jueves, 5 de noviembre de 2026

Un blog con 10

Pintura original de IVÁN GUADERRAMA.

10 añitos cumple esta criatura llamada "La emoción de aprender". A aquellos que han creído que el título venía de un libro de César Bona, puntualizar que Bona lo publicó el 25 de octubre de 2018, casi dos años después de haber "nacido" mi blog. Lo he comentado alguna vez, pero por si las moscas lo repito.

Este año celebro ese año más de vida del blog con más ilusión que en los tres anteriores. Me da mucha lástima (y bastante vergüenza), reconocer que hay "árboles de la vida" que siguen en mi cabeza pero no en el papel ni tampoco con sus dueñas. Creo que llegué a bocetar alguno pero luego mi bienestar emocional pudo más y quedaron en el tintero. Ojalá llegue a hacerlos. No me apetece prometer algo que tal vez no sea capaz de llevar a cabo. Así que sin más, si alguien quiere comentar en "comentarios", valga la redundancia, está más que invitada (lo digo en femenino porque en mi cabeza solamente vienen comentarios hechos por mujeres, salvo que alguno de los "anónimos" tenga autoria masculina, también puede ser). Y por supuesto que me encanta leer que alguna personita no se limita a leer las palabras que escribo con más o menos acierto, sino que se anima a ir un punto más allá. No voy a pillarme los dedos, por si ofrezco algo que luego no cumplo, de ahí que no especifique nada a cambio. De verdad me considero una persona muy detallista, pero deben confluir muchos factores para convertir algunos detalles en algo real, palpable, visible. Lo que quiero es huir de sentirme presionada a hacer algo que, quizás me apetezca, o tal vez no.


Y como a mí los libros con muchas ilustraciones, sean álbum ilustrado o no, me robaron el corazón hace muchos años, he elegido solo uno, lo considero especial, de entre la barbaridad de títulos que tengo la suerte de conocer. Reconozco que me enamoré de su portada y, por si era una solemne tontería, pedí a una librera, en la Feria del Libro de Madrid de (creo) 2024, que me lo bajara de la balda en la que estaba, justo frente a mí, pero fuera de mi alcance por la distancia. Compré varios, uno para mí. Me gustó tanto, que al llegar a Salamanca, ya fuera del marco de la Feria del Libro, encargué otro par. Y me emociona cada vez que vuelvo a sumergirme en la belleza de sus ilustraciones y palabras. Y me encanta la metáfora, el tiempo sí es una flor, y muchas más que recoge el libro. Añado otras tantas, de mi cosecha.

El tiempo es una fotografía.

El tiempo es un abrazo apretado cuando parece que nos vamos a desmayar.

El tiempo es una mano que acaricia con suavidad.

El tiempo es la imagen de la Puerta del Sol en TV, dando la bienvenida a un nuevo año.

El tiempo es una carta escrita a mano.

El tiempo es un escalofrío que te indica que algo no marcha bien.

El tiempo es encontrar aparcamiento sin despeinarse.

El tiempo es un reloj de arena que no sabes cuándo para.

El tiempo es una buena conversación mirandoos a los ojos.

El tiempo es el color y el ruido de los fuegos artificiales en el cielo.

El tiempo es una ola que va y viene sin parar.

El tiempo es una naranja en invierno.

El tiempo es un regalo carísimo.

El tiempo es un último "algo" con alguien a quien amas.

El tiempo es un paseo por el bosque.

El tiempo es abrir la boca mientras está nevando y mirar hacia arriba.

El tiempo es dejar huellas bonitas en otros.

El tiempo es recuerdo y olvido.

El tiempo es que alguien te dé una buena noticia.

El tiempo es una hoja que cae en otoño al suelo.

El tiempo es un ave migratoria que desconocemos cómo y dónde acabará.

El tiempo es presencia.

El tiempo es satisfacción ante el deber cumplido.

El tiempo es un dibujo plagado de colores.

El tiempo es un lujo que podemos perder en cualquier momento.

El tiempo es compañía.

El tiempo es la búsqueda de algo o alguien.

El tiempo es saber disfrutar con el camino que vamos recorriendo.

El tiempo es gratitud.

El tiempo es AMOR.

El tiempo es un exprimidor del que sale una cantidad indefinida de zumo.

El tiempo es una canción que, tras muchos años, continúa resonando en nuestro interior.

El tiempo es un trabajo fijo discontinuo.

El tiempo es todo lo que nos muestra una pantalla de cine

El tiempo es la lectura de un buen libro.

El tiempo es una oportunidad.

El tiempo es un vaso de agua fresca.

El tiempo es lealtad.

El tiempo es amar y amarse.

El tiempo es una noticia escuchada en la radio.

El tiempo es un concierto en las primeras filas.

El tiempo es un teléfono sin dueño que sigue sonando.

El tiempo es una mariposa agitando sus alas.

El tiempo es un bebé.

El tiempo es un amanecer sentada en la arena.

El tiempo es una estrella en el cielo que brilla más que las demás.

El tiempo es una fiesta con música en directo.

El tiempo es un museo llenito de cuadros.

El tiempo es una recompensa que no siempre logramos ganar.

El tiempo es un plato de comida guisado a fuego lento.

El tiempo es un beso en la boca.

El tiempo es una caja de pinturas de madera.

El tiempo es una chimenea que abriga nuestros inviernos.

El tiempo es el olor de un bizcocho recién salido del horno.

El tiempo es una amiga.

El tiempo es un plato de aceitunas con hueso.

El tiempo es un autobús sin conductor.

El tiempo es una tirita que protege la herida.

El tiempo es una cuerda con la que no sabemos muy bien qué hacer.

El tiempo es un perfume que permanece.

El tiempo es un signo de interrogación.

El tiempo es un ciervo que te mira a los ojos.

