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lunes, 22 de junio de 2026

Incógnitas. Abrazos. Lágrimas. Sonrisas.

Era hoy un día repleto de incógnitas. Acudir al instituto, Venancio Blanco (los lunes estoy allí toda la jornada), sin saber a ciencia cierta, cuántos alumnos iban a hacer acto de presencia. Lo siento, pero esto son cosas de instituto que no alcanzo a comprender, y no me gustan. Primera sesión: pleno, 3 de 3. Para más inri, una de mis alumnas, "la alegría de la huerta", estaba esperándome en el hall del instituto bien temprano (la avisé del detallito que teníamos listo para todos los de Aula Abierta y la invité a pasarse por allí cuando pudiera). Los que me lean pueden pensar que mejor para mí si no iban...pero no. A día de hoy sigo sin saber si seguiré en los mismos centros educativos el próximo curso. Y rara que debe ser una, uno de mis mayores fastidios de esta incertidumbre es despedirme sin saber hasta cuándo. Soy consciente de algo, aunque yo siga en los mismos institutos, bastantes alumnos están o serán propuestos para una FP básica, por lo que no coincidiría con ellos en las aulas. Otros, pese a ser propuestos, puede que no entren, por tener 14 para cumplir 15 o 15 recién cumplidos. Así que, ante la duda, he decidido no guardarme nada importante dentro que les quisiera decir. Y me ha costado lágrimas, algunas en mi casa, otras en la propio Aula Abierta. Pero no me arrepiento de haber compartido con ellos tantas vivencias.

Es uno de los puntos fuertes del Aula Abierta, el trato tan próximo con el alumnado, el buen ambiente que hemos disfrutado en ella, el tiempo vivido con compañeros de Secundaria, las sesiones compartidas entre maestras, de Compensatoria, pero también de Pedagogía Terapéutica...Así que, ¡que me quiten lo "bailao"! Y benditas las lágrimas de esta mañana y de las semanas anteriores. Y benditos los abrazos dados y recibidos hoy. Y las conversaciones entrecortadas, la emoción compartida y las miradas entre unos y otros. Y también las palabras, porque lo de hoy no ha sido unidireccional, y eso es un tesoro. He tenido chicos y chicas muy especiales en Aula Abierta, y eso cala, acaricia las entrañas y deja huella. 

Esta mañana les entregamos un detalle a cada alumno del Aula Abierta, y a cada profe que vino a la fotografía grupal de hace una semana. Si sigo, ojalá sí, prometo plantear la fotografía de profes, maestras y alumnado con más tiempo, para que puedan venir todos o casi todos. La verdad ha sido precioso ver la reacción de cada uno, incluso la emoción de quien menos me lo esperaba. Me ha encantado. El tiempo dedicado ha merecido la pena. 

Dicho lo anterior, me temo que mañana no va a aparecer ninguno de los del Venancio. Puedo equivocarme, pero no creo, nos lo han dicho. A mí no me hace ni pizca de gracia, pero no voy a ir a buscar a nadie a su casa. Al menos agradezco que hayan sido sinceros y nos lo hayan dicho, porque así hemos tenido la oportunidad de despedirnos, en condiciones. Y eso sí me apetecía.

Mañana le toca el turno al IES Francisco Salinas, entendí que hoy fueron pocos, pero me da que mañana van a ir más, aunque sea por ir contracorriente. Ya veremos. Estuve planificando lo que hacer con el alumnado de ambos buena parte del fin de semana, a lo mejor he perdido el tiempo. Lo que pasa es que, ante la duda, prefiero llevar las cosas preparadas.

En unas horas saldré de dudas. La primera, si alguien del Venancio va (lo dudo mucho); la segunda, cuántos de mis alumnos del Salinas aparecen por allí.

En cualquier caso, hoy no sé ni cómo he podido meterme en el coche, volviendo tan llenita de amor por todos lados. Gracias, eso no cambia pueda continuar o no. Gracias especiales a los que habéis confiado en mí, eso no me lo quita nadie, ni nada lo va a cambiar, pase lo que pase.

Así que, en resumen, una mañana especial, la mire por donde la mire. ¡Qué suerte la mía! 

Y estoy convencida de algo: al final, el tiempo deja que sigan en nuestras vidas las personas que de verdad valen la pena. A mí, este curso me ha puesto en el camino o reencontrado con algunas personas maravillosas. Y eso, queridos lectores, no hay sueldo que lo pague.


sábado, 23 de mayo de 2026

El mapa de las emociones (2)

El miércoles 13 comenzamos la segunda sesión de "El mapa de las emociones". Reconozco haber cruzado los dedos para que no saliera uno de los tres libros envueltos. Y funcionó. Eligieron justo el que añadí tras haber desenvuelto el de la semana pasada.

