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viernes, 2 de abril de 2021

La emoción de recordar. Hace dos años...

 ...me encontraba en tierras sorianas. Fue la mayor aventura (locura tal vez) que he afrontado como docente. Marcharme cinco días (cuatro noches) con 13 de los alumnos de los que entonces era mi tutoría, el 5ºC del "Fili" de Guijuelo al CRIE de Berlanga de Duero (Soria). Fueron unos días intensísimos. Un no parar de actividades, muy bien organizadas por cierto. Un aluvión de emociones. Muchas risas, algunas lágrimas (principalmente de mis peques, porque añoraban a su mamá, papá, hermano, hermana...Su hogar). Y, por encima de todo, cariño en cantidades brutales. Hasta ese momento, nunca me había sentido tan querida (excepto por mi familia y mis amigos). Pero tanto cariño, tan concentrado y de tantas personitas distintas, jamás. Y por eso dos años después lo sigo recordando. Por muchas veces que os dé las gracias, nunca me parecerán suficientes. Os quiero (a toda la clase), sin más, no hay vuelta de hoja.

Monté en el autobús de ida al CRIE más nerviosa que un flan, lo disimulé como pude, para tranquilidad de los niños y de sus familias. No soy amiga de la improvisación e intenté llevarlo todo bien "atado". No obstante siempre surgen cosas que hay que resolver, sin preparación previa, y casi sin tiempo para pensar. Pero pese a todo, me parece que salió bien, muy bien. Debo repetir que hubo un antes y un después en el grupo tras el CRIE. Fue curioso porque también noté distintos a algunos de los niños y las niñas que no habían ido (por decisión suya o mía, por el carnet de puntos). Creo que el CRIE unió un poquito más el grupo y lo que quedaba de curso aprendimos a vernos los unos a los otros con ojos diferentes.

Me di cuenta que es un riesgo tremendo estar tan pendiente de los alumnos y tan lejos de nuestras casas. Una cosa es la teoría y otra verme allí, en tierras sorianas, con ellos. Por eso el curso pasado, aunque hubiera podido ir con los alumnos de 6º  del  "Fili" de Béjar, preferí quedarme callada. Creo que las cosas llegan en el momento que tocan, no cuando pensábamos. El destino me reservaba esa vuelta al "Fili" de Guijuelo después de un curso nefasto, no por el alumnado precisamente, en otro centro de otra localidad. Fue un año para renacer, arriegarse y disfrutar de lo que hago con una ilusión bestial. Por eso me lancé a solicitar el CRIE, sin haber tenido tiempo de conocer a mis alumnos. Y gané, vaya que sí.

Y si las circunstancias mejoran, quiero pensar que algún otro año volveré al CRIE. El anterior no me apetecía, no era tutora de esos alumnos. Y, lo más importante, tenía el viaje con los niños de Guijuelo demasiado reciente, no quería volver tan "pronto". 

Con la excusa del segundo aniversario, he vuelto a ver todas las fotos...¡y los vídeos de los bailes! Y no, no he llorado, pero era consciente de estar sonriendo permanentemente y me he reído mucho con los vídeos. A los que estuvisteis allí conmigo, os "invito" a echar un vistazo a las fotos y los archivos que todos vosotros tenéis. 





Fotos propiedad de Raquel Plaza Juan.

Y ya, lo que toca ahora es seguir exprimiendo cada día de vacaciones. Y como esta mañana me comentaba una amiga, "en esta vida todo llega y todo pasa, incluso la propia vida." Como siempre hay mucha sabiduría y cariño en tus palabras.

Disfrutad, siempre hay algún motivo para sonreír.

Os dejo una versión de una canción de Aute, en el primer aniversario de su fallecimiento..."Pasaba por aquí".

miércoles, 1 de abril de 2020

CRIE aniversario y la vida sigue: CORONAVIRUS día 18

Aunque hayamos estrenado el 1 de abril hace tres horas, ya puedo decir eso de "Hoy hace un año..."

Hoy hace un año que me marché al CRIE de Berlanga de Duero (Soria) con 13 de mis niños y niñas de 5º C del CEIP Filiberto Villalobos de Guijuelo.

Y parece que fue ayer. Todavía recuerdo (más o menos) como Juanjo, papá de Jaime, me decía cuando iba camino del baño. "Mira a ver, ¿estás segura?, todavía estás a tiempo de echarte para atrás", (palabras aproximadas je je).  Y se reía, no recuerdo muy bien qué le contesté, pero estaba tan segura de querer vivir esa aventura, y que fuera con ellos. Como le conozco, esa broma en vez de ponerme más nerviosa (intentaba disimular, estaba como un flan), hasta me relajó un poco.

Creo que nunca les habré agradecido lo suficiente a ese grupo de valientes, de valientes papás y mamás, que confiaran en mí (o se fiaran), para que me fuera con sus hijos/as hasta tierras sorianas. Del 1 al 5 de abril, salimos hacia Berlanga de Duero a las dos y veintiocho y llegamos a Guijuelo el 5 de abril alrededor de las tres y media de la tarde.

