martes, 14 de mayo de 2024

Conjugando...sin prisas

Anoche dejé muy avanzada una entrada para el blog, con la idea de rematarla ayer. Juraría haberla guardado como "borrador". Abro "blogger" y nada, borrador en blanco, sin título (lo dejé puesto) y en el contenido ni una sola palabra. Es la primera vez que me pasa en los años que llevo con el blog. Reconozco que no muchas veces hago eso de dejar las entradas sin terminar y continuarlas y acabarlas en otro momento. Prefiero escribir "del tirón", pero no siempre se puede.

El sábado estuve en el Liceo, me encanta ir al teatro. Bueno, amplío, al teatro, a conciertos, a musicales (depende)...Fui con dos amigas que no se conocían, no soy muy de mezclar ni juntar a personas que no se conocen, pero hace ya meses que empecé a cambiar el chip. Por circunstancias que no vienen al caso, veo las cosas de otra manera. No creo en lo de empecinarme en juntar a amigos de distintos lugares, porque aunque pueda ejercer de nexo, eso no implica que esas personas vayan a llevarse bien, y no me gusta un pelo forzar vínculos, nunca. La verdad es que disfruté mucho del rato con ellas. Y la obra de teatro estuvo bastante bien, pese a que nos ahumaron. No entiendo ese empeño en echar humo a todas horas. Sí, sería una forma de crear un ambiente determinado, pero el humo inundaba parte del patio de butacas y era bastante molesto. Llegué a toser varias veces y me picaban los ojos. También lloré un pelín, pero en realidad no fue por el humo, sino porque me asaltaron los recuerdos. 

Mi vez anterior en el Liceo no recuerdo bien cuándo fue. La que me vino a la cabeza fue la que estuve con mi padre y mi hermano. Y mi vista se fue directa a la zona aproximada en la que nos sentamos, no me acordaba del lugar exacto. Recordaba que era un palco y de qué lado estábamos. Fuimos a ver una obra protagonizada por el maravilloso José Luis Gil, al que le dio un ictus unos meses después. Hacía un papel brillante, una pasada. Era la obra "Eduardo II, ojos de niebla." No puedo evitar que en determinados sitios se me encharquen un poquito los ojos. Es una sensación extraña, dulce y amarga a la vez. Amarga porque ya no estás, papá. Y dulce por la infinidad de momentos que pudimos compartir contigo, parte de tu legado. Eso no evita que siga sintiendo, a veces, un nudo en la garganta. Ese nudo no se ha suavizado, aunque no lo tengo con la misma frecuencia que meses atrás. Hay instantes en los que noto que está más apretado y tirante que nunca, pese a los nueve meses y trece días que llevamos sin tenerte a nuestra vera. Hace poco unas viñetas de Occimorons daban en el clavo. Cada una de sus viñetas es una joya, me quedo con lo de "los duelos, duelen". Y pensando en lo que me dijo una amiga el otro día, intentaré ser menos dura con algunas actitudes de otras personas, porque es cierto que lo más seguro no es que actúen con maldad, sino que no saben otra forma de hacerlo y me demuestran, a su manera, que se preocupan por mí. Las viñetas de las que hablo pueden ayudar a otras personas que están viviendo duelos durísimos también. Para cada uno el suyo es el más duro. No me atrevo a enviarles el enlace de la entrada, confío en que lleguen a ella a través de Facebook o mi estado de WhatsApp, y si no llegan a ellas es que no es todavía el momento de toparse con algo así. En cualquier caso, os envío un abrazo grande, grande, sin nombres, confío en que os llegue. Lo que sentís no se va a pasar no hoy ni mañana, quizás dentro de unos meses o incluso un año tampoco. Pero ojalá podáis integrar ese dolor y aprendáis  a vivir con él, cuando sea. Lo sé, ese vacío es tan fastidiado y profundamente doloroso que seguramente ahora resulte hasta asfixiante. Ánimo, de corazón. Me parece una solemne idiotez preguntaros qué tal estáis, veo señales vuestras que ya responden sin preguntar.