"¿Qué nos hace felices?" fue el afortunado. Un libro de Marie-Agnès Gaudrat e ilustrado por Carme Solé Vendrell. Tengo la suerte de tenerlo dedicado, con dibujo incluido, por la ilustradora. Es de la editorial VVkids y, aunque sus dibujos pueden parecer bastante infantiles, del texto que los acompaña puede extraerse mucha "chicha". Es un libro amable, bonito a nivel visual, de los que apetece llevar al aula. Como la vez anterior, lo leímos entre los tres. Lo bueno de ser solo un alumno, una alumna y yo, es que puedo colocarme entre ambos y es posible que ellos participen en la lectura, que no sean meros espectadores.  Iba haciéndoles preguntas o comentando cosas para que se fijaran en algún detalle de los dibujos del libro.

A continuación les di dos fichas, insistiendo que no se trataba de una carrera para rellenarlas cuanto antes, sino poco a poco. Y la primera actividad que aparecía, todo un clásico para los que me seguís la pista por aquí. La he hecho muchas veces y con alumnado de cursos muy dispares, de coles e institutos. Ni más ni menos que responder en tres minutos a esta pregunta: ¿QUÉ ES LA FELICIDAD PARA TI?

Obvio que parto con ventaja porque las fichas las hago yo y no me pillan por sorpresa, pero intento ajustarme al tiempo que les doy a ellos. Con los pajaritos y sonidos de la naturaleza del cronómetro de mi móvil de fondo, puse la cuenta atrás de tres minutos, ni uno más, ni uno menos.

Esta fue mi respuesta:

La felicidad es que los que quiero estén bien de salud (y yo también). Es despertarme por la mañana y que a mi lado esté mi novio y me dé los buenos días con un beso. Es un abrazo apretado de alguien que me importe. Es hacer fotos, cuidar a los que quiero, dar con buena gente, cocinar para las personas a las que quiero. Dibujar, escuchar música, sentirme en paz, que no me fallen, la confianza, el cariño, el amor...

No sé si es que con el libro nos entretuvimos más que con el anterior, probablemente, pero solo dio tiempo a hacer las actividades de una cara y la mitad de otra.

No me quedó otra que dejar lo que faltaba para la semana siguiente, es decir, esta. Como a base de ensayo-error se aprende, intentaré tener en cuenta más la extensión del libro a la hora de diseñar actividades, tanto en número como en extensión.

Y como tampoco es cuestión de abrirme en canal, no me apetece compartir ninguna más de mis respuestas. Me llamó la atención que al llegar a la tercera página, el "Felizómetro", mi alumno no quisiera leer uno de los tres momentos que había puesto. 

Incluyo dos vídeos de los que he sacado información para elaborar las fichas. En las fichas estas incluidos los enlaces a los mismos.


Como la vez anterior, os dejo el enlace con las fichas. Si alguien quiere tenerlas sin marca de agua, pero con una mínima referencia de quién las ha hecho, solo tiene que contactar conmigo. Es curioso pero resultó más sencillo hablar de algo complicado y que se asocia más a la tristeza, con el libro de "¿Por qué lloramos?", que con este de la felicidad. Ayer 27 de mayo deberíamos haber desenvuelto otro título, pero faltaba mi alumna de 1º de la ESO, y como solo son dos, opté por dedicar la sesión a Lengua y Matemáticas y retomar los libros cuando estemos los tres, hasta el 10 de junio no va a ser posible.

Y de la mano de mis queridos Eva Amaral y Juan Aguirre, dejo el cierre de esta entrada. "No quiero más canciones tristes." Pues eso.


Ojalá los que veáis esto tengáis un día agradable, no necesariamente feliz, pero sin grandes sobresaltos.

martes, 12 de mayo de 2026

Chambear

Reivindico la importancia de las palabras que usamos en nuestro día a día, las coloquiales y las más formales. Lucho por ampliar el vocabulario de mi alumnado, pero ellos también pueden darnos a conocer nuevos términos. Y así hoy, sin buscarlo, ha llegado a mi vida "chambear"...¡Muchas gracias!

