BIENVENIDOS a este blog.
En él me gustaría unir varias ideas, la principal, que para que exista una buena EDUCACIÓN, uno de los ingredientes principales ha de ser la EDUCACIÓN EMOCIONAL. Y una de las herramientas de esa educación es, la que denomino la "palabra mágica", EMPATÍA.
Espero que seas docente, madre, padre, alumno, o simplemente hayas entrado a "dar una vuelta", pueda resultarte útil y/o interesante su contenido.
Queda mucho por APRENDER, pero claro está, con EMOCIÓN.
Puede sonar a chunga lo que pongo a continuación, pero ni mucho menos. No recuerdo los años que llevo escribiendo en el blog con motivo del Día mundial del alzheimer. Podría tirar de hemeroteca, pero no tengo ganas. Pese a esta desgana sí quería seguir acordándome tanto de los enfermos de alzheimer como de sus familias y otros seres queridos. Siempre me ha parecido una enfermedad durísima, y lo que han contado o me cuentan de ella gente que la "padece" o "ha padecido" a través de algún ser querido, han ayudado a que vuelva a sentarme a escribir sobre ella.
Siempre me gusta compartir algo, sea un anuncio, un artículo, una canción, un "algo" que pueda resultar interesante. Y he encontrado en Youtube un programa maravilloso. Es de hace cuatro años, pero eso no le resta valor. Es duro, es capaz de arañar el corazón. Si pese a estas advertencias os animáis a verlo, espero que saquéis algo positivo de su visionado.Se trata del programa de Telemadrid "Eso no se pregunta", y es el que trata sobre el alzheimer. Dura 40 minutos. Me ha parecido interesantísimo, y ayuda a empatizar, tanto con los enfermos como con sus cuidadores, sean familiares u otras personas. Para mí es una gran desconocida, lo que pasa que nadie está libre de sufrirla y siempre he pensado que es una enfermedad durísima y muy dolorosa para todas las partes implicadas. Y sigo creyéndolo.
Ojalá se invierta más en investigar enfermedades como el alzheimer. Ojalá existieran más servicios públicos para familias y cuidadores. Hay muchas cuestiones olvidadas en la sociedad, y desgraciadamente el alzheimer es para mí una de ellas.
Una de las preguntas que aparece en el programa de "Eso no se pregunta" es esta: ¿Qué es lo último que olvidan los enfermos de alzheimer? Me quedo con la respuesta de un familiar: Lo último que olvidan, es el amor...Y aún así no lo olvidan.
Al final, el amor me parece la respuesta para todo. La herramienta para cualquier cosa. El instrumento para poder batallar con cualquier adversidad que la vida nos depara, especialmente con las inesperadas. Y sí, me refiero a la muerte repentina de mi padre, el pasado 1 de agosto. No me canso de repetirlo, porque me siguen preguntando: No, no estaba enfermo. Sí, muy joven, solo 75 años, a punto de soplar las velas del 76 (Tranquilo papá, no se quedaron sin soplar). Hasta en el momento más fastidiado, con amor, todo se puede afrontar, aunque no podamos cambiar la realidad, por abrumadoramente triste que nos resulte, y de eso sí sé, me está tocando hacer un máster al que no me he apuntado. Y mi flotador está siendo el amor que tengo, el que doy y me queda por dar, y todo el recibido. Curiosamente el amor de mi padre, que es la ausencia que más me pesa y duele, me ayuda a salir a flote, aunque siga doliendo, aunque cueste seguir nadando. Y el de los que están aquí, conmigo, escuchando mis lágrimas, mis preguntas sin responder y mil cuestiones que no se te pasan por la cabeza hasta que te pasa algo así. Un tortazo del "destino" con la mano abierta de par en par. Y a veces no hay palabras, el silencio es la mejor respuesta. Pero cada persona es un mundo. Y comprendo que mi manera de sentir y de vivir este duelo, quizá resulte difícil de entender para muchos, pero no me quita el sueño, eso no, eso nunca.
Vuelvo al alzheimer, que me he desviado. Quiero aprovechar esta entrada para mandar un abrazo repleto de cariño, ánimo y esperanza, a todos aquellos familiares de personas dependientes, da igual la razón (alzheimer, párkinson, otra enfermedad o las circunstancias que sean que convierten en dependiente a alguien, de manera puntual o permanente). Y también a los que son dependientes, el motivo es secundario. Nadie está libre de serlo algún día. Ninguno lo estamos.
Mucha fuerza y extraer de la realidad que os haya tocado vivir lo bueno, porque siempre, repito, siempre, hay algo.
Y no quiero despedir esta entrada sin dar, otra vez, las gracias, por todo ese amor que he mencionado hace algunos párrafos. Especialmente a ese pequeño grupito de personas con los que me desnudo por dentro.
17 de septiembre, cumpleaños de Miguel Ángel, mi hermano. Cuarta fecha especial sin ti, papá. Cuarta "puñalada" después de tu fallecimiento...Y sabemos que nos quedan todavía primeras veces por superar. Pasó el 15, tu cumple; el 21, el mío; el 11 de septiembre, cumple de mi prima Ana, fue pasarle mi móvil a mamá para que la felicitara y estallar mi llanto, eras tú el que empezaba esa cadena de felicitaciones y nos pasaba el móvil; y hoy, el de tu hijo, es decir, mi hermano. Debe ser así. Eso dicen, que es así. No me consuela un ápice, pero entiendo que los que han pasado por un dolor semejante, saben de lo que hablan. Y hay que respirar y seguir. Lo reconozco, miento a veces. Estoy mintiendo cuando digo que estoy mejor. Miento porque así la gente se queda más tranquila, y pregunta menos. Hay días que sí, que de verdad me encuentro mucho mejor, o gran parte del día, no nos vamos a engañar, pero estos últimos han sido bastante jodidos. Sí, siento decir que jodidos, pero es lo más aproximado, fastidiados sería edulcorar la realidad de mala manera. Y sigo acordándome de ti en cada milímetro de este mundo, incluso en lugares que no llegaste a conocer, qué curioso. Veo en el corcho de Míguel los calendarios de los cuatro de cada año, los de tamaño bolsillo. Y me parece mentira que ya no vaya a haber más veces de los cuatro. Pero por lo que sea, el destino, los astros, dios si es que existe, o lo que sea, decidieron que te fueras esa noche insoportable del 1 de agosto.
Repito, sé lo afortunada que soy, pese a que nos faltes tú. Recibo amor a manos llenas. Me siento amada, querida y valorada. Y no faltan personas a las que recurrir cuando me falta el aire.
Estoy empezando a huir de las redes sociales. O mejor dicho, no huyo, hago una limpieza profunda de ellas. En Instagram he quitado de un plumazo a la tira de personas, no descarto quitar más. Allá cada cual con su conciencia y sus circunstancias.
Esta mañana fuimos Míguel Ángel y yo a una zona cercana al río que hacía mucho que no frecuentábamos. No llovía en ese momento y había que aprovechar. Vimos varios saltamontes, luego vuelvo sobre ellos. Estuve cogiendo moras. Mi hermano me advirtió que dejara de hacerlo, porque le parecía peligroso el sitio, bajo unos olmos, por si pasaba algo. No cogí muchas y me fui a otro lado. Unos minutos después, uno de los olmos se tronchó. No una rama, el tronco. Había mucho viento. Escuchamos un ruido muy fuerte y se partió. Afortunadamente no había nadie debajo. Justo se iba a acercar a la zona de los olmos una familia con una niña pequeña y dos adolescentes. Dieron media vuelta. Y nosotros nos fuimos al coche, no era día para pasear por allí. Menos mal que no pasó nada. Razón tenía mi hermano, me quedé helada.
Regreso a los saltamontes. Había uno de un tono poco habitual, un tipo de marrón que no es el que solemos ver normalmente. Con la cámara advertí que al saltamontes le faltaba una de sus patas traseras.. Dice internet que las dos patas traseras son largas y fuertes, y les permiten saltar o catapultarse 20 veces la longitud de su propio cuerpo. ¡Qué pasada!
El saltamontes carecía de pata trasera derecha, pero a pesar de eso seguía saltando, como podía, no se detenía, y seguro que notaba la ausencia de esa pata. Y se daba cuenta que desde su pérdida era más difícil moverse, pero fijo que era consciente de la importancia de seguir saltando para continuar con vida. Me sentí un poco (o un mucho) saltamontes, se me ha ido una de mis "patas", de las más importantes, las traseras. Y estoy aprendiendo, sin que nadie me enseñe. Aunque algunos que antes que yo han perdido alguna "pata" me arropen e intenten transmitirme calma. Pero sigo caminando, cuesta acostumbrarse, pero estoy viva, y tengo que aprovechar y disfutarlo. Y si hay que llorar pues se llora, se llora y se sigue. Y se sigue como se puede. Y ya.
