domingo, 8 de febrero de 2026

¡Qué barbaridad!

Me siento ante la pantalla de mi portátil con muchas ganas de escribir y sin saber muy bien por dónde empezar. Tiendo bastante a hacer entradas tipo "popurrí" con una variedad de temas, como la vida misma.

Digamos que 2026 se me está haciendo largo. 2025 fue intenso y algo o muy abrupto. Enero rozó lo eterno. Las tarjetas de Navidad siguen guardadas. No he escrito ni una. Algunas están por rematar y otras solo en mi cabeza. No sé si llegaré a enviarlas. En plan chungo decía que a lo mejor llegaban para Carnaval. Al paso que voy ni para Semana Santa. No hay ganas. No se dan las circunstancias. Hay cosas que se me dan muy bien, y otras rematadamente mal. No soy buena mintiendo. Paso de fingir y poner cosas que no son, de llenarlas de palabras bonitas pero que suenen huecas. De ver las cosas de un color que ahora no alcanzo a ver. Lo dicho, ya veremos si pasan por Correos o se van a la basura. No quiero castigarlas al olvido. Ya veré qué hago con ellas, ahora mi cabeza está rellena de mil cuestiones más importantes.

Hace días, pongamos unos diez, tal vez sean más, me crucé con un ex alumno de un cole. Da igual el nombre del cole y del alumno. El caso es que no es la primera vez que me pasa. Él iba ausente, escuchando música. Me limité a decir "Hola" alto y claro. Me miró con extrañeza, desde el 2017-2018 ha llovido mucho. Se paró, saludé nuevamente pero añadí su nombre. Y ya le dije, "¿no te acuerdas de mí, verdad?".  Y me dio la razón. Le refresqué la memoria y estuvimos hablando unos minutos. Os prometo que si hubiera hecho predicciones sobre el futuro de mis alumnos, por este no habría apostado nada. Nada de nada. Se negaba a trabajar, no hacía los deberes nunca, no estudiaba, y en clase parecía que le costaba hasta agarrar el lápiz. Y ahí estaba él, como un tortazo de realidad, recordándome que hay veces en las que no acierto con lo que pienso en mi interior, y me alegre de haberme equivocado tanto. Cuando fue mi alumno, estaba en 5º de Primaria, era un niño. Por supuesto que me encontré un hombre, pero la cara lo delataba, sabía que era él. Daba igual escuchar una voz totalmente distinta y ver un cuerpo de adulto. Esbozó una sonrisa y seguía siendo él. Está en el segundo curso de una FP de grado superior. ¡Qué bien está confundirse a veces! No pude disimular mi alegría. Le dije que me alegraba un montón de lo que me contaba y de haberme cruzado con él. Ojalá todo le vaya fenomenal. Fue un bálsamo encontrarme con él. Ser maestra de Compensatoria es complicado, más de lo que muchos creen. No ven más allá de lo evidente, estoy en Salamanca capital aunque mi destino definitivo esté en Peñaranda. Pero los cercanos sí se dan cuenta del precio que pago. Es desesperanzador cómo vienen las nuevas generaciones, la escasa o inexistente capacidad de escucha, la poca humanidad que gran parte de ellos demuestran, actitudes irrespetuosas continuas y sin justificación alguna. De verdad que los resultados académicos pasan a un tercer plano. De hecho desde que me estrené como maestra de Compensatoria relativicé la parte académica. A partir de ahí empezó a tener más relevancia la parte personal, el bienestar emocional de mis alumnos. Sigo siendo una docente exigente, suelo decir que exijo en la medida en la que doy. Reconozco que este curso se deben estar juntando muchos factores, y puede que sean el motivo para lo cuesta arriba que todo se me está haciendo. Reflexiono mucho sobre lo que hago, aquello que funciona, lo que no, y cómo puedo actuar de otra forma distinta. Pero hay momentos en los que siento que no me quedan muchas más teclas por tocar. Luego veo a alumnos como el que os he comentado antes y me repito a mí misma que sigue mereciendo la pena el esfuerzo. No se trata solo de estar en Salamanca capital, me gusta Compensatoria. Lo que no quita que sea especialmente complejo hacer lo que hago o intento hacer. No quiero las cosas a cualquier precio. No todo vale. Si veo algo naranja no pienso decir que es amarillo, por mucho que me insistan, aunque eso pueda ser como tirar piedras contra mi propio tejado. Apechugo con las decisiones que tomo y procuro que sean coherentes, lo entiendan otros o no. Para mí es importante tener la conciencia tranquila.

Por eso me aferro a la parte positiva, a los que sí, a las personas que sí, que sí se esfuerzan, que lo intentan (lo consigan o no), que sí ven más allá de sus narices y son capaces de empatizar. A las que son coherentes y no dicen una cosa pero hacen la contraria. A aquellos que aportan, que están dispuestos a sumar y no restan. Y a mis alumnos se lo repito bastante, algo estamos haciendo mal...T-O-D-O-S. Sería muy injusto cargar sobre sus hombros toda la culpa. Tampoco me parecería de recibo echárnosla toda a los docentes, ni a las familias. Es una combinación de factores, una mezcla explosiva. Y nos está explotando en la cara. Si me dicen que imagine cómo será la educación dentro de 10 años, no sé si acertaría. El rumbo no lo veo claro. y lo de remar juntos es bastante utópico. Ojalá me confunda y alguien sea capaz de agarrar con fuerza el timón, y hacer que el barco llegue a buen puerto y no parezca que va a la deriva. Muchos días siento que me doy contra un muro. Y a medida que el tiempo avanza, el muro no se derriba ni mengua, sino que da la sensación de hacerse más alto.

A ver si esta semana veo las cosas con más claridad y lo que está a mi alrededor acompaña. 

El otro día, no recuerdo ni por qué, me puse a pensar en las amigas que con cierta frecuencia me dicen "guapa". Conté cinco, con nombres y apellidos. Seguramente algunas veces me lo habrán dicho días en los que yo no me veo así, desgraciadamente algo que sucede mucho. No hay nadie en este mundo que sea más duro conmigo de lo que yo misma soy. Y no lo reduzco a la parte física, sino a toda yo. No sé si cinco son muchas o pocas, algunas no recuerdo que me lo hayan dicho nunca. Es lo que hay. Sus motivos tendrán. No soy de pagar con la misma moneda. Si veo a alguien que lleva algo que le favorece, o es guapo/a, se lo digo. No se me caen los anillos ni actúo así para recibir lo mismo. Me comporto así porque me nace. Me maquillo porque me gusta. Voy a la peluquería porque la operación "raíces" es fundamental (para mí) una vez al mes, y es bueno para mi salud mental verme mejor físicamente. Aunque de vez en cuando agradecería alguna caricia emocional más. Alguna palabra bonita. No soy de preguntar si a otros les gusta mi peinado o cómo voy maquillada. Hay días en los que me levanto y me veo guapa y otros que veo cara de acelga y no lo siento igual. He llegado a la conclusión, errónea quizás, que la gente es poco detallista y todavía menos empática.  Soy muy detallista, a muchos niveles, y algo que siempre me ha parecido una virtud, una cualidad positiva, ratos empieza a parecerme un defecto...¡Manda narices! Como veis, 2026 se me está haciendo largo.


