Anoche dejé muy avanzada una entrada para el blog, con la idea de rematarla ayer. Juraría haberla guardado como "borrador". Abro "blogger" y nada, borrador en blanco, sin título (lo dejé puesto) y en el contenido ni una sola palabra. Es la primera vez que me pasa en los años que llevo con el blog. Reconozco que no muchas veces hago eso de dejar las entradas sin terminar y continuarlas y acabarlas en otro momento. Prefiero escribir "del tirón", pero no siempre se puede.
El sábado estuve en el Liceo, me encanta ir al teatro. Bueno, amplío, al teatro, a conciertos, a musicales (depende)...Fui con dos amigas que no se conocían, no soy muy de mezclar ni juntar a personas que no se conocen, pero hace ya meses que empecé a cambiar el chip. Por circunstancias que no vienen al caso, veo las cosas de otra manera. No creo en lo de empecinarme en juntar a amigos de distintos lugares, porque aunque pueda ejercer de nexo, eso no implica que esas personas vayan a llevarse bien, y no me gusta un pelo forzar vínculos, nunca. La verdad es que disfruté mucho del rato con ellas. Y la obra de teatro estuvo bastante bien, pese a que nos ahumaron. No entiendo ese empeño en echar humo a todas horas. Sí, sería una forma de crear un ambiente determinado, pero el humo inundaba parte del patio de butacas y era bastante molesto. Llegué a toser varias veces y me picaban los ojos. También lloré un pelín, pero en realidad no fue por el humo, sino porque me asaltaron los recuerdos.
Mi vez anterior en el Liceo no recuerdo bien cuándo fue. La que me vino a la cabeza fue la que estuve con mi padre y mi hermano. Y mi vista se fue directa a la zona aproximada en la que nos sentamos, no me acordaba del lugar exacto. Recordaba que era un palco y de qué lado estábamos. Fuimos a ver una obra protagonizada por el maravilloso José Luis Gil, al que le dio un ictus unos meses después. Hacía un papel brillante, una pasada. Era la obra "Eduardo II, ojos de niebla." No puedo evitar que en determinados sitios se me encharquen un poquito los ojos. Es una sensación extraña, dulce y amarga a la vez. Amarga porque ya no estás, papá. Y dulce por la infinidad de momentos que pudimos compartir contigo, parte de tu legado. Eso no evita que siga sintiendo, a veces, un nudo en la garganta. Ese nudo no se ha suavizado, aunque no lo tengo con la misma frecuencia que meses atrás. Hay instantes en los que noto que está más apretado y tirante que nunca, pese a los nueve meses y trece días que llevamos sin tenerte a nuestra vera. Hace poco unas viñetas de Occimorons daban en el clavo. Cada una de sus viñetas es una joya, me quedo con lo de "los duelos, duelen". Y pensando en lo que me dijo una amiga el otro día, intentaré ser menos dura con algunas actitudes de otras personas, porque es cierto que lo más seguro no es que actúen con maldad, sino que no saben otra forma de hacerlo y me demuestran, a su manera, que se preocupan por mí. Las viñetas de las que hablo pueden ayudar a otras personas que están viviendo duelos durísimos también. Para cada uno el suyo es el más duro. No me atrevo a enviarles el enlace de la entrada, confío en que lleguen a ella a través de Facebook o mi estado de WhatsApp, y si no llegan a ellas es que no es todavía el momento de toparse con algo así. En cualquier caso, os envío un abrazo grande, grande, sin nombres, confío en que os llegue. Lo que sentís no se va a pasar no hoy ni mañana, quizás dentro de unos meses o incluso un año tampoco. Pero ojalá podáis integrar ese dolor y aprendáis a vivir con él, cuando sea. Lo sé, ese vacío es tan fastidiado y profundamente doloroso que seguramente ahora resulte hasta asfixiante. Ánimo, de corazón. Me parece una solemne idiotez preguntaros qué tal estáis, veo señales vuestras que ya responden sin preguntar.
Ojo, no soy una santa, soy consciente que he metido la pata con algunas personas de mi entorno, porque en algunos casos no he sabido cómo estar en momentos que me necesitaban. No es excusa que yo no estuviera para tirar cohetes, Y en otros simplemente hay vínculos que no son recíprocos. No puedo responder siempre en los mismos términos. Me da rabia cuando sé que hay cariño de por medio, pero las amistades, al igual que las relaciones de pareja, no siempre son correspondidas. O no siempre se responde como se merece la otra persona. Eso no quiere decir que haya hecho algo mal, es que la afinidad cada cual la percibe de un modo distinto. Y respecto a las amistades, es complicado hablar o decir, si opto por callar es porque ahora mismo no me nace otra cosa. Y soy muy reflexiva, sé que hablar duele y el silencio duele también, no sé si más, cada persona es un mundo.