La noche anterior dormí poco, e intuyo más por agotamiento que por otra cosa. Estaba nerviosísima, pese a haber intentado cuidar hasta el más mínimo detalle, los nervios eran inevitables. 

Hice una lista de aquellas cosas que, antes de marcharme hacia Guijuelo en el bus de las siete y media de la mañana, tenía que llevar conmigo, o sí o sí. Compré un tarjetero para colocar las tarjetas sanitarias de todos. Llevaba una cartulina pequeña, plastificada, de aproximadamente la mitad de una cuartilla, con los nombres y teléfonos de todas las familias. En otra estaban escritas las alergias y medicamentos que algunos debían tomar. Además activé varias alarmas de mi móvil para que me avisarán de quién tenía que tomarse qué y a qué hora. Llevaba dos maletas, una con la ropa, cosas de aseo, etc. La otra con útiles necesarios en caso de emergencia, por si alguno se hacía daño, no podía dormir por la noche o lo que fuera. Mi kit particular incluía un peluche, una pelotita de estas que se pueden estrujar, un par de libros con historias bonitas...A eso le sumamos la mochila, con el portátil comprado expresamente para ser estrenado en el CRIE (bueno, lo probé antes en casa, pero lo adquirí con vistas a sacarle partido en Soria), la cámara con sus dos objetivos y todo lo demás, y mi bolso. Vamos, en resumen, iba más cargada que la mula Francis.

Es verdad que lo de ir hasta arriba de cosas en plan Tozudo (¿os acordáis de ese juego de MB?) es muy yo. Llevaba algún que otro "por si acaso" y solo las zapatillas de senderismo ocupaban mucho espacio.

Recuerdo que había puesto una hora para que los familiares pudieran entrar a la clase a despedirse de los niños. Y tuve que animarlos porque entraban tímidamente. Mientras tanto me quedé gran parte de ese ratito sentada, observando con disimulo las caras de unos y otros. Hubo algunas lágrimas, muchas sonrisas también, y amor, mucho amor en el aire. Una estampa preciosa, e inolvidable. En mi caso las despedidas habían sido en Salamanca, de mi madre a las ni se sabe de la mañana, porque solemos coincidir a la hora de desayunar. De mi hermano y mi padre la noche anterior, ellos no se pegan (y con razón), esos madrugones.

Fue arrancar el autobús, ver cómo dejábamos atrás a papás, mamás, hermanos, hermanas...Y una niña, tuvo un estallido de risa y llanto a la vez, que no me esperaba y nos sorprendió a todos.

Como en el camino había que parar a recoger a los niños y maestros de otros dos centros, decidí que era mejor que nosotros ocupáramos las primeras filas, así había menos riesgo de mareos (y los tenía mejor controlados). Por supuesto que les advertí que nada de sentarse dejando huecos, que todos juntos con las parejas que tenían. Hubo algún percance en el camino y no me quedó otra que hacer un cambio, por el bien de todos, de los niños y de mi paciencia, quedaba mucho camino por delante y había que dosificar. Gracias a una alumna supimos que nuestro conductor se llamaba Manolo. Para mí "Manolo el santo", porque tuvo una paciencia admirable.

Pero no, que no os dé un parraque, no pienso narraros, otra vez, las peripecias de cada jornada del CRIE. Más que nada porque para las familias especialmente, y mi tiempo me llevó (y lo que disfruté escribiéndolas), ya hice en su momento la crónica de cada día en este blog, podéis releerlas si queréis al pinchar en la etiqueta "CRIE Berlanga de Duero," colocada en la parte superior del blog, en un tono morado.

Aunque no hubiéramos estado confinados en casa, esta entrada de recordatorio del CRIE iba a estar igual, porque lo recuerdo con un cariño inmenso y la mejor experiencia educativa en la que me he embarcado hasta el momento.

Un año después, tiene mucho más significado todo lo vivido allí. Aunque fue algo absolutamente agotador, la vida dio que llegamos un viernes por la tarde, con un fin de semana estupendo para descansar, y luego tres días muy livianos académicamente gracias a las Jornadas Culturales.

Recuerdo como si fuera ayer vuestra morriña al estar lejos de vuestras familias. Las caritas tristes en los casos de los más contenidos, o las lágrimas que brotaban a borbotones en algunos momentos de los ojos de algunas niñas. Y el cariño, el cariño tan brutal que creo que ni entonces ni ahora acertaré a describir correctamente. Gracias a los que me hicisteis sentir "la mamá de 5ºC." Nunca he disfrutado tanto dando las buenas noches como cuando iba de habitación en habitación, antes de que apagasen las luces.