Tengo ganas de viajar, pero no me apetece hacerlo sola. Si no fuera por la situación de algunos ríos, y por una razón personal, me encantaría pasar los Carnavales en Córdoba, pero no va a ser posible. Al menos no en los de 2026. El año pasado tuve que anular ese viaje, pero estaba muy reciente una operación familiar y no era correcto ni prudente irme de escapada a ninguna parte. Ojalá estos sí pueda, podamos, me conformo con el fin de semana, aunque en mis sueños me iría los cuatro días, de cabeza, a alguna parte en la que el clima sea agradable y los ríos no se desborden. Ya veremos...No me gustaría quedarme con las ganas. Sé lo que pasa, que luego las circunstancias varían, y lo que el próximo fin de semana puede ser realidad, en dos se puede tornar imposible. La vida pasa, vuela, aprieta, y hoy estoy aquí pero mucho más allá no sé ni cómo, ni nada. Faltan certezas, falta seguridad, no me faltan sueños ni ilusión.

Y con este caldo, de estar bastante harta de muchos temas, es inevitable seguir teniendo presente a mi padre. Esta tarde, en una serie de Netflix que estoy próxima a finalizar, dos mujeres hablaban sobre un personaje principal, fallecido solo hace un par de capítulos: "Es difícil estar sin él, ¿verdad?". Y la otra persona respondía: "Es todo el espacio en el que no está." Y...¡cuánta razón! Su silla, en la que casi nunca nos sentamos ninguno. Su lado de la cama. Su sitio en el sofá, que sí ocupamos pero sigue siendo el suyo. Un banco de mi barrio, donde todavía me parece verlo. Las calles en las que se paraba a charlar con algún amigo o conocido. Las fotos de celebraciones en las que ya no puede aparecer. La parte de mi vida que vieron sus ojos y he perdido. Hasta ir a hacer la compra puede ser doloroso. Que sí, que la vida sigue y mil paparruchas más, pero sin él no sigue igual, sigo como puedo, y me parece que me equivoco más de lo que acierto, por mucho que yo sea independiente y haya tomado mis decisiones yo misma, al menos aquellas en las que ya me veía como una adulta. Y de eso desde luego que no me arrepiento. 

Últimamente mis semanas son un deseo de llegar al fin de semana. Y cuando este acaba siento que no lo he aprovechado lo suficiente. Por un lado necesito descansar, por otra parte necesito socializar más, quiero estar más tiempo principalmente con mi pareja, y no sé. Quiero viajar, es un deseo pero una necesidad también. Las oportunidades hay que aprovecharlas, tal vez lo que hoy pueda permitirme en unos meses no sea razonable. Por eso no me apetece esperar. No sé qué me depara el futuro, sí lo que me gustaría que me deparase; pero soy consciente de lo que sí puedo hacer en mi ahora. Y me siento afortunada.  Llevo mucho llorado en este mes y poco de 2026, pero también ha habido momentos felices. 

En mi cabeza no me daba cuenta que no me sentaba a escribir una entrada del blog desde que estrenamos enero. Una auténtica barbaridad.  Puede que se repita, ojalá no. Ojalá mis silencios en este rinconcito no duren tanto.

Os deseo a todos un buen comienzo de semana. A ver si el lunes es menos lunes. A ver si no nos convertimos en ranas (como dice una amiga) con tanta lluvia. Y soy de lluvia, aunque no tan constante, es ya un soberano aburrimiento. Se complica hasta ir al trabajo en coche. En Salamanca cuando llueve, diluvie o sea chirimiri, coge el coche hasta el gato. No tengo pruebas, tampoco dudas.

Y como queda mucho de febrero y de 2026 ya ni os cuento, voy a pensar que va a ser un año majete y se va a ir enderezando. Cruzo los dedos. Buen lunes, queridos lectores. Y gracias por la paciencia y por seguir leyendo este blog.




jueves, 1 de enero de 2026

1 de enero de 2026


No son fechas fáciles, me refiero a las "navidades". Ha empezado 2026 y estreno las entradas de este año el primer día. Prefiero escribir aquí, porque los que me leéis desde hace un tiempo (más de dos años), sabéis que desde que mi padre murió, ha sido muy frecuente que lo nombrara en las entradas y/o escribiera sobre el duelo/la muerte aquí. ¿Por qué? Porque a mí me servía, no quiere decir que a otras personas en una situación de duelo, les venga bien.

Insisto en lo de que el duelo es individual y algo muy personal. Como cada ser humano es único e irrepetible, dos seres humanos no van a reaccionar igual ante la "misma" situación, es imposible, siempre van a existir matices. Entrecomillo misma porque nunca es exactamente la misma, no son exactas, segurísimo. Por ejemplo, dos personas que pierden a su madre, y son hermanas. Cada hermana va a llevar el duelo a su manera, por mucho que fuera la misma madre. O dos personas que han sufrido una pérdida parecida, la muerte de su pareja. No, somos un mundo, un mundo sin igual, sin gemelo idéntico. Da lo mismo si varios han perdido a la misma persona o si dos pierden a alguien (diferentes personas) con el que mantenían el mismo vínculo (madre-hijo, novio-novia, tía-sobrino...). Y a mí, lo de dar en el clavo en momentos de duelo, me parece rozar el milagro. Sirva mi experiencia de ejemplo, que no tiene por qué resultar de ayuda.



Recuerdo que en una entrada escribí un título semejante a este. "Algunas consideraciones respecto al duelo". Tal vez fueran justo esas las palabras exactas. Como no me apetece nada de nada comprobarlo, porque me conozco y fijo que la releo de cabo a rabo, me lanzo a la piscina y escribo lo que quiero, sin más. Y si me repito, son lentejas...Es lo que hay.

