martes, 27 de agosto de 2024

Simplemente...hoy

Hoy escribo porque sí. Sin la necesidad de recordar un aniversario, un cumpleaños o cualquiera de esos días marcados en el calendario en muchas partes del mundo.

Se atisba el final de las vacaciones de verano. Y esta vez, la primera en mi vida, justo de postre es cuando voy a tener más días de "vacaciones" propiamente dichas. Espero que esto me haga aterrizar el 2 de septiembre en el instituto con la batería a tope de carga. Con ese final aproximándose, a mi cabeza le ha dado por reflexionar sobre mi verano. Un verano con momentos acompañada y otros tantos de soledad buscada. Y qué bien me han venido ambos. Lo repito hasta la saciedad, pero lo siento así, tal cual, es indescriptible lo afortunada que me siento por el grupo humano con el que cuento. Es como si me corazón saltara de alegría. Y eso que me han quedado personas con las que quedar,  intentaré "rematar" la mayoría de esas quedadas pendientes entre septiembre y octubre, aunque van a ser dos meses de no parar.

Una de las mayores suertes es poder hablar, a tumba abierta, de sentimientos, con un número muy reducido de personas. O escuchar cómo ellos comparten, lo que quieren, cuándo y como quieren, una parte de los suyos. Me parece mucho más difícil que quitarse la ropa, eso de "desnudarse" a nivel emocional. Aunque pueda parecer lo contrario, a mí según el momento y la persona, también me cuesta. Tras muchos años y vivencias compartidas, soy consciente que a otras personas les resulta mucho más complicado. Tal vez sea por razones culturales, porque así lo han mamado como digo yo, o simple y llanamente no saben cómo hacerlo. Qué importante y necesario me parece brindar un espacio seguro para "desnudarse" a quien creemos que lo necesita. Y por supuesto, no juzgar. Disfruto una barbaridad de lo bonito de cada etapa, de cada edad. Si bien a los 20 años está fenomenal ser amigo de alguien, a los 40 (y pico) o más, tiene un matiz increíble. Esa pátina que ofrece la experiencia vital, la misma que nos hace ver lo jorobada que es la vida a veces y la de giros inesperados que puede dar. Ver cómo queda todo tras un "terremoto" emocional, del tipo que sea. Y saber que no estamos solos cuando el terremoto lo sufrimos en nuestras carnes. Y estar dispuesto a ayudar a los que queremos cuando los cimientos se mueven en casa "ajena", pero que sentimos un poco nuestra. Un poco o quizás un mucho, porque nos preocupamos por cómo están los que nos importan tanto después de una "catástrofe", y de esas hay muchas. A veces se solapan y todo. En medio de todo eso, miras a ambos lados, ves más allá de tus narices. Y sientes que puedes poner un granito de arena para que la casa no se le caiga al de al lado. Igual que en otros momentos "alguien" estuvo para mí. Y que coincida en la misma persona me parece secundario. Es probable que nos quedemos sin palabras. Sí, sí, a mí me ha pasado. No me resulta extraño. La gran mayoría de las veces con escuchar basta. Escuchar al otro ayuda. O así lo veo yo. Reconozco que hay instantes en los tengo cierta ansiedad a la hora de hablar, y no paro hasta soltarlo todo. Pero creo que hay que ser consciente de la mochila que carga cada cual, y dejar que hable primero, se explaye, sin prisas, el que tenga una mochila más fastidiada de llevar. Y que cada persona use sus herramientas de la mejor manera posible. Todos las tenemos, pero cuando casi nunca hacemos uso de ellas, cuesta que funcionen adecuadamente a la primera.

