domingo, 27 de septiembre de 2026

ENSALADILLA RUSA

Septiembre es un mes de "volver a". También de fechas importantes mías y de parte de mi gente. Y está siendo una especie de ensaladilla rusa que, como ocurre con la paella (valencianos, aprecio mucho vuestra tierra, gastronomía y todo, no os enfadéis), cada cual la hace a su manera y mantiene el nombre. Algunos dirán que la ensaladilla rusa está hecha solo con huevo, zanahoria, patata y mahonesa, tal vez los más puristas. Pero he probado, en algunos casos preparado también, ensaladilla rusa con atún, mejillones, gambas, langostinos, bocas de mar (jamás han estado cerca del mar), guisantes e incluso fréjoles. Explico esto porque mi septiembre está siendo una ensaladilla rusa con los ingredientes tradicionales y la retahíla de posibilidades que he mencionado después. Ingredientes "buenos" (langostinos) y "malos" (guisantes, nunca he sido muy amiga suya). 

Así que como parte de lo que nos sucede no está en nuestras manos, aquí ando, como buenamente puedo, capeando la parte dura de septiembre...y lo que queda por superar, aunque ya nos vayamos a octubre. Gracias a la gente que está pendiente, y a los que entienden y respetan que necesito que estéis menos pendiente, para ahorrarme explicaciones repetitivas, agobios extra o ansiedad adicional, que no es poca. Repito, de corazón, gracias, pero permitidme que dosifique la información, y la espacie, también por salud, la mía (mental) en este caso. Sé que lo que queda de un año tiene muchos retos a muchos niveles, haremos lo que podamos para salir más o menos bien de todos.

No obstante, lo de titular a esta entrada del blog "ensaladilla rusa" tiene más miga. Responde a un vídeo de una persona a la que sigo por Instagram, Teresa López Cerdán. Podría decir que es polifacética, actuar y escribir son solamente dos ejemplos de sus talentos. A mí me transmite buen rollo, me gusta lo que dice y cómo lo dice, y me alegra ver sus vídeos en IG, aunque en ocasiones me emocionen, como el caso al que me refiero aquí, en el que explica su "teoría de la ensaladilla rusa". Ver vídeo Teresa López Cerdán, Teoría de la ensaladilla rusa. Es una metáfora que está relacionada con hacer algo para conseguir que otros te quieran, como si eso fuera una condición necesaria. Y al verlo, se me cayeron las lágrimas, porque me di cuenta que en algunas etapas de mi vida, he sido una "ensaladillera" rusa. Un ejemplo serían las tarjetas de Navidad, aquellas que no llegué a escribir ni enviar las navidades pasadas. Sin embargo, hice bastantes, ahí están, en una balda de un mueble, cuyas puertas evitan que las vea a diario. Y me producen una mezcla de sensaciones, así que voy a pensar muy bien si quiero rematarlas y enviarlas o no. Como las elaboraba una a una, todas diferentes aunque hubiera detalles comunes en algunas, tardaba una eternidad. He hecho varios paréntesis en el tema de las tarjetas que, en origen, compraba. Me he gastado un pastizal (porque me daba la real gana) en materiales de papelería (troqueladoras, sellos decorativos, cartulinas de todo tipo, papeles bonitos que suelen ser siempre caros si son de buena calidad, washi tapes variadas, rotuladores metalizados, pinturas acuarelables, pegatinas, rotuladores permanentes...). Los sobres algunos años los he hecho y otros los he comprado. Mayoritariamente enviadas por Correos, aunque algunas las daba en mano.  Y a estas alturas, acariciando octubre, no tengo muy claro qué narices haré con esto, pero no quiero que suponga un peso ni una obligación. Pero sí, un ejemplo en toda regla de las "ensaladillas rusas" de las que habla Teresa. Al no enviar tarjetas, muchos de los destinatarios ni siquiera me felicitaron las fiestas, por ninguna vía. Fue un baño (necesario) de realidad. Así que es una incógnita si habrá o no tarjetas, por mi parte, y en qué términos. Y es que no, no tengo necesidad de proseguir con algo que supone un esfuerzo tremendo, un tiempo impagable (y creo que no voy a disponer de él), y ganas (ya veremos si las hay). 

No voy a pedir perdón por existir, si no me queréis, vosotros os lo perdéis (ni soy la mejor ni tampoco perfecta, porque las palabras anteriores pueden sonar a soberbia, pero las palabras no incluyen el tono), y no me refiero únicamente al tema tarjetas de Navidad. Me he dado cuenta de lo doloroso que sigue siendo hacer esfuerzos por otros y que ellos no sean capaces de estar allí para mí en temas que para mí son relevantes. 

Si me miro al espejo, continúo viendo a alguien muy detallista, y sí, es una de mis formas de demostrar cariño, amor. Pero cada vez estoy más desengañada con esto, y me llevo palos que no sé si me merezco, aunque voy a intentar poner (más) de mi parte para ahorrármelos. Uno de ellos es con la no confianza, hablar yo de temas muy personales y encontrarme con un muro de silencios e indiferencias. Y además tener la horrible sensación de que algunas personas tratan o están, jugando conmigo, y en algún punto, de un día cualquiera, lo que voy a llevarme es una buen puntapié (queda mejor patada en el culo). Y mi runrún es que esa falta de confianza huele a traición, a que están jugando conmigo, descaradamente, tal cual.