Además de lo comentado hasta este punto, había mensajes que llevaba fatal. Fatal me parece hasta una palabra sutil. Y seguramente habré metido la pata con más de uno siendo al contrario, es decir, yo la amiga que pregunta, y el receptor la persona que ha perdido a un ser querido. Lo siento, de corazón. Si ha pasado, no me he parado a pensarlo y probablemente haya sucedido antes del fallecimiento de mi padre. A mí me enervaba los mensajes tipo "anímate". ¿En serio? Me daban ganas de ponerles alguna barbaridad de vuelta. Para mí eran palabras vacías, vacías porque por una parte no me servían de nada, leer un "anímate" no me ayudaba en mi proceso de duelo. Y además cabreantes, me ponía de muy mal talante. Lo mismo con otros mensajes, no dudo que estuvieran escritos con cariño, pero con escasa reflexión. Es sencillísimo dar consejos a otros sobre lo que uno no ha pasado todavía (ni se lo deseo). De mi grupo de amigas/as más cercano y de una edad próxima a la mía, solo un par de personas habían sufrido ya la muerte de su padre. Y se notaba. Otras no lo habían padecido (ni falta que hace y deseo que sus padres vivan muchos años más), pero tal vez su empatía, el conocimiento profundo que demostraron tener sobre mí o su manera de entender el mundo, hicieron que su manera de estar, más que de actuar, sí sirviera de bálsamo y me proporcionara algo de consuelo.

Llegó un día, no recuerdo cuántos había "sobrevivido" desde esa noche del fatídico 1 de septiembre de 2023, en el que me harté. Me harté de responder a la gente con sus mensajes de "¿qué tal estás?" o paparruchadas parecidas. Y claro, dejé de responder. Pues mira, hecha una mierda, como si me hubieran partido en dos, como si me hubieran removido las entrañas, como si me hubieran hecho una herida profunda y me estuviera desangrando, como si me faltara el aire por el nudo continuo que sentía en la garganta, como si mi cuerpo pesara 10 toneladas y no hubiera forma de mover ni un solo dedo, como si no tuviera motivos para levantarme de la cama, salir de casa ni continuar respirando. Así, eso dicho de manera concisa.

Creo recordar que en una de las múltiples entradas con la etiqueta "Papá" en las que hablo de lo que a mí me pide el cuerpo (cabeza y/o corazón), mencionaba también, relacionado con lo del duelo, algo que ahora ya no alcanzo a recordar si me lo dijo alguien, lo escuché/leí o es de mi cosecha. Es como si a mi madre, a mi hermano y a mí nos hubieran lanzado al mar. Los tres estamos en medio de la tormenta, luchando por salir a flote, pero cada uno tiene que salvarse a sí mismo. No es me salvo yo y ya luego ayudo al otro. No, cada cual ha de dar con la forma de no hundirse. Para esto hay que pensar en uno mismo, sí. El duelo tiene una parte "egoísta". Yo tenía que intentar estar bien, no para ayudarlos a ellos, para ayudarme a mí, por estar bien yo. Y eso iba a suceder a una velocidad indeterminada, porque no conocíamos el camino, y cada uno de nosotros iba a hacer o hizo el suyo, y no coincide exactamente con el de ningún otro. ¡Ojo! Podíamos apoyarnos los unos en los otros. Pero no sé hasta qué punto eso era bueno, era un dolor compartido, una tristeza indescriptible por una pérdida irreparable, pero...¿nos iba a allanar el camino que debíamos recorrer? 

¿Cuándo se acaba el duelo? Mi sensación es que nunca, jamás. A día de hoy sigo viviéndolo, porque mi padre ya no está ni estará y eso no tiene vuelta de hoja. Si es verdad que lo vivo de manera distinta a hace un tiempo, pero me ha costado un mundo. 

Ayer, último día del año, fui al cementerio y visité su tumba. A lo mejor no era el mejor día. No sé, ningún día es idóneo para ir al cementerio. Fui serena. Llevaba flores y compré más allí. Hacía un frío importante y, por primera vez de muchas visitas, no me encontré ni un solo gato. Algo que agradecí porque no me hacen una gracia especial ver a los gatos campando a sus anchas sobre las lápidas de los que han muerto. No sé si me quedé mucho o poco, estuve lo que quería estar, suficiente. Prefiero ir sola, también esto es algo muy personal, íntimo (lo que no quita que otros prefieran acudir acompañados). Cuando lo enterraron tuvimos mucha compañía y visto con la perspectiva del tiempo, lo agradezco mucho. Ayer había más personas que, como yo, habían decidido visitar el cementerio el último día del año. No muchas, en total creo que conté unas ocho. Cuando voy observo todo, me llaman la atención algunos mensajes de familiares, estatuas, mausoleos incluso...Ayer me fijé en un banco que hay en uno de los laterales, no recuerdo que lleve mucho tiempo allí. Probablemente lo instalaran tras la reforma más reciente, que lo hace algo menos frío y más naturalizado, con mayor zona verde y mejora de parte del asfaltado de algunas calles. El banco me recordó una serie que vi cuando mi padre ya había fallecido. No os digo el tiempo que había transcurrido porque no lo recuerdo. La serie, al menos por entonces, se llamaba "After life", y la protagoniza Ricky Gervais. En ella se trata mucho el tema del duelo, me ayudó verlo desde fuera, como espectadora. Y sale un banco en el que se producen conversaciones maravillosas, algunas para enmarcar. Es dura, no es para todo el mundo ni en cualquier momento. Lloré una burrada viéndola, y no únicamente por la muerte de mi padre, tenía más razones. Pero me dejó muy buena sensación, y me agradó que hubieran sido capaces de tocar un tema tan duro con dosis de humor. No es fácil.

Con esta entrada no pretendo dar pena ni nada parecido. Son mis vivencias y es mi experiencia. Comparto lo que quiero y de la forma que quiero. Entonces escribí bastante sobre el duelo por mí, segundo por mí, y tercero por mí. Luego ya si eso, en cuarto lugar, dándome cuenta que es un tema tan delicado que no se habla con naturalidad de él, y eso me da rabia. Y quizá, solo quizá, podía serle mínimamente útil a alguien. Y si no, ahí quedan, ahí siguen mis botellas al mar, porque a mí me vino de fábula lanzarlas. Entiendo que los que me lean pueden no comprender que comparta algo tan íntimo. El límite, la barrera de qué es lo que cuento, cómo lo cuento y hasta qué punto profundizo, siempre la coloco yo. Es algo que controlo. Por eso el blog es público, porque sé que alguien que lo lea puede compartir alguna entrada con otra persona. Y no pasa nada. Si me molestara que algo llegara a alguien, tengo miles de cuadernos, no lo pongo aquí, o ni siquiera lo escribo en ningún soporte, según me dé.

