El 23 de abril andaba yo alejada de la capital salmantina. Y como me gusta planificar, sabía con antelación que no iba a poder cumplir con mi cita, casi sagrada, de visitar los soportales de la Plaza Mayor de Salamanca. Pero esa jornada la he disfrutado tantos años, que no pasa nada por "perdérmela" algunos, y si es por estar con el modo desconexión activado, vale la pena perdérsela.
Por eso encargué en la librería de mi barrio, a escasos metros de casa, varios libros. Estos son mis autorregalos del 23 de abril.
Sí, me autorregalo con frecuencia, libros y lo que se tercie, lo admito pero...¿y qué? No dependo de nadie para eso, y el día que no pueda permitírmelo, no pasará nada. Será porque tengo razones más importantes para gastar/invertir el dinero en otros ámbitos.
Antes de ayer a mediodía, me dio por visitar la trastienda del blog. Esa en la que aparecen las entradas tal cual las he escrito, comentarios publicados y otros pendientes de moderación. Me topé con un comentario que no había visto. Puntualizo que puse eso, de "pendientes de moderación", para evitar gente anónima con ganas de hacer daño, a la que no iba a darle un espacio gratuito para criticarme de manera cobarde (anónima) o lo que les apeteciera. Solo puedo publicar o eliminar los comentarios. Si por ejemplo hubiera algo mal escrito, se publica tal cual. Nunca me he encontrado con comentarios desagradables pero, por si las moscas. Resulta que el deantes de ayer es de una antigua "alumna", Yassmín. Entrecomillo alumna porque no llegué a darle clase como tal. Aunque fue una de las valientes que se apuntó a mi idea del Taller "Emociónate", para la tarde que tenía que hacer el segundo curso que estuve en el Beatriz Galindo. Yassmín, aunque me he explayado bastante en la respuesta a tu comentario, quiero que quede reflejado aquí también. Por eso:
Es increíble que me digas todo lo que me dices, y que lo hagas casi ocho años después de haber puesto punto y final al taller. Ayer me embargaba la emoción y, todavía hoy, me cuesta asimilarlo. Para mí ese ratito de "Emociónate" era mi hora favorita de la semana. Y recuerdo que no todo fueron risas precisamente. También las distintas actitudes de todos los que ibais. Algunos, reticentes y expectantes, a ver cuál era mi "ocurrencia" para esa tarde. Otros, como tú, con una sonrisa de oreja a oreja y a "tumba abierta", daba igual lo que propusiera, te lanzabas a la piscina. Gracias por esa actitud y por la confianza y el cariño. Como puse en el comentario de la entrada anterior, fuisteis el germen de "Pinceladas de emoción". Con vosotros me di cuenta de lo mucho que disfrutaba con la "educación emocional", de lo importantísima que es y lo necesario que me parece darle un espacio y un tiempo en los centros educativos. En una vista generada por IA, aparece esto sobre la educación emocional:
La educación emocional es un proceso educativo, continuo y permanente, cuyo objetivo es potenciar el desarrollo de competencias emocionales (conciencia, regulación, autonomía, empatía) para mejorar la calidad de vida y el bienestar personal y social. Comienza en la infancia, siendo clave en casa y la escuela para gestionar emociones, prevenir disfunciones y fomentar la resiliencia.
Algo que me encantó del Taller "Emociónate" es que era un
grupo reducido, y eso daba pie a muchas dinámicas que
se complican tratando estos temas en un grupo
numeroso. Con "Pinceladas de emoción" en el "Fili" de
Guijuelo, muchas veces sentía que algunos se habían
quedado con ganas de participar más. Pero intentaba
que todos los que quisieran, pudieran intervenir.
Nunca obligué a nadie a hablar. Entendía que había que
dejar que cada cual pudiera sentirse libre y participar
(o no).
Y eso fueron pildoritas, porque solo disponíamos de 30
minutos escasos, pero a mí me daban la vida. Pese a ser la
última media hora de los viernes, se me olvidaba todo
lo "malo" de resto de la semana.
Volviendo a "Emociónate", fue uno de los regalazos de un
curso durísimo, en el que pude haber acabado fatal, pero
no fue así. Al final, ocho años después de ese año tan
fastidiado, mucho más que el curso anterior en el mismo
cole, ayer, me di cuenta, que ese curso, gané YO. Gané
por las personas con las que me hizo coincidir la vida en
los dos cursos del Beatriz Galindo.
