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jueves, 2 de junio de 2022

MONSTRUO ROSA

El domingo pasado me escapé a Madrid para empezar a disfrutar en la Feria del Libro. Una de las joyas que me traje es "Monstruo Rosa", de Olga de Dios. En la contraportada de este libro dice: "Un cuento para entender la diversidad como elemento enriquecedor de nuestra sociedad."

Según la RAE, 

diversidad

Del lat. diversĭtas, -ātis.

1. f. Variedaddesemejanzadiferencia.

2. f. Abundanciagran cantidad de varias cosas distintas.

Hay días en los que siento que puedo y debo hacer algo más. No basta con mirar los toros desde la barrera, en algunas ocasiones debemos saltar al ruedo, y aprovechar, cada uno, nuestro lugar. De ahí esta entrada.

A cualquiera que en algún momento de su vida se sienta "Monstruo Rosa":

Querido tú, o querida tú, el género es secundario:

Esta carta va dirigida "a los distintos". Algunos pensarán que al fin y al cabo todos somos distintos, razón no os falta. El problema es cuando otros se empeñan en recordarnos por qué somos distintos. Y tratan (a veces lo consiguen) de hacernos sentir que lo que nos hace diferentes es algo malo. No se dan cuenta que las diferencias, efectivamente, nos enriquecen, y deberían enfocarlas como algo que sume, nunca, jamás, como algo que reste.

Desde hace muchos años, en realidad desde demasiados, de vez en cuando, otros me han hecho sentir distinta. Y no para bien precisamente. Recuerdo cuando un maestro del colegio, nos pesó en clase, y los sudores que pasé al tener que subirme en esa báscula. Creo recordar, María Teresa si estoy confundida corrígeme, que aquello sucedió en 5º de EGB (equivalente al actual 5º de Educación Primaria. Mi mayor preocupación no era el número en sí que marcase la báscula, sino que otros lo vieran y los comentarios que podían hacerme. Luego la memoria selectiva hace que tenga recuerdos algo difusos, pero el caso es que acabé sentada en una silla del aula, con un pupitre delante, resultó ser una especie de escudo/barrera,  frente a mis compañeros, llorando, de lo mal que me sentía. Y el tutor haciéndome preguntas delante de ellos, que quién se metía conmigo, qué era lo que me decían, etc. No atino a recordar lo que dije, siempre he pensado que la naturaleza es sabia. Muchas veces me siento "Monstruo Rosa" por el sobrepeso. Cinco letras, GORDA, el daño tremendo que pueden causar. Si analizo ahora cómo actuó el tutor, creo que se confundió, metió la pata hasta el fondo. No había necesidad de pesarnos delante del resto de compañeros. Aunque eran tiempos analógicos, obviamente el que estaba junto a la báscula podía soplarle al resto lo que marcaba la báscula según quién estuviera encima. No recuerdo la cifra, solo mis lágrimas al poco de bajarme de ella y volver a mi pupite, y en algún momento hasta me costaba hablar porque la voz casi ni me salía. 

También me parece que no tuvo la mejor idea situarme frente a la clase, pudo haberme ahorrado muchas lágrimas. Era un maestro de los de toda la vida, creo que sigue vive, o quiero pensarlo, aunque con certeza no lo sé. Si así es rondará los cien años. Paradójicamente es el maestro del que mejores recuerdos guardo. Fue muy estricto, pero aprendimos con él una barbaridad, especialmente en cuanto a organización, de estudios, cuadernos y todo. No le guardo ningún rencor. Aunque conmigo esa vez no acertase, hizo muchas cosas buenas, acertó muchísimas veces en otras situaciones del aula y, todos metemos la pata, eso desde luego. Lo que nos distingue es qué hacemos después de ser conscientes de haberla metido.

Cuento esto porque me apetece, y punto.

Reconozco que esa diferencia, estar gorda, ha supuesto un lastre considerable para según qué cosas. Me llenó de inseguridad en muchos aspectos, y no me permitió disfrutar determinadas etapas. Es complicado de explicar, más todavía cuando no hay vuelta atrás, pero siento que me quiero mucho más que entonces, y que hago lo que puedo por vivir cada día como me apetece, a mí manera, para ser lo más feliz que pueda. La vida es una, me habréis leído muchas veces aquí lo de no creer en resurrecciones. Por eso hay cuestiones que me tocan las fibras y me molestan lo que no está escrito.