Ayer a mediodía hice una visita relámpago a la pastelería. Estuve en Gil, teníamos pendiente soplar unas velas y, aunque no soy supersticiosa, no quería empezar el 2026 sin que se hubieran soplado las velas de todos los cumpleaños de 2025. El caso es que me reconocieron en cuanto entré. Al preguntarme directamente con mi nombre, me preocupé, pensando que se me había pasado su cara y era una antigua alumna. Y se lo dije: "Perdona, porque si te he dado clase de verdad que ahora mismo no me acuerdo de ti." Me extrañó, se me puede pasar el nombre de algún antiguo alumno, pero...¿la cara? Raro, raro, raro. En un tris me refrescó la memoria. Se identificó, era la hermana mayor de un alumno de hace "algunos" años. Sé cuántos, pero no voy a incluir más datos. Me preguntó muy educada qué tal estaba y cómo me iba. Al preguntarle yo, enseguida se echó a llorar. Su padre había fallecido, 54 años, unos meses atrás, después de estar enfermo. Obviamente no pregunté la enfermedad, da igual. Hace nada, en uno de esos vídeos de Instagram, escuché a una persona diciendo que da igual si el que fallece lo ha hecho de repente o tras una larga enfermedad, la pérdida es la pérdida, el duelo es el duelo. Y razón no le falta. Mucha gente sigue recordando que mi padre, al morir repentinamente, no sufrió. Y añaden esa coletilla como si este dato dulcificara o restara un ápice de dolor a su fallecimiento. Dos años y pico después, afirmo que no, a mí eso no me consuela ni un pelo. Sí, mejor sin sufrir. Seguramente cualquiera firmaría por una muerte de esa manera, pero no cambia el hecho: papá ya no está. La conversación con la hermana de mi exalumno fue un pellizco de realidad para el día de Nochevieja, un zarandeo. Uno de esos zarandeos que necesitamos a veces, solo a veces. Espero volver a encontrarme con ella. Y me alegra ver que tiene trabajo y le va bien en la parte laboral, la parte familiar necesita recomponerse. Y una mesa que en su casa tenía cinco patas, ha de dar con el mecanismo para continuar haciendo lo que hacía pero con una pata menos. Y cuesta una barbaridad, quien le quite hierro al asunto es un "espabilao" o un mentiroso compulsivo que prefiere hacerse el fuerte y no compartir sus tristezas, penas, miserias...llamadlo como prefiráis. Al final se trata de vivir, o sobrevivir. No sé, solo sé que hay un punto de inflexión en mi vida tremendo desde que mi padre ya no está. Y ese vacío sigue estando, porque el tiempo amortigua, pero no cura, o yo no he dado con la fórmula. Aunque él no esté sigo queriendo vivir, sigo pensando que en la vida hay personas fantásticas y situaciones maravillosas. Y quiero exprimirla, disfrutarla e intentar seguir con mis ilusiones, mis proyectos de todo tipo, y sintiéndome más yo. Como puse en la entrada anterior, ojalá 2026 sea en el que vea y veáis, la mejor versión de mí misma. 

Esta mañana vi parte del "Concierto de Año Nuevo", celebrado en Viena. Quien la ha dirigido este año,Yannick Nézet-Séguin, posee una alegría especial, un buen rollo que traspasaba la pantalla e invitaba a no cambiar de canal. Destilaba aires de modernidad y cercanía. Y con el buen sabor de boca que me ha dejado el broche del concierto, quiero rematar esta entrada. ¡Ah! Vivid el comienzo de 2026 lo mejor que podáis, cada cual con sus circunstancias. Si os agobian estas fechas, calma, solo nos quedan "Los Reyes" y regreso a la rutina para todos. 



Es muy típico ponerse algún propósito, o muchos, al comenzar el año. Me he puesto varios, vienen de antes de dar la bienvenida a 2026. Y justo al buscar alguna frase para que formara parte de la entrada, he visto esta imagen sobre la salud, y me gustaría que fuera el final de esta entrada. Suerte si vosotros también tenéis algún propósito, no os agobiéis si los plazos difieren un poco de los que queríais, lo importante es llegar al destino deseado. 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

2 x 1...Y nada tiene que ver con el Carrefour

Tengo la costumbre de escribir una entrada cuando se aproxima el final de año y otra a modo "carta a los Reyes Magos". Como ando tardía, voy a incluir ambas en esta aquí. Empiezo a escribirla a 28 de diciembre de 2025, el cuándo la termine es otra historia, aunque la programaré para que salga publicada el último día del año.

He pensado que la música va a ir al principio de la entrada, y no como broche de la misma. Os dejo un popurrí, como la vida.











A 2025, este que se "larga" en breve, no sé muy bien si darle las gracias o un tirón de orejas y un buen cogotón. Ambos son compatibles. 

Gracias 2025, porque no sé si has sido bueno o malo, pero podías haber sido mucho peor (y mejor también ¿eh?)

En mi memoria quedan visitas a varios hospitales, incluyendo dos intervenciones de personas amadas y muy cercanas. Desgraciadamente he visitado más el hospital "nuevo" en escasos tres años, que el "Clínico" en toda su existencia. Supongo que tiene que ser así, no sé. Quizás estoy normalizando algo que es una mierda, tal cual. Insisto, podría haber sido mucho peor (el que no se consuela...).

Escapadas/viajes a sitios preciosos, muchos nuevos y algunos ya vistos anteriormente. Asturias y Galicia...¡Qué hermosas sois! Me encanta ir al norte, no obstante una parte de mí necesita Mediterráneo, con bañitos en la playa, paseos por la orilla, amaneceres...Sí, ha sido culpa mía no haber ido, lo reconozco. Gracias, amiga. Es decir, gracias, Marta, por tu disponibilidad para eso y para muchas cosas no tan agradables y complicadas de gestionar. El año que viene, sin falta, tú y yo nos vamos en verano a alguna playa juntas, ya toca.                

En alguno de mis destinos hasta se me cayeron las lágrimas de la emoción. Sí, papá, tú y yo no fuimos a Santiago juntos, era algo que hablamos un par de veces y no se logró. Pero he regresado a Santiago muy bien acompañada, gracias, Jorge (por ese viaje y por cualquier minuto compartido), disfrutando cada calle, maravillándome en la hermosísima plaza del Obradoiro, e imaginando que lo veían tus ojos a través de los míos y les gustaba tanto como a mí. Igual que el recorrido que en su día hice con mis compañeros de 8ºC del "Paco Viruta"...y entonces faltó Mariate. Me apetecía revivir ese instante y compartir el vídeo con ella. Fue una mañana muy emotiva, muy especial todo. Iván, prometo hacer lo posible por coincidir en mi próxima visita a tierras galegas, sean cuando sea. Esta vez no era el momento, habrá otras, espero que lo entiendas.

