viernes, 21 de agosto de 2026

2 Sillas

Sinceramente, no iba a estrenar mi cumpleaños, teniendo en cuenta los calores de los días previos, sentada frente al ordenador, ni tampoco haciendo virguerías para escribir todo esto con el móvil. Por eso lo he ido escribiendo con mimo, "de a poquitos", eligiendo muy bien qué poner aquí y que no. Mi punto de partida incluía escribir tantas líneas en lo que sigue a continuación como años cumplo pero, obviamente, se me fue de las manos. He pasado de numerar nada. Puse lo que me apetecía y listo. Este año a una parte de mí no le apetece ni un ápice soplar estas velas. Sin embargo, la otra, la más racional, se da cuenta de lo importante que es poder continuar celebrando la vida, por nada y por todo, por el mero hecho de estar aquí y estar viva. Así que, como estas cosas pueden cambiar en un abrir y cerrar de ojos, gana mi lado racional y opto porque pese más seguir celebrando que estoy viva, aunque al corazón le cueste asumir situaciones, ausencias y otras casuísticas que me guardo. Pesa más lo bueno, lo que pasa es que lo triste, complicado, negativo etc., a veces aprieta e intenta hacer más ruido. Comparto con vosotros mi retahíla de ocurrencias a raíz de mi 44º (agüita salá) cumpleaños:

-Gozar de buena salud. 

-Hacer realidad proyectos personales. 

-Ir a una papelería bonita. 

-Que me sonrían con la mirada. 

-Envolver regalos, da igual la época del año. 

-Cuidar.

-Un ataque de risa compartido. 

-Sentirme visible.

-La decoración navideña (toda).

-Que empaticen, al menos a veces, con mi manera de actuar. 

-Que me cuiden.

-Encontrar un regalo que parece hecho a medida para el destinatario. 

-Sentirme acompañada cuando más lo necesito. 

-Cocinar para otros y que me digan/note que les gusta lo que he preparado para ellos. 

-Dibujar sin pensar. 

-Descubrir un poema bonito. 

-Que me den mi sitio, lugar, espacio, sin necesidad de tener que reclamar, recriminar ni echar en cara nada.

-Entenderse con la mirada. 

-Los delfines.

-Mirar por la ventanilla mientras viajo en tren. 

-Decorar el árbol de Navidad con mi hermano, aunque ya no elijamos los adornos uno a uno. 

-Poder compartir mi tiempo con los que más quiero. 

-Que me escuchen, sin juzgarme. 

-Fotos de reflejos.

-Ver cómo mis alumnos "mejoran" (a nivel académico y/o personal, viendo cómo maduran). 

-Notar que mis alumnos están bien. 

-Regresar a un sitio que, por alguna razón, es especial para mí. 

-Conocer a personas que se quedan en mi vida. 

-Disfrutar de nuevos retos a nivel laboral. 

-Caminar de la mano (o caminar por la vida) en pareja. 

-Estar con la familia en días felices. 

-Hacer regalos porque sí, sin que se deba a una fecha especial. 

-Mirar fijamente a los ojos a quien quiero, sin decir ni pío.

-Celebrar la vida, porque lo malo llega, a menudo, sin avisar. 

-Que la gente que me conoce me salude sonriendo. 

-Sentir que les importo a las personas que más quiero. 

-Poder regresar a lugares en los que soy feliz. Y aquí contemplo un abanico amplio y diverso, desde la Plaza Mayor, Río shopping, Segovia, La Granja de San Ildefonso, Miranda Do Douro, Benidorm, Gandía, Sevilla, Nazaré, Londres, París...

-Abrazar a alguien y notar que es recíproco. 

-Dar con alumnos que se convierten en inolvidables. 

-Hacer la cama con sábanas nuevas. 

-Segovia como oasis en medio del desierto, como una garrafa de agua helada un día de calor asfixiante. Siempre Segovia, da igual la estación.

-Poder llorar acompañada y que consigan que me sienta mejor, aunque no me digan ni pío. 

-Tener personas cerca capaces de reconocer cuándo han metido la pata y disculparse (si hace falta). 

-Encontrar compañeros/as que llegan a ser amigos/as. 

-Coincidir con gente agradecida.

-Sentirme acompañada.

-Ver luciérnagas.

-Untar pan en la yema de un huevo frito. 

-Escapadas a Madrid capital de fin de semana.

-Sentir que soy "suficiente" (suficientemente buena como maestra, compañera, amiga, hija, hermana, pareja y alguna faceta más que tengo en mente).

-Que mis amigos cuenten con mi presencia para los momentos más importantes de su vida (sean buenos o malos). 

-Despertarme y que mi novio esté a mi lado. 

-Que los que me dicen algo, antes pasen por algún tamiz sus palabras, valorando el efecto que pueden tener en mí.

-Soplar acompañada las velas el día de mi cumpleaños. 

-Darme cuenta cuando meto la pata y lograr solucionarlo (o intentarlo al menos).

-Visitar castillos. 

-El jamón ibérico.

-Sentirme acogida en una familia o un grupo de amigos en el que aterrizo por otra persona. 

-Que confíen en mí. 

-Ir a la Feria del Libro de Madrid. 

-Tener presente la música, a todas horas, a cada rato, en cualquier situación.

-Ser consciente del pasado como trampolín, pero no como ancla.

-Preparar detalles personalizados para gente que considero especial. 

-Descubrir un restaurante que merezca mucho la pena. 

-Arreglar algo. 

-Pintarme los labios de rojo, pero tiene que ser "el rojo" (la mayoría me quedan fatal).

-Poder estar con los míos cuando están atravesando por algo muy duro. 

-Que me hagan sentir especial. 

-Viajar.

-Estar en museos relevantes. 

-Poner la radio y que justo suene una canción que adoro. 

-Tener un "buen" lunes.

