jueves, 22 de noviembre de 2018

Santa Cecilia y publicidad que emociona

Para los que miran el santoral, hoy es Santa Cecilia, patrona de la música y de los músicos. Como necesito la música en mi vida casi tanto como el aire para respirar, esta fecha no iba a dejarla en el tintero.

Tengo la buena (o mala) costumbre de trabajar en el ordenador con música de fondo. Gracias a este hábito, he tenido la suerte de cruzarme con excelentes canciones que de otra forma, quizá habría tardado más en conocer. La que os lanzo hoy se llama "La chica del espejo." Es de La oreja de Van Gogh y muy reciente por cierto. Por lo que he investigado, está dedicada a las mujeres con cáncer de mamá. No obstante, no creo que la música tenga un único destinatario ni que debamos etiquetarla. 

Si dejo a un lado que la publicaron el 19 de octubre, me parece que puede servir para cualquier mujer valiente, y hay una barbaridad, que está pasando por un momento duro (¿y quién no en alguna etapa de la vida?). Además es un canto a la esperanza. Una llamada de cariño a esas personas que necesitan una mano amiga y que hay que decirles algo, alto y claro: Sea lo que sea, confiad en que saldréis adelante y el viento soplará a favor. Y el "bache" no es necesariamente sinónimo de enfermedad.

Disfrutadla:
Pero he reservado el plato fuerte para el segundo lugar. Digamos que la canción era el entrante y lo que viene ahora, el plato principal. Esta mañana, en el autobús rumbo al cole, me he acabado de espabilar con un anuncio que me ha llegado al alma. Lo he visto tres veces y, si vais a verlo, tened un paquete de pañuelos a mano.

Se trata del anuncio de un licor de hierbas, Ruavieja. Y es incluso más reciente que la canción anterior, porque se publicó hace solo cuatro días. Aunque al principio veáis que es "solo para mayores de 18", se refiere al producto que anuncia, no al contenido en sí del anuncio. No se trata de dar publicidad a una bebida alcohólica, sino de rendir tributo a los publicitarios que han ideado algo tan sumamente maravilloso. Aquí está:

Como habréis podido ver, es pura emoción. Espero que sirva para reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestro tiempo, nuestras rutinas, las citas que dejamos "para la próxima semana"...El mensaje me parece fantástico. A mí es fácil emocionarme, pero no tanto tocarme las fibras.

Me encantaría que mis alumnos lo vieran, pero prefiero invitarlos a que lo vean, los que les apetezca, en su casa. Creo que les va a encantar, aunque a unos cuantos se les escape una lagrimilla, bienvenida sea.

Y yo no quiero, me niego, a perder el tiempo. O tal vez sea mejor decir, me propongo de hoy en adelante administrar mejor mi tiempo. Porque sí, porque la gente a lo que quiero necesita que pase con ellos más horas. Y a mí también me hace falta disfrutar de más momentos juntos, de los que suman claro, sea un día gris o de colores, pero pasarlos juntos, acompañados.

Por eso me he lanzado al móvil y voy quitando quedadas pendientes para hacerlas realidad. El mensaje es simplemente brutal, como un tsunami, no creo que deje a nadie indiferente.

Más personas, menos pantallas.
Más mirarse a los ojos, menos sonrisas perfectas de telenovela.
Más voces, menos whatsapp.
Más amigos, menos "conocidos" de Facebook.
Más verdad, menos cumplidos vacíos.
Más presencia real, menos postureo.
Más exprimir, menos dejar pasar.
Más tacto, menos violencia (física o verbal).
Más palabras, menos silencios incómodos.
...Más vida compartida.

Así que feliz vida con música y con tiempo bien aprovechado y agradablemente compartido.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Domingo de anuncio con Elton John

Navidad es una época idónea para que los creativos publicitarios se estrujen todavía más la cabeza para dar con anuncios que no se olvidan fácilmente. Si además eligen un cantante mítico, acompañado de una maravillosa canción, el asunto va ganando puntos.

