Un 16 de abril de hace 18 años, empecé a trabajar oficialmente como maestra, interina, en la Comunidad de Madrid. No tengo a mano la foto de los que fueron mis primeros niños. Pero sí recuerdo las caras de todos, los nombres de bastantes. El caso es que como quedarme con ganas de saber algo no es mi estilo, he dado con la lista de esos alumnos. Y después he encontrado las fotos de esa etapa. El caso es que al leer los nombres he podido "casar" cada imagen con los nombres y apellidos. 24, ni más ni menos. Estaba obcecada con una fecha errónea de mi aniversario laboral. Convencida del 18 de abril, al dar con el disco duro en el que estaba la lista de clase y todo lo de aquella época, el título de la carpeta incluía 16 de abril como fecha de inicio. Testaruda que es una, he recurrido a mi hoja de servicios de Madrid para disipar la duda. Y efectivamente, 16 de abril...de 2008.
Y ya de paso, he "cotilleado" bastante el contenido de ese disco duro. Es tan grande que abulta más de la mitad que mi portátil. He pasado un par de horas contemplando imágenes preciosas. Como las de la boda de mi primo David y Esther, varias Nocheviejas con mis padres y mi hermano, la barbaridad de fotos (y vídeos) con mis niños/as del Miróbriga, otras tantas con mis primeros alumnos oficiales del CEIP Leonardo Da Vinci (sigue siendo el cole más bonito en el que he tenido la suerte de estar), bastantes con los amigos de El Pinar, muchas con mi gente de Comunicación Audiovisual y otras con amigas que no son de ninguno de estos grupos. Y he disfrutado mucho. He localizado tesoros. Y he ido abriendo las carpetas con miedo, porque debido a lo antiguo que es el disco duro y que llevaba años sin enchufarlo, no las tenía todas conmigo de tener bien esos archivos. Afortunadamente ahí siguen, ahí continúan, para revivir momentos muy especiales. Y no me han provocado ni una sola lágrima de tristeza, sino algunas de alegría y muchas sonrisas, porque esas imágenes destilan felicidad por cada píxel.
Hecho este inciso sobre mi periplo para salir de dudas sobre mi estreno laboral como maestra. Ojo, siempre hago hincapié que eso a nivel oficial, porque di clases particulares de Inglés varios años seguidos, para sacarme un dinerillo. Y mi estreno absoluto fue en julio de 2004, en un "campamento" (era en un hotel), celebrado en Brañavieja (Cantabria). Fue un comienzo interesantísimo y precioso. En un par de semanas aprendí un montón a muchos niveles.
De la Raquel de mis inicios como maestra, creo que queda la esencia. Me parece que he evolucionado bastante, o esa ha sido siempre mi intención. Supongo que resultado de muchos factores, como el haber ido ganando experiencia, el añadir velas a la tarta de cumpleaños, el extenso número de centros educativos en los que he estado, las personas con las que he coincidido en todo este tiempo (tanto las que siguen en mi vida a día de hoy, como las que, por las razones que sean, dejaron de estar en ella), las vivencias que me han ido moldeando...Quiero pensar que conservo gran parte de esa ilusión de mis primeros años. Ahora tengo más paciencia y gestiono infinitamente mejor lo que acontece en un aula o en cualquier otra estancia de un colegio e instituto. Y eso sí, sigo disfrutando. Hubo un momento este curso, en la segunda evaluación, en el que estaba bastante desmoralizada, incluso cuestionándome si no me saldría más a cuento dedicarme a otra cosa. Por suerte, como ya apunté en entradas previas, regresé de las vacaciones de Semana Santa con una sensación distinta, una serie de factores han hecho que mire a lo que resta de curso con nuevas ilusiones. Y los responsables de ello tienen nombres y apellidos, no los menciono aquí porque lo veo inapropiado. Me parece que no son conscientes del bien que me han hecho.
La verdad es que me siento bastante segura de lo que hago, e intento exprimir cada ratito bueno. Porque la docencia ni ha sido ni será un mar en calma. Los que solo ven las vacaciones y/o puentes que tenemos, ven una mínima parte de esta profesión. Así que como soy de celebrar, es de lo mejor que podemos hacer para conmemorar un momento feliz, el lunes les llevaré algún dulce a mi alumnado. Y también algo para mis compañeras y compañero de ambos Departamentos de Orientación. Me da igual si alguien no entiende por qué lo celebro. Celebro la suerte de llevar 18 años dedicándome a esta profesión tan bonita (y los que me quedan). En todo este tiempo, me ha tocado explicar Lengua, Matemáticas, Inglés, Plástica (en inglés también), Conocimiento del Medio (en español y en inglés) y Atención Educativa. Echo de menos encargarme de Plástica, porque me en-can-ta. Pero sin prisa, todo llegará.
