Hoy escribo porque sí. Sin la necesidad de recordar un aniversario, un cumpleaños o cualquiera de esos días marcados en el calendario en muchas partes del mundo.
Se atisba el final de las vacaciones de verano. Y esta vez, la primera en mi vida, justo de postre es cuando voy a tener más días de "vacaciones" propiamente dichas. Espero que esto me haga aterrizar el 2 de septiembre en el instituto con la batería a tope de carga. Con ese final aproximándose, a mi cabeza le ha dado por reflexionar sobre mi verano. Un verano con momentos acompañada y otros tantos de soledad buscada. Y qué bien me han venido ambos. Lo repito hasta la saciedad, pero lo siento así, tal cual, es indescriptible lo afortunada que me siento por el grupo humano con el que cuento. Es como si me corazón saltara de alegría. Y eso que me han quedado personas con las que quedar, intentaré "rematar" la mayoría de esas quedadas pendientes entre septiembre y octubre, aunque van a ser dos meses de no parar.
Una de las mayores suertes es poder hablar, a tumba abierta, de sentimientos, con un número muy reducido de personas. O escuchar cómo ellos comparten, lo que quieren, cuándo y como quieren, una parte de los suyos. Me parece mucho más difícil que quitarse la ropa, eso de "desnudarse" a nivel emocional. Aunque pueda parecer lo contrario, a mí según el momento y la persona, también me cuesta. Tras muchos años y vivencias compartidas, soy consciente que a otras personas les resulta mucho más complicado. Tal vez sea por razones culturales, porque así lo han mamado como digo yo, o simple y llanamente no saben cómo hacerlo. Qué importante y necesario me parece brindar un espacio seguro para "desnudarse" a quien creemos que lo necesita. Y por supuesto, no juzgar. Disfruto una barbaridad de lo bonito de cada etapa, de cada edad. Si bien a los 20 años está fenomenal ser amigo de alguien, a los 40 (y pico) o más, tiene un matiz increíble. Esa pátina que ofrece la experiencia vital, la misma que nos hace ver lo jorobada que es la vida a veces y la de giros inesperados que puede dar. Ver cómo queda todo tras un "terremoto" emocional, del tipo que sea. Y saber que no estamos solos cuando el terremoto lo sufrimos en nuestras carnes. Y estar dispuesto a ayudar a los que queremos cuando los cimientos se mueven en casa "ajena", pero que sentimos un poco nuestra. Un poco o quizás un mucho, porque nos preocupamos por cómo están los que nos importan tanto después de una "catástrofe", y de esas hay muchas. A veces se solapan y todo. En medio de todo eso, miras a ambos lados, ves más allá de tus narices. Y sientes que puedes poner un granito de arena para que la casa no se le caiga al de al lado. Igual que en otros momentos "alguien" estuvo para mí. Y que coincida en la misma persona me parece secundario. Es probable que nos quedemos sin palabras. Sí, sí, a mí me ha pasado. No me resulta extraño. La gran mayoría de las veces con escuchar basta. Escuchar al otro ayuda. O así lo veo yo. Reconozco que hay instantes en los tengo cierta ansiedad a la hora de hablar, y no paro hasta soltarlo todo. Pero creo que hay que ser consciente de la mochila que carga cada cual, y dejar que hable primero, se explaye, sin prisas, el que tenga una mochila más fastidiada de llevar. Y que cada persona use sus herramientas de la mejor manera posible. Todos las tenemos, pero cuando casi nunca hacemos uso de ellas, cuesta que funcionen adecuadamente a la primera.
No sé muy bien si conozco todas las mías o no. Intento, no siempre lo lograré, ser una persona empática. Me encanta mirar a los ojos de la persona a la que estoy escuchando, independientemente de si ella me mira a mí o no. Y demostrar mi cariño a quién me nace. Soy cariñosa pero no voy abrazando ni haciendo gestos de cariño a diestro y siniestro. De hecho si no hay "feeling" me molesta que me abracen. Pero hay gente que efectivamente, consigue reiniciarte con un abrazo. Y si no te reinicia, al menos te calma, y es bastante. No sé si yo consigo ese efecto parecido con algunas personas, hago lo que puedo y siento. Aunque podáis confundirme con un loro a ratos, adoro escuchar a la gente que quiero y quiere compartir conmigo algo muy suyo, muy de dentro. De esas cosas que al decirlas en voz alta se te pueden saltar las lágrimas, o son capaces de "llorar pa' dentro" y no llegan a deslizarse por las mejillas. Pero sientes que al que tienes a tu vera le escuecen por dentro. También procuro ser agradecida, no es fácil que otros estén dispuestos a escuchar lo que a algunos les quita el sueño, a otros les hace sentir rabia, a muchos les genera ansiedad...Incluso con algunas cuestiones que no tienen "solución", pero...¿Y qué más da? La tierra no se detiene, y sigue moviéndose aunque nos empecinemos en no entender por qué es capaz de hacerlo cuando parte de nuestro mundo se tambalea. Puede resultar contradictorio, porque doy las gracias muchas veces, pero no siempre me gusta que me las den. No obstante entiendo que es una palabra preciosa. Y es bonito pronunciarla y escucharlo. A mí en ocasiones me gustaría ponerle "coletilla", y no quedarme con el gracias a secas. Lo que pasa es que no siempre doy con las palabras adecuadas. Gracias por la confianza. Gracias por tu valentía. Gracias por tu cariño. Gracias por venir, en un guiño, y no es la primera vez en el blog, a mi querida Lina Morgan: "Agradecida, y emocionada, solamente puedo decir, gracias por venir." Pues eso.
Por eso cumplir años tendrá sus cosas "malas", pero muchas más son positivas. Y la fuerza de los lazos que nos unen a aquellos con los que sabemos que podemos desnudarnos a nivel emocional, es gigantesca. Como una joya. Más que una joya. un sol tremendo, inmenso y hermosísimo.
De ahí que me haya puesto a escribir, como más le gusta a mi cerebro, a horas intempestivas. Con las calles dormidas y las luces anaranjadas de las farolas de fondo. Oyendo de cuando en cuando a algún "despistao" que parece no querer o saber volver a casa.
Intentad exprimid vuestros ratitos solos y acompañados. Si la soledad no es buscada acudid a alguien, a quien sea, con quien os atreváis a ser vosotros, y apretad esos lazos que ya existían, pero se pueden aflojar cuando no se miman lo suficiente. O lanzaos a la aventura de construir nuevos lazos.
A esta vida se debería venir a ser lo más felices que se pueda. Aunque muchos temas nos lo pongan cuesta arriba en ciertos periodos. Pero se sube la cuesta al ritmo que seamos capaces y se sigue. Porque ya llegarán tiempos mejores. Y lo digo por experiencia. Parece mentira lo que se puede mejorar a muchos niveles en unos meses. No creo en los milagros, hay que dar pasos y ser consciente de lo que tenemos encima, o la que se avecina, para hacer algo. Y en algún momento de todo ese tsunami personal, resulta que las aguas se calman. Que puedes sentarte a la orilla del mar a contemplar y escuchar las olas. Cuando ya pensabas que esa calma interior no iba a llegar y sentías cómo por momentos la ansiedad pretendía devorarte. Recuperas esa sensación de paz. Y con ella la ilusión. Desde luego que muchas veces las ilusiones son más grandes que los miedos. Y sientes que vuelves a ser tú. Y va a ser que sí, que sopla ·el viento a favor".