Hay destinos conocidos a los que periódicamente voy. Como mi cita anual con la Feria del Libro de Madrid. Acompañada por mi hermano, aunque luego allí cada uno en su espacio, coincidiendo en algunos puntos y buscando por nuestra cuenta en otros. Reconozco que llevo ya dos o tres años que otorgo a la firma de autores un papel secundario. Me da mucha pereza estar esperando en una cola infinita y que se mueve a paso tortuga, prefiero deleitarme recorriendo la Feria de arriba a abajo, aunque entera entera no logro verla nunca. Pero adoro poder mirar y buscar sin prisa. Dejarme sorprender por las recomendaciones de libreros en los puestos, editoriales distintas, libros que me atraen por un título o me atrapan por sus ilustraciones (luego ya profundizo y compruebo si lo que me entró por el ojo merece la pena de verdad o es solo eso, una buena apariencia). 

Por otra parte, Segovia se está convirtiendo en una especie de refugio. Desconozco el motivo que hace que me transmita calma, me dé la paz que necesito y haga que acuda a ella cuando mi cuerpo pide desconexión, escaparse pero no muy lejos. Me siento como en casa pero sin estar en ella, a la distancia justa para ver todo con perspectiva. Da lo mismo si voy con frío o calor, Segovia atrapa y me encanta. Y La Granja de San Ildefonso es especial, otro lugar de referencia al que no solo no me importa volver, sino al que siento que necesito regresar. 

Con Extremadura me pasa algo parecido a Segovia. Es una tierra con magia, con un aura distinto. Tan pronto estás mirando a todas partes y  a ninguna para ver a los ciervos en época de berrea, como alzando la vista al cielo para seguir con la mirada los buitres leonados. Y si no es el mundo animal, es el vegetal, o cualquier localidad, es muy fácil dar con sitios con encanto allí.

Este año tuve que anular algún viaje. Me gusta pensar que más bien ha quedado aplazado para otra fecha, pero lo voy a realizar.

Siguiendo con el repaso a 2025, porque parece que estoy leyéndole la cartilla, en muchos sentidos puedo decir que fue un año "bárbaro". Un año que me ha permitido pasar mucho más tiempo y conocer mejor a personas con las que coincidí por primera vez en 2024. En general, por mucho que parezca que hablo casi hasta con las piedras, soy de las que necesita tiempo cuando conoce a gente nueva. Me gusta observar, fijarme en detalles que habitualmente la mayoría ignoran porque quieren o porque no saben verlos. Y no soy un libro abierto, para nadie nuevo. La confianza requiere tiempo. A medida que cumplo años me doy cuenta que cada vez profundizo más con menos personas. Y sigo dando más descuentos de los que debería.

2025, también me has recordado la importancia de priorizarme, de pensar más en mí. Y hacer que mi voz sea escuchada, piensen igual o no. No busco convencer a nadie, pero me niego a silenciar mi opinión, mis ilusiones o mis proyectos. La gente es muy egoísta, y no puedo sentir que juego un papel secundario en mi propia vida. Porque soy la protagonista, y el destino y mis decisiones van dando forma al guion de mi vida. Reconozco que anímicamente no estoy para tirar cohetes, las palabras pueden herir, los silencios también. Las palabras adecuadas abrazan, reconfortan, tranquilizan y animan, pero no siempre llegan y eso también desconcierta. Y no sé, no me siento en ocasiones como creo que debería sentirme, y me echo la culpa aunque en realidad no sé si es mía o de los demás, o una mezcla de ambas. Es complicado. Intento ponerme, con mucha frecuencia, en la piel de los demás, pero mi sensación es que eso no siempre es bidireccional, y duele, pero es así. Agradezco mucho esos mensajes de "Buenos días ¿qué tal estás?", o los que llegan a cualquier hora. Y los que se dan en persona, porque lo importante debe decirse en persona, excepto si no queda otro remedio. Tengo ganas de escuchar palabras que tal vez nunca lleguen, y acciones que puede que jamás se produzcan. Insisto, no sé cómo explicarlo. Pese a todo, estoy muy agradecida por todo lo bonito que he vivido este 2025, lo que no quita que haya llorado un montón. Y sí, también me he reído bastante. No sé si ha habido más sonrisas o lágrimas, mi forma de ser hace que sean más unas u otras, intente que pesen más las sonrisas en mi balanza personal.

Este año he ido unas cuantas veces a velatorios. Por salud mental no las he contado. Me ha resultado inevitable, cuando tocaba ir al tanatorio "San Carlos Borromeo", ir directa a ver la sala en la que estaba la persona fallecida. Y respirar aliviada al comprobar que no era la 9. Esa fatídica sala en la que pasamos dos noches interminables y a la que me tocó volver justo unos meses después del fallecimiento de mi padre. Me he dado cuenta que voy viendo la muerte como algo más natural, más cercano, no por ello menos doloroso. Es inevitable, como aseveraba la actriz Malena Alterio al dar las gracias a los medios tras la muerte de su padre, el gran y eterno Héctor Alterio, "es parte del contrato". Solo nos falta seguir poniendo, cada cual desde su posición, nuestro granito de arena, para hablar de la muerte con mayor naturalidad. Acostumbrarnos a hablar del dolor que supone un duelo, lo complicado que es de gestionar ese vacío tan inmenso asociado a la pérdida de un ser querido. Y lo hermoso que es saber que hay personas que te acompañan aunque sea sin decirte nada, solo estando, porque es muy complicado acertar con las palabras. Y el silencio no es mala opción, a veces, solamente a veces.

Pero 2025, no quiero que pienses que has sido un año de muerte, no. No sería justo, Pablo e Iris llegaron en enero, para recordarme el milagro de una nueva vida, la alegría tremenda de conocer a amigas y amigos en otras facetas, y ver cómo aprenden a base de práctica, teoría y de todo. Y así, casi sin quererlo, este rey y esta reina de sus respectivos hogares, van camino de soplar la velita de su primer año de vida. Tengo que pellizcarme para darme cuenta que es verdad, no lo he soñado. Habéis traído mucha luz a un año con algunas etapas muy grises. 