Cuando hace unos años estuve en el instituto de Guijuelo, el "Vía de la Plata", recuerdo cuál era mi mayor preocupación en los claustros. No tenía miedo a que me preguntasen algo, a tener que dar mi opinión en ellos (ni mucho menos en las sesiones de evaluación). Mi temor era no caber en la silla, tal cual. Investigando, descubrí que en el salón de actos del primer edificio, en el que hacíamos los claustros, solo había sillas de las que tienen una especie de mesa pequeña incluida, de las que se levantan o se colocan con un brazo articulado. Me di cuenta que las sillas para zurdos, tenían al lado contrario la mesa, y había más espacio entre la mesa y el asiento de la silla. De ahí que tratara de llegar de las primeras y "coger sitio" sitio para zurdos, siendo yo diestra.  Lo mismo me pasa con las terrazas de los bares. Pongo la excusa de la comodidad o falta de ella, pero la verdadera razón suele ser lo anchas o estrechas que son. Es un alivio sentarme en una silla de una terraza y comprobar que quepo sin problemas. Son solo pinceladas, pero quiero compartir parte de mis inseguridades respecto al físico. Y lo cuento ahora porque es cuando lo puedo contar. Ahora me miro en el espejo con mucho más cariño de antes, me cuido mucho más (aunque tenga mis días), y he aprendido a relativizar bastante, y me ha costado mucho esfuerzo, tiempo y de todo, pero que mucho, llegar a este punto. Aclarado, porque a mí me apetece, el porqué yo a veces me siento "Monstruo Rosa", prosigo.

Sabéis que soy docente, del pequeño porcentaje que está en esta profesión por vocación y no por otras razones. No soy por eso mejor ni peor, soy distinta, cada cual a su manera. Me enervan las injusticias, quizá porque las he sufrido por varios motivos en mis carnes, y nunca mejor dicho, y desde hace ya la pera de años, he hablado a mis alumnos de las palabras mágicas, y quizás mi favorita sea EMPATÍA. El mundo sería mucho mejor si todos pusiéramos un pelín más de nuestra parte para empatizar. Y hay cuestiones en las que se me antoja francamente difícil intentar sentirme en otras pieles.

Pero lucho cada día porque mis alumnos sean personas empáticas, lo consiga o fracase de manera estrepitosa. Llevo el RESPETO por bandera, hay fronteras que nunca debemos traspasar, nadie, ni docentes, ni familias, ni alumnado, sin excepción. Y volviendo a Guijuelo, e el instituto cambié el chip con los adolescentes (o pre, en proceso je je). Me di cuenta que es imprescindible NO JUZGAR, no juzgar a nadie, pero a ellos menos todavía, porque están en un periodo en el que a mí me parecen muy vulnerables. Eso sí, de poco sirve todo esto si solo es en los centros educativos (y esto desgraciadamente según con quién des y lo que quiera implicarse). Influye mucho la familia y los valores que les hayan transmitido, y las compañías. Para los niños, niñas, preadolescentes y adolescentes, los amigos son uno de sus mayores tesoros, y probablemente su referencia para casi todo. Según las que sean, puede tener cierto peligro. Soy anti borreguismo, no me gusta dejarme llevar, ni hacer algo porque lo hace la mayoría o porque es lo que se supone que debería hacer. Muchos pensarán que soy protestona, más bien me considero luchadora, y me cuesta morderme la lengua contemplando determinadas estampas, y si se tratan de injusticias (a mi entender claro), pues no suelo quedarme quieta. Un compi del "Paco Viruta" me llamó "abogada defensora" durante un tiempo. Él se metía con algunos sin ton ni son, y yo le llamaba al orden. Decía "Ya está aquí la abogada defensora..." Pues eso.

