sábado, 14 de febrero de 2026

CREO

Creo en el amor, porque soy así. No concibo un mundo sin amor. Como un guiso laborioso, esta entrada se ha cocinado a fuego lento, sin prisas. La dejo programada para que vea la luz cuando sea, oficialmente, 14 de febrero. Y aunque de unos años para acá han querido transformar este día en "El día del amor y la amistad", mi enfoque aquí se reduce al amor romántico, al de pareja. De la amistad ya hablo a menudo, porque es...¡tan necesaria!, pero este San Valentín he querido centrarme, únicamente en el romántico.

Que conste que no he buscado la palabra "amor" en la RAE ni nada que se le parezca. Solo es mi versión del amor, puede que sea verdad o no, es mi verdad, lo que es y/o me gustaría que fuera.

Creo que el amor es libre. Libre porque nadie puede obligarte a estar con alguien, y tú eliges en libertad a esa persona. Y esa persona te ha elegido a ti. Y no es fácil coincidir en este mundo. Creo que la libertad en el amor también es espacio, no creo en parejas abiertas, poliamor ni cosas parecidas, pero sí veo necesario e importantísimo, que cada persona en la pareja pueda estar con sus amigos sin necesidad de estar siempre con su pareja al lado. No es lo mismo ser pareja que siameses.

Creo que el amor, por ser libre, nunca debería cortar las alas de la persona con la que estamos ni las propias. Y eso implica disfrutar viendo cómo vuela, cómo volamos a su lado, cómo crecemos con esa persona.

Creo que el amor es sincero, lo que no quita que se puedan decir las cosas con tacto, sopesando si al que las escucha van a hacerle daño o no. Y suavizar lo que decimos no es cambiarlo, pero es preocuparnos por el bienestar emocional de esa persona. Es tener responsabilidad afectiva, y cuidar eso que llamamos amor.  Creo que a veces el amor es silencio, porque callar puede ser bueno en según qué situaciones, y no es necesario decirlo todo, excepto si lo que decidimos guardarnos nos hace daño. Creo que ese silencio que en ocasiones es el amor puede traducirse en hablar con la mirada, en dos pares de ojos que se miran y se tratan con ternura, y son capaces de comunicarse sin decir ni pío. Creo que ese silencio puede ser agarrar fuerte la mano de la persona amada, o abrazarse sin decir ni una palabra, pero hacerlo fuerte, para recordarle al otro que lo amamos, y lo queremos cerca, con y sin palabras.

Creo que el amor es fidelidad, es lealtad. Es no traicionar los sentimientos de la otra persona. Y a la vez serle fiel a uno mismo.

Creo que el amor es valorar a quien tenemos a nuestra vera, sentir que es especial, al menos a nuestros ojos, y contribuir a que se sienta todavía más. Creo que el amor es celebrar y disfrutar cada alegría de nuestra pareja como si fuera propia.

Creo que el amor es conocer los anhelos del otro y ayudarle a hacerlos realidad. Y, cuando no se pueda, al menos estar pendiente de él/ella y permanecer a su lado, respetando los proyectos de cada uno, que no excluyen sino incluyen, siempre y cuando queramos que así sea.

Creo que el amor es conocer el pasado de la otra persona, y tratarlo con mimo y respeto máximos. Sin el pasado no seríamos lo que somos en el presente. No es olvidar, es recordar sin que paralice, limite o amargue. Es esbozar una sonrisa por todo lo positivo de otros periodos de nuestra vida y valorar lo hermoso de volver a vivir enamorado. 

Creo que el amor es celebrar el tiempo, el tiempo compartido y el tiempo que se va sumando como pareja, independientemente de relaciones anteriores o de que deparará el futuro, es celebrar el "ahora" teniendo presentes la parte del camino que ya llevamos recorrido juntos.

Creo que el amor es estar en los momentos "jodidos" junto a la otra persona, sean temas de salud o de otros ámbitos. Es estar, hacer saber y demostrar a la otra persona que puede contar contigo, aun cuando esa persona o uno mismo hay días en los que no se aguanta ni él por el malestar que tiene. Creo que el amor es muy sencillo cuando no toca lidiar con situaciones complicadas, porque en las alegrías es mucho más fácil que todo salga a pedir de boca.

Creo que el amor es dejar ser al otro como es, siempre que exista un respeto mutuo y una actitud empática por ambas partes. 

Creo que el amor es pensar en el otro sin olvidarse de uno mismo, con todo lo que eso implica.

Creo que el amor está en los detalles, en los materiales y en los no materiales, en esas palabras agradables que a casi cualquiera le apetece escuchar y, se agradecen más cuando más hundidos estamos (o nos parece).

Creo que el amor es equilibrio, es ceder uno una vez y otro a la siguiente. Me parece que debe ser algo compensado en el que cada cual tiene que tener espacio para él mismo y para sus aficiones. Y a lo mejor mañana acompaño a mi pareja a algo que tal vez no iría si no fuera porque sé que para él es importante; y otro día es al revés. 

Creo que el amor, como ya puse hace unos cuantos "San Valentines", a veces escribe con faltas de ortografía. Porque el amor no es perfecto, perdería parte de su valor si lo fuera. Y eso está bien.

Creo que el amor es sentirse afortunado y orgulloso por tener la pareja que tienes, valorar el trabajo que es capaz de hacer y la parte humana que tiene. Porque si no crees firmemente en la belleza del ser humano que tienes a tu lado, eso no es amor, o dista de serlo.

Creo que el amor es asumir que el otro no es perfecto, y recordar que tú tampoco, de hecho nadie lo es. Creo que el amor es amar a alguien con todo, sus virtudes y defectos. Seguramente algunos puedan desaparecer, otros no. Pero quizás aparezcan más cosas que no te gusten con el paso del tiempo (no me refiero al físico) y otras nuevas que descubras, porque nunca se conoce del todo a nadie.

Creo que el amor es conexión, en muchos sentidos. Conexión física, atracción, pero también emocional.

Creo que el amor es confianza, poder tratar cualquier tema sin temor al qué dirá o qué pensará, aun sabiendo que no siempre en el amor se puede estar de acuerdo, y eso ni tiene porque ser algo malo. Confianza porque sientes que puedes compartir con él lo que sea que te ronde la cabeza y te quite el sueño. O cualquier vivencia o información que no te abres a contarle a nadie o casi nadie.