El tiempo es un mapa de los afectos.

El tiempo es la espera.

El tiempo es una silla bien encolada.

El tiempo es un avión que vuela a destino desconocido.

El tiempo es una palabra.

El tiempo es una sombra en un día soleado.

El tiempo es un río que nace en nuestro interior.

El tiempo es coger el timón del barco.

El tiempo es un espejo, a veces malvado.

El tiempo es una buena noticia, cualquier día.

El tiempo es una "estrella" fugaz.

El tiempo eres tú, soy yo, somos nosotros y sois todos. Y no sé si acierto o me equivoco, pero el es como vivir en un sueño que queremos hacer realidad. 

Gracias a los que habéis contribuido, cada uno a su manera, para que este blog siga siendo un sueño hecho realidad. A aquellos que sin saberlo (o sabiéndolo), habéis dado balones de oxígeno a "La emoción de aprender" cuando los necesitaba. Gracias inmensas a los que habéis sido fuente de inspiración para muchas entradas. Agradecida a los que no pasáis de puntillas por él. Y mil gracias también a los que con vuestra confianza, no en el blog de manera particular, sino en mí, me habéis convertido en una mejor versión de mí misma, y hacéis que me sienta querida, vista, leída, escuchada y, muchos días, incluso comprendida.

Ojalá siga siendo capaz de acercaros el universo de las emociones, y entender entre todos un poquito más nuestro sistema límbico (el cerebro emocional), porque eso significaría poder entender por qué sentimos de la forma en la que lo hacemos.

Y como este blog, sin la presencia de la música no sería el mismo, acabo esta entrada del décimo aniversario con un ramillete de canciones. 

Gracias por leerme.

Gracias por comentar.

Gracias por compartir.

Gracias por...











sábado, 31 de octubre de 2026

De vivos y muertos

Para muchos estas fechas son días para el recuerdo de los que ya no viven entre nosotros. De aquellos que fallecieron sin esperarlo o esperándolo, pero jamás queriendo que eso sucediera. Y las visitas a los cementerios, limpiando las lápidas de los que ya no están, colocando flores sobre sus tumbas y otras actuaciones parecidas, siguen todavía bastante arraigadas en nuestro país. Eso convive con disfraces terroríficos, calabazas por doquier, historias de miedo, caramelos y otras cuestiones propias de celebrar Halloween. En un contraste grande, no sé si bueno o malo, pero lo es. Recientemente, en una de mis visitas al cementerio, al salir me a mis ojos les chirrió lo que contemplaban. Había un puesto de chocolate, churros y otras viandas, con luminosos fosforescentes, a escasos metros del cementerio San Carlos. Sí, suelen ponerlo ahí exclusivamente los días previos al 1 de noviembre. Sí, entiendo que no hay cafetería justo allí y hay años en los que, por estas fechas, hace un frío invernal. Aún así, disculpdadme que me choque. Para más inri, al lado del puesto de los churros, una furgoneta, imagino que suya, de "Divertilandia". No sé, me chocó mucho, llamadme rara.

Si tuviera que elegir, me quedo con la Navidad. Y si fuera posible, también con los Carnavales. Pero Halloween llegó para quedarse. Es otro negocio, y lo que es sinónimo de dinero, tiene muchas más opciones de quedarse. Por eso a la vez en las grandes superficies vemos calabazas y gominolas "de miedo" junto a los turrones y polvorones. Me agobia sentir que cada vez todo se adelanta más. Al paso que vamos, en agosto van a poner los dulces típicos navideños y toda la parafernalia de Halloween. Creo que está bien que una y otra tengan sus fechas. No me agrada que todo se mezcle y las celebraciones se apelotonen. Reconozco que he puesto decoración de Halloween en los dos institutos en los que trabajo. Y no me arrepiento. Eso sí, en Navidad haré lo propio, pero a lo grande. Y con colaboración de mi alumnado.  De cara a Halloween no he podido, las circunstancias del mes previo casi han sido de película de miedo. Por eso, mis prioridades eran otras.

Sirva esta entrada como homenaje, recuerdo o prefiráis llamarlo, a mi padre. Porque entre mis muertos, desgraciadamente, es la ausencia que más me pesa, con amplia diferencia. Da igual lo que digan, da lo mismo el tiempo que pase, el mío es un duelo permanente. Sí, quizás lo más duro ya lo he vivido, pero mi duelo continúa. No todos los días con la misma intensidad, afortunadamente, pero sigue en mí. El dolor por una ausencia así es inexplicable, incomprensible, a ratos me parecía inasumible. Aunque hay un punto de inflexión, cada cual lo sentirá en un momento distinto, a partir del que sientes que puedes volver a respirar. Como si encontrásemos la energía suficiente para continuar con nuestras vidas sin pasarnos día sí y día también llorando por los rincones. Y eso no significa que lo haya olvidado ni que lo quiera menos. Digamos qu recuperé el aliento e intenté que mi vida continuara de la mejor manera posible. Intento que mi padre siga "vivo" recordándole, y eso lo hago a diario. Sí, papá, a diario pienso en ti. Añoro poder abrazarte, ver cómo desayunabas junto al periódico, o cómo mamá y tú os cogíais de la mano. Cosas cotidianas, nada raro. La normalidad es lo que más se echa de menos. La rutina de cuando en la mesa poníamos cuatro platos para comer y en las cuatro sillas se sentaba uno de nosotros (Mamá, Papá, Míguel y yo). Y ya nada vuelve a ser lo mismo, por mucho empeño que pongamos o fortaleza que tengamos. Las cosas han cambiado, y mucho. Algunas a mejor y otras han empeorado. Solo tengo la capacidad para cambiar lo que está en mis manos, lo que no depende de mí, que vaya por donde tenga que ir. No sé si de La Granja me habré traído alguno de los premios que saldrán en el sorteo de la Lotería de Navidad. Sigue siendo el único en el que participo. Lo que pasa es que el detsino nos ha echado un par de capotes importantes en los ultimos meses, y con eso ya nos ha tocado la lotería. No obstante, por si las moscas, y porque hace unos años justo en La Granja acariciaste el gordo de la Navidad (no te tocó ni un duro por dos números desordenados), visitar los jardines de La Granja en otoño y no traerme algún décimo no lo contemplo. Todavía hoy recuerdo lo mucho que disfrutaste en esa escapada con Míguel Ángel y conmigo. Y como sabes que el otoño era y es mi estación favorita, es una cita obligatoria para mí volver a visitar esos jardines. Reconozco que cuando hay nieve en las montañas tiene un plus de encanto. Y cuando el otoño va más avanzado, también.