En internet aparecen significados como este:

"Chambear" es un verbo coloquial utilizado en México y varios países de América Latina para referirse al acto de trabajar o realizar una actividad remunerada. Es sinónimo de trabajar, ocuparse o ejercer un oficio, a menudo usado en el contexto de un empleo constante o "la chamba" diaria.
Detalles Clave sobre "Chambear":
  • Origen: Se popularizó en México durante los años 40, derivado de la migración de trabajadores (braceros) a EE. UU., quienes acudían a las oficinas de la Chamber of Commerce (Cámara de Comercio) para renovar contratos. 
  • Uso: Es muy común en México, Centroamérica y parte de Sudamérica, especialmente en Venezuela. 
  • Variantes:
    • Chamba: El trabajo en sí (sustantivo).
    • Chambear: La acción de trabajar (verbo). 
  • Sinónimos: Trabajar, laborar, currar (en España/Argentina), desempeñarse. 
Ejemplos de uso:
  • "Me voy a chambear temprano."
  • "Ahorita no puedo, ando chambeando."
  • "¡Ese tipo sí chambea!"
La web de la RAE lo recoge así:
intr. C. Rica, Guat., Hond. y Méx. Trabajartener una chamba.

martes, 6 de julio de 2021

Lo "normal". Lo distinto

 Mi amiga, la RAE, define así la palabra normal:

normal

Del lat. normālis.

1. adj. Dicho de una cosaQue se halla en su estado natural.

2. adj. Habitual u ordinario.

3. adj. Que sirve de norma o regla.

4. adj. Dicho de una cosaQuepor su naturalezaforma o 

magnitudse ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

5. adj. Geom. Dicho de una línea recta o de un planoPerpendicular a otra recta o a otro planoApl. a líneau. t. c. s. f.

6. adj. Geom. Dicho de una líneaPerpendicular en el punto de contacto al plano o recta tangentes a una superficie o línea curvasU. t. c. s. f.

Este blog lleva un tiempo adormilado, quizá por la intensidad del final de curso y las ganas de alejarme un poco del ordenador.

Pero no, hoy ya no. No me apetece quedarme de brazos cruzados, como el que oye llover. He desconectado lo suficiente del teclado como para regresar a él con los dedos a velocidad de la luz (bueno, me he pasado, algo menos). 

El pasado 3 de julio fallecía un chico de solo 24 años. Parece ser, insisto en el "parece", debido a una paliza de puñetazos y patadas de siete cobardes (quizás más). Antes de escribir aquí he leído mucho en internet, escuchado programas de radio y visto la televisión. Queda por demostrar si es un crimen de odio (me temo que sí), relacionado con la orientación sexual del joven, era gay. Y desde luego aunque el triste resultado no va a variar, las circunstancias sí importan. 

Me pregunto por qué alguien mata a otro, así, porque sí. ¿Por un simple malentendido? ¡Venga ya! ¿Qué importancia tiene que fuera homosexual? Creo que mucha, porque hay gente que demuestra su odio hacia lo distinto, hacia lo que no es igual que ellos. Me parece que debemos plantearnos, como docentes, qué podemos hacer desde nuestra (privilegiada) profesión. Llamadme ilusa pero defiendo a capa y espada que la educación sí es el arma más poderosa que tenemos para cambiar el mundo. Y precisamente por eso, de alguna manera es un "arma", hay que ser muy cuidadosos. Sí, ahora estarán los que lean mis palabras y digan, "Raquel, la educación viene de casa." Y puntualizaría, "debería". Ojalá los niños y niñas llegasen a los colegios sabiendo y aplicando el respeto, la empatía, la tolerancia, la sensibilidad, la amabilidad, el perdón (pedirlo y saber perdonar)...Pero en un porcentaje relevante no es así.


En mis algo más de trece años como maestra, me he encontrado con niños y niñas muy diferentes. Me gusta ir con el respeto por bandera, aunque no siempre me hayan devuelto la misma moneda los propios alumnos o algunas familias. Sinceramente, la inmensa mayoría han respetado mi labor, han colaborado y escuchado con infinita paciencia mis observaciones, consejos, sugerencias...Igual que yo a ellos. Y no recuerdo haberle faltado el respeto a nadie, pese a que mí, en casos muy concretos, sí me lo han faltado.  Para mí los alumnos son el reflejo de sus familias, de lo que viven y ven en sus hogares. No es fácil "lidiar" con familias que construyen muros en vez de puentes, he notado como unas pocas me han visto como el "enemigo" en lugar de una "compañera de remo", ¡qué lástima!