-Emocionarme con una película, un libro, un cuadro...

-Maquillarme y no notarme ojerosa.

-Madrugar para hacer algo que me apetece mucho. 

-Hacer muchas fotos, sobre todo de gente muy próxima. 

-Dibujar y usar muchos colores. 

-Que cuenten conmigo para planes que saben que me apetecen un montón. 

-El aspecto de algo o un espacio tras haber pasado mucho tiempo limpiándolo y ordenándolo. 

-Que agosto lleve V de Vacaciones y Viajes. 

-Ir al cine. 

-Ir al teatro. 

-Que alguien me ceda su sitio en la cola del súper, cuando solo llevas un par de cosas y todas las cajas están llenas de gente. 

-Los viernes por la tarde.

-Ver en persona cuadros de Velázquez, El Greco, El Bosco, Goya... 

-Reencontrarme con alguien que fue mi alumno/a, que se pare a hablar conmigo y note que se alegra al verme. 

-Quitar el despertador del trabajo. 

-Recorrer mercadillos (sin buscar nada en concreto).

-Decorar mi aula y/o el centro educativo en el que esté. 

-Visitar lugares bonitos en vacaciones. 

-Conseguir un chollo en rebajas de algo que me gusta mucho. 

-Disfrutar de unos días en la playa. 

-Asistir a un concierto de un cantante o grupo que me encanta. 

-Hacer la maleta antes de irme de viaje. 

-Cuidar mis hilos rojos. 

-Lograr que las ganas pesen más que los miedos. 

-Ver el amanecer en playa cuando, por orientación, coincide la salida del sol "encima" del mar. 

-Pedir un pincho de tortilla en un bar y que esté jugosa y rica. 

-Deshacerme de papeles y objetos que ocupaban mucho espacio y ya no me hacían falta. 

-Recibir de una persona que me importa una carta, tarjeta o postal por la vía tradicional, y escrita a mano.

-Ver libélulas o mariposas y poder fotografiarlas. 

-El último capítulo de una serie que llevo viendo mucho tiempo. 

-Contemplar la luna llena. 

-Escaparme a zonas de sierra en otoño. 

-Que me cuiden. 

-Escuchar un sí donde antes solo existía el no. 

-Mirarme al espejo y que cada día me guste más la imagen que me devuelve. 

-El olor de un libro nuevo. 

-Los delfines. 

-Ver búhos chicos con mi hermano. 

-Las galletas saladas que hace mi pareja. 

-Ver fotos de los que quiero, sigan vivos o no (Papá). 

-Elegir muebles. 

-Que alguien me acompañe a cuestiones a las que no me atrevo a ir sola (y para que tal vez tampoco me atreva a pedir que vengan conmigo, para que no sientan que es un compromiso)

-Salir de la peluquería mucho mejor de lo que entré, y no me refiero únicamente al cabello. 

-El olor del campo tras una tormenta. 

-Que se alegren por mí cuando me pasa algo bueno. 

-Comprar maquillaje y acertar.

-Que estén ahí, especialmente en los momentos duros. 

-Dar una vuelta por las tiendas el primer día de rebajas. 

-Que me digan "guapa" porque de verdad lo creen. 

-Ver pasos y procesiones de Semana Santa. 

-La tortilla de patata de mi madre. 

-Llevar paraguas cuando se pone a llover a cántaros, aunque se me calen los pies y parte de la ropa que lleve. 

-Sentarme al calor de la chimenea, mejor si es acompañada. 

-Escribir en el blog. 

-Escuchar música en casa y ponerme a cantar y/o bailar. 

-Una llamada telefónica de la persona en la que estaba pensando. 

-Regalar flores. 

-Mirar el reloj y que justo marquen las 21:08 (ocurre con frecuencia).

-Sentirme querida.

-Pensar en mi padre. 

-Ver el castillo en las Fiestas del Cristo de San Esteban de la Sierra. 

-Meterme en la cama cuando fuera hace un frío que pela y estar calentita. 

-Ir a centros comerciales. 

-Descubrir formas de canalizar la tristeza, los disgustos, las preocupaciones que no sean las lágrimas.

-Bañarme en el mar con bandera verde.

-Elevar la vista y que aparezca un arcoíris.

-Coger en brazos a bebés hijos de amigas, familiares o gente que es importante para mí, aunque no sean ni lo uno ni lo otro.  

-Pasear por la orilla del mar. 

-Ser más ágil con las palabras cuando no me respetan.

-Que los que quiero se hagan fotos conmigo (y no haga falta que las suplique).

-Reírme. 

-Remontar. 

-Pasar más épocas de calma y menos de sobresaltos de todo tipo.

-Un buen guiso de cuchara en invierno.

-Comprar lotería de Navidad en verano (de algún sitio al que haya viajado).

-Volver a sitios que me traen recuerdos estupendos y seguir disfrutando de esos lugares en situaciones muy distintas.

-No visitar en una temporada los hospitales excepto si es por algo positivo.

-Tumbarme a contemplar el firmamento con el cielo despejado, da igual si no es época de Perseidas, allá arriba hay siempre mucho que ver.

-Fotografiar flores.

-Haya junto al Palacio de los jardines de La Granja de San Ildefonso y en general toda la vegetación que hay por allí.

-Los bolis bonitos y de colores, no los típicos.

-El aire acondicionado, torres de aire, ventiladores, abanicos o cualquier invento capaz de refrescarme en los días de más calor.

-Una botella de agua fresquita.

-El vino blanco afrutado.

-Los libros hermosos de forma y contenido.

-Los aseos limpios cuando estoy fuera de casa, especialmente si voy de viaje.

-Que no sean inflexibles.

-Aprovechar el tiempo.

-Que respeten mis miedos.

-Las conversaciones largas que acaban bien.

-Disfrutar de mi tiempo libro.

