalmente recomendable.
El viernes me dio pena despedirme de mis alumnos. Y eso que algunos me han dado más de un disgusto y otros tantos quebraderos de cabeza. No sé, me hizo ilusión que muchos más de los esperados estuvieran allí. Del Venancio solo pude ver a cuatro, el resto o no habían venido o estaban viendo cantar villancicos (o participando ellos). La verdad es que estar compartida en dos institutos es agotador. Cada cual con su manera de trabajar y de entender y afrontar todo. Y aunque no me desplazo andando, he "perdido" tiempo de organizar clases o descansar un poco, en ir de uno a otro. Lo invierto en salir pitando de uno y llegar igual al otro. Pero apechugo con la decisión tomada, muy meditada, y volvería a elegir lo mismo.
Llevé unas gominolas y alguna galguería más. Afortunadamente de más de la mitad salió un "gracias." Que si no me lo dicen se las llevo igual, pero me parece lo suyo, el ser agradecido.
Y en ese contexto de cansancio acumulado, hubo velatorio y funeral. La verdad es que por mucho que la muerte venga en el contrato, no acabo de acostumbrarme a ella. Intento vivirla con la naturalidad que se puede, y canalizar todo lo que siento al verla en alguien cercano como puedo, no sé si de manera acertada o no. Pero empatizando, y habiendo vivido hace dos años y cerca de cinco meses la de mi padre, no puedo evitar tener la cabeza plagadita de pensamientos. Pensamientos sobre la persona que ya no está, Fran DEP, los vínculos más importantes que tenía, el círculo humano que le apreciaba y lo echará de menos, y también sobre otras pérdidas. Al final el duelo es algo individual y único para cada uno. Sí, es mi opinión, podéis discrepar. Varias o muchas personas pueden haber querido/amado mucho a alguien y sentir un dolor profundo, gigantesco, intensísimo, rozando lo infinito, difícilmente descriptible y dolorosamente real, pero cada uno vive su duelo y cada duelo, a su manera. ¿Puedes apoyarte en otros? Sí, desde luego, aunque por mucho que te apoyes hay heridas que solo las siente cada cual, porque ve algo y le escuece. Escuece tan fuertemente que da la impresión que nada ni nadie será capaz de apaciguar ese dolor, de amortiguar esa tristeza sin parangón que puede hasta paralizar, hasta robarte las ganas de seguir respirando. ¿Todo pasa? Pues no. A mí me parece que todo se recoloca. E incluso ese dolor por la pérdida encuentra una ubicación, en nuestro interior, para ralentizar sin detener. Y, bien gestionado, hasta impulsa para continuar viviendo con él y a la vez siendo capaz de disfrutar la cara amable que la vida también nos muestra. El tiempo es una de las claves, la paciencia otra, y hay que hacer ganas para "tirar" de uno mismo, cuando lo fácil sería dejarnos caer. Pero nos perderíamos una barbaridad de cosas buenas que nos quedan por vivir. Y va a ser que no. Papá, sabes que estás presente en mi vida todos los días que he conseguido seguir respirando sin que estuvieras vivo. También serás consciente de lo mucho que me ha costado, y lo que me cuesta todavía a veces en determinadas situaciones, sean fechas marcadas en el calendario o no. A todos los que habéis sufrido la pérdida de un ser amado, os abrazo. Es probable que no sepa exactamente cómo os sentís, pero puedo hacerme una idea. Hay ocasiones en .las que notas que las palabras sobran, porque decir algo puede hacer más mal que bien, y provocar hacer sentir a otros justo como queríamos evitar. Es muy complicado medir hasta dónde sí y saber exactamente en qué sitio colocamos el límite. Cada persona tiene uno, y no creo que haya dos iguales. Quizá lo que en un momento de duelo a alguien le reconforte, para otro sea una patada en los riñones. Y debemos respetarlo y tratar de entenderlo. Una vez más, empatía. Y siempre, grandes dosis de sentido común.
A mí la proximidad de la Navidad me gusta y me escuece a partes iguales. Tengo el belén casi sin poner en el salón. Ojalá seamos capaces de tener cada cosa en su lugar antes de la Nochebuena. O en Navidad los Reyes van a estar guardaditos en su caja, y no de camino a Oriente. La decoración navideña me encanta pero el espacio es limitado. Más que el espacio para ponerla, el dónde guardar tantos "achiperres" navideños el resto del año. También empecé la OTN 2025 en verano...Sí, sí, en verano hice tres tarjetas. A día de hoy me parece que tengo veintitantas hechas, ninguna escrita y ni una sola entregada en mano ni enviada por Correos. Una amiga me lo dijo hace poco, y a mí ya me rondaba la idea. La de cesar con esta tradición mía de darme el palizón padre a hacer tarjetas a mano, obviamente con ayudas varias de papeles decorados con motivos navideños, adornos adhesivos de materiales, colores y texturas diversas...Pero con todo y con eso, me llevan mucho tiempo, y no estoy con las ganas que debería para mantener una tradición así. Ni idea de cuándo la comencé. Inicialmente compraba las tarjetas hechas y me limitaba a escribirlas. A día de hoy ha llegado una tarjeta a mi casa (obviando las de publicidad), y no veo una razón para seguir dedicándole este tiempo a algo que me ha dejado de llenar. Tal vez este amago de ciática o ciática tal cual, sea un aviso, para no terminarlas. Mi intención es acabarlas, escribirlas y hacérselas llegar a las personas que yo considero. En mi cabeza me he marcado como fecha tope Reyes. Espero poder cumplir mi plazo. Y el año que viene, ya se verá. En esta etapa de mi vida espero poder dedicar mi tiempo, desde el año que viene, a otras cuestiones muchísimo más importantes, y no estar empantanada por unas tarjetas que no tengo por qué hacer. No estoy cabreada con nadie en particular, si acaso, conmigo misma. No prometo nada, pero siento que es el momento de dedicarme a otros menesteres y dibujar sin que sea para una celebración determinada.
Siguiendo con tradiciones, en cada hogar tendrán las suyas. Antes mencionaba el belén, el árbol he de decir que lleva puesto ya una semana larga. Está atestado de adornos, pero mi hermano y yo no entendemos eso del mismo modo. Con los adornos que tenemos otros pondrían tres árboles distintos. Y cierto es que cada año compro alguno nuevo, aunque no lo hago pensando en poner todos a la vez. Desde que compré un árbol con "nieve", hemos castigado a los espumillones en las cajas. Era inviable árbol con piñas, alguna bolita roja y nieve, y cargadito de adornos hasta la bandera, y...el espumillón. Más que la guinda, el espumillón se habría convertido en la gota que colmó el vaso.