Si hago balance, me doy cuenta que igual que actualmente defiendo a capa y espada los cursos de los "mayores" de Primaria. Eso no está reñido con tener en un futuro a alumnado de los primeros cursos de Primaria y quizás, cambiar de opinión. Aunque nunca lo hubiera pensado, este es mi séptimo curso (no consecutivo) en un instituto. Si hubiera hecho predicciones de qué camino docente iba a seguir, en mis apuestas nunca habría puesto estar en un instituto...¡y ya van tres! Hace algo más de una semana lo hablaba con un par de personas. Me van los retos, lo complicado, la marcha. No siempre me he entendido con los alumnos más difíciles (debido a factores muy diferentes), pero en un porcentaje muy elevado sí. Y en común puedo decir que nunca me ha parecido sencillo "llegar" a esos alumnos, ganármelos o como queráis decirlo. Eso sí, la mayoría han sido chicos, de Primaria o de la ESO.
De estar en Primaria me gusta cierta inocencia que todavía tienen, aunque cada vez sea menos. Tal vez esté relacionado con todos los estímulos externos que los bombardean, con una información que no saben interpretar, seleccionar y unos códigos que no manejan para su edad. Me agrada ver que todavía son niños, y aunque la pubertad se adelante y mi sensación es que algunos en 6º de Primaria están ya en plena edad del pavo, siguen siendo niños. Me gustan muchas dinámicas de un colegio que en un instituto o no existen o son menos significativas. A pesar de ser agotadores, disfruto de los festivales navideños, uno de los vídeos que he vuelto a ver esta tarde, es el ensayo en clase de "Adelante" con mi tutoría de 6º de Primaria del CEIP Miróbriga. Ha sido muy emotivo verlos otra vez, y encima cantando. Son, junto con los de Guijuelo, los niños y niñas más sanotes que me he encontrado. Y probablemente mis dos tutorías más especiales. Ojo, la del Da Vinci también lo fue, pero estaba recién aterrizada y llegué en abril, le cogí mucho cariño a aquel grupo, pero fue un periodo breve. Y la del Santa Catalina fue especialísima porque es cuando me entró el gusanillo del universo de la inteligencia y educación emocional. Empecé a darme cuenta de algo que llevaba usando desde el minuto 0 en otros coles sin haberle puesto nombre, y ahí empecé a trabajar con ellos el "Diario de vivencias", inspirado en el "Diario de verano" de mi amiga y maestra Marisa Gorjón. En ese ámbito puede que es donde más haya evolucionado, a base de leer, escuchar a mucha gente, observar y de vivir, porque la vida sigue siendo la mejor escuela. Y en ocasiones me ha dado lecciones que preferiría no haber tenido que sufrir. Pero eso también me permite ahora ser una mejor docente, poder hablar de cualquier tema con mi alumnado. Sí, cualquiera, sin tabúes. Teniendo en cuenta la edad que tienen y las circunstancias de cada cual, pero sin miedo a hablar de nada, sin excepción.
Y ahora ya, voy por los agradecimientos, que suelen ser una de mis partes favoritas. Gracias a mi alumnado del CEIP Leonardo Da Vinci (Móstoles, Parque Coimbra je, je), CEIP Miguel Blasco Vilatela (Madrid, distrito de Ciudad Lineal), CEIP Miróbriga (Ciudad Rodrigo, Salamanca), CEIP Santa Catalina (Salamanca), CRA El Robledal (Robleda, Salamanca), CEIP Juan del Enzina (Salamanca), CEIP Filiberto Villalobos (Guijuelo, en dos cursos, no seguidos, tuve la suerte de repetir destino), IES Vía de la Plata (Guijuelo, Salamanca), CEIP Beatriz Galindo (Salamanca), CEIP Filiberto Villalobos (Béjar, Salamanca), CEIP Severiano Montero (Peñaranda de Bracamonte), CEIP Filiberto Villalobos (Salamanca), IES Francisco Salinas (Salamanca) e IES Venancio Blanco (Salamanca). Y de estos mismos centros educativos, agradecer a las familias de cada uno. Hago hincapié en aquellas que han sido respetuosas, honestas, exigentes y colaboradoras. A las que optaron por remar en la misma dirección que yo, o yo en la misma que ellas. Y como ingrediente extra, a las que además de todo lo citado, fueron cariñosas y agradecidas. Gracias por haber confiado en mí (las que sí lo hicieron, que son muchísimas). De los mismos coles e instis, gracias a mis compañeros/as, a los que saben sumar, escuchan, tienden la mano, ayudan a brillar, allanan el camino y echan un capote cuando hace falta. O me frenan, o me "zarandean" cuando no veo algo que tengo delante de mis narices, por mi bien, para que espabile y reaccione. Y gracias a todo el personal (conserjes, administrativos, limpiadores, personal de cafetería...) de cada uno de los sitios que he querido nombrar aquí, por ser de gran apoyo y recibirme, despedirme, atenderme o lo que se terciara con su mejor sonrisa. Todos cuentan, todos suman, todos aportan lo mejor que tienen.
