miércoles, 20 de noviembre de 2024

Estación, REDOA y noviembre

Noviembre es, desde hace ya muchos años, un mes que no me gusta un pelo. Se me hace bastante cuesta arriba y me da la sensación de durar una eternidad. No puedo evitarlo. Nadie tiene la culpa. Es como es. "Todavía" es 20 de octubre. Y lo "celebro" con el tedioso proceso de rellenar el Concurso General de Traslados. Ojalá el esfuerzo merezca la pena. Visto por encima, pone que son tres pasos. Estoy en el 2º, REDOA, y ahí me detuve, no me da la vida. Hoy ya no me da para más. Me he dejado las gafas en el coche y a estas horas, sin ellas, noto que me cuesta un montón leer. Así que terminaré la jornada en ese segundo paso y, mañana, ya se verá. Me he quedado a cuadros al ver, que tras escanear toda la documentación en PDF, luego había que subirla, archivo a archivo, a REDOA. Y con un título, descripción y una cantidad de datos considerable. Confío, soy optimista por naturaleza, en que el esfuerzo ingente de este año no caiga en saco roto. Y ojalá, cruzo hasta los dedos de los pies, haga que el año que viene este proceso sea mucho más liviano. Por pedir, que no quede. Y aunque desafortunadamente soy experta en redactar reclamaciones, espero, de corazón, librar esta vez. Por favor, que me baremen todo bien a la primera...Otra vez, a cruzar los dedos. Mucho ánimo a los que estáis en medio de todo este batiburrillo burocrático, y espero que podáis entregar todo correctamente y dentro del plazo que nos dan. Y más ánimo todavía para los que estáis preparando las oposiciones y, deseáis que esta vez sí sea la vuestra.

Como decía al principio noviembre no es precisamente mi mes favorito, y que un familiar haya tenido que visitar Urgencias tres veces en cinco días, contribuye a que no cambie de parecer sobre él. A lo que queda del año le pido un poco de aire. No más sustos, por favor, ni personales ni de los que quiero. Me encantaría tener dos fines de semana seguidos de relativa calma, tampoco quiero que mi casa parezca un templo budista.

Y así estamos, navegando este mes como podemos. Viendo ya los adornos navideños por todas partes. Me siguen encantando, pero también se me saltan las lágrimas porque es inevitable acordarme de mi padre. Y escuece, sigue doliendo un montón. Su duelo por él a veces se asemeja a tener un dragón dentro de mí. A ratos parece que me abrasa por dentro. Otros, ese dragón me transmite su fuerza, para bien, porque su recuerdo me impulsa a seguir adelante cuando siento que ya no puedo más. Pero, también para mal, porque esa fuerza me araña, hace sangre, y me hace saltar de la rabia. De esa rabia que me provoca su ausencia. Y lloro, aprieto los puños, y me doy cuenta que de alguna forma, está presente en cualquier parte. Y eso me alivia, al menos en parte. No voy a andarme con paños calientes. El no escuchar su voz, no poderle dar un abrazo. No poder sentarme a comer a la misma mesa que él. No poderle contar algo, lo que sea. No hacerle regalos nunca más. Su olor, su figura en el cuarto de estar leyendo el periódico, o en el sofá viendo la tele o con un libro entre sus manos. Ver a mis padres de la mano o darse un beso. Todo. No sé, miles de detalles del día a día que cuando los contemplaba o vivía no le daba la importancia que les doy ahora. Un día estamos aquí y, al siguiente, a saber. Nadie tiene la existencia asegurada. No soy una excepción.

Así que bueno, si el año pasado pudimos, este supongo que seremos capaces, de nuevo mi hermano y yo, de poner el árbol y montar el belén. Era algo tan suyo que no hacerlo, me parecería una falta de respeto a su memoria gigantesca. Y no, de eso nada. Lo "suyo" era el belén, y lo nuestro el árbol. Pero al faltar él, asumimos su parte. Nuestra casa sin el belén en Navidad, ya no sería la nuestra. Pese a ser tan distinta desde que él nos falta. Como veis me pongo melancólica y esto es un no parar. Voy a coger un poco de aire.