Que probablemente a mi hermano le pasa como a mí en este último cumple, este sea su cumpleaños más triste hasta el momento. Pero creo que él sabe que es una de mis "patas", y siempre le desearé lo mejor, se merece ser feliz. Ojalá mis deseos hacia él se cumplieran. Hoy no me sale decirle "Feliz cumpleaños", me hago una idea de lo que puede estar sintiendo. Pero sí un "Te quiero", aunque me da que no va a leer esta entrada, pero lo sabe. Es el mejor "regalo" que mis padres me han hecho.
Seguiré saltando, como el saltamontes de esta mañana. GRACIAS.
Este curso tripito destino, no sé si ya lo había dejado caer en el blog, seguramente sí. Me hace mucha ilusión poder estar en el "Salinas" un tercer curso. Me siento rara por llevar dos cursos seguidos sin tener que irme presentando a todo el claustro. Pero qué queréis que os diga, lo agradezco. Y este año, cuyo agosto empezó de la peor manera posible, con la muerte repentina de mi padre, agradezco todavía más ahorrarme eso de tener que romper el hielo con todo el mundo. Sobre todo porque todavía tengo todo muy tierno, lo siento demasiado reciente, y podrían conocer una versión mía bastante mustia, pero es lo que hay. Ni me paso todo el día llorando como una plañidera, ni con una sonrisa de oreja a oreja, para qué mentir. Voy al ritmo que puedo, al que me permite ir asimilando lo que ha pasado y la vida desde esa noche de mierda (fui muy sutil), con perdón, del 1 de agosto. Y me sigue importando un bledo si a ojos de los demás eso es lento o rápido, porque no están en mis zapatos. No he calculado porcentajes de los suspensos en empatía. Aunque por otra parte, debería calcular también los que me han sorprendido, para bien.
El domingo por la tarde una señora que no tenía el gusto de conocer, pero que sí debe conocer a mis padres, me dio el pésame. Me preguntó si estaba mi madre bien. Salté como un resorte, creo que se me subieron las dos cejas, lo siento, no lo pude evitar. De verdad que una pregunta tan simple me resulta ahora muy inoportuna, fuera de sitio, molesta, inconsciente, y algo a lo que no me apetece un pelo responder. Ni si preguntan por mi madre, por mi hermano o por mí. Vamos tirando, y punto. Mi hartazgo por dar explicaciones es ya considerable. Lo siento, pero esa pregunta y pésames, que obviamente siguen llegando, lo único que hacen es más daño a una herida monumental, todavía muy abierta. Ya, la gente no la hace queriendo, pero es un chorreo diario de la misma pregunta una vez tras otra y los pésames, que me quitan las ganas de salir a la calle. De hecho a gente que no me importa un rábano, me han preguntado qué tal, y les he dicho que bien, sepan o no lo de la muerte de mi padre, no me apetece dar explicaciones. No tengo que ·"desnudarme" sentimentalmente con todo el mundo, ni de lejos.
Y pese a las adversidades la vida sigue, y qué bien. Aunque en momentos puntuales siga sintiendo esa especie de pellizco en el corazón, un dolor tremendo, tengo muchos motivos para ser feliz. Muchas razones para sentirme una persona muy afortunada. Y hoy porque es 7 de septiembre, y mañana porque es 8, y pasado será 9. Pero hoy quiero celebrar la vida y el amor. Porque no somos los que somos sin aquellos que nos aman. Sin los que nos sostienen en los momentos en los que nos sentimos más frágiles. En los que no tenemos ganas de nada y parece que nos cuesta incluso respirar. En los días negros con los ojos hinchados de llorar y llorar. En los ratos que nos sentimos pequeñitos. En los momentos en los que la tristeza se intenta apoderar de nosotros. Eso es lo difícil, amar cuando estamos hechos una mierda, cuando nos sentimos una mierda por dentro y/o por fuera. Cuando parece que no somos capaces de soportarnos a nosotros mismos. Porque a mí quererme en mis días alegres es mucho más fácil, dónde va a parar. Ahora ya, hacerlo en mis momentos bajos, es una tarea complicada.
Por eso hoy me apetece celebrar el amor y la vida. Porque lo importante no puede dejarse para otro día. Porque al final lo vamos dejando y ese día no llega, y tal vez cuando queremos que llegue ya es demasiado tarde. Por eso celebro lo afortunada que soy, y lo amada que me he sentido y me siento. Y soy de las que expreso lo que siento porque me nace, y porque me parece que la persona que nos arropa, sonríe en silencio mientras nos mira a los ojos, se merece oír a viva voz un "Te quiero", "Te amo". U otras cosas que con otras palabras expresan lo mismo. Y por supuesto una frase muy usada, pero que siento de corazón: Gracias por estar en mi vida, y por quedarte. Y sigue quedándote a mi lado. Gracias por todo lo que me aportas y lo bien que me siento a tu lado.
Si tenéis ganas de un viaje especial, no esperéis al momento perfecto, puede ser que no llegue nunca. Hacedlo en cuanto las circunstancias os lo permitan. A lo mejor sois vosotros los que debéis crear esas circunstancias. Si tenéis algún proyecto personal, del tipo que sea, esperando, igual os digo, no renunciéis a él, lanzaos e intentadlo. Si nunca lo intentáis no sabéis si lo habríais logrado, por difícil que parezca. No hagáis partícipes de vuestro sueños e ilusiones a mucha gente. A veces es preferible que los conozcan cuando sean una realidad. Que os apetece escribir un libro, pues una vez que lo tengáis en vuestras manos, lo compartís con los demás. Y si os quieren se van a alegrar.
Para todos, la nota mental que os mando está clara: La vida es una, aprovechadla.
El 21 de agosto del año pasado entré en el "Club de los 40". No me dio tiempo a asumirlo por el ictus de mi tío Antonio, pocos días antes de mi cumpleaños. Esta vez agosto ha empezado con la muerte, repentina y fulminante, de mi padre, uno de los pilares de mi vida. Ese fue nuestro tsunami emocional desde el día 1 de agosto por la noche. Vaya mierda de noche, tan inolvidable como dolorosa. A mí me ha condicionado el resto del mes, cumpleaños incluido.
A mis 41 años de vida no sé qué pedirles. Bueno sí, pero las tres cuestiones en las que pienso no quiero compartirlas aquí ni en ninguna parte.
Fue muy duro que me faltara tu voz, tu beso y tu todo al estrenarse el 21 de agosto papá, pero tenía que ser así. Hubo momentos tristísimos y otros de luz, mucha luz. Gracias a los que entendisteis y respetasteis mis palabras previas a ese 21 de agosto por varias vías. Y los que me escribisteis teniendo en cuenta lo que había pedido. Disculpad a los que no os cogí el teléfono. Gracias por no juzgar y empatizar. Os quiero mucho.
Gracias a los que físicamente pasasteis parte de ese día conmigo. Solo sois cuatro personas, y sabéis ya quiénes sois. Pese a todo, soplé las velas. Y no una, sino dos veces. Hasta hubo fotos. Porque sí, la ausencia de mi padre es indescriptible, pero la presencia de los que amo y además estuvieron conmigo, también lo es, y la valoro muchísimo. Sé que para vosotros, por circunstancias diversas, pasar parte de mi cumple con vosotros supuso un esfuerzo. Gracias infinitas a los cuatro. No era un día fácil y lo hicisteis especial y mucho más llevadero. Os amo.
El destino me ha "robado" este agosto, pero habrá otros agostos, para poder hacer todo aquello que en este de 2023 no ha sido posible. O antes, no necesito esperar a agostos venideros. Qué importante es respetar el ritmo y los tiempos de cada uno.
Celebrad la vida, porque no se detiene. Y cuando la de alguien lo hace, la de los que lo rodean tampoco para, aunque parezca que sí, y sigue rodando.
El 1 está a la vuelta de la esquina. Manda narices que vaya a hacer un mes desde que nos dejaste. Hay preguntas en el aire, y ahí se van a quedar. La qué más se repite en mi cabeza es "¿Por qué?". Y otras que no me estoy guardando dentro, sino que las saco, como puedo, muy despacito. O cosas que quiero compartir contigo.