2025, me has puesto retos, piedras en el camino, y en parte me has hecho espabilar. Repito e insisto, la gratitud es importante. Te doy las gracias por todo. No soy muy buena reivindicando mi sitio en según qué ámbitos o situaciones, pero las experiencias me van ayudando a encontrarlo. Hay días que de modo silencioso, otras dando un golpe en la mesa. Y quien no quiera darme mi lugar, sus razones tendrá. Intento ser coherente y actuar de manera empática y justa a todos los niveles. 2025, tranquilo que no creo ser "Doña Perfecta" ni mucho menos. Tengo mis defectos y los conozco. Intento cambiar sin necesidad de llevarme "tortazos", no siempre lo consigo.

A nivel profesional y personal, 2025 puedo calificarte de "intenso", especialmente te has lucido en los últimos meses del año. Se me atragantaron tanto que el episodio de ciática me parece poco, mejor así, no quiero más piedras en el camino.




Ojalá 2026 sea bueno. Que traiga salud para los míos y para mí, y se escriba con V de Vida. Sí, eso, que me recuerde lo importante que es la vida, las ganas de exprimir cada momento amable y de sentir más vida. Que se escriba con V de "victorias" a nivel personal y laboral. La vida no es una guerra, pero ojalá en la balanza, a finales de 2026, sienta que he ganado mucho más de lo que he perdido. Y pesan más las victorias cualitativas que cuantitativas. Deseo con toda mi alma que 2026 sea capaz de hacer visible mi mejor versión. Sí, la mía, la mejor versión de Raquel Plaza Juan. Sé que está por llegar y las herramientas para lograrlo están en mi poder. Cero preguntas. Cero presión. Cero prisas. Es mi momento. Es el momento. Tiempo al tiempo.

Además de lo mencionado antes, querido 2026, si la salud y otras circunstancias lo permiten, quiero viajar más. Me gustaría viajar más. Ya dije hace algunos párrafos que necesito más playa, hacer algún que otro viaje aplazado y sigo teniendo pendiente volver a volar, aunque no sea prioritario, me encantaría, solo si se puede. 

Quiero que me des más tiempo con mi gente: mi pareja, mis amigos y algunos familiares. Me parece que no nos hemos dedicado lo que deberíamos. A esto añádele que las quedadas pendientes van en aumento, y lo que antes era un año sin ver a alguien, ya ha pasado a dos o incluso tres, lamentable.

Y como siempre he pedido y más tras la pérdida de mi padre, no me arrebates a nadie, por favor. Si entran a formar parte de mi vida nuevas personas, genial, pero no te lleves a nadie. Eso sí, personas que sumen, porque para las que restan no tengo ni tiempo, ni paciencia, ni ganas ni ná de ná. Sí, me salen cada vez los subtítulos más grandes, se me sube la ceja y no soy la reina del disimulo precisamente. 

2026, creo que he sido bastante explícita en lo que me ha parecido y menos en lo que no me apetecía serlo. Que 2026 sea un año de amor, salud, empatía, tiempo y muchas alegrías. No va a ser de color de rosa, pero puede ser mucho más colorido que el 2025. 

Espero que el año nuevo me traiga pocos disgustos y sea fuente de mucha felicidad. Que los que me amen sigan haciéndolo. Que los que confían en mí no dejen de hacerlo, y contribuyan a que me sienta más afortunada si cabe. Y a los que haya que poner en su sitio, encárgate de darles un buen escarmiento porque tengo tiempo, pero no para perderlo con gente que no vale la pena. Hay personas que se venden muy bien, otras vamos a otro ritmo, funcionamos de otra manera en cualquier ámbito. Allá cada cual si tiene ganas de saber quién soy o no. 

Y una vez más, me importa un bledo si lo he repetido en casi todas las entradas de este año, gracias a los que ampliáis la palabra familia y ayudáis a que cada vez me sienta más cómoda y más querida con vosotros. Gracias de corazón a los que habéis formado parte de mi vida en 2025. A los que me mostráis la cara amable del mundo y hacéis que me sienta especial y parte relevante de algo vuestro. Gracias por vuestra atención, cariño, paciencia, confianza, escucha, sinceridad, apoyo y de todo. Soy lo que soy por las personas con las que puedo contar, y no son pocas precisamente. Gracias por estar pendientes de mis palabras y de mis silencios. Gracias por el respeto, por hacerme sentir visible e importante y por contar conmigo en hechos importantísimos en vuestras vidas. 

Fijo que algo me dejo en el tintero en mi especie de carta al año que termina y de bienvenida al que viene ya. 

Comparto con vosotros una "lluvia" de imágenes de mi 2025.

Todas las fotografías de esta entrada son propiedad de Raquel Plaza Juan. 
































Y ahora viene la segunda parte, ya medio dibujada en esta primera, mis palabras para los Reyes Magos.

Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar:

Sabéis que soy maestra en explayarme, pero como ya lo hice en la primera parte, vuestra carta está ya casi escrita.

Salud para los que quiero con toda mi alma y para mí, que ninguno termine el año con tratamiento para alguna enfermedad grave, hospitalizado, pendiente de ser operado o de baja.

Fuerza de voluntad para hacer realidad mis sueños. O al menos para poner toda la carne en el asador para que se cumplan. Y sin echar balones fuera.

Amor, mucho amor.

Muchos momentos "bárbaros".

Cuidado, cariño, atención, interés, visibilidad, empatía y tiempo.

Paciencia para todo, para cualquier situación que tenga a la que me enfrente y exija grandes dosis de ella.

Detalles, de esos que llegan al alma y acarician el corazón. Muchas veces son palabras, otras gestos. No hablo de lo material, eso es terciario.

Ilusión.

Esperanza.

Viajes.

Calma ante las adversidades y lo chungo que el año nuevo me traiga, imposible que sea de color de rosas.

Y no sé qué más, cada día es un regalo, aunque algunos días cueste un poquito más apreciarlo.

Reconozco que he metido la pata este año, en más de una situación y con más de una persona. Os prometo que intento aprender de mis errores y enmendar lo que se pueda. Y si se puede, no meter la pata en el mismo lugar. Sin embargo, me parece que mis aciertos pesan más. He intentado actuar de forma coherente, morderme la lengua cuando era consciente del daño que podían hacer mis palabras y ser justa. No siempre lo habré logrado. Y me la he mordido algunas veces, ahora me arrepiento, escuchando palabras o viendo formas de actuar que me hacían daño.

Queridos Reyes Magos, traed a los míos lo que consideréis que más falta les hace para ser más felices, quizá yo no lo vea o no haya sabido verlo.