Hace no mucho hablaba con una persona de algunas similitudes entre el duelo por haber perdido a un ser querido por fallecimiento, y haber puesto fin a una relación de pareja. No son procesos exactos, obvio. Aunque uno de los puntos en común es que ambos me parecen dolorosísimos. En el primero esa persona ya no va a estar nunca más en nuestras vidas. En el segundo no se sabe, puede que tenga más que ver con cómo lo gestiona cada uno. El tiempo y la evolución de cada persona determinara si sus caminos se cruzan, aunque no sea de la misma forma que antes, o pasan a ser líneas paralelas. Lo que sí tengo cristalino es que en los dos tipos de "duelo" hay que pensar mucho, quererse mucho, tratarse muy bien, cuidarse mucho...Y todo, A UNO MISMO. Vivo el proceso de duelo, por el fallecimiento de mi padre, como algo individual, lo que no quita que me apoye en los que más me quieren y mejor me entienden, pero lo tengo que afrontar yo. Hay días en los que me siento más "blandita" y otros fuerte, bastante fuerte. Y repito el ejemplo del océano. Si varias personas caen al agua en el medio de la nada, cada cual ha de luchar por salir a flote. Y solo una vez que esté a flote puede intentar "rescatar" a otra, pero no sin antes asegurarse que ese rescate no se traduce en un nuevo peligro de hundimiento. Quiero saber de las caídas al agua de los que quiero. Y de cuando salen a flote. No me apetece que me edulcoren la realidad porque ven que no estoy al 100%. Igual que las malas noticias, quiero que sigan compartiendo sus buenas nuevas, porque sean las que sean, si a ellos les hacen felices, a mi me sumarán felicidad, seguro.
Hace unos meses empecé a ver "Love is blind", de lo visto hasta ahora elijo la edición sueca, de la que solo hubo una edición. En la americana, dejé de verla durante muchas semanas porque me aburría profundamente, pone que hay seis temporadas o llamadlo como queráis. Si alguno siente curiosidad está en Netflix. A medida que avanzan pierde frescura y gracia, y repiten patrones que hacen que piensen más en su futura fama que no en el "experimento" en sí. Ya, es un reality show, y se nota. A pesar de ello tiene algún destello puntual que hace que, de vez en cuando, siga viéndolo. Recientemente una participante le decía a otra: "La gente que te quiere se toma tu pasado como un mapa para saber cómo amarte." Fue escuchar eso y coger algo para apuntarlo, me encantó. Y apagar la tele, tal cual, me apetecía pensar en lo que eso significaba. Creo que es importante conocer el pasado de las personas con las que compartimos nuestra vida, y que ellas sepan cómo es el nuestro. No se trata de hacer un resumen y soltarlo de golpe. Tampoco es necesario contar todo con puntos y comas. Pero sí lo considero de ayuda, ya sea para querer o para que me quieran. Agradezco que quien está a mi lado comparta conmigo la parte de su mapa que considere oportuna. Personalmente, no muchas personas tienen acceso a ese mapa, porque mantengo que soy más reservada de lo que aparento. Puede que sea el temor a que otros vean nuestra vulnerabilidad. Por eso hay partes del mapa que "cuatro gatos" conocen.
De momento estoy conjugando muchos verbos muy importantes en presente de indicativo, concretamente la primera persona del singular: Yo (me) quiero, yo (me) cuido, yo (me) protejo, yo me animo, yo (me) escucho, yo (me) ayudo, yo (me) perdono, yo (me) emociono, yo me esfuerzo, yo me atrevo, yo lucho, yo lloro, yo sonrío, yo (me) divierto, yo (me) observo...En definitiva, yo vivo. Y ha llegado la etapa de mi vida en la que debo centrarme en mí, en estar viva y en las mejores condiciones posibles, sin descuidar a cada uno de aquellos que tengo y quiero en mi vida. Quiero pensar que voy por el buen camino, aunque no sea algo fácil.
El apunte musical está muy visto, pero me gusta una barbaridad y viene como anillo al dedo. Por eso, "Sin miedo".