domingo, 27 de septiembre de 2026

ENSALADILLA RUSA

Septiembre es un mes de "volver a", también un mes de fechas importantes tanto mías como de parte de mi gente. Y está siendo una especie de ensaladilla rusa que, como ocurre con la paella, valencianos aprecio mucho vuestra tierra, gastronomía y todo, nos os enfadéis, cada cual lo hace a su manera y mantiene el nombre. Algunos dirán que la ensaladilla rusa está hecha solo con huevo, zanahoria, patata y mahonesa, tal vez los más puristas. Pero he probado, en algunos casos preparado también, ensaladilla rusa con atún, mejillones, gambas, langostinos, bocas de mar (jamás han estado cerca del mar), guisantes e incluso fréjoles. Explico todo esto porque mi septiembre está siendo una ensaladilla rusa con los ingredientes tradicionales y la retahíla de posibilidades que he mencionado después. Ingredientes "buenos" (langostinos) y "malos" (guisantes, nunca he sido muy amiga de los guisantes). 

Así que como parte de lo que nos sucede no está en nuestras manos, aquí ando, como buenamente puedo, capeando la parte dura de septiembre...y lo que queda por superar, aunque ya nos vayamos a octubre. Gracias a la gente que está pendiente, y a los que entienden y respetan que necesito que estéis menos pendiente, para ahorrarme explicaciones repetitivas, agobios extra o ansiedad adicional, y no es poca. Repito, de corazón, gracias, pero permitidme que dosifique la información, y la espacie, también por salud, la mía (mental) en este caso. Sé que lo que queda de un año tiene muchos retos a muchos niveles, haremos lo que podamos para salir más o menos bien de todos.

No obstante, lo de titular a esta entrada del blog "ensaladilla rusa" tiene más miga. Responde a un vídeo de una persona a la que sigo por Instagram, Teresa López Cerdán. Podría decir que es polifacética, actuar y escribir son solamente dos ejemplos de sus talentos. A mí me transmite buen rollo, me gusta lo que dice y cómo lo dice, y me alegra ver sus vídeos en IG, aunque en ocasiones me emocionen, como el caso del que me refiero aquí, en el que explica su "teoría de la ensaladilla rusa". Ver vídeo Teresa López Cerdán, Teoría de la ensaladilla rusa. Es una metáfora que está relacionada con hacer algo para conseguir que otros te quieran, como si eso fuera una condición necesaria. Y al verlo, se me cayeron las lágrimas, porque me di cuenta que en algunas etapas de mi vida, he sido una ensaladillera rusa. Un ejemplo serían las tarjetas de Navidad, aquellas que ya no llegué a escribir ni enviar las navidades pasadas. Sin embargo, hice bastantes, ahí están, en una balda de un mueble, cuyas puertas evitan que las vea a diario. Y me producen una mezcla de sensaciones, así que voy a pensarme muy bien si quiero rematarlas y enviarlas o no. Como las elaboraban una a una, todas distintas aunque hubiera detalles comunes en algunas, tardaba una eternidad. He hecho varios paréntesis en el tema de las tarjetas que, en origen, compraba. Me he gastado un pastizal (porque me daba la real gana) en materiales de papelería (troqueladoras, sellos decorativos, cartulinas de todo tipo, papeles bonitos que suelen ser siempre caros si son de buena calidad, washi tapes variadas, rotuladores metalizados, pinturas acuarelables, pegatinas, rotuladores permanentes...). Los sobres algunos años los he hecho y otros los he comprado. Mayoritariamente enviadas por Correos, aunque algunas las daba en mano.  Y a estas alturas, acariciando octubre, no tengo muy claro qué narices haré con esto, pero no quiero que suponga un peso ni una obligación. Pero sí, un ejemplo en toda regla de las "ensaladillas rusas" de las que habla Teresa. Al no enviar tarjetas, muchos de los destinatarios ni siquiera me felicitaron las fiestas, fue un baño (necesario) de realidad. Así que es una incógnita si habrá o no tarjetas, por mi parte, y en qué términos. Y es que no, no tengo necesidad de proseguir con algo que supone un esfuerzo tremendo, un tiempo impagable (y creo que no voy a disponer de él), y ganas (ya veremos si las hay). 

No voy a pedir perdón por existir, si no me queréis, vosotros os lo perdéis (ni soy la mejor ni tampoco perfecta), y no me refiero únicamente al tema tarjetas de Navidad. Me he dado cuenta de lo doloroso que sigue siendo hacer esfuerzos por otros y que ellos no sean capaces de estar allí para mí en temas que para mí son relevantes. 

Si me miro al espejo, continúo viendo a alguien muy detallista, y sí, es una de mis formas de demostrar cariño, amor. Pero cada vez estoy más desengañada con esto, y me llevo palos que no sé si me merezco, aunque voy a intentar poner (más) de mi parte para ahorrármelos. Uno de ellos es con la no confianza, hablar yo de temas muy personales y encontrarme con un muro de silencios e indiferencias. Y además tener la horrible sensación que algunas personas tratan o están, jugando conmigo, y en algún momento, de un día cualquiera, lo que voy a llevarme es una buen puntapié (queda mejor patada en el culo). Y mi runrún es que esa falta de confianza huele a traición, a que están jugando conmigo, descaradamente. 

Me cuesta priorizarme, no es ningún secreto, es uno de los aspectos que debo continuar trabajando a pico y pala. Trabajar más en mí, pensar más en mí y quererme más. Y allá cada cual con su conciencia. Si alguna persona se da por aludida, sus razones tendrá. En mi caso estoy orgullosa de quién soy y de las personas que están en mi vida, e intento hacerles llegar lo importantes que son para mí, aunque algunas no me paguen con la misma moneda. 

