Esta es una de mis fechas marcadas para escribir en el blog, mi opo-aniversario o como queráis denominarlo. Hoy, 20 de julio de 2026, hace 17 años que superé el proceso de concurso-oposición de "Maestros lengua extranjera (Inglés)." Y aquí estoy, sacándole partido a las vacaciones de verano, con una operación familiar en el aire y otras cuestiones importantes que, quizá tengan lugar (ojalá) o no.
Y sigo sintiéndome muy afortunada, porque poder dedicarme a la docencia es una gran suerte. Eso sí, esto no es un caramelito en dulce, ser maestro es complicadísimo y cada vez se pone más difícil. Difívil incluso el acceso a los estudios, y a medida que avanzas, va dando un giro de tuerca más. Entiendo que haya gente que tire la toalla y se resigne a no trabajar como maestro, aún habiendo estudiado para ello. Desde aquí, me encantaría animar a todos los que entran en la docencia por vocación, a no tirar la toalla, esforzarse, insistir, ser constante y trabajar para que esa oportunidad llegue, de una manera u otra. No hay una forma única de ser maestra. Luchad por vuestros sueños, es el camino para que se hagan realidad. No penséis que os van a allanar el camino o regalar algo, creo que eso solo pasa en contadas ocasiones y a personas muy concretas.
No logro imaginarme dedicándome a otra cosa. Continúo en Compensatoria por deseo propio, más todavía teniendo ya Santa Marta como nuevo destino definitivo. Me parece que esto me va a quitar presión, pero ni un ápice de ilusión. Puede que ese sea uno de los "secretos", el saber encontrar cada curso motivos para ilusionarse. A veces esas razones son un proyecto, otras tienen nombre y apellidos y otras son "algo", algo que percibes en el ambiente y te hace ilusionarte. Y aunque hay rachas en las que parece que llego incluso a perder la vocación (¡como para tener ilusión!), luego se me pasa y algo hace que en mi interior escuche un click. Si no hubiera existido ese click, con el curso muy avanzado, no habría solicitado la prórroga en Compensatoria. Gracias a los "culpables" de parte del click de este curso, ya seáis del Francisco Salinas o del Venancio Blanco, queriéndolo o no, sois bastante responsables de haber decidido seguir en Compensatoria. No obstante, siempre lo digo y me gustaría mantenerlo, mi decisión no la determina un alumno, un compañero o un alguien. Nunca voy a solicitar la continuidad por estar con una persona, por especial que me parezca. Suelo poner todo en una balanza, y según para qué lado se incline, así decido yo una cosa u otra. Y uso mucho el corazón, pero en mis decisiones la cabeza suele inclinar la balanza. Además la última decisión es siempre de la administración educativa, dependiendo de las necesidades existentes y de la planificación educativa que ellos tengan en mente. Pero el primer paso, de manifestar el deseo de prorrogar la comisión o no, es mío. Reconozco que en Compensatoria siento que he encontrado mi sitio, aunque no es el único. Mi deseo es retomar la tutoría en algún momento, probablemente dentro de tres cursos, como mucho, según vaya todo. Adoro ser tutora, y me encanta Compensatoria.
Y ya es oficialmente 20 de julio. Prosigo escribiendo con un ojo en el móvil, y el otro en la pantalla del televisor. Estamos en plena prórroga de la Final del Mundial y ganamos 1-0 a Argentina, ahí es nada.
En dos ratos de un par de días, me he ventilado "Las gratitudes", un libro de Delphine de Vigan. Una maravilla publicada por Anagrama. Uno de los muchos que me traje en la maleta de vuelta de la Feria del Libro de Madrid de este año. No he tenido el sosiego imprescindible para dedicarle la entrada que siempre se merece. Del libro que menciono, prefiero no desvelar gran cosa. Es un libro breve, se lee de una sentada, y a mí me ha encandilado. Me ha dado mucho en lo que pensar y me ha emocionado. Es de los que tocan las fibras. También he de reconocer que depende de en qué etapa de la vida llegue un libro concreto a nuestras manos, nos impacta más o menos y nos engancha y emociona o ni nos roza. Y "Las gratitudes" ha caído en las mías en un momento idóneo para disfrutarlo, apreciarlo y sufrirlo. Aunque sé de muchas personas muy cercanas que ahora les podría doler leer un libro así. A mí gracias me parece una palabra fantástica, de las que denomino mágicas. La utilizo a menudo pero tal vez no con la frecuencia que se merece.
Por cierto, somos campeones del mundo. ¡Qué felicidad! Gracias a la selección por hacernos soñar, y por transmitir un sentimiento de unión colo país que ojalá se repitiera en otros ámbitos. Ferrán, gracias por hacer realidad la ilusión de muchos. Y lo digo yo, que no suelo ver el fútbol y me he ido enterando de los nombres de los jugadores a medida que avanzaba el Mundial. Soy muchas cosas, pero futbolera no me considero. No obstante, he disfrutado y sufrido los partidos que he visto, y la final ya ni os cuento. Mención especial para las actuaciones musicales del descanso del partido. Chris Martin, ¡qué grande eres! Y ya tener a BTS sobre el escenario, era una guinda adelantada para el pastel. Muy especial verlos actuar, y un concierto pendiente sin fecha, al que espero tener la oportunidad de asistir. Os dejo un pedacito de la actuación de BTS y el vídeo completo de las actuaciones musicales del descanso del partido, incluyendo la de BTS íntegra.
Retomando lo de la gratitud, creo que ser agradecido es uno de los pilares que cualquier persona debería tener, en su educación, su escala de valores o llamado "x".
Por eso, hoy que hace 17 años que superé las oposiciones, agradezco a todos los alumnos que han dejado huella en mí, y son muchos. Y también a todos los compañeros, compañeras mayoritariamente, que han hecho lo propio. A algunas familias, por haber estado y continuar estando en mi vida. Y a todos los que están cerca de mí y me escuchan, animan y apoyan, cada vez que les cuento algo relacionado con mi "trabajo". Esa noticia la vi en el ordenador teniendo a mi padre a mi vera. Hoy no puedo celebrar este opo-aniversario con su presencia, pero agradezco los casi 41 años, menos 20 días, que sí estuvo muy presente en mi vida. Y eso es una suerte gigantesca, inmensa, que duele porque no es eterna pero, mirado con distancia, es un privilegio que muchos otros, tristemente, no tuvieron.
No voy a citar, esta vez, mi periplo por centros educativos y localidades. Todos, sin excepción, me enseñaron algo. Algunos son fáciles de recordar y unos pocos, muy pocos, mejor dejarlos en el olvido. Pero si no hubiera pasado por todos ellos, sería una maestra distinta, ni mejor ni peor, pero diferente. Me gusta la maestra que soy ahora, y consciente de mi imperfección, sé dónde he de limar y qué puedo mejorar.
Ojalá seguir celebrando este opo-aniversario y cualquier cuestión que sea sinónimo de felicidad. Al final, es saber cómo celebrar la vida, y a quiénes queremos a nuestro lado, para las celebraciones y para los días amargos, porque también los hay.
Gracias por estar presentes. Y gracias a todos los que habéis esbozado una sonrisa en algún momento de la lectura de esta entrada.
17, sí, ni más ni menos. Y con ilusión. GRACIAS.



No hay comentarios:
Publicar un comentario