Creo que el amor es seguridad, sentir compromiso por la otra parte, transmitir calma al de al lado, hacerle sentir protegido, valorado, feliz, cuidado, especial, escuchado, respetado, visible...amado.

Creo que el amor es cuidar, "estar pendiente", y eso cuesta mucho esfuerzo, pero ahí reside parte del poder del amor.

Creo que el amor tiene tantas formas como colores existen en el mundo. Y cada uno lo ve a su manera lo entiende a su manera y lo vive a su manera.

Creo que el amor es perdonar y pedir perdón. Y es maravilloso tener la capacidad de ambas, y complicado darse siempre cuenta de cuándo uno u otro hacen falta.

Creo que el amor es un respeto profundo a lo que la otra persona siente y la intensidad con la que lo siente. Es no quitarle importancia a sus lágrimas ni menospreciar sus preocupaciones. Es respetar que cada cual se exprese como sepa y ayudarle a crecer a cualquier nivel. Y a veces el amor es mentir, decirle que todo va a estar bien aunque dudes, pero sabes que esa persona necesita esas palabras de aliento. Porque no siempre tenemos la seguridad de que las cosas van a salir como nos gustaría, pero la paz que transmite alguien que te ama y te respalda puede mover montañas y apartar muchos nubarrones.

Y no sé si con el tiempo añadiría más palabras o esta entrada menguaría. Sé lo que creo a día de hoy y no me importa compartirlo, al menos no a grandes rasgos claro. Cada línea de esta entrada es una rama del árbol del amor, y es un árbol de hoja perenne, que no se queda pelado de un plumazo, sino que va cambiando sus hojas poco a poco. Esta es mi visión del amor romántico, o más bien una síntesis de la misma.

A mí el 14 de febrero me parece una excusa más, una excusa maravillosa, para celebrar el amor de alguna forma, igual que deberíamos celebrarlo cualquier día de cualquier mes. Si de por sí soy muy musical, esta entrada pide a gratis canciones, y voy a daros una ración de ellas, para que festejéis musicalmente el amor.

¡Ah! Que te quiero un montón, y lo sabes, aunque no te lo diga o lo demuestre a diario. Que no se te olvide Jorge, si vienen más vientos huracanados, nos agarramos fuerte de la mano...¡Y listo!

¡Feliz San Valentín a todos!












domingo, 8 de febrero de 2026

¡Qué barbaridad!

Me siento ante la pantalla de mi portátil con muchas ganas de escribir y sin saber muy bien por dónde empezar. Tiendo bastante a hacer entradas tipo "popurrí" con una variedad de temas, como la vida misma.

Digamos que 2026 se me está haciendo largo. 2025 fue intenso y algo o muy abrupto. Enero rozó lo eterno. Las tarjetas de Navidad siguen guardadas. No he escrito ni una. Algunas están por rematar y otras solo en mi cabeza. No sé si llegaré a enviarlas. En plan chungo decía que a lo mejor llegaban para Carnaval. Al paso que voy ni para Semana Santa. No hay ganas. No se dan las circunstancias. Hay cosas que se me dan muy bien, y otras rematadamente mal. No soy buena mintiendo. Paso de fingir y poner cosas que no son, de llenarlas de palabras bonitas pero que suenen huecas. De ver las cosas de un color que ahora no alcanzo a ver. Lo dicho, ya veremos si pasan por Correos o se van a la basura. No quiero castigarlas al olvido. Ya veré qué hago con ellas, ahora mi cabeza está rellena de mil cuestiones más importantes.

Hace días, pongamos unos diez, tal vez sean más, me crucé con un ex alumno de un cole. Da igual el nombre del cole y del alumno. El caso es que no es la primera vez que me pasa. Él iba ausente, escuchando música. Me limité a decir "Hola" alto y claro. Me miró con extrañeza, desde el 2017-2018 ha llovido mucho. Se paró, saludé nuevamente pero añadí su nombre. Y ya le dije, "¿no te acuerdas de mí, verdad?".  Y me dio la razón. Le refresqué la memoria y estuvimos hablando unos minutos. Os prometo que si hubiera hecho predicciones sobre el futuro de mis alumnos, por este no habría apostado nada. Nada de nada. Se negaba a trabajar, no hacía los deberes nunca, no estudiaba, y en clase parecía que le costaba hasta agarrar el lápiz. Y ahí estaba él, como un tortazo de realidad, recordándome que hay veces en las que no acierto con lo que pienso en mi interior, y me alegre de haberme equivocado tanto. Cuando fue mi alumno, estaba en 5º de Primaria, era un niño. Por supuesto que me encontré un hombre, pero la cara lo delataba, sabía que era él. Daba igual escuchar una voz totalmente distinta y ver un cuerpo de adulto. Esbozó una sonrisa y seguía siendo él. Está en el segundo curso de una FP de grado superior. ¡Qué bien está confundirse a veces! No pude disimular mi alegría. Le dije que me alegraba un montón de lo que me contaba y de haberme cruzado con él. Ojalá todo le vaya fenomenal. Fue un bálsamo encontrarme con él. Ser maestra de Compensatoria es complicado, más de lo que muchos creen. No ven más allá de lo evidente, estoy en Salamanca capital aunque mi destino definitivo esté en Peñaranda. Pero los cercanos sí se dan cuenta del precio que pago. Es desesperanzador cómo vienen las nuevas generaciones, la escasa o inexistente capacidad de escucha, la poca humanidad que gran parte de ellos demuestran, actitudes irrespetuosas continuas y sin justificación alguna. De verdad que los resultados académicos pasan a un tercer plano. De hecho desde que me estrené como maestra de Compensatoria relativicé la parte académica. A partir de ahí empezó a tener más relevancia la parte personal, el bienestar emocional de mis alumnos. Sigo siendo una docente exigente, suelo decir que exijo en la medida en la que doy. Reconozco que este curso se deben estar juntando muchos factores, y puede que sean el motivo para lo cuesta arriba que todo se me está haciendo. Reflexiono mucho sobre lo que hago, aquello que funciona, lo que no, y cómo puedo actuar de otra forma distinta. Pero hay momentos en los que siento que no me quedan muchas más teclas por tocar. Luego veo a alumnos como el que os he comentado antes y me repito a mí misma que sigue mereciendo la pena el esfuerzo. No se trata solo de estar en Salamanca capital, me gusta Compensatoria. Lo que no quita que sea especialmente complejo hacer lo que hago o intento hacer. No quiero las cosas a cualquier precio. No todo vale. Si veo algo naranja no pienso decir que es amarillo, por mucho que me insistan, aunque eso pueda ser como tirar piedras contra mi propio tejado. Apechugo con las decisiones que tomo y procuro que sean coherentes, lo entiendan otros o no. Para mí es importante tener la conciencia tranquila.