-La calma.

-Ir en solitario de compras en Navidad.

-Las vacaciones.

-Los silencios que no son incómodos.

-Que me pregunten qué tal me ha ido el día.

-Las personas que no actúan interesadamente.

-Ser constante para lograr algo.




















Imágenes propiedad de Raquel Plaza Juan.

Y como siempre, la música, porque nunca puede faltar.









Otra vez, gracias a los que estáis en mi vida, porque eso quiere decir que tengo un hueco en la vuestra. Y ya puestos, sed todo lo felices que podáis, cuando las circunstancias sean favorables. Ojalá en los momentos duros, os sintáis y estéis acompañados y llevéis de la mejor forma posible las adversidades, porque lo fácil es encajar las alegrías, el viento que sopla a nuestro favor. A veces tarda en hacerlo, pero llega un punto en el que lo hace, la paciencia es clave en esos momentos. Y espero que vuestros anhelos se conviertan en realidades.

Es probable que la personita en la que estoy pensando ahora no lea esta entrada del blog. Tengo la suerte de compartir cumple con varias mujeres estupendas. Una de ellas, una muy especial, es una amiga que no creo que tenga ni pizca de ganas de cumpleaños este año. En la distancia, y ojalá cara a cara, te abrazo con toda la fuerza que puedo y con todo el cariño y apoyo que quizás necesites este cumple. Sabes que te quiero mucho.



miércoles, 29 de julio de 2026

3...Con antelación

El 1 de agosto de este año es la fecha de un aciago aniversario: 3 años de una noche trágica, la noche en que, sin esperarlo, perdí a mi padre.

Sí, papá, es una mierda o un milagro, alcanzar a decir que llevamos tres años sobreviviendo son ti. Duele escribirlo, leerlo, saberlo, sufrirlo. Me cuesta hasta respirar solo de pensarlo. Y no ha habido ni un único día en el que no haya pensado en ti. Da igual si estaba sola o acompañada; triste, alegre, nerviosa, tranquila, preocupada; aburrida o hasta la bandera de trabajo...He tenido días o épocas incluso de estar profundamente cabreada con el mundo, pero no me sirvió ni me sirve de nada, es como darme cabezazos contra un muro, pegar patadas al aire o arrojar piedras al río. Es mantener en el tiempo la sensación de tener una herida abierta, tal vez sea algo más pequeña, lo que pasa es que no cierra, ni creo que lo haga nunca. El duelo tiene un principio, aunque me parece que no existe final, es algo que sigue pese a que el tiempo pase. Da lo mismo si se han pasado las fases del duelo, cada cual las vive a su manera, a su ritmo, y con una intensidad distinta. Y no es cuestión solo de lo que nos pasa, sino de cómo nos pilla eso que nos pasa. También de cómo gestionamos esa tristeza infinita, ese dolor de alma, el corazón hecho pedazos, y los pasos que somos capaces de dar, si es que podemos, para recomponernos un poco o un mucho. Y algo que lo que me duele darme cuenta es que, desde tu fallecimiento, soy más valiente, para muchas cosas, pero muy a mi pesar. Puede deberse a que no me ha quedado otra. Y pongo un ejemplo, parte de esa valentía la he notado cuando alguien a quien quiero ya no tiene una persona a quien quería con cada poro de su piel, ya sea una pérdida reciente o no. Puede que ese aumento de valentía tenga que ver también con comprender mucho más el dolor ajeno ante la pérdida de un ser amado, aunque no soy experta en nada. Y a veces la vida nos sitúa en escenarios en los que jamás habríamos querido imaginarnos, y nos da dos opciones: ignorar o hacer algo para aliviar el dolor de las personas que están a nuestra vera. Desde tu muerte he visitado bastante el tanatorio San Carlos Borromeo, dos velatorios en estos tres años han sido en la misma sala en la que estuviste. Y en ambas ocasiones he tenido que marcharme llorando. Sigue siendo lo primero que miro o de lo que me informo cuando sé que me apetece, aunque no me guste, acompañar a alguien que ha sufrido una pérdida tan dolorosa como la mía. 

A cada cual nos duele lo nuestro, no hay duda, y no poseo ningún aparato capaz de medir ese dolor. Según mi modo de entender el mundo, percibimos nuestro dolor como el más grande, a fin de cuentas, es el que padecemos en primera persona, el que sufrimos en nuestras carnes. Y aunque queramos, nunca vamos a comprender al 100% el dolor de otra persona, por muy empáticos y observadoras que seamos (o nos creamos). 

Y desde que te marchaste la lista de "dolores" provocados por el vacío que nos dejó tu ausencia roza el infinito: ver ropa que ya nunca volverás a poder llevar, tu silla vacía, no poder escuchar tu voz acompañada de tu presencia, tu manera de caminar, no compartir corriendo contigo una buena noticia, no poder celebrar nada con tu compañía, cocinar algo y que tú no vayas a degustarlo, un beso o un abrazo tuyo, estar a tu lado, sin más...Y paro no porque no haya más, sino porque cada uno de los elementos que he añadido a esta lista hacen que me salten las lágrimas, esas que en los "primeros momentos" después de haberte ido, entrecomillo esas dos palabras porque no logro recordar cuánto duraron esas lágrimas imposibles de frenar e inagotables, llegue a temer que nunca se acabaran. No sé ni cómo no me deshidraté. Lo que está claro es que el duelo pasa factura, física y emocional. Creo que sigo pagando intereses, más a nivel físico que emocional. Ojo, la parte emocional no ha sido nada fácil de reconstruir, pero a día de hoy siento que las piezas están recolocadas y eso me permite vivir, que no es moco de pavo. Me permite sonreír, reírme a carcajadas. llorar de alegría, abrazar apretando fuerte, besar con cariño y/o con pasión, esforzarme por dar el máximo en mi trabajo, observar fotos tuyas y esbozar una sonrisa, visitar un sitio en el que tengo excelentes recuerdos contigo y no amargarme ni llorar, sino disfrutarlo más porque incluye una dosis extra de alegría por las vivencias previas contigo...Y con esa actitud, por casualidades de la vida, he vuelto a Benidorm, y he recordado, lo que significa volver a pasar por el corazón, algunos de los muchos momentos felices que vivimos allí. Benidorm, hasta hace unos días, solamente era sinónimo para mí de vacaciones en familia = vacaciones de los 4 (mamá, papá, Míguel y yo). Ahora gana una acepción nueva, "vacaciones con amigas". GRACIAS, MARTA, por todo. De verdad, papá, que si has podido ver cómo ha sucedido todo, ha sido una coincidencia ir de vacaciones allí. No era nuestro plan inicial, pero las circunstancias nos han llevado hasta allí. 