No sé muy bien si conozco todas las mías o no. Intento, no siempre lo lograré, ser una persona empática. Me encanta mirar a los ojos de la persona a la que estoy escuchando, independientemente de si ella me mira a mí o no. Y demostrar mi cariño a quién me nace. Soy cariñosa pero no voy abrazando ni haciendo gestos de cariño a diestro y siniestro. De hecho si no hay "feeling" me molesta que me abracen. Pero hay gente que efectivamente, consigue reiniciarte con un abrazo. Y si no te reinicia, al menos te calma, y es bastante. No sé si yo consigo ese efecto parecido con algunas personas, hago lo que puedo y siento. Aunque podáis confundirme con un loro a ratos, adoro escuchar a la gente que quiero y quiere compartir conmigo algo muy suyo, muy de dentro. De esas cosas que al decirlas en voz alta se te pueden saltar las lágrimas, o son capaces de "llorar pa' dentro" y no llegan a deslizarse por las mejillas. Pero sientes que al que tienes a tu vera le escuecen por dentro. También procuro ser agradecida, no es fácil que otros estén dispuestos a escuchar lo que a algunos les quita el sueño, a otros les hace sentir rabia, a muchos les genera ansiedad...Incluso con algunas cuestiones que no tienen "solución", pero...¿Y qué más da? La tierra no se detiene, y sigue moviéndose aunque nos empecinemos en no entender por qué es capaz de hacerlo cuando parte de nuestro mundo se tambalea. Puede resultar contradictorio, porque doy las gracias muchas veces, pero no siempre me gusta que me las den. No obstante entiendo que es una palabra preciosa. Y es bonito pronunciarla y escucharlo. A mí en ocasiones me gustaría ponerle "coletilla", y no quedarme con el gracias a secas. Lo que pasa es que no siempre doy con las palabras adecuadas. Gracias por la confianza. Gracias por tu valentía. Gracias por tu cariño. Gracias por venir, en un guiño, y no es la primera vez en el blog, a mi querida Lina Morgan: "Agradecida, y emocionada, solamente puedo decir, gracias por venir." Pues eso.

Por eso cumplir años tendrá sus cosas "malas", pero muchas más son positivas. Y la fuerza de los lazos que nos unen a aquellos con los que sabemos que podemos desnudarnos a nivel emocional, es gigantesca. Como una joya. Más que una joya. un sol tremendo, inmenso y hermosísimo. 

De ahí que me haya puesto a escribir, como más le gusta a mi cerebro, a horas intempestivas. Con las calles dormidas y las luces anaranjadas de las farolas de fondo. Oyendo de cuando en cuando a algún "despistao" que parece no querer o saber volver a casa. 

Intentad exprimid vuestros ratitos solos y acompañados. Si la soledad no es buscada acudid a alguien, a quien sea, con quien os atreváis a ser vosotros, y apretad esos lazos que ya existían, pero se pueden aflojar cuando no se miman lo suficiente. O lanzaos a la aventura de construir nuevos lazos.

A esta vida se debería venir a ser lo más felices que se pueda. Aunque muchos temas nos lo pongan cuesta arriba en ciertos periodos. Pero se sube la cuesta al ritmo que seamos capaces y se sigue. Porque ya llegarán tiempos mejores. Y lo digo por experiencia. Parece mentira lo que se puede mejorar a muchos niveles en unos meses. No creo en los milagros, hay que dar pasos y ser consciente de lo que tenemos encima, o la que se avecina, para hacer algo. Y en algún momento de todo ese tsunami personal, resulta que las aguas se calman. Que puedes sentarte a la orilla del mar a contemplar y escuchar las olas. Cuando ya pensabas que esa calma interior no iba a llegar y sentías cómo por momentos la ansiedad pretendía devorarte. Recuperas esa sensación de paz. Y con ella la ilusión. Desde luego que muchas veces las ilusiones son más grandes que los miedos. Y sientes que vuelves a ser tú. Y va a ser que sí, que sopla ·el viento a favor".


martes, 20 de agosto de 2024

Nueva vuelta al sol

Según dice mi partida de nacimiento, vine al mundo un 21 de agosto, concretamente del año 1982. No hace falta que echéis cuentas, cumplo 42 añazos. Y celebro cumplirlos, mala señal sería no poder hacerlo. El año pasado mi cumple tuvo detalles de mucho cariño y amor. También estuvo muy marcado por la repentina y reciente muerte de mi padre, tan solo 20 días antes de mi cumpleaños. Este año, los sentimientos se gestionan de manera diferente. Llevo más de una semana recibiendo regalos por adelantado. Incluso una tarjeta escrita a mano. Hago hincapié en ella porque podéis llamarme clásica o romántica, pero lo escrito a mano tiene un valor añadido. Sea la letra "bonita" o no, es un plus. Y algo cada vez menos frecuente en tiempos de "guasaps", Facebook, Instagram...Gracias a todas las de los regalos antes de fecha. 

Este año tengo algunos de mis deseos han variado respecto a años anteriores. Los más importantes siguen siendo los mismos. No digo nada y soplaré las velas con ilusión y esperanza y, si nada se tuerce, espero soplarlas dos veces en diferentes momentos del día.
Y lo iré celebrando por capítulos, es lo que tiene nacer en agosto...

