Me siento ante la pantalla de mi portátil con muchas ganas de escribir y sin saber muy bien por dónde empezar. Tiendo bastante a hacer entradas tipo "popurrí" con una variedad de temas, como la vida misma.
Digamos que 2026 se me está haciendo largo. 2025 fue intenso y algo o muy abrupto. Enero rozó lo eterno. Las tarjetas de Navidad siguen guardadas. No he escrito ni una. Algunas están por rematar y otras solo en mi cabeza. No sé si llegaré a enviarlas. En plan chungo decía que a lo mejor llegaban para Carnaval. Al paso que voy ni para Semana Santa. No hay ganas. No se dan las circunstancias. Hay cosas que se me dan muy bien, y otras rematadamente mal. No soy buena mintiendo. Paso de fingir y poner cosas que no son, de llenarlas de palabras bonitas pero que suenen huecas. De ver las cosas de un color que ahora no alcanzo a ver. Lo dicho, ya veremos si pasan por Correos o se van a la basura. No quiero castigarlas al olvido. Ya veré qué hago con ellas, ahora mi cabeza está rellena de mil cuestiones más importantes.
Hace días, pongamos unos diez, tal vez sean más, me crucé con un ex alumno de un cole. Da igual el nombre del cole y del alumno. El caso es que no es la primera vez que me pasa. Él iba ausente, escuchando música. Me limité a decir "Hola" alto y claro. Me miró con extrañeza, desde el 2017-2018 ha llovido mucho. Se paró, saludé nuevamente pero añadí su nombre. Y ya le dije, "¿no te acuerdas de mí, verdad?". Y me dio la razón. Le refresqué la memoria y estuvimos hablando unos minutos. Os prometo que si hubiera hecho predicciones sobre el futuro de mis alumnos, por este no habría apostado nada. Nada de nada. Se negaba a trabajar, no hacía los deberes nunca, no estudiaba, y en clase parecía que le costaba hasta agarrar el lápiz. Y ahí estaba él, como un tortazo de realidad, recordándome que hay veces en las que no acierto con lo que pienso en mi interior, y me alegre de haberme equivocado tanto. Cuando fue mi alumno, estaba en 5º de Primaria, era un niño. Por supuesto que me encontré un hombre, pero la cara lo delataba, sabía que era él. Daba igual escuchar una voz totalmente distinta y ver un cuerpo de adulto. Esbozó una sonrisa y seguía siendo él. Está en el segundo curso de una FP de grado superior. ¡Qué bien está confundirse a veces! No pude disimular mi alegría. Le dije que me alegraba un montón de lo que me contaba y de haberme cruzado con él. Ojalá todo le vaya fenomenal. Fue un bálsamo encontrarme con él. Ser maestra de Compensatoria es complicado, más de lo que muchos creen. No ven más allá de lo evidente, estoy en Salamanca capital aunque mi destino definitivo esté en Peñaranda. Pero los cercanos sí se dan cuenta del precio que pago. Es desesperanzador cómo vienen las nuevas generaciones, la escasa o inexistente capacidad de escucha, la poca humanidad que gran parte de ellos demuestran, actitudes irrespetuosas continuas y sin justificación alguna. De verdad que los resultados académicos pasan a un tercer plano. De hecho desde que me estrené como maestra de Compensatoria relativicé la parte académica. A partir de ahí empezó a tener más relevancia la parte personal, el bienestar emocional de mis alumnos. Sigo siendo una docente exigente, suelo decir que exijo en la medida en la que doy. Reconozco que este curso se deben estar juntando muchos factores, y puede que sean el motivo para lo cuesta arriba que todo se me está haciendo. Reflexiono mucho sobre lo que hago, aquello que funciona, lo que no, y cómo puedo actuar de otra forma distinta. Pero hay momentos en los que siento que no me quedan muchas más teclas por tocar. Luego veo a alumnos como el que os he comentado antes y me repito a mí misma que sigue mereciendo la pena el esfuerzo. No se trata solo de estar en Salamanca capital, me gusta Compensatoria. Lo que no quita que sea especialmente complejo hacer lo que hago o intento hacer. No quiero las cosas a cualquier precio. No todo vale. Si veo algo naranja no pienso decir que es amarillo, por mucho que me insistan, aunque eso pueda ser como tirar piedras contra mi propio tejado. Apechugo con las decisiones que tomo y procuro que sean coherentes, lo entiendan otros o no. Para mí es importante tener la conciencia tranquila.