Por eso me aferro a la parte positiva, a los que sí, a las personas que sí, que sí se esfuerzan, que lo intentan (lo consigan o no), que sí ven más allá de sus narices y son capaces de empatizar. A las que son coherentes y no dicen una cosa pero hacen la contraria. A aquellos que aportan, que están dispuestos a sumar y no restan. Y a mis alumnos se lo repito bastante, algo estamos haciendo mal...T-O-D-O-S. Sería muy injusto cargar sobre sus hombros toda la culpa. Tampoco me parecería de recibo echárnosla toda a los docentes, ni a las familias. Es una combinación de factores, una mezcla explosiva. Y nos está explotando en la cara. Si me dicen que imagine cómo será la educación dentro de 10 años, no sé si acertaría. El rumbo no lo veo claro. y lo de remar juntos es bastante utópico. Ojalá me confunda y alguien sea capaz de agarrar con fuerza el timón, y hacer que el barco llegue a buen puerto y no parezca que va a la deriva. Muchos días siento que me doy contra un muro. Y a medida que el tiempo avanza, el muro no se derriba ni mengua, sino que da la sensación de hacerse más alto.

A ver si esta semana veo las cosas con más claridad y lo que está a mi alrededor acompaña. 

El otro día, no recuerdo ni por qué, me puse a pensar en las amigas que con cierta frecuencia me dicen "guapa". Conté cinco, con nombres y apellidos. Seguramente algunas veces me lo habrán dicho días en los que yo no me veo así, desgraciadamente algo que sucede mucho. No hay nadie en este mundo que sea más duro conmigo de lo que yo misma soy. Y no lo reduzco a la parte física, sino a toda yo. No sé si cinco son muchas o pocas, algunas no recuerdo que me lo hayan dicho nunca. Es lo que hay. Sus motivos tendrán. No soy de pagar con la misma moneda. Si veo a alguien que lleva algo que le favorece, o es guapo/a, se lo digo. No se me caen los anillos ni actúo así para recibir lo mismo. Me comporto así porque me nace. Me maquillo porque me gusta. Voy a la peluquería porque la operación "raíces" es fundamental (para mí) una vez al mes, y es bueno para mi salud mental verme mejor físicamente. Aunque de vez en cuando agradecería alguna caricia emocional más. Alguna palabra bonita. No soy de preguntar si a otros les gusta mi peinado o cómo voy maquillada. Hay días en los que me levanto y me veo guapa y otros que veo cara de acelga y no lo siento igual. He llegado a la conclusión, errónea quizás, que la gente es poco detallista y todavía menos empática.  Soy muy detallista, a muchos niveles, y algo que siempre me ha parecido una virtud, una cualidad positiva, ratos empieza a parecerme un defecto...¡Manda narices! Como veis, 2026 se me está haciendo largo.


He de reconocer que aunque todavía no la conozco en persona, y en un par de días hace su primer mes de vida, Lara es una de mis dos mejores noticias en lo que va de 2026. Bienvenida al mundo, Lara. Segunda hija de una amiga del gremio docente, Cris. Bebé que va a contar con una maravillosa hermana mayor, Triana. Y ya cuenta con unos papás que la quieren con locura. Sea la semana que viene o la que va después, deseando conocerte Lara. Los rayos de sol brillan más cuando son sinónimo de una nueva vida. 

Tengo muchas ganas de viajar, pero no me apetece hacerlo sola. Si no fuera por la situación de algunos ríos, y por una razón personal, me encantaría pasar los Carnavales en Córdoba, pero no va a ser posible. Al menos no en los de 2026. El año pasado tuve que anular ese viaje, pero estaba muy reciente una operación familiar y no era correcto ni prudente irme de escapada a ninguna parte. Ojalá estos sí pueda, podamos, me conformo con el fin de semana, aunque en mis sueños me iría los cuatro días, de cabeza, a alguna parte en la que el clima sea agradable y los ríos no se desborden. Ya veremos...No me gustaría quedarme con las ganas. Sé lo que pasa, que luego las circunstancias varían, y lo que el próximo fin de semana puede ser realidad, en dos se puede tornar imposible. La vida pasa, vuela, aprieta, y hoy estoy aquí pero mucho más allá no sé ni cómo, ni nada. Faltan certezas, falta seguridad, no me faltan sueños ni ilusión.

Y con este caldo, de estar bastante harta de muchos temas, es inevitable seguir teniendo presente a mi padre. Esta tarde, en una serie de Netflix que estoy próxima a finalizar, dos mujeres hablaban sobre un personaje principal, fallecido solo hace un par de capítulos: "Es difícil estar sin él, ¿verdad?". Y la otra persona respondía: "Es todo el espacio en el que no está." Y...¡cuánta razón! Su silla, en la que casi nunca nos sentamos ninguno. Su lado de la cama. Su sitio en el sofá, que sí ocupamos pero sigue siendo el suyo. Un banco de mi barrio, donde todavía me parece verlo. Las calles en las que se paraba a charlar con algún amigo o conocido. Las fotos de celebraciones en las que ya no puede aparecer. La parte de mi vida que vieron sus ojos y he perdido. Hasta ir a hacer la compra puede ser doloroso. Que sí, que la vida sigue y mil paparruchas más, pero sin él no sigue igual, sigo como puedo, y me parece que me equivoco más de lo que acierto, por mucho que yo sea independiente y haya tomado mis decisiones yo misma, al menos aquellas en las que ya me veía como una adulta. Y de eso desde luego que no me arrepiento. 