Mis otras posibles "ensaladillas rusas" me las reservo, pero hay más. Y al reflexionar en ellas me sentí miserable e incluso estúpida en algún caso. No pretendo dar pena ni provocar lástima. ¿Soy una persona sensible? Pues sí, mucho; pero ojo, no soy débil, me considero muy fuerte y muy valiente. Que llore no constituye un síntoma de debilidad, o no lo veo así. Tengo mucho aguante, pero todo tiene un límite. 

Si alguno quiere dar su opinión sobre la "teoría de la ensaladilla rusa" o algún ejemplo, encantada de leeros por aquí u otro medio. Gracias a los que ayudáis a que septiembre sea algo más liviano. Y a los que da lo mismo el mes, porque sé que estáis. 




lunes, 14 de septiembre de 2026

Nunca...

El viernes pasado fui al musical "Los chicos del coro". Por circunstancias, decidí ir sola, y pese a que eso no me hacía ninguna gracia, al salir me alegré mucho de haberlo hecho. Me gustó muchísimo. Reconozco que algunas de las licencias que se tomaron me chocaron un poco, pero me pareció una adaptación muy digna, de una película que adoro. De las pocas pelis que he visto dos veces en el cine, y otras tantas en casa. Es una banda sonora que a mí me conquistó desde la primera vez. Del musical destaco, entre otras cuestiones, la escenografía. La gama cromática que usaron en el decorado y en el vestuario, acertadísimas. Salí deseando ver la película original una vez más, aunque por falta de tiempo, todavía no la he visto nuevamente. Sin destripar nada, si tenéis la oportunidad de verlo, no la dejéis pasar. Me parece arriesgado ir sin conocer la película, pero también se puede disfrutar.

Al final, los chicos (y chicas) del coro, una vez hechos los saludos pertinentes, nos regalaron un par de canciones como broche a su actuación. Y lanzaron aviones de papel que estaban desperdigados por todo el escenario por una de las escenas (mi favorita). Justo a mi lado llegó uno del niño que hacía de Pépinot, mi personaje favorito de todos los "chicos del coro", y me agaché a recogerlo. Desde la escena final estuve llorando de la emoción, es una banda sonora que acaricia el corazón, no soy objetiva por lo mucho que me gusta. Las fotos que incluyo son de ese avión, no he podido evitar la tentación de desdoblarlo y leer qué decía.



Habitualmente desvelo o explico el porqué del título de cada entrada del blog al comienzo. En esta ocasión he decidido guardarme esa información para la parte final de la entrada. Son unas palabras que me vienen al pelo, y las utilizaré en los dos institutos en los que trabajo: Francisco Salinas y Venancio Blanco. Las dice el personaje del profesor "sustituto", Clément Mathie: "Nunca digas jamás, siempre hay cosas que intentar." 

Y quizás recurra a distintos formatos (canciones, libros, películas, publicidad...), para darle un toque especial a este curso 2026-2027. 

Y ya aprovecho para pedirles a mi alumnado que no tiren la toalla, sea en el ámbito académico o en cualquier otro. Que se esfuercen, reflexionen, valoren qué pueden hacer ante cada dificultad con la que se vayan topando. Pero además que sueñen, se ilusionen, luchen por lo que les gustaría que pasara en su vida, a cualquier nivel. Y también que escuchen, respeten, y les den oportunidades a las personas con las que se vayan encontrando en su camino. Aunque nadie dijo que todo esto que expongo fuera fácil, es un mensaje y un "discurso" que pretendo aplicármelo a mí misma. 

Deseo, de corazón, que el 2026-2027 sea un curso inolvidable por los momentos buenos, que me siga trayendo gente buena, de esa de la que te alegras conocer o con la quieres seguir coincidiendo. Sé que también, en parte, será un curso repleto de despedidas en muchos frentes, como todos sí, pero este un poco más duro, no digo nombres. 

Y ya que estamos, aprovecho para desearle muchísima suerte a los que ya no estarán en el Venancio Blanco ni en el Francisco Salinas, especialmente porque van a empezar una FP Básica. Espero que os vaya fenomenal, a todos, sin excepción, y voy a acordarme de vosotros, de unos más que de otros claro, pero pienso en todos. 

A los alumnos ya conocidos, que de momento van a ser, al menos en el Salinas, la gran mayoría, ojalá sepamos exprimir el lado bueno de ese conocimiento mutuo, y aprovechar un curso que puede resultar apasionante y memorable. Eso sí, por muchos malabares que intente hacer yo, el barco, sin vosotros remando junto a mí, no se mueve. Me gustaría saber que estamos del mismo lado, que remamos juntos para disfrutar de un buen ambiente en las clases, para reírnos (y de cuando en cuando quizá llorar), y sobre todo, estoy convencida de ello, para APRENDER juntos, que no es moco de pavo. Y es que aunque la maestra sea yo, soy una alumna eterna también. Y como tal, me gusta creer que continuaré aprendiendo de los que están cerca de mí toda mi vida, y no me refiero solo a las aulas.

Como adelanto y/o recuerdo, según cada caso: Gracias. Lo siento. Por favor. 

Feliz curso 2026-2027, y no dejemos nunca, de celebrar, que la mal llamada rutina es síntoma de normalidad, de salud, y no se valora como debería.