No te puedes imaginar la de personas que nos siguen dando el pésame a estas alturas. Si siempre he pensado que tú habrías sido un relaciones públicas estupendo, por algo sería. Y mamá una vendedora de inmobiliaria de bandera. La verdad es que después del tiempo que ha pasado desde ese 1 de agosto, cada pésame de alguien conocido y relativamente próximo, es dolorosísimo. Es muy difícil no derrumbarse. Sin embargo, ¡qué curioso!, me duele que otras personas, ni conocidas ni próximas, no digan ni pío, por algo que llamo empatía, humanidad...No sé. Por ejemplo tres trabajadores, dos hombres y una mujer, de dos tiendas distintas de Orange. Me esfuerzo pero no me cabe en la cabeza que no les salga un "Lo siento", y luego ya me expliquen lo que corresponda. Igual en una de las tiendas de Movistar, nada, como si no hubieran escuchado nada. Y en tercer lugar, en La Gaceta, con la de años que llevabas siendo suscriptor. Me parece vergonzoso, pero no tengo ánimo de poner quejas, con las ganas me quedo, pero ahora no me veo con fuerzas para eso. Tampoco quiero decirles alguna barbaridad, de la que luego me pueda arrepentir.
Además de los pésames, reconozco que no llevo nada bien el que me pregunten cómo estoy o cómo estamos. Pues estamos, ahí vamos, tirando...Cada día que me pasa me apetece menos dar explicaciones de mi estado de ánimo o el de Míguel y mamá. Sé que lo hacen con buena intención, porque se preocupan por mí/nosotros. Pero es complicadísimo de responder, y escuece mucho. Es una pregunta comodín, la más común tras saludar a alguien, pero ahora me sobra. Y eos no significa que me pase el día entero llorando, ni mucho menos, no es así. Pero sí hay silencios, lágrimas, o nudos en la garganta, en algún momento puntual del día a día, y los vamos llevando lo mejor que podemos y sabemos.
No me quita el sueño que no me entienda la gente. Sé perfectamente que no vas a volver, que la vida sigue, que tú nos querrías ver felices y estamos haciendo todo lo posible por salir a flote. Pero sigo sintiendo todo muy reciente, la herida está muy tierna (todavía) y tu vacío es un boquete de dimensiones descomunales. A la gente, no juzguéis, os lo pido por favor. No me gustaría que nadie, sin excepciones, estuviera ahora en mis zapatos y tuviera que sentir lo que yo siento.
He pasado de no parar casi en casa a no tener ni pizca de ganas de salir. Salgo lo imprescindible, porque lamentablemente a los que se quedan aquí, a los familiares más cercanos del vivo, les queda burocracia para rato. Y ese papeleo inmenso contribuye a no poder desconectar, no poder dejar de darle vueltas a las cabezas. Sé que hemos empezado un capítulo nuevo en nuestras vidas, el de "Nuestra vida sin papá", pero pasar página y comenzar a escribirlo, no es moco de pavo, cuesta un mundo.
Creo que lo dije en alguna de las entradas anteriores, pero me gustaría dar las gracias a los que han vivido alguna pérdida que se asemeja a la nuestra o la supera, y han compartido ese dolor conmigo. Sé que en ningún momento os pedí que hiciérais eso, pero me ayuda a entenderos mejor y a comprender mejor algunos de los sentimientos que estoy teniendo. Y digo dolor, pero además de dolor hay otros que me han dado una lección, de cómo sí se puede seguir adelante ante una pérdida así (o peor, porque las hay mucho peores), y cómo se puede volver a ser feliz, con tiempo claro, pero esa luz que veo en vosotros me llena de esperanza. Lo vuelvo a decir, pese a la desgracia, también me siento muy afortunada. Espero salir mejor persona de todo esto. Desde luego, algunas cosas no las volveré a hacer de la misma manera, porque ahora que las estoy viviendo en mis carnes, sé que hay otras formas, mejores.
Papá, que sepas que de tu muerte va a nacer algo hermoso. Algo que pueda serle útil a muchas personas. Estoy ordenando mis ideas para empezar a darle forma, barajo varias opciones, sin plazos ni nada. Puede ser dentro de una semana o un par de meses, pero de aquí voy a crear algo muy bonito. Está genial hablar de la vida y de cómo exprimirla. La muerte es parte de ella, un punto y aparte al que arrinconamos. Y no por dejarlo a un lado va a dejar de existir. Hay que integrarla, asumirla y valorar muchas cosas previas para poder afrontarla mejor, llegue antes o después.
Afortundamente hemos superado ya varias primeras veces, como tu cumpleaños y el mío. Sé que seguirán doliendo, confío en que los próximos años en un grado menor.
Ya no me queda nada para dar la bienvenida a un nuevo curso. Tengo muchísimas ganas de volver a la rutina. Obligatoriamente parte de mi cabeza la va a ocupar el instituto, y me va a venir de fábula. Siento curiosidad por conocer a nuevos alumnos, compañeros...Y también por reencontrarme con los ya conocidos y saber qué tal les ha ido el verano. Bato un récord, tres cursos en el mismo destino, con matices porque el primer curso fue compartido con el CEIP "Filiberto Villalobos". Pero encaro ya mi tercer curso en el IES "Francisco Salinas". Y me ilusiona mucho, aunque soy consciente que bregar con los pre o adolescentes a secas, nunca es sencillo.
Hace poco volví a leer la entrada que había escrito el año pasado sobre mis 40 años. Continúo pesando que en esta década van a pasarme cosas preciosas, aunque poco antes del 41 me haya llevado un palo gordísimo. Pero bueno, es la vida, y sigue, con o sin ausencias. Siempre vamos a amarte papá.
Y un par de canciones. Que nunca nos falte la música, siempre es buena compañía.
Escribo de madrugada, siempre he dicho que lo mío a la hora de escribir son las horas intempestivas. Es casi la una de la mañana del recién estrenado 14 de agosto. No obstante esta entrada estará disponible desde el 15.
La verdad es que nunca me había imaginado cómo sería mi vida sin ti. O sin mamá, es algo que mi cabeza sabía que sucedería algún día, pero mi corazón no quería aceptar, y todavía le cuesta. Nos dejaste de una manera tan repentina, que estamos intentando asimilar tu ausencia como podemos, porque saber, no sabemos. Pero resulta que sí, la vida de un hijo/una hija sigue aunque no esté su padre, y parece que la de una esposa también continúa, aunque falte su marido (prefiero "compañero de vida").
Siento un vacío que sé que nada ni nadie va a suplir, soy muy consciente de ello. Pero confío en ir llevándolo un poquito mejor cada día, semana, mes, año...Sé que tengo muchas razones para ser feliz y sonreír con la voz, como dice un buen amigo. Pero hay detalles de cada día que sin que pase nada extraordinario, se me hacen bola. No es siempre a la misma hora ni en el mismo lugar. Pero en algunos momentos aflora esa tristeza y necesita salir al exterior, sean dos minutos o media hora o a saber.
Y por eso he vuelto al blog, porque escribir sobre lo que estoy sintiendo desde el 1 de agosto tal vez me haga bien. Es como una autorreceta. Me parece que me va bien y me la hago, sin más. No es tarea fácil, pero escupo lo que me duele y miro al futuro. Y sé que es muy bonito, incluso el día de mañana, sin ir más allá. Pero cuesta...¡Vaya si cuesta!
Por las circunstancias de tu partida, parece que he hecho un cursillo intensivo sobre el duelo, a la fuerza ahorcan. Aunque sin "profe", voy aprendiendo, sola, o acompañada, poco a poco, sobre la marcha. Aquí un inciso, quiero disculparme, con todas aquellas personas que a día de hoy ya hayan perdido a alguien muy querido para ellos, por si no estuve a la altura. He pensado en ello y habré fallado a más de uno y más de dos. Y es que siempre hablo de empatía, para todo. Pero en el caso concreto de las pérdidas, se nota mucho quién ha pasado por algo semejante y quién no. Y no tienen nada que ver lo que me dicen unos u otros, aunque se hayan enfrentado a situaciones similares.
No obstante la inteligencia emocional de algunas personas es gigantesca, y eso hace que me lleguen "mensajes" muy acertados. Después de mi disculpa, prometo que a partir de ahora actuaré de manera distinta si muere alguna persona cercana de algún amigo/familiar. Básicamente porque a mí ya me está tocando. Y nada tiene que ver contemplar los toros desde la barrera a bajar a la arena y coger el capote. Disculpad también el símil, pero a mi padre le gustaban los toros, y esta entrada también es para él.
Algunas conclusiones que voy sacando de este aprendizaje exprés:
-El duelo es individual. Sí, que una persona fallezca le duele a muchas personas, pero cada cual ha de pasar su duelo, no es algo que se haga de manera grupal, familiar...Lo que no quita que a veces puedas apoyarte en otras personas que están pasando por algo parecido. Y por mucho que me duela no puedo cargar con la mochila-responsabilidad de ayudar a los que más quiero a pasarlo, porque no puedo ayudarlos.
