miércoles, 31 de diciembre de 2025

2 x 1...Y nada tiene que ver con el Carrefour

Tengo la costumbre de escribir una entrada cuando se aproxima el final de año y otra a modo "carta a los Reyes Magos". Como ando tardía, voy a incluir ambas en esta aquí. Empiezo a escribirla a 28 de diciembre de 2025, el cuándo la termine es otra historia, aunque la programaré para que salga publicada el último día del año.

He pensado que la música va a ir al principio de la entrada, y no como broche de la misma. Os dejo un popurrí, como la vida.











A 2025, este que se "larga" en breve, no sé muy bien si darle las gracias o un tirón de orejas y un buen cogotón. Ambos son compatibles. 

Gracias 2025, porque no sé si has sido bueno o malo, pero podías haber sido mucho peor (y mejor también ¿eh?)

En mi memoria quedan visitas a varios hospitales, incluyendo dos intervenciones de personas amadas y muy cercanas. Desgraciadamente he visitado más el hospital "nuevo" en escasos tres años, que el "Clínico" en toda su existencia. Supongo que tiene que ser así, no sé. Quizás estoy normalizando algo que es una mierda, tal cual. Insisto, podría haber sido mucho peor (el que no se consuela...).

Escapadas/viajes a sitios preciosos, muchos nuevos y algunos ya vistos anteriormente. Asturias y Galicia...¡Qué hermosas sois! Me encanta ir al norte, no obstante una parte de mí necesita Mediterráneo, con bañitos en la playa, paseos por la orilla, amaneceres...Sí, ha sido culpa mía no haber ido, lo reconozco. Gracias, amiga. Es decir, gracias, Marta, por tu disponibilidad para eso y para muchas cosas no tan agradables y complicadas de gestionar. El año que viene, sin falta, tú y yo nos vamos en verano a alguna playa juntas, ya toca.                

En alguno de mis destinos hasta se me cayeron las lágrimas de la emoción. Sí, papá, tú y yo no fuimos a Santiago juntos, era algo que hablamos un par de veces y no se logró. Pero he regresado a Santiago muy bien acompañada, gracias, Jorge (por ese viaje y por cualquier minuto compartido), disfrutando cada calle, maravillándome en la hermosísima plaza del Obradoiro, e imaginando que lo veían tus ojos a través de los míos y les gustaba tanto como a mí. Igual que el recorrido que en su día hice con mis compañeros de 8ºC del "Paco Viruta"...y entonces faltó Mariate. Me apetecía revivir ese instante y compartir el vídeo con ella. Fue una mañana muy emotiva, muy especial todo. Iván, prometo hacer lo posible por coincidir en mi próxima visita a tierras galegas, sean cuando sea. Esta vez no era el momento, habrá otras, espero que lo entiendas.

Hay destinos conocidos a los que periódicamente voy. Como mi cita anual con la Feria del Libro de Madrid. Acompañada por mi hermano, aunque luego allí cada uno en su espacio, coincidiendo en algunos puntos y buscando por nuestra cuenta en otros. Reconozco que llevo ya dos o tres años que otorgo a la firma de autores un papel secundario. Me da mucha pereza estar esperando en una cola infinita y que se mueve a paso tortuga, prefiero deleitarme recorriendo la Feria de arriba a abajo, aunque entera entera no logro verla nunca. Pero adoro poder mirar y buscar sin prisa. Dejarme sorprender por las recomendaciones de libreros en los puestos, editoriales distintas, libros que me atraen por un título o me atrapan por sus ilustraciones (luego ya profundizo y compruebo si lo que me entró por el ojo merece la pena de verdad o es solo eso, una buena apariencia). 

Por otra parte, Segovia se está convirtiendo en una especie de refugio. Desconozco el motivo que hace que me transmita calma, me dé la paz que necesito y haga que acuda a ella cuando mi cuerpo pide desconexión, escaparse pero no muy lejos. Me siento como en casa pero sin estar en ella, a la distancia justa para ver todo con perspectiva. Da lo mismo si voy con frío o calor, Segovia atrapa y me encanta. Y La Granja de San Ildefonso es especial, otro lugar de referencia al que no solo no me importa volver, sino al que siento que necesito regresar. 