Me cuesta priorizarme, no es ningún secreto, es uno de los aspectos en los que debo continuar trabajando a pico y pala. Trabajar más en mí, pensar más en mí y quererme más. Y allá cada cual con su conciencia. Si alguna persona se da por aludida, sus razones tendrá. En mi caso estoy orgullosa de quién soy y de las personas que están en mi vida, e intento hacerles llegar lo importantes que son para mí, aunque algunas no me paguen con la misma moneda. 

Mis otras posibles "ensaladillas rusas" me las reservo, pero hay más. Y al reflexionar en ellas me sentí miserable e incluso estúpida en algún caso. No pretendo dar pena ni provocar lástima. ¿Soy una persona sensible? Pues sí, mucho; pero ojo, no soy débil, me considero muy fuerte y muy valiente. Que llore no constituye un síntoma de debilidad, o no lo veo así. Tengo mucho aguante, pero todo tiene un límite. 

Si alguno quiere dar su opinión sobre la "teoría de la ensaladilla rusa" o algún ejemplo, encantada de leeros por aquí u otro medio. Gracias a los que ayudáis a que septiembre sea algo más liviano. Y a los que da lo mismo el mes, porque sé que estáis ahí siempre. 




lunes, 14 de septiembre de 2026

Nunca...

El viernes pasado fui al musical "Los chicos del coro". Por circunstancias, decidí ir sola, y pese a que eso no me hacía ninguna gracia, al salir me alegré mucho de haberlo hecho. Me gustó muchísimo. Reconozco que algunas de las licencias que se tomaron me chocaron un poco, pero me pareció una adaptación muy digna, de una película que adoro. De las pocas pelis que he visto dos veces en el cine, y otras tantas en casa. Es una banda sonora que a mí me conquistó desde la primera vez. Del musical destaco, entre otras cuestiones, la escenografía. La gama cromática que usaron en el decorado y en el vestuario, acertadísimas. Salí deseando ver la película original una vez más, aunque por falta de tiempo, todavía no la he visto nuevamente. Sin destripar nada, si tenéis la oportunidad de verlo, no la dejéis pasar. Me parece arriesgado ir sin conocer la película, pero también se puede disfrutar.

Al final, los chicos (y chicas) del coro, una vez hechos los saludos pertinentes, nos regalaron un par de canciones como broche a su actuación. Y lanzaron aviones de papel que estaban desperdigados por todo el escenario por una de las escenas (mi favorita). Justo a mi lado llegó uno del niño que hacía de Pépinot, mi personaje favorito de todos los "chicos del coro", y me agaché a recogerlo. Desde la escena final estuve llorando de la emoción, es una banda sonora que acaricia el corazón, no soy objetiva por lo mucho que me gusta. Las fotos que incluyo son de ese avión, no he podido evitar la tentación de desdoblarlo y leer qué decía.



Habitualmente desvelo o explico el porqué del título de cada entrada del blog al comienzo. En esta ocasión he decidido guardarme esa información para la parte final de la entrada. Son unas palabras que me vienen al pelo, y las utilizaré en los dos institutos en los que trabajo: Francisco Salinas y Venancio Blanco. Las dice el personaje del profesor "sustituto", Clément Mathie: "Nunca digas jamás, siempre hay cosas que intentar." 

Y quizás recurra a distintos formatos (canciones, libros, películas, publicidad...), para darle un toque especial a este curso 2026-2027. 

Y ya aprovecho para pedirles a mi alumnado que no tiren la toalla, sea en el ámbito académico o en cualquier otro. Que se esfuercen, reflexionen, valoren qué pueden hacer ante cada dificultad con la que se vayan topando. Pero además que sueñen, se ilusionen, luchen por lo que les gustaría que pasara en su vida, a cualquier nivel. Y también que escuchen, respeten, y les den oportunidades a las personas con las que se vayan encontrando en su camino. Aunque nadie dijo que todo esto que expongo fuera fácil, es un mensaje y un "discurso" que pretendo aplicármelo a mí misma. 

Deseo, de corazón, que el 2026-2027 sea un curso inolvidable por los momentos buenos, que me siga trayendo gente buena, de esa de la que te alegras conocer o con la quieres seguir coincidiendo. Sé que también, en parte, será un curso repleto de despedidas en muchos frentes, como todos sí, pero este un poco más duro, no digo nombres. 

Y ya que estamos, aprovecho para desearle muchísima suerte a los que ya no estarán en el Venancio Blanco ni en el Francisco Salinas, especialmente porque van a empezar una FP Básica. Espero que os vaya fenomenal, a todos, sin excepción, y voy a acordarme de vosotros, de unos más que de otros claro, pero pienso en todos. 