Ojo, no soy una santa, soy consciente que he metido la pata con algunas personas de mi entorno, porque en algunos casos no he sabido cómo estar en momentos que me necesitaban. No es excusa que yo no estuviera para tirar cohetes, Y en otros simplemente hay vínculos que no son recíprocos. No puedo responder siempre en los mismos términos. Me da rabia cuando sé que hay cariño de por medio, pero las amistades, al igual que las relaciones de pareja, no siempre son correspondidas. O no siempre se responde como se merece la otra persona.  Eso no quiere decir que haya hecho algo mal, es que la afinidad cada cual la percibe de un modo distinto. Y respecto a las amistades, es complicado hablar o decir, si opto por callar es porque ahora mismo no me nace otra cosa. Y soy muy reflexiva, sé que hablar duele y el silencio duele también, no sé si más, cada persona es un mundo. 

Hace no mucho hablaba con una persona de algunas similitudes entre el duelo por haber perdido a un ser querido por fallecimiento,  y haber puesto fin a una relación de pareja. No son procesos exactos, obvio. Aunque uno de los puntos en común es que ambos me parecen dolorosísimos. En el primero esa persona ya no va a estar nunca más en nuestras vidas. En el segundo no se sabe, puede que tenga más que ver con cómo lo gestiona cada uno. El tiempo y la evolución de cada persona determinara si sus caminos se cruzan, aunque no sea de la misma forma que antes, o pasan a ser líneas paralelas. Lo que sí tengo cristalino es que en los dos tipos de "duelo" hay que pensar mucho, quererse mucho, tratarse muy bien, cuidarse mucho...Y todo, A UNO MISMO. Vivo el proceso de duelo, por el fallecimiento de mi padre, como algo individual, lo que no quita que me apoye en los que más me quieren y mejor me entienden, pero lo tengo que afrontar yo. Hay días en los que me siento más "blandita" y otros fuerte, bastante fuerte. Y repito el ejemplo del océano. Si varias personas caen al agua en el medio de la nada, cada cual ha de luchar por salir a flote. Y solo una vez que esté a flote puede intentar "rescatar" a otra, pero no sin antes asegurarse que ese rescate no se traduce en un nuevo peligro de hundimiento. Quiero saber de las caídas al agua de los que quiero. Y de cuando salen a flote. No me apetece que me edulcoren la realidad porque ven que no estoy al 100%. Igual que las malas noticias, quiero que sigan compartiendo sus buenas nuevas, porque sean las que sean, si a ellos les hacen felices, a mi me sumarán felicidad, seguro.

Hace unos meses empecé a ver "Love is blind", de lo visto hasta ahora elijo la edición sueca, de la que solo hubo una edición. En la americana, dejé de verla durante muchas semanas porque me aburría profundamente, pone que hay seis temporadas o llamadlo como queráis. Si alguno siente curiosidad está en Netflix. A medida que avanzan pierde frescura y gracia, y repiten patrones que hacen que piensen más en su futura fama que no en el "experimento" en sí. Ya, es un reality show, y se nota. A pesar de ello tiene algún destello puntual que hace que, de vez en cuando, siga viéndolo. Recientemente una participante le decía a otra: "La gente que te quiere se toma tu pasado como un mapa para saber cómo amarte." Fue escuchar eso y coger algo para apuntarlo, me encantó. Y apagar la tele, tal cual, me apetecía pensar en lo que eso significaba. Creo que es importante conocer el pasado de las personas con las que compartimos nuestra vida, y que ellas sepan cómo es el nuestro. No se trata de hacer un resumen y soltarlo de golpe. Tampoco es necesario contar todo con puntos y comas. Pero sí lo considero de ayuda, ya sea para querer o para que me quieran.  Agradezco que quien está a mi lado comparta conmigo la parte de su mapa que considere oportuna. Personalmente, no muchas personas tienen acceso a ese mapa, porque mantengo que soy más reservada de lo que aparento. Puede que sea el temor a que otros vean nuestra vulnerabilidad. Por eso hay partes del mapa que "cuatro gatos" conocen.