-El duelo no tiene una velocidad estipulada. No hay una velocidad mínima ni una máxima a la que se pase. Cada uno, con sus vivencias previas, su bagaje emocional, y las "herramientas" de las que disponga, irá a la velocidad que crea más conveniente. Y nadie debería juzgar si eso es ir "rápido" o "despacio". Todo es muy relativo. Cada cual a su ritmo. Cada uno necesita un tiempo distinto.
-El duelo a veces es mudo y otras un cotorro que no cesa ni bajo el agua. Cada persona vive el duelo a su manera. Se puede guardar lo que siente o decidir compartirlo. Puede llorar sola o acompañada, o no llorar. Puede verbalizar lo que va sintiendo día a día o no decir ni pío. O unos días tener ganas de responder a los mensajes y otros ganas de mandar a más de uno a hacer puñetas. Y eso incluye quedar con gente y salir o recluirse en casa. Aunque no tiene porque ser una cosa u otra, me parece que quedar con quien creas que vas a sentirte más cómodo (según muchas circunstancias), no está reñido con optar por la soledad en determinados momentos.
Personalmente, y no sabía cómo iba a reaccionar, prefiero hablar de lo que siento, pero tengo el poder de decidir cuándo, cómo y con quién. Sigo teniendo llamadas que no he cogido o mensajes sin responder. Me ha pasado que hay gente que llama en un momento en el que no me apetece hablar, y no creo que tenga que obligarme a hacerlo. O también haber hablado más veces del mismo tema en muy poco espacio de tiempo, y no tener ganas de repetirlo, porque duele, y mucho.
-El duelo no tiene que ser visible. Si me visto de rojo no quiero menos a mi padre. Si me maquillo no quiero menos a mi padre. Si suelto una carcajada no quiero menos a mi padre. Su ausencia es lo verdaderamente visible. Se nota que no está en cualquier lugar, situación, parte del día...
-El duelo a veces necesita de ayuda externa. En general las personas no cuidan su salud mental todo lo que deberían. Y no pasa nada por acudir a alguien para tratar temas delicados, que tal vez hagan daño a nuestros pensamientos y sentimientos. Me parece que nadie nace enseñado, y ante determinadas situaciones novedosas, es complicado saber gestionar lo que nos está pasando. Aunque a nadie se le puede obligar a recurrir a esa ayuda.
-No hay por qué hablar del duelo. Como dije hace algunos párrafos, el duelo es individual. Pienso que hay tantas formas de duelo como habitantes en el mundo, me da igual si insisto en este punto, pero considero que muy importante. Y hay que respetar si alguien no quiere hablar de ese dolor, de esa rabia, de esa etapa tan amarga. A veces un inocente ¿cómo estás? es un cuchillo. O que me escriban como si fuera un día normal, y no hubiera pasado "nada". Y sí, sí ha pasado...
-Hay un antes y un después del duelo. Mejor dicho, creo que es un antes y un después de un fallecimiento de alguien a quien amas tanto. Porque cambia a cualquiera. No me siento la misma que antes de esa noche del 1 de agosto. En esencia sí. Te toca espabilar mucho en pocos días. Verte en situaciones que ni en tus peores pesadillas. Afrontar retos que parecen subidas al Everest. A lo mejor lo que para mí son retos, para otros son "chorradillas", pero hay que pasarlas. Y cada uno a su ritmo.
Y de momento no voy a poner nada más respecto al duelo.
Os pido comprensión, paciencia, empatía y escucha. No soy la misma con todas las personas porque el vínculo con cada cual es diferente. Y depende en qué momento me pilléis.
Tengo una suerte bárbara porque con muchos podría irme de aquí a la luna. Hay gente, más bien pocos, que me ha decepcionado, pero probablemente no sea culpa suya, sino del momento que estoy atravesando, u otros factores comentados en otras partes de esta misma entrada. Pero, siempre hay un pero, son muchas más las personas que han sabido arroparme, sin agobiarme, empatizar sin hacer daño, acompañar sin hacer ruido...Gracias infinitas, sí, otra vez. No me voy a cansar de repetirlo. Porque este es el primer gran bofetón que me da la vida. Eso sí, ha venido con fuerza.
Gracias a los que habéis compartido cuestiones muy íntimas relacionadas con pérdidas vuestras. No es fácil compartir lo que nos duele, yo digo que a veces ese dolor es una especie de pellizco en el corazón. Veo bastantes paralelismos y os conozco todavía más y a mí mejor cada día.
Y la última parte es por el día en el que esto verá la luz. Papá, tu cumple, el 15 de agosto. Te has quedado a solo 14 días de poder soplar las velitas del 76. Encontré hace nada el ticket de compra de las velas, con fecha del 28 de julio. Manda huevos. Sé que tú no eras muy de poner números con tu edad. Pero a mí me gusta hacerlo con mamá y contigo especialmente, porque es una señal de que estáis. Esta vez ya no vas a hacerlo como siempre, con nosotros tres (mamá, Míguel y tú), pero quiero soplarlas yo. No sé si me ayudarán o no, o si tendré fuerzas para ello, pero siento que esas velas eran tuyas, y no debo castigarlas en un cajón o reciclarlas, sin más, para otros cumpleaños. Total, un par de semanas más y lo habríamos podido celebrar juntos. Cosas del destino.
Intento centrarme en los innumerables momentos felices de todos los años compartidos contigo. Y en mi caso, son cuarenta años largos. Si bien no tengo recuerdos desde que estaba en la cuna, sí cuento con fotos y todo lo que nos contabais mamá y tú. Como el no dejaros dormir casi nada en mi primer año de vida. Lo siento, je, je. Seguramente ya tenia ganas de observar detalladamente todo lo que me rodeaba.
Hasta me acordaba de ti librándome de una araña hace algunas noches. Estaba sola en casa, y de repente al ir a mi dormitorio ahí estaba ella, muy negra, grande y fea. Estaba en la pared, justo por encima de mi cabecero. Mi primer impulso fue llamarte a grito "pelao", como solía hacer, para que acudieras en mi auxilio. Pero no lo hice. Pensé, papá ya no está, pero a esta araña me la cargo yo solita, como hacía papá. Y así fue, claramente sabes que con ella en la pared no habría podido pegar ojo.
Espero que el dolor por tu ausencia vaya atenuándose con el paso del tiempo, pero entiende que tu marcha está muy reciente y cuesta recomponerse.
Sigues vivo en nuestros recuerdos y en nuestros corazones. Y este 15 de agosto de 2023 seguramente sea un día tristísimo para nosotros, por ser el primero sin ti. Pero es lo que nos ha tocado, lamentablemente nos quedan muchas "primeras veces" sin ti. Poco a poco. Ni sufriste, y eso es un bálsamo.
Creo que no llegaste a ver esta foto de los cuatro en el ordenador, celebrando el santo de mamá.
Papá, gracias por todo lo que hiciste por nosotros durante toda tu vida. Allá desde donde estés, sonríenos y sigue cuidándonos a todos como cuando estabas a nuestra vera.
Con mucho amor. Tu hija,
Raquel
PD: esta entrada se acabó de escribir a las 2:40 horas del lunes 14 de agosto.
Tenía muchas dudas sobre cómo titular esta entrada. No he escrito nada que me desgarre tanto por dentro como lo que está aquí. La verdad es que podría haber sido "Comienzo del duelo", "Putadas de la vida", "Diario de una pérdida (I)", "Caprichos del destino", "Tristeza infinita"...Y al final he pensado que a veces es mejor ser breve, y una palabra basta. La otra opción al título que he puesto era "Vacío". Pero "Vacío" solo reflejaba parte de lo que siento, y dejaba fuera muchas emociones, muchas caras de un prisma muy complejo. Por cierto, bendito libro de Ana Llenas con ese título. Mucha gente se empecina con "El monstruo de colores", pero para mí, "Vacío" es la mejor joya de esta autora.
Seré directa: el jueves 3 de agosto enterramos a mi padre. Falleció, de manera repentina, por eso muy inesperada, el pasado 1 de agosto, calculo que alrededor de las 21:10. No es la hora a la que llegaron los servicios de emergencia, ni tampoco algunos vecinos sanitarios queriendo ayudar. Es la hora, aproximada, a la que creo que se fue. Todo pasó muy rápido y no quiero dar más detalles, me parece que un infarto, pero ya me da igual, nada ni nadie nos lo va a devolver. Está tan reciente, que esta tristeza infinita y dolor que siento, son como una punzada al corazón. Por lo que sea, y por razones que todavía no alcanzo a comprender, y no sé si llegaré a entenderlo alguna vez, esto tenía que pasar. Lo único que me consuela, es saber que no sufrió, fue algo fulminante. Es fastiadiado decirlo, pero sé que muchos firmarían por una muerte como la suya.