Y al escuchar la noticia del asesinato de Samuel, pensaba en todos esos niños, que según la RAE no entrarían en el grupo de "normales". A esos que alguno miraba torcido por tener pluma, amaneramiento al hablar, moverse...; gustos no propios de "niños"; o hacían de lado por esas razones. Y me daba mucha rabia. Siempre he sentido la obligación de hacerles saber algo importantísimo a todos mis niños y niñas, o ya los jóvenes del instituto: Todos tienen un lugar en el mundo. Tuviera su familia dinero para dar y tomar, o lo justo para vivir; fueran españoles o de otro país; estuvieran delgados o gordos; los vieran "feos" o "guapos" (qué subjetivo es lo de la belleza); vinieran de una familia típica o no tanto; profesaran ciertas creencias religiosas...o ninguna. Y no es fácil no entrar en la categoría de "normal."  A veces algunas madres en tutorías trataban de justificar lo que para mí era inadmisible. Pensaba que claro, si algunas familias (afortunadamente, son pocas) se ríen y restan importancia a lo que a mí me parecía discriminación o una sangrante falta de respeto, ¿cómo ampliar la mente de sus hijos? 

Nuestro sistema educativo cogea en algunos temas, entre ellos, en mi opinión falta una especie de "educar para convivir". No sé, habría que darle una vuelta al nombre, y muchas al contenido, para que fuera producto del consenso. Pero hay "algo" que falta en el currículum de una manera oficial. Al final cada uno hace lo que considera más oportuno. Intento que mis alumnos sean tolerantes, respetuosos los unos con los otros, amables, sepan escuchar, intenten ser pacientes, aprendan todo lo que puedan según sus aptitudes y circunstancias familiares, pidan perdón cuando se equivocan, no sean rencorosos con el que ha metido la pata...Y no sé si lo estoy haciendo bien, pero de verdad lo intento con todas mis fuerzas. Me gusta que ellos se sientan libres, y puedan decir lo que piensan, sienten...en cada momento. Y puedan preguntar, porque si ellos sienten esa libertad y ese respeto van a plantearnos multitud de preguntas y, nosotros, como adultos, deberíamos procurar dar respuesta a todas esas dudas que ellos tienen, a esa curiosidad por un mundo que todavía no alcanzan a comprender muy bien (bueno, a veces ni yo lo entiendo).

No me gusta que se den las cosas por sentadas, y verbalizo muchas que para otros docentes son tabúes. Y me ha tocado insistir, y más al grupo de niños, con o, que a mí lo que me importa es que sean felices, da igual con quién, y si su pareja es un chico y no una chica, perfecto también, mientras haya amor ¿qué más da?. No creo que hagan daño a nadie, el daño supongo que se lo harían si no actuaran acorde a lo que su corazón les dicta. 

Pero esto lo amplío a muchos ámbitos, no solo el de la orientación sexual de mis alumnos. Tenemos un poder, los docentes, ya seamos los maestros, o los profesores, y hay que tratar con mimo a esos niños, jóvenes, etc. Ellos serán los adultos del mañana y a veces los hundimos o reflotamos con lo que les decimos. También hoy tenemos en las aulas muchos tipos diferentes de familias. Eso de papá y mamá se casaron, tuvieron un bebé y fueron felices y comieron perdices, es eso, un cuento. Vale sí, todavía hay familias que sí son de este tipo. Pero cada vez es más frecuente ver que los padres están separados (y lo bien, mal o regular que llevan esto los hijos), casos en los que uno de los dos falta, porque falleció (os sugiero mucho tacto y paciencia), no quiso estar o es una familia monoparental. Y todos esos niños y niñas tienen que sentir que tienen su espacio, nuestra atención, cariño, comprensión, escucha...Debemos mostrar una gran delicadeza, no comparar familias pero sí hacerles ver lo bonito que tiene cada una, sea como sea. En mi "repaso" voy a mencionar también a los inmigrantes. Si además tienen desconocimiento del español, una dificultad añadida para encontrar su "hueco". A mí me da igual de dónde sean mis alumnos, el respeto no debería tener bandera, lo doy y lo exijo a todos. Reconozco que los alumnos inmigrantes no lo tienen fácil, en parte porque hay gente que se lo pone difícil, por el mero hecho de no ser españoles (manda narices). Ojalá aprendiéramos a enriquecernos con lo hermoso de cada lugar, y de sus gentes.