Y respirando, pese a lo largo que se me hace el mes, el peso de las ausencias pese al paso del tiempo y, el vértigo que dan unas segundas navidades sin papá, intento esbozar una sonrisa. Porque la vida sigue siendo bonita. Amor no me falta, cariño no me falta, y eso es lo que arropa. Esas personas incondicionales que aguantan a mi vera o cerquita carros, carretas y carretones. Que me aconsejan, me escuchan, me sacan de dudas, me plantean preguntas y también me dan respuestas. O no me las dan, pero me ayudan a encontrarlas por mí misma. Quien bien te quiere, te cuida, es así de simple. 

Y te apoya, aunque eso parezca a ratos un salto al vacío. Ya sabéis que no soy de las que se lanzan a la piscina sin mirar. Me arriesgo, pero no a lo loco, mido bien lo que puedo perder y qué puedo ganar. Y si creo que vale la pena pues...¡al agua patos!

No sé yo si ahora REDOA tendrá ganas de funcionar. Por mi parte doy por finalizado el tiempo que hoy he tenido que dedicarle al Concurso General de Traslados. Que no ha sido poco...Y lo que intuyo que me queda aún. 

Si lo que me quiere la gente (algunas personas claro, otras no me podrán ni ver) se transformara en oro, tendría una fortuna el doble de la de Amancio Ortega. Así que, como siempre, gracias. 

Os deseo un jueves tranquilito. Y un viernes mejor todavía. Ver asomar el fin de semana, suele ser motivo de alegría. Cuidaos mucho, por favor, No dejéis de quereros mucho, a vosotros mismos y entre vosotros. 



martes, 5 de noviembre de 2024

Hoy te caen 8

8 años desde que, casi sin quererlo, empecé una aventura que no pensé que iba a seguir existiendo. 8 años se cumplen de aquel curso del CFIE de Salamanca en el que nos enseñaron, paso a paso, cómo hacer nuestro propio blog con Blogger. Y aquí sigues, mi niño mimado de las redes, "La emoción de aprender". He estado tentada de eliminarte o dejarte caer. Pero no he sido capaz. Aquí continúas, transformado respecto a lo que eras hace unos años. Y manteniendo tu nombre, aunque varias veces haya pensado cambiarlo por "La emoción de vivir". 

Te has convertido en un "escaparate" de mis reflexiones. Eres un bálsamo para mis preocupaciones. Una herramienta para gestionar mejor lo que me emociona mucho, por ser muy positivo a todo lo contrario. Escribir aquí me hace bien, es una verdad como un puño.

Hay personas especiales y muy importantes para mí esperando su árbol de la vida. Creo que lo que debería hacer es no volver a hacer promesas con plazos, porque está claro que el año pasado no fue la primera vez que los incumplí. No me he olvidado de esos árboles. El día que los tenga listos los destinatarios ni se acordarán de ellos, y con razón. Perdón. Lo siento mucho.

Entended que ni se me ocurra ofrecer algo parecido de cara al aniversario de este año. Esta vez obsequiaré algo dulce a las primeras ocho personas que se animen a comentar algo en la entrada, no en Facebook, ni por Instagram ni tampoco por WhatsApp. Mi idea es que ese detalle tenga un toque mío, haré lo que pueda. Al menos lo de este año lo recibirán antes que el del aniversario anterior. Sí, lo sé, ¡vaya tela!

Me gustaría saber qué es lo que esperáis encontrar cuando leéis una entrada del blog. Y, por preguntar que no quede, qué os gustaría encontrar aquí. Soy muy exigente conmigo misma. Echo una barbaridad en falta experiencias como "Emociónate" o "Pinceladas de emoción". En primer lugar porque para mí era hacer esas sesiones era una maravilla. Y muchas veces era muy complicado, pero me encantaba y sentía que los alumnos disfrutaban también. En los dos casos, alumnado de 5º de Primaria: con chicos y chicas del Beatriz Galindo, de Salamanca; y con niños y niñas del "Fili" de Guijuelo. De ambas guardo recuerdos buenísimos. Ojalá aquellos alumnos, hoy jóvenes en plena adolescencia, también. Fueron dos de mis mejores experiencias educativas. Y estoy deseando emprender un nuevo reto cuando sea tutora de nuevo. Mientras tanto, mi cabeza está en plena ebullición. Sí haré algunas actividades puntuales con los alumnos de castellano. Aunque obviamente, tendré que adaptarlas al nivel de conocimientos del idioma que tienen. 