Es verdad que fue una responsabilidad de aúpa, que asumí con gusto, pero nadie me lo pidió, fui porque quise, me arriesgué porque quise, y pude disfrutarlo gracias a haberme lanzado a la piscina (sin estar muy segura de lo que me iba a encontrar).

Guardo las imágenes de esos días con muchísimo cariño, y me encanta verlas de vez en cuando, y revivir esos momentos. Aunque la de los catorce en La Fuentona, es una de las fotografías que está en mi habitación, y contemplo a diario. A esa le tengo un cariño especial, por la magia del paraje en sí y por vuestra compañía, por la sensación de grupo, que no era muy común experimentar en 5ºC (y vosotros, niños y adultos, lo sabéis).

No sé si a vosotros la experiencia os marcó tanto o no como a mí. Lo que sí espero es que la recordéis con cariño. Soy consciente que no todo fueron risas, hubo algunos enfados, malentendidos, rebotes...Y los mayores "problemillas," bajo mi punto de vista, en los momentos del comedor. Y eso que la comida estaba muy rica y además sabíais el menú mucho antes de llegar al CRIE. Recuerdo perfectamente lo que dijeron Javier y Sara la noche que llegamos. No os iban a obligar a comer todo lo del plato, pero sí querían que comieseis un poco de todo lo que os pusieran, al menos que lo probaseis.

Con la mano en el corazón he de reconocer que sí tenía ganas de volver al CRIE este curso, de hecho me habría parecido un maravilloso "Viaje de Fin de curso" para 6º, un broche ideal para despediros del cole. Pero como no hubo manera de volver al Fili de Guijuelo este curso, lo estuve madurando y no me veía yo, con otros niños, por majetes que sean (y lo son, y mucho), yendo con tan pocos meses de diferencia con otros niños...Así que preferí estar callada y no repetir esta vez. Aunque tengo claro que volveré, no sé cuándo pasará, pero sucederá.

Aunque sinceramente, que nos quiten lo "bailao", como el Sarandonga de la última noche. Disfruté mucho viendo cómo os desenvolvíais por allí una vez que conocimos las instalaciones y la dinámica de CRIE. Por ejemplo me viene a la cabeza una foto de los más futboleros en la pista, con una sonrisa, que no necesitaba palabras. Es de las pocas veces que me lo he pasado bien madrugando, y despertando a los más dormilones, con música a todo trapo (la que nos ponían allí).

Antes de ir me advirtieron que no hacía falta que me quedara en los talleres, que podía echarme la siesta o lo que me apeteciera. Sí hombre, pensé yo, vengo con mis niños/as y me echo a la bartola. De eso nada. Así que hice bien de ejercicio yendo de una planta a otra para veros y acompañaros en los talleres y en los grupos de cada uno. Era una alegría entrar y ver que algunos me buscaban con la mirada, veían que estaban y sonreían, sin más. U otras se acercaban a abrazarme, argumentando que "hacía mucho que no me veían," creo que nunca pasé más de una hora sin ver a algún niño/a en el CRIE. Ya me encargaba yo de estar un poco en todas partes, como el espíritu santo.

Tiendo a comparar el CRIE con una burbuja, apartados de nuestras familias, tierra y rutinas, pero una burbuja en la que era bonito estar. Nos acordamos en muchos momentos de los ausentes, empezando por el reparto de habitaciones el día que llegamos, al escuchar que en otro centro había una niña con el mismo nombre y apellido que una de las que se había quedado en casa. 

Mantengo que en la clase hubo un antes y un después del CRIE, curiosamente para todos, los que fuimos y lo que no estuvieron. Y como grupo, ese postCRIE fue muy positivo.

Y básicamente, eso era. Que hoy es 1 de abril de 2020 y tenía ganas de echar la vista atrás, y compartir esta entrada del blog con todos vosotros, papás, mamás y, los "protas." Gracias por tanta generosidad a todos los niveles durante esos días tan inolvidables. Os quiero y espero que, pese a lo duro del encierro actual, estéis bien, eso es lo importante. Pensad en lo mucho que vais a disfrutar de cada momento fuera de casa. Ya, cuando se pueda. Sí, cuando nos dejen. 

Y este primer aniversario de mi estancia en el CRIE es el que ocupa casi toda la entrada del blog de hoy, no podía ser de otra manera.

Mi audio de ayer, con originalidad cero (lo siento, el encierro nos va pesando a todos), corrió a cargo de Defreds y su texto, 34:

Si tuviera solo treinta y cuatro palabras para decirte todo lo que siento por ti, me sentiría a tu lado, no diría nada, y te darías cuenta de lo que cambia mi cara al verte reír.

Sé que las noticias que llegan de un medio u otro no son precisamente para estar alegres. He optado por leer y escuchar cada vez menos sobre el COVID-19, por salud mental. Quiero mantener el ánimo arriba el máximo de tiempo posible. Al final creo que este confinamiento se resume en CUIDAR y CUIDARSE. Cuidar a los que están a nuestro lado, sea físicamente o no; cuidarnos a nosotros mismos, para estar bien y porque es la única forma de poder cuidar a otras personas. Quizás aquí uno mismo vaya primero, porque si nosotros no estamos bien o enfermamos, a ver cómo vamos a hacer para cuidar a los demás...