Poco más, Papá. No me hace falta 1 de noviembre para recordarte, es uno más de todos los que sigues vivo en mi corazón y en mi cabeza. Y sé que en los de otras personas a las que también querías muchísimo.  Y tal vez eso es lo peor del duelo, el cómo gestionar ese amor que ya no te podemos dar. El cómo narices hacer para aprender algo que nunca nos enseñaron, a cómo sobrevivir con una ausencia que pesa tanto. El asimilar que te fuiste y nunca vas a regresar. Tengo la suerte de tener a personas maravillosas a mi lado, que han sido y siguen siendo oídos atentos, consuelo y sostén. Y al cementerio ya sabes que voy con o sin fecha, según me dé y el estado anímico que tenga. Pues eso. Hago lo que puedo. Y no sé si podría más de lo que hago. Solo espero que sonrías al mirarme, desde donde quiera que estés. Me esfuerzo por ser feliz y de verdad intento luchar por hacer realidad mis sueños, espero que puedas verlo. Sigue cuidando de nosotros, porque nos hace falta. Y gracias infinitas, antes, ahora y eternamente. "Los vivos", mientras tanto, tratamos de dar con las herramientas apropiadas para seguir viviendo sin que vuestras ausencias nos paralicen o nos derroten. Y la verdad, es extremadamente difícil. Gracias a los que nos aportaron tanto, porque en parte somos lo que somos por ellos. Gracias, Papá.






Todas las imágenes de esta entrada son propiedad de Raquel Plaza Juan.

viernes, 9 de octubre de 2026

Salamanca, 9 de octubre de 2026


Hoy justo se cumplen dos años de un triste aniversario, el fallecimiento de María José Parra Yuste. Docente, maestra por todos sus poros, excelente persona y estupendísima compañera. No engaño a nadie, tuve la buena suerte de coincidir con ella en esta vida, aunque no fuera demasiado tiempo. Y con eso me seguiré quedando. No es tanto la cantidad del tiempo, sino la calidad de los momentos compartidos. Querida María José, sigo pensando en ti y continúo mencionándote, sin querer y queriendo. Porque el poder recordar a alguien tan especial implica un privilegio, el de haberte conocido. No acierto a explicar los motivos, simplemente hace poco, me apetecía escuchar tu voz una vez más. Un audio de casi cinco minutazos, puro oro, en el que me desgranabas uno a uno, el alumnado del cole (el "Filiberto" de Garrido), que llegaba a 1º de la ESO del (IES) Francisco Salinas, y sabías que iba a estar conmigo. Y al escucharte de nuevo sonreía y se me escapaba alguna lagrimilla. Algunas de esas chicas son todavía mis alumnas. Desde donde sea, espero que mi labor esté a la altura de las circunstancias y te alegres al vernos. Seguramente te entristezca parte de lo que contemplas pero, con otros casos, ojalá se te esté escapando una sonrisa de agradable sorpresa. Sí, algunas cuestiones han cambiado mucho, para bien y para mal. Pues eso, que sigo recordando todas las risas que compartimos, la luz que desprendías y el torbellino de color, alegría y optimismo que siempre fuiste. Hay detalles que se valoran cuando se tienen, pero cuando los pierdes, son incluso más valiosos. Me parece curioso a la par que algo injusto, porque no sé si fui capaz de transmitirte toda esa gratitud y cariño cuando podía decírtelo en persona. Nunca olvidaré ese arcoíris impresionante que nos regalaste el día de tu partida en la autovía a Guijuelo. Eras tú, no había duda. Igual que el amanecer de ese mismo día 9, que fotografié, sin haber descubierto aún, que nos habías dejado ya en aquel instante. ¡Qué caro es el tiempo!...Desgraciadamente, tú lo sabías demasiado bien. Como ves, no me he movido de Compensatoria. Sí cambió a medias mi destino el curso pasado y se mantiene este, pero en "Compe". No sé lo que durará esta etapa, aunque la verdad, hay tantas cuestiones en mi cabeza y corazón millones de veces más relevantes, que no es algo que me robe el sueño. Durará lo que tenga que durar. Y el día que se termine, me marcharé feliz, porque Compensatoria es un aprendizaje muy diferente a otras funciones educativas, y en institutos, tiene un plus distinto. Con eso me refiero a "lidiar" con adolescentes, ya sabes cómo son, quizás ellos son los grandes culpables de no cambiar de tercio...de momento. Gracias por todo lo que nos aportaste, como maestra, compañera, amiga y como ser humano.


Y como esta vida está plagada de contrastes, el 9 de octubre de 2024 no iba a ser una excepción, el destino, que a veces más que caprichoso es maquiavélico, me puso a prueba ese día al cuadrado. Porque también hace dos años que casi me deja sin una de las personas a las que más quiero en este mundo. Por eso le decía anoche que, de alguna manera, hoy cumple dos añitos. Y...¡qué bien!