El martes una compañera con la que espero coincidir en otros destinos, me preguntaba sobre cómo enfocar todo lo referente a las emociones de cara al aula. Cómo podía trabajarlo con los alumnos, a través de qué recursos...Fue una conversación breve, aunque podría estar horas hablando de algo que me apasiona. Algo de lo que no sé si controlo mucho o no, pero sí es una de mis señas de identidad docente. Mentalmente fue un paseo por el "Taller Emociónate" o las "Pinceladas de emoción". Hablamos de la importancia de implicarse. Un maestro no puede pedirle a sus alumnos que hablen sobre emociones y quedarse a un lado, contemplando la escena, sin más. También de la importancia de intentar que primero cada cual piense en uno mismo, y luego ya comparta, siempre de forma voluntaria, la parte que a él/ella le apetezca sobre lo reflexionado. Y esa implicación supone un conocimiento muy grande de uno mismo, y exponernos de alguna manera, porque vamos a dejar que nuestros alumnos nos vean con muchas menos capas. Y eso cuesta, debemos ser generosos. Daremos en el clavo algunas veces y fallaremos otras tantas, y no pasa nada. Entre mi retahíla de palabras mágicas están también GRACIAS, LO SIENTO y POR FAVOR. Las empelamos mucho menos de lo que deberíamos, entono el mea culpa. Gracias a los que generosamente participasteis activamente en aquellas sesiones, tanto las citadas aquí como las que no, porque he tenido de destinatarios alumnos de muchos centros diferentes. No sé si os sirvieron o no, ojalá sí. El LO SIENTO o PERDÓN, va también para vosotros. Lamento de corazón si alguna vez os hice daño con lo que dije o hice o no supe estar a la altura. En varios centros educativos me he enfrentado a muchas situaciones novedosas, y a veces creo que las novatadas se pagan. Intenté todo lo que se me ocurría y veía asequible, no sé si fue suficiente. Y respecto al POR FAVOR, ojalá cada uno recuerde con cariño al menos alguno de los momentos compartidos tratando de conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás. Os pido que hagáis un esfuerzo y por favor quedaos con lo bueno de cada etapa, sea reciente o no.

Por eso, retomo la dedicatoria inicial, querido "Monstruo Rosa". Me importa un bledo qué es lo que hace de ti alguien "distinto". Ya he explicado qué hace que yo me sienta y vea diferente. Así que sea por aspecto físico, creencias religiosas, orientación sexual, país de origen, circunstancias económicas, circunstancias familiares...o lo que sea, quiérete. Sí, quiérete, busca tu lugar en el mundo, todos lo tenemos. Mira a tu alrededor y observa cuánta gente te quiere y te apoya. Confía en alguien cuando necesites compartir aquello que hace que sientas que no puedes respirar. No estás solo (o sola), da igual. Abraza tu diversidad y disfruta tu vida, vívela siendo fiel a ti mismo. No aguantes desprecios, injusticias, faltas de respeto del tipo que sean...Alza la voz, acéptate, mírate con cariño, por dentro y por fuera. Y abraza la vida, porque solo es una, y no me gustaría que te lamentases el día de mañana por no haber aprovechado el hoy.

Seas como seas, tú vales mucho, no permitas que nadie intente hacerte creer lo contrario. Gordos, flacos, altos, bajos, "feos" (el concepto de belleza da para una novela extensa, hoy no va a poder ser), gais, lesbianas, transexuales, bisexuales, musulmanes, gitanos, extranjeros (ahora recuerdo la letra de una canción de Bunbury, "...Porque allá donde voy, me llaman el extranjero. Dónde quiera que estoy, el extranjero me siento..."), personas con pocos recursos económicos...

En la mano de todos está hacer de este lugar llamado mundo un sitio más habitable. Así que ya sabes, "Monstruo Rosa", estoy segura que encontrarás a mucha gente que sepa apreciar lo especial que eres, seas somo seas. Personas dispuestas a caminar a tu lado, escucharte, decirte una palabra de aliento o darte un abrazo. Por mi parte, ya sabes dónde estoy, y he tardado mucho en encontrar mi sitio.