Respecto a las comidas, cenas...Me he hecho la promesa de controlar los excesos. Y no toda quedada. sea en grupo grande o no, ha de ser sinónimo de comida o cena obligatoria, y mucho menos que sea copiosa. Si los que me quieren lo quieren entender, perfecto. Si no lo quieren entender, perfecto igualmente y allá ellos. Cada uno sabe qué prioridades tiene en su vida y el momento en el que se encuentra. Y las mías las dejo muchas veces de lado por agradar a otros, y no me da la gana. Sé lo que quiero, y cómo y cuándo también. Al menos de modo aproximado. Fijo, fijo no, porque el destino ciertamente es muy caprichoso y pone baches en el camino con los que no contábamos, y toca lidiar con ellos.
Así que aunque imagino que, si puedo, intentaré escribir antes de Navidad, vía móvil, a los destinatarios de mis tarjetas navideñas otros años, lo dejo también escrito aquí: la OTN 2025 va con retraso, y puede que no las acabe, escriba y envíe hasta pasada la Navidad. Y probablemente sea un punto y final a la utopía de hacer cada año más de treinta tarjetas a mano. Utopía o locura.
Hayáis puesto decoración navideña o no. Tengáis reuniones familiares previstas para estas fechas o no. Tengáis ganas de celebrar estos días o no. Queráis estar acompañados o solos en Navidades. Queráis arrancar las hojas del calendario hasta ponernos ya en el 7 de enero de 2026 o no...Os deseo unas navidades con al menos una persona cerca que os haga sentir especiales, amados, escuchados, respetados, comprendidos y únicos. Vivid el presente, por muy buenos recuerdos que poseáis del pasado. Recordad que el pasado no deja de ser eso, pasado. Y el futuro, ojalá, nos traiga muchos días felices. Porque la Navidad puede ser cualquier día, solo hay que ser capaces de construir esa magia, de hacer confluir varias de las razones que nos invitan a ser felices. Brindo por una Nochebuena y una Navidad agradables, y ya. Y que los días entre unas fechas y otras, sean también para sentirnos queridos y acompañados, porque son muchos más que los festivos del calendario.
Otros años dedico una entrada a la publicidad navideña. No sé si este 2025 haré una así o no. Lo que sí tenía claro, desde que lo vi a medias, es que este anuncio, compartido por mi amiga Lourdes, iba a estar en el blog. Por su padre, por el mío, y por todos aquellos padres que ya no van a estar sentados en nuestras mesas ningún día del año. Hoy he sido capaz de verlo completo, pero incapaz de hacerlo sin emocionarme. Y he vuelto a escuchar el audio de mi padre, cuando estaba recién operado de la segunda prótesis de cadera.
Aquí estamos atravesando septiembre, y aunque parece que llegó antes de ayer, ya es 17. Y noto que va cuesta abajo y sin freno. Solo sé que veo lejanísimos los días que logré escaparme de la rutina y ver el mar, aunque no lo catara. Y eso pasó a finales de agosto, pero si lo pienso parece que lo he soñado y ha llovido una barbaridad. Añoro esos días 24/7 en la mejor compañía, comiendo rico, descubriendo rincones preciosos de la geografía española y reencontrándome con sitios a los que deseaba volver. Lugares que al verlos de nuevo me removieron por dentro, y me emocionaron por fuera también. No se puede tardar tantísimo en revisitar sitios tan especiales.
Empecé septiembre con cieta inquietud y pocas ganas. Cuesta volver a funcionar tras unas vacaciones extensas. Muy descansada, sí, no lo voy a negar, pero con pocos viajes, algo que remediaré en cuanto se pueda. Y para eso soy muy afortunada, porque no necesito esperar hasta el verano. Ni tampoco a que llegue el invierno.
Ahora ya es otra historia, el lunes comenzaron las clases en los institutos. Como sabéis estoy compartida, poniendo un pie en el Venancio Blanco y otro en el Francisco Salinas. Lo bueno es que un par de días pongo los dos pies en uno solo, y es de agradecer. Aprovecharé al máximo lo que pueda aprender en esta nueva aventura. Hoy salí feliz, tal cual. Motivo principal: mis alumnos. Segundo día de clase con ellos en el Salinas. El verano, de momento, les ha sentado fenomenal, me están sorprendiendo gratamente.
Tengo caras nuevas y otras ya muy conocidas, y esa combinación me gusta, aunque no ha estado en mis manos elegirla. No sé cuánto les durarán las ganas, por eso disfruto el momento y punto. Por si las moscas, tocaremos madera. Dure lo que dure, hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto en clase y me sentía tan cómoda. Eso es aplicable al alumnado de 1º y al de 2º de la ESO. Y me apetecía ponerlo aquí, porque hay que reflejar lo bueno también, no solo quejas y lamentos. Ojo que a mí siempre me pesa más lo positivo, pero hay días que lo negativo hace que tengas un día, o más, cruzados.
La próxima semana se sumará el apoyo a los de desconocimiento de español y, en breve en el Venancio, participar en el "aula abierta" y apoyos de varios tipos. La verdad en ambos institutos estoy ilusionada, de manera diferente, pero ilusionada. Soy prudente ante lo desconocido y lo conocido me aporta cierta calma, que viene de perlas. A mí los días entre el 1 y el 15 de septiembre me resultan tediosos y complicados de digerir, prefiero la "marcha" de la rutina diaria de clases. No obstante suele ser de todo menos rutinaria. Nunca sé qué puede pasar, quién me va a dejar ojiplática, con cuáles saltaré como si tuviera un resorte, quién me arrancará más de una sonrisa o qué personas harán que me muerda la lengua o, como yo digo, hasta el alma. Me he propuesto bajar de volumen, es complicado, pero lo intentaré. Llevo muchos años hablando, dentro y fuera de los centros educativos, como si de pequeña me hubiera tragado un altavoz. Y pensando en los demás y en mí misma, voy a ver si soy capaz de hablar más bajito. Fácil no va a ser.