Por eso me aferro a la parte positiva, a los que sí, a las personas que sí, que sí se esfuerzan, que lo intentan (lo consigan o no), que sí ven más allá de sus narices y son capaces de empatizar. A las que son coherentes y no dicen una cosa pero hacen la contraria. A aquellos que aportan, que están dispuestos a sumar y no restan. Y a mis alumnos se lo repito bastante, algo estamos haciendo mal...T-O-D-O-S. Sería muy injusto cargar sobre sus hombros toda la culpa. Tampoco me parecería de recibo echárnosla toda a los docentes, ni a las familias. Es una combinación de factores, una mezcla explosiva. Y nos está explotando en la cara. Si me dicen que imagine cómo será la educación dentro de 10 años, no sé si acertaría. El rumbo no lo veo claro. y lo de remar juntos es bastante utópico. Ojalá me confunda y alguien sea capaz de agarrar con fuerza el timón, y hacer que el barco llegue a buen puerto y no parezca que va a la deriva. Muchos días siento que me doy contra un muro. Y a medida que el tiempo avanza, el muro no se derriba ni mengua, sino que da la sensación de hacerse más alto.
A ver si esta semana veo las cosas con más claridad y lo que está a mi alrededor acompaña.
El otro día, no recuerdo ni por qué, me puse a pensar en las amigas que con cierta frecuencia me dicen "guapa". Conté cinco, con nombres y apellidos. Seguramente algunas veces me lo habrán dicho días en los que yo no me veo así, desgraciadamente algo que sucede mucho. No hay nadie en este mundo que sea más duro conmigo de lo que yo misma soy. Y no lo reduzco a la parte física, sino a toda yo. No sé si cinco son muchas o pocas, algunas no recuerdo que me lo hayan dicho nunca. Es lo que hay. Sus motivos tendrán. No soy de pagar con la misma moneda. Si veo a alguien que lleva algo que le favorece, o es guapo/a, se lo digo. No se me caen los anillos ni actúo así para recibir lo mismo. Me comporto así porque me nace. Me maquillo porque me gusta. Voy a la peluquería porque la operación "raíces" es fundamental (para mí) una vez al mes, y es bueno para mi salud mental verme mejor físicamente. Aunque de vez en cuando agradecería alguna caricia emocional más. Alguna palabra bonita. No soy de preguntar si a otros les gusta mi peinado o cómo voy maquillada. Hay días en los que me levanto y me veo guapa y otros que veo cara de acelga y no lo siento igual. He llegado a la conclusión, errónea quizás, que la gente es poco detallista y todavía menos empática. Soy muy detallista, a muchos niveles, y algo que siempre me ha parecido una virtud, una cualidad positiva, ratos empieza a parecerme un defecto...¡Manda narices! Como veis, 2026 se me está haciendo largo.
He de reconocer que aunque todavía no la conozco en persona, y en un par de días hace su primer mes de vida, Lara es una de mis dos mejores noticias en lo que va de 2026. Bienvenida al mundo, Lara. Segunda hija de una amiga del gremio docente, Cris. Bebé que va a contar con una maravillosa hermana mayor, Triana. Y ya cuenta con unos papás que la quieren con locura. Sea la semana que viene o la que va después, deseando conocerte Lara. Los rayos de sol brillan más cuando son sinónimo de una nueva vida.