Si conocéis a algún "Monstruo Rosa", os invito a compartir esta entrada, si creéis que de alguna manera puede servirle. Una vez un profe de Comunicación, cuando ya no era mi profe, me dijo, "Lo que no te hunde, te hace más fuerte." Desde luego, Javier Frutos...¡Cuánta razón! 

Os dejo un vídeo con la historia de "Monstruo Rosa":

viernes, 9 de agosto de 2019

¡Vivan las uñas de colores...una vez más!

Casi se me corta la digestión. Justo después de comer, como muchos, y más en vacaciones, me entra cierta modorra que, en verano en particular, suelo combatir con una siesta (qué gran invento español). Pero hoy no, no es el día. He de "agradecérselo" a una noticia recogida en Salamanca24horas, antes de continuar, os dejo el ENLACE. La noticia recoge cierta polémica por un vídeo publicado por una vecina de Villoria, en el que se queja de una actividad de la Escuela de Verano de esa localidad, en la que pintaron las uñas a su hijo.

No pensaba opinar porque al acceder a la noticia no salía ya el enlace al vídeo. No obstante, sí aparece al entrar en el "Facebook" de uno de los vecinos que le ha respondido: Rubén Cañizares Sánchez. Tiene el perfil público y por eso he podido verlo. Está en varios de los comentarios que hacen a lo que él publicó.

El vídeo no tiene precio, para más inri esta vecina al final de mismo pide que "esto llegue lejos", y no estoy yo por llevarle la contraria...en este punto solo. Advertencia, el vídeo dura la friolera de 15 minutos, tiempo más que suficiente para haberme levantado de la silla en varias ocasiones. 

Como cualquiera que siga este blog, sabéis que soy docente, concretamente maestra. Habitualmente tengo alumnos de la etapa de Educación Primaria (6 a 12 años); no obstante, en mi historia laboral he dado además Inglés a Infantil y he sido maestra de Refuerzo-apoyo con chicos y chicas de 1º y 2º de la ESO. 

Me he dado por aludida porque, precisamente en este curso que acabó en junio, yo misma he pintado las uñas a los niños (con O) y niñas (con A) de mi tutoría. De hecho me parece que si hubiera tenido tiempo algunos adultos también las habrían llevado pintadas, pero no pudo ser por falta de tiempo. En clase, un día conté la historia de ¡Vivan las uñas de colores!, escrito por Alicia Acosta y Luis Amavisca (dos personas encantadoras a las que posteriormente, en la Feria del Libro de Madrid, pude conocer en persona) e ilustrado por Gusti. Os recomiendo el libro, es muy sencillo, pero tiene mucha miga.

Hace meses hablé de este libro en el blog y de la actividad que hicimos en Carnaval relacionada con él. Por prudencia, opté por pedirles a mis alumnos que lo consultaran en casa, si les dejaban o no pintarse las uñas para los Carnavales. Y todos los que iban a estar en clase el viernes de Carnaval quisieron pintárselas, sin excepción y, según me dijeron, ningún papá ni mamá dijo "no", algo que nuevamente es de agradecer, mucho más visto lo visto...He de reconocer que tengo una suerte bárbara con los papás y mamás de mi clase. No vi ninguna maldad en ello y me pareció una actividad muy especial. De hecho me di cuenta que, quizá por la novedad, la disfrutaron más algunos niños que las niñas.

Para mí fue un gesto de cariño hacia todos, un detalle, una atención distinta y me encantó. Cuando la planteé no pensaba que resultaría tan bien. Solo con ver sus caras, vi que había merecido la pena. Partiendo de la premisa, actividad absolutamente voluntaria, no creo que nadie se sintiera mal. Ni tampoco me parece que ningún chico vaya a "convertirse" en gay por tener las uñas pintadas. Lo he dicho muchas veces, me es indiferente si el día de mañana cualquiera de todos los alumnos que he tenido en estos años, me dice que tiene novio en vez de novia. Lo mismo si es al contrario y alguna niña que en su momento haya sido alumna mía me cuenta que tiene novia (y no novio). Si ellos son felices, voy a ser todavía un poquito más feliz, sin dudarlo.