Y en este contexto, ayer estuve en un velatorio y a continuación en un funeral. Llevaba yo gran parte del verano reflexionando sobre mil cuestiones, relacionadas con la vida y con la muerte, con la permanencia y con el cambio. Y pensaba, una vez más, en lo poco que hablamos de la muerte a lo largo de la vida. En la solemne estupidez de parecer un tema tabú y tocarlo de refilón o ni tratarlo. En el error de creer que no existe porque no se hable de ella, o restarle importancia. Y estamos muy confundidos, la muerte está presente en muchos momentos de la vida. En ocasiones avisa, otras no pregunta y...¡zas! zurriagazo del destino al canto. Y te quedas como tonta, descolocada, desarmada, indefensa, frágil, débil...Te sientes pequeñita, diminuta, te puede costar dormir, comer y hasta caminar. Puedes llorarlo todo o guardártelo dentro. Optas por afrontarlo sola o compartir el dolor del duelo y sus etapas. Buscar ayuda externa o decidir que tú puedes sin nadie más. Y creo que nunca nadie se recupera por completo de la pérdida de un ser amado, llamadlo padre, madre, marido, mujer, pareja, hijo, amiga o familiar de primer grado. Como tengo comprobado que hablar de mi duelo, mi dolor y mis ideas sobre tratar con mayor frecuencia y naturalidad el tema de la muerte me ayuda, y puede que ayuden a otras personas, hoy era el momento de lanzarme a escribir aquí. Como soy muy bruta, a pelo, sin guion ni esquema alguno, según lo que quiero reflejar va viniendo a mi cabeza y saliendo en forma de palabras al ritmo que mis dedos teclean en el ordenador.
Lo repito mucho, pero una de las cosas que peor llevé cuando falleció mi padre, de eso hace dos años, un mes y dieciséis días, era que la gente me preguntara qué tal estás. Sé que la mayoría lo hacían con buena intención, pero a mí me dolía un montón, era como meter el dedo en la herida. En una herida que a día de hoy no se ha cerrado ni lo hará. Simplemente continúo aprendiendo a vivir con ella, y no tiene el mismo tamaño que al principio, pero va a seguir abierta, sin que eso me quite el sueño. Cuando alguien amado muere, "asumes" (es un decir, lloro solo de escribirlo), porque no queda otra, que no vas a poder disfrutar de tener contigo a esa persona. Que no vas a escuchar su voz (a mí me encanta, a la par que me duele, escuchar un audio muy breve de menos de medio año antes de morir mi padre), olerla, quererla, reírte con esa persona, escucharla cantar, saludar a la gente, rezongar, o sentirla cerca, aunque sea en silencio. Vas a dejar de oler la colonia que usaba en su piel, y aunque te la eches, no huele igual, te recuerda a esa persona, pero tiene un matiz distinto. Y no vas a contarle igual las cosas buenas que te pasan, lo que te preocupa o las "penas", al menos no teniendo esa presencia física. Todo cambia. Todo duele. Duele ver su ropa, porque era suya y no va a volver a ponérsela. Por una parte deseas que desaparezca toda esa ropa de un chasquido, y por otra te gustaría guardarla con mimo, como si con eso lo sintieras un poco más cerca. Con las fotos depende, a mé me consolaban bastante, porque me hacían rememorar momentos felices, pero también eran un baño de dura realidad, asimilar que no va a haber fotos nuevas que "congelen" momentos felices. Y me sentía inmensamente afortunada, por la barbaridad de años compartidos con mi padre; y una completa desgraciada, porque él ya no está, y no hay vuelta de hoja. Nuestra permanencia en este mundo es finita, es limitada. Somos instantes. De repente desaparecemos y dejamos de pasear por el barrio, viajar, leer el periódico, abrazar, besar, regar las plantas, sentarnos a la mesa en familia, ir de compras...Es verdad que los que nos rodean y nos quieren ayudan a que el duelo sea un pelín menos duro. Y algunos "aciertan" y otros meten la pata hasta el fondo, Pero entrecomillo aciertan por lo complicadísimo que me parece acertar. Antes de fallecer mi padre creo que soy yo la que no habrá estado lo presente que debería ni actuado de la mejor forma ante muertes de personas muy próximas. Seguramente me han faltado funerales a los que debería haber asistido, velatorios en los que tenía que haber estado más tiempo o solo estado y mensajes, llamadas o quedadas que no llevé a cabo. Desde el 1 de agosto de 2023 veo las cosas de otra manera. Pasar por ese dolor infinito, y sin esperarlo, me parece que me ha ayudado a entender mucho mejor el dolor de los demás ante una pérdida. Lo que no quita que puede que no siempre esté atinada.
Ayer, acudí a un funeral, por extraño que parezca, hasta que no estuve dentro de la iglesia del San Carlos Borromeo no me percaté. Era el primer funeral al que iba allí tras la muerte de mi padre. Pasé un par de minutos de perros en los que me faltaba el aire, estuve tentada de salir pitando, no lo hice. Respiré y me quedé, aunque eso supusiera revivir en parte su funeral allí. Antes, cuando estaba pendiente de la web del tanatorio para ver en qué sala estaba la persona fallecida a cuyo velatorio quería acudir, solo pensaba: por favor, que no sea la sala 9. Dentro de la tristeza del momento, no fue en la misma sala. Y eso que me faltan dedos de una mano para contar los velatorios a los que he ido allí desde esa fecha imposible de olvidar. A bote pronto diría que en estos dos largos e intensos años, habré ido al menos a seis, aunque paso de hacer tan doloroso recuento, con la cifra aproximada basta y sobra.
Y entre unas vivencias de esta quincena larga de septiembre y otra, he disfrutado, con mayúsculas, por segundo año consecutivo, de las Fiestas del Cristo en San Esteban de la Sierra. Hasta hoy he estado catatónica, no soy yo fiestera. Además pese a considerarme ave nocturna, no soy de trasnochar si de fiestas se trata, pero lo de San Esteban es una excepción. Me lo he pasado infinitamente mejor este año que el pasado. Me siento incómoda cuando soy la nueva, la desconocida, y no "controlo" el lugar ni sus tradiciones. Y eso que el año pasado, los amigos del responsable, dicho con mucho amor, de estar yo por esos lares, me lo pusieron muy fácil. Entre fiestas 2024 y la edición de 2025, he coincidido con ellos en bastantes ocasiones, por lo que ya no era la novata, la que estaba en "periodo de prácticas" como digo yo. Espero haberlas superado, ja, ja, ja, Y si no, es lo que hay. He intentado adaptarme, en la medida de mis posibilidades, y exprimir cada minuto. He bailado mucho más que el año pasado, y no hay ni punto de comparación a lo que me he reído esta vez respecto a la primera. No sé si lo leerán ellos, "Los Bárbaros", porque no lo escribo aquí para que lo lean, sino porque tenía ganas de escribirlo, pero estoy muy agradecida por cómo me recibieron y cómo me tratan siempre. Y eso que lo rural no es mi terreno, y sigo siendo más urbana que "El Corte Inglés". Cada cosa, su espacio y su tiempo. De corazón, gracias, y ojalá pueda disfrutar a vuestro lado, especialmente al lado de mi "bárbaro" preferido, de vuestras fiestas, muchos años más. A las que ya voy sintiendo un poco mías, porque es así. Y entre comida deliciosa, cariño, "castillos", música, amistad, bordados serranos, bailes, nueva sede para la peña, avispas matadas a golpe de cuchara, y cuesta arriba y cuesta abajo, despido esta entrada, que tiene como siempre, mucho de mí, para algo soy yo la autora, y mucho de aquellos a los que me encanta tener en mi vida en unas partes u otras.