Últimamente mis semanas son un deseo de llegar al fin de semana. Y cuando este acaba siento que no lo he aprovechado lo suficiente. Por un lado necesito descansar, por otra parte necesito socializar más, quiero estar más tiempo principalmente con mi pareja, y no sé. Quiero viajar, es un deseo pero una necesidad también. Las oportunidades hay que aprovecharlas, tal vez lo que hoy pueda permitirme en unos meses no sea razonable. Por eso no me apetece esperar. No sé qué me depara el futuro, sí lo que me gustaría que me deparase; pero soy consciente de lo que sí puedo hacer en mi ahora. Y me siento afortunada.  Llevo mucho llorado en este mes y poco de 2026, pero también ha habido momentos felices. 

En mi cabeza no me daba cuenta que no me sentaba a escribir una entrada del blog desde que estrenamos enero. Una auténtica barbaridad.  Puede que se repita, ojalá no. Ojalá mis silencios en este rinconcito no duren tanto.

Os deseo a todos un buen comienzo de semana. A ver si el lunes es menos lunes. A ver si no nos convertimos en ranas (como dice una amiga) con tanta lluvia. Y soy de lluvia, aunque no tan constante, es ya un soberano aburrimiento. Se complica hasta ir al trabajo en coche. En Salamanca cuando llueve, diluvie o sea chirimiri, coge el coche hasta el gato. No tengo pruebas, tampoco dudas.

Y como queda mucho de febrero y de 2026 ya ni os cuento, voy a pensar que va a ser un año majete y se va a ir enderezando. Cruzo los dedos. Buen lunes, queridos lectores. Y gracias por la paciencia y por seguir leyendo este blog.




jueves, 1 de enero de 2026

1 de enero de 2026


No son fechas fáciles, me refiero a las "navidades". Ha empezado 2026 y estreno las entradas de este año el primer día. Prefiero escribir aquí, porque los que me leéis desde hace un tiempo (más de dos años), sabéis que desde que mi padre murió, ha sido muy frecuente que lo nombrara en las entradas y/o escribiera sobre el duelo/la muerte aquí. ¿Por qué? Porque a mí me servía, no quiere decir que a otras personas en una situación de duelo, les venga bien.

Insisto en lo de que el duelo es individual y algo muy personal. Como cada ser humano es único e irrepetible, dos seres humanos no van a reaccionar igual ante la "misma" situación, es imposible, siempre van a existir matices. Entrecomillo misma porque nunca es exactamente la misma, no son exactas, segurísimo. Por ejemplo, dos personas que pierden a su madre, y son hermanas. Cada hermana va a llevar el duelo a su manera, por mucho que fuera la misma madre. O dos personas que han sufrido una pérdida parecida, la muerte de su pareja. No, somos un mundo, un mundo sin igual, sin gemelo idéntico. Da lo mismo si varios han perdido a la misma persona o si dos pierden a alguien (diferentes personas) con el que mantenían el mismo vínculo (madre-hijo, novio-novia, tía-sobrino...). Y a mí, lo de dar en el clavo en momentos de duelo, me parece rozar el milagro. Sirva mi experiencia de ejemplo, que no tiene por qué resultar de ayuda.



Recuerdo que en una entrada escribí un título semejante a este. "Algunas consideraciones respecto al duelo". Tal vez fueran justo esas las palabras exactas. Como no me apetece nada de nada comprobarlo, porque me conozco y fijo que la releo de cabo a rabo, me lanzo a la piscina y escribo lo que quiero, sin más. Y si me repito, son lentejas...Es lo que hay.

Además de lo comentado hasta este punto, había mensajes que llevaba fatal. Fatal me parece hasta una palabra sutil. Y seguramente habré metido la pata con más de uno siendo al contrario, es decir, yo la amiga que pregunta, y el receptor la persona que ha perdido a un ser querido. Lo siento, de corazón. Si ha pasado, no me he parado a pensarlo y probablemente haya sucedido antes del fallecimiento de mi padre. A mí me enervaba los mensajes tipo "anímate". ¿En serio? Me daban ganas de ponerles alguna barbaridad de vuelta. Para mí eran palabras vacías, vacías porque por una parte no me servían de nada, leer un "anímate" no me ayudaba en mi proceso de duelo. Y además cabreantes, me ponía de muy mal talante. Lo mismo con otros mensajes, no dudo que estuvieran escritos con cariño, pero con escasa reflexión. Es sencillísimo dar consejos a otros sobre lo que uno no ha pasado todavía (ni se lo deseo). De mi grupo de amigas/as más cercano y de una edad próxima a la mía, solo un par de personas habían sufrido ya la muerte de su padre. Y se notaba. Otras no lo habían padecido (ni falta que hace y deseo que sus padres vivan muchos años más), pero tal vez su empatía, el conocimiento profundo que demostraron tener sobre mí o su manera de entender el mundo, hicieron que su manera de estar, más que de actuar, sí sirviera de bálsamo y me proporcionara algo de consuelo.

Llegó un día, no recuerdo cuántos había "sobrevivido" desde esa noche del fatídico 1 de septiembre de 2023, en el que me harté. Me harté de responder a la gente con sus mensajes de "¿qué tal estás?" o paparruchadas parecidas. Y claro, dejé de responder. Pues mira, hecha una mierda, como si me hubieran partido en dos, como si me hubieran removido las entrañas, como si me hubieran hecho una herida profunda y me estuviera desangrando, como si me faltara el aire por el nudo continuo que sentía en la garganta, como si mi cuerpo pesara 10 toneladas y no hubiera forma de mover ni un solo dedo, como si no tuviera motivos para levantarme de la cama, salir de casa ni continuar respirando. Así, eso dicho de manera concisa.