De momento estoy conjugando muchos verbos muy importantes en presente de indicativo, concretamente la primera persona del singular: Yo (me) quiero, yo (me) cuido, yo (me) protejo, yo me animo, yo (me) escucho, yo (me) ayudo, yo (me) perdono, yo (me) emociono, yo me esfuerzo, yo me atrevo, yo lucho, yo lloro, yo sonrío, yo (me) divierto, yo (me) observo...En definitiva, yo vivo. Y ha llegado la etapa de mi vida en la que debo centrarme en mí, en estar viva y en las mejores condiciones posibles, sin descuidar a cada uno de aquellos que tengo y quiero en mi vida. Quiero pensar que voy por el buen camino, aunque no sea algo fácil. 

El apunte musical está muy visto, pero me gusta una barbaridad y viene como anillo al dedo. Por eso, "Sin miedo".


jueves, 2 de mayo de 2024

1 de mayo. Preguntas y respuestas

*Terminé esta entrada a las 00:20 del jueves, pero no he querido cambiar cómo la había redactado. La mayoría de lo que aparece en ella, fue escrito antes de dar la bienvenida al jueves.

Hoy se celebra en España el Día del Trabajo. Mis alumnos ucranianos y el ruso, parecían perplejos al escuchar que, el Día del Trabajo en nuestro país, para muchas personas que tienen la suerte de tener trabajo, lo celebramos sin trabajar. Felicito a todos los trabajadores que día a día curran como nadie, porque currar es una necesidad. Porque el dinero no crece en los árboles, y porque hay muchos trabajos ingratos, desagradables, mal pagados, con condiciones lamentables. Pero hay gente que los hace, muy probablemente por pura necesidad, no por gusto. A los que contamos con un trabajo con buenas condiciones, enhorabuena, de corazón. Sois/somos unos afortunados, y hay que cuidar esa suerte que muchos otros no tienen.

Este 1 de mayo de 2024 me resulta doloroso, diría que hasta me escuece. También se cumplen, pero no hay absolutamente nada que celebrar, 9 meses de la ausencia más dolorosa que he sufrido en mis 41 años de vida, la de mi padre.  Es curioso, 9 meses es el tiempo que dura un embarazo, traducido a semanas, 40. En algunos casos pone que puede llegar hasta 42. 9 meses en los que se desarrolla, poco a poco, una nueva vida. Pero en mi caso esos 9 meses no son sinónimo de dar la bienvenida a una nueva vida, ojalá. Son sinónimo del tiempo que llevamos con nuestra vida patas arriba, a nivel físico y emocional. De una bomba en el seno de mi familia que nos explotó en toda la cara. Y de la que seguimos con "metralla", para que no se nos olvide nunca ese aciago 1 de agosto de 2023. Ayer alguien, da igual el contexto, me hizo estas preguntas: ¿Cómo estás? ¿Te ha pasado algo importante en este último año?  Esas dos preguntas bastaron para dejarme muda, y eso no es fácil. Así que estallé y empecé a llorar desconsoladamente. Y le hice un gesto con la mano, para pedirle un poco de tiempo para responder a sus preguntas. Me centré en respirar pero no pude cortar las lágrimas durante un "rato", no soy consciente de cuántos minutos fueron, pero me parecieron una eternidad. Agradezco la empatía y el tacto recibido, aunque tal vez no vuelva a coincidir con esa persona nunca más. Gracias por esa sensibilidad, respeto y rotundidad al hablar, pero con cariño. Sé que ahora tengo la obligación de centrarme más en mí, por si no había visto las señales recibidas hasta ahora. Y solo una vez que mejore lo suficiente podré plantearme otros proyectos personales, para los que deseo tener tiempo y las circunstancias propicias, ahora no puede ser. Así que el día de ayer fue un tortazo, aunque espero haberlo recibido a tiempo.

