En este caso, el uso de la conjunción copulativa "y", me ha servido para unir los dos temas que trato en esta entrada. Y me gustaría empezar por "Gordos". Como persona gorda, u obesa, que parece que queda más "fino", creo que veo ciertas cuestiones a mi manera, afectadas por el filtro de la gordura. Probablemente de algunas ya me hayáis leído o escuchado ciertas reflexiones, quejas...Siempre he dicho que antes de sentarme en una terraza, observo el tipo de silla que tienen, valoro a ojo su posible resistencia, su capacidad para soportar mi peso, que es mucho pero siempre me parece todavía más de lo que es, el material del que está hecha, cómo son las patas...TODO. No llego y me siento ni en la primera terraza que veo ni en la primera silla libre que pillo. ¿Es triste? Puede, pero es así. En los restaurantes me pasa algo parecido. Y cuando voy por primera vez a casa de alguien, la historia se repite. Probablemente si alguna persona similar a mí (físicamente), lee esto, pueda entender perfectamente a lo que me refiero.
De la ropa, ¿qué decir? Hasta el moño que no tengo de la etiqueta de "tallas grandes" y la costumbre de intentar hacernos creer que con "faldumentos" y colores insulsos vamos a sentirnos guapas, y no unas mesas camillas vestidas como un alma en pena. Vestirse con un cuerpo no normativo es una tortura, y bastante caro cuando pretendes que la ropa tenga cierta calidad. Tras muchos años, ya he aprendido dónde y cuándo es el mejor sitio y el mejor momento para dar con ropa que se aproxime a lo que me gustaría poder llevar. No siempre doy con lo que tengo en mente, porque quien diseña la gran mayoría de ropa para gordos tiene que ser delgado, no me cabe ninguna duda. Y carecer de conocimientos anatómicos básicos...también. Confío en alcanzar el día en el que al ver la ropa piense que de verdad sí es para mí, que me representa y es como quiero ir. Ojalá, y no es cuestión de suerte, sino de fuerza de voluntad y otros factores. Y también de compromiso, inexistente, por parte de la industria de la "moda", en hacer que cada cual pueda sentirse cómodo a la par que atractivo con las prendas de vestir que lleva. Lo aplico a muchos temas pero...¡Soñar es gratis!
Alguien me decía hace poco que las cosas pasan cuando la cabeza, y nosotros mismos, estamos listos para que sucedan. Nunca lo había visto así, aunque no me parece nada descabellada, le veo bastante sentido. Quizá sea cierto.
Recordatorio para lectores habituales o algún recién llegado al blog: en las casas de las personas gordas también hay espejos. Por si pensabais lo contrario, al menos en la mía hay como si tuviera un familiar con cristalería. Así que agradezco que no opinéis de los cuerpos ajenos, porque estar gordos no implica que padezcamos de ceguera y, creedme, hay características mucho peores que la gordura (y además sin arreglo, así que son infinitamente peores). Quiero pensar que la gordura me ha hecho una persona más empática, y no lo reduzco solo a lo relacionado con el físico. Puedo no ser fácilmente abarcable, pero soy muy abrazable.
Hasta aquí la parte de gordos, tampoco quiero que este tema ocupe más de la cuenta (¡Ja!), en esta entrada.
Segundo tema de la entrada: Adolescentes. El orden no significa menor relevancia para el que sale en segundo lugar, soy más simple, sonaba mejor así, primero los gordos.
Como bien sabéis, llevo ya cinco cursos seguidos muy en contacto con ellos por eso de estar "currando" en institutos. Y es una auténtica pena que no vengan con manual de instrucciones. Entiendo que son una combinación explosiva de hormonas, cambios a muchos niveles en su físico, su mente y sus vidas, y el sello de cada uno, que es único e irrepetible. Aun entendiendo todo esto, hay momentos en los que pienso que me he perdido algo y, a quien un día creía saber cómo era, veo que empieza a actuar de una forma completamente distinta. Y ya no sé si chillar en medio de una montaña, hacer la grulla, darme contra una pared o ir a Fátima de rodillas. Benditas familias, que yo los tengo a tiempo parcial y, hay días y DÍAS. Bendito cargamento extra de paciencia que necesitamos para no entrar a veces al trapo, pero corta y/o controlar ciertas actitudes. Y mi sensación es que a veces no se aguantan ni ellos, como para ser capaces de "soportarlos" nosotros. Entrecomillo soportarlos porque no doy con un término que se acerque más a lo que quiero expresar. A mí me encanta lo que hago, pero hay momentos en los que ya no sé ni qué hacer, y lo peor es que creo que ellos tienen menos idea todavía de qué hacer con sus vidas.
Sigo aplicando la máxima que aprendí en el IES "Vía de la Plata" de mi querido Guijuelo: Escuchar sin juzgar. Y dejar que, en lo que respecta a confianza, sean ellos, sí, ellos, los que tengan la sartén por el mango. Y un día pueden contarte su vida y milagros, y al siguiente la misma alumna te trata como a una desconocida. Así de cierto, así de injusto, pero así. Y dejarles espacio, pero a la vez mostrarnos cercanos. Que sepan que estamos a su lado, lo que no se traduce en estar de acuerdo con todo lo que piensen; pero sin agobiar, respetando sus ritmos. Y no sé de memoria con cuántos he tratado este año, entre los 12 y los 17 (o más) años. Ni tampoco controlo con un número exacto el nombre de todos sus países de origen, pero eso lo contemplo como una riqueza también.
Confío en tener paciencia de sobra hasta el 24 de junio, aunque mi intuición me dice que me basta con que me alcance hasta el 23, porque el 24 no creo que aparezca ni uno de un instituto ni de otro...Ya veremos.
No quiero que esto se interprete como una queja hacia los adolescentes. Pero cada curso que paso con ellos en las aulas, y más e grupos reducidos, veo lo difícil que es tocar la tecla adecuada. Es como intentar que no explote una bomba que tiene la tira de cables de diferentes colores. Y no siempre puedes controlar qué cable rozas. Y lo que un día te funciona con ellos, al día siguiente resulta desesperadamente infructuoso. Y te quedas, me quedo, con una cara de pasmarote considerable. La cuestión es que me sigue yendo la marcha, ciertos retos, algunas aventuras...y estoy convencida que "trabajar" con adolescentes lo es, y es algo que me encanta. Y cuando vienen mal dadas, pienso en todo lo bueno que me aportan, y se me escapa una amplia sonrisa y/o una lagrimilla, según de quién se trate. La suerte de tener un trato individualizado no es principalmente académica, sino la parte humana. Mis alumnos no son alumnos sin más, tienen nombres y apellidos, ilusiones y miedos, penas y alegrías y, casi siempre, una mochila que pesa lo que no está escrito. Es lo que más se aproxima a ser tutora (mi función como maestra favorita) sin serlo.
Así que nada, paciencia y buenos alimentos, y navegaremos de la mejor manera esta parte final del curso, aunque el calor apriete, las ganas flaqueen y sintamos que si antes no se han logrado determinados objetivos (del tipo que sean), ahora se torna casi imposible alcanzarlo. ÁNIMO a todos, no solo los docentes, a todos, con este momento del curso en el que estamos.
Comparto unos vídeos fantásticos relacionados con los temas de esta entrada.



No hay comentarios:
Publicar un comentario