Me parece que no voy a explayarme mucho más. Gracias a todos los que alguna vez habéis leído alguna entrada del blog. Y gracias extra a los que me dais vuestra opinión o comentáis algo sobre lo que leéis. Me encanta ese "feedback". Y me gusta saber qué pensáis o si sacáis alguna conclusión, moraleja o lo que sea de lo leído. Gracias especiales por las veces que habéis compartido conmigo vuestros sentimientos. Este blog es una botella lanzada al mar, pero con mucha ilusión, Con la ilusión de llegar a la gente. Si lo quisiera enterito para mí, lo que publico no sería público, sino que lo guardaría para mí. Y un gracias que va más allá del blog. El gracias dedicado a los que me sostienen y me escuchan cuando no me aguanto ni yo. O cuando parece que me han dado cuerda hablando y aun así me prestan atención y me tratan con cariño. Y un gracias, gigante también, a la persona que más de mis miedos me ayuda a superar o, al menos, a enfrentarme a algunos de ellos...Bendito "ascensor" de Nazaré, parecía un viaje al mismísimo cielo. Poco me faltó para besar el suelo, como el Papa, o llevarme de recuerdo alguna de las barras a las que me agarré. Creo que me atreveré a repetir.

Y de momento, "brindo" (con agua, que es muy sano, je, je) por el octavo aniversario del blog. El tiempo es muy caro y nunca se sabe todo lo que puede suceder en un año.

La imagen está hecha ayer, con el móvil. Me pareció casi mágico, porque en ese momento mi cabeza estaba pensando en cuestiones importantes. Y mi vista se fijo en él. Y ahí me quedé, mirando ese corazón.

Imagen propiedad de Raquel Plaza Juan

Y la música no la dejo en manos de cantantes poco conocidos. Seguro que os resultan familiares.


La segunda es una versión acústica de "Caminar", de Dani Martín. Precisamente es un cantante del que sigo teniendo pendiente asistir a un concierto. Mientras ese y otros momentos felices llegan, seguiré, como siempre, caminando, lo mejor que pueda y con los que quieran hacerlo a mi lado. ¿Caminamos?



domingo, 3 de noviembre de 2024

De muertos, vivos y otras cuestiones

Hace dos días, se conmemoró en España, el "Día de Todos los Santos". Fecha marcada en el calendario español para recordar a nuestros fallecidos. Una de las tradiciones es visitar los cementerios y poner flores en las tumbas de los que ya no están. Y alrededor de esta fecha, la Dana arrasa parte de España, especialmente localidades de la Comunidad Valenciana, y de momento, lleva ya la escalofriante cifra de 217 muertos. Si bien esta cifra me pone la carne de gallina, intuyo que se va a disparar cuando logren acceder a todos esos garajes, todavía cubiertos de lodo, e inaccesibles por todo lo que la Dana arrastró a su paso. Y no soy yo de dar mi opinión en términos políticos en este lugar, pero hay algo dentro que me quema. No va a pasar, lo sé, pero en voz alta lanzo mi deseo de ver dimitir a todos los ineptos políticos que nos rodean. Los cuales han demostrado, una vez más, no estar a la altura de las circunstancias ni de las personas a las que representan. No estoy pensando en gente de un único partido político, sino de varios. Una lástima que no vaya a suceder, por pedir, que no quede. Aunque no sirva de mucho, envío desde aquí un abrazo virtual a todos los afectados por la Dana de las localidades de Valencia, Albacete, Cuenca y Málaga. Mucho ánimo a los que han logrado sobrevivir, especialmente con muertos en su entorno, porque ahora iniciáis un duro camino de reconstrucción a muchos niveles. Ojalá ninguno se sienta solo en estos momentos tan duros. Y para los muertos, que puedan ser enterrados/incinerados cuanto antes, y sus familias puedan despedirlos como deseen. Espero que logren recuperar todos lo cadáveres. Reconocimiento especial a la solidaridad de la gente que ha prestado su ayuda físicamente o de cualquier otra forma, porque toda ayuda es poca en una catástrofe tan inmensa. ¿Aprenderemos algo esta vez? Dejo en el aire la pregunta.