Hacía veintitantos años (no sé cifra exacta), que no veraneaba en Benidorm. Tuvimos hasta fuegos artificiales, está claro que en la Comunidad Valenciana son expertos en pirotecnia y tiraron la casa por la ventana con la pólvora. Iban muy enlazados unos con otros y algunos hacían sonidos algo extraños. Me pareció precioso. Cierto es que está masificado, leímos que en verano septuplica la población que tiene el resto del año. Hay gente a patadas, comiendo, bebiendo, paseando y por todas partes a cualquier hora. Ni idea de cuántas nacionalidades confluyen en este momento en Benidorm. Benidorm es una explosión de color, una mezcla curiosa de muchas circunstancias distintas que dan lugar a un menú de lo más original. He percibido que ya no se aprecia tanto la playa de Levante como la favorita de turistas extranjeros y la de Poniente para el turismo nacional. He visto rascacielos que en la época que andábamos por allí no existían. Lo que pasa es que también he pasado por lugares que me han transportado a momentos muy felices de mi infancia y mi adolescencia, como el parque de Elche, con la fuente que hay al comienzo y una cantidad ingente de palomas revoloteando; el buzón de Correos al que echaba postales para familia y algunas amigas; las playas de Poniente y Levante, el mirador...Y para mí, haber podido regresar a sitios en los que fui enormemente feliz, ha sido un plus a unas vacaciones de amigas en la playa que me apetecían un montón. Claro, la compañía ha sido excelente. Hasta hemos bajado a ver el amanecer desde la playa, asomando entre edificios, ya sabes que el sentido de la orientación no es una de mis virtudes precisamente, pero mereció la pena estar allí. La gente madruga para colocar su sombrilla, su silla y/o poner su toalla en una de las tumbonas azules que gestiona el ayuntamiento (menudo negocio tienen, por cierto). Y pese a que da igual por dónde fuéramos porque había gente en todas partes, parece que, al menos de momento, hay playa para todos. He tardado demasiado en volver, me he alegrado mucho de ser capaz de hacerlo y pasármelo bien, sin penas ni lamentos. Mi suerte es todo lo viví allí hace mucho tiempo y los nuevos buenos recuerdos que me traje en la maleta. Me ha faltado recorrer el camino hasta el Fenicia, actualmente hotel Villa España, y acercarme a pasear por el Rincón de Loix, pero tampoco hace falta revivir todo, ya fue suficiente.




No "celebro" tres años sin ti, para nada. Celebro los 40 rozando los 41 a tu lado, y haber conseguido, aunque sin estar tú, con más o menos éxito, intentar ser feliz y seguir viviendo lo mejor que pueda, y todo eso sí merece ser celebrado. No soy amiga de misas, pero supongo que iré, aunque no quiero, a misa el sábado. No me apetece nada de nada el arañazo extra de dolor que me va a suponer, más que nada porque no la necesito para acordarme de ti. Ya lo hago todos los días y la misa me sobra, me sobra y me duele. Sé que algunos no lo entenderán, pero ya me encargo yo de recordarte a diario. Eso sí, a mí manera. Y no es amarte menos, es amarte de la forma que yo quiero hacerlo, y no como a otros les gustaría, por mucho que les moleste, duela, o no lo entiendan. 

Continúo pensando que además de ser más valiente (con matices, ascensores no gracias, carreteras con curvas y precipicios tampoco), también me he hecho más fuerte, por necesidad, no por gusto. Gracias por el cargamento de fuerza que siento que me envías. Con lo de la paciencia habrá que ponerle más ímpetu, porque la tengo, y es bastante, pero selectiva (según para qué y con quién).

Así que hablo yo, y en nombre de nadie: te echo de menos todos los días y eso nada ni nadie lo puedo cambiar. Agradezco la barbaridad de años de los que sí dispusimos, y sigo recolocando, como puedo, ese amor pendiente que ya no podré darte. Echo mucho de menos cómo me mirabas, porque solo tú me mirabas con amor de padre. Y nada, aquí sigo. como se puede, viviendo y no sobreviviendo, cada día más consciente de que vida solo hay una, y los ingredientes que quiero ver en ella. Una vez más, gracias, PAPÁ.

Con mucho amor, tu hija:

Raquel Plaza Juan

PD: Sí, solo estamos a 29 de julio, pero mi padre era extremadamente puntual, "cagaprisas" para ser más exacto. Y he salido a él, así que, de forma adelantada, no me espero al 1 de agosto, ni falta que hace, y en cuanto he acabado esta entrada del blog, le he dado a "Publicar". Gracias.








Todas las imágenes son propiedad de Raquel Plaza Juan.

lunes, 20 de julio de 2026

Sumando gratitudes

Empecé a escribir estas palabras el 18 de julio, con el móvil, con la idea de rematarla cuando pudiera, y programarla para que viera la luz ya el día 20, por si alguna cosilla os chirría. 