Gané por Kris, Charo, Lourdes, Feli y Carmen. Por Merce,
María y Cristina ASECAL. Y, por encima de todo, gané por
Amín, Anabel, Avi, Darianna, Daribel, Florín (Argika),
Imán, Ion (Geo),Jair, Jehison, Jenifer, Mihaela, Noreen,
Ricardo, Safae, Salma Ouanit Mansour, Yassmín y Yousef. Son muchos más, estos son los que me han venido a la
cabeza...Tened en cuenta que ya ha llovido bastante y he
conocido muchos alumnos nuevos desde que me fui del
"Galindo" y no es fácil acordarme de todos. Pues eso, defi-
nitivamente, gané yo. Aunque haya tardado tiempo en ver-
lo, es momento de gritarlo a los cuatro vientos, repito:
GANÉ YO. Y sigo recibiendo cariño por parte de personas
que coincidieron conmigo en el contexto de aquel
colegio.
Ayer reflexionaba sobre lo que me gusta más de lo que
hago como docente, tanto a nivel académico como en el
plano personal. Tuvo algo que ver el comentario de
Yassmín, y algunas preguntas que un alumno me hizo
por la mañana.
Como asignaturas, disfruto una barbaridad con Plástica.
Me encantaría hacer un taller de Plástica con mi alumnado
de "Aula Abierta" del IES Venancio Blanco. Y con mis chicos
y chicas del IES Francisco Salinas. Y con ambos también
talleres de otra temática. Pero como no sé si mi destino
será el mismo que el año que viene, y aunque lo fuera
habría un gran cambio de alumnado, cuando los conozca, ya
planteo lo que me parezca más apropiado.
Lo de Plástica se ve a la legua, me encanta y puedo pasarme
horas y horas dibujando, coloreando, haciendo manualidades
...Y suele crear un ambiente más cálido y distendido.
Aunque no tenga nada que ver, me encantan las Mates. Sí,
quien me conoció como alumna estará alucinando. Pero es
verdad, como docente es una de las asignaturas que más
me llama enseñar. También Lengua, da muchísimo juego y
a través de ella se pueden beneficiar las demás áreas, es
otra de las que me encanta. Luego ya colocaría el Inglés.
Sí, en cuarta posición. Quizás tenga que ver que en Com-
pensatoria he comprobado que es una de las asignaturas
que genera más rechazo entre mi alumnado. Y es agotador
remar en contra día sí y día también.
Y de lo que no es puramente académico, la respuesta está
aquí, en el blog. Me apasiona llevar al aula la educación
emocional. Me emociona pensar, elegir, elaborar...lo que
sea, actividades que puedan hacer que mis alumnos se
conozcan mejor a ellos mismos (y/o entre ellos), que
sean capaces de gestionar de una manera más adecuada
lo que les pasa, sea algo pasado que todavía les pesa o
del presente. No sé, hay personitas todos los años en
mis clases, que cargan una segunda mochila pesadísima.
No me gusta cerrar los ojos ante esa mochila personal.
Sé que hay que sopesar muy bien hasta dónde implicarse
para no sufrir, desde luego. Pero soy incapaz de ignorar el
dolor ajeno, de pasar por alto a un alumno o una alumna
que percibo que está atravesando por un momento com-
plicado. Y hay recuerdo una de las primeras lecciones que
aprendí en mi primer curso en un instituto. Me estrené a
lo grande en el IES Vía de la Plata de Guijuelo. La lección
es esta: NO JUZGAR. Eso implica una escucha atenta, con
frecuencia morderse un poquito la lengua, e intentar em-
patizar sin quitarle hierro a lo que te acaban de contar. Y
la gratitud es muy importante, uno de los mayores regalos
que puede hacerme un alumno es la confianza, a nivel do-
cente y personal. Esto, no está pagado. Y en esta profesión,
siento que lo que doy, que es mucho, se me devuelve multi-
plicado. Y es común que me lo devuelvan alumnos que no
me esperaba o con los que haya "chocado" al comienzo.
Sé que con la "educación emocional" tengo, obligatoriamen-
te si quiero que funcione, hacer un esfuerzo tremendo a ni-
vel personal, y ser generosa y tener la mente muy abierta.
Y por supuesto, estar dispuesta a disculparme, porque no
siempre acierto. No obstante, con el tema emocional,
procuro tener un cuidado extremo con las teclas que voy
tocando y, ante la duda, no toco ninguna.
Tengo la sensación que en estos menos de dos meses de
clase que quedan, hay mucho hermoso por vivir en las aulas.
Y me hace mucha ilusión estar presente, y ser parte de
algo especial. Y aunque a ratos acabo desbordada por tanto
adolescente, tienen algo que hace que me encante estar
con ellos. Me parece que me espabilan de vez en cuando. Y
ayudan a que conozca un poco cómo actúan, piensan...Por
eso, hoy la música va a extrañar a muchos, pero es una
fórmula maravillosa para aproximar mundos más cercanos
de lo que parece. Y me apetecía ponerla. Tal vez la persona
responsable de haberme animado a compartir estas cancio-
nes no lea esta entrada del blog, pero aquí se quedan.



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