Volviendo al 1 de noviembre. tengo muchos abrazos para dar y enviar. Y me gustaría que llegasen a todos los que lloráis, a día de hoy, por la falta de algún ser querido, fuera cual fuera el lazo que os uniera a esa persona. No por haber sido 1 de noviembre vais a haber llorado más. Da lo mismo el tiempo que haya pasado, el hueco que dejan los que se marchan nada ni nadie lo puede reparar. Ese dolor es eterno, omnipresente. Creo que lo único que varía es la intensidad, según el momento vital en el que cada uno se encuentre. Insisto, no nos han enseñado a hablar de la muerte con naturalidad, a afrontar la propia y la ajena con la mayor dignidad posible, a tener escudos para protegernos de esa avalancha de dolor, falta de aire y nudos en el estómago. Algo que hace que se te remuevan hasta las entrañas. No creo en las promesas a los muertos, esas que se hacen antes de perder en este mundo su presencia, física al menos. Los muertos no opinan, los muertos no votan, los muertos no deciden. Y los muertos no deberían condicionar nuestras decisiones, pensando que ellos actuarían de otra manera o no estarían de acuerdo con nuestra forma de obrar. El día que yo me muera, ojalá falten muchos años para que esto suceda, no me gustaría que ninguno de los míos actuara "como a Raquel le habría gustado", ni en broma. Porque desde el día en el que falte de este mundo, mi único deseo, si pudiera verlo, es que los míos sigan su vida con la mayor normalidad posible, y procuren ser todo lo felices que pueda, implique lo que implique. Y jamás interpretaría eso como una falta de respeto ni a mí ni a mi memoria. Como dije antes, aprender a vivir sin alguien a quien amabas (un padre, un hijo, una pareja, una amiga...), lleva consigo una profunda reconstrucción personal. Y aunque tengamos las mismas mimbres, la cesta que nos va a salir desde que se inicia un duelo, es radicalmente distinta. Digo inicia pero no hablo de fin, el duelo nos acompaña siempre. Desgraciadamente no tiene final, no se atisba en ningún momento. Sí me parece necesario y saludable darse cuenta de eso, y que no nos provoque un dolor extra. Y la vida puede y debe seguir, lo digo porque lo sé, lo he vivido y sigo en ello. 

Los que me conocéis bien sois conscientes del fallecimiento más doloroso que me ha tocado vivir, el de mi padre. Todos los días, sin excepción, me acuerdo de él. Está muy presente aun sin estar. Afortunadamente ese recuerdo no va siempre acompañado de lágrimas. Estuvo presente en casi 41 años de mi vida. Y "solo" tengo 42, cumplidos el 21 de agosto, por lo que tuve la suerte de compartir una barbaridad de tiempo con él. Puedo hablar de él sin emocionarme, no siempre, y hacer que siga "vivo" a través de esos recuerdos. Esta vez no he visitado su tumba en estas fechas. Lo haré más adelante, el día que quiera y como yo quiera, probablemente sin avisar a nadie, porque para ir allí no necesito compañía, y no me apetece dar lástima y no voy a pedírselo a nadie. Voy yo, y punto. Y si lloro pues lloro, y si sonrío, perfecto también. Cada cual lleva sus duelos personales como puede. En mi caso he tratado de gestionarlos con la mayor naturalidad posible, sin esconder lo que siento, aunque tampoco lo pregono. Y menos todavía a medida que pasan los meses. Porque el 2023 se me hizo eterno, y ya a partir de el tsunami del 1 de agosto ni os cuento. Pero este 2024 se está esfumando a velocidad de la luz. Eso no quita que también me haya puesto a prueba. No hay un porqué, me ha tocado, y punto. A prueba puso, pone y me da en la nariz que seguirá poniendo, mi paciencia, valentía, entereza...Mi capacidad para darme un leñazo contra el suelo y levantarme, intentando continuar de la mejor forma posible, aunque no disponga de un manual ni hoja de ruta y me limite a seguir mi intuición, sea acertada o no. Porque no siempre doy en el clavo, ni mucho menos. Soy consciente de mis "despistes", mis errores, mis meteduras de pata. Seguramente no de todas, pero sí de la gran mayoría. 