Voy de prueba en prueba, y a ratos es agotador. No sé lo que duran ciertas malas rachas, he optado por respirar, llorar lo que haga falta y continuar adelante. Antes o después, las rachas van a ser de viento a mi favor. Y debo poner más esfuerzo si cabe para propiciar que eso suceda. Sigo pensando que me quedan muchos momentos felices por disfrutar. Y es que en los últimos cuatro años, debo poseer un récord en cuanto a lágrimas derramadas se refiere.

De ahí que a mí, el 9 de octubre de 2024, no se me olvida.

Una cosa resalto, la tranquilidad está infravalorada. La "normalidad" de la supuesta tediosa rutina del día a día, es una bendición, solo echada en falta cuando no se tiene. Vivid, no lo dejéis ni os dejéis para mañana.






domingo, 27 de septiembre de 2026

ENSALADILLA RUSA

Septiembre es un mes de "volver a". También de fechas importantes mías y de parte de mi gente. Y está siendo una especie de ensaladilla rusa que, como ocurre con la paella (valencianos, aprecio mucho vuestra tierra, gastronomía y todo, no os enfadéis), cada cual la hace a su manera y mantiene el nombre. Algunos dirán que la ensaladilla rusa está hecha solo con huevo, zanahoria, patata y mahonesa, tal vez los más puristas. Pero he probado, en algunos casos preparado también, ensaladilla rusa con atún, mejillones, gambas, langostinos, bocas de mar (jamás han estado cerca del mar), guisantes e incluso fréjoles. Explico esto porque mi septiembre está siendo una ensaladilla rusa con los ingredientes tradicionales y la retahíla de posibilidades que he mencionado después. Ingredientes "buenos" (langostinos) y "malos" (guisantes, nunca he sido muy amiga suya). 

Así que como parte de lo que nos sucede no está en nuestras manos, aquí ando, como buenamente puedo, capeando la parte dura de septiembre...y lo que queda por superar, aunque ya nos vayamos a octubre. Gracias a la gente que está pendiente, y a los que entienden y respetan que necesito que estéis menos pendiente, para ahorrarme explicaciones repetitivas, agobios extra o ansiedad adicional, que no es poca. Repito, de corazón, gracias, pero permitidme que dosifique la información, y la espacie, también por salud, la mía (mental) en este caso. Sé que lo que queda de un año tiene muchos retos a muchos niveles, haremos lo que podamos para salir más o menos bien de todos.

No obstante, lo de titular a esta entrada del blog "ensaladilla rusa" tiene más miga. Responde a un vídeo de una persona a la que sigo por Instagram, Teresa López Cerdán. Podría decir que es polifacética, actuar y escribir son solamente dos ejemplos de sus talentos. A mí me transmite buen rollo, me gusta lo que dice y cómo lo dice, y me alegra ver sus vídeos en IG, aunque en ocasiones me emocionen, como el caso al que me refiero aquí, en el que explica su "teoría de la ensaladilla rusa". Ver vídeo Teresa López Cerdán, Teoría de la ensaladilla rusa. Es una metáfora que está relacionada con hacer algo para conseguir que otros te quieran, como si eso fuera una condición necesaria. Y al verlo, se me cayeron las lágrimas, porque me di cuenta que en algunas etapas de mi vida, he sido una "ensaladillera" rusa. Un ejemplo serían las tarjetas de Navidad, aquellas que no llegué a escribir ni enviar las navidades pasadas. Sin embargo, hice bastantes, ahí están, en una balda de un mueble, cuyas puertas evitan que las vea a diario. Y me producen una mezcla de sensaciones, así que voy a pensar muy bien si quiero rematarlas y enviarlas o no. Como las elaboraba una a una, todas diferentes aunque hubiera detalles comunes en algunas, tardaba una eternidad. He hecho varios paréntesis en el tema de las tarjetas que, en origen, compraba. Me he gastado un pastizal (porque me daba la real gana) en materiales de papelería (troqueladoras, sellos decorativos, cartulinas de todo tipo, papeles bonitos que suelen ser siempre caros si son de buena calidad, washi tapes variadas, rotuladores metalizados, pinturas acuarelables, pegatinas, rotuladores permanentes...). Los sobres algunos años los he hecho y otros los he comprado. Mayoritariamente enviadas por Correos, aunque algunas las daba en mano.  Y a estas alturas, acariciando octubre, no tengo muy claro qué narices haré con esto, pero no quiero que suponga un peso ni una obligación. Pero sí, un ejemplo en toda regla de las "ensaladillas rusas" de las que habla Teresa. Al no enviar tarjetas, muchos de los destinatarios ni siquiera me felicitaron las fiestas, por ninguna vía. Fue un baño (necesario) de realidad. Así que es una incógnita si habrá o no tarjetas, por mi parte, y en qué términos. Y es que no, no tengo necesidad de proseguir con algo que supone un esfuerzo tremendo, un tiempo impagable (y creo que no voy a disponer de él), y ganas (ya veremos si las hay). 

No voy a pedir perdón por existir, si no me queréis, vosotros os lo perdéis (ni soy la mejor ni tampoco perfecta, porque las palabras anteriores pueden sonar a soberbia, pero las palabras no incluyen el tono), y no me refiero únicamente al tema tarjetas de Navidad. Me he dado cuenta de lo doloroso que sigue siendo hacer esfuerzos por otros y que ellos no sean capaces de estar allí para mí en temas que para mí son relevantes. 

Si me miro al espejo, continúo viendo a alguien muy detallista, y sí, es una de mis formas de demostrar cariño, amor. Pero cada vez estoy más desengañada con esto, y me llevo palos que no sé si me merezco, aunque voy a intentar poner (más) de mi parte para ahorrármelos. Uno de ellos es con la no confianza, hablar yo de temas muy personales y encontrarme con un muro de silencios e indiferencias. Y además tener la horrible sensación de que algunas personas tratan o están, jugando conmigo, y en algún punto, de un día cualquiera, lo que voy a llevarme es una buen puntapié (queda mejor patada en el culo). Y mi runrún es que esa falta de confianza huele a traición, a que están jugando conmigo, descaradamente, tal cual.