Cada día que pasa voy asumiendo que es más que probable que no nos incorporemos a las aulas, al menos no con alumnado. Y me resulta duro. Pero como hace un par de días dije en Facebook a raíz de una carta que una madre y directora de un centro compartió, a mí lo que de verdad me importa, es lo de siempre,  que mis alumnos sean FELICES.

Y sí, qué mal está que se "pierdan" meses de clases presenciales. Pues desde luego, pero no es lo prioritario ahora y no pienso tupirles a tareas, que con lo que tienen, tienen de sobra. Actividades sí, desde luego, no son vacaciones, pero con moderación. Con eso de "con lo que tienen" me refiero a la situación en sí, de tener que permanecer en casa las 24 horas del día. Una cosa es cómo lo llevamos los adultos, y otra que no tiene color, es cómo puede estar llevándolo un niño, no me gustaría estar en su piel.

Aunque quiero terminar la entrada con recuerdos agradables, por eso tiro de imágenes del CRIE de Berlanga de Duero:













Y volviendo al "estado de alarma", ya sabéis: UN DÍA MÁS, UN DÍA MENOS.

Esta vez la música corre a cargo de Vanessa Martín:



sábado, 6 de abril de 2019

CRIE día 5: despedida, hogar, dulce hogar y pensamientos en voz alta

Ayer, viernes 5 de abril, fueron nuestras últimas horas de nuestra "CRIE aventura."

Dormimos lo que pudimos, me parece que los niños estaban muy cansados (los adultos igual). Veía a bastantes de ellos nerviosos por volver a estar con sus familias, algunos con dolores de tripa o similares. 

Tuve tiempo de echar una partida al futbolín...Y perderla. Estas son de las pocas ocasiones en las que no estoy tanto en mi papel de "profe" como de Raquel, y me gusta también. La partida no duró demasiado (estos alumnos míos tienen mucha práctica), pero me divertí mucho jugando con ellos y con dos niñas que se turnaron para jugar conmigo.

Después del desayuno, las niñas subieron a Informática para hacer la valoración del CRIE. Más tarde los chicos hicieron lo propio.

El momento "maletas" y deshacer la cama (o más bien cómo doblar sábanas) fue, francamente, muy divertido. 

Les dieron a cada uno un carnet de programador y lo que habían diseñado con Liceria y Sara en el Taller 3D. Liceria me dio un corazón con mi nombre y una etiqueta que ponía CRIE y un pequeño relieve. Me dijo que o lo habían hecho "unos" alumnos míos o ellas (Sara y ella). Como no especificó quiénes, pensé que los dos eran suyos, de las maestras del CRIE...Qué confundida estaba, una niña me preguntó en el bus si me habían dado el corazón, me aclaró que lo habían hecho ella y otro niño, para mí...Qué detallazo.

Nos despidieron casi todos los maestros del CRIE (faltaba Elena, de la que ya nos habíamos despedido la noche anterior): Javier, Sara, Puri, Liceria (la directora) y Juan. Es de agradecer su buen hacer y su comprensión ante determinadas situaciones. Hay muy buenos profesionales en el CRIE de Berlanga.

El autobús arrancó a las 10.20 hr, diez minutos antes de la hora prevista. Estuvimos un ratito con cielo gris, sin más; luego ya parte del viaje lo hicimos con lluvia. Se portaron muy bien con nosotros, estuvieron súper pendientes de todo y, salvo en los momentos de las duchas, estuvimos en un segundo plano. Segundo plano digo, porque el CRIE tiene sus normas y la organización es suya, nosotros colaboramos en lo que nos dicen, pero no llevamos "la voz cantante", no sé si me explico. Y eso, aunque a algunos les parezca una tontería, a mí, después de una evaluación casi interminable, me supo a gloria. Y como de ayer viernes no tengo ninguna foto de los alumnos, he hecho un popurrí, de imágenes que no había incluido en las entradas previas:










Para mi alegría, y la de mis tímpanos de manera específica, esta vez mis alumnos no estuvieron las más de cinco horas de viaje entre Berlanga de Duero y Guijuelo, cantando como si les fuera la vida en ello.

Se notaba que el ritmo frenético de los días anteriores había hecho estragos, y hubo un momento en el que solo cuatro no estábamos dormidos como lirones.  Una niña se quedó dormidita agarrada a mi brazo. Después de un rato prudencial intenté soltarme, porque se me estaba durmiendo el brazo de estar en la misma posición, sin moverlo. Lo que pasó es que me agarraba con tanta fuerza que no hubo manera (y me daba pena despertarla). Así que me las apañé como pude para mirar los emails  a través del móvil con la mano izquierda.