Y con esos mimbres me fui a "empezar" mi jornada en el instituto. No sin antes intentar disimular, sin mucho acierto y pocas herramientas, la llorera previa.  Así que allí tocaron "lágrimas pa' dentro", porque hay que cumplir con las obligaciones, aunque a veces no haya ni un ápice de ganas. Y ni tan mal.

A lo largo de estos 9 meses he comentado algo con muchas personas de mi entorno, lo poco que hablamos de la muerte. Y el golpe que supone afrontar algo para lo que nadie nos ha preparado. Y ayer lo repetí de nuevo, el día que vuelva a ser tutora voy a tratar este tema mucho más. Ya le di un hueco en mi última tutoría en el Fili de Guijuelo, por las circunstancias especiales que se daban en mi aula. Pero ahora veo que quizás necesitaban más, todos.  Y al haber sufrido en mi carnes una pérdida tan dolorosa, ¡qué narices! tan jodida, dispongo de mucha más información que antes (de ese 1 de agosto). Porque hay cuestiones que por mucho que leas, investigues u otros te cuenten, no se conocen en profundidad hasta que no nos toca pasar por ellas. Me habría gustado plantear algo sobre el duelo este curso en mi instituto. Y lo pensé a principio de curso, pero deseché la idea, siento todo muy tierno todavía. Y me parece que me generaría un sufrimiento que prefiero ahorrarme.

Poco se habla de los múltiples dolores que provocan las ausencias de personas tan importantes. Todo nos duele, todo nos recuerda a ellos. Supongo que eso mismo que nos duele tiene su lado bueno, aunque me cueste verlo según el momento.  Llegar a casa y ver esa ropa que nunca más volverá a ponerse. Ver las agujas de los relojes en movimiento y saber que él ya no las verá avanzar día tras día, es que a mi padre le gustaban mucho los relojes de mesa/de pared, los despertadores...Era extremadamente puntual. No poder hacerle preguntas, o darle respuestas. Su olor, no es lo mismo una colonia/perfume aislada que en la piel de alguien, cada uno le da su matiz. El no poderle dar un abrazo o un beso nunca más. No escuchar su feliz cumpleaños en cuanto comenzaba el 21 de agosto. Mirar al sofá y que no esté, leyendo o viendo la tele, o escuchando la radio, era muy de radio. No escuchar sus vivencias de la mili, de Salesianos, de Salmoral...Dejar de ver cómo leía el periódico en cuanto se levantaba, como si el mundo no empezara a girar hasta que no le había echado un vistazo. Ver a mi padre y a mi madre juntos, en cualquier espacio, a cualquier hora, por cualquier motivo, especialmente verlos juntos de la mano. El hueco que ha dejado en todas partes, el físico que sí se ve, y el interior, que no se ve pero se nota tantísimo. Ese hueco interior duele como si me estuvieran clavando un puñal en el corazón. Ese vacío es infinito. No sé, son tantas cosas...Pese a todo, objetivamente, soy afortunada, he podido disfrutar de un padre maravilloso durante 40 años y 345 días. Y sigo disfrutando de una madre y un hermano maravillosos también, aunque no estemos para tirar cohetes, porque cada uno llevamos el duelo como podemos, y no es moco de pavo. Y de mi novio, por supuesto, y de mis amigos, ¡cómo no! Y de otras personas de la familia. Todos ellos son mi mayor suerte, porque personas maravillosas no me faltan, nunca me han faltado.

Y así ya cierro este 1 de mayo, con la herida bastante abierta todavía. Y el convencimiento del  "deber" de  disfrutar del más acá mejor de lo que lo he hecho hasta ahora, porque sigo sin creer en el más allá. Y aunque en días como este las lágrimas estén muy presentes,  las sonrisas también van a acompañarnos. Y quiero ser una mejor versión de mí misma.  Y alegrarme de todo lo bonito que me queda por vivir.