Me cuesta priorizarme, no es ningún secreto, es uno de los aspectos en los que debo continuar trabajando a pico y pala. Trabajar más en mí, pensar más en mí y quererme más. Y allá cada cual con su conciencia. Si alguna persona se da por aludida, sus razones tendrá. En mi caso estoy orgullosa de quién soy y de las personas que están en mi vida, e intento hacerles llegar lo importantes que son para mí, aunque algunas no me paguen con la misma moneda. 

Mis otras posibles "ensaladillas rusas" me las reservo, pero hay más. Y al reflexionar en ellas me sentí miserable e incluso estúpida en algún caso. No pretendo dar pena ni provocar lástima. ¿Soy una persona sensible? Pues sí, mucho; pero ojo, no soy débil, me considero muy fuerte y muy valiente. Que llore no constituye un síntoma de debilidad, o no lo veo así. Tengo mucho aguante, pero todo tiene un límite. 

Si alguno quiere dar su opinión sobre la "teoría de la ensaladilla rusa" o algún ejemplo, encantada de leeros por aquí u otro medio. Gracias a los que ayudáis a que septiembre sea algo más liviano. Y a los que da lo mismo el mes, porque sé que estáis ahí siempre. 




lunes, 14 de septiembre de 2026

Nunca...

El viernes pasado fui al musical "Los chicos del coro". Por circunstancias, decidí ir sola, y pese a que eso no me hacía ninguna gracia, al salir me alegré mucho de haberlo hecho. Me gustó muchísimo. Reconozco que algunas de las licencias que se tomaron me chocaron un poco, pero me pareció una adaptación muy digna, de una película que adoro. De las pocas pelis que he visto dos veces en el cine, y otras tantas en casa. Es una banda sonora que a mí me conquistó desde la primera vez. Del musical destaco, entre otras cuestiones, la escenografía. La gama cromática que usaron en el decorado y en el vestuario, acertadísimas. Salí deseando ver la película original una vez más, aunque por falta de tiempo, todavía no la he visto nuevamente. Sin destripar nada, si tenéis la oportunidad de verlo, no la dejéis pasar. Me parece arriesgado ir sin conocer la película, pero también se puede disfrutar.

Al final, los chicos (y chicas) del coro, una vez hechos los saludos pertinentes, nos regalaron un par de canciones como broche a su actuación. Y lanzaron aviones de papel que estaban desperdigados por todo el escenario por una de las escenas (mi favorita). Justo a mi lado llegó uno del niño que hacía de Pépinot, mi personaje favorito de todos los "chicos del coro", y me agaché a recogerlo. Desde la escena final estuve llorando de la emoción, es una banda sonora que acaricia el corazón, no soy objetiva por lo mucho que me gusta. Las fotos que incluyo son de ese avión, no he podido evitar la tentación de desdoblarlo y leer qué decía.



Habitualmente desvelo o explico el porqué del título de cada entrada del blog al comienzo. En esta ocasión he decidido guardarme esa información para la parte final de la entrada. Son unas palabras que me vienen al pelo, y las utilizaré en los dos institutos en los que trabajo: Francisco Salinas y Venancio Blanco. Las dice el personaje del profesor "sustituto", Clément Mathie: "Nunca digas jamás, siempre hay cosas que intentar." 

Y quizás recurra a distintos formatos (canciones, libros, películas, publicidad...), para darle un toque especial a este curso 2026-2027. 

Y ya aprovecho para pedirles a mi alumnado que no tiren la toalla, sea en el ámbito académico o en cualquier otro. Que se esfuercen, reflexionen, valoren qué pueden hacer ante cada dificultad con la que se vayan topando. Pero además que sueñen, se ilusionen, luchen por lo que les gustaría que pasara en su vida, a cualquier nivel. Y también que escuchen, respeten, y les den oportunidades a las personas con las que se vayan encontrando en su camino. Aunque nadie dijo que todo esto que expongo fuera fácil, es un mensaje y un "discurso" que pretendo aplicármelo a mí misma. 

Deseo, de corazón, que el 2026-2027 sea un curso inolvidable por los momentos buenos, que me siga trayendo gente buena, de esa de la que te alegras conocer o con la quieres seguir coincidiendo. Sé que también, en parte, será un curso repleto de despedidas en muchos frentes, como todos sí, pero este un poco más duro, no digo nombres. 

Y ya que estamos, aprovecho para desearle muchísima suerte a los que ya no estarán en el Venancio Blanco ni en el Francisco Salinas, especialmente porque van a empezar una FP Básica. Espero que os vaya fenomenal, a todos, sin excepción, y voy a acordarme de vosotros, de unos más que de otros claro, pero pienso en todos. 

A los alumnos ya conocidos, que de momento van a ser, al menos en el Salinas, la gran mayoría, ojalá sepamos exprimir el lado bueno de ese conocimiento mutuo, y aprovechar un curso que puede resultar apasionante y memorable. Eso sí, por muchos malabares que intente hacer yo, el barco, sin vosotros remando junto a mí, no se mueve. Me gustaría saber que estamos del mismo lado, que remamos juntos para disfrutar de un buen ambiente en las clases, para reírnos (y de cuando en cuando quizá llorar), y sobre todo, estoy convencida de ello, para APRENDER juntos, que no es moco de pavo. Y es que aunque la maestra sea yo, soy una alumna eterna también. Y como tal, me gusta creer que continuaré aprendiendo de los que están cerca de mí toda mi vida, y no me refiero solo a las aulas.