La vida sin música, igual que sin amor, no tendría sentido. De ahí que, como siempre, la música tenga su espacio en cada entrada del blog.







lunes, 7 de septiembre de 2026

La fecha

El calendario parece distinto cuando el día en el que estamos resulta especial por alguna razón. Y a mí eso me pasa con el 7 de septiembre. Como no me gusta hacer nada a la carrera, pensaba dejarlo pasar, sin más, pero no, porque de corazón hoy me apetece escribir aquí. Continúo celebrando que hoy sea nuevamente 7 de septiembre. Celebro que el amor sea amor, que no sea perfecto y que puedan existir equivocaciones por ambos lados. Porque todos, sin excepción, metemos la pata alguna vez, muchas veces sin querer, por no calibrar lo que decimos y hacemos o lo que no decimos ni hacemos. El amor es perdonar. El amor es comunicación. El amor es generosidad a manos llenas pero egoísmo también. El amor es gratitud. El amor es ilusión. El amor es gratitud. El amor es memoria y olvido. El amor es sumar de lo que nos aporta y restar de lo que nos quita el sueño. El amor es hablar, pero también incluye algunos silencios, y no tienen por qué ser incómodos. El amor es ceder. El amor es luchar. El amor es usar el corazón, y actuar con cabeza, para conseguir evitar engaños o ser utilizados. El amor es lealtad "pruebas" extras, especialmente cuando no hay motivos lógicos que justifiquen la desconfianza. El amor es apoyar, estar ahí, incluso en momentos en los que estamos en desacuerdo con lo que el otro piensa o cómo actúa. El amor es cerrar los ojos y sentir paz, por el mero hecho de esa compañía. Es esa mano que nos agarra sin quitarnos libertad. El amor es sentirse orgulloso de quién es tu pareja, por lo que es, por cómo es...por todo. El amor es tener ganas de seguir sumando sietes de septiembre al lado de mi pareja. El amor es altibajos y turbulencias, no solo soles y arcoíris. El amor es un cielo estrellado al que miramos con curiosidad y esperanza. El amor es ser flexibles y estar dispuestos a mejorar, ambas partes. El amor es brillar juntos y de forma individual. El amor es celebrar, y valorar lo hermoso de poder contar con alguien. El amor es sentir que teniendo una relación con una persona, tu vida tiene más colores. El amor es cercanía, aunque también es distancia. El amor es ser capaces de confiar lo que muy pocos o solo uno conocen. El amor son instantes. El amor es ser uno mismo sin preocuparse por el qué dirán. El amor es unión y además, espacio. El amor es tener GPS puesto e ignorarlo de vez en cuando y, quizás ahí se encuentre el camino en vez de perderse, por increíble que parezca. El amor es una brújula que nos orienta. El amor es ser capaz de hacer juntos todavía más cosas que uno solo. El amor es libertad. El amor son sonrisas y lágrimas, en ocasiones compartidas, otras no. El amor es pensar en esa personita especial y que se te ilumine la cara. El amor es ver un océano en su mirada. El amor es respeto. El amor es atención. El amor es tender la mano siempre que el otro lo necesita, pero más aún si te lo pide. El amor es recuerdo y olvido. El amor es cuidar. El amor es salud. El amor es una fiesta para que puede que no recordemos cuándo recibimos la invitación. El amor es sueño y desvelo. El amor es ternura. El amor es seguridad. El amor es intimidad. El amor es escuchar. El amor es intentar comprender al otro. El amor es pasado, presente y futuro. El amor es lo que cada uno quiera que sea y lo que cada pareja construye.

Ya se acabaron los fuegos artificiales que dan por inauguradas las Ferias y Fiestas de Salamanca. Lamentablemente desde mi casa no se ven desde hace años, debido a un mamotreto de hotel que pusieron en el barrio. Pese a eso, los escucho y soy capaz de imaginarlos sin verlos, y eso también es el amor. Feliz 7 de septiembre, cariño. Una vez más, aunque sea de forma imaginaria, brindo por el amor desde el blog y desde cualquier punto.









Todas las fotos son propiedad de Raquel Plaza Juan. 



viernes, 21 de agosto de 2026

2 Sillas

Sinceramente, no iba a estrenar mi cumpleaños, teniendo en cuenta los calores de los días previos, sentada frente al ordenador, ni tampoco haciendo virguerías para escribir todo esto con el móvil. Por eso lo he ido escribiendo con mimo, "de a poquitos", eligiendo muy bien qué poner aquí y que no. Mi punto de partida incluía escribir tantas líneas en lo que sigue a continuación como años cumplo pero, obviamente, se me fue de las manos. He pasado de numerar nada. Puse lo que me apetecía y listo. Este año a una parte de mí no le apetece ni un ápice soplar estas velas. Sin embargo, la otra, la más racional, se da cuenta de lo importante que es poder continuar celebrando la vida, por nada y por todo, por el mero hecho de estar aquí y estar viva. Así que, como estas cosas pueden cambiar en un abrir y cerrar de ojos, gana mi lado racional y opto porque pese más seguir celebrando que estoy viva, aunque al corazón le cueste asumir situaciones, ausencias y otras casuísticas que me guardo. Pesa más lo bueno, lo que pasa es que lo triste, complicado, negativo etc., a veces aprieta e intenta hacer más ruido. Comparto con vosotros mi retahíla de ocurrencias a raíz de mi 44º (agüita salá) cumpleaños:

-Gozar de buena salud. 

-Hacer realidad proyectos personales. 

-Ir a una papelería bonita. 

-Que me sonrían con la mirada. 

-Envolver regalos, da igual la época del año. 

-Cuidar.

-Un ataque de risa compartido. 

-Sentirme visible.

-La decoración navideña (toda).

-Que empaticen, al menos a veces, con mi manera de actuar. 

-Que me cuiden.

-Encontrar un regalo que parece hecho a medida para el destinatario. 

-Sentirme acompañada cuando más lo necesito. 

-Cocinar para otros y que me digan/note que les gusta lo que he preparado para ellos. 

-Dibujar sin pensar. 

-Descubrir un poema bonito. 