A los alumnos ya conocidos, que de momento van a ser, al menos en el Salinas, la gran mayoría, ojalá sepamos exprimir el lado bueno de ese conocimiento mutuo, y aprovechar un curso que puede resultar apasionante y memorable. Eso sí, por muchos malabares que intente hacer yo, el barco, sin vosotros remando junto a mí, no se mueve. Me gustaría saber que estamos del mismo lado, que remamos juntos para disfrutar de un buen ambiente en las clases, para reírnos (y de cuando en cuando quizá llorar), y sobre todo, estoy convencida de ello, para APRENDER juntos, que no es moco de pavo. Y es que aunque la maestra sea yo, soy una alumna eterna también. Y como tal, me gusta creer que continuaré aprendiendo de los que están cerca de mí toda mi vida, y no me refiero solo a las aulas.

Como adelanto y/o recuerdo, según cada caso: Gracias. Lo siento. Por favor. 

Feliz curso 2026-2027, y no dejemos nunca, de celebrar, que la mal llamada rutina es síntoma de normalidad, de salud, y no se valora como debería.

La vida sin música, igual que sin amor, no tendría sentido. De ahí que, como siempre, la música tenga su espacio en cada entrada del blog.







lunes, 7 de septiembre de 2026

La fecha

El calendario parece distinto cuando el día en el que estamos resulta especial por alguna razón. Y a mí eso me pasa con el 7 de septiembre. Como no me gusta hacer nada a la carrera, pensaba dejarlo pasar, sin más, pero no, porque de corazón hoy me apetece escribir aquí. Continúo celebrando que hoy sea nuevamente 7 de septiembre. Celebro que el amor sea amor, que no sea perfecto y que puedan existir equivocaciones por ambos lados. Porque todos, sin excepción, metemos la pata alguna vez, muchas veces sin querer, por no calibrar lo que decimos y hacemos o lo que no decimos ni hacemos. El amor es perdonar. El amor es comunicación. El amor es generosidad a manos llenas pero egoísmo también. El amor es gratitud. El amor es ilusión. El amor es gratitud. El amor es memoria y olvido. El amor es sumar de lo que nos aporta y restar de lo que nos quita el sueño. El amor es hablar, pero también incluye algunos silencios, y no tienen por qué ser incómodos. El amor es ceder. El amor es luchar. El amor es usar el corazón, y actuar con cabeza, para conseguir evitar engaños o ser utilizados. El amor es lealtad "pruebas" extras, especialmente cuando no hay motivos lógicos que justifiquen la desconfianza. El amor es apoyar, estar ahí, incluso en momentos en los que estamos en desacuerdo con lo que el otro piensa o cómo actúa. El amor es cerrar los ojos y sentir paz, por el mero hecho de esa compañía. Es esa mano que nos agarra sin quitarnos libertad. El amor es sentirse orgulloso de quién es tu pareja, por lo que es, por cómo es...por todo. El amor es tener ganas de seguir sumando sietes de septiembre al lado de mi pareja. El amor es altibajos y turbulencias, no solo soles y arcoíris. El amor es un cielo estrellado al que miramos con curiosidad y esperanza. El amor es ser flexibles y estar dispuestos a mejorar, ambas partes. El amor es brillar juntos y de forma individual. El amor es celebrar, y valorar lo hermoso de poder contar con alguien. El amor es sentir que teniendo una relación con una persona, tu vida tiene más colores. El amor es cercanía, aunque también es distancia. El amor es ser capaces de confiar lo que muy pocos o solo uno conocen. El amor son instantes. El amor es ser uno mismo sin preocuparse por el qué dirán. El amor es unión y además, espacio. El amor es tener GPS puesto e ignorarlo de vez en cuando y, quizás ahí se encuentre el camino en vez de perderse, por increíble que parezca. El amor es una brújula que nos orienta. El amor es ser capaz de hacer juntos todavía más cosas que uno solo. El amor es libertad. El amor son sonrisas y lágrimas, en ocasiones compartidas, otras no. El amor es pensar en esa personita especial y que se te ilumine la cara. El amor es ver un océano en su mirada. El amor es respeto. El amor es atención. El amor es tender la mano siempre que el otro lo necesita, pero más aún si te lo pide. El amor es recuerdo y olvido. El amor es cuidar. El amor es salud. El amor es una fiesta para que puede que no recordemos cuándo recibimos la invitación. El amor es sueño y desvelo. El amor es ternura. El amor es seguridad. El amor es intimidad. El amor es escuchar. El amor es intentar comprender al otro. El amor es pasado, presente y futuro. El amor es lo que cada uno quiera que sea y lo que cada pareja construye.

Ya se acabaron los fuegos artificiales que dan por inauguradas las Ferias y Fiestas de Salamanca. Lamentablemente desde mi casa no se ven desde hace años, debido a un mamotreto de hotel que pusieron en el barrio. Pese a eso, los escucho y soy capaz de imaginarlos sin verlos, y eso también es el amor. Feliz 7 de septiembre, cariño. Una vez más, aunque sea de forma imaginaria, brindo por el amor desde el blog y desde cualquier punto.









Todas las fotos son propiedad de Raquel Plaza Juan.