Con Extremadura me pasa algo parecido a Segovia. Es una tierra con magia, con un aura distinto. Tan pronto estás mirando a todas partes y  a ninguna para ver a los ciervos en época de berrea, como alzando la vista al cielo para seguir con la mirada los buitres leonados. Y si no es el mundo animal, es el vegetal, o cualquier localidad, es muy fácil dar con sitios con encanto allí.

Este año tuve que anular algún viaje. Me gusta pensar que más bien ha quedado aplazado para otra fecha, pero lo voy a realizar.

Siguiendo con el repaso a 2025, porque parece que estoy leyéndole la cartilla, en muchos sentidos puedo decir que fue un año "bárbaro". Un año que me ha permitido pasar mucho más tiempo y conocer mejor a personas con las que coincidí por primera vez en 2024. En general, por mucho que parezca que hablo casi hasta con las piedras, soy de las que necesita tiempo cuando conoce a gente nueva. Me gusta observar, fijarme en detalles que habitualmente la mayoría ignoran porque quieren o porque no saben verlos. Y no soy un libro abierto, para nadie nuevo. La confianza requiere tiempo. A medida que cumplo años me doy cuenta que cada vez profundizo más con menos personas. Y sigo dando más descuentos de los que debería.

2025, también me has recordado la importancia de priorizarme, de pensar más en mí. Y hacer que mi voz sea escuchada, piensen igual o no. No busco convencer a nadie, pero me niego a silenciar mi opinión, mis ilusiones o mis proyectos. La gente es muy egoísta, y no puedo sentir que juego un papel secundario en mi propia vida. Porque soy la protagonista, y el destino y mis decisiones van dando forma al guion de mi vida. Reconozco que anímicamente no estoy para tirar cohetes, las palabras pueden herir, los silencios también. Las palabras adecuadas abrazan, reconfortan, tranquilizan y animan, pero no siempre llegan y eso también desconcierta. Y no sé, no me siento en ocasiones como creo que debería sentirme, y me echo la culpa aunque en realidad no sé si es mía o de los demás, o una mezcla de ambas. Es complicado. Intento ponerme, con mucha frecuencia, en la piel de los demás, pero mi sensación es que eso no siempre es bidireccional, y duele, pero es así. Agradezco mucho esos mensajes de "Buenos días ¿qué tal estás?", o los que llegan a cualquier hora. Y los que se dan en persona, porque lo importante debe decirse en persona, excepto si no queda otro remedio. Tengo ganas de escuchar palabras que tal vez nunca lleguen, y acciones que puede que jamás se produzcan. Insisto, no sé cómo explicarlo. Pese a todo, estoy muy agradecida por todo lo bonito que he vivido este 2025, lo que no quita que haya llorado un montón. Y sí, también me he reído bastante. No sé si ha habido más sonrisas o lágrimas, mi forma de ser hace que sean más unas u otras, intente que pesen más las sonrisas en mi balanza personal.

Este año he ido unas cuantas veces a velatorios. Por salud mental no las he contado. Me ha resultado inevitable, cuando tocaba ir al tanatorio "San Carlos Borromeo", ir directa a ver la sala en la que estaba la persona fallecida. Y respirar aliviada al comprobar que no era la 9. Esa fatídica sala en la que pasamos dos noches interminables y a la que me tocó volver justo unos meses después del fallecimiento de mi padre. Me he dado cuenta que voy viendo la muerte como algo más natural, más cercano, no por ello menos doloroso. Es inevitable, como aseveraba la actriz Malena Alterio al dar las gracias a los medios tras la muerte de su padre, el gran y eterno Héctor Alterio, "es parte del contrato". Solo nos falta seguir poniendo, cada cual desde su posición, nuestro granito de arena, para hablar de la muerte con mayor naturalidad. Acostumbrarnos a hablar del dolor que supone un duelo, lo complicado que es de gestionar ese vacío tan inmenso asociado a la pérdida de un ser querido. Y lo hermoso que es saber que hay personas que te acompañan aunque sea sin decirte nada, solo estando, porque es muy complicado acertar con las palabras. Y el silencio no es mala opción, a veces, solamente a veces.