Y gracias a mi novio, mis amigos y mi familia, por escuchar pacientemente mi devenir en todos los lugares que tanto juego me han dado y continúan dándomelo. Porque esta profesión puede ser muchas cosas, pero la docencia es casi de todo menos aburrida. Está viva, y en nuestras manos está parte de la receta para que siga estándolo.
Como curiosidad, hace unos días me di cuenta que este 2026, en el que hago 18 años currando de maestra, mis niños y niñas de Guijuelo (exceptuando una alumna, que repitió en un curso anterior y era un año mayor), cumplen 18 también. ¿Casualidad? Hace mucho que dejé de creer en ellas.
El año que viene, celebraré mis 18+1, ojalá siga ilusionada y contenta, dentro y fuera de las aulas.
Y además de las personas, que desde luego de ahí salen mis mayores alegrías, fortunas, preocupaciones, tristezas, agradecimientos y disgustos, los libros y la música han jugado y siguen jugando un papel crucial en mi labor docente. He seleccionado 18, podrían haber sido bastantes más, de los que me han acompañado en las aulas en alguno o varios momentos de esta aventura tan maravillosa y única que la docencia representa.
De Anna Llenas conocí, en un principio, como muchos, "El monstruo de colores". No obstante descubrí después que aunque es aceptable como una primera vía de acercamiento al universo emocional, Anna Llenas tiene joyas mucho más valiosas. Porque hay cuestiones que no acaban de convencerme en la historia. A mí me invita a reflexionar y eso está bien. Ahora, visto con perspectiva, no me parece el libro más adecuado para hablar de las emociones. Puede que ese empeño en clasificar las emociones choque con mi manera de entender el mundo y percibir la realidad. El mundo de las emociones tiene muchos entresijos, y el libro lo simplifica demasiado, hasta el punto de poder confundir más que aclarar. Y entre las verdaderas joyas de Llenas, mi favorita es "Vacío".
Es aparentemente sencillo, pero el trasfondo del libro es muy complejo, o siempre me lo ha parecido. Y es que, ¿quién no ha sentido a la vez algún "vacío"? Es un libro poderoso, fabuloso, muy recomendable. Me parece que en las aulas puede dar mucho juego, desde Infantil hasta Bachillerato.
Por lo que sea, me ha dado por empezar mis 18 recomendaciones con Ana Llenas. El que viene es uno de mis libros preferidos desde que me lo dieron a conocer en la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, estando yo en una de mis prácticas de Magisterio de Educación Primaria. Se trata de "Adivina cuánto te quiero". De momento, no descarto coger el pop-up en español, tengo tres versiones. En español en tamaño folio, el más normal. También en español en formato minilibro, se guarda en una cajita roja, ocupa poco espacio y es versión pop-up en tamaño reducido. Y el "Big book" en inglés, el título original suena fenomenal también: "Guess how much I love you", este me costó más encontrarlo, y lo tengo como un tesoro. Es el libro que más veces he regalado, en distintos formatos. Sinceramente, es una historia de amor tan bonita, que si hay recién nacidos a mi alrededor, seguiré preguntando a la madre/el padre si lo tienen. Me parece un imprescindible en cualquier biblioteca. Esta historia de amor tiene matices, en ningún momento se sabe si se trata de mamá o papá liebre, y ese detalle me acabó de conquistar...Y la frase final, ni os cuento. Las ilustraciones tienen unos niveles de ternura enormes.
En las aulas este cuento siempre ha sido un éxito. He contado el cuento hasta acompañada del peluche, al que una de mis alumnas del "Fili" de Guijuelo, Irene Pablos, si la memoria no me falla, bautizó como Avellana.