A raíz de algo que hundió personalmente a mi padre hace unos años, siempre le repetía una cosa: "No elegimos lo que nos hacen, pero sí el cómo nos lo tomamos." No me hizo ni caso, y aunque salió razonablemente a flote, le llevó mucho tiempo, y nunca más volvió a "navegar" como antes. Por eso aprovecho estas líneas para lanzar una sugerencia a todo aquel que lea esto. Por favor, por cada uno de vosotros, y por los que os quieren, si alguna vez os pasa/hacen/dicen algo que os supera, sobrepasa. etc., y eso se prolonga y no sabéis cómo gestionarlo, pedid ayuda profesional, no creáis que no va a servir de nada. Seguro que cuesta dar el paso, pero estoy convencida que en el futuro os alegraréis de haberlo dado.
Además de lo que menciono, diversas circunstancias han hecho que llevemos "unos años" complicados que nos han afectado en mayor o menor medida, a los cuatro de casa sobre todo.
No obstante, quiero que esta entrada deje un sabor dulce, no amargo, y tengo cristalino qué quiero compartir y cómo. Me importa un rábano si alguien no entiende por qué escribo esta entrada a un par de días de haber padecido el funeral y el enterramiento de mi padre. Solo diré que adoro escribir, y para mí, cuando estoy atravesando un bache, y este es monumental, escribir es un bálsamo, una especie de terapia, como me decía ayer una de mis amigas-hermanas. Tiene ciertas propiedades curativas. En realidad escribo para mí, y esta vez para rendir un pequeñísimo homenaje a mi padre. Por eso lo estoy compartiendo y no me lo guardo. Quizás a alguien le sirva de algo, porque creo que hablar del comienzo del duelo y de muchas cuestiones asociadas al fallecimiento de una de las personas a las que más he amado y de la que más amor he recibido, es algo que necesito gritar a los cuatro vientos.
No voy a dejar las gracias para el final. Gracias infinitas para todas y cada una de las personas que en esa noche próxima y aciaga del martes 1 de agosto, aparecieron para ayudar, apoyar, sostener, preocuparse...Me niego a decir nombre alguno porque fueron tantas, que me dejaría a alguien en el tintero. Y estaba bastante impactada y aturullada como para estar segura de acordarme de todos.
Y las mismas gracias para los que en los durísimos momentos del Tanatorio San Carlos Borromeo nos han arropado y sostenido de una manera inimaginable. Dentro de esto, a todos lo que pudieron/quisieron hacerlo con su presencia, gracias especiales. Gracias por la escucha, por cada caricia, abrazo, beso, palabras de aliento, mirada, silencio, detalle, sonrisa, lágrima (dolor) compartida. Gracias por todo lo que me dijisteis (a mi madre y mi hermano también), por estar pendientes de nosotros, e intentar que no nos olvidásemos de nosotros mismos.
A los que estuvieron de alguna otra manera, gracias igualmente. Lo mejor que tenemos los seres humanos son las personas de nuestro círculo. Aunque lloro por dentro, y por fuera también, una parte de mí se siente feliz y abrumada por tantísimo cariño. No hay manera de devolver lo recibido, sé que con esto me quedo cortísima. Sigo teniendo mensajes pendientes de contestar, poneos en mi lugar. Dadme un poco de margen, cada uno va con lágrimas y no quiero ahogarme en mis propias lágrimas. Pero uno a uno, voy a responder, aunque tarde una semana...o más.
Me atrevo también a dar las gracias en nombre de mi madre y mi hermano, dos de los pilares de mi vida.
Ahora acabamos de iniciar el proceso de duelo, y me siento como un erizo caminando en un sitio lleno de globos. Cualquier cosa, hasta chorradillas, me recuerda a él. El miércoles 2 me derrumbé, estando sola en casa (en el único paréntesis del día apartada del velatorio), al ver alguna prenda de vestir suya, pensando que ya no volveré a ver a mi padre, ni con esa, ni con ninguna otra. Pero siento que su corazón sigue latiendo dentro del mío. No es broma, late con más fuerza gracias a él.
Las fotos, por el contrario, hasta ahora están teniendo un efecto calmante, y me transportan a vivencias felices con él, y aunque también se me saltan las lágrimas, nada tienen que ver con las de la ropa. Hoy está siendo durísimo todo. Antes de empezar el funeral me desmoroné. No podía parar de llorar, fue ver que asomaba por la puerta lateral de la capilla del San Carlos el ataúd en el que iba el cuerpo de mi padre, y sentir que las lágrimas no paraban de brotar de mis mejillas, como si hubieran abierto las compuertas de un embalse a tope. Y como si fueran ácido, la cara me ardía. Bendito abanico. Me faltaba el aire.
Por el contrario, cuando estaban enterrándole, sentí mucha paz, una calma difícil de explicar. Entrar en casa los tres juntos por primera vez desde su pérdida, ha sido una tortura. Asumir que nunca más seremos los cuatro que éramos...Dolían esos tres cubiertos en vez de cuatro lo que no está escrito. Y su silla vacía, y su lado de la cama sin él, sus cosas por cualquier habitación...Horrible, diga lo que diga me quedo corta.
Sin embargo, sobre el salón, había una nota escrita por él, no es relevante el contenido, pero ver su letra, me ha hecho sonreír. Sé que estos "dolores" solo acaban de empezar, pero nos estamos apoyando mi madre, mi hermano y yo, y continuaremos haciéndolo. Y no me va a temblar la mano para marcar el teléfono si siento que preciso de ayuda externa. Saldremos adelante, seguro que él lo querría así. Y desde arriba, desde donde sea, querrá vernos felices, aunque él no esté, porque nos amaba, igual que nosotros a él. Desde el martes por la noche siento que el cielo brilla con algo más de intensidad. A una hora muy intempestiva, salí a la puerta del tanatorio, madrugada del 1 al 2, a coger aire. El cielo estaba precioso, la luna casi llena, hermosísima, inmensa, como el amor de un hombre por los suyos o viceversa. Hice un par de fotos porque quería guardar ese momento.
Ayer regresamos, solo un rato, a El Pinar. Me ha resultado doloroso hasta el trayecto. Y cosas tan sencillas como tener que ayudar a mi madre a doblar las sábanas, porque siempre las doblaban los dos, era como si me estuvieran clavando alfileres. No me ha quedado otra que morderme el labio varias veces, y llorar, llorar mucho, es inevitable. Creo que necesito expulsar, lentamente, toda la tristeza que ahora me embarga. Estar allí ha sido un suplicio, pero saldremos adelante, nos va a costar mucho, pero lo lograremos. He cogido su agenda de este año, y he esbozado una sonrisa al ver sus anotaciones. No era entrometerme en su privacidad, apuntaba cosas sencillas del día a día o fechas importantes. Bueno, poco a poco, la herida es muy grande. He sentido una cornada y ni me imaginaba que venía el toro a toda mecha hacia nosotros. Creo que ni siquiera estaba en la plaza de toros.
Por favor, si no cojo el móvil (da igual las veces que llaméis), no insistáis. No tengo obligación de nada. Soy optimista por naturaleza, en eso salgo a madre, y si acaso una de mis únicas obligaciones es seguir adelante lo mejor que se pueda. Pero en menos de 48 horas, he repetido muchas veces la misma historia, y es agotador, y demoledor.
Y si os encontráis conmigo y no quiero hablar, respetadlo, os lo ruego. O si no quiero responder a preguntas más concretas, lo mismo. Será porque duele y no me compensa abrir el pico para provocarme dolor extra. Estoy convencida que el tiempo suavizará todo lo que siento ahora, y me dará más impulso para cualquier cosa. Como les dije a los de la funeraria esa asquerosa noche del 1 de agosto, "Tu esposa e hijos te amarán para siempre". E igual que el mensaje que me apetecía poner, también de parte de los tres, en un centro que encargué la mañana del 2 de agosto en el tanatorio, "Tu esposa e hijos te mantendrán vivo en sus recuerdos". Puede que no haya sido creativa ni original, pero lo que pedí que pusieran, fue con el corazón en el lugar del cerebro.
Tengo la impresión que por mi forma de ser, no me cuesta expresar lo que siento, aunque duela, este trance va a ser un pelín menos duro.
Ahora viene el popurrí padre o, mejor dicho, sobre mi padre.
Era un gran lector. El último libro que leyó, mío pero aun no lo he podido leer, es "Los vencejos", de Fernando Aramburu. Lo tengo pendiente en cuanto visite la óptica y tenga mis primeras gafas, no de sol.