-Que me den mi sitio, lugar, espacio, sin necesidad de tener que reclamar, recriminar ni echar en cara nada.

-Entenderse con la mirada. 

-Los delfines.

-Mirar por la ventanilla mientras viajo en tren. 

-Decorar el árbol de Navidad con mi hermano, aunque ya no elijamos los adornos uno a uno. 

-Poder compartir mi tiempo con los que más quiero. 

-Que me escuchen, sin juzgarme. 

-Fotos de reflejos.

-Ver cómo mis alumnos "mejoran" (a nivel académico y/o personal, viendo cómo maduran). 

-Notar que mis alumnos están bien. 

-Regresar a un sitio que, por alguna razón, es especial para mí. 

-Conocer a personas que se quedan en mi vida. 

-Disfrutar de nuevos retos a nivel laboral. 

-Caminar de la mano (o caminar por la vida) en pareja. 

-Estar con la familia en días felices. 

-Hacer regalos porque sí, sin que se deba a una fecha especial. 

-Mirar fijamente a los ojos a quien quiero, sin decir ni pío.

-Celebrar la vida, porque lo malo llega, a menudo, sin avisar. 

-Que la gente que me conoce me salude sonriendo. 

-Sentir que les importo a las personas que más quiero. 

-Poder regresar a lugares en los que soy feliz. Y aquí contemplo un abanico amplio y diverso, desde la Plaza Mayor, Río shopping, Segovia, La Granja de San Ildefonso, Miranda Do Douro, Benidorm, Gandía, Sevilla, Nazaré, Londres, París...

-Abrazar a alguien y notar que es recíproco. 

-Dar con alumnos que se convierten en inolvidables. 

-Hacer la cama con sábanas nuevas. 

-Segovia como oasis en medio del desierto, como una garrafa de agua helada un día de calor asfixiante. Siempre Segovia, da igual la estación.

-Poder llorar acompañada y que consigan que me sienta mejor, aunque no me digan ni pío. 

-Tener personas cerca capaces de reconocer cuándo han metido la pata y disculparse (si hace falta). 

-Encontrar compañeros/as que llegan a ser amigos/as. 

-Coincidir con gente agradecida.

-Sentirme acompañada.

-Ver luciérnagas.

-Untar pan en la yema de un huevo frito. 

-Escapadas a Madrid capital de fin de semana.

-Sentir que soy "suficiente" (suficientemente buena como maestra, compañera, amiga, hija, hermana, pareja y alguna faceta más que tengo en mente).

-Que mis amigos cuenten con mi presencia para los momentos más importantes de su vida (sean buenos o malos). 

-Despertarme y que mi novio esté a mi lado. 

-Que los que me dicen algo, antes pasen por algún tamiz sus palabras, valorando el efecto que pueden tener en mí.

-Soplar acompañada las velas el día de mi cumpleaños. 

-Darme cuenta cuando meto la pata y lograr solucionarlo (o intentarlo al menos).

-Visitar castillos. 

-El jamón ibérico.

-Sentirme acogida en una familia o un grupo de amigos en el que aterrizo por otra persona. 

-Que confíen en mí. 

-Ir a la Feria del Libro de Madrid. 

-Tener presente la música, a todas horas, a cada rato, en cualquier situación.

-Ser consciente del pasado como trampolín, pero no como ancla.

-Preparar detalles personalizados para gente que considero especial. 

-Descubrir un restaurante que merezca mucho la pena. 

-Arreglar algo. 

-Pintarme los labios de rojo, pero tiene que ser "el rojo" (la mayoría me quedan fatal).

-Poder estar con los míos cuando están atravesando por algo muy duro. 

-Que me hagan sentir especial. 

-Viajar.

-Estar en museos relevantes. 

-Poner la radio y que justo suene una canción que adoro. 

-Tener un "buen" lunes.

-Emocionarme con una película, un libro, un cuadro...

-Maquillarme y no notarme ojerosa.

-Madrugar para hacer algo que me apetece mucho. 

-Hacer muchas fotos, sobre todo de gente muy próxima. 

-Dibujar y usar muchos colores. 

-Que cuenten conmigo para planes que saben que me apetecen un montón. 

-El aspecto de algo o un espacio tras haber pasado mucho tiempo limpiándolo y ordenándolo. 

-Que agosto lleve V de Vacaciones y Viajes. 

-Ir al cine. 

-Ir al teatro. 

-Que alguien me ceda su sitio en la cola del súper, cuando solo llevas un par de cosas y todas las cajas están llenas de gente. 

-Los viernes por la tarde.

-Ver en persona cuadros de Velázquez, El Greco, El Bosco, Goya... 

-Reencontrarme con alguien que fue mi alumno/a, que se pare a hablar conmigo y note que se alegra al verme. 

-Quitar el despertador del trabajo. 

-Recorrer mercadillos (sin buscar nada en concreto).

-Decorar mi aula y/o el centro educativo en el que esté. 

-Visitar lugares bonitos en vacaciones. 

-Conseguir un chollo en rebajas de algo que me gusta mucho. 

-Disfrutar de unos días en la playa. 

-Asistir a un concierto de un cantante o grupo que me encanta. 

-Hacer la maleta antes de irme de viaje. 

-Cuidar mis hilos rojos. 

-Lograr que las ganas pesen más que los miedos. 

-Ver el amanecer en playa cuando, por orientación, coincide la salida del sol "encima" del mar. 

-Pedir un pincho de tortilla en un bar y que esté jugosa y rica. 

-Deshacerme de papeles y objetos que ocupaban mucho espacio y ya no me hacían falta. 

-Recibir de una persona que me importa una carta, tarjeta o postal por la vía tradicional, y escrita a mano.

-Ver libélulas o mariposas y poder fotografiarlas. 