Pues bien, la compañía  John Lewis & Partners nos sorprende con Elton John y una de las que es, sin duda alguna, mis canciones favoritas: Your song (tu canción).

Aunque el fin de gran parte de los anuncios navideños es invitarnos a consumir (lo que sea), no he podido resistirme a compartirlo con vosotros. Y lo del final sí es verdad, "algunos regalos son más que un simple regalo." Pero dándole un matiz, los regalos no tienen porque ser "cosas" que se compren con dinero. 

Me da en la nariz que de aquí a Reyes queda más publicidad para compartir en el blog. Os recuerdo una vez más el potencial educativo de los anuncios, y lo poquito (o nada) que los emplean muchos docentes...



Y para combatir las barreras idiomáticas, os dejo un vídeo con la letra de la canción en inglés y la traducción al español. Como pasa con frecuencia en Youtube, hay algún que otro despiste ortográfico...



¿Analfabetismo emocional?...Reflexiones en voz alta

Una amiga se acuerda de mí y me hace llegar un artículo de Goleman que me resulta familiar. Y es que no se puede pensar en inteligencia emocional sin él. Gracias Ana Belén por la inspiración para esta entrada.

Me parece que ya lo he leído, pero disfruto enormemente al releerlo. Os dejo el enlace para que también vosotros podáis disfrutarlo:

Artículo Daniel Goleman: "Los niños aprenden la inteligencia emocional en la vida real."

Después de leerlo por segunda (o tercera vez), sigo pensando que es difícil estar más de acuerdo con él.

Me parece que el "analfabetimo emocional" es un grave problema hoy en día, agravado por el excesivo uso de las nuevas tecnologías. Estamos perdiendo la costumbre de hablar cara a cara, de mirarnos a los ojos, de agarrar la mano de alguien que sabemos que no atreviesa un buen momento, de felicitar de una manera personalizada y no en cadena...Nos hemos atrevido a cambiar todo lo anterior por pésames vía WhatsApp, me atrevo a confesar que alguna vez lo he hecho, y me arrepiento enormemente...nunca más; felicitaciones fruto de reenvíos en cadena; mensajes enlatados que tienen de todo menos corazón...

Y me parece que nuestro miedo va en aumento. Miedo a mostrarnos tal como somos, o tal como éramos y esta sociedad digital intenta impedirnos ser. Y por eso cada vez grabo más audios y envío menos WhatsApp, porque al menos considero que es un plus escuchar la voz, el tono con el que alguien habla y la calidez que puede transmitir. Sigo dándole trabajo a Correos como mínimo tres veces al año. Casi siempre envuelvo los regalos que hago, pensando en la persona que va a recibirlos. Y escribo, mucho, cada vez más, incluso en lugares como este, porque a pesar de su frialdad aparente, me han ayudando a tender un puente con mucha gente al mismo tiempo. Porque sí, no nos engañemos, las TIC también nos ofrecen posibilidades maravillosas. 

Por lo anterior y por muchos otros motivos, quiero alumnos emocionalmente inteligentes, que posean habilidades emocionales que los ayuden a relacionarse con los demás y a entenderse y quererse mejor a ellos mismos. Y no es fácil. Se me antoja difícil cuando en cuanto tienen algo de tiempo libre, se conectan a la videoconsola (u otros dispositivos). Parece que tienen un miedo a atroz a encontrarse con ellos mismos, a reflexionar...

Y como Goleman creo firmemente que sí, que cuanto mejor sepan manejar (o lidiar) los niños con sus emociones, mejores resultados en su aprendizaje podrán obtener. 

Por eso, como madres, padres y docentes, estaría bien que proporcionásemos a nuestros hijos/as, alumnos/as, herramientas para que puedan llegar a ser personas emocionalmente inteligentes. Depende de todos. Esta en nuestras manos, no lo olvidéis.