Como adelanto y/o recuerdo, según cada caso: Gracias. Lo siento. Por favor. 

Feliz curso 2026-2027, y no dejemos nunca, de celebrar, que la mal llamada rutina es síntoma de normalidad, de salud, y no se valora como debería.

La vida sin música, igual que sin amor, no tendría sentido. De ahí que, como siempre, la música tenga su espacio en cada entrada del blog.







lunes, 7 de septiembre de 2026

La fecha

El calendario parece distinto cuando el día en el que estamos resulta especial por alguna razón. Y a mí eso me pasa con el 7 de septiembre. Como no me gusta hacer nada a la carrera, pensaba dejarlo pasar, sin más, pero no, porque de corazón hoy me apetece escribir aquí. Continúo celebrando que hoy sea nuevamente 7 de septiembre. Celebro que el amor sea amor, que no sea perfecto y que puedan existir equivocaciones por ambos lados. Porque todos, sin excepción, metemos la pata alguna vez, muchas veces sin querer, por no calibrar lo que decimos y hacemos o lo que no decimos ni hacemos. El amor es perdonar. El amor es comunicación. El amor es generosidad a manos llenas pero egoísmo también. El amor es gratitud. El amor es ilusión. El amor es gratitud. El amor es memoria y olvido. El amor es sumar de lo que nos aporta y restar de lo que nos quita el sueño. El amor es hablar, pero también incluye algunos silencios, y no tienen por qué ser incómodos. El amor es ceder. El amor es luchar. El amor es usar el corazón, y actuar con cabeza, para conseguir evitar engaños o ser utilizados. El amor es lealtad "pruebas" extras, especialmente cuando no hay motivos lógicos que justifiquen la desconfianza. El amor es apoyar, estar ahí, incluso en momentos en los que estamos en desacuerdo con lo que el otro piensa o cómo actúa. El amor es cerrar los ojos y sentir paz, por el mero hecho de esa compañía. Es esa mano que nos agarra sin quitarnos libertad. El amor es sentirse orgulloso de quién es tu pareja, por lo que es, por cómo es...por todo. El amor es tener ganas de seguir sumando sietes de septiembre al lado de mi pareja. El amor es altibajos y turbulencias, no solo soles y arcoíris. El amor es un cielo estrellado al que miramos con curiosidad y esperanza. El amor es ser flexibles y estar dispuestos a mejorar, ambas partes. El amor es brillar juntos y de forma individual. El amor es celebrar, y valorar lo hermoso de poder contar con alguien. El amor es sentir que teniendo una relación con una persona, tu vida tiene más colores. El amor es cercanía, aunque también es distancia. El amor es ser capaces de confiar lo que muy pocos o solo uno conocen. El amor son instantes. El amor es ser uno mismo sin preocuparse por el qué dirán. El amor es unión y además, espacio. El amor es tener GPS puesto e ignorarlo de vez en cuando y, quizás ahí se encuentre el camino en vez de perderse, por increíble que parezca. El amor es una brújula que nos orienta. El amor es ser capaz de hacer juntos todavía más cosas que uno solo. El amor es libertad. El amor son sonrisas y lágrimas, en ocasiones compartidas, otras no. El amor es pensar en esa personita especial y que se te ilumine la cara. El amor es ver un océano en su mirada. El amor es respeto. El amor es atención. El amor es tender la mano siempre que el otro lo necesita, pero más aún si te lo pide. El amor es recuerdo y olvido. El amor es cuidar. El amor es salud. El amor es una fiesta para que puede que no recordemos cuándo recibimos la invitación. El amor es sueño y desvelo. El amor es ternura. El amor es seguridad. El amor es intimidad. El amor es escuchar. El amor es intentar comprender al otro. El amor es pasado, presente y futuro. El amor es lo que cada uno quiera que sea y lo que cada pareja construye.

Ya se acabaron los fuegos artificiales que dan por inauguradas las Ferias y Fiestas de Salamanca. Lamentablemente desde mi casa no se ven desde hace años, debido a un mamotreto de hotel que pusieron en el barrio. Pese a eso, los escucho y soy capaz de imaginarlos sin verlos, y eso también es el amor. Feliz 7 de septiembre, cariño. Una vez más, aunque sea de forma imaginaria, brindo por el amor desde el blog y desde cualquier punto.









Todas las fotos son propiedad de Raquel Plaza Juan. 



viernes, 21 de agosto de 2026

2 Sillas

Sinceramente, no iba a estrenar mi cumpleaños, teniendo en cuenta los calores de los días previos, sentada frente al ordenador, ni tampoco haciendo virguerías para escribir todo esto con el móvil. Por eso lo he ido escribiendo con mimo, "de a poquitos", eligiendo muy bien qué poner aquí y que no. Mi punto de partida incluía escribir tantas líneas en lo que sigue a continuación como años cumplo pero, obviamente, se me fue de las manos. He pasado de numerar nada. Puse lo que me apetecía y listo. Este año a una parte de mí no le apetece ni un ápice soplar estas velas. Sin embargo, la otra, la más racional, se da cuenta de lo importante que es poder continuar celebrando la vida, por nada y por todo, por el mero hecho de estar aquí y estar viva. Así que, como estas cosas pueden cambiar en un abrir y cerrar de ojos, gana mi lado racional y opto porque pese más seguir celebrando que estoy viva, aunque al corazón le cueste asumir situaciones, ausencias y otras casuísticas que me guardo. Pesa más lo bueno, lo que pasa es que lo triste, complicado, negativo etc., a veces aprieta e intenta hacer más ruido. Comparto con vosotros mi retahíla de ocurrencias a raíz de mi 44º (agüita salá) cumpleaños:

-Gozar de buena salud. 

-Hacer realidad proyectos personales. 

-Ir a una papelería bonita. 

