Cualquiera podría pensar que una gala que comienza con el mítico "Bienvenidos" de Miguel Ríos va a ser una gala de categoría, pero no fue así exactamente. No busco el aplauso ni el escarnio tampoco, solo comparto mi opinión de un evento que me encanta ver año tras año. Aunque me pasa como con Eurovisión, mi padre solía verla conmigo, y ver ambas citas televisivas sin él, son un pellizco gordo en el corazón. El año pasado lo pasé mal, y este, todavía peor.
Con mi santa paciencia y altas expectativas, es lo que tiene el inicio que os decía hace unas líneas, era optimista con lo que estaba por venir. Dejo el vídeo de "Bienvenidos", en el que un puñado de actores nominados, tres, y actriz, una (hago hincapié en esta diferencia de número que no entiendo) entonaron la canción con bastante acierto. Luis Tosar, ¡qué grande eres!. Pepe Lorente, ¡vaya descubrimiento! Y de repente, se hizo la luz, Eva Amaral y Juan Aguirre, da gusto veros ahí, pasen los años que pasen. La guinda, Miguel Ríos, como no podía ser de otra forma, siendo Granada la elegida para esta 39ª edición de los Goya. Ríos lleva los 80 años de una manera envidiable.
No debe cundir el pánico porque no pienso analizar minuto a minuto los Goya de anoche. Entre otras cosas porque fue más larga que un día sin pan, terminando cerca de las dos menos cuarto de la mañana. Aguanté a duras penas, pero aguanté.
Las presentadoras, Maribel Verdú y Leonor Watling, bien, sin más. Creo que estuvieron poco tiempo sobre el escenario, no sé. Leonor empezó más nerviosa que su compañera, o al menos lo disimuló peor. Pero a mí no me disgustó que se confundiera, porque creo que también es parte de la emoción y del sentido de la responsabilidad al presentar algo así. Y todo eso puede jugar malas pasadas. Luego se la vio más relajada, y mucho más cómoda.
Tuvimos la suerte de inaugurar los premios con el de "mejor actor de reparto", cayendo en manos de Salva Reina. Ver a alguien desbordado de emoción, me desbordó a mí, aunque no necesitaba mucho para sumarme a sus lágrimas, y fue un continuo en casi toda la gala. Raro fue que no acabara deshidratada. Pero me lo permití, lo de llorar sin freno, porque la vi sola casi toda. Enhorabuena, Salva. Gracias por regalarnos uno de los momentos más emotivos de la noche. La felicidad que salía por todos tus poros fue inmensa. Y esas palabras de agradecimiento, a tus padres en primer lugar, llamándolos, superhéroes, una maravilla. Igual que la declaración de amor hacia Kira Miró. Y su cara, esa cara al escucharte, impagable. Ese "Kirá, te amo", sin más, ya fue una delicia. Y todo lo que le dijo a continuación. Así como el resto de su discurso, sobre la gente que da oportunidades y muchas cosas más. Te explayaste Salva, pero mereció la pena.
Si podéis, la película está en Netflix, y vale la pena verla, da mucho que pensar sobre las relaciones humanas en general, y en particular las de familia.
Sabéis que tiendo a poner un broche musical a mis entradas del blog. Por raro que pueda parecer, no sabía si elegir la versión de Rigoberta Bandini de "El amor" de Massiel o la original. Pues eso, "El amor" al cuadrado, os dejo ambas interpretaciones:
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