Creo recordar que en una de las múltiples entradas con la etiqueta "Papá" en las que hablo de lo que a mí me pide el cuerpo (cabeza y/o corazón), mencionaba también, relacionado con lo del duelo, algo que ahora ya no alcanzo a recordar si me lo dijo alguien, lo escuché/leí o es de mi cosecha. Es como si a mi madre, a mi hermano y a mí nos hubieran lanzado al mar. Los tres estamos en medio de la tormenta, luchando por salir a flote, pero cada uno tiene que salvarse a sí mismo. No es me salvo yo y ya luego ayudo al otro. No, cada cual ha de dar con la forma de no hundirse. Para esto hay que pensar en uno mismo, sí. El duelo tiene una parte "egoísta". Yo tenía que intentar estar bien, no para ayudarlos a ellos, para ayudarme a mí, por estar bien yo. Y eso iba a suceder a una velocidad indeterminada, porque no conocíamos el camino, y cada uno de nosotros iba a hacer o hizo el suyo, y no coincide exactamente con el de ningún otro. ¡Ojo! Podíamos apoyarnos los unos en los otros. Pero no sé hasta qué punto eso era bueno, era un dolor compartido, una tristeza indescriptible por una pérdida irreparable, pero...¿nos iba a allanar el camino que debíamos recorrer? 

¿Cuándo se acaba el duelo? Mi sensación es que nunca, jamás. A día de hoy sigo viviéndolo, porque mi padre ya no está ni estará y eso no tiene vuelta de hoja. Si es verdad que lo vivo de manera distinta a hace un tiempo, pero me ha costado un mundo. 

Ayer, último día del año, fui al cementerio y visité su tumba. A lo mejor no era el mejor día. No sé, ningún día es idóneo para ir al cementerio. Fui serena. Llevaba flores y compré más allí. Hacía un frío importante y, por primera vez de muchas visitas, no me encontré ni un solo gato. Algo que agradecí porque no me hacen una gracia especial ver a los gatos campando a sus anchas sobre las lápidas de los que han muerto. No sé si me quedé mucho o poco, estuve lo que quería estar, suficiente. Prefiero ir sola, también esto es algo muy personal, íntimo (lo que no quita que otros prefieran acudir acompañados). Cuando lo enterraron tuvimos mucha compañía y visto con la perspectiva del tiempo, lo agradezco mucho. Ayer había más personas que, como yo, habían decidido visitar el cementerio el último día del año. No muchas, en total creo que conté unas ocho. Cuando voy observo todo, me llaman la atención algunos mensajes de familiares, estatuas, mausoleos incluso...Ayer me fijé en un banco que hay en uno de los laterales, no recuerdo que lleve mucho tiempo allí. Probablemente lo instalaran tras la reforma más reciente, que lo hace algo menos frío y más naturalizado, con mayor zona verde y mejora de parte del asfaltado de algunas calles. El banco me recordó una serie que vi cuando mi padre ya había fallecido. No os digo el tiempo que había transcurrido porque no lo recuerdo. La serie, al menos por entonces, se llamaba "After life", y la protagoniza Ricky Gervais. En ella se trata mucho el tema del duelo, me ayudó verlo desde fuera, como espectadora. Y sale un banco en el que se producen conversaciones maravillosas, algunas para enmarcar. Es dura, no es para todo el mundo ni en cualquier momento. Lloré una burrada viéndola, y no únicamente por la muerte de mi padre, tenía más razones. Pero me dejó muy buena sensación, y me agradó que hubieran sido capaces de tocar un tema tan duro con dosis de humor. No es fácil.

Con esta entrada no pretendo dar pena ni nada parecido. Son mis vivencias y es mi experiencia. Comparto lo que quiero y de la forma que quiero. Entonces escribí bastante sobre el duelo por mí, segundo por mí, y tercero por mí. Luego ya si eso, en cuarto lugar, dándome cuenta que es un tema tan delicado que no se habla con naturalidad de él, y eso me da rabia. Y quizá, solo quizá, podía serle mínimamente útil a alguien. Y si no, ahí quedan, ahí siguen mis botellas al mar, porque a mí me vino de fábula lanzarlas. Entiendo que los que me lean pueden no comprender que comparta algo tan íntimo. El límite, la barrera de qué es lo que cuento, cómo lo cuento y hasta qué punto profundizo, siempre la coloco yo. Es algo que controlo. Por eso el blog es público, porque sé que alguien que lo lea puede compartir alguna entrada con otra persona. Y no pasa nada. Si me molestara que algo llegara a alguien, tengo miles de cuadernos, no lo pongo aquí, o ni siquiera lo escribo en ningún soporte, según me dé.

Ayer a mediodía hice una visita relámpago a la pastelería. Estuve en Gil, teníamos pendiente soplar unas velas y, aunque no soy supersticiosa, no quería empezar el 2026 sin que se hubieran soplado las velas de todos los cumpleaños de 2025. El caso es que me reconocieron en cuanto entré. Al preguntarme directamente con mi nombre, me preocupé, pensando que se me había pasado su cara y era una antigua alumna. Y se lo dije: "Perdona, porque si te he dado clase de verdad que ahora mismo no me acuerdo de ti." Me extrañó, se me puede pasar el nombre de algún antiguo alumno, pero...¿la cara? Raro, raro, raro. En un tris me refrescó la memoria. Se identificó, era la hermana mayor de un alumno de hace "algunos" años. Sé cuántos, pero no voy a incluir más datos. Me preguntó muy educada qué tal estaba y cómo me iba. Al preguntarle yo, enseguida se echó a llorar. Su padre había fallecido, 54 años, unos meses atrás, después de estar enfermo. Obviamente no pregunté la enfermedad, da igual. Hace nada, en uno de esos vídeos de Instagram, escuché a una persona diciendo que da igual si el que fallece lo ha hecho de repente o tras una larga enfermedad, la pérdida es la pérdida, el duelo es el duelo. Y razón no le falta. Mucha gente sigue recordando que mi padre, al morir repentinamente, no sufrió. Y añaden esa coletilla como si este dato dulcificara o restara un ápice de dolor a su fallecimiento. Dos años y pico después, afirmo que no, a mí eso no me consuela ni un pelo. Sí, mejor sin sufrir. Seguramente cualquiera firmaría por una muerte de esa manera, pero no cambia el hecho: papá ya no está. La conversación con la hermana de mi exalumno fue un pellizco de realidad para el día de Nochevieja, un zarandeo. Uno de esos zarandeos que necesitamos a veces, solo a veces. Espero volver a encontrarme con ella. Y me alegra ver que tiene trabajo y le va bien en la parte laboral, la parte familiar necesita recomponerse. Y una mesa que en su casa tenía cinco patas, ha de dar con el mecanismo para continuar haciendo lo que hacía pero con una pata menos. Y cuesta una barbaridad, quien le quite hierro al asunto es un "espabilao" o un mentiroso compulsivo que prefiere hacerse el fuerte y no compartir sus tristezas, penas, miserias...llamadlo como prefiráis. Al final se trata de vivir, o sobrevivir. No sé, solo sé que hay un punto de inflexión en mi vida tremendo desde que mi padre ya no está. Y ese vacío sigue estando, porque el tiempo amortigua, pero no cura, o yo no he dado con la fórmula. Aunque él no esté sigo queriendo vivir, sigo pensando que en la vida hay personas fantásticas y situaciones maravillosas. Y quiero exprimirla, disfrutarla e intentar seguir con mis ilusiones, mis proyectos de todo tipo, y sintiéndome más yo. Como puse en la entrada anterior, ojalá 2026 sea en el que vea y veáis, la mejor versión de mí misma. 