Paramos en la provincia de Valladolid, junto a Geria, a comer, estirar las piernas e ir al baño. Era algo pronto, y entre eso y que algunos no tienen la costumbre de comer lo que hay, sin opción B, me disgusté al comprobar que varios se quedaron sin comer...Como si eso fuera lo normal, pero tras varios intentos de hacerles entrar en razón, de manera infructuosa, decidí que el cansancio (el mío) era mucho mayor que mis ganas de "discutir", "pelear" o llamadlo como prefiráis.

Y como quien no quiere la cosa, llegamos a Aldeatejada. Nos despedimos de los niños del CRA Los Arapiles y Pilar, la maestra que vino con ellos...Divina casualidad. Entre Aldeatejada y Garcihernández el viaje se me hizo eterno y no sabía ya ni qué hacer ni cómo sentarme. Allí fue el turno del alumnado del CRA Lope de Vega y Juan, otra suerte volver a coincidir con Juan. El hecho de haber compartido esta experiencia con Juan y Pilar ha hecho todo mucho más fácil.

El tramo entre Garcihernández y Guijuelo fue el peor, no me acuerdo exactamente en qué punto, pero de repente vi que la nieve caía con ganas y el paisaje, a 5 de abril, había quedado cubierto por un más que superficial manto blanco. Estaba deseando, por el tiempo, la hora, el agotamiento...ver la entrada a Guijuelo.

Aunque fui avisando a todos los papás y mamás por correo electrónico en varios momentos del viaje, llegamos un poquito antes de lo previsto. Por eso supongo que faltaban algunos padres, pero no tardaron en llegar. Caía una especie de agua nieve al bajar del autobús. Nos metimos pitando en la sala de Madrugadores, para poder repartir los puentes levadizos de uno de los talleres del martes (los niños insistieron que o sí o sí, preferían llevárselos en ese momento a casa, sin esperar al lunes).

Tal vez fui poco efusiva con las familias, creo que alguna me habría dado un abrazo o dos besos, pero el cuerpo no me daba para más y me dio un bajón tremendo al bajar del autobús. Era como si de repente me hubiera caído un ladrillo encima, con el cansancio, la falta de sueño, los nervios de algunos momentos...No sé, una mezcla de todo.

Es un gusto tener papás y mamás (y bastantes niños/as) tan agradecidos, que te den las gracias por todo mirándote a los ojos, y veas que lo que te dicen es de verdad. 

Y ahora sí, a grandes rasgos, lo que "me llevo" del CRIE, mis pensamientos en voz alta:

1-Planificar, organizar..está bien, pero los niños siempre te sorprenden, y las cosas no resultan como pensabas que irían. Y al final, superaron, con creces, las expectativas que yo tenía con el CRIE. No hay que perder la capacidad de adaptación.

2-Haber conocido a otros docentes por vocación, o al menos esa impresión me dio, que disfrutan de lo que hacen, es siempre algo complicado, como encontrar una aguja en un pajar, pero muy gratificante.

3-No hay nada de lo que no se pueda hablar, si se trata con respeto y tacto, por muy doloroso o delicado que sea el tema.

4-A veces, aunque cueste dar el salto, hay que lanzarse a la piscina y arriesgarse. Animarse a hacer cosas con cierto riesgo, pero que tienen mucho que aportarnos.

5-Desde ahora me declaro intolerante, alérgica...es que hay muchas formas de referirse a la misma idea, a la frase "No me gusta" (aplicable también a "No quiero" o "Porque no").

6-Qué bonito es "ejercer" de madre durante unos días. Un poco fuerte serlo de 13 al mismo tiempo, pero me ha encantado este "periodo de prácticas" ja ja ja ja.

7-El CRIE es de esas experiencias educativas que marcan, por eso la recomiendo encarecidamente (no apto para cobardes o gente poco empática).

8-Se puede vivir sin mirar Facebook, sin ver la tele (estos dos los pongo por mí), sin Play...Y se es la mar de feliz sin ellos.

9-Cada día disfruto más escribiendo, empieza a ser una necesidad. Es algo que hago porque me encanta, no por obligación. A lo mejor es el momento de comenzar a escribir en otros formatos, no solo en el blog.

10-Guijuelo siempre me ha dado muy buenos momentos, de esos que te pellizcan el corazón. Este ha sido uno de los más felices, más especiales.

11-Una de las cosas más bonitas es dar en esta vida con personas generosas, dispuestas a compartir lo que saben, lo que son, lo que tienen y, te hacen partícipes de lo que sienten.