Esta mañana compré mis velas. Hace ya unos años me di cuenta que a veces no hay que decepcionarse cuando otros no actúan como nos gustaría que lo hicieran, eso no quiere decir que hagan cosas mal, ni mucho menos. Simplemente cada cual es detallista a su manera y quiero pensar que hacen lo que les nace y saben, y hay que valorar cada detalle positivamente. Y según para qué, me adelanto y hago/compro/cojo lo que me apetece, sin esperar a nada ni a nadie. Así me llevo menos fiascos. Antes reciclaba las velas de un año para otro, cuando eran aprovechables por estado y cifras. Pero los últimos 10 años o así ya no. Me apetece estrenar velas. Procuro no repetir modelo dos años seguidos. Esta vez son rositas, y con adornitos varios para acompañarlas. Que sí, que cumplo 42 años. Eso no está reñido con mantener la ilusión y disfrutar con cosas pequeñas. Y a ver qué me deparan los 42. Prometo soplar con ganas y cerrar los ojos al pronunciar, en mi interior, mis deseos.

Para todos los que me leáis hoy, salud, imprescindible para seguir soplando velas. Y si esta flaquea, mucha fuerza y ánimo para afrontar los bajones. Espero que también podáis disfrutar de etapas más dulces, y remontadas, aunque sean pequeñas y no se prolonguen excesivamente. Y por supuesto amor, mucho amor. Con salud y amor tenemos el camino andado.

Confío que esos dos sigan presentes en mi vida, por extensión también en la de vida de los que quiero. 
Pensad en vosotros mismos, es una tarea que os corresponde, y también es sinónimo de salud y de amor. Si nosotros no estamos bien, poco podemos hacer por los demás.

Endulzad los días amargos, van a venir igual, pero de cómo lo gestionéis van a depender muchas cosas. No podemos volver atrás, ni un año, ni cinco ni diez. Tampoco podemos cambiar el pasado. Lo que sí está en nuestras manos es construirnos un futuro lo más agradable que se pueda.

Y recordad algo, sois suficiente, quizás no os lo digan a menudo ni cuando necesitáis escucharlo. Pero lo sois. Disfrutad de la compañía de los que se alegran al veros brillar y son un poquito más felices cuando os pasa algo bueno.

No desperdiciéis vuestro tiempo. No tengáis miedo a decir "no", a hablar de vuestros sentimientos y a demostrar lo que sentís. Y si puede ser, atreveros a vencer algún miedo. Sentiros orgullosos del camino recorrido, de lo que hacéis y de lo que todavía sois capaces de hacer. Defended aquello en lo que creéis. Actuar de manera coherente. Sed sinceros con los demás, pero mucho más con vosotros mismos. Escuchad y escuchaos. Aproximaros a vuestros sueños y pelead por ellos. Acompañaos de gente que os sume. Haced más de lo que os guste y con quien os guste. Elegid bien con quién compartís la banda sonora de vuestra vida. Disculpaos cuando sea necesario y sed capaces de reconocer vuestras meteduras de pata. Liberaos de complejos físicos, mentales o del tipo que sean, siempre seréis "perfectos" para la persona adecuada.

Me vienen ahora muchas canciones a la cabeza, y todas son un buen ingrediente para celebrar la vida, baile con los pies o con el corazón. Cada uno sabe qué le alegra el espíritu.



Gracias por la paciencia y el aguante y soporte en mis días grises. La vida es bellísima, aunque no seamos capaces de verlo los 365 días del año. Poneros pesados para inclinar la balanza hacia la cara amable que prácticamente todo puede tener.

Menuda parrafada ¿eh? Lo siento pero mi esencia es la misma acariciando los 42. Feliz vida a todos.


jueves, 1 de agosto de 2024

Infinito

Esta entrada no ha sido escrita cuando se publica. Voy a dejarla programada para que se publique el 1 de agosto, a las 21:15. A esa hora, minutos arriba, minutos abajo, se cumple un año, ¡menudo año! de la muerte repentina de mi padre. Pensaba poner "fallecimiento", porque suena más suave, pero muerte es más real, menos edulcorado. He revivido en mi cabeza ese día enterito, esa mañana, esa noche y esa madrugada más veces de las que puedo recordar. Se considere positivo o no, hay detalles que tengo difusos y de los que no estoy segura al cien por cien. Otras por el contrario siguen nítidos, sea positivo o no que mi mente continúe manteniéndolos tan presentes.