Gracias por mantener viva la ilusión de muchos niños, y de algunos adultos, eso resulta dificilísimo. Corremos el peligro de perder ilusión según vamos cumpliendo años. A mí me parece tristísimo y trato de ilusionarme por todo lo bonito que veo, vivo y tengo cerca de mí. No siempre consigo contagiar esa ilusión. Creo que es posible se piense igual o diferente. A mí una gran amiga me transmite una ilusión infinita al hablar del K-Pop o los parques de atracciones, y no son precisamente mi centro de interés. Pero cómo le brillan los ojos, y ver lo feliz que es en determinadas situaciones, hace que me llegue a ilusionar con ella y me apetezca preguntarle sobre lo que le encanta, y eso no significa que pensemos igual.

Y ahora ya, 2026, ven cuando te toca y llénanos de vida. Reyes Magos, vosotros ya sabéis que la noche del 5 al 6 de enero os pertenece, y que la ilusión siga presente en nuestro día a día.

Por favor, a "Los Reyes Magos" y a quien corresponda, dadme un buen año, con todo lo que eso implica. 

Muchas gracias e intentaré seguir portándome bien.

Con Cariño,

Raquel

domingo, 21 de diciembre de 2025

Final de evaluación, casi despedida de 2025, tradiciones, vida y anuncio emotivo

Al paso que voy los títulos de las entradas van a ocupar varias líneas. Escribo esta entrada sentada, mientras el cuerpo aguante. Mejor dicho, mientras mi más que probable ciática me lo permita. De ahí que no creo que me explaye demasiado. O me lance a rematar la entrada en pie. Es lo que hay. El viernes final de trimestre, subidón (pese a mi agotamiento mental y físico) por la proximidad del comienzo de las vacaciones navideñas, y posterior bajón a media tarde. Como si al haberme relajado los males corporales que estaban en "stand by", se hubieran espabilado y decidieran que sí, que de comenzar las vacaciones medio coja, no me libraba nada ni nadie. Así que si no queda otra que parar, pero de verdad, pues se para. Mi médico hasta el 26 no tiene hueco, y de momento a ratos estoy razonablemente bien, por lo que no veo motivo, de momento, para plantarme en las Urgencias de la calle Valencia. Y menos sabiendo que estarán de gripes de toda clase, COVID y otros virus hasta la bandera. No me arriesgo a entrar regular salir peor. Por eso mis mejores aliados ahora mismo se llaman relajantes musculares (en crema),  Ibuprofeno y cama. El orden que queráis. Quería haber hecho una barbaridad de cosas ayer, y no, para cuando se pueda. Más de la mitad están "en proceso", y no sé cuándo podré continuarlas en algún caso, iniciarlas en otros o terminarlas, según de qué se trate. Salud resentida imagino por la intensidad del trimestre. Por una primera evaluación agotadora a cualquier nivel, no solo en el ámbito laboral. Desde septiembre he vivido en una montaña rusa día sí, y día también. Y yo soy más de evitar determinadas "atracciones". Y mi cuerpo, que de tonto no tiene un pelo, como el del resto de personas del mundo mundial, me ha pasado la factura ahora, que me ha visto más relajada.

Puntualizar que antes de ayer fue un último día de clases atípico. Obviamente no había ni ganas ni nada de llevar a cabo las clases con normalidad. Mi sorpresa fue la elevada asistencia de mi alumnado del Salinas. En un grupo fueron justo la mitad, y en otro más de la mitad...¡De récord! Así que tenían para elegir, y eligieron "Unánimo", un juego de mesa muy entretenido, para pensar palabras con rapidez. Ocupa poco espacio, este dato es también relevante. Y te anima a pensar en lo que pueden pensar los otros, para intentar lograr la mayor puntuación posible. Una joyita que descubrí gracias a una visita con mi hermano a Madrid hace ya tres años (creo), cuando de casualidad, en una librería con mucho material, había una sección de juegos con una selección maravillosa. Totalmente recomendable. 

El viernes me dio pena despedirme de mis alumnos. Y eso que algunos me han dado más de un disgusto y otros tantos quebraderos de cabeza. No sé, me hizo ilusión que muchos más de los esperados estuvieran allí. Del Venancio solo pude ver a cuatro, el resto o no habían venido o estaban viendo cantar villancicos (o participando ellos). La verdad es que estar compartida en dos institutos es agotador. Cada cual con su manera de trabajar y de entender y afrontar todo. Y aunque no me desplazo andando, he "perdido" tiempo de organizar clases o descansar un poco, en ir de uno a otro. Lo invierto en salir pitando de uno y llegar igual al otro. Pero apechugo con la decisión tomada, muy meditada, y volvería a elegir lo mismo. 

Llevé unas gominolas y alguna galguería más. Afortunadamente de más de la mitad salió un "gracias." Que si no me lo dicen se las llevo igual, pero me parece lo suyo, el ser agradecido.

Y en ese contexto de cansancio acumulado, hubo velatorio y funeral. La verdad es que por mucho que la muerte venga en el contrato, no acabo de acostumbrarme a ella. Intento vivirla con la naturalidad que se puede, y canalizar todo lo que siento al verla en alguien cercano como puedo, no sé si de manera acertada o no.  Pero empatizando, y habiendo vivido hace dos años y cerca de cinco meses la de mi padre, no puedo evitar tener la cabeza plagadita de pensamientos. Pensamientos sobre la persona que ya no está, Fran DEP, los vínculos más importantes que tenía, el círculo humano que le apreciaba y lo echará de menos, y también sobre otras pérdidas. Al final el duelo es algo individual y único para cada uno. Sí, es mi opinión, podéis discrepar. Varias o muchas personas pueden haber querido/amado mucho a alguien y sentir un dolor profundo, gigantesco, intensísimo, rozando lo infinito, difícilmente descriptible y dolorosamente real, pero cada uno vive su duelo y cada duelo, a su manera. ¿Puedes apoyarte en otros? Sí, desde luego, aunque por mucho que te apoyes hay heridas que solo las siente cada cual, porque ve algo y le escuece. Escuece tan fuertemente que da la impresión que nada ni nadie será capaz de apaciguar ese dolor, de amortiguar esa tristeza sin parangón que puede hasta paralizar, hasta robarte las ganas de seguir respirando. ¿Todo pasa? Pues no. A mí me parece que todo se recoloca. E incluso ese dolor por la pérdida encuentra una ubicación, en nuestro interior, para ralentizar sin detener. Y, bien gestionado, hasta impulsa para continuar viviendo con él y a la vez siendo capaz de disfrutar la cara amable que la vida también nos muestra. El tiempo es una de las claves, la paciencia otra, y hay que hacer ganas para "tirar" de uno mismo, cuando lo fácil sería dejarnos caer. Pero nos perderíamos una barbaridad de cosas buenas que nos quedan por vivir. Y va a ser que no. Papá, sabes que estás presente en mi vida todos los días que he conseguido seguir respirando sin que estuvieras vivo. También serás consciente de lo mucho que me ha costado, y lo que me cuesta todavía a veces en determinadas situaciones, sean fechas marcadas en el calendario o no. A todos los que habéis sufrido la pérdida de un ser amado, os abrazo. Es probable que no sepa exactamente cómo os sentís, pero puedo hacerme una idea. Hay ocasiones en .las que notas que las palabras sobran, porque decir algo puede hacer más mal que bien, y provocar hacer sentir a otros justo como queríamos evitar. Es muy complicado medir hasta dónde sí y saber exactamente en qué sitio colocamos el límite. Cada persona tiene uno, y no creo que haya dos iguales. Quizá lo que en un momento de duelo a alguien le reconforte, para otro sea una patada en los riñones. Y debemos respetarlo y tratar de entenderlo. Una vez más, empatía. Y siempre, grandes dosis de sentido común.