12...Pensamiento FINAL:
Del CRIE de Berlanga de Duero me llevo muchas cosas, pero lo mejor, un cariño brutal (expresado por cada uno "a su manera"); una confianza tremenda con orígenes distintos; la sensación de lo importante que es llegar a conectar con la gente (aunque a veces se tarde mucho); un abrazo a tiempo abre muchas más puertas que un cerrajero (y cuesta mucho menos); la necesidad imperiosa de tratar a otros como a mí me gustaría que me tratasen (me respondan con la misma moneda o no); la importancia de "estar pendiente" de todo (miradas, gestos aparentemente insignificantes, palabras...), que sepan que detrás de su tutora está Raquel, que soy maestra sí, pero esa es mi profesión, y soy muchas otras cosas; lo mucho que me aporta compartir estos "ratitos" con otros maestros; y...
Sin inteligencia emocional no somos nadie. He "saltado" muy poquito para la cantidad de situaciones que se me han presentado estos días. He procurado tirar de empatía, controlar mi temperamento y apagar fuegos en vez de avivarlos. Lo importante que es y qué poco se trabaja. 

Si esta experiencia ha resultado para los niños y niñas que la han disfrutado, al menos un 10% de lo enriquecedora que ha sido para mí, me doy por satisfecha. El CRIE ha sido un tren que no estaba dispuesta a dejar pasar, sabiendo que mi parada era Guijuelo (y todo lo que implica).

Más que nunca, gracias por leer este blog, que no deja de ser un pequeño altavoz de lo que pienso, lo que hago, lo que siento y lo que soy. Besos y abrazos de buenas noches para todos.


viernes, 5 de abril de 2019

CRIE: día 4, El Burgo de Osma, talleres y velada

La mañana de ayer jueves comenzó muy bien, pudimos levantarnos media hora más tarde que otros días y el sol estaba asomando. Era un sol soriano, eso sí, y hacía un frío de aúpa. De hecho, dos de los maestros del CRIE, Juan y Puri, les advirtieron a todos los niños que salieran obligatoriamente con cazadora, bufanda o similar (si tenían), y calcetines que no fueran muy cortos.

En El Burgo de Osma nos recibieron dos guías, Rogelio y Rodolfo. Después de una bienvenida común, hicieron dos grupos. Uno subiría primero a la torre de la Catedral; el segundo, visitaría la ciudad. Conocimos los lugares más emblemáticos de la localidad y luego nos reunimos con el otro grupo para tomar algo a media mañana.










A continuación cada grupo hizo la actividad que le faltaba. Pregunté a mis compañeros y dijeron que la subida a la torre no era muy complicada. Aunque hacía un frío que pelaba y evidentemente subiendo a la torre eso no iba a mejorar, me animé a subir. Eran 166 escalones, de escalera de caracol. No los conté, pero nuestro guía sí nos lo había explicado distintas maneras de tocar las campanas de una iglesia, y cuál era el significado de cada una. Me pareció muy curioso.

La subida fue llevadera, aunque algo gélida, las vistas alrededor de la torre, muy bonitas. Y, lo que más me gustó, poder ver tan cerca las campanas. La bajada me pareció algo más dura, porque bajamos del tirón y tanta escalera de caracol marea un poco, así que fui a mi ritmo y listo. Entre escalones y escalones, hicimos piña, porque hacía falta calor humano y veíamos a niños que estaban pasando frío  (por no haber hecho mucho caso a la advertencia de ir bien abrigados).





Tras reunirnos de nuevo con los demás compañeros, fuimos a una tienda de "souvenirs" a comprar algunos recuerdos. Mis alumnos tenían muchas ganas de llevarles a sus familias algún detalle de este viaje, aunque el término que mejor le encaja es aventura (para todos: familias que los esperan en casa, niños y niñas, y desde luego también para mí).

Para acabar, vimos un par de vídeos sobre El Burgo de Osma y los niños que quisieron, se vistieron con "look" medieval. Llegamos al CRIE a comer más tarde de lo habitual, pero había que aprovechar bien la última excursión. De comida teníamos lentejas de 1º y albóndigas con tomate, de 2º; como siempre, todo muy rico, se nota cuando se cocina con cariño. El personal de cocina es majísimo. Sé que los niños no pueden haber visto mi entrada anterior, en la que trataba, entre otros asuntos, el tema comidas; pero me sorprendió que hoy hubiera muchos menos problemas a la hora de comer, incluso personas que decían que no les gustaba algo, se lo comieron...¡Qué sorpresón!

Por la tarde, Taller de Robótica con Juan; y por otra parte, taller de Teatro con Elena, encargada también del Taller de Danzas Medievales. 

El Taller de Robótica...¡Una chulada! A mí no me llama el tema en exceso y me encantó la organización, la distribución de tareas, el trabajo en equipo...TODO. Daba pie a que niños con muy distintas inteligencias pudieran sentirse parte del grupo, no solo los que tienen facilidad para la Informática o les atrae el tema. Juan les ofreció muchas formas diferentes de conseguir puntos para su equipo (preguntas para buscar la solución en internet, poemas para memorizar, programar un robot para que hiciera determinados movimientos en una tablero...).