Podría decir mil cosas sobre este periodo, entre el 1 de de agosto de 2023 y el 1 de agosto de 2024. Desde luego han sido doce meses complicadísimos de gestionar. He descubierto que las lágrimas nunca se acaban. Y es bueno sacarlas, aunque resulte agotador cuando son muy frecuentes. He vuelto a darme cuenta de la joya de personas que tengo en mi entorno, aunque a algunas no las vea a menudo. A otras las he visto mucho, y han sido un sostén importante y un flotador imprescindible. Porque aunque de esta tenía que salir yo "sola", han estado a mi vera en muchos momentos en los que me sentía hundidísima. Qué fastidiado eso de darse cuenta de haber tocado fondo. De hecho si algunos de ellos se juntaran, podrían hacer un recopilatorio de audios míos llorando, inconsolable. Y como este es mi blog, no voy a hablar de los duelos de mi madre y mi hermano, supongo que hemos hecho todo lo que hemos podido. Hace poco me salió en Instagram un vídeo de Amaia Montero, a raíz de su vuelta a los escenarios de la mano de Karol G, empezaron a salirme algunos vídeos suyos. Y no todos eran musicales.  En este que me apareció, hablaba de la muerte de su padre. Y que ese tipo de sucesos es algo que no se supera, simplemente aprendes a vivir con ello. A mí por una parte me parece tristísimo, pero es una realidad como un puño. Ni he superado ni superaré la muerte de mi padre, solo he aprendido o estoy aprendiendo, a vivir con ello. A intentar deshacer el nudo en la garganta que me produce su vacío, tan inesperado como doloroso. A levantarme cada día sabiendo que la vida sigue, sin él, pero sigue. Eso es durísimo y muy doloroso. De vez en cuando busco su voz, rescato ese audio de WhatsApp de apenas seis segundos de duración. Ese audio del que hablé al escribir aquí, por primera vez, de todo lo sucedido esa fatídica noche del 1 de agosto. Y me encanta escuchar su voz, no me conformo con ponerlo una sola vez. No he seguido buceando para ver si hay más, con ese me vale, y con las palabras de ese mensaje, también. No es casualidad, no puede serlo. 

Y podría haberme ahogado en mis propias lágrimas, lamiéndome las heridas pensando lo mal que me trata la vida por haberme quitado a mi padre, a mi gusto antes de tiempo. Pero va a ser que no, yo no soy así, esa no es mi esencia ni mi manera de contemplar el mundo ni tratar de entender la vida. Esto no quita que haya maldecido muchas cosas, haya gritado, haya estallado, me haya cabreado con el mundo o con algunas personas, no haya tenido ganas ni de salir casa, no tuviera ganas de hablar con casi nadie pero, y es una realidad, estoy bien. Que sí, que hoy es 1 de agosto y hará un año que se fue "para siempre". Lo que pasa que esto se puede enfocar de muchas maneras. Es el aniversario del fallecimiento de mi padre, cierto. El primer año de mi vida sin él, cierto también. Y con todo y con eso soy afortunada, soy muy afortunada, porque se cumple un año de vida sin él, pero casi 41 años de vida con él son los que pude disfrutar. Y eso es una barbaridad, una suerte gigantesca, inmensa. Desgraciadamente muchas personas no han disfrutado de algo semejante. Cerca de 41 años, faltaron 20 días, juntos. Por eso y por cada una de las personas con las que cuento de verdad, en mi vida, repito que me considero afortunadísima. Me sentí y sigue siendo así, muy arropada  Y no iba a poner nombres, pero hay algunos que, según el contexto, merecen una mención especial o una matrícula de honor. De las personas del velatorio no me arriesgo a poner todos los nombres, porque me dejaría muchas en el tintero. Gracias a cada uno de los que se acercaron al velatorio y/o al funeral. 

Atravesando el duelo a mi lado, cada cual a su ritmo y manera, mi madre y mi hermano. No ha sido fácil ni lo está siendo. Insisto en un punto, papá querría que fuéramos lo más felices que se pudiera. Y que estuviéramos unidos. Gracias.

Jorge, mi pareja, mi novio, mi chico. Mi todo lo que él y yo queramos, porque me importa un bledo auténtico lo que opinen los demás. Y te quiero lo que no está escrito. Y esta vez hago una excepción, porque sentía la necesidad de poner tu nombre, sin que hiciera falta leer entre líneas. Las preguntas ajenas y explicaciones, mías, sobran. Gracias.

Y luego ya no sé ni en qué orden poner a estas mujeres excepcionales: Ana Belén, Carmen, Cris (tranquila que pongo el principal abreviado, y va que chuta), Mariate, Marisa, Marta, Mayte, Noemí, Pilar C. y Soraya.  Gracias. Prosigo con la lista de mis mujeres fabulosas. Y por supuesto también Ana y Lourdes (vaya trío...sí), Nekane, Kris con k, Inma, Fany, Lucy, Isa, Anaí,  Myriam, Tess, Pepi, Celia, Chus, Fuen, Sofía, María Josés, Ana, Cris C., Patri, Encarna, Tita, Paqui, Gely, Feli, Charo...La lista es tremenda. Gracias.