Continuando con las categorías de "normal" y distinto, llego a la mía. Hablo de lo que conozco y he vivido, y esta es la mía. Lo digo como gorda, sé de lo que hablo. Lo habréis leído en otras ocasiones, el mundo está construido principalmente para los delgados. Siguen existiendo personas que porque otros no tengan una talla "normal" creen que pueden mirarte mal, insultarte, o no quieren conocerte (allá cada cual). A mí me ha costado muchas lágrimas. Afortunadamente cada vez derramo menos por este motivo. Pero no por los demás. El cambio debe nacer de uno mismo, cuando aprendes a quererte, los demás lo notan. O esa impresión me da a mí. Y para quererse hay que cuidarse, aunque me siga cayendo el "sambenito" de las tallas grandes. Aunque los demás también cuentan. Pero son "mis demás", la gente a la que quiero y me quiere. La que me abraza, besa, acaricia, escucha, ayuda, apoya, respeta...sin talla. Va a ser cierto eso de "No hace daño el que quiere, sino el que puede."

Como unos pocos sabréis ya, regreso a Compensatoria el próximo curso, de mi "Seve" (CEIP Severiano Montero), hablaré próximamente, porque me apetece mucho. Pues bien, mi plaza será a caballo entre un cole y un instituto. No sé cómo van a ser mis alumnos, ni la edad ni las circunstancias de la mochila de cada cual. Pero espero que vean que conmigo pueden ser ellos, da igual su aspecto, los bienes materiales, sus gustos, las creencias reiligiosas...Y, por supuesto, su orientación sexual. Al escribir esta entrada he visto muchas caras, de alumnos, algunos ya hombres, por la edad. Y me gustaría pensar que todos ellos, con algo de pluma o poca, son felices y pueden mostrarse como son sin miedo. Tal vez ahí está la clave, el miedo a lo desconocido (por los cobardes que insultan, agreden excluyen...) y el miedo al rechazo que en algunos casos les hacía fingir lo que no eran o disimular su pluma. No obstante, con pluma o sin ella, quiero que todos los que han sido mis alumnos, tengan la oportunidad de encontrar la felicidad. Siempre estaré aquí para escucharos, pueda ayudaros de alguna forma o no. Gracias por la confianza y por el cariño.

Espero que no tarden mucho en aclaran las circunstancias de la muerte de Samuel. Y ojo, si se confirma que ha sido un crimen de odio, que aparezca alto y claro en todos los medios posibles. Y tomemos nota, algo así no puede repetirse.


#JusticiaParaSamuel

domingo, 10 de junio de 2018

Días previos a fin de curso

Sí, en realidad "todavía" quedan doce días, pero a los docentes como yo, deciros que no os vais a enterar casi. Ahora se avecina un vendaval que no podremos frenar. Y, en menos que canta un gallo, nos plantamos en el 22 de junio a las 13 horas, uno de los momentos, para mí, más tristes de cada curso. Ese instante en el que las aulas se vacían, en el que los alumnos se van y solamente algunos se dejarán caer por el cole para acompañar a su mamá o papá cuando vengan a recoger las notas. Aunque luego los "profes" estemos en los colegios hasta el 29 de junio.

Pero antes de eso, mucho por hacer: explicaciones de última hora (los alumnos llevan ya un tiempo algo o bastante desconectados), exámenes, informes, memoria, excursiones, fin de curso...La verdad es que da un poco de vértigo, pero hay que pasarlo.

Y en medio de todo lo anterior, sin esperarlo, a pesar de haber tenido la mosca detrás de la oreja pensando que "algo" iba a pasar, se marcha la familia de un alumno, claro está, con él también. No sabes muy bien a qué país, porque según quién te informe te dicen uno u otro. Eso es secundario, se ha ido y punto, no hay más cáscaras.

De mis alumnos, de los de Compensatoria, no es el primero que se va del cole, y de Salamanca, a lo largo de este curso. Si las cuentas no me fallan, tristemente es el cuarto. Una niña se marchó a Málaga en la primera evaluación; a ella le siguió otro niño que no tengo muy claro por qué provincia española anda; más delante otro regresó a Bulgaria y en principio volverá el próximo curso; y ahora tú, el cuarto.



A todos los apreciaba, a cada uno de una manera distinta porque así son ellos, así somos todos, muy diferentes. Como dato curioso el que se acaba de ir, me dio pie a escribir una entrada del blog, la del 5 de octubre de 2017, COSAS DE ALUMNOS: PALABRAS PARA RECORDAR.