Esta mañana vi parte del "Concierto de Año Nuevo", celebrado en Viena. Quien la ha dirigido este año,Yannick Nézet-Séguin, posee una alegría especial, un buen rollo que traspasaba la pantalla e invitaba a no cambiar de canal. Destilaba aires de modernidad y cercanía. Y con el buen sabor de boca que me ha dejado el broche del concierto, quiero rematar esta entrada. ¡Ah! Vivid el comienzo de 2026 lo mejor que podáis, cada cual con sus circunstancias. Si os agobian estas fechas, calma, solo nos quedan "Los Reyes" y regreso a la rutina para todos. 


Es muy típico ponerse algún propósito, o muchos, al comenzar el año. Me he puesto varios, vienen de antes de dar la bienvenida a 2026. Y justo al buscar alguna frase para que formara parte de la entrada, he visto esta imagen sobre la salud, y me gustaría que fuera el final de esta entrada. Suerte si vosotros también tenéis algún propósito, no os agobiéis si los plazos difieren un poco de los que queríais, lo importante es llegar al destino deseado. 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

2 x 1...Y nada tiene que ver con el Carrefour

Tengo la costumbre de escribir una entrada cuando se aproxima el final de año y otra a modo "carta a los Reyes Magos". Como ando tardía, voy a incluir ambas en esta aquí. Empiezo a escribirla a 28 de diciembre de 2025, el cuándo la termine es otra historia, aunque la programaré para que salga publicada el último día del año.

He pensado que la música va a ir al principio de la entrada, y no como broche de la misma. Os dejo un popurrí, como la vida.











A 2025, este que se "larga" en breve, no sé muy bien si darle las gracias o un tirón de orejas y un buen cogotón. Ambos son compatibles. 

Gracias 2025, porque no sé si has sido bueno o malo, pero podías haber sido mucho peor (y mejor también ¿eh?)

En mi memoria quedan visitas a varios hospitales, incluyendo dos intervenciones de personas amadas y muy cercanas. Desgraciadamente he visitado más el hospital "nuevo" en escasos tres años, que el "Clínico" en toda su existencia. Supongo que tiene que ser así, no sé. Quizás estoy normalizando algo que es una mierda, tal cual. Insisto, podría haber sido mucho peor (el que no se consuela...).

Escapadas/viajes a sitios preciosos, muchos nuevos y algunos ya vistos anteriormente. Asturias y Galicia...¡Qué hermosas sois! Me encanta ir al norte, no obstante una parte de mí necesita Mediterráneo, con bañitos en la playa, paseos por la orilla, amaneceres...Sí, ha sido culpa mía no haber ido, lo reconozco. Gracias, amiga. Es decir, gracias, Marta, por tu disponibilidad para eso y para muchas cosas no tan agradables y complicadas de gestionar. El año que viene, sin falta, tú y yo nos vamos en verano a alguna playa juntas, ya toca.                

En alguno de mis destinos hasta se me cayeron las lágrimas de la emoción. Sí, papá, tú y yo no fuimos a Santiago juntos, era algo que hablamos un par de veces y no se logró. Pero he regresado a Santiago muy bien acompañada, gracias, Jorge (por ese viaje y por cualquier minuto compartido), disfrutando cada calle, maravillándome en la hermosísima plaza del Obradoiro, e imaginando que lo veían tus ojos a través de los míos y les gustaba tanto como a mí. Igual que el recorrido que en su día hice con mis compañeros de 8ºC del "Paco Viruta"...y entonces faltó Mariate. Me apetecía revivir ese instante y compartir el vídeo con ella. Fue una mañana muy emotiva, muy especial todo. Iván, prometo hacer lo posible por coincidir en mi próxima visita a tierras galegas, sean cuando sea. Esta vez no era el momento, habrá otras, espero que lo entiendas.

Hay destinos conocidos a los que periódicamente voy. Como mi cita anual con la Feria del Libro de Madrid. Acompañada por mi hermano, aunque luego allí cada uno en su espacio, coincidiendo en algunos puntos y buscando por nuestra cuenta en otros. Reconozco que llevo ya dos o tres años que otorgo a la firma de autores un papel secundario. Me da mucha pereza estar esperando en una cola infinita y que se mueve a paso tortuga, prefiero deleitarme recorriendo la Feria de arriba a abajo, aunque entera entera no logro verla nunca. Pero adoro poder mirar y buscar sin prisa. Dejarme sorprender por las recomendaciones de libreros en los puestos, editoriales distintas, libros que me atraen por un título o me atrapan por sus ilustraciones (luego ya profundizo y compruebo si lo que me entró por el ojo merece la pena de verdad o es solo eso, una buena apariencia). 

Por otra parte, Segovia se está convirtiendo en una especie de refugio. Desconozco el motivo que hace que me transmita calma, me dé la paz que necesito y haga que acuda a ella cuando mi cuerpo pide desconexión, escaparse pero no muy lejos. Me siento como en casa pero sin estar en ella, a la distancia justa para ver todo con perspectiva. Da lo mismo si voy con frío o calor, Segovia atrapa y me encanta. Y La Granja de San Ildefonso es especial, otro lugar de referencia al que no solo no me importa volver, sino al que siento que necesito regresar. 