-Que me sonrían con la mirada. 

-Envolver regalos, da igual la época del año. 

-Cuidar.

-Un ataque de risa compartido. 

-Sentirme visible.

-La decoración navideña (toda).

-Que empaticen, al menos a veces, con mi manera de actuar. 

-Que me cuiden.

-Encontrar un regalo que parece hecho a medida para el destinatario. 

-Sentirme acompañada cuando más lo necesito. 

-Cocinar para otros y que me digan/note que les gusta lo que he preparado para ellos. 

-Dibujar sin pensar. 

-Descubrir un poema bonito. 

-Que me den mi sitio, lugar, espacio, sin necesidad de tener que reclamar, recriminar ni echar en cara nada.

-Entenderse con la mirada. 

-Los delfines.

-Mirar por la ventanilla mientras viajo en tren. 

-Decorar el árbol de Navidad con mi hermano, aunque ya no elijamos los adornos uno a uno. 

-Poder compartir mi tiempo con los que más quiero. 

-Que me escuchen, sin juzgarme. 

-Fotos de reflejos.

-Ver cómo mis alumnos "mejoran" (a nivel académico y/o personal, viendo cómo maduran). 

-Notar que mis alumnos están bien. 

-Regresar a un sitio que, por alguna razón, es especial para mí. 

-Conocer a personas que se quedan en mi vida. 

-Disfrutar de nuevos retos a nivel laboral. 

-Caminar de la mano (o caminar por la vida) en pareja. 

-Estar con la familia en días felices. 

-Hacer regalos porque sí, sin que se deba a una fecha especial. 

-Mirar fijamente a los ojos a quien quiero, sin decir ni pío.

-Celebrar la vida, porque lo malo llega, a menudo, sin avisar. 

-Que la gente que me conoce me salude sonriendo. 

-Sentir que les importo a las personas que más quiero. 

-Poder regresar a lugares en los que soy feliz. Y aquí contemplo un abanico amplio y diverso, desde la Plaza Mayor, Río shopping, Segovia, La Granja de San Ildefonso, Miranda Do Douro, Benidorm, Gandía, Sevilla, Nazaré, Londres, París...

-Abrazar a alguien y notar que es recíproco. 

-Dar con alumnos que se convierten en inolvidables. 

-Hacer la cama con sábanas nuevas. 

-Segovia como oasis en medio del desierto, como una garrafa de agua helada un día de calor asfixiante. Siempre Segovia, da igual la estación.

-Poder llorar acompañada y que consigan que me sienta mejor, aunque no me digan ni pío. 

-Tener personas cerca capaces de reconocer cuándo han metido la pata y disculparse (si hace falta). 

-Encontrar compañeros/as que llegan a ser amigos/as. 

-Coincidir con gente agradecida.

-Sentirme acompañada.

-Ver luciérnagas.

-Untar pan en la yema de un huevo frito. 

-Escapadas a Madrid capital de fin de semana.

-Sentir que soy "suficiente" (suficientemente buena como maestra, compañera, amiga, hija, hermana, pareja y alguna faceta más que tengo en mente).

-Que mis amigos cuenten con mi presencia para los momentos más importantes de su vida (sean buenos o malos). 

-Despertarme y que mi novio esté a mi lado. 

-Que los que me dicen algo, antes pasen por algún tamiz sus palabras, valorando el efecto que pueden tener en mí.

-Soplar acompañada las velas el día de mi cumpleaños. 

-Darme cuenta cuando meto la pata y lograr solucionarlo (o intentarlo al menos).

-Visitar castillos. 

-El jamón ibérico.

-Sentirme acogida en una familia o un grupo de amigos en el que aterrizo por otra persona. 

-Que confíen en mí. 

-Ir a la Feria del Libro de Madrid. 

-Tener presente la música, a todas horas, a cada rato, en cualquier situación.

-Ser consciente del pasado como trampolín, pero no como ancla.

-Preparar detalles personalizados para gente que considero especial. 

-Descubrir un restaurante que merezca mucho la pena. 

-Arreglar algo. 

-Pintarme los labios de rojo, pero tiene que ser "el rojo" (la mayoría me quedan fatal).

-Poder estar con los míos cuando están atravesando por algo muy duro. 

-Que me hagan sentir especial. 

-Viajar.

-Estar en museos relevantes. 

-Poner la radio y que justo suene una canción que adoro. 

-Tener un "buen" lunes.

-Emocionarme con una película, un libro, un cuadro...

-Maquillarme y no notarme ojerosa.

-Madrugar para hacer algo que me apetece mucho. 

-Hacer muchas fotos, sobre todo de gente muy próxima. 

-Dibujar y usar muchos colores. 

-Que cuenten conmigo para planes que saben que me apetecen un montón. 

-El aspecto de algo o un espacio tras haber pasado mucho tiempo limpiándolo y ordenándolo. 

-Que agosto lleve V de Vacaciones y Viajes. 

-Ir al cine. 

-Ir al teatro. 

-Que alguien me ceda su sitio en la cola del súper, cuando solo llevas un par de cosas y todas las cajas están llenas de gente. 

-Los viernes por la tarde.

-Ver en persona cuadros de Velázquez, El Greco, El Bosco, Goya... 

-Reencontrarme con alguien que fue mi alumno/a, que se pare a hablar conmigo y note que se alegra al verme. 

-Quitar el despertador del trabajo. 

-Recorrer mercadillos (sin buscar nada en concreto).

-Decorar mi aula y/o el centro educativo en el que esté. 

-Visitar lugares bonitos en vacaciones. 

-Conseguir un chollo en rebajas de algo que me gusta mucho. 

-Disfrutar de unos días en la playa. 

-Asistir a un concierto de un cantante o grupo que me encanta. 

-Hacer la maleta antes de irme de viaje. 