Me acerqué también al Taller de Teatro, pero no quise quedarme mucho tiempo, porque era destriparme lo que iban a representar esa misma noche. Sí sabía que era un teatro de luz negra, y que no tenían que aprenderse texto alguno, porque el audio había sido grabado previamente con la música. Los niños se encargaban de poner la parte visual. En la merienda, nos pusieron un bizcocho casero, riquísimo, que algunos no quisieron ni probar.



Cenamos pizza, chorizo frito y lechuga, de postre yogur.

Después uno de los dos grupos del Taller de Teatro subió para continuar ensayando antes de la puesta en escena común.

La velada, comenzó alrededor de las diez de la noche. Las obras de teatro me encantaron, y me dio la impresión que a los niños igual. Intenté grabarlas, pero como todo estaba a oscuras y solo se veía lo iluminado por esa luz especial. Incluyo las fotos de los dos grupos, con Elena, al final de cada representación.





A continuación enseñaron el resultado del Taller de Danzas Medievales, que tantas risas nos regaló el miércoles.

Y como guinda del pastel, pusieron algunas canciones para bailar cada uno como quisiera. Sonó el "Sarandonga" de Lolita y una niña dijo: "Mira Raquel, qué marcha." No sé por qué, no es mi estilo, pero en concreto esa canción me encanta. Y es que no todo van a ser exámenes, deberes, arduo trabajo...Qué bien poder estar con ellos en un ambiente mucho más distendido.

Y a las doce, a la cama (los niños/las niñas). Bastantes besos y abrazos de buenas noches. Me ha encantado eso de desearles que descansaran, que durmieran bien y los mimos a los que los pedían expresamente o parecían que podían necesitarlos.

Por muchas razones, la madrugada fue larga y hasta algo más de las dos no pude irme a dormir. A veces todo está en calma y de repente se acumulan "incidentes." Y prometo que había pensado irme "pronto" (antes quiero decir) a la cama, de ahí que hoy publiqué la entrada del blog a estas horas tardías, y no recién estrenado el día, en plena madrugada.

El 4 de abril también resultó un día memorable, por todo lo comentado anteriormente y por lo que viene ahora:

Gente que se me acerca y en mi interior pellizcándome, porque no me lo creía, a pesar de llevar todo el curso sembrando según que semillitas, a veces sientes que no va a salir nada (qué bonito haberme equivocado, todo llega); conversaciones que no pensaba que iba a tener; imágenes cotidianas cuyo pie de foto podría ser, sin florituras...FELICIDAD; abrazos apretados, porque hay lágrimas que no se secan solas y necesitan consuelo; niñas que dicen "Raquel, te echo de menos," cuando quizá las has visto hace media hora o menos, y se acercan, y me abrazan como si no hubiera mañana. Y seguimos sumando momentos para no olvidar nunca, al menos yo.



Y ya solo resta comentar el día 5, punto y final de nuestra aventura en el CRIE 2019...

jueves, 4 de abril de 2019

CRIE día 3: La Fuentona, escape room, 3D...La burbuja de estos días

Otro día para recordar en el CRIE. Como la suerte nos acompaña, después de la breve tormenta (no me quedó muy claro si lluvia, granizo o mezcla de ambas) del martes por la tarde, el miércoles amaneció algo gris, pero sin lluvia ni niebla.

Nos acompañaron Liceria, directora del CRIE y Sara, compañera que ya os sonará de otros momentos.

Nuestra primera etapa del día fue la excursión en autobús hasta las proximidades de La Fuentona. Esta laguna natural da lugar al nacimiento del río Abión.  Está situada en el municipio de Cabrejas del Pinar, cercano a Muriel de la Fuente. 

Hicimos una ruta, acompañadas de dos guías, para llegar hasta La Fuentona. Nos explicaron la flora y fauna de esta zona y cómo era el paisaje, de roca caliza, enebros y sabinas, que estábamos contemplando. La anécdota de la mañana fueron los petirrojos, que cogieron confianza y se acercaron mucho a nosotros, lo que me permitió hacerles un "book" de fotos.











Resultó muy interesante y La Fuentona en sí, algo casi mágico, una delicia para la vista. El azul verdoso del agua era hipnotizante, preciosos los reflejos de los árboles en el agua, lo que asomaba bajo la superficie y el enclave en sí. La verdad, un sitio al que espero regresar, con mucha magia, como estar inmersos en un cuento de hadas. Creedme, las fotos no le hacen justicia, la cámara no ha captado ni la mitad de la belleza de este lugar.




Justo allí paramos a tomarnos el bocata de media mañana.  Y fue el punto más fotografiado de toda la mañana. Sugerí una foto con el grupo de cada cole o CRA. Estamos haciendo fotos de los tres grupos, pero siendo menos las caras se ven mucho mejor. Esta es una de esas fotos:



Mi intención era además, haberme sacado una foto con cada niño/a, pero algunos no habían acabado el sándwich mixto del recreo y no podíamos quedarnos más. Quedan pendientes unas cinco fotos para hoy, ya jueves. Total, me parece que después de pasar juntos tantísimas horas, una foto individual con cada uno no es mucho pedir y me apetece mucho tenerlas.