Vamos a disfrutar la vida, a tratarnos bien, a cuidar a los que queremos, a no callarnos, y a recordar la importancia de estar aquí, vivos, sin más, sin grandes problemas, y con sueños posibles, del tipo que sean. Buenas noches.
Papá: 731. Esa es la dolorosísima cifra de días que llevamos sin ti. Porque 2024 fue bisiesto. Por una parte pienso que todo ha ido cuesta abajo y sin frenos, se ha pasado volando, en un parpadeo. Pero por otro lado ha pasado a un ritmo de tortuga lenta, porque he visto a tortugas que se desplazan más rápido que otros seres vivos. Así que no sé, hoy no es un día más, desde luego que no. Tampoco creo que sea muy distinto al duelo diario. El que piense que esto desaparece, se equivoca; quien crea que esto "se pasa", tampoco acierta; el que considere que esto se cura, se confunde también. Al menos bajo mi punto de vista, el duelo es eterno, me acompañará hasta el día en el que deje de respirar. Lo que sí he notado es que se ha ido transformando, se ha colocado considerablemente, para que en un proceso lentísimo e interminable, vaya doliendo "menos". No obstante, en algunos momentos que no pasaba nada especial, había un pico de dolor, sin saber por qué, sin venir a cuento, porque tocaba, sin más. Como una piedra en el riñón que no expulsas, y de cuando en cuando da una guerra que no veas y la lía parda por dentro, y duele una barbaridad, pues algo así, pero a lo bestia.
Seguiré celebrando tus 75, rozando los 76 años de vida. Y de esos, mis 40, rozando los 41, años de vida compartida. Sé que no demasiada gente puede haber vivido algo así. Y lo veo como una parte muy relevante de mi fortuna personal, esa riqueza que tiene que ver con las personas maravillosas que han sido, son y serán parte de mi vida. Mi red humana, o como queráis llamarlo. Esa que me une con hilos no tan invisibles a los que me importan. A aquellos por los que hago cosas que dije que nunca iba a hacer, o esfuerzos inimaginables. O simplemente estoy, lo mejor que puedo y siempre que puedo, acertando o metiendo la pata hasta el fondo.
Esta vez no tengo ni pizca de ganas de escribir con nocturnidad, sería revivir más de la cuenta algo que, de por sí, nunca voy a poder borrar del todo. Aunque es verdad, puede que para que duela menos, mi memoria ha ido difuminando muchos detalles de aquella mierda de noche de hace dos años.
Y es lo que hay, no es resignación, es aceptar la realidad que a cada cual nos toca vivir, ni mejor ni peor que la de otros, es la nuestra, es la mía. No tenemos un reloj mágico para jugar con el tiempo, ni para retrasarlo ni para recuperarlo. Y, siendo sincera, no me apetece tirarme de los pelos por cuestiones que ya no tienen remedio. Sé que esto sería aplicable a varias etapas de mi vida.
Y en todo este tiempo ha habido un viaje a través de la tristeza, la rabia, la esperanza, la alegría, la melancolía, la resiliencia, la empatía, la indiferencia, la ansiedad, el estrés, el agotamiento, la desilusión, la ilusión, el amor, el rechazo, la aceptación, el cariño, la confusión, la culpa, la nostalgia, el remordimiento, la seguridad, el miedo, la sinceridad, el apego, la soledad, la felicidad, la compañía...Y fijo que algo me dejo en el tintero. Habría sido capaz de escribir un diario de emociones que se basara en mi tránsito por este duelo, tan inesperado, tan jorobadamente fastidiado y complicado de soportar. Afortunadamente, el instinto de supervivencia y de creer que si él estuviera todavía aquí querría verme bien, han puesto más que un granito de arena cuando las fuerzas flaqueaban, y no han sido pocas veces.
Las lágrimas han sido a menudo mis compañeras. Incluso a la hora de escribir la gran mayoría de las entradas del blog en las que he mencionado a mi padre. Van conmigo, no me detienen, no me limitan. Simplemente brotan y no las detengo, porque no quiero ahogarme en ellas, no quiero que se enreden en mi garganta ni me inunden los ojos. Y por extraño que parezca soy capaz también, a veces, de contenerlas. Para llorar cualquier día es bueno o malo. No soy de reprimir mis emociones. Y sí de compartir lo que me pasa, aunque por salud ese círculo cada vez está más apretado. Estoy más tranquila, y mi tiempo me ha costado.
Y ya está, "brindo" por ti, papá. Ya sabes lo mucho que te recordamos y te amamos, hasta el lugar donde estés...y vuelta.
No he pasado el segundo aniversario de tu pérdida como yo habría querido, para qué engañar a nadie, pero he contado con el cariño de muchos de los míos, y esa parte la agradezco mucho, de corazón. Gracias a los que hoy habéis estado pendientes y/o presentes, pese a haber insistido en lo contrario. Ojalá el tercero sea diferente, pero manteniendo el cariño de los que nos/te quieren.
Mi padre. Fotografías propiedad de Raquel Plaza Juan
Noviembre es, desde hace ya muchos años, un mes que no me gusta un pelo. Se me hace bastante cuesta arriba y me da la sensación de durar una eternidad. No puedo evitarlo. Nadie tiene la culpa. Es como es. "Todavía" es 20 de octubre. Y lo "celebro" con el tedioso proceso de rellenar el Concurso General de Traslados. Ojalá el esfuerzo merezca la pena. Visto por encima, pone que son tres pasos. Estoy en el 2º, REDOA, y ahí me detuve, no me da la vida. Hoy ya no me da para más. Me he dejado las gafas en el coche y a estas horas, sin ellas, noto que me cuesta un montón leer. Así que terminaré la jornada en ese segundo paso y, mañana, ya se verá. Me he quedado a cuadros al ver, que tras escanear toda la documentación en PDF, luego había que subirla, archivo a archivo, a REDOA. Y con un título, descripción y una cantidad de datos considerable. Confío, soy optimista por naturaleza, en que el esfuerzo ingente de este año no caiga en saco roto. Y ojalá, cruzo hasta los dedos de los pies, haga que el año que viene este proceso sea mucho más liviano. Por pedir, que no quede. Y aunque desafortunadamente soy experta en redactar reclamaciones, espero, de corazón, librar esta vez. Por favor, que me baremen todo bien a la primera...Otra vez, a cruzar los dedos. Mucho ánimo a los que estáis en medio de todo este batiburrillo burocrático, y espero que podáis entregar todo correctamente y dentro del plazo que nos dan. Y más ánimo todavía para los que estáis preparando las oposiciones y, deseáis que esta vez sí sea la vuestra.