-Cuidar mis hilos rojos. 

-Lograr que las ganas pesen más que los miedos. 

-Ver el amanecer en playa cuando, por orientación, coincide la salida del sol "encima" del mar. 

-Pedir un pincho de tortilla en un bar y que esté jugosa y rica. 

-Deshacerme de papeles y objetos que ocupaban mucho espacio y ya no me hacían falta. 

-Recibir de una persona que me importa una carta, tarjeta o postal por la vía tradicional, y escrita a mano.

-Ver libélulas o mariposas y poder fotografiarlas. 

-El último capítulo de una serie que llevo viendo mucho tiempo. 

-Contemplar la luna llena. 

-Escaparme a zonas de sierra en otoño. 

-Que me cuiden. 

-Escuchar un sí donde antes solo existía el no. 

-Mirarme al espejo y que cada día me guste más la imagen que me devuelve. 

-El olor de un libro nuevo. 

-Los delfines. 

-Ver búhos chicos con mi hermano. 

-Las galletas saladas que hace mi pareja. 

-Ver fotos de los que quiero, sigan vivos o no (Papá). 

-Elegir muebles. 

-Que alguien me acompañe a cuestiones a las que no me atrevo a ir sola (y para que tal vez tampoco me atreva a pedir que vengan conmigo, para que no sientan que es un compromiso)

-Salir de la peluquería mucho mejor de lo que entré, y no me refiero únicamente al cabello. 

-El olor del campo tras una tormenta. 

-Que se alegren por mí cuando me pasa algo bueno. 

-Comprar maquillaje y acertar.

-Que estén ahí, especialmente en los momentos duros. 

-Dar una vuelta por las tiendas el primer día de rebajas. 

-Que me digan "guapa" porque de verdad lo creen. 

-Ver pasos y procesiones de Semana Santa. 

-La tortilla de patata de mi madre. 

-Llevar paraguas cuando se pone a llover a cántaros, aunque se me calen los pies y parte de la ropa que lleve. 

-Sentarme al calor de la chimenea, mejor si es acompañada. 

-Escribir en el blog. 

-Escuchar música en casa y ponerme a cantar y/o bailar. 

-Una llamada telefónica de la persona en la que estaba pensando. 

-Regalar flores. 

-Mirar el reloj y que justo marquen las 21:08 (ocurre con frecuencia).

-Sentirme querida.

-Pensar en mi padre. 

-Ver el castillo en las Fiestas del Cristo de San Esteban de la Sierra. 

-Meterme en la cama cuando fuera hace un frío que pela y estar calentita. 

-Ir a centros comerciales. 

-Descubrir formas de canalizar la tristeza, los disgustos, las preocupaciones que no sean las lágrimas.

-Bañarme en el mar con bandera verde.

-Elevar la vista y que aparezca un arcoíris.

-Coger en brazos a bebés hijos de amigas, familiares o gente que es importante para mí, aunque no sean ni lo uno ni lo otro.  

-Pasear por la orilla del mar. 

-Ser más ágil con las palabras cuando no me respetan.

-Que los que quiero se hagan fotos conmigo (y no haga falta que las suplique).

-Reírme. 

-Remontar. 

-Pasar más épocas de calma y menos de sobresaltos de todo tipo.

-Un buen guiso de cuchara en invierno.

-Comprar lotería de Navidad en verano (de algún sitio al que haya viajado).

-Volver a sitios que me traen recuerdos estupendos y seguir disfrutando de esos lugares en situaciones muy distintas.

-No visitar en una temporada los hospitales excepto si es por algo positivo.

-Tumbarme a contemplar el firmamento con el cielo despejado, da igual si no es época de Perseidas, allá arriba hay siempre mucho que ver.

-Fotografiar flores.

-Haya junto al Palacio de los jardines de La Granja de San Ildefonso y en general toda la vegetación que hay por allí.

-Los bolis bonitos y de colores, no los típicos.

-El aire acondicionado, torres de aire, ventiladores, abanicos o cualquier invento capaz de refrescarme en los días de más calor.

-Una botella de agua fresquita.

-El vino blanco afrutado.

-Los libros hermosos de forma y contenido.

-Los aseos limpios cuando estoy fuera de casa, especialmente si voy de viaje.

-Que no sean inflexibles.

-Aprovechar el tiempo.

-Que respeten mis miedos.

-Las conversaciones largas que acaban bien.

-Disfrutar de mi tiempo libro.

-La calma.

-Ir en solitario de compras en Navidad.

-Las vacaciones.

-Los silencios que no son incómodos.

-Que me pregunten qué tal me ha ido el día.

-Las personas que no actúan interesadamente.

-Ser constante para lograr algo.




















Imágenes propiedad de Raquel Plaza Juan.

Y como siempre, la música, porque nunca puede faltar.









Otra vez, gracias a los que estáis en mi vida, porque eso quiere decir que tengo un hueco en la vuestra. Y ya puestos, sed todo lo felices que podáis, cuando las circunstancias sean favorables. Ojalá en los momentos duros, os sintáis y estéis acompañados y llevéis de la mejor forma posible las adversidades, porque lo fácil es encajar las alegrías, el viento que sopla a nuestro favor. A veces tarda en hacerlo, pero llega un punto en el que lo hace, la paciencia es clave en esos momentos. Y espero que vuestros anhelos se conviertan en realidades.

Es probable que la personita en la que estoy pensando ahora no lea esta entrada del blog. Tengo la suerte de compartir cumple con varias mujeres estupendas. Una de ellas, una muy especial, es una amiga que no creo que tenga ni pizca de ganas de cumpleaños este año. En la distancia, y ojalá cara a cara, te abrazo con toda la fuerza que puedo y con todo el cariño y apoyo que quizás necesites este cumple. Sabes que te quiero mucho.