Para refrescaros la memoria a los que habitualmente seguís el blog, es el niño que un día me dijo: "Pero Raquel, tú...¿Por qué nos quieres tanto?" Recuerdo perfectamente su mirada y dónde estaba sentado. Entendedme, no sé a vosotros, pero a mí no es algo que me pregunten a diario, ni mucho menos. También he de reconocer que con estas palabras o parecidas, no es el primero que me lo dice en estos diez años y pico que llevo de maestra. Y, si os soy sincera, me lo han dicho mucho más desde que estoy en Compensatoria. Dentro de las "especialidades" de maestros, la de Educación Compensatoria es otro mundo, una galaxia distinta. Lo que pasa es que una vez que estás en ella, si te gusta, te engancha, y eso me ha sucedido a mí. Jamás me he sentido tan útil, tan valorada, tan querida, tan especial. Es como si cobrara un sentido especial lo que hago, de repente, todas las piezas del puzle encajan, están en armonía, sin forzar nada.

La diferencia respecto a otros alumnos es que me parece que él sí sabía que se iba, y se marchó sin despedirse. De los tres anteriores, una niña se marchó y pensamos que regresaría; otro pudo despedirse, aunque fuera de forma precipitada y, el tercero, sí nos dijo adiós con cierta antelación. Y este último, el cuarto, dejó de ir al cole semana y media antes. Ahora, atando cabos, me doy cuenta que no supe interpretar sus señales, leer entre líneas...pero que sí estaba intentando que me diera cuenta y, tonta de mí, no lo vi. Me da rabia, mucha, no haber tenido la oportunidad de despedirme, y de hacerlo en condiciones. Él tendrá sus motivos, y los respeto, no queda otra. Algo en mi interior dice que no va a volver a España y, tal vez, solo tal vez, eso explique que no haya sido capaz de acercarse a despedirse de todos (compañeros y profes). Ojalá me confunda, me encantaría.

Y deseo que, en el país que estés, vayas al colegio, aunque a lo mejor tengas que aprender un nuevo idioma. Ojalá la vida te haga ver que la mejor puerta de cara al futuro te la abre la educación. Ojalá seas feliz, allá donde estés. Te deseo toda la suerte del mundo...Florín. Quién sabe, a lo mejor sí volvéis, antes o después. Me parece que sabrías cómo localizarme. Desde luego que cada uno de los que os habéis ido habéis dejado un hueco...y se nota. Y duele, y ahora que el curso se acerca a su final, un poquito más.

Tus compañeros (y tus primos) no me han visto llorar porque te hayas ido. Eso no quiere decir que no lo sienta, pero me he reservado mis lágrimas para la intimidad, para mí, sin compañía. Sé que muchos colegas de profesión no entenderán cómo me siento, soy así. Cuando te vuelcas tanto con cada uno de los alumnos que tienes, te preocupas por cuestiones a las que no muchos les dan importancia, pero a que mí me parecen vitales, es inevitable. Está fenomenal que mis alumnos sepan cuáles son las tablas de multiplicar o localizar el sujeto y el predicado de una oración, desde luego. Para mí, aunque no lo comprendáis, es más importante verlos felices, que se desahoguen si tienen algún problema, que resuelvan un conflicto con algún amigo, que aprendan a quererse, que entiendan que cada cual tiene que aceptar lo que le ha tocado en suerte sin desanimarse, y tratando de poner una nota de color en lo que a menudo es gris oscuro...

También tu marcha me ha ayudado, una vez más, a aceptar que en el mundo educativo, todos vamos y venimos. No estamos "fijos" en ningún sitio, ni vosotros los alumnos, ni nosotros los maestros, que nadie se engañe. Y no es ningún drama, nadie es imprescindible, ninguno lo somos. Simplemente, así es la vida. Podemos útiles en cualquier sitio, esa es otra de las cosas maravillosas de la docencia, da igual el cole o el instituto, en todos hacemos falta. Y en todos hacen falta niños, jóvenes, adolescentes, sin ellos nosotros no existiríamos.



Gracias Florín, por haberme aportado tanto en casi dos cursos académicos. No sé con qué te "quedarás" tú de mí, pero yo de ti (y contigo) he aprendido mucho. Me parece que un maestro solo puede llegar a ser buen maestro cuando está dispuesto a aprender de sus alumnos, cuando reconoce que quizá ellos puedan enseñarle mucho más de lo que guardan los libros.

Y aquí me detengo, porque como comenté al principio, todavía tengo muchas cosas por hacer antes de terminar el curso. Si tardo unos días en aparecer por el blog, por favor, comprendedme, hay cuestiones urgentes que requieren mi tiempo y atención.


Esta fotografía y todas las de esta entrada, son propiedad de La emoción de aprender.