A mí lo que de verdad me importa es que sean felices, no con quien. Esto vale para mis alumnos pero es aplicable a cualquier persona que conozca. Y sea con quien sea, no quiero que lo escondan. Yo sigo "buscando" a mi príncipe, o algo más preciso, mi compañero de vida (lo de llamarlo príncipe suena ya obsoleto y utópico), pero respeto que cada cual esté con quien su corazón le dicte (príncipe, princesa, sapo, rana o lo que les apetezca). Lo que dice esta señora en el vídeo, afirmando tener amigos homosexuales y conocidas lesbianas y muy bien con ellos porque dejan esas cosas para su intimidad, me horroriza. El mismo derecho tendrá alguien heterosexual que homosexual para darle un beso a su pareja, ¿o no?, por poner un ejemplo.

Intento dejarme la piel con mis alumnos, en todo, les insisto en la importancia de la educación emocional (y la "trabajo" a diario), pero además de la empatía, el esfuerzo, pedir perdón y también perdonar, no rendirse y, lo que para mí es más relevante, en "Educar para respetar" (por ponerle algún nombre). Jamás he buscado que mis niños y niñas piensen igual que yo o adoctrinarlos. 

Me gusta creer que estoy poniendo mi granito de arena para formar niños y niñas que en el futuro sean hombres y mujeres respetuosos, libres para mostrarse tal y como son o piensan y lo más felices que puedan ser. Y no lo reduzco a su orientación sexual, sino a cualquier aspecto de su vida. El año pasado relaté parte de mis miedos, inquietudes, pensamientos...en una entrada denominada ¿Gordofobia?

Y quiero a mis alumnos tal cual, aunque algunos a veces me lo pongan muy difícil. Y los quiero como son, por dentro y por fuera, y no los cambiaría por nada del mundo. Creo que el tiempo nos hace madurar y limar nuestras no virtudes, claro está me incluyo, da igual la edad (siempre estamos a tiempo de cambiar...solo si es a mejor). 

Por todas esas razones me he animado a interrumpir mi descanso vacacional del blog y de medio mundo, para mostrar mi cabreo hacia mentes cerradas que constituyen un buen ejemplo. Hoy más que nunca...¡Vivan las uñas de colores!


miércoles, 6 de marzo de 2019

Carnaval en Guijuelo: mucho más que un día

Inauguramos el mes de marzo, el viernes día 1, con el desfile de Carnaval. No obstante, ese desfile llevaba una preparación previa, que para mí fue la parte más bonita.

Empiezo por los detalles. Después de la lectura de ¡Vivan las uñas de colores! en la segunda Pincelada de emoción sobre la vergüenza (viernes 22 de febrero), se me ocurrió, teniendo en cuenta que el disfraz de 5º era de tablero de Twister, pintar las uñas a los niños y niñas de mi clase que quisieran, de cara al Carnaval. Aunque hay gente que lo critique o no lo entienda, quise curarme en salud y me pareció más prudente que lo consultaran en casa, no siendo que a algún papá o mamá no le gustara la idea. A las claras fui preguntándoles qué les habían dicho en casa a todos. Me gustó mucho la respuesta de un papá. Al preguntarle a su hijo que qué le había dicho su papá, la respuesta de este padre fue que hiciera lo que él quisiera...Chapeau

Les advertí a todos mis alumnos que era algo totalmente voluntario, y no quería que nadie se las pintara si pensaba que no se iba a sentir cómodo/a, ni mucho menos que fuera a generar un conflicto en su casa.  Hago un inciso, por si los lectores no saben de qué va el libro "¡Vivan las uñas de colores!" Trata de un niño llamado Juan, al que le gusta pintarse las uñas, así, sin más lecturas. Disfruta pintándoselas con colores brillantes. El libro explica cómo reaccionan los demás niños y la familia de Juan. Me conquistó la historia y la veía apropiadísima para compartirla con mis alumnos. 

