miércoles, 29 de julio de 2026

3...Con antelación

El 1 de agosto de este año es la fecha de un aciago aniversario: 3 años de una noche trágica, la noche en que, sin esperarlo, perdí a mi padre.

Sí, papá, es una mierda o un milagro, alcanzar a decir que llevamos tres años sobreviviendo son ti. Duele escribirlo, leerlo, saberlo, sufrirlo. Me cuesta hasta respirar solo de pensarlo. Y no ha habido ni un único día en el que no haya pensado en ti. Da igual si estaba sola o acompañada; triste, alegre, nerviosa, tranquila, preocupada; aburrida o hasta la bandera de trabajo...He tenido días o épocas incluso de estar profundamente cabreada con el mundo, pero no me sirvió ni me sirve de nada, es como darme cabezazos contra un muro, pegar patadas al aire o arrojar piedras al río. Es mantener en el tiempo la sensación de tener una herida abierta, tal vez sea algo más pequeña, lo que pasa es que no cierra, ni creo que lo haga nunca. El duelo tiene un principio, aunque me parece que no existe final, es algo que sigue pese a que el tiempo pase. Da lo mismo si se han pasado las fases del duelo, cada cual las vive a su manera, a su ritmo, y con una intensidad distinta. Y no es cuestión solo de lo que nos pasa, sino de cómo nos pilla eso que nos pasa. También de cómo gestionamos esa tristeza infinita, ese dolor de alma, el corazón hecho pedazos, y los pasos que somos capaces de dar, si es que podemos, para recomponernos un poco o un mucho. Y algo que lo que me duele darme cuenta es que, desde tu fallecimiento, soy más valiente, para muchas cosas, pero muy a mi pesar. Puede deberse a que no me ha quedado otra. Y pongo un ejemplo, parte de esa valentía la he notado cuando alguien a quien quiero ya no tiene una persona a quien quería con cada poro de su piel, ya sea una pérdida reciente o no. Puede que ese aumento de valentía tenga que ver también con comprender mucho más el dolor ajeno ante la pérdida de un ser amado, aunque no soy experta en nada. Y a veces la vida nos sitúa en escenarios en los que jamás habríamos querido imaginarnos, y nos da dos opciones: ignorar o hacer algo para aliviar el dolor de las personas que están a nuestra vera. Desde tu muerte he visitado bastante el tanatorio San Carlos Borromeo, dos velatorios en estos tres años han sido en la misma sala en la que estuviste. Y en ambas ocasiones he tenido que marcharme llorando. Sigue siendo lo primero que miro o de lo que me informo cuando sé que me apetece, aunque no me guste, acompañar a alguien que ha sufrido una pérdida tan dolorosa como la mía. 

A cada cual nos duele lo nuestro, no hay duda, y no poseo ningún aparato capaz de medir ese dolor. Según mi modo de entender el mundo, percibimos nuestro dolor como el más grande, a fin de cuentas, es el que padecemos en primera persona, el que sufrimos en nuestras carnes. Y aunque queramos, nunca vamos a comprender al 100% el dolor de otra persona, por muy empáticos y observadoras que seamos (o nos creamos). 

Y desde que te marchaste la lista de "dolores" provocados por el vacío que nos dejó tu ausencia roza el infinito: ver ropa que ya nunca volverás a poder llevar, tu silla vacía, no poder escuchar tu voz acompañada de tu presencia, tu manera de caminar, no compartir corriendo contigo una buena noticia, no poder celebrar nada con tu compañía, cocinar algo y que tú no vayas a degustarlo, un beso o un abrazo tuyo, estar a tu lado, sin más...Y paro no porque no haya más, sino porque cada uno de los elementos que he añadido a esta lista hacen que me salten las lágrimas, esas que en los "primeros momentos" después de haberte ido, entrecomillo esas dos palabras porque no logro recordar cuánto duraron esas lágrimas imposibles de frenar e inagotables, llegue a temer que nunca se acabaran. No sé ni cómo no me deshidraté. Lo que está claro es que el duelo pasa factura, física y emocional. Creo que sigo pagando intereses, más a nivel físico que emocional. Ojo, la parte emocional no ha sido nada fácil de reconstruir, pero a día de hoy siento que las piezas están recolocadas y eso me permite vivir, que no es moco de pavo. Me permite sonreír, reírme a carcajadas. llorar de alegría, abrazar apretando fuerte, besar con cariño y/o con pasión, esforzarme por dar el máximo en mi trabajo, observar fotos tuyas y esbozar una sonrisa, visitar un sitio en el que tengo excelentes recuerdos contigo y no amargarme ni llorar, sino disfrutarlo más porque incluye una dosis extra de alegría por las vivencias previas contigo...Y con esa actitud, por casualidades de la vida, he vuelto a Benidorm, y he recordado, lo que significa volver a pasar por el corazón, algunos de los muchos momentos felices que vivimos allí. Benidorm, hasta hace unos días, solamente era sinónimo para mí de vacaciones en familia = vacaciones de los 4 (mamá, papá, Míguel y yo). Ahora gana una acepción nueva, "vacaciones con amigas". GRACIAS, MARTA, por todo. De verdad, papá, que si has podido ver cómo ha sucedido todo, ha sido una coincidencia ir de vacaciones allí. No era nuestro plan inicial, pero las circunstancias nos han llevado hasta allí. 