Hasta aquí las reflexiones de madrugada, cómo no. Feliz domingo.
http://www.ticbeat.com/cyborgcultura/5-indicadores-para-saber-si-alguien-tiene-inteligencia-emocional/

viernes, 16 de noviembre de 2018

Pinceladas de emoción (4)

Cuarta mini-sesión sobre educación emocional. Sinceramente, sabe a poco, media hora no es nada para tratar algo tan relevante pero...es lo que hay. Intento complementarlo con momentos que den pie a hablar sobre emociones y, afortunadamente, prácticamente de todo se puede extraer la parte emocional.

Ha sido una semana dura, muy cargada de todo. Se nota que estamos empezando la cuenta atrás para las vacaciones navideñas o, lo que es lo mismo, el final de la primera evaluación. Se acumula el cansancio, tenemos una excursión a la vuelta de la esquina (próximo lunes), aflora todo, los nervios, la inseguridad, los miedos. Quizá no lo entendáis, pero noto que estamos todos (y me incluyo) con la sensibilidad a flor de piel.

Por fin esta semana les di la cartulina para coleccionar los cumplidos ajenos. Hice un pequeño paréntesis porque no me gustaba tres cuestiones que estaba observando. 

La primera, lo de los cumplidos no ha de convertirse en un partido de tenis, en el que nos obcecamos por devolver el cumplido a aquel que nos lo ha escrito. La segunda, no gana nadie o más bien, ganamos todos. No consiste en ser el más rápido, no me gustaría que esto se convirtiera en una carrera de velocidad. Es importante no precipitarse a la hora de escribir un cumplido a alguien. Y la tercera, hay que esmerarse y cuando se escribe algo, que sea algo sincero, no poner algo para rellenar. Qué bonito es poner en palabras lo que sentimos. Si a mí no me resulta difícil encontrar cumplidos sinceros para todos los niños y niñas que están en mi aula (llevamos dos meses y una semana escasa "conociéndonos"); me parece que a ellos tampoco debería resultarles tan complicado, porque se conocen desde hace mucho tiempo. Sí, aunque ellos sean niños y yo una adulta, tienen datos de sobra para dar con un cumplido escrito con franqueza para cada compañero.

Debido a todos los motivos anteriores, para darles una pausa, dejar que reflexionen y evitar que cojan carrerilla, ya saben que la próxima semana no van a escribir ningún cumplido, sino que voy a coger el relevo. Sí, tal cual, escribiré algo bonito para cada uno. Tengo la suerte de ser muy observadora (o eso creo) y, ahora y no antes, soy capaz de poder escribir un cumplido para cada uno. Me parece que los conozco lo suficiente, no quiere decir que mucho, como para hacerlo. De hecho cada uno marcamos qué queremos, si mucho o poco y qué parte, que los demás sepan de nosotros mismos. Los niños no son una excepción.

Hecho el inciso de nuestros álbumes de cumplidos, voy a las pinceladas de hoy. Retomé El Monstruo de colores, volviendo a leer la rabia, que es donde nos quedamos a medias. Recordé la importancia de no gestionar nuestra rabia a través de la violencia, porque lo único que conseguiremos es empeorar la situación y no vamos a sentirnos mejor. Les pedí que pensasen qué hacen (o qué pueden hacer) para detener el volcán, cuando está en erupción y no deja de echar lava.  Y además hice hincapié en la necesidad de evitar pagar nuestra rabia con los demás. 

Justo en ese momento pensé interiormente en el significado de lo que les estaba contando, y me calmé. Ya les había dicho que sentía rabia al entrar esa última media hora en la clase, pero ellos no eran los causantes, y no tienen que "pagar el pato."

Hablamos de posibles herramientas o estrategias para relajarse cuando están rabiosos, nerviosos, inquietos...Los que quisieron explicaron brevemente qué hacían y salió varias veces la estrategia de respirar, de concentrarse en nuestra propia respiración, en inhalar y exhalar...Les conté que un curso para profes hicieron ejercicios de relajación y nos pidieron que cerrásemos los ojos. Yo no lo hacía, porque para mí me producía inquietud y mis sentidos estaban más alerta, me ponía más nerviosa en vez de relajarme. Y una cosa a tener muy en cuenta, lo que para una persona funciona tal vez para otra sea una mala opción.