Pero 2025, no quiero que pienses que has sido un año de muerte, no. No sería justo, Pablo e Iris llegaron en enero, para recordarme el milagro de una nueva vida, la alegría tremenda de conocer a amigas y amigos en otras facetas, y ver cómo aprenden a base de práctica, teoría y de todo. Y así, casi sin quererlo, este rey y esta reina de sus respectivos hogares, van camino de soplar la velita de su primer año de vida. Tengo que pellizcarme para darme cuenta que es verdad, no lo he soñado. Habéis traído mucha luz a un año con algunas etapas muy grises. 

2025, me has puesto retos, piedras en el camino, y en parte me has hecho espabilar. Repito e insisto, la gratitud es importante. Te doy las gracias por todo. No soy muy buena reivindicando mi sitio en según qué ámbitos o situaciones, pero las experiencias me van ayudando a encontrarlo. Hay días que de modo silencioso, otras dando un golpe en la mesa. Y quien no quiera darme mi lugar, sus razones tendrá. Intento ser coherente y actuar de manera empática y justa a todos los niveles. 2025, tranquilo que no creo ser "Doña Perfecta" ni mucho menos. Tengo mis defectos y los conozco. Intento cambiar sin necesidad de llevarme "tortazos", no siempre lo consigo.

A nivel profesional y personal, 2025 puedo calificarte de "intenso", especialmente te has lucido en los últimos meses del año. Se me atragantaron tanto que el episodio de ciática me parece poco, mejor así, no quiero más piedras en el camino.




Ojalá 2026 sea bueno. Que traiga salud para los míos y para mí, y se escriba con V de Vida. Sí, eso, que me recuerde lo importante que es la vida, las ganas de exprimir cada momento amable y de sentir más vida. Que se escriba con V de "victorias" a nivel personal y laboral. La vida no es una guerra, pero ojalá en la balanza, a finales de 2026, sienta que he ganado mucho más de lo que he perdido. Y pesan más las victorias cualitativas que cuantitativas. Deseo con toda mi alma que 2026 sea capaz de hacer visible mi mejor versión. Sí, la mía, la mejor versión de Raquel Plaza Juan. Sé que está por llegar y las herramientas para lograrlo están en mi poder. Cero preguntas. Cero presión. Cero prisas. Es mi momento. Es el momento. Tiempo al tiempo.

Además de lo mencionado antes, querido 2026, si la salud y otras circunstancias lo permiten, quiero viajar más. Me gustaría viajar más. Ya dije hace algunos párrafos que necesito más playa, hacer algún que otro viaje aplazado y sigo teniendo pendiente volver a volar, aunque no sea prioritario, me encantaría, solo si se puede. 

Quiero que me des más tiempo con mi gente: mi pareja, mis amigos y algunos familiares. Me parece que no nos hemos dedicado lo que deberíamos. A esto añádele que las quedadas pendientes van en aumento, y lo que antes era un año sin ver a alguien, ya ha pasado a dos o incluso tres, lamentable.

Y como siempre he pedido y más tras la pérdida de mi padre, no me arrebates a nadie, por favor. Si entran a formar parte de mi vida nuevas personas, genial, pero no te lleves a nadie. Eso sí, personas que sumen, porque para las que restan no tengo ni tiempo, ni paciencia, ni ganas ni ná de ná. Sí, me salen cada vez los subtítulos más grandes, se me sube la ceja y no soy la reina del disimulo precisamente. 

2026, creo que he sido bastante explícita en lo que me ha parecido y menos en lo que no me apetecía serlo. Que 2026 sea un año de amor, salud, empatía, tiempo y muchas alegrías. No va a ser de color de rosa, pero puede ser mucho más colorido que el 2025. 

Espero que el año nuevo me traiga pocos disgustos y sea fuente de mucha felicidad. Que los que me amen sigan haciéndolo. Que los que confían en mí no dejen de hacerlo, y contribuyan a que me sienta más afortunada si cabe. Y a los que haya que poner en su sitio, encárgate de darles un buen escarmiento porque tengo tiempo, pero no para perderlo con gente que no vale la pena. Hay personas que se venden muy bien, otras vamos a otro ritmo, funcionamos de otra manera en cualquier ámbito. Allá cada cual si tiene ganas de saber quién soy o no. 