Con Extremadura me pasa algo parecido a Segovia. Es una tierra con magia, con un aura distinto. Tan pronto estás mirando a todas partes y  a ninguna para ver a los ciervos en época de berrea, como alzando la vista al cielo para seguir con la mirada los buitres leonados. Y si no es el mundo animal, es el vegetal, o cualquier localidad, es muy fácil dar con sitios con encanto allí.

Este año tuve que anular algún viaje. Me gusta pensar que más bien ha quedado aplazado para otra fecha, pero lo voy a realizar.

Siguiendo con el repaso a 2025, porque parece que estoy leyéndole la cartilla, en muchos sentidos puedo decir que fue un año "bárbaro". Un año que me ha permitido pasar mucho más tiempo y conocer mejor a personas con las que coincidí por primera vez en 2024. En general, por mucho que parezca que hablo casi hasta con las piedras, soy de las que necesita tiempo cuando conoce a gente nueva. Me gusta observar, fijarme en detalles que habitualmente la mayoría ignoran porque quieren o porque no saben verlos. Y no soy un libro abierto, para nadie nuevo. La confianza requiere tiempo. A medida que cumplo años me doy cuenta que cada vez profundizo más con menos personas. Y sigo dando más descuentos de los que debería.

2025, también me has recordado la importancia de priorizarme, de pensar más en mí. Y hacer que mi voz sea escuchada, piensen igual o no. No busco convencer a nadie, pero me niego a silenciar mi opinión, mis ilusiones o mis proyectos. La gente es muy egoísta, y no puedo sentir que juego un papel secundario en mi propia vida. Porque soy la protagonista, y el destino y mis decisiones van dando forma al guion de mi vida. Reconozco que anímicamente no estoy para tirar cohetes, las palabras pueden herir, los silencios también. Las palabras adecuadas abrazan, reconfortan, tranquilizan y animan, pero no siempre llegan y eso también desconcierta. Y no sé, no me siento en ocasiones como creo que debería sentirme, y me echo la culpa aunque en realidad no sé si es mía o de los demás, o una mezcla de ambas. Es complicado. Intento ponerme, con mucha frecuencia, en la piel de los demás, pero mi sensación es que eso no siempre es bidireccional, y duele, pero es así. Agradezco mucho esos mensajes de "Buenos días ¿qué tal estás?", o los que llegan a cualquier hora. Y los que se dan en persona, porque lo importante debe decirse en persona, excepto si no queda otro remedio. Tengo ganas de escuchar palabras que tal vez nunca lleguen, y acciones que puede que jamás se produzcan. Insisto, no sé cómo explicarlo. Pese a todo, estoy muy agradecida por todo lo bonito que he vivido este 2025, lo que no quita que haya llorado un montón. Y sí, también me he reído bastante. No sé si ha habido más sonrisas o lágrimas, mi forma de ser hace que sean más unas u otras, intente que pesen más las sonrisas en mi balanza personal.

Este año he ido unas cuantas veces a velatorios. Por salud mental no las he contado. Me ha resultado inevitable, cuando tocaba ir al tanatorio "San Carlos Borromeo", ir directa a ver la sala en la que estaba la persona fallecida. Y respirar aliviada al comprobar que no era la 9. Esa fatídica sala en la que pasamos dos noches interminables y a la que me tocó volver justo unos meses después del fallecimiento de mi padre. Me he dado cuenta que voy viendo la muerte como algo más natural, más cercano, no por ello menos doloroso. Es inevitable, como aseveraba la actriz Malena Alterio al dar las gracias a los medios tras la muerte de su padre, el gran y eterno Héctor Alterio, "es parte del contrato". Solo nos falta seguir poniendo, cada cual desde su posición, nuestro granito de arena, para hablar de la muerte con mayor naturalidad. Acostumbrarnos a hablar del dolor que supone un duelo, lo complicado que es de gestionar ese vacío tan inmenso asociado a la pérdida de un ser querido. Y lo hermoso que es saber que hay personas que te acompañan aunque sea sin decirte nada, solo estando, porque es muy complicado acertar con las palabras. Y el silencio no es mala opción, a veces, solamente a veces.

Pero 2025, no quiero que pienses que has sido un año de muerte, no. No sería justo, Pablo e Iris llegaron en enero, para recordarme el milagro de una nueva vida, la alegría tremenda de conocer a amigas y amigos en otras facetas, y ver cómo aprenden a base de práctica, teoría y de todo. Y así, casi sin quererlo, este rey y esta reina de sus respectivos hogares, van camino de soplar la velita de su primer año de vida. Tengo que pellizcarme para darme cuenta que es verdad, no lo he soñado. Habéis traído mucha luz a un año con algunas etapas muy grises. 

2025, me has puesto retos, piedras en el camino, y en parte me has hecho espabilar. Repito e insisto, la gratitud es importante. Te doy las gracias por todo. No soy muy buena reivindicando mi sitio en según qué ámbitos o situaciones, pero las experiencias me van ayudando a encontrarlo. Hay días que de modo silencioso, otras dando un golpe en la mesa. Y quien no quiera darme mi lugar, sus razones tendrá. Intento ser coherente y actuar de manera empática y justa a todos los niveles. 2025, tranquilo que no creo ser "Doña Perfecta" ni mucho menos. Tengo mis defectos y los conozco. Intento cambiar sin necesidad de llevarme "tortazos", no siempre lo consigo.

A nivel profesional y personal, 2025 puedo calificarte de "intenso", especialmente te has lucido en los últimos meses del año. Se me atragantaron tanto que el episodio de ciática me parece poco, mejor así, no quiero más piedras en el camino.




Ojalá 2026 sea bueno. Que traiga salud para los míos y para mí, y se escriba con V de Vida. Sí, eso, que me recuerde lo importante que es la vida, las ganas de exprimir cada momento amable y de sentir más vida. Que se escriba con V de "victorias" a nivel personal y laboral. La vida no es una guerra, pero ojalá en la balanza, a finales de 2026, sienta que he ganado mucho más de lo que he perdido. Y pesan más las victorias cualitativas que cuantitativas. Deseo con toda mi alma que 2026 sea capaz de hacer visible mi mejor versión. Sí, la mía, la mejor versión de Raquel Plaza Juan. Sé que está por llegar y las herramientas para lograrlo están en mi poder. Cero preguntas. Cero presión. Cero prisas. Es mi momento. Es el momento. Tiempo al tiempo.