-El último capítulo de una serie que llevo viendo mucho tiempo. 

-Contemplar la luna llena. 

-Escaparme a zonas de sierra en otoño. 

-Que me cuiden. 

-Escuchar un sí donde antes solo existía el no. 

-Mirarme al espejo y que cada día me guste más la imagen que me devuelve. 

-El olor de un libro nuevo. 

-Los delfines. 

-Ver búhos chicos con mi hermano. 

-Las galletas saladas que hace mi pareja. 

-Ver fotos de los que quiero, sigan vivos o no (Papá). 

-Elegir muebles. 

-Que alguien me acompañe a cuestiones a las que no me atrevo a ir sola (y para que tal vez tampoco me atreva a pedir que vengan conmigo, para que no sientan que es un compromiso)

-Salir de la peluquería mucho mejor de lo que entré, y no me refiero únicamente al cabello. 

-El olor del campo tras una tormenta. 

-Que se alegren por mí cuando me pasa algo bueno. 

-Comprar maquillaje y acertar.

-Que estén ahí, especialmente en los momentos duros. 

-Dar una vuelta por las tiendas el primer día de rebajas. 

-Que me digan "guapa" porque de verdad lo creen. 

-Ver pasos y procesiones de Semana Santa. 

-La tortilla de patata de mi madre. 

-Llevar paraguas cuando se pone a llover a cántaros, aunque se me calen los pies y parte de la ropa que lleve. 

-Sentarme al calor de la chimenea, mejor si es acompañada. 

-Escribir en el blog. 

-Escuchar música en casa y ponerme a cantar y/o bailar. 

-Una llamada telefónica de la persona en la que estaba pensando. 

-Regalar flores. 

-Mirar el reloj y que justo marquen las 21:08 (ocurre con frecuencia).

-Sentirme querida.

-Pensar en mi padre. 

-Ver el castillo en las Fiestas del Cristo de San Esteban de la Sierra. 

-Meterme en la cama cuando fuera hace un frío que pela y estar calentita. 

-Ir a centros comerciales. 

-Descubrir formas de canalizar la tristeza, los disgustos, las preocupaciones que no sean las lágrimas.

-Bañarme en el mar con bandera verde.

-Elevar la vista y que aparezca un arcoíris.

-Coger en brazos a bebés hijos de amigas, familiares o gente que es importante para mí, aunque no sean ni lo uno ni lo otro.  

-Pasear por la orilla del mar. 

-Ser más ágil con las palabras cuando no me respetan.

-Que los que quiero se hagan fotos conmigo (y no haga falta que las suplique).

-Reírme. 

-Remontar. 

-Pasar más épocas de calma y menos de sobresaltos de todo tipo.

-Un buen guiso de cuchara en invierno.

-Comprar lotería de Navidad en verano (de algún sitio al que haya viajado).

-Volver a sitios que me traen recuerdos estupendos y seguir disfrutando de esos lugares en situaciones muy distintas.

-No visitar en una temporada los hospitales excepto si es por algo positivo.

-Tumbarme a contemplar el firmamento con el cielo despejado, da igual si no es época de Perseidas, allá arriba hay siempre mucho que ver.

-Fotografiar flores.

-Haya junto al Palacio de los jardines de La Granja de San Ildefonso y en general toda la vegetación que hay por allí.

-Los bolis bonitos y de colores, no los típicos.

-El aire acondicionado, torres de aire, ventiladores, abanicos o cualquier invento capaz de refrescarme en los días de más calor.

-Una botella de agua fresquita.

-El vino blanco afrutado.

-Los libros hermosos de forma y contenido.

-Los aseos limpios cuando estoy fuera de casa, especialmente si voy de viaje.

-Que no sean inflexibles.

-Aprovechar el tiempo.

-Que respeten mis miedos.

-Las conversaciones largas que acaban bien.

-Disfrutar de mi tiempo libro.

-La calma.

-Ir en solitario de compras en Navidad.

-Las vacaciones.

-Los silencios que no son incómodos.

-Que me pregunten qué tal me ha ido el día.

-Las personas que no actúan interesadamente.

-Ser constante para lograr algo.




















Imágenes propiedad de Raquel Plaza Juan.

Y como siempre, la música, porque nunca puede faltar.









Otra vez, gracias a los que estáis en mi vida, porque eso quiere decir que tengo un hueco en la vuestra. Y ya puestos, sed todo lo felices que podáis, cuando las circunstancias sean favorables. Ojalá en los momentos duros, os sintáis y estéis acompañados y llevéis de la mejor forma posible las adversidades, porque lo fácil es encajar las alegrías, el viento que sopla a nuestro favor. A veces tarda en hacerlo, pero llega un punto en el que lo hace, la paciencia es clave en esos momentos. Y espero que vuestros anhelos se conviertan en realidades.

Es probable que la personita en la que estoy pensando ahora no lea esta entrada del blog. Tengo la suerte de compartir cumple con varias mujeres estupendas. Una de ellas, una muy especial, es una amiga que no creo que tenga ni pizca de ganas de cumpleaños este año. En la distancia, y ojalá cara a cara, te abrazo con toda la fuerza que puedo y con todo el cariño y apoyo que quizás necesites este cumple. Sabes que te quiero mucho.



miércoles, 29 de julio de 2026

3...Con antelación

El 1 de agosto de este año es la fecha de un aciago aniversario: 3 años de una noche trágica, la noche en que, sin esperarlo, perdí a mi padre.