Da igual si no habéis visitado la tumba de los vuestros por el 1 de noviembre. La tumba, el espacio en el que guardéis sus cenizas o el sitio en el que decidierais depositarlas. No hace falta ir a un sitio concreto para sentirlos cerca. Si alguien lo necesita y/o le reconforta, normal que vaya, sin importar la fecha. Su vacío nos acompañará siempre, pero que eso no nos impida tomar decisiones, incluso cambiar de opinión. Que no nos frene ni nos paralice, sino que sirva de impulso para continuar con nuestra vida. Insisto en esto porque sí, la vida, la nuestra, sigue su curso, y hay que seguir caminando, pensando, decidiendo, actuando...Recordemos a los que se fueron como queramos, cada cual a su estilo, y cuidemos más de los vivos, de los que nos acompañan, arropan, escuchan, consuelan, ayudan, acarician, abrazan...Los que están aquí y ahora. Realmente la vida es solo un ratico, como el título de una canción de Juanes. Precisamente por eso, exprimamos ese ratito acompañados por aquellos que mejor nos hacen sentir, los que más nos aportan, los que mejor nos entienden, aquellos que saben escucharnos y encuentran lo más adecuado para decirnos en cada situación. Las personas que más cómodos nos hacen sentir, las que más respetan cómo somos y se alegran de tenernos en sus vidas.

Espero que nada ni nadie se sienta olvidado. Procuro no olvidar, incluso a personas que ya no tengo en mi vida por elección propia. No le deseo mal a nadie, ni siquiera a algunos personajes que hace algún tiempo me las hicieron pasar canutas. El mundo está repleto de miserables. No les deseo nada malo, siempre digo que me conformo con que en algún momento den con alguien que los trate igual que ellos a mí, sería un dulce escarmiento.  Afortunadamente, las personas que sí valen la pena compensan a los anteriores con creces. Y de esas, de las que valen la pena tener en mi vida, tengo muchas. Quizás decir muchas sea un atrevimiento, rectifico y digo "suficientes".

Feliz recta final de año a todos. Atesorad cada momento agradable, alegrías cotidianas, gestos de amor, amistad...Aquí no se viene a sufrir (nos toca a todos, a unos más, a otros menos), se viene a intentar seguir adelante con todo lo que la vida, el destino o en lo que creáis, nos vaya poniendo delante de nuestras narices. Fácil no es, pero imposible tampoco. No sé qué más tiene que suceder para que valoremos de una santa vez, aquello que de verdad importa. Aquellos que de verdad importan. 

Y con estas reflexiones, acertadas o no, afrontaré noviembre, un mes que no me gusta un pelo porque se me hace muy largo, noto mucho el cambio de hora y ver que antes de las siete de la tarde es de noche me resulta deprimente. Pero aquí estamos, disfrutando de la paleta de colores que nos regala cada otoño, de la gente bonita por dentro y por fuera, y de lo mágico que es tener personas con las que poder decir cualquier cosa (o casi), en voz alta. Deseo que noviembre, si trae noticias, del tipo que sean, sean buenas. Más sobresaltos en los que queda de año, no, por favor. Y si vienen, que me pillen acompañada. 











Imágenes propiedad de Raquel Plaza Juan.