Me puse a echar cuentas, y como 18 de 19 habían dicho que sí querían que se las pintara, no me quedó otra que empezar el jueves, 28 de febrero, con la ardua tarea. Eran 180 uñas, usando 4 colores distintos...Daba dos capas por uña y una tercera que era el brillo (lo de "top coat" suena quizá muy profesional). Y he de decir que fue lo más bonito de toda la previa de los carnavales. No sé, es complicado de explicar y tal vez más difícil todavía de entender, pero me pareció algo muy cercano, muy especial. A muchos les dije que estaba por repetir la experiencia, me encantó (y me parece que a muchos/as también). Con el tiempo que pude dedicarle por la mañana no me dio tiempo a acabar...Debéis tener en cuenta que tuvimos clases, iba intercalando o  combinando el pintado de las uñas con actividades puramente académicas. Así las cosas, aproveché que había cambiado mi segundo jueves de permanencia en el cole con una compi, para hacer un turno de tarde de manicura. Casi todos entraron acompañados por sus mamás, más otro papá que estaba manos a la obra con un portátil de mi clase por cuestiones técnicas. El caso es que en algún momento de la tarde mi clase parecía el camarote de los hermanos Marx. Sin embargo, pese a eso o puede ser por ese motivo precisamente, me lo pasé muy bien. Seguramente algunos de los que integráis lo que cariñosamente llamo "mi gente" estaréis sonriendo y pensando que me va la marcha (sí, para qué negarlo). 

No sé ni cómo no vomité el bocadillo del Sancho (mira que estaba rico) que había comiado a velocidad de la luz a eso de las 14.15 hr, viendo que a esas alturas de la película mi disfraz estaba a medio hacer (y la tarde la tenía completita). Fue muy agradable el encuentro con mamás, papá e hijos, porque no era una reunión de padres, ni una tutoría y, a mí me gusta también poder pasar con ellos momentos así, más distendidos. Es mucho lo que me une a ellos (sus hijos), y no me parece bien despacharlos, porque creo que es necesario que exista una comunicación fluida entre ambas partes.

Y así acabó la tarde del jueves, no recuerdo (o prefiero no acordarme) de la hora a la que llegué a mi casa, hogar dulce hogar, en estado catatónico.

Algunos pensaréis que ya tenía todo hecho. No, para que el disfraz no quedara descafeinado y  que hubiera un "toque" común en las tres clases, quedaba la parte del maquillaje. Días atrás había hablado con mis compañeras tutoras de los otros dos quintos, porque se me había ocurrido pintarles 4 círculos con los colores del Twister en un moflete, a todo el alumnado de 5º. Esto fue ya una locura, no sé cómo el pulso me respondió, pero me dio tiempo a pintar a los alumnos de los tres grupos (unos 50), a dos maestras y a que una niña de mis alumnas, me pintase a mí...¡Gracias! La vida nos dio que apareció la tutora de 5ºB, como caída del cielo, por si podía ayudarme con los disfraces. De verdad que bendita puntería tuvo, estaba acabando de maquillar a los niños y me faltaban manos y tiempo. ¡Gracias! Si no es por ella no sé qué habríamos hecho. Bueno sí lo sé, salir diez minutos después...

Y ya listos, con maquillaje, manicura y disfraz, salimos al patio del cole. Allí hicimos un desfile, curso a curso, por el patio de la zona principal. Pusieron música de fondo y me lo pasé fenomenal en ese momento, liberé la tensión de los días pasados, por los carnavales y por mil y una historias, que nunca faltan. Y me puse a bailar, pese a que había mucha gente tras las verjas y a mí eso me da una vergüenza considerable, pero me hacía falta disfrutar con mis alumnos de un día así.

Después salimos hacia la Plaza Mayor. Descubrí con algo de horror que la Policía había cortado el tráfico para que pasáramos y, habían elegido un camino bien largo. Poco más y pasamos por La Dehesa para ir a la Plaza je je. El camino se me hizo eterno. Llegamos a una Plaza Mayor abarrotada de gente, en la que nos unimos a los niños, niñas y maestros del otro CEIP de Guijuelo, el Miguel de Cervantes...Y claro está, a los familiares, eran bastante, que se habían acercado hasta allí. Tuvimos mala pata, porque hacía un sol de justicia, y la espera fue larga.