Esta es una de mis fechas marcadas para escribir en el blog, mi opo-aniversario o como queráis denominarlo. Hoy, 20 de julio de 2026, hace 17 años que superé el proceso de concurso-oposición de "Maestros lengua extranjera (Inglés)." Y aquí estoy, sacándole partido a las vacaciones de verano, con una operación familiar en el aire y otras cuestiones importantes que, quizá tengan lugar (ojalá) o no. 


Y sigo sintiéndome muy afortunada, porque poder dedicarme a la docencia es una gran suerte. Eso sí, esto no es un caramelito en dulce, ser maestro es complicadísimo y cada vez se pone más difícil. Difívil incluso el acceso a los estudios, y a medida que avanzas, va dando un giro de tuerca más. Entiendo que haya gente que tire la toalla y se resigne a no trabajar como maestro, aún habiendo estudiado para ello. Desde aquí, me encantaría animar a todos los que entran en la docencia por vocación, a no tirar la toalla, esforzarse, insistir, ser constante y trabajar para que esa oportunidad llegue, de una manera u otra. No hay una forma única de ser maestra. Luchad por vuestros sueños, es el camino para que se hagan realidad. No penséis que os van a allanar el camino o regalar algo, creo que eso solo pasa en contadas ocasiones y a personas muy concretas. 

No logro imaginarme dedicándome a otra cosa. Continúo en Compensatoria por deseo propio, más todavía teniendo ya Santa Marta como nuevo destino definitivo. Me parece que esto me va a quitar presión, pero ni un ápice de ilusión. Puede que ese sea uno de los "secretos", el saber encontrar cada curso motivos para ilusionarse. A veces esas razones son un proyecto, otras tienen nombre y apellidos y otras son "algo", algo que percibes en el ambiente y te hace ilusionarte. Y aunque hay rachas en las que parece que llego incluso a perder la vocación (¡como para tener ilusión!), luego se me pasa y algo hace que en mi interior escuche un click. Si no hubiera existido ese click, con el curso muy avanzado, no habría solicitado la prórroga en Compensatoria. Gracias a los "culpables" de parte del click de este curso, ya seáis del Francisco Salinas o del Venancio Blanco, queriéndolo o no, sois bastante responsables de haber decidido seguir en Compensatoria. No obstante, siempre lo digo y me gustaría mantenerlo, mi decisión no la determina un alumno, un compañero o un alguien. Nunca voy a solicitar la continuidad por estar con una persona, por especial que me parezca. Suelo poner todo en una balanza, y según para qué lado se incline, así decido yo una cosa u otra. Y uso mucho el corazón, pero en mis decisiones la cabeza suele inclinar la balanza.  Además la última decisión es siempre de la administración educativa, dependiendo de las necesidades existentes y de la planificación educativa que ellos tengan en mente. Pero el primer paso, de manifestar el deseo de prorrogar la comisión o no, es mío. Reconozco que en Compensatoria siento que he encontrado mi sitio, aunque no es el único. Mi deseo es retomar la tutoría en algún momento, probablemente dentro de tres cursos, como mucho, según vaya todo. Adoro ser tutora, y me encanta Compensatoria. 

Y ya es oficialmente 20 de julio. Prosigo escribiendo con un ojo en el móvil, y el otro en la pantalla del televisor. Estamos en plena prórroga de la Final del Mundial y ganamos 1-0 a Argentina, ahí es nada. 

En dos ratos de un par de días, me he ventilado "Las gratitudes", un libro de Delphine de Vigan. Una maravilla publicada por Anagrama. Uno de los muchos que me traje en la maleta de vuelta de la Feria del Libro de Madrid de este año. No he tenido el sosiego imprescindible para dedicarle la entrada que siempre se merece. Del libro que menciono, prefiero no desvelar gran cosa. Es un libro breve, se lee de una sentada, y a mí me ha encandilado. Me ha dado mucho en lo que pensar y me ha emocionado. Es de los que tocan las fibras. También he de reconocer que depende de en qué etapa de la vida llegue un libro concreto a nuestras manos, nos impacta más o menos y nos engancha y emociona o ni nos roza. Y "Las gratitudes" ha caído en las mías en un momento idóneo para disfrutarlo, apreciarlo y sufrirlo. Aunque sé de muchas personas muy cercanas que ahora les podría doler leer un libro así. A mí gracias me parece una palabra fantástica, de las que denomino mágicas. La utilizo a menudo pero tal vez no con la frecuencia que se merece. 


Por cierto, somos campeones del mundo. ¡Qué felicidad! Gracias a la selección por hacernos soñar, y por transmitir un sentimiento de unión colo país que ojalá se repitiera en otros ámbitos. Ferrán, gracias por hacer realidad la ilusión de muchos. Y lo digo yo, que no suelo ver el fútbol y me he ido enterando de los nombres de los jugadores a medida que avanzaba el Mundial. Soy muchas cosas, pero futbolera no me considero. No obstante, he disfrutado y sufrido los partidos que he visto, y la final ya ni os cuento. Mención especial para las actuaciones musicales del descanso del partido. Chris Martin, ¡qué grande eres! Y ya tener a BTS sobre el escenario, era una guinda adelantada para el pastel. Muy especial verlos actuar, y un concierto pendiente sin fecha, al que espero tener la oportunidad de asistir. Os dejo un pedacito de la actuación de BTS y el vídeo completo de las actuaciones musicales del descanso del partido, incluyendo la de BTS íntegra. 



Retomando lo de la gratitud, creo que ser agradecido es uno de los pilares que cualquier persona debería tener, en su educación, su escala de valores o llamado "x". 