Como decía al principio noviembre no es precisamente mi mes favorito, y que un familiar haya tenido que visitar Urgencias tres veces en cinco días, contribuye a que no cambie de parecer sobre él. A lo que queda del año le pido un poco de aire. No más sustos, por favor, ni personales ni de los que quiero. Me encantaría tener dos fines de semana seguidos de relativa calma, tampoco quiero que mi casa parezca un templo budista.
Y así estamos, navegando este mes como podemos. Viendo ya los adornos navideños por todas partes. Me siguen encantando, pero también se me saltan las lágrimas porque es inevitable acordarme de mi padre. Y escuece, sigue doliendo un montón. Su duelo por él a veces se asemeja a tener un dragón dentro de mí. A ratos parece que me abrasa por dentro. Otros, ese dragón me transmite su fuerza, para bien, porque su recuerdo me impulsa a seguir adelante cuando siento que ya no puedo más. Pero, también para mal, porque esa fuerza me araña, hace sangre, y me hace saltar de la rabia. De esa rabia que me provoca su ausencia. Y lloro, aprieto los puños, y me doy cuenta que de alguna forma, está presente en cualquier parte. Y eso me alivia, al menos en parte. No voy a andarme con paños calientes. El no escuchar su voz, no poderle dar un abrazo. No poder sentarme a comer a la misma mesa que él. No poderle contar algo, lo que sea. No hacerle regalos nunca más. Su olor, su figura en el cuarto de estar leyendo el periódico, o en el sofá viendo la tele o con un libro entre sus manos. Ver a mis padres de la mano o darse un beso. Todo. No sé, miles de detalles del día a día que cuando los contemplaba o vivía no le daba la importancia que les doy ahora. Un día estamos aquí y, al siguiente, a saber. Nadie tiene la existencia asegurada. No soy una excepción.
Así que bueno, si el año pasado pudimos, este supongo que seremos capaces, de nuevo mi hermano y yo, de poner el árbol y montar el belén. Era algo tan suyo que no hacerlo, me parecería una falta de respeto a su memoria gigantesca. Y no, de eso nada. Lo "suyo" era el belén, y lo nuestro el árbol. Pero al faltar él, asumimos su parte. Nuestra casa sin el belén en Navidad, ya no sería la nuestra. Pese a ser tan distinta desde que él nos falta. Como veis me pongo melancólica y esto es un no parar. Voy a coger un poco de aire.
Y respirando, pese a lo largo que se me hace el mes, el peso de las ausencias pese al paso del tiempo y, el vértigo que dan unas segundas navidades sin papá, intento esbozar una sonrisa. Porque la vida sigue siendo bonita. Amor no me falta, cariño no me falta, y eso es lo que arropa. Esas personas incondicionales que aguantan a mi vera o cerquita carros, carretas y carretones. Que me aconsejan, me escuchan, me sacan de dudas, me plantean preguntas y también me dan respuestas. O no me las dan, pero me ayudan a encontrarlas por mí misma. Quien bien te quiere, te cuida, es así de simple.
Y te apoya, aunque eso parezca a ratos un salto al vacío. Ya sabéis que no soy de las que se lanzan a la piscina sin mirar. Me arriesgo, pero no a lo loco, mido bien lo que puedo perder y qué puedo ganar. Y si creo que vale la pena pues...¡al agua patos!
No sé yo si ahora REDOA tendrá ganas de funcionar. Por mi parte doy por finalizado el tiempo que hoy he tenido que dedicarle al Concurso General de Traslados. Que no ha sido poco...Y lo que intuyo que me queda aún.
Si lo que me quiere la gente (algunas personas claro, otras no me podrán ni ver) se transformara en oro, tendría una fortuna el doble de la de Amancio Ortega. Así que, como siempre, gracias.
Os deseo un jueves tranquilito. Y un viernes mejor todavía. Ver asomar el fin de semana, suele ser motivo de alegría. Cuidaos mucho, por favor, No dejéis de quereros mucho, a vosotros mismos y entre vosotros.
*Terminé esta entrada a las 00:20 del jueves, pero no he querido cambiar cómo la había redactado. La mayoría de lo que aparece en ella, fue escrito antes de dar la bienvenida al jueves.
Hoy se celebra en España el Día del Trabajo. Mis alumnos ucranianos y el ruso, parecían perplejos al escuchar que, el Día del Trabajo en nuestro país, para muchas personas que tienen la suerte de tener trabajo, lo celebramos sin trabajar. Felicito a todos los trabajadores que día a día curran como nadie, porque currar es una necesidad. Porque el dinero no crece en los árboles, y porque hay muchos trabajos ingratos, desagradables, mal pagados, con condiciones lamentables. Pero hay gente que los hace, muy probablemente por pura necesidad, no por gusto. A los que contamos con un trabajo con buenas condiciones, enhorabuena, de corazón. Sois/somos unos afortunados, y hay que cuidar esa suerte que muchos otros no tienen.
Este 1 de mayo de 2024 me resulta doloroso, diría que hasta me escuece. También se cumplen, pero no hay absolutamente nada que celebrar, 9 meses de la ausencia más dolorosa que he sufrido en mis 41 años de vida, la de mi padre. Es curioso, 9 meses es el tiempo que dura un embarazo, traducido a semanas, 40. En algunos casos pone que puede llegar hasta 42. 9 meses en los que se desarrolla, poco a poco, una nueva vida. Pero en mi caso esos 9 meses no son sinónimo de dar la bienvenida a una nueva vida, ojalá. Son sinónimo del tiempo que llevamos con nuestra vida patas arriba, a nivel físico y emocional. De una bomba en el seno de mi familia que nos explotó en toda la cara. Y de la que seguimos con "metralla", para que no se nos olvide nunca ese aciago 1 de agosto de 2023. Ayer alguien, da igual el contexto, me hizo estas preguntas: ¿Cómo estás? ¿Te ha pasado algo importante en este último año? Esas dos preguntas bastaron para dejarme muda, y eso no es fácil. Así que estallé y empecé a llorar desconsoladamente. Y le hice un gesto con la mano, para pedirle un poco de tiempo para responder a sus preguntas. Me centré en respirar pero no pude cortar las lágrimas durante un "rato", no soy consciente de cuántos minutos fueron, pero me parecieron una eternidad. Agradezco la empatía y el tacto recibido, aunque tal vez no vuelva a coincidir con esa persona nunca más. Gracias por esa sensibilidad, respeto y rotundidad al hablar, pero con cariño. Sé que ahora tengo la obligación de centrarme más en mí, por si no había visto las señales recibidas hasta ahora. Y solo una vez que mejore lo suficiente podré plantearme otros proyectos personales, para los que deseo tener tiempo y las circunstancias propicias, ahora no puede ser. Así que el día de ayer fue un tortazo, aunque espero haberlo recibido a tiempo.