Tengo muchas ganas de viajar, pero no me apetece hacerlo sola. Si no fuera por la situación de algunos ríos, y por una razón personal, me encantaría pasar los Carnavales en Córdoba, pero no va a ser posible. Al menos no en los de 2026. El año pasado tuve que anular ese viaje, pero estaba muy reciente una operación familiar y no era correcto ni prudente irme de escapada a ninguna parte. Ojalá estos sí pueda, podamos, me conformo con el fin de semana, aunque en mis sueños me iría los cuatro días, de cabeza, a alguna parte en la que el clima sea agradable y los ríos no se desborden. Ya veremos...No me gustaría quedarme con las ganas. Sé lo que pasa, que luego las circunstancias varían, y lo que el próximo fin de semana puede ser realidad, en dos se puede tornar imposible. La vida pasa, vuela, aprieta, y hoy estoy aquí pero mucho más allá no sé ni cómo, ni nada. Faltan certezas, falta seguridad, no me faltan sueños ni ilusión.
Y con este caldo, de estar bastante harta de muchos temas, es inevitable seguir teniendo presente a mi padre. Esta tarde, en una serie de Netflix que estoy próxima a finalizar, dos mujeres hablaban sobre un personaje principal, fallecido solo hace un par de capítulos: "Es difícil estar sin él, ¿verdad?". Y la otra persona respondía: "Es todo el espacio en el que no está." Y...¡cuánta razón! Su silla, en la que casi nunca nos sentamos ninguno. Su lado de la cama. Su sitio en el sofá, que sí ocupamos pero sigue siendo el suyo. Un banco de mi barrio, donde todavía me parece verlo. Las calles en las que se paraba a charlar con algún amigo o conocido. Las fotos de celebraciones en las que ya no puede aparecer. La parte de mi vida que vieron sus ojos y he perdido. Hasta ir a hacer la compra puede ser doloroso. Que sí, que la vida sigue y mil paparruchas más, pero sin él no sigue igual, sigo como puedo, y me parece que me equivoco más de lo que acierto, por mucho que yo sea independiente y haya tomado mis decisiones yo misma, al menos aquellas en las que ya me veía como una adulta. Y de eso desde luego que no me arrepiento.
Últimamente mis semanas son un deseo de llegar al fin de semana. Y cuando este acaba siento que no lo he aprovechado lo suficiente. Por un lado necesito descansar, por otra parte necesito socializar más, quiero estar más tiempo principalmente con mi pareja, y no sé. Quiero viajar, es un deseo pero una necesidad también. Las oportunidades hay que aprovecharlas, tal vez lo que hoy pueda permitirme en unos meses no sea razonable. Por eso no me apetece esperar. No sé qué me depara el futuro, sí lo que me gustaría que me deparase; pero soy consciente de lo que sí puedo hacer en mi ahora. Y me siento afortunada. Llevo mucho llorado en este mes y poco de 2026, pero también ha habido momentos felices.
En mi cabeza no me daba cuenta que no me sentaba a escribir una entrada del blog desde que estrenamos enero. Una auténtica barbaridad. Puede que se repita, ojalá no. Ojalá mis silencios en este rinconcito no duren tanto.
Os deseo a todos un buen comienzo de semana. A ver si el lunes es menos lunes. A ver si no nos convertimos en ranas (como dice una amiga) con tanta lluvia. Y soy de lluvia, aunque no tan constante, es ya un soberano aburrimiento. Se complica hasta ir al trabajo en coche. En Salamanca cuando llueve, diluvie o sea chirimiri, coge el coche hasta el gato. No tengo pruebas, tampoco dudas.
Y como queda mucho de febrero y de 2026 ya ni os cuento, voy a pensar que va a ser un año majete y se va a ir enderezando. Cruzo los dedos. Buen lunes, queridos lectores. Y gracias por la paciencia y por seguir leyendo este blog.




No hay comentarios:
Publicar un comentario