Además de lo mencionado antes, querido 2026, si la salud y otras circunstancias lo permiten, quiero viajar más. Me gustaría viajar más. Ya dije hace algunos párrafos que necesito más playa, hacer algún que otro viaje aplazado y sigo teniendo pendiente volver a volar, aunque no sea prioritario, me encantaría, solo si se puede. 

Quiero que me des más tiempo con mi gente: mi pareja, mis amigos y algunos familiares. Me parece que no nos hemos dedicado lo que deberíamos. A esto añádele que las quedadas pendientes van en aumento, y lo que antes era un año sin ver a alguien, ya ha pasado a dos o incluso tres, lamentable.

Y como siempre he pedido y más tras la pérdida de mi padre, no me arrebates a nadie, por favor. Si entran a formar parte de mi vida nuevas personas, genial, pero no te lleves a nadie. Eso sí, personas que sumen, porque para las que restan no tengo ni tiempo, ni paciencia, ni ganas ni ná de ná. Sí, me salen cada vez los subtítulos más grandes, se me sube la ceja y no soy la reina del disimulo precisamente. 

2026, creo que he sido bastante explícita en lo que me ha parecido y menos en lo que no me apetecía serlo. Que 2026 sea un año de amor, salud, empatía, tiempo y muchas alegrías. No va a ser de color de rosa, pero puede ser mucho más colorido que el 2025. 

Espero que el año nuevo me traiga pocos disgustos y sea fuente de mucha felicidad. Que los que me amen sigan haciéndolo. Que los que confían en mí no dejen de hacerlo, y contribuyan a que me sienta más afortunada si cabe. Y a los que haya que poner en su sitio, encárgate de darles un buen escarmiento porque tengo tiempo, pero no para perderlo con gente que no vale la pena. Hay personas que se venden muy bien, otras vamos a otro ritmo, funcionamos de otra manera en cualquier ámbito. Allá cada cual si tiene ganas de saber quién soy o no. 

Y una vez más, me importa un bledo si lo he repetido en casi todas las entradas de este año, gracias a los que ampliáis la palabra familia y ayudáis a que cada vez me sienta más cómoda y más querida con vosotros. Gracias de corazón a los que habéis formado parte de mi vida en 2025. A los que me mostráis la cara amable del mundo y hacéis que me sienta especial y parte relevante de algo vuestro. Gracias por vuestra atención, cariño, paciencia, confianza, escucha, sinceridad, apoyo y de todo. Soy lo que soy por las personas con las que puedo contar, y no son pocas precisamente. Gracias por estar pendientes de mis palabras y de mis silencios. Gracias por el respeto, por hacerme sentir visible e importante y por contar conmigo en hechos importantísimos en vuestras vidas. 

Fijo que algo me dejo en el tintero en mi especie de carta al año que termina y de bienvenida al que viene ya. 

Comparto con vosotros una "lluvia" de imágenes de mi 2025.

Todas las fotografías de esta entrada son propiedad de Raquel Plaza Juan. 
































Y ahora viene la segunda parte, ya medio dibujada en esta primera, mis palabras para los Reyes Magos.

Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar:

Sabéis que soy maestra en explayarme, pero como ya lo hice en la primera parte, vuestra carta está ya casi escrita.

Salud para los que quiero con toda mi alma y para mí, que ninguno termine el año con tratamiento para alguna enfermedad grave, hospitalizado, pendiente de ser operado o de baja.

Fuerza de voluntad para hacer realidad mis sueños. O al menos para poner toda la carne en el asador para que se cumplan. Y sin echar balones fuera.

Amor, mucho amor.

Muchos momentos "bárbaros".

Cuidado, cariño, atención, interés, visibilidad, empatía y tiempo.

Paciencia para todo, para cualquier situación que tenga a la que me enfrente y exija grandes dosis de ella.

Detalles, de esos que llegan al alma y acarician el corazón. Muchas veces son palabras, otras gestos. No hablo de lo material, eso es terciario.

Ilusión.

Esperanza.

Viajes.

Calma ante las adversidades y lo chungo que el año nuevo me traiga, imposible que sea de color de rosas.

Y no sé qué más, cada día es un regalo, aunque algunos días cueste un poquito más apreciarlo.

Reconozco que he metido la pata este año, en más de una situación y con más de una persona. Os prometo que intento aprender de mis errores y enmendar lo que se pueda. Y si se puede, no meter la pata en el mismo lugar. Sin embargo, me parece que mis aciertos pesan más. He intentado actuar de forma coherente, morderme la lengua cuando era consciente del daño que podían hacer mis palabras y ser justa. No siempre lo habré logrado. Y me la he mordido algunas veces, ahora me arrepiento, escuchando palabras o viendo formas de actuar que me hacían daño.

Queridos Reyes Magos, traed a los míos lo que consideréis que más falta les hace para ser más felices, quizá yo no lo vea o no haya sabido verlo.

Gracias por mantener viva la ilusión de muchos niños, y de algunos adultos, eso resulta dificilísimo. Corremos el peligro de perder ilusión según vamos cumpliendo años. A mí me parece tristísimo y trato de ilusionarme por todo lo bonito que veo, vivo y tengo cerca de mí. No siempre consigo contagiar esa ilusión. Creo que es posible se piense igual o diferente. A mí una gran amiga me transmite una ilusión infinita al hablar del K-Pop o los parques de atracciones, y no son precisamente mi centro de interés. Pero cómo le brillan los ojos, y ver lo feliz que es en determinadas situaciones, hace que me llegue a ilusionar con ella y me apetezca preguntarle sobre lo que le encanta, y eso no significa que pensemos igual.

Y ahora ya, 2026, ven cuando te toca y llénanos de vida. Reyes Magos, vosotros ya sabéis que la noche del 5 al 6 de enero os pertenece, y que la ilusión siga presente en nuestro día a día.

Por favor, a "Los Reyes Magos" y a quien corresponda, dadme un buen año, con todo lo que eso implica. 

Muchas gracias e intentaré seguir portándome bien.

Con Cariño,

Raquel