Adoraba leer el periódico en papel, era algo imprescindible en su día a día. Y desde hace bastantes años, hacer sudokus. Su día no arrancaba si no tenía el periódico en sus manos.
Le gustaba la música, he mamado por ambos progenitores Manolo Escobar, Julio Iglesias, Nino Bravo, Mocedades, Adamo, Juan Pardo, María Dolores Pradera, Rocío Jurado...Con los años se fue modernizando, y le gustaban mucho algunas canciones pop, siempre en español., como El Arrebato y Manuel Carrasco. Pero también José Mercé por ejemplo.
Le gustaba mucho ir a Miranda Do Douro a pasar el día, pero solo si íbamos los cuatro y/o con mi tía Tere. O ir a la playa unos días en verano, a bañarse en el Mediterráneo, siendo Benidorm el destino más repetido. Ya jubilado, hizo los viajes más especiales, por los lugares que conoció, no por la compañía (mi madre físicamente no estaba en condiciones de acompañarle a esos viajes no nacionales). Pero ella, que en su juventud había viajado mucho más que él, le animó a ir aunque no pudiera acompañarle.
No tenía maldad, era un hombre muy bueno, con un corazón gigante, que decidió pararse hace cuatro días.
Era hiperpuntual, cagaprisas más bien, no le gustaba un pelo llegar tarde.
Llenaba la casa de fotos y portarretratos. Siempre le gustaron mucho, todos de la familia, claro está.
Era confiado.
Era muy familiar, y amigo de sus amigos.
Y un padre y esposo absolutamente maravilloso. Nos amaba y sé lo orgulloso que estaba de los tres, y "presumía" de nosotros u otros familiares siempre que podía.
Quería lo mejor para los que amaba.
Madrugaba sin problema.
Le costaba mucho mostrar sus sentimientos, y hablar de ellos.
Casi siempre fue muy alegre, en los últimos años menos.
Le encantaba hablar, habría sido un estupendo relaciones públicas. En la universidad estudió Turismo.
Estaba muy orgulloso de ser de Salmoral, aunque "voló" pronto de allí para estudiar, interno, en Salamanca. Cuando iba, aunque no fuera muy a menudo, disfrutaba saludando a todo el mundo y poniéndose al día de sus respectivas vidas.
Le encantaban los refranes, recuerdo verle apuntar refranes en una libreta cuando yo era pequeña.
Era bastante taurino, afición que no llegó a contagiarme. Pero sí iré a alguna corrida de toros, por él, por probar.
Vistiendo era bastante clásico. De vez en cuando se dejaba modernizar un poco. Siempre llevaba el mismo tipo de jersey, con el cuello a pico y de solo un color casi siempre.
Era muy caluroso.
Prefería el salado al dulce, pero nunca le hacía ascos a los pasteles, un 99 % de las ocasiones, de Confiterías Gil. Y si comíamos fuera y entre los postres había arroz con leche, solía pedirlo. Decía que mi abuela lo hacía muy rico.
Le gustaba mucho todo lo que hacía mi madre, porque mi madre cocina muy bien. Su tortilla de patatas es insuperable. Mi padre disfrutaba muchísimo cuando en alguna ocasión especial ella hacía patatas rebozadas. Él no era de andar entre fogones, eso sí, los huevos fritos se le daban mejor que a ella. Tenían técnicas distintas.
Era coqueto. Cuando queríamos hacerle algún regalo, sabíamos que las prendas de vestir eran una apuesta segura, los "majos", como decía mi madre.
Se encargaba de muchas tareas sin hacer ruido.
Mientras su salud se lo permitió, le encantaba bajar a dar una vuelta por la Plaza Mayor u otro lugar céntrico con mi madre.
Respecto a la religión, era cristiano. Tenía fe y se agarraba a ella, más según iba soplando más velitas. Y tenía especial devoción por María Auxiliadora, sus años en los Salesianos de María Auxiliadora tuvieron mucho que ver.
Disfrutaba muchísimo con las procesiones de Semana Santa. Tenemos la suerte de disfrutar de dos desde el balcón. No sé a quién "engañaré" para que me acompañe a alguna.
Le gustaba una barbaridad tomar fruta de postre.
Era una persona muy pacífica, aunque también tenía su genio.
En la tele le gustaban los deportes, los que más el fútbol (era del FC Barcelona) y el tenis. También veía series y, alguna de ellas junto a mi madre. Siempre me voy a acordar de ellos dos, juntos, en el salón, viendo la tele. Y de cuando estaban viendo algún monólogo y se reían a carcajadas.
De películas con frecuencia se decantaba por las del oeste. Siempre bromeaba con él, diciéndole que si quedaba vivo alguno de los actores que salían en ellas. Aceptaba y pedía sugerencias a mi hermano y a mí de películas que estuvieran en la plataforma que tenemos, que a él le pudieran gustar. También veía películas más actuales, pero en casa, no en el cine.
Solo jugaba a la lotería de Navidad. Un año vino con mi hermano y conmigo a pasar el día a La Granja de San Ildefonso, y se quedó muy cerca del gordo. Lo que no quita que supiera, igual que nosotros, que lo más importante es tener salud.
Recuerdo ver a mi madre y a mi padre bailar en las celebraciones, y en alguna fiesta veraniega. Lo suyo eran los pasodobles.
Su regalo preferido de Reyes era un calendario con fotos de los cuatro. Se me ocurrió un año como regalo especial, y triunfé. Con los años ya intentábamos, cuando podíamos coincidir, seleccionar las fotos entre mi hermano y yo. Encargábamos uno para mi madre y otro con fotos distintas para mi padre. De esta forma podíamos colocarlos en dos habitaciones distintas. También le gustaba mucho el vídeo que yo hacía para despedir el año y reenviaba a un grupo de personitas muy importante para mí. Esta última Nochevieja no lo hice, por falta de tiempo. Mi hermano estaba recién dado de alta, y no me dio tiempo. Y yo sin saber que aquellas serían nuestras últimas navidades juntos. Bueno, es lo que hay, miraremos hacia delante.
Se lo pasó fenomenal en el musical de El Rey León, pese a estar pendiente de la primera operación de prótesis de cadera. Fue con dos muletas, pero le encantó.
Me parece que fue un año antes, no estoy del todo segura, cuando su cadera estaba mejor, y nos escapamos los cuatro un fin de semana a Madrid en fechas navideñas. Fuimos a una exposición de "belenes del mundo" fabulosa.
Le hacía ilusión comprarse algo en las rebajas, pero siempre y cuando fuera acompañado por alguno de nosotros.
Rara vez bebía alcohol. Solo un par de copas de vino, habitualmente blanco y afrutado, como el Yllera, en fechas señaladas como Nochebuena o Nochevieja.
Se sentía muy orgulloso de mi hermano y de mí, y se notaba. Y por supuesto de mi madre. Formaban una pareja estupenda, porque se complementaban muy bien.
Era feliz viendo lo mañoso que es mi hermano. Y la capacidad que tiene para arreglar cosas. Así como la infinita paciencia para tareas minuciosas. Es capaz de hacer muchas cosas que para mí resultan imposibles. Por no hablar del sentido de su sentido de orientación. Si no hubiera sido por mi hermano, a mí ya me habrían devorado las palomas hace mucho.
Se alegraba enormemente con las alegrías de la familia.
¡Ah claro! Le encantaba poner el belén. Ocupaba mucho espacio en el salón, pero sin el belén puesto, en mi casa no empezaba la Navidad. En broma les dije alguna vez a mis padres, que en el testamento, lo más importante era especificar quién se quedaba con el belén, no las cosas materiales "de peso". Va a ser algo compartido, sin necesidad de papel alguno, no para uno o para otro. Lo fue haciendo con mucho mimo y con mucho esfuerzo. Y pasaron muchos años hasta tener todas las figuras del belén actual.
Era cantarín, pero con el paso de los años cada vez tengo menos recuerdos de él cantando.
Le encantaban los tiestos, no se cansaba de las plantas. Nunca había demasiadas.
También ir a la Feria del barro, que empieza en unos días. Le reñíamos porque aparecía siempre con algún platito, azucarero o semejante. Ahora esas cosas son tesoros, así como las copas y vasos que tengo en una casa a la que todavía no me he ido a vivir.
Se le daban muy bien las Matemáticas.
Su caligrafía era preciosa.
Llevaba muy mal las discusiones, no le gustaban nada. Y sufría si dos personas que quería se enfadaban.
Por supuesto que tenía algún defecto. Pero me los guardo para mí. Él era mi padre, y ya solo por eso, era perfecto para mí, porque cuando amas a alguien, lo amas con todo, no solo con la parte bonita.