También hay nombres masculinos como David, Jesús, Míchel, Arturo, Ramón, Javior y Javiher, Héctor,  Iván, Jose, Rubén, Guillermo...Gracias.

Familiares, especialmente  Ana, Tere, David y Esther,  y Jose. Gracias. Hago hincapié en mi prima Ana, porque gracias a tus palabras sentía que él seguía vivo. Me parece que es una de las mejores formas de lograr que siga vivo alguien que ya no lo está, recordando a esa persona. Y agradezco mucho cada momento en el que lo has hecho, y no han sido pocos precisamente. En mi caso lo hago cada día. Como la canción de "El Rey león", "Él vive en ti". Mi padre sigue vivo dentro de cada una de las personas que disfrutaban de su existencia. Y lo siento muy vivo dentro de mí. Tengo mucho de mi madre y mucho de mi padre, físicamente y de forma de ser. 

Y amigos de la familia, especialmente Pilar y Julián; y cómo no, Mayte. Gracias.

Hay más personas, pero no quiero hacer un diccionario de nombres. Ya me he explayado más de lo que pensaba a priori.

Muchos habéis estado presentes en mis lágrimas, y me habéis acompañado como mejor habéis sabido y podido. Habría preferido que nunca hubierais tenido que hacerlo. Pero uno no elige cuándo morirse. Hace poco me di cuenta que en el porche estaba un calendario de 2023, descolorido. Paralizado en julio. Como se nos paralizó todo un poco, empezando por, probablemente, el corazón de mi padre. Y decidí tirarlo, ya era julio de 2024. Siempre recordaré el aspecto espectacular del cielo de esa madrugada, ya 2 de agosto, desde la entrada del San Carlos Borromeo. Hasta el momento, mi noche más larga. Mi padre era un cagaprisas, y a mucha honra, también lo soy. Quizás por ello el destino, bastante cabrón esta vez, decidió que si se lo llevaba, debía ser el primer día del mes. La de veces que he visto y analizado las fotos de la última celebración fuera de casa de los cuatro juntos. Esa comida en Cuatro Calzadas para celebrar el santo de mi madre. Y no, que no, que por mucho que mire y remire no había nada que me dijera que un par de semanas después íbamos a perder a mi padre. Tengo pendiente regresar a ese restaurante, no quiero sitios a los que me prohíba ir.

Muchos habéis estado ahí también en mis alegrías, y en parte gracias a vosotros han sido más grandes si cabe. Sería injusto reducir un año a lágrimas, penas, dolor, nostalgia y duelo. Ha habido mucho cariño y una pasada de amor. Y momentos felices, también, y que no nos falte la salud, imprescindible.

Decidí a escasos días de este triste aniversario, no pasar este 1 de agosto en el sitio en el que murió, iré antes, iré después. Pero esta vez no quiero estar allí, por si acaso la tristeza intenta apoderarse de mí. Si por mí fuera, si hubiera sido posible, habría preferido pasar esta fecha junto al mar o contemplando las estrellas, sabiendo que desde ese 1 de agosto de 2023 cuenta con una más, y brilla como la que más. Al menos a mis ojos, que es lo que importa.

No sé si tras esta bofetada del destino salgo  peor o mejor, sé que distinta. No soy la misma desde esa noche de mierda. No puedo serlo. No quiero serlo. 

Y aunque a mí palabras no me suelen faltar, es verdad que la emoción me sobra. Incluyo una serie de "frasecitas" e imágenes, cuando me fui encontrando con ellas, me tocaron las fibras. Y las fui guardando, algunas las he ido dejando caer en mis estados del WhatsApp. La última es algo que he pensando infinidad de veces desde ese 1 de agosto del año pasado. Duele, pero es así. Disfrutad la vida, que no hay vuelta atrás, para nada, y para nadie. 









Papá, aquí te seguimos amando y recordando todos los días, sin excepción.



Y sí, el mundo no se ha detenido. La tierra ha seguido moviéndose. Pongo el punto final a esta entrada con unas palabras de Cristina Saavedra, periodista, perdió en tres años escasos a su madrina, su abuela y sus dos hermanas: "El dolor solo se calma con amor." Gracias a todos. Gracias eternas, papá.