Sí, papá, es una mierda o un milagro, alcanzar a decir que llevamos tres años sobreviviendo son ti. Duele escribirlo, leerlo, saberlo, sufrirlo. Me cuesta hasta respirar solo de pensarlo. Y no ha habido ni un único día en el que no haya pensado en ti. Da igual si estaba sola o acompañada; triste, alegre, nerviosa, tranquila, preocupada; aburrida o hasta la bandera de trabajo...He tenido días o épocas incluso de estar profundamente cabreada con el mundo, pero no me sirvió ni me sirve de nada, es como darme cabezazos contra un muro, pegar patadas al aire o arrojar piedras al río. Es mantener en el tiempo la sensación de tener una herida abierta, tal vez sea algo más pequeña, lo que pasa es que no cierra, ni creo que lo haga nunca. El duelo tiene un principio, aunque me parece que no existe final, es algo que sigue pese a que el tiempo pase. Da lo mismo si se han pasado las fases del duelo, cada cual las vive a su manera, a su ritmo, y con una intensidad distinta. Y no es cuestión solo de lo que nos pasa, sino de cómo nos pilla eso que nos pasa. También de cómo gestionamos esa tristeza infinita, ese dolor de alma, el corazón hecho pedazos, y los pasos que somos capaces de dar, si es que podemos, para recomponernos un poco o un mucho. Y algo que lo que me duele darme cuenta es que, desde tu fallecimiento, soy más valiente, para muchas cosas, pero muy a mi pesar. Puede deberse a que no me ha quedado otra. Y pongo un ejemplo, parte de esa valentía la he notado cuando alguien a quien quiero ya no tiene una persona a quien quería con cada poro de su piel, ya sea una pérdida reciente o no. Puede que ese aumento de valentía tenga que ver también con comprender mucho más el dolor ajeno ante la pérdida de un ser amado, aunque no soy experta en nada. Y a veces la vida nos sitúa en escenarios en los que jamás habríamos querido imaginarnos, y nos da dos opciones: ignorar o hacer algo para aliviar el dolor de las personas que están a nuestra vera. Desde tu muerte he visitado bastante el tanatorio San Carlos Borromeo, dos velatorios en estos tres años han sido en la misma sala en la que estuviste. Y en ambas ocasiones he tenido que marcharme llorando. Sigue siendo lo primero que miro o de lo que me informo cuando sé que me apetece, aunque no me guste, acompañar a alguien que ha sufrido una pérdida tan dolorosa como la mía. 

A cada cual nos duele lo nuestro, no hay duda, y no poseo ningún aparato capaz de medir ese dolor. Según mi modo de entender el mundo, percibimos nuestro dolor como el más grande, a fin de cuentas, es el que padecemos en primera persona, el que sufrimos en nuestras carnes. Y aunque queramos, nunca vamos a comprender al 100% el dolor de otra persona, por muy empáticos y observadoras que seamos (o nos creamos). 

Y desde que te marchaste la lista de "dolores" provocados por el vacío que nos dejó tu ausencia roza el infinito: ver ropa que ya nunca volverás a poder llevar, tu silla vacía, no poder escuchar tu voz acompañada de tu presencia, tu manera de caminar, no compartir corriendo contigo una buena noticia, no poder celebrar nada con tu compañía, cocinar algo y que tú no vayas a degustarlo, un beso o un abrazo tuyo, estar a tu lado, sin más...Y paro no porque no haya más, sino porque cada uno de los elementos que he añadido a esta lista hacen que me salten las lágrimas, esas que en los "primeros momentos" después de haberte ido, entrecomillo esas dos palabras porque no logro recordar cuánto duraron esas lágrimas imposibles de frenar e inagotables, llegue a temer que nunca se acabaran. No sé ni cómo no me deshidraté. Lo que está claro es que el duelo pasa factura, física y emocional. Creo que sigo pagando intereses, más a nivel físico que emocional. Ojo, la parte emocional no ha sido nada fácil de reconstruir, pero a día de hoy siento que las piezas están recolocadas y eso me permite vivir, que no es moco de pavo. Me permite sonreír, reírme a carcajadas. llorar de alegría, abrazar apretando fuerte, besar con cariño y/o con pasión, esforzarme por dar el máximo en mi trabajo, observar fotos tuyas y esbozar una sonrisa, visitar un sitio en el que tengo excelentes recuerdos contigo y no amargarme ni llorar, sino disfrutarlo más porque incluye una dosis extra de alegría por las vivencias previas contigo...Y con esa actitud, por casualidades de la vida, he vuelto a Benidorm, y he recordado, lo que significa volver a pasar por el corazón, algunos de los muchos momentos felices que vivimos allí. Benidorm, hasta hace unos días, solamente era sinónimo para mí de vacaciones en familia = vacaciones de los 4 (mamá, papá, Míguel y yo). Ahora gana una acepción nueva, "vacaciones con amigas". GRACIAS, MARTA, por todo. De verdad, papá, que si has podido ver cómo ha sucedido todo, ha sido una coincidencia ir de vacaciones allí. No era nuestro plan inicial, pero las circunstancias nos han llevado hasta allí. 