Tenía una sonrisa muy bonita. Y los ojos igual. Y el pelo con un rizo muy pequeño, cuyos caracolillos no sacamos ninguno de los dos hijos, pese a que a mi madre le habría encantado.
Hemos tenido la suerte de vivir juntos los cuatro casi siempre. Excepto cuando mi hermano y yo estábamos viviendo fuera por motivos laborales. Hace ya años les planteé a mis padres mi deseo de volar del nido, y desde hace un tiempo les advertí que había llegado el momento. Los amo con locura, pero eso no es incompatible con querer tener mi espacio. De hecho a medio plazo mi idea era vivir en mi barrio, para estar cerca de ellos, por si me necesitaban. Y entre medias irme a un par de kilómetros de Salamanca. Quiero mantener esa decisión, aunque me deje caer casi a diario por mi casa, sí, la de los cuatro.
Y podría seguir escribiendo sobre él varios días, pero creo que he llegado a un buen punto.
Contaré una anécdota final. Ayer amanecí con un mensaje en mi cerebro que reproduje en voz alta: Papá ya no está. Y algo en mi interior hizo que cogiera el móvil, obsesionada con escuchar su voz una vez más. Las nuevas tecnologías no eran lo suyo. Pero tirando hacia atrás logré localizar un audio, que me guardo para nosotros, aunque sí comparto el contenido:
"Descansar que yo estoy bien. Hasta mañana."
Dejad que me lo tome como una señal. No me parece casualidad. No lo es.
Papá, no sé si se me ha olvidado algo importante que te definiera. Entiende que, como quien dice, acabamos de enterrarte antes de ayer, y el corazón duele mucho todavía. Perdóname por las veces que te dije algo con tono inadecuado o tomé alguna decisión que no te agradara. Tengo la conciencia tranquila, sé que por encima de todo quieres mi felicidad, aunque no entendieras algunas cosas.
El 15 no lo dudes, soplaré las velas por ti. Ojalá mamá y Míguel se animen y las soplemos los tres juntos. No hacía ni una semana que las había comprado y escondido en la cómoda de mi habitación.
Te amo. Te amamos. GRACIAS. Y por favor, desde donde estés, mándanos fuerzas para lo más difícil, aprender a vivir...sin ti.
Las fotos son algunas de las últimas que tenemos. Tengo la de los cuatro también, pero no la he descargado y me cuesta verla ahora.
Y la música es parte de la banda sonora de su vida. Encima recuerdo algunas de estas canciones con su voz, y es indescriptible lo que siento.
Modificando un poco el final de mi libro favorito, "Adivina cuánto te quiero", quiero decir que: "Te amamos, de aquí a la luna, y vuelta."
Como en anteriores "aniversarios" de haber superado el concurso-oposición, he preferido dejar la entrada programada para su publicación. Para que justo salga el 20 de julio a las 00:00. Porque este 20 de julio de 2023 se cumplen 14 añazos de haber "sacado" las oposiciones de Maestra. Insisto en recordarlo para no perder el foco, para seguir dándome cuenta de lo afortunada y privilegiada que soy. Y a los que están esperando, de corazón deseo que en breve puedan ser "funcionarios en prácticas"...¡Dedos cruzados!
El hecho de escribir en los opo-aniversarios, me ayuda también a mantener más vivo lo que recuerdo de todo el proceso. Recuerdo perfectamente en qué habitación estaba cuando me enteré, y qué estaba haciendo. Me encontraba en el dormitorio de mi hermano, sentada frente al ordenador de mesa, con varias pestañas abiertas a la vez (educajcyl y algunos sindicatos). Llevaba un buen rato dándole como una posesa al actualizar, hasta que allí estaba, allí salieron de repente las calificaciones de las distintas pruebas de la parte de "oposición". Y no se me olvida la alegría, la propia y la ajena, la de aquellos que más me quieren, celebrando la buena nueva: mi madre, mi padre y mi hermano, el resto de la familia, mis amigos-familia, mis amigos, conocidos...Faltó publicarlo en el periódico. Pero lo entiendo, era una noticia para compartir y cantar a los cuatro vientos.
Catorce años después de ese subidón, afirmo tener todavía muchísima ilusión por la docencia, disfrutar de cada día, este año hasta de los "buenos días" con mis alumnos a primera hora, o los saludos cómplices con muchos compañeros por los pasillos del instituto. El curso que hemos despedido hace no tanto, ha sido muy especial. No recuerdo haber llorado tanto en un claustro de final de curso. Lágrimas ha habido en otros, como podréis imaginar por lo sensible que soy. Pero este 30 de junio de 2023 se lleva la palma. Y lo acabé con la suerte de saber que el curso que viene seguiré siendo maestra de Compensatoria del IES "Francisco Salinas". Y encantada de la vida. Encantada con los compañeros de mi Departamento: Javier, Marian, Antonio, Nuria, María, Alicia y María José. Es más, contentísima con el Equipo Directivo saliente: Juan Luis, Ana, Carmen e Isa. Muy contenta con muchos de los compañeros con los que tengo la suerte de compartir mi día a día (somos 71 así que disculpadme que no ponga los nombres), e ilusionada con el nuevo Equipo Directivo, al que le deseo lo mejor, porque si a ellos les va bien, a nosotros nos va a ir bien también. Mucha suerte a Alfredo, "capitán" del barco; y a los valientes que están con él en este reto: María José, Ana Belén y Guillermo. Especial recuerdo para Javier Hernández, compañero y amigo que se jubila y con el que he compartido muchos buenos momentos, la mayoría relacionados con el Vía de la Plata de Guijuelo. Ganamos un profesor emérito que vale una fortuna, y mantenemos a un ser humano excepcional, de los que parecen hechos de otra pasta.
Como siempre me gusta hacer, aprovecho este tipo de entradas para dar las gracias a todos los que me he encontrado en todos estos años, y espacialmente a los que, aparecieran hace muchos o pocos años en mi camino, siguen presente a día de hoy en mu vida. Gracias especiales a mis alumnos, porque sé que conmigo hay que tener bastante aguante, porque soy un torbellino de energía, emociones, exigencia, paciencia (no inagotable), y, en la medida de lo posible, alegría. Sois vosotros los que dais sentido a esta profesión.
Me parece que no me extiendo más. Ojalá pueda escribir una entrada de aniversario, en este mismo blog, el 20 de julio de 2024. Confío en que este año me pille en alguna playa o muy próxima a ella. Da igual la que sea, tenía sed de mar. Y no voy a publicar dónde estoy. ¡Vivan las vacaciones anónimas!
Las imágenes son de parte de esas personas especiales con las que vivo mi día a día docente.
A finales de mayo, un par de días antes de acudir a mi cita con la Feria del Libro de Madrid, hojeando poemas del libro Fragilidades de Sara Búho, me detuve ante algunos poemas. Uno de ellos es "Pide ayuda a la niña". No pude evitar leerlo un par de veces, y masticar lentamente esas palabras. Y a la vez que las masticaba, mi memoria me hacía viajar el pasado.