Y con esos mimbres me fui a "empezar" mi jornada en el instituto. No sin antes intentar disimular, sin mucho acierto y pocas herramientas, la llorera previa. Así que allí tocaron "lágrimas pa' dentro", porque hay que cumplir con las obligaciones, aunque a veces no haya ni un ápice de ganas. Y ni tan mal.
A lo largo de estos 9 meses he comentado algo con muchas personas de mi entorno, lo poco que hablamos de la muerte. Y el golpe que supone afrontar algo para lo que nadie nos ha preparado. Y ayer lo repetí de nuevo, el día que vuelva a ser tutora voy a tratar este tema mucho más. Ya le di un hueco en mi última tutoría en el Fili de Guijuelo, por las circunstancias especiales que se daban en mi aula. Pero ahora veo que quizás necesitaban más, todos. Y al haber sufrido en mi carnes una pérdida tan dolorosa, ¡qué narices! tan jodida, dispongo de mucha más información que antes (de ese 1 de agosto). Porque hay cuestiones que por mucho que leas, investigues u otros te cuenten, no se conocen en profundidad hasta que no nos toca pasar por ellas. Me habría gustado plantear algo sobre el duelo este curso en mi instituto. Y lo pensé a principio de curso, pero deseché la idea, siento todo muy tierno todavía. Y me parece que me generaría un sufrimiento que prefiero ahorrarme.
Poco se habla de los múltiples dolores que provocan las ausencias de personas tan importantes. Todo nos duele, todo nos recuerda a ellos. Supongo que eso mismo que nos duele tiene su lado bueno, aunque me cueste verlo según el momento. Llegar a casa y ver esa ropa que nunca más volverá a ponerse. Ver las agujas de los relojes en movimiento y saber que él ya no las verá avanzar día tras día, es que a mi padre le gustaban mucho los relojes de mesa/de pared, los despertadores...Era extremadamente puntual. No poder hacerle preguntas, o darle respuestas. Su olor, no es lo mismo una colonia/perfume aislada que en la piel de alguien, cada uno le da su matiz. El no poderle dar un abrazo o un beso nunca más. No escuchar su feliz cumpleaños en cuanto comenzaba el 21 de agosto. Mirar al sofá y que no esté, leyendo o viendo la tele, o escuchando la radio, era muy de radio. No escuchar sus vivencias de la mili, de Salesianos, de Salmoral...Dejar de ver cómo leía el periódico en cuanto se levantaba, como si el mundo no empezara a girar hasta que no le había echado un vistazo. Ver a mi padre y a mi madre juntos, en cualquier espacio, a cualquier hora, por cualquier motivo, especialmente verlos juntos de la mano. El hueco que ha dejado en todas partes, el físico que sí se ve, y el interior, que no se ve pero se nota tantísimo. Ese hueco interior duele como si me estuvieran clavando un puñal en el corazón. Ese vacío es infinito. No sé, son tantas cosas...Pese a todo, objetivamente, soy afortunada, he podido disfrutar de un padre maravilloso durante 40 años y 345 días. Y sigo disfrutando de una madre y un hermano maravillosos también, aunque no estemos para tirar cohetes, porque cada uno llevamos el duelo como podemos, y no es moco de pavo. Y de mi novio, por supuesto, y de mis amigos, ¡cómo no! Y de otras personas de la familia. Todos ellos son mi mayor suerte, porque personas maravillosas no me faltan, nunca me han faltado.
Y así ya cierro este 1 de mayo, con la herida bastante abierta todavía. Y el convencimiento del "deber" de disfrutar del más acá mejor de lo que lo he hecho hasta ahora, porque sigo sin creer en el más allá. Y aunque en días como este las lágrimas estén muy presentes, las sonrisas también van a acompañarnos. Y quiero ser una mejor versión de mí misma. Y alegrarme de todo lo bonito que me queda por vivir.
Más de un mes de silencio en el blog. Con bastantes amagos de lanzarme a escribir, pero al final sin las suficientes ganas, tiempo o ánimo propicios para materializarlo. Decidí dejarlo estar.
Esta mañana, en clase con mis alumnos de español, uno de ellos cogió una tarjeta con una situación, son de una colección de Talentina cards. Tengo tres bloques distintos en el instituto y no puedo deciros con total seguridad de cuál era. Me parece que del pack rosa, el de "Emociónate". La tarjeta hablaba de Si cuando estás triste, prefieres estar solo, buscar la compañía de otras personas, o haces alguna actividad para sentirte mejor. La mayor parte de mi alumnado, procedente de Ucrania, Rusia, Senegal y Paquistán, dijeron que prefieren estar solos. Suelo responder la última, excepto si es necesario romper el hielo. En esta ocasión no hizo falta romper nada. Cada vez les cuesta menos animarse a responder en español. Y esto, es un pequeño gran triunfo.
Contesté que dependía de por qué estuviera triste. A veces prefería estar sola y otras compartir lo que me pasaba con alguien. Y que una de las actividades que me ayuda con la tristeza es escribir en el blog. Conste que no estoy escribiendo en un pico de tristeza. Afortunadamente no. Tampoco me encuentro como para aplaudir con las orejas, pero estoy ya flotando, como puedo, pero flotando. Mi tristeza viene principalmente por la muerte de mi padre, hace medio año y una semana. Y estos meses de duelo han pasado tan rápido y a la vez tan leeeeento. Si no se ha pasado por algo similar o se ha estado muy cerca de alguien que lo ha sufrido, es complicadísimo que alcance a entender los matices. Y el abanico de matices tiende a infinito.