A mí la proximidad de la Navidad me gusta y me escuece a partes iguales. Tengo el belén casi sin poner en el salón. Ojalá seamos capaces de tener cada cosa en su lugar antes de la Nochebuena. O en Navidad los Reyes van a estar guardaditos en su caja, y no de camino a Oriente. La decoración navideña me encanta pero el espacio es limitado. Más que el espacio para ponerla, el dónde guardar tantos "achiperres" navideños el resto del año. También empecé la OTN 2025 en verano...Sí, sí, en verano hice tres tarjetas. A día de hoy me parece que tengo veintitantas hechas, ninguna escrita y ni una sola entregada en mano ni enviada por Correos. Una amiga me lo dijo hace poco, y a mí ya me rondaba la idea. La de cesar con esta tradición mía de darme el palizón padre a hacer tarjetas a mano, obviamente con ayudas varias de papeles decorados con motivos navideños, adornos adhesivos de materiales, colores y texturas diversas...Pero con todo y con eso, me llevan mucho tiempo, y no estoy con las ganas que debería para mantener una tradición así. Ni idea de cuándo la comencé. Inicialmente compraba las tarjetas hechas y me limitaba a escribirlas. A día de hoy ha llegado una tarjeta a mi casa (obviando las de publicidad), y no veo una razón para seguir dedicándole este tiempo a algo que me ha dejado de llenar. Tal vez este amago de ciática o ciática tal cual, sea un aviso, para no terminarlas. Mi intención es acabarlas, escribirlas y hacérselas llegar a las personas que yo considero. En mi cabeza me he marcado como fecha tope Reyes. Espero poder cumplir mi plazo. Y el año que viene, ya se verá. En esta etapa de mi vida espero poder dedicar mi tiempo, desde el año que viene, a otras cuestiones muchísimo más importantes, y no estar empantanada por unas tarjetas que no tengo por qué hacer. No estoy cabreada con nadie en particular, si acaso, conmigo misma. No prometo nada, pero siento que es el momento de dedicarme a otros menesteres y dibujar sin que sea para una celebración determinada.

Siguiendo con tradiciones, en cada hogar tendrán las suyas. Antes mencionaba el belén, el árbol he de decir que lleva puesto ya una semana larga. Está atestado de adornos, pero mi hermano y yo no entendemos eso del mismo modo. Con los adornos que tenemos otros pondrían tres árboles distintos. Y cierto es que cada año compro alguno nuevo, aunque no lo hago pensando en poner todos a la vez. Desde que compré un árbol con "nieve", hemos castigado a los espumillones en las cajas. Era inviable árbol con piñas, alguna bolita roja y nieve, y cargadito de adornos hasta la bandera, y...el espumillón. Más que la guinda, el espumillón se habría convertido en la gota que colmó el vaso. 

Respecto a las comidas, cenas...Me he hecho la promesa de controlar los excesos. Y no toda quedada. sea en grupo grande o no, ha de ser sinónimo de comida o cena obligatoria, y mucho menos que sea copiosa. Si los que me quieren lo quieren entender, perfecto. Si no lo quieren entender, perfecto igualmente y allá ellos. Cada uno sabe qué prioridades tiene en su vida y el momento en el que se encuentra. Y las mías las dejo muchas veces de lado por agradar a otros, y no me da la gana. Sé lo que quiero, y cómo y cuándo también. Al menos de modo aproximado. Fijo, fijo no, porque el destino ciertamente es muy caprichoso y pone baches en el camino con los que no contábamos, y toca lidiar con ellos.


Así que aunque imagino que, si puedo, intentaré escribir antes de Navidad, vía móvil, a los destinatarios de mis tarjetas navideñas otros años, lo dejo también escrito aquí: la OTN 2025 va con retraso, y puede que no las acabe, escriba y envíe hasta pasada la Navidad. Y probablemente sea un punto y final a la utopía de hacer cada año más de treinta tarjetas a mano. Utopía o locura.

Hayáis puesto decoración navideña o no. Tengáis reuniones familiares previstas para estas fechas o no. Tengáis ganas de celebrar estos días o no. Queráis estar acompañados o solos en Navidades. Queráis arrancar las hojas del calendario hasta ponernos ya en el 7 de enero de 2026 o no...Os deseo unas navidades con al menos una persona cerca que os haga sentir especiales, amados, escuchados, respetados, comprendidos y únicos. Vivid el presente, por muy buenos recuerdos que poseáis del pasado. Recordad que el pasado no deja de ser eso, pasado. Y el futuro, ojalá, nos traiga muchos días felices. Porque la Navidad puede ser cualquier día, solo hay que ser capaces de construir esa magia, de hacer confluir varias de las razones que nos invitan a ser felices. Brindo por una Nochebuena y una Navidad agradables, y ya. Y que los días entre unas fechas y otras, sean también para sentirnos queridos y acompañados, porque son muchos más que los festivos del calendario. 

Otros años dedico una entrada a la publicidad navideña. No sé si este 2025 haré una así o no. Lo que sí tenía claro, desde que lo vi a medias, es que este anuncio, compartido por mi amiga Lourdes, iba a estar en el blog. Por su padre, por el mío, y por todos aquellos padres que ya no van a estar sentados en nuestras mesas ningún día del año. Hoy he sido capaz de verlo completo, pero incapaz de hacerlo sin emocionarme. Y he vuelto a escuchar el audio de mi padre, cuando estaba recién operado de la segunda prótesis de cadera.