Y viajé, viajé a la niña que fui. A esa niña que jugaba a la comba en el patio del "Paco Viruta". A la que "fabricaba"en otoño cestas o largas cadenas con las hojas de los chopos que cubrían gran parte del patio del cole. A la que jugaba a "la calle 24" o cambiaba hojas con dibujitos (algunas además con olor), con otras compañeras. También a la que cuando iba a celebrar su cumpleaños se empecinaba en hacer las invitaciones a mano en vez de comprarlas hechas. Y a esa niña que año tras año le pedía su madre un disfraz de princesa cuando se acercaban los carnavales. A la que tenía la suerte de ir unos días a la playa cada verano, muchos de ellos a Benidorm. Viajé además a la que dibujaba princesas de perfil con cinturitas de avispa y luego vestidos con mangas abullonadas y faldas muy aparatosas. Casi siempre rubias y de largas melenas. A la que le encantaba jugar al pañuelo pese a ser más lenta que "el caballo del malo", y a bomba, y al baloncesto con el equipo del cole, pese a que en los partidos me sacaban poco (casi todos los entrenadores) y me llevaba siempre codazos para dar y regalar. A la que admiraba a muchas otras niñas de su edad pero no acababa de encontrarse a ella misma. A la niña que le encantaba ir de excursión con el cole y mucha de la ropa que llevaba era hecha a medida por Cata. A la niña que miraba a algunos chicos pero no sentía que ninguno la mirara a ella con los mismos ojos. A la que se reía con los compañeros de clase. A la niña que un día de un curso cualquiera un compañero regaló una piruleta de corazón por San Valentín, detallazo que tuvo con todas las niñas de clase, pero detallazo igualmente. A la que era feliz en clase de Plástica y sufría en Educación Física, excepto cuando se portaban mal y Argi paraba la clase, entonces era feliz por dentro, mantenía las formas exteriormente pero en mi interior había fuegos artificiales. A la niña que se creía casi todo lo que le decían y especialmente eso de "mejor amiga" (lo que ahora llaman mis alumnas "meja" o "bestie"). A esa niña que nunca sacaba los pies del tiesto y no se portaba mal en clase ni llevaba la contraria a sus padres...ni a nadie. A la que se enfadaba de vez en cuando con su hermano pero al mismo tiempo lo quería con locura. Y a esa niña que cargó la mochila de su hermano ni sabe cuántas veces subiendo las escaleras del cole cuando su hermano tenía un esguince y/o fractura...Y por eso aprendió dónde está la calle Bientocadas en Salamanca y no se le ha olvidado a día de hoy. A la que recorría las tiendas de "Todo a 100" en Benidorm buscando figuritas. A la que disfrutaba yendo con la hucha del "Día del Domund" cuando ya era "mayor". A la que iba a los "Multicines Salamanca" a ver las pelis de Disney. A la niña que soñaba despierta e imaginaba cómo sería su vida en el futuro. A la que hacía castillos de arena con su hermano y el "tío Felipe" con bandera y todo. A la que aprendió a nadar en la piscina de Beatriz. A esa que disfrutaba lo que no está escrito cada víspera de Reyes en la celebración del Ambulatorio para hijos de trabajadores del hospital. Llegando a llevarles cartas a los "Reyes", incluso al Baltasar que muchos años después le puso una férula en Urgencias. Los Reyes eran, son y serán de carne y hueso, aquel Baltasar falleció estando de vacaciones. A la niña que se le iluminaba la cara cada vez que iban a Miranda Do Douro con sus padres, su hermano y "tía Tere". Y le sabía allí la tortilla de patatas de su madre aun más rica. A la que llevaba chándal de tactel y una vez se pateó ni se sabe las tiendas de Miranda buscando una muñeca de porcelana para su primera comunión. A la que una semana antes de acabar 8º de EGB le dio por llorar y acabaron llorando todas las niñas de 8ºC un buen rato, porque nos íbamos del cole. Y en mi caso no iba al mismo sitio que mis compañeros y mis amigas. A la que se pintaba las uñas desde los seis años. A la que disfrutaba ver cocinar a su mamá y hacer de pinche, inolvidables esos hornazos caseros para el "lunes de aguas". Y, por supuesto, ese olor en el obrador de "El Nene" en Villares, mientras esperábamos ilusionados ver salir nuestro hornazo. A la que soplaba las velas cada 21 de agosto y cada 17 de septiembre, porque cuando yo era pequeña me dejaban ayudar también a soplar en el de mi hermano. A la que fue feliz cuando con "su dinero" (paga) pudo empezar a regalarles algo a sus padres por Reyes. A la que el "Día de la madre" y el "Día del padre" le encantaba hacerles un dibujo y ver la cara que ponían al verlo. A la que se tomaba una leche merengada en la terraza de las "Torres" en la Plaza Mayor. o a la que iba a las piscinas de "Las Torres" (actualmente Hotel Emperatriz) con su hermano y una de sus primas. A la niña que bailaba como una posesa las canciones del tocadiscos. A esa que subía a toda prisa las escaleras de madera de "La Religiosa" en navidades con su padre y su hermano para comprar algún adorno nuevo para el árbol o alguna figura para el belén. A todos y cada uno de esos momentos, y más, de la niña que fui, he viajado gracias a la lectura de Sara Búho. Creo que conservo algunas cosas de esa niña.
Supongo que es parte de mi esencia, aunque hayan pasado muchos años y haya cambiado por dentro y por fuera.
Y como dice en "Pide ayuda a la niña", "Recuerda que sabes ser feliz". Y sí, eso no se nos debe olvidar nunca, pero nunca, nunca. Estamos aquí de paso, vamos a intentar disfrutar de ese viaje, y de los compañeros que bajan y/o suben a nuestro vagón. Y cómo no, de los que se han quedado en él. Feliz comienzo de semana a todos, y mucho ánimo a los docentes que estáis hasta el moño y más allá de exámenes, cuadernos, informes, reuniones, planes de refuerzo/recuperación y de todo. Por supuesto ese mismo ánimo lanzo a los alumnos, que tampoco pueden más, ni a las familias que lo dan todo desde que empieza el curso hasta que lo despedimos. Hacedme todos el favor de intentar lo más felices que podáis con lo que tenéis y con los que tenéis.
Despedí abril rodeada de naturaleza, y con flores muy distintas que bien podían haber formado un arcoíris. Para mí dar un paseo en buena compañía es ya un regalo, hacerlo con esa compañía y la cámara de fotos colgada del cuello es un plus. Qué bonito es "perderse" a veces. Ahora cuando pronuncie alguna de estas palabras: desconexión, relax, paz interior, armonía, felicidad, descanso, o tranquilidad, mi cabeza viajará a un lugar concreto, tendrá nombre e irá acompañado de muchas imágenes digitales y también mi memoria. Hago fotos porque me encanta. Y no son pocas, lo reconozco. No hay mejor "souvenir" de un sitio especial que una buena foto. No lo digo por la calidad, sino por lo especial que hayamos logrado capturar en esa imagen. No sabría muy bien explicar los motivos para hacer tantas fotos. Pongo "tantas" porque los que me rodean suelen hacer muchas menos. Estoy segura que otros que no tengo tan cerca hacen todavía más y, si las disfrutan, bien por ellos.
No recuerdo, por mucho que me estruje la sesera, haber pasado dos días sin encender la televisión. Ni mucho menos bañarme en una piscina, al aire libre, siendo todavía abril. Y emocionarme tanto intentando fotografiar una lagartija o un abejaruco. O confundir un ser vivo (en concreto un ternero) con una piedra. Bueno, esto me ha pasado en otras ocasiones je, je, cosas que (me) pasan.
Y así, inmersa en un mundo de paz, en el que no hay prisa para nada, de repente ves desde una ventana "algo" que brilla a rabiar. Descubres al rato que eso que veías es Venus. Y lo bonito que es el doble cúmulo de Perseo, o contemplar una estrella binaria...Y si no sabéis que es, "una estrella binaria es un sistema estelar compuesto de dos estrellas que orbitan mutuamente alrededor de un centro de masas común. Estudios recientes sugieren que un elevado porcentaje de las estrellas son parte de sistemas de al menos dos astros." El concepto me parece muy hermoso, y cómo lo ve el ojo humano con ayuda del telescopio, una auténtica pasada. Me quedé embobada viendo que la luna en según qué sitios, es mucha luna, e "ilumina" que da gusto.
Desde luego que lo más importante no es dónde, sino con quién. Pero observando lo que está muy por encima de nuestras cabezas, vuelvo a darme cuenta de lo insignificantes que somos. De lo mágico que me resulta el firmamento. Y que la importancia, como siempre, la deben tener las cosas que de verdad sí son importantes, las que nos mueven. Aquellas que hacen que nos sintamos más vivos. Lo relevante son las personas que nos quitan el sueño, para bien, y las que nos hacen poder conciliarlo mejor. Y a esas hay que cuidarlas con mucho mimo, porque aunque el universo me parezca algo infinito, y haga que me plantee muchas preguntas, sigo creyendo que la existencia de los seres humanos en este mundo tiene un principio y un fin. Como los yogures, tenemos "fecha de caducidad", o de "consumo preferente" como dicen ahora.
Y hasta aquí había escrito a día 4 de mayo. Por "rematar" la entrada, añadiré algunas líneas más. Justo hoy, por una poesía que sale en libro de Lengua de 1º de la ESO, hemos hablado de la muerte y...bastante. El poema hablaba de la muerte. Comentábamos que nadie nos aseguraba que hoy alguno de nosotros no fuera a morir. En lo que estábamos bastante de acuerdo es en creer que a todos nos llegará, antes o después, la muerte, y ojalá tarde muchos años.
Les hablaba de un símil de la vida con un libro. Lo vi hace poco en Instagram. Invitaba a ver la vida como un libro, en el que una vez que hemos leído una página, no podemos volver atrás. Me parece un símil muy acertado. Disfrutar de cada una de las palabras que va dando forma a cada oración, párrafo, página, capítulo...
Y como ya decía al principio, tuve la suerte de despedir abril en medio de la naturaleza, rodeada de paz, flores, estrellas, la luna, y muy buena compañía. Os dejo algunos ejemplos de aquellos días. Parece mentira que haya pasado un mes.