Dije también que además de sentarme bien a mí, lo de escribir en el blog, creo que puede ayudar a otras personas que estén pasando por un bache, del tipo que sea. Aunque no siempre escribo en momentos de baches. Lo hago probablemente en momentos álgidos de algo. Cuando me siento inmensamente feliz, enamorada, en paz, molesta, triste, furiosa, decepcionada...Pero Teresa de Calcuta no soy, y lo hago principalmente por mí. Así que esto tiene una parte de egoísmo, de autocuidado, y otra de generosidad, porque me aventuro a compartir en el blog la parte de lo que me pasa que no me importa contar. No escribo a tumba abierta, medito cada palabra que pongo o cada una de las que me reservo. De aquellas que guardo para mí o para compartir con los que más quiero y mejor suelen entenderme. Y esos forman un grupo muy reducido, para qué decir lo contrario.
Tal vez algunos se pregunten por qué la entrada se llama "Todo lo que amaste". Responde al título de una canción de Rozalén, publicada hace seis días. Ayer, a última hora de la tarde, me salió la canción, no sé si era Instagram o Facebook. Y solo con un fragmento, no fui capaz de más, no pude parar de llorar. Hasta hace un rato no he sido capaz de escucharla entera. El resultado ha sido el mismo. Dudo mucho que esta entrada del blog llegue a María de los Ángeles Rozalén Ortuño, aunque lo intentaré. Lo intentaré para hacerle llegar un gracias inmenso. Gracias por esa sensibilidad al cantar, el terciopelo de tu voz, acariciar las palabras. Y por haber logrado contar y cantar, con mucho mimo y mucha verdad, algo que a muchos nos escuece y nos ha costado encajar: la pérdida de un ser querido, ahí es nada. Escribo porque me cuesta articular palabra cuando las lágrimas no dejan de brotar y siento un nudo en la garganta muy real. Tan real que hasta siento dolor.
Los símiles, muy acertados. Me has hecho revivir su pérdida, pero también me has ayudado a transportarme a muchos momentos felices compartidos con él. Desde que nos dejó lo tengo presente a todas horas, como una fuerza que me empuja a no desfallecer y seguir luchando por cumplir sueños y tener ilusiones. Y sí, de alguna manera, lo veo en todo lo que a él le encantaba, en todo lo que mi padre amaba. En el tictac de los relojes, en cualquier planta, en absolutamente cualquier punto de nuestra residencia "de verano", en una ración de hornazo, en una tarjeta de Navidad, en un décimo de lotería del 22 de diciembre, en muchos puntos de Salamanca, en todos los amaneceres y atardeceres, en una celebración de una fecha especial, en un álbum de fotos (no porque salgas tú papá, que también, sino por lo que te encantaba colocar fotos en los albums, y mirarlos de vez en cuando, para revivir momentos felices), en los ojos de algunos familiares, en tus libros, en tus agendas, en los calendarios con nuestras fotos, en tu ropa...
Hoy me he quedado mirando fijamente a un señor. Él me ha mirado con cara de extrañeza. Su cara me recordaba una barbaridad a la tuya. Era como si me quisieras mandar un mensaje, y recordarme que, de otra manera, pero sigues estando entre nosotros. Como si quisieras decirme: "Hija, tranquila." Y a ratos puedo estarlo y a ratos no. A veces siento un torbellino en mi interior que no siempre atino a controlar.
Pero volviendo a la letra de la maravillosa canción de Rozalén, en mi caso, además de golpe, fue de cuajo, lo de arrancar la raíz de mi árbol. Yo misma me he empeñado en recolocarlo. Y no lo he hecho sola, mi gran fortuna son las personas con las que puedo contar, no de palabra, sino con hechos. A las que me une un hilo cada vez mñas visible y fuerte.
Y desde luego papá, estoy segura que no te habrías imaginado nunca hasta qué punto aquí se te echa de menos y te seguimos amando, infinito. Siempre.
Pues eso...Si supieras, si tú supieras papá, cuánto se te echa de menos. Cuánto te echamos de menos, cuánto te echo de menos.
De nuevo gracias, Rozalén. Tu canción "Lo que amaste" es una joya, un regalo. Y hay que compartirla. Quiero que tu mensaje llegue lejos, muy lejos.
Suelo decir que me gustan más los años impares que los pares. Aunque en 2023 me he estrellado con todo el equipo. Casi damos la bienvenida al año en el hospital. De hecho poco nos faltó para comernos las uvas allí. Entre finales de diciembre y todo febrero, tres operaciones (mi hermano, mamá y papá). Por eso decía que para nosotros, el año comenzó, de verdad, a mediados de marzo, cuando nos estábamos recuperando de ir con tanta asiduidad a los hospitales. ¡Qué ilusa! El tsunami del 1 de agosto casi nos lleva por delante. Fue un tortazo con la mano abierta. Y sí, lo repito, pasé en diez minutos de estar hablando con mi padre, a asimilar, de manera inesperada y fulminante, que ya no estaba vivo. Si hago memoria soy incapaz de recordar las palabras exactas de nuestra última conversación esa asquerosa tarde-noche. Pero sí me acuerdo bastante bien de mi monólogo con él, cuando ya sabía que se había ido. Por si acaso, necesitaba recordarle algunas cosas, me las guardo para mí. En realidad no era solo recordarle, sino también contarle otras, sin más. Creo que ningún momento es bueno para que se muera una de las personas que más quieres en el mundo. Si encima no lo ves venir, el dolor es indescriptible, inconmensurable. Ni mejor ni peor que el de otras personas, para cada uno su dolor es su dolor. Y en los primeros momentos, una combinación explosiva de muchos dolores que me situaban ante una cuesta que parecía infinita. Y después, un viaje por diferentes etapas del duelo, intentándome aferrar a lo que podía ayudarme a levantar un poquito el vuelo.