Por eso, hoy que hace 17 años que superé las oposiciones, agradezco a todos los alumnos que han dejado huella en mí, y son muchos. Y también a todos los compañeros, compañeras mayoritariamente, que han hecho lo propio. A algunas familias, por haber estado y continuar estando en mi vida.  Y a todos los que están cerca de mí y me escuchan, animan y apoyan, cada vez que les cuento algo relacionado con mi "trabajo". Esa noticia la vi en el ordenador teniendo a mi padre a mi vera. Hoy no puedo celebrar este opo-aniversario con su presencia, pero agradezco los casi 41 años, menos 20 días, que sí estuvo muy presente en mi vida. Y eso es una suerte gigantesca, inmensa, que duele porque no es eterna pero, mirado con distancia, es un privilegio que muchos otros, tristemente, no tuvieron. 

No voy a citar, esta vez, mi periplo por centros educativos y localidades. Todos, sin excepción, me enseñaron algo. Algunos son fáciles de recordar y unos pocos, muy pocos, mejor dejarlos en el olvido. Pero si no hubiera pasado por todos ellos, sería una maestra distinta, ni mejor ni peor, pero diferente. Me gusta la maestra que soy ahora, y consciente de mi imperfección, sé dónde he de limar y qué puedo mejorar. 

Ojalá seguir celebrando este opo-aniversario y cualquier cuestión que sea sinónimo de felicidad. Al final, es saber cómo celebrar la vida, y a quiénes queremos a nuestro lado, para las celebraciones y para los días amargos, porque también los hay. 
 
Gracias por estar presentes. Y gracias a todos los que habéis esbozado una sonrisa en algún momento de la lectura de esta entrada. 

17, sí, ni más ni menos. Y con ilusión. GRACIAS. 


miércoles, 24 de junio de 2026

REPETIR. NOCHE DE SAN JUAN

Repetir es una palabra que, según el contexto del que se trate, puede tener connotaciones positivas o negativas. Tradicionalmente, en el escolar, suele verse como algo negativo. En mi caso, es sinónimo de FELICIDAD, así, tal cual.

Estoy feliz de repetir destino, pese a haberme quejado por el hecho de ser compartido, por el extra de cansancio y esfuerzo que conlleva. Pero soy yo la que pidió una plaza compartida, habiendo podido elegir otras no compartidas. Y hay que apechugar con las decisiones que se toman. Así que sí, REPITO, y contentísima que así sea. Repito destino, seguiré el próximo curso en los IES Francisco Salinas y Venancio Blanco. El lunes, como ya plasmé en el blog, fue un día plagado de emoción, y precioso. Ayer martes, también.

Por la tarde, esperando nuestro turno para una sesión de evaluación, comentaba con algunos compañeros cómo llegué a Compensatoria. Fue cosa del destino, tratando de evitar algo que no me gustaba nada ni me hacía feliz, de rebote, sin saber muy bien de qué iba la película, fui a parar a Compensatoria. Y esta historia dura ya 10 cursos no consecutivos, y tendrá al menos un undécimo. Y sigo en ella porque así lo siento. Y de esos 10, 7 han tenido lugar en institutos, un tipo de centro educativo en el que jamás pensé que yo, siendo maestra, iba a aterrizar en ningún momento. ¡Qué suerte la mía! Me alegro una barbaridad de haber conocido realidades educativas tan distintas (y las que me quedan por conocer).

Gracias Ana, amiga PT, por darme la buena nueva. Gracias Paula, maestra y antigua alumna mía, por enviármelo también un poco después. Llevaba toda la mañana con el móvil cerca y actualizando la web cada dos por tres, algo me decía que el martes, 23 de junio, era el día de publicar las prórrogas. Y acerté. Camino del baño miré el móvil y me sorprendió, para bien, la noticia. Di media vuelta y fui directita al Aula Abierta, no sin antes cerciorarme que a la compi, Susana, con la que he compartido más tiempo en Aula Abierta, también se la habían concedido. Como en prórrogas no concedidas solo había dos nombres, deduje que mi compañera del Salinas, María Jesús, también seguía. Así que felicidad por triplicado. 

La verdad es que aparecí ya emocionada perdida, y no atinaba muy bien a decirle a Susana que volvíamos, que nos habían confirmado a ambas, que acababa de verlo y comprobarlo (por si las moscas, porque la emoción puede ser muy traicionera). No recuerdo las palabras exactas que dije porque estaba sobrepasada y me parece que hasta me temblaba la voz ¡Qué felicidad! Susana y María Jesús, me encanta que las tres hayamos corrido la misma suerte. Con la emoción se me quitaron incluso las ganas de orinar. 

Tuve pocos minutos para avisar a compañeras/os del Venancio, porque debía irme pitando al Salinas. De camino a la salida, una alumna se acercó a darme un abrazo, y ya le dije que acababa de enterarme y sabía que el curso siguiente seguiría estando allí. Su reacción fue, simplemente, maravillosa. 

En el Francisco Salinas, continuaba mi felicidad. Avisé a los que veía como buenamente pude. De mi grupo de Compensatoria de 1º solo vinieron cuatro alumnas. Y no tardé ni tres minutos en decirles que volveríamos a coincidir. Y eso, también fue de lo mejorcito de mi día, la reacción de las alumnas, de mis alumnas.

Por eso, esta entrada del blog va para todos los chicos y chicas, la mayoría en plena adolescencia, con los que he tenido docencia directa este curso, en el caso del IES Venancio Blanco, o el pasado y/o este, si me refiero al Salinas. Sin apellidos, he pensado en los que han dado mucha guerra, en aquellos que se han esforzado, en los que se han portado fenomenal, en los que se han aficionado a pirarse, en los que han contribuido al buen ambiente en las clases, en los que con su conducta han intentado que todo saltara por los aires, en los que me han demostrado su cariño, en los que han ignorado lo que les decía, en los que han pasado de todo, en los que se han implicado, en los que han tenido una actitud infantil, en los que han demostrado una madurez admirable, en los que sé que se alegran de seguir coincidiendo conmigo, en aquellos que quizás no les haga mucha gracia volver a compartir clases conmigo...