Hacía veintitantos años (no sé cifra exacta), que no veraneaba en Benidorm. Tuvimos hasta fuegos artificiales, está claro que en la Comunidad Valenciana son expertos en pirotecnia y tiraron la casa por la ventana con la pólvora. Iban muy enlazados unos con otros y algunos hacían sonidos algo extraños. Me pareció precioso. Cierto es que está masificado, leímos que en verano septuplica la población que tiene el resto del año. Hay gente a patadas, comiendo, bebiendo, paseando y por todas partes a cualquier hora. Ni idea de cuántas nacionalidades confluyen en este momento en Benidorm. Benidorm es una explosión de color, una mezcla curiosa de muchas circunstancias distintas que dan lugar a un menú de lo más original. He percibido que ya no se aprecia tanto la playa de Levante como la favorita de turistas extranjeros y la de Poniente para el turismo nacional. He visto rascacielos que en la época que andábamos por allí no existían. Lo que pasa es que también he pasado por lugares que me han transportado a momentos muy felices de mi infancia y mi adolescencia, como el parque de Elche, con la fuente que hay al comienzo y una cantidad ingente de palomas revoloteando; el buzón de Correos al que echaba postales para familia y algunas amigas; las playas de Poniente y Levante, el mirador...Y para mí, haber podido regresar a sitios en los que fui enormemente feliz, ha sido un plus a unas vacaciones de amigas en la playa que me apetecían un montón. Claro, la compañía ha sido excelente. Hasta hemos bajado a ver el amanecer desde la playa, asomando entre edificios, ya sabes que el sentido de la orientación no es una de mis virtudes precisamente, pero mereció la pena estar allí. La gente madruga para colocar su sombrilla, su silla y/o poner su toalla en una de las tumbonas azules que gestiona el ayuntamiento (menudo negocio tienen, por cierto). Y pese a que da igual por dónde fuéramos porque había gente en todas partes, parece que, al menos de momento, hay playa para todos. He tardado demasiado en volver, me he alegrado mucho de ser capaz de hacerlo y pasármelo bien, sin penas ni lamentos. Mi suerte es todo lo viví allí hace mucho tiempo y los nuevos buenos recuerdos que me traje en la maleta. Me ha faltado recorrer el camino hasta el Fenicia, actualmente hotel Villa España, y acercarme a pasear por el Rincón de Loix, pero tampoco hace falta revivir todo, ya fue suficiente.




No "celebro" tres años sin ti, para nada. Celebro los 40 rozando los 41 a tu lado, y haber conseguido, aunque sin estar tú, con más o menos éxito, intentar ser feliz y seguir viviendo lo mejor que pueda, y todo eso sí merece ser celebrado. No soy amiga de misas, pero supongo que iré, aunque no quiero, a misa el sábado. No me apetece nada de nada el arañazo extra de dolor que me va a suponer, más que nada porque no la necesito para acordarme de ti. Ya lo hago todos los días y la misa me sobra, me sobra y me duele. Sé que algunos no lo entenderán, pero ya me encargo yo de recordarte a diario. Eso sí, a mí manera. Y no es amarte menos, es amarte de la forma que yo quiero hacerlo, y no como a otros les gustaría, por mucho que les moleste, duela, o no lo entiendan. 

Continúo pensando que además de ser más valiente (con matices, ascensores no gracias, carreteras con curvas y precipicios tampoco), también me he hecho más fuerte, por necesidad, no por gusto. Gracias por el cargamento de fuerza que siento que me envías. Con lo de la paciencia habrá que ponerle más ímpetu, porque la tengo, y es bastante, pero selectiva (según para qué y con quién).

Así que hablo yo, y en nombre de nadie: te echo de menos todos los días y eso nada ni nadie lo puedo cambiar. Agradezco la barbaridad de años de los que sí dispusimos, y sigo recolocando, como puedo, ese amor pendiente que ya no podré darte. Echo mucho de menos cómo me mirabas, porque solo tú me mirabas con amor de padre. Y nada, aquí sigo. como se puede, viviendo y no sobreviviendo, cada día más consciente de que vida solo hay una, y los ingredientes que quiero ver en ella. Una vez más, gracias, PAPÁ.

Con mucho amor, tu hija:

Raquel Plaza Juan

PD: Sí, solo estamos a 29 de julio, pero mi padre era extremadamente puntual, "cagaprisas" para ser más exacto. Y he salido a él, así que, de forma adelantada, no me espero al 1 de agosto, ni falta que hace, y en cuanto he acabado esta entrada del blog, le he dado a "Publicar". Gracias.








Todas las imágenes son propiedad de Raquel Plaza Juan.

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