Hacía veintitantos años (no sé cifra exacta), que no veraneaba en Benidorm. Tuvimos hasta fuegos artificiales, está claro que en la Comunidad Valenciana son expertos en pirotecnia y tiraron la casa por la ventana con la pólvora. Iban muy enlazados unos con otros y algunos hacían sonidos algo extraños. Me pareció precioso. Cierto es que está masificado, leímos que en verano septuplica la población que tiene el resto del año. Hay gente a patadas, comiendo, bebiendo, paseando y por todas partes a cualquier hora. Ni idea de cuántas nacionalidades confluyen en este momento en Benidorm. Benidorm es una explosión de color, una mezcla curiosa de muchas circunstancias distintas que dan lugar a un menú de lo más original. He percibido que ya no se aprecia tanto la playa de Levante como la favorita de turistas extranjeros y la de Poniente para el turismo nacional. He visto rascacielos que en la época que andábamos por allí no existían. Lo que pasa es que también he pasado por lugares que me han transportado a momentos muy felices de mi infancia y mi adolescencia, como el parque de Elche, con la fuente que hay al comienzo y una cantidad ingente de palomas revoloteando; el buzón de Correos al que echaba postales para familia y algunas amigas; las playas de Poniente y Levante, el mirador...Y para mí, haber podido regresar a sitios en los que fui enormemente feliz, ha sido un plus a unas vacaciones de amigas en la playa que me apetecían un montón. Claro, la compañía ha sido excelente. Hasta hemos bajado a ver el amanecer desde la playa, asomando entre edificios, ya sabes que el sentido de la orientación no es una de mis virtudes precisamente, pero mereció la pena estar allí. La gente madruga para colocar su sombrilla, su silla y/o poner su toalla en una de las tumbonas azules que gestiona el ayuntamiento (menudo negocio tienen, por cierto). Y pese a que da igual por dónde fuéramos porque había gente en todas partes, parece que, al menos de momento, hay playa para todos. He tardado demasiado en volver, me he alegrado mucho de ser capaz de hacerlo y pasármelo bien, sin penas ni lamentos. Mi suerte es todo lo viví allí hace mucho tiempo y los nuevos buenos recuerdos que me traje en la maleta. Me ha faltado recorrer el camino hasta el Fenicia, actualmente hotel Villa España, y acercarme a pasear por el Rincón de Loix, pero tampoco hace falta revivir todo, ya fue suficiente.




No "celebro" tres años sin ti, para nada. Celebro los 40 rozando los 41 a tu lado, y haber conseguido, aunque sin estar tú, con más o menos éxito, intentar ser feliz y seguir viviendo lo mejor que pueda, y todo eso sí merece ser celebrado. No soy amiga de misas, pero supongo que iré, aunque no quiero, a misa el sábado. No me apetece nada de nada el arañazo extra de dolor que me va a suponer, más que nada porque no la necesito para acordarme de ti. Ya lo hago todos los días y la misa me sobra, me sobra y me duele. Sé que algunos no lo entenderán, pero ya me encargo yo de recordarte a diario. Eso sí, a mí manera. Y no es amarte menos, es amarte de la forma que yo quiero hacerlo, y no como a otros les gustaría, por mucho que les moleste, duela, o no lo entiendan. 

Continúo pensando que además de ser más valiente (con matices, ascensores no gracias, carreteras con curvas y precipicios tampoco), también me he hecho más fuerte, por necesidad, no por gusto. Gracias por el cargamento de fuerza que siento que me envías. Con lo de la paciencia habrá que ponerle más ímpetu, porque la tengo, y es bastante, pero selectiva (según para qué y con quién).

Así que hablo yo, y en nombre de nadie: te echo de menos todos los días y eso nada ni nadie lo puedo cambiar. Agradezco la barbaridad de años de los que sí dispusimos, y sigo recolocando, como puedo, ese amor pendiente que ya no podré darte. Echo mucho de menos cómo me mirabas, porque solo tú me mirabas con amor de padre. Y nada, aquí sigo. como se puede, viviendo y no sobreviviendo, cada día más consciente de que vida solo hay una, y los ingredientes que quiero ver en ella. Una vez más, gracias, PAPÁ.

Con mucho amor, tu hija:

Raquel Plaza Juan

PD: Sí, solo estamos a 29 de julio, pero mi padre era extremadamente puntual, "cagaprisas" para ser más exacto. Y he salido a él, así que, de forma adelantada, no me espero al 1 de agosto, ni falta que hace, y en cuanto he acabado esta entrada del blog, le he dado a "Publicar". Gracias.








Todas las imágenes son propiedad de Raquel Plaza Juan.

lunes, 20 de julio de 2026

Sumando gratitudes

Empecé a escribir estas palabras el 18 de julio, con el móvil, con la idea de rematarla cuando pudiera, y programarla para que viera la luz ya el día 20, por si alguna cosilla os chirría. 

Esta es una de mis fechas marcadas para escribir en el blog, mi opo-aniversario o como queráis denominarlo. Hoy, 20 de julio de 2026, hace 17 años que superé el proceso de concurso-oposición de "Maestros lengua extranjera (Inglés)." Y aquí estoy, sacándole partido a las vacaciones de verano, con una operación familiar en el aire y otras cuestiones importantes que, quizá tengan lugar (ojalá) o no. 


Y sigo sintiéndome muy afortunada, porque poder dedicarme a la docencia es una gran suerte. Eso sí, esto no es un caramelito en dulce, ser maestro es complicadísimo y cada vez se pone más difícil. Difívil incluso el acceso a los estudios, y a medida que avanzas, va dando un giro de tuerca más. Entiendo que haya gente que tire la toalla y se resigne a no trabajar como maestro, aún habiendo estudiado para ello. Desde aquí, me encantaría animar a todos los que entran en la docencia por vocación, a no tirar la toalla, esforzarse, insistir, ser constante y trabajar para que esa oportunidad llegue, de una manera u otra. No hay una forma única de ser maestra. Luchad por vuestros sueños, es el camino para que se hagan realidad. No penséis que os van a allanar el camino o regalar algo, creo que eso solo pasa en contadas ocasiones y a personas muy concretas. 