Por eso, del IES Francisco Salinas he pensado en mi alumnado de 1ºESO: Abigail, Alan, César, Danna, Emily, Jhoyn, Layla, René, Vanessa, Victoria y Yasmín. Los de ALISO: Buba, Loubna, Lucas, Mohamed, Sissoko y Sonia. También en los cuatro de segundo: David, Erick, Hamza y Kimberly.

Y como es tardísimo y son las tantas, del IES Venancio Blanco, al tratarse de Aula Abierta, y allí van chicos y chicas desde 1º a 4º ESO, lo pongo a modo de popurrí:

Freider, Zakaria, Adam, Jahaira, Stephani, Jerson, Marlon, Gabriel, Oleksandr, Valentina, Deny, Majd, Salwa, Kevin, Osmely, Sergio y Dereck. Con un par de ellos no he tenido docencia directa, pero sí he hablado bastante, y me apetecía incluirlos. 

Finalizadas las evaluaciones de ambos destinos, sé que a unos cuantos, si todo va bien, no los veremos en nuestras aulas el próximo curso, sino en alguna de FP básica de otro instituto. Voy a echarlos mucho de menos pero, espero que entren en los estudios que quieren...y no los abandonen. Y si alguno no consiguiera entrar, debido a que según qué ciclos hay más demanda que oferta, los recibiremos nuevamente en nuestros centros, mis centros.

Gracias inmensas a todos los compañeros y compañeros-amigos que se han alegrado al enterarse de mi permanencia un año más, fueran del Venancio o del Salinas.

Gracias a los míos, entre los que se encuentran mis amigos de fuera del trabajo, unos cuantos dedicados a la docencia también; mi familia (Papá incluido, sé que desde donde sea que estés, estarías feliz también); y, por supuesto, mi pareja. Esto hay que celebrarlo, porque la vida ya nos pone a prueba cada día. Y a medida que sumamos velitas a la tarta, cada vez más duras, como para no disfrutar cada instante de felicidad con cada poro de nuestra piel. Sí, me puse intensa...¿y qué?

La nota musical solo podía ser de Vetusta Morla. A todos, Feliz y mágica Noche de San Juan. No dejéis de pedir deseos y luchar por vuestros proyectos personales y de otros ámbitos. Pero, por encima de todo...¡SALUD! (Brindemos por la vida)


lunes, 22 de junio de 2026

Incógnitas. Abrazos. Lágrimas. Sonrisas.

Era hoy un día repleto de incógnitas. Acudir al instituto, Venancio Blanco (los lunes estoy allí toda la jornada), sin saber a ciencia cierta, cuántos alumnos iban a hacer acto de presencia. Lo siento, pero esto son cosas de instituto que no alcanzo a comprender, y no me gustan. Primera sesión: pleno, 3 de 3. Para más inri, una de mis alumnas, "la alegría de la huerta", estaba esperándome en el hall del instituto bien temprano (la avisé del detallito que teníamos listo para todos los de Aula Abierta y la invité a pasarse por allí cuando pudiera). Los que me lean pueden pensar que mejor para mí si no iban...pero no. A día de hoy sigo sin saber si seguiré en los mismos centros educativos el próximo curso. Y rara que debe ser una, uno de mis mayores fastidios de esta incertidumbre es despedirme sin saber hasta cuándo. Soy consciente de algo, aunque yo siga en los mismos institutos, bastantes alumnos están o serán propuestos para una FP básica, por lo que no coincidiría con ellos en las aulas. Otros, pese a ser propuestos, puede que no entren, por tener 14 para cumplir 15 o 15 recién cumplidos. Así que, ante la duda, he decidido no guardarme nada importante dentro que les quisiera decir. Y me ha costado lágrimas, algunas en mi casa, otras en la propio Aula Abierta. Pero no me arrepiento de haber compartido con ellos tantas vivencias.

Es uno de los puntos fuertes del Aula Abierta, el trato tan próximo con el alumnado, el buen ambiente que hemos disfrutado en ella, el tiempo vivido con compañeros de Secundaria, las sesiones compartidas entre maestras, de Compensatoria, pero también de Pedagogía Terapéutica...Así que, ¡que me quiten lo "bailao"! Y benditas las lágrimas de esta mañana y de las semanas anteriores. Y benditos los abrazos dados y recibidos hoy. Y las conversaciones entrecortadas, la emoción compartida y las miradas entre unos y otros. Y también las palabras, porque lo de hoy no ha sido unidireccional, y eso es un tesoro. He tenido chicos y chicas muy especiales en Aula Abierta, y eso cala, acaricia las entrañas y deja huella. 

Esta mañana les entregamos un detalle a cada alumno del Aula Abierta, y a cada profe que vino a la fotografía grupal de hace una semana. Si sigo, ojalá sí, prometo plantear la fotografía de profes, maestras y alumnado con más tiempo, para que puedan venir todos o casi todos. La verdad ha sido precioso ver la reacción de cada uno, incluso la emoción de quien menos me lo esperaba. Me ha encantado. El tiempo dedicado ha merecido la pena. 

Dicho lo anterior, me temo que mañana no va a aparecer ninguno de los del Venancio. Puedo equivocarme, pero no creo, nos lo han dicho. A mí no me hace ni pizca de gracia, pero no voy a ir a buscar a nadie a su casa. Al menos agradezco que hayan sido sinceros y nos lo hayan dicho, porque así hemos tenido la oportunidad de despedirnos, en condiciones. Y eso sí me apetecía.

