¡Vaya días! A veces me dan ganas de frotarme bien los ojos, pellizcarme o ambas a la vez, por si lo que estoy viviendo en un momento determinado es algo imaginario o es real. Y la vida se empecina en ponernos a prueba a todos, con cuestiones puntuales o hechos que se prolongan más en el tiempo. Pero pruebas no nos van a faltar a ninguno. E imagino que para cada uno, las que le tocan, son las más duras. No considero que las mías sean las más duras, aunque el hecho de ser relativamente inesperadas, hacen que haya que lidiar con ellas con mayor empeño. No es fácil reaccionar, mi sensación es de haberme quedado un poco en shock.
Me voy a quedar con lo bueno, lo positivo. Lo sucedido podía haber sido incluso peor, una desgracia en letras mayúsculas, y no me quiero ni imaginar el dolor que sentiría ahora. Como, afortunadamente no ha sido así, hay que recomponerse y confiar en que hay cuestiones que van a funcionar mejor a partir de ya mismo. Sé que no va a ser por "arte de birlibirloque". Y tomo nota de la parte que me toca, que no es poca. Hay ocasiones en las que para poder ayudar a otros tenemos que hacer cambios en nuestras propias rutinas antes. Y en eso ando. No va a ser sencillo, pero estoy empeñada en vivir. Y por supuesto en que sigan vivos, y con una salud razonablemente buena, los que más quiero. Sí, tal cual.
Por varias razones, en un corto espacio de tiempo, tres días, he llorado mucho. Y la mayoría de mis lágrimas he procurado que fueran en soledad. Tiendo a hacerlo cuando coincido con alguien más que llora por el mismo motivo que yo, y analizando la situación creo que quizás, deba ser yo el punto de apoyo y no la rama que se inclina. Puedo estar confundida, no necesariamente he de tener la razón.
Me he prometido a mí misma no agobiar ni agobiarme, aunque eso suponga "perforarme" la lengua. Como he dicho, quiero seguir viviendo, y que los míos también. Hacer mi parte no es moco de pavo, mi convencimiento es enorme y no hace falta que nadie me diga que debo cuidarme más. La semana pasada tuve dos señales de otras personas, que me han hecho reflexionar sobre ellos, y sobre mí misma. Y sobre la distinta "suerte", que a unos los lleva al final y a otros les da una nueva oportunidad. Y este mundo es muy bonito, pese a las putadas, lo siento pero son putadas y no hay un sinónimo mejor ni más claro. Y valoras la importancia de poder ver respirar a quien quieres, de seguir pudiendo acariciar a esa persona, de continuar escuchando su voz, y disfrutando de su mirada y de su sentido del humor, pese a las circunstancias. Que nunca nos falte el sentido del humor, por favor. Ni las ganas de caminar de la mano.
Por eso hoy termino de escribir esta entrada haciendo hincapié en el ya, el ahora mismo. En un pestañeo la vida puede cambiar de una manera drástica. La manida frase de "no somos nadie" cobra sentido cuando todo da un giro de 180 grados. E intentamos atinar para encontrar la mejor manera de ayudar, y la de no caer nosotros mismos.
Vamos a valorar más cada caricia, abrazo, beso, sonrisa, mirada, palabra...Todo. Bueno no, haced lo que queráis, cambio el "vamos" por un "voy". Y celebro la vida como se merece, porque hoy estamos aquí, pero mañana...¿Quién sabe?
Perdonad por no ser más explícita, no me apetece. Los que quiero que entiendan lo escrito aquí sabrán interpretarlo, leer entre líneas y darse cuenta de a quién me refiero. Decir que me he llevado un buen susto es poco. He sentido miedo, mucho miedo. Me considero valiente pero no soy de piedra. Y llevo un par de años bastante intensos, en los que me he sentido un poco cerdito, construyendo casitas de distintos materiales. Y el lobo una tras otra las ha ido tumbando, o las ha dejado para una reforma integral. Pero sigo en pie. Y también sé soplar. Lo que va a soplar es el viento a favor. O eso pretendo con todas mis ganas. A ver si lo logro...Dedos cruzados.
Imágenes propiedad de Raquel Plaza Juan.