La especie de punzada en el corazón. La falta de aire. El nudo en la garganta que aprieta y ahoga. La dificultad para sonreír, pasara lo que pasara. La pena hasta a la hora de caminar. El no tener ganas de salir de casa. El vacío. La facilidad para llorar. Lo complicado de encontrar consuelo. Lo imposible de comprender. La rabia. La irascibilidad por cualquier chorrada. La tristeza infinita. Las ganas de recordar. La mala memoria desde que se fue. La ansiedad. El enfado conmigo misma. Su voz. Las ausencias. Las presencias. El deseo de no coger el móvil. Los audios llorando. Las fotografías. La distancia. La aplastante nueva normalidad. Las preguntas innecesarias. Las respuestas de mentira. El entrometerse en vidas ajenas. La insistencia. La falta de respeto. El egoísmo. La memoria. El paso del tiempo. Los días que pasan volando. Los días que van a paso tortuga. El cariño de los que me quieren. La escucha, incómoda muchas veces. La enorme empatía. Los abrazos sin pedirlos y de los que saben lo que sí y lo que no. La proximidad. Los silencios. Las conversaciones con palabras. Las conversaciones con miradas. El amor. El ir juntos de la mano. Los besos. Las caricias. El intento de hablar de mi padre sin emocionarme. El recuerdo diario. La gratitud. Los detalles. El saber esperar. El cuidado. Las risas en compañía. La amistad. Las conversaciones "incómodas". El dolor compartido. La intimidad sin escudos. La necesidad de escribir. El placer de recordar. La responsabilidad de continuar hacia adelante. La ilusión por todo lo que está por venir. Las ganas de viajar. El deseo de escapadas. Los detalles. Los momentos sola. Los momentos acompañada. La unión. El respeto. Lo afortunada que soy. Los hilos invisibles. El deseo de mejorar. La música que salva. Las lecturas que alivian el dolor. Las palabras que acarician. Los recuerdos que arañan. La independencia. La nostalgia. La continuidad de algunas tradiciones familiares. El día a día. El levantarse cuando se puede y como se puede. El permitirme equivocarme. La tranquilidad. Las pausas. Los proyectos. La reconexión. El arte de respirar. La consciencia. La valentía. La mano tendida. La fortaleza interior. La victoria frente al miedo. La esperanza. La lucha diaria. La aceptación...La vida.
Así que, como la mayoría supondréis, tengo muchas ganas de decir adiós a 2023. Porque la muerte de mi padre basta y sobra para calificar este 2023 como un "año de mierda" . Y eso es ser sutil, podría haber escrito alguna barbaridad. Sí, sé contar. Mi padre se nos fue un 1 de agosto. Por lo que, afortunadamente, pudimos compartir con él 7 meses del presente año. Y en esos meses hubo innumerables momentos agradables vividos a su lado. Papá, seguimos amándote infinito, y sigues vivo a través de nuestros recuerdos, son continuos e inagotables. Y eso no lo puede cambiar nada ni nadie.
El 2023 también me deja momentos felices, con mi padre y sin él. Me cuesta decir que hay momentos felices sin mi padre, me refiero a desde el fallecimiento de mi padre, pero él está presente y sé que nuestra felicidad era su felicidad, aunque no siempre comprendiera y/o estuviera de acuerdo con nuestra manera de actuar. Y desde el lugar en el que esté querrá vernos felices, a todos, pero especialmente a Miguel Ángel (mi hermano), a mamá y a mí.
Tengo nombres propios de lugares que sí quiero recordar al despedir este 2023. No pueden faltar estos:
Villarreal de San Carlos, Río Shopping, Porta Coeli, San Martín del Castañar, Meandro Melero, CAEM, Villares de la Reina, Burgos, Orbaneja del Castillo, Fregenal de la Sierra, Feria del Libro de Madrid, IES "Francisco Salinas", Segovia, Miranda Do Douro, Hotel Restaurante Cuatro Calzadas, Suances, Santillana del Mar, Cabárceno, Urbanización "Pinar de Alba", Guijuelo, La Alberca, La Granja, Madrid, Wizink, Palacio de Congresos...
Musicalmente 2023 ha sonado a Revólver, Vetusta Morla, Fito Cabrales, Antonio Orozco, Conchita, Edurne, Dani Martín, Rosana, Manuel Carrasco, Miley Cyrus, Rocío Jurado, Juan Pardo, Manolo García, María Dolores Pradera, Coldplay, Amaral, Macaco...
En cuanto a nombres propios de personas de mi entorno, tengo una larga lista, pero la dejo en mi cabeza. Gracias de aquí a Lima. Sé que me quedo corta. Gracias por estar en mi vida.
Me han faltado más viajes, y que alguno de ellos hubiera sido en avión y al extranjero. Me he quedado con ganas de más playa, o concretamente de amaneceres en la playa. Me habría gustado ir a algún concierto más. También asistir a algún musical, tanto nuevo como "visto", pero ya sabéis, "Hakuna Matata", nada más que añadir. Y de ver al menos un par de obras de teatro. Y puede parecer broma, pero no lo es. Me han faltado fotos. De las que todavía se pueden hacer, me lo pongo entre mis "deberes" para 2024 (para mí misma). Me han quedado muchos libros por leer, mi situación anímica a ratos y mis dificultades de visión en la mayoría, han sido los responsables de haber leído mucho menos de lo que me habría gustado. Me han faltado muchos cafés por tomar, más visitas al cine y unos cuantos reencuentros. Y paseos por dar tengo la tira. Me han quedado dibujos por acabar, como los árboles de la vida. Pero esos árboles de la vida llegarán, no han caído en el olvido, aunque el ánimo influye en mis dibujos. Entended que deje pasar las navidades para continuar con ellos. Estoy deseando terminarlos y dároslos, aunque sea en febrero. Pese a haber superado algunos miedos importantes, quedan otros por vencer.
He cumplido algunos proyectos, y otros están en el punto de salida, ya han empezado o voy a retomarlos. Confío tener el viento a favor para que los que se pueda, se hagan realidad.
Por eso, 2024, seré clara: No me arrebates a nadie más. Salud para los que quiero y para mí. Y mis lazos, amorosos, familiares y de amistades, déjalos tal cual.
Como hace unos párrafos he mencionado lo que me ha faltado, ha quedado pendiente...sirva eso a modo de deseos por cumplir en el año nuevo.
A mí me gusta despedir el año, siempre. Y ojalá esta vez no sea una excepción. Si ha sido bueno porque lo despido con alegría por lo vivido. Si ha sido malo, porque lo despido con alegría por acabarlo. Ya era hora, y también con esperanza e ilusión para el que comienza.
Antes de las uvas pienso ponerme todo lo rojo que tenga a mano. El año pasado no sirvió de mucho, pero no quiero cambiar la tradición. Y brindar por ese 2024 que llega, y que sea para bien. Si nos apetece hacer un brindis al cielo, se hace.
De las fechas navideñas, mi favorita es la Nochevieja. Y no soy fiestera precisamente. Pero me gusta mucho esa noche y suelo disfrutarla (a mi manera). Este 31 de diciembre seremos 3 en la mesa, pero en el corazón no falta nadie. E igual que digo de lo de brindar, si hay que llorar, se llora. Pero se llora y se sigue. Lo que más me apetece es pasarla tranquilos los tres, compartiendo todo lo que podamos sentir.
Así que 2024, ya sabes. Deseo de corazón que hayas tomado nota. Y si me sorprendes, que sea para bien.
Por supuesto aquí tiene que haber música, o no sería yo.