lunes, 14 de septiembre de 2026

Nunca...

El viernes pasado fui al musical "Los chicos del coro". Por circunstancias, decidí ir sola, y pese a que eso no me hacía ninguna gracia, al salir me alegré mucho de haberlo hecho. Me gustó muchísimo. Reconozco que algunas de las licencias que se tomaron me chocaron un poco, pero me pareció una adaptación muy digna, de una película que adoro. De las pocas pelis que he visto dos veces en el cine, y otras tantas en casa. Es una banda sonora que a mí me conquistó desde la primera vez. Del musical destaco, entre otras cuestiones, la escenografía. La gama cromática que usaron en el decorado y en el vestuario, acertadísimas. Salí deseando ver la película original una vez más, aunque por falta de tiempo, todavía no la he visto nuevamente. Sin destripar nada, si tenéis la oportunidad de verlo, no la dejéis pasar. Me parece arriesgado ir sin conocer la película, pero también se puede disfrutar.

Al final, los chicos (y chicas) del coro, una vez hechos los saludos pertinentes, nos regalaron un par de canciones como broche a su actuación. Y lanzaron aviones de papel que estaban desperdigados por todo el escenario por una de las escenas (mi favorita). Justo a mi lado llegó uno del niño que hacía de Pépinot, mi personaje favorito de todos los "chicos del coro", y me agaché a recogerlo. Desde la escena final estuve llorando de la emoción, es una banda sonora que acaricia el corazón, no soy objetiva por lo mucho que me gusta. Las fotos que incluyo son de ese avión, no he podido evitar la tentación de desdoblarlo y leer qué decía.



Habitualmente desvelo o explico el porqué del título de cada entrada del blog al comienzo. En esta ocasión he decidido guardarme esa información para la parte final de la entrada. Son unas palabras que me vienen al pelo, y las utilizaré en los dos institutos en los que trabajo: Francisco Salinas y Venancio Blanco. Las dice el personaje del profesor "sustituto", Clément Mathie: "Nunca digas jamás, siempre hay cosas que intentar." 

Y quizás recurra a distintos formatos (canciones, libros, películas, publicidad...), para darle un toque especial a este curso 2026-2027. 

Y ya aprovecho para pedirles a mi alumnado que no tiren la toalla, sea en el ámbito académico o en cualquier otro. Que se esfuercen, reflexionen, valoren qué pueden hacer ante cada dificultad con la que se vayan topando. Pero además que sueñen, se ilusionen, luchen por lo que les gustaría que pasara en su vida, a cualquier nivel. Y también que escuchen, respeten, y les den oportunidades a las personas con las que se vayan encontrando en su camino. Aunque nadie dijo que todo esto que expongo fuera fácil, es un mensaje y un "discurso" que pretendo aplicármelo a mí misma. 

Deseo, de corazón, que el 2026-2027 sea un curso inolvidable por los momentos buenos, que me siga trayendo gente buena, de esa de la que te alegras conocer o con la quieres seguir coincidiendo. Sé que también, en parte, será un curso repleto de despedidas en muchos frentes, como todos sí, pero este un poco más duro, no digo nombres. 

Y ya que estamos, aprovecho para desearle muchísima suerte a los que ya no estarán en el Venancio Blanco ni en el Francisco Salinas, especialmente porque van a empezar una FP Básica. Espero que os vaya fenomenal, a todos, sin excepción, y voy a acordarme de vosotros, de unos más que de otros claro, pero pienso en todos. 

A los alumnos ya conocidos, que de momento van a ser, al menos en el Salinas, la gran mayoría, ojalá sepamos exprimir el lado bueno de ese conocimiento mutuo, y aprovechar un curso que puede resultar apasionante y memorable. Eso sí, por muchos malabares que intente hacer yo, el barco, sin vosotros remando junto a mí, no se mueve. Me gustaría saber que estamos del mismo lado, que remamos juntos para disfrutar de un buen ambiente en las clases, para reírnos (y de cuando en cuando quizá llorar), y sobre todo, estoy convencida de ello, para APRENDER juntos, que no es moco de pavo. Y es que aunque la maestra sea yo, soy una alumna eterna también. Y como tal, me gusta creer que continuaré aprendiendo de los que están cerca de mí toda mi vida, y no me refiero solo a las aulas.

Como adelanto y/o recuerdo, según cada caso: Gracias. Lo siento. Por favor. 

Feliz curso 2026-2027, y no dejemos nunca, de celebrar, que la mal llamada rutina es síntoma de normalidad, de salud, y no se valora como debería.

La vida sin música, igual que sin amor, no tendría sentido. De ahí que, como siempre, la música tenga su espacio en cada entrada del blog.







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