Mañana le toca el turno al IES Francisco Salinas, entendí que hoy fueron pocos, pero me da que mañana van a ir más, aunque sea por ir contracorriente. Ya veremos. Estuve planificando lo que hacer con el alumnado de ambos buena parte del fin de semana, a lo mejor he perdido el tiempo. Lo que pasa es que, ante la duda, prefiero llevar las cosas preparadas.

En unas horas saldré de dudas. La primera, si alguien del Venancio va (lo dudo mucho); la segunda, cuántos de mis alumnos del Salinas aparecen por allí.

En cualquier caso, hoy no sé ni cómo he podido meterme en el coche, volviendo tan llenita de amor por todos lados. Gracias, eso no cambia pueda continuar o no. Gracias especiales a los que habéis confiado en mí, eso no me lo quita nadie, ni nada lo va a cambiar, pase lo que pase.

Así que, en resumen, una mañana especial, la mire por donde la mire. ¡Qué suerte la mía! 

Y estoy convencida de algo: al final, el tiempo deja que sigan en nuestras vidas las personas que de verdad valen la pena. A mí, este curso me ha puesto en el camino o reencontrado con algunas personas maravillosas. Y eso, queridos lectores, no hay sueldo que lo pague.


PELLIZCOS

Hace una semana estaba de funeral. Falleció un vecino de mi edificio de los que llevaba viviendo aquí desde que tengo uso de razón. Además mis primeros 10 o 12 años de vida vivimos puerta con puerta. Tenía dos años menos que mi padre. Mi vecino llevaba ya unos años enfermo, da igual desde cuándo, da igual de qué. Omito los datos que me parece por respeto a su familia. Era muy buena persona, de los que siempre saludan, capaces de arrancarte una sonrisa, y si te preguntaba algo se interesaba por la respuesta. Su hija intervino en la ceremonia, con una entereza que a mí me abrumó. Habló por él y por ella, y su madre y hermano. Sus palabras resonaron en la iglesia, como un arcoíris es capaz de llenar de colores el cielo más gris. He asistido, tristemente a unos cuantos funerales en lo que llevo de vida, a los que habré de añadir unos cuantos más todavía. Y puedo afirmar que este fue uno de los más hermosos, dentro del dolor reinante por la ausencia del que acaba de marcharse. Lloré como un bebé desconsolado. Me pareció un momento muy emotivo. Y me importa un bledo si me repito como las lentejas, no hablamos suficiente de la muerte. Mi impresión es que nos cuesta integrar a la muerte como parte de la vida, lo contemplemos como un final o no. Pero insisto y continuaré haciendo lo propio, porque hay que gritar un ¡hasta aquí! a pleno pulmón. Está en nuestros manos hablar más de lo que nos duele tanto. Hablar más de la pérdida de los más cercanos, los que más nos pellizcan el corazón cuando se van de este mundo. Se trate de familiares o amigos, la muerte necesita su espacio. El duelo necesita su espacio y su tiempo. Y todos, sin excepción, por valientes que nos hagamos, necesitamos ese hombro en el que llorar, el abrazo sin preguntas y la conversación sin palabras. Necesitamos que los que nos quieren "estén" aunque no los llamemos, porque saber que están a veces basta. Siempre que voy a un velatorio y/o funeral, una parte de mí revive los de mi padre. Esas dos eternas noches de velatorio y el entierro que le siguió. Y si son en el Borromeo, mucho más. No puedo evitar mirar rápidamente en la esquela en qué sala se encuentra la persona fallecida y los que lo acompañan, y algo dentro de mí se tranquiliza al ver un número diferente al 9. Es el segundo funeral al que voy allí desde el de mi padre. El primero fue en septiembre del año pasado y casi me salgo del ahogo que sentía. Literalmente, era incapaz de respirar, como si tuviera algo obstruyendo mi garganta y no pudiera pasar el aire por ningún punto. Este fue mucho más llevadero, pese a las lágrimas por el fallecido (fue ver la esquela en mi portal el domingo y subir llorando a casa) y también por rememorar el más doloroso que he vivido. Una amiga me comentó que me costaría estar allí porque el de mi padre, fue en el mismo lugar. Ya le dije que nada tiene que ver estar sentada donde estaba el lunes pasado a ocupar la primera fila junto al féretro. Por una parte soy muy sensible, por otra a veces desconozco de dónde narices saco determinada fortaleza. A mi edad, y sigo sorprendiéndome de mí misma. 

Habiendo empezado así la semana anterior, cualquiera pensaría que ya todo era mejorar, pero no. La semana fue intensa a todos los niveles, laboralmente hablando, y en el plano personal, igual o incluso más. Mucha emoción por todas partes. Algo de rabia y frustración también. Agotamiento mental y físico. Mi "amiga" la ciática tiene ganas de jarana y ha decidido despedir a mi lado el curso. Y un sinfín de cuestiones que prefiero no enumerar.

No todo fueron noticias negativas. De fondo, mucha emoción, muchos lazos compartidos, algunos que he sabido reconocer poco antes de despedir el curso académico, pero agradezco que existan. Y ojalá siga con ellos el 2026-27.

De ahí lo de "pellizcos" del título. Si volviera a nacer, quiero tener la gente con la que puedo contar en mi vida. En los que pienso, de los que primero me acuerdo, a los que escribo, llamo o lo que se tercie cuando me pasa algo bueno, y también con los que puedo abrirme en canal cuando lo necesito. O llorar y sentirme acompañada aunque no me digan ni pío. Pero sentir que mis lágrimas no son ignoradas, que están ahí y brotan por algo. Esas personas son las mismas y no son demasiadas, y mi suerte es saber que cuento con ellas. Ojalá sea lo suficientemente clara, quiero pensar que lo soy, para que ellas sepan que pueden contar conmigo siempre que lo necesiten. 

Y ya. Cuidar a la gente, no siempre es sencillo, pero hace falta. Hago lo que puedo con "los míos".  Buena tarde todos y ánimo con lo que la vida os trae.