Abandonamos La Fuentona y nos dirigimos a la Casa del Parque, allí siguieron las explicaciones, fuimos al baño y, los que quisieron, compraron algún detallito en la tienda, para sus familiares o para ellos.

Volvimos al CRIE a la hora de comer, desde el bus vimos dos corzos gracias a Manolo, el conductor.

La comida, al igual que los días anteriores, muy rica. Tuvimos sopa de cocido de primero y pollo asado con ensalada de segundo plato. Me dio mucha rabia ver cómo, un día más, la hora de comer es de las más complicadas (ilusa de mí, pensaba que sería la de dormir, pero no). Y la califico así, porque para mí es complicado tener que animarlos, convencerlos...para que prueben, coman, no dejen toda o gran parte de la comida en el plato, etc. Me da alergia el "es que no me gusta," y ver la gran cantidad de comida que están desperdiciando es una auténtica lástima. Sería bueno acostumbrarse a comer lo que te ponen, sin más. No dejan de ser niños/as de 10 u 11 años. Así que me estoy convirtiendo en una negociadora de alimentos que nunca me había imaginando. Intento razonarles por qué les pido que coman; algunos sí lo entienden y ceden, en otros casos es misión casi imposible.

Por la tarde tuvieron dos talleres, igual que el martes, los dividieron en grupos y se turnaron. Un grupo hizo primero la "Escape room" con Puri; el otro, Impresión 3D con Liceria y Sara.

Fue maravilloso contemplar cómo trabajaban por equipos en la "Escape room", me encantó la propuesta y verlos colaborar unos con otros. A veces tengo ganas de frotarme los ojos o pellizcarme, porque estoy descubriendo cosas en mis alumnos/as que hasta ahora no había visto en el día al día en el cole.



En el de 3D escucharon cómo es una impresora 3D, vieron dos diferentes. Con ayuda del ordenador, por parejas, hicieron sus propios diseños y, lo mejor, pude ver el "producto final" de algunos. Muy interesante también.







Después duchas, cena y...¡Taller de Danzas Medievales! Otra compañera daba este taller, se llama Elena. Hizo una ronda de presentaciones con todos los niños, tenían que decir su nombre, algo que les gustara y algo que no. Estaba prohibido repetir lo que ya habían escuchado a algún compañero. Una de mis alumnas dijo, tal cual "Me gusta mi profesora", y me miró. ¿Qué decir? Tienen la capacidad de dejarme sin palabras (y no es fácil).

Me parece que el CRIE está favoreciendo que todos nos conozcamos mucho más. A mí me han quitado el corsé de los libros, exámenes, deberes y el carnet de puntos, y es un alivio. Al final están siendo, en mi caso, por mi manera de ser o por lo que sea, jornadas de 18 horas, pero no me importa. Sabía que eran solo 5 días (4 noches) y quería exprimirlas. Mi sensación es de estar en una burbuja, no tengo ni la más remota idea de lo que ha pasado en el mundo desde el domingo. Y aunque suene mal, tampoco me apetece saberlo, necesitaba una burbuja así.

El Taller de Danzas Medievales fue un espectáculo, nos reímos una barbaridad con las ocurrencias de los niños. No sé si fueron fruto del cansancio o que tenían ganas de marcha. Y el colofón fueron las danzas en sí. Muchos venga a decir que no les gustaba bailar, que si era obligatorio, y más excusas...Pero Elena, con buen criterio, dijo que era algo que tenían que hacer TO-DOS. En algún momento de la semana escuché a alguien decir que esto (el CRIE) es como un cole, pero en el que vivimos. No es mala la comparación, pero implica hacer lo que te dicen. Hoy las ensayan nuevamente por la tarde y...las ponen en escena por la noche.

Y con todo lo anterior, había motivos más que suficientes para caer rendidos en la cama. En unas horas pondremos rumbo a nuestra última excursión, para conocer El Burgo de Osma.

Entre medias disfrutaron de tiempo libre, poder hablar con sus familiares, algo menos tiempo que ayer porque se alargaron las duchas y hay que respetar los horarios del CRIE...Tienen una energía desbordante. ¡Ah! El trayecto en autobús a La Fuentona, nuevamente amenizado por sus canciones...¡Si al final habrá que montar un coro!

Menos mal que hoy nos levantaremos un poquito más tarde. Me parece que a todos nos vendrá bien para reponer fuerzas.

¡Los días vuelan! Poco más puedo decir, cada día me sorprende y descubro cosas en las que antes no me había fijado de mis alumnos. No es lo mismo el horario escolar que el CRIE. Es un ambiente mucho más distendido y eso da pie a ser mucho más nosotros mismos. Esta claro que esta oportunidad, aunque supusiera un riesgo, no podía dejarla escapar.

Hora de dormir.