Cuando el día (tiempo atmosférico) lo permita, trabajaremos alguna estrategia para relajarse en momentos de irascibilidad, nerviosismo, inquietud...

Y entre intervenciones de unos y otros, no sé muy bien cómo, hablamos de lo que hacemos cuando los nervios, las preocupaciones, el cansancio...no nos dejan conciliar el sueño. Les dije que por ejemplo, si justo antes de irse a dormir han estado entrenando al deporte que sea, su cabeza se ha activado y, aunque les resulte extraño, por muy cansados que estén, no van a quedarse "fritos" tan fácilmente. Ahí ya expusieron qué hacían para intentar dormir en caso de tener la cabeza llena de preocupaciones, estar nerviosos, sentirse inquietos...Escuchar música, leer...Todas me parecieron buenas porque hay mil respuestas válidas y lo importante es dar con lo que nos funciona a cada cual en una situación concreta.

Pasé página, literalmente, y el libro continúa con el miedo. Cambié el planteamiento de la semana pasada y no pregunté qué haces cuando sientes miedo, sino a qué tienen miedo, qué les hace sentir miedo. Muchos coincidieron en Halloween. Les dije que eso era fácilmente evitable, porque nadie podía obligarlos a salir esa noche concreta, igual que los que dijeron que ver una película de miedo. Me parece una forma innecesaria de exponerse a algo que, en un porcentaje elevado, va a provocar que lo pasemos mal. 

Entre medias tuve que llamarle la atención a unos cuantos, porque lo de la escucha atenta es complicado, supongo que necesitamos seguir insistiendo en ello. Y lo haré, es básico. Me parecía fatal que porque algunos estuvieran hablando, no fuera capaz de escuchar lo que me estaban diciendo los que tenía más próximos.

Tras una lluvia de ideas de miedos cortados por el mismo patrón, aparecieron lo que para mí son MIEDOS, así, en mayúsculas. Una niña dijo que su miedo era que a su familia le pasara algo. Vi las miradas de muchos y el respingo en el asiento que dieron otros y sí, creo que dio en el clavo. A la familia añadí los amigos, porque la familia es importantísima y los amigos son la familia que nosotros elegimos. Les dije que era algo normal a su edad, en particular el miedo a la muerte entre los 8 y 10 años. Ahora mismo no localizo la fuente en la que leí eso. Buscando encuentro varios ejemplos que amplían el miedo a la muerte como algo característico de los niños y niñas hasta los 12 años. Incluyo tres ejemplos:



Conté una experiencia personal de alguien de mi familia. Ha pasado por varios problemas serios de salud, en clase sí especifiqué más, entre otros una operación. Ante esa situación hay varias opciones, no contemplaba que esa persona fuera a fallecer a causa de la operación. Debemos intentar afrontar lo que viene, que va a venir igual, de la forma más optimista posible. Sí, eso no nos asegura que el resultado sea bueno, pero no hay que sufrir antes de tiempo. Y también les dije que, lamentablemente, aunque pensemos en positivo, a veces las cosas no salen bien, y no hemos podido evitarlo, y hay que aceptarlo lo mejor que podamos. Eso sí, no hay que obsesionarse que algo malo les va a pasar a los que queremos. Si tiene que suceder, sucederá igual.

Por ejemplo una niña habló de miedo a los tiburones y a las pirañas. En tono de humor le contesté que si se van cerca de Guijuelo al río, "seguro" que se encuentran con pirañas y tiburones. Ni mucho menos me estaba riendo de lo que decía, pretendía que entendiera que eso no era lógico.

Les puse una situación hipotética, si en Guijuelo hubiera graves inundaciones y a su casa no les pasa nada. Sería natural que a partir de ese momento pensaran que su casa puede inundarse, porque cerca de ellos ha pasado algo que provoca