Y una vez más, me importa un bledo si lo he repetido en casi todas las entradas de este año, gracias a los que ampliáis la palabra familia y ayudáis a que cada vez me sienta más cómoda y más querida con vosotros. Gracias de corazón a los que habéis formado parte de mi vida en 2025. A los que me mostráis la cara amable del mundo y hacéis que me sienta especial y parte relevante de algo vuestro. Gracias por vuestra atención, cariño, paciencia, confianza, escucha, sinceridad, apoyo y de todo. Soy lo que soy por las personas con las que puedo contar, y no son pocas precisamente. Gracias por estar pendientes de mis palabras y de mis silencios. Gracias por el respeto, por hacerme sentir visible e importante y por contar conmigo en hechos importantísimos en vuestras vidas. 

Fijo que algo me dejo en el tintero en mi especie de carta al año que termina y de bienvenida al que viene ya. 

Comparto con vosotros una "lluvia" de imágenes de mi 2025.

Todas las fotografías de esta entrada son propiedad de Raquel Plaza Juan. 
































Y ahora viene la segunda parte, ya medio dibujada en esta primera, mis palabras para los Reyes Magos.

Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar:

Sabéis que soy maestra en explayarme, pero como ya lo hice en la primera parte, vuestra carta está ya casi escrita.

Salud para los que quiero con toda mi alma y para mí, que ninguno termine el año con tratamiento para alguna enfermedad grave, hospitalizado, pendiente de ser operado o de baja.

Fuerza de voluntad para hacer realidad mis sueños. O al menos para poner toda la carne en el asador para que se cumplan. Y sin echar balones fuera.

Amor, mucho amor.

Muchos momentos "bárbaros".

Cuidado, cariño, atención, interés, visibilidad, empatía y tiempo.

Paciencia para todo, para cualquier situación que tenga a la que me enfrente y exija grandes dosis de ella.

Detalles, de esos que llegan al alma y acarician el corazón. Muchas veces son palabras, otras gestos. No hablo de lo material, eso es terciario.

Ilusión.

Esperanza.

Viajes.

Calma ante las adversidades y lo chungo que el año nuevo me traiga, imposible que sea de color de rosas.

Y no sé qué más, cada día es un regalo, aunque algunos días cueste un poquito más apreciarlo.

Reconozco que he metido la pata este año, en más de una situación y con más de una persona. Os prometo que intento aprender de mis errores y enmendar lo que se pueda. Y si se puede, no meter la pata en el mismo lugar. Sin embargo, me parece que mis aciertos pesan más. He intentado actuar de forma coherente, morderme la lengua cuando era consciente del daño que podían hacer mis palabras y ser justa. No siempre lo habré logrado. Y me la he mordido algunas veces, ahora me arrepiento, escuchando palabras o viendo formas de actuar que me hacían daño.

Queridos Reyes Magos, traed a los míos lo que consideréis que más falta les hace para ser más felices, quizá yo no lo vea o no haya sabido verlo.

Gracias por mantener viva la ilusión de muchos niños, y de algunos adultos, eso resulta dificilísimo. Corremos el peligro de perder ilusión según vamos cumpliendo años. A mí me parece tristísimo y trato de ilusionarme por todo lo bonito que veo, vivo y tengo cerca de mí. No siempre consigo contagiar esa ilusión. Creo que es posible se piense igual o diferente. A mí una gran amiga me transmite una ilusión infinita al hablar del K-Pop o los parques de atracciones, y no son precisamente mi centro de interés. Pero cómo le brillan los ojos, y ver lo feliz que es en determinadas situaciones, hace que me llegue a ilusionar con ella y me apetezca preguntarle sobre lo que le encanta, y eso no significa que pensemos igual.

Y ahora ya, 2026, ven cuando te toca y llénanos de vida. Reyes Magos, vosotros ya sabéis que la noche del 5 al 6 de enero os pertenece, y que la ilusión siga presente en nuestro día a día.

Por favor, a "Los Reyes Magos" y a quien corresponda, dadme un buen año, con todo lo que eso implica. 

Muchas gracias e intentaré seguir portándome bien.

Con Cariño,

Raquel

No hay comentarios:

Publicar un comentario