Curso a curso, se iban acercando a la zona central de la Plaza. En ella estaba colocado un escenario con una rampa a cada lado. Este año, según lo explicado por megafonía, comenzaban los niños y niñas del Cervantes. Pasé un mal rato al ver que algunos de mis alumnos lo estaban pasando francamente mal por el sol. Propusimos ir el próximo año (si estoy) de piscina (con agua), abanico, sombrilla de playa o algo semejante. Cualquiera diría que un sol así de potente luciría en un marzo recién estrenado (preparaos para la Semana Santa, fijo que no soltamos el plumas, los guantes y la bufanda).

Los niños estaban inquietos, aburridos, con sed (algunas madres los auxiliaron acercándoles botellas de agua) y empezaron (algunos) a armar. No sé, creo que se podría variar la organización para que sea algo mucho más ágil para otro año. Además luego pensaba, que los papás no podían hacer una foto a sus hijos con su clase, solo caminando. Había cuatro o cinco fotógrafos frente al escenario. Les pedí a mis alumnos que no se bajaran cuando nos hicieran la foto grupal, porque mi idea era bajarme del escenario y hacer una foto de clase. Y sí, se acordaron y esperaron a que bajara. 

En mi opinión, la parte de la Plaza habría que cambiarla, o ampliar la del cole, poniendo unas vallas dentro del patio para delimitar zona padres/madres y zona alumnos, y dejarlo en plan familiar. No sé, a mí me parece que podría estar bien y sería bueno para todas las partes implicadas.

Luego esperamos un poquito más y volvimos al colegio sedientos. No me quedó otra que llamar la atención por varias actitudes que no me habían gustado durante el desfile de la Plaza. No me parece tan difícil portarse bien, saber estar y tener paciencia. Entiendo que estuvieran incómodos, no eran los únicos, pero no por eso me puse a fastidiar el trabajo del personal de Ayuntamiento (muy pendiente de nosotros en todo momento, y además muy amables). No sé, quiero pensar que es cuestión de tiempo, que tienen que madurar.

Allí nos reunimos con los tres compañeros que no habían podido participar en el desfile, e hicimos una foto de toda la clase. Y cómo no, lo mejor era hidratarse, así que saqué los refrescos del armario que teníamos sin estrenar (y sin caducar, obviamente) desde Navidad.

Vaya días tan intensos...Me habría encantado despedir a cada uno con un abrazo o dos besos, cinco días sin verlos son muchos, pero no tenía ni fuerzas. 

Fueron unos días bonitos, disfruté mucho de los preparativos, y el desfile en sí una gran alegría, me sentí más del Fili que nunca. 

Lo leas o no, necesito ponerlo y podría gritarlo a los cuatro vientos: Gracias Quinti. Gracias por la confianza, por el cariño, por ver más allá, por tu apoyo, por la parte humana, por ser una directora de 10, por hacer que desde que me marché del cole tuviera ganas de volver...Y, pero qué bonito es volver así. La vida es un Carnaval...¿Bailáis conmigo?



sábado, 19 de noviembre de 2016

Cortos con valores (II). Y el GOYA es para...CUERDAS.


En febrero del año 2014, Pedro Solís García ganó el Goya en la categoría "Mejor cortometraje de animación español" con Cuerdas. Una delicia...

De Cuerdas se han escrito muchas cosas. Es difícil resumir todo lo bueno que tiene este delicioso cortometraje. Decir que es un canto a la inclusión, a la amistad, a la perseverancia, al cariño, al respeto, a la empatía...Los protagonistas son un niño y una niña, a cual más especial. María, la niña, no ve barreras ni siente rechazo hacia un niño distinto, diferente; mientras que otros compañeros se apartan en cuanto ven que ese niño llega a su clase y unas niñas murmuran lo rara que es María por interesarse por ese niño. En una palabra, MARAVILLOSO.

Debería ser obligatorio su visionado en todas las aulas tanto de Primaria como de Secundaria. Da un juego tremendo y está tan bien contada la historia y con un gusto tan exquisito, que estoy segurísima no podrá dejar indiferentes a ninguno de nuestros/vuestros alumnos. PROBAD, yo ya lo he hecho.

No destripo más, deberíais verlo...