Continúo, esta vez con "¡Vivan las uñas de colores!" Escrito por Alicia Acosta y Luis Amavisca. Tengo la suerte de haberlos conocido en persona en la Feria del Libro de Madrid de 2019, y tenerlo firmado por ambos. Encantadores. Sigo luchando para que mis alumnos puedan ser y actuar como conforme a cómo se sientan ellos, y que eso no sea sinónimo de rechazo. Es un canto a la libertad, a la tolerancia, a la importancia de respetar al otro pese a no entender lo que siente o cómo se siente, y a dejarle simplemente ser él/ella. Lo empleé poco antes de los carnavales, estando en Guijuelo, también en el "Fili", y dio mucho juego. Descubrí muchas cosas de mis alumnado y de algunas familias gracias a haber llevado a clase esta historia.
Puntualizar que la mayoría de los libros los he utilizado en más de un centro, menciono lo que me parece más relevante o el recuerdo más fresco que tengo.
Voy ya por el quinto, es "Los invisibles", de Tom Percival. Este libro, trabajando como maestra de Compensatoria, me toca las fibras especialmente. Mis alumnos son muchas veces invisibles ante otros ojos. Mi sensación es que en muchos centros educativos la mayor lucha es por destacar por arriba, ganar premios, quedar los primeros en algo. Y mi "pelea" es otra, mi triunfo es que asistan a clase, hagan algo de provecho y den con una vía para seguir estudiando que les proporcione cierta base de conocimientos básicos y los ayude a conseguir un trabajo digno el día de mañana. Eso, para mí, es más premio que ganar cualquier concurso.
Y no por cuestiones de índole económica, pero personalmente es frecuente que me sienta invisible. Y es algo que choca, porque me resulta complicado creer que alguien no me "ve", con el espacio que ocupo. Pero bueno, nadie se libra de sentirse invisible en alguna etapa (o varias) de su vida.
Una autora que me encanta, y de la que tengo cinco o seis libros, es Miriam Tirado. Ha coincidido que dos veces en la FLM cuando he ido a la Feria, estaba hecha firmando.
El siguiente tiene cabida en el aula de Primaria, pero me parecer ideal para Secundaria y Bachillerato. Es "Las preguntas que nos unen", de Alba Cantalapiedra. Es el resultado de un proyecto online, en el que los participantes formulaban preguntas, que solo podían ser respondidas por medio de un dibujo. Brillante. Creo que esta maravilla la encontré en La casa del libro, en Valencia. Un libro excelente.
Y así acaba mi paseo entre libros. A estas alturas a veces sigo preguntándome "Cómo ser un león", evito resignarme con eso de "Así es la vida" y depende del día lo de "¿De qué color es un beso?" adquiere una tonalidad u otra. Lo que es seguro es que son muchas "Las cosas que nos pesan", pero gracias a "El hilo invisible" que nos une a nuestras personas vitamina, refugio, medicina o como queráis llamarlas, esas "cosas" son más livianas. Y aunque a veces nos cueste verla, "La fuente escondida" de cada cual es una joya que nos distingue de los demás y nos hace únicos y especiales. Ojalá, "Las preguntas que nos unen" sean infinitamente más que las que nos separan. Y que lo mío con la docencia sea "Sempiterno", porque aunque en un futuro me jubilaré, nunca se deja de ser maestra. Sé que quiero mucho a muchas personitas, y en todos estos años me he volcado en intentar, no siempre he triunfado, tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mí. Y desde aquí, mi faro, mi castillo inexpugnable, mi casita virtual, intentaré seguir buscando "¿Qué nos hace felices?" y ponerlo todavía más en práctica. Y deseo que "¡Vivan las uñas de colores!" de nuestro alumnado, y el respeto hacia la diversidad de realidades con las que nos topamos en las aulas. Y parte de mi labor es que "Los invisibles" cada vez sean menos. Porque desde luego, "El tiempo es una flor" y aquí nadie va a permanecer eternamente. Por eso, mientras se pueda, mientras estemos presentes, que las huellas que dejemos en los corazones de otros, sean lo más hermosas posibles.
Un inciso relacionado con la última canción. Gracias a los alumnos que me "regalaron" su confianza, a nivel personal y laboral, por la suerte que supuso poder la vida a través de vuestros ojos, de niños/as y adolescentes. No sé si mejor docente, pero sin dudarlo, me habéis hecho mejor persona. Hoy y siempre, os deseo felicidad a manos llenas.



















🥰🥰🥰
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