No logro imaginarme dedicándome a otra cosa. Continúo en Compensatoria por deseo propio, más todavía teniendo ya Santa Marta como nuevo destino definitivo. Me parece que esto me va a quitar presión, pero ni un ápice de ilusión. Puede que ese sea uno de los "secretos", el saber encontrar cada curso motivos para ilusionarse. A veces esas razones son un proyecto, otras tienen nombre y apellidos y otras son "algo", algo que percibes en el ambiente y te hace ilusionarte. Y aunque hay rachas en las que parece que llego incluso a perder la vocación (¡como para tener ilusión!), luego se me pasa y algo hace que en mi interior escuche un click. Si no hubiera existido ese click, con el curso muy avanzado, no habría solicitado la prórroga en Compensatoria. Gracias a los "culpables" de parte del click de este curso, ya seáis del Francisco Salinas o del Venancio Blanco, queriéndolo o no, sois bastante responsables de haber decidido seguir en Compensatoria. No obstante, siempre lo digo y me gustaría mantenerlo, mi decisión no la determina un alumno, un compañero o un alguien. Nunca voy a solicitar la continuidad por estar con una persona, por especial que me parezca. Suelo poner todo en una balanza, y según para qué lado se incline, así decido yo una cosa u otra. Y uso mucho el corazón, pero en mis decisiones la cabeza suele inclinar la balanza.  Además la última decisión es siempre de la administración educativa, dependiendo de las necesidades existentes y de la planificación educativa que ellos tengan en mente. Pero el primer paso, de manifestar el deseo de prorrogar la comisión o no, es mío. Reconozco que en Compensatoria siento que he encontrado mi sitio, aunque no es el único. Mi deseo es retomar la tutoría en algún momento, probablemente dentro de tres cursos, como mucho, según vaya todo. Adoro ser tutora, y me encanta Compensatoria. 

Y ya es oficialmente 20 de julio. Prosigo escribiendo con un ojo en el móvil, y el otro en la pantalla del televisor. Estamos en plena prórroga de la Final del Mundial y ganamos 1-0 a Argentina, ahí es nada. 

En dos ratos de un par de días, me he ventilado "Las gratitudes", un libro de Delphine de Vigan. Una maravilla publicada por Anagrama. Uno de los muchos que me traje en la maleta de vuelta de la Feria del Libro de Madrid de este año. No he tenido el sosiego imprescindible para dedicarle la entrada que siempre se merece. Del libro que menciono, prefiero no desvelar gran cosa. Es un libro breve, se lee de una sentada, y a mí me ha encandilado. Me ha dado mucho en lo que pensar y me ha emocionado. Es de los que tocan las fibras. También he de reconocer que depende de en qué etapa de la vida llegue un libro concreto a nuestras manos, nos impacta más o menos y nos engancha y emociona o ni nos roza. Y "Las gratitudes" ha caído en las mías en un momento idóneo para disfrutarlo, apreciarlo y sufrirlo. Aunque sé de muchas personas muy cercanas que ahora les podría doler leer un libro así. A mí gracias me parece una palabra fantástica, de las que denomino mágicas. La utilizo a menudo pero tal vez no con la frecuencia que se merece. 


Por cierto, somos campeones del mundo. ¡Qué felicidad! Gracias a la selección por hacernos soñar, y por transmitir un sentimiento de unión colo país que ojalá se repitiera en otros ámbitos. Ferrán, gracias por hacer realidad la ilusión de muchos. Y lo digo yo, que no suelo ver el fútbol y me he ido enterando de los nombres de los jugadores a medida que avanzaba el Mundial. Soy muchas cosas, pero futbolera no me considero. No obstante, he disfrutado y sufrido los partidos que he visto, y la final ya ni os cuento. Mención especial para las actuaciones musicales del descanso del partido. Chris Martin, ¡qué grande eres! Y ya tener a BTS sobre el escenario, era una guinda adelantada para el pastel. Muy especial verlos actuar, y un concierto pendiente sin fecha, al que espero tener la oportunidad de asistir. Os dejo un pedacito de la actuación de BTS y el vídeo completo de las actuaciones musicales del descanso del partido, incluyendo la de BTS íntegra. 



Retomando lo de la gratitud, creo que ser agradecido es uno de los pilares que cualquier persona debería tener, en su educación, su escala de valores o llamado "x". 

Por eso, hoy que hace 17 años que superé las oposiciones, agradezco a todos los alumnos que han dejado huella en mí, y son muchos. Y también a todos los compañeros, compañeras mayoritariamente, que han hecho lo propio. A algunas familias, por haber estado y continuar estando en mi vida.  Y a todos los que están cerca de mí y me escuchan, animan y apoyan, cada vez que les cuento algo relacionado con mi "trabajo". Esa noticia la vi en el ordenador teniendo a mi padre a mi vera. Hoy no puedo celebrar este opo-aniversario con su presencia, pero agradezco los casi 41 años, menos 20 días, que sí estuvo muy presente en mi vida. Y eso es una suerte gigantesca, inmensa, que duele porque no es eterna pero, mirado con distancia, es un privilegio que muchos otros, tristemente, no tuvieron. 

No voy a citar, esta vez, mi periplo por centros educativos y localidades. Todos, sin excepción, me enseñaron algo. Algunos son fáciles de recordar y unos pocos, muy pocos, mejor dejarlos en el olvido. Pero si no hubiera pasado por todos ellos, sería una maestra distinta, ni mejor ni peor, pero diferente. Me gusta la maestra que soy ahora, y consciente de mi imperfección, sé dónde he de limar y qué puedo mejorar. 

Ojalá seguir celebrando este opo-aniversario y cualquier cuestión que sea sinónimo de felicidad. Al final, es saber cómo celebrar la vida, y a quiénes queremos a nuestro lado, para las celebraciones y para los días amargos, porque también los hay. 
 
Gracias por estar presentes. Y gracias a todos los que habéis esbozado una sonrisa en algún momento de la lectura de esta entrada. 

17, sí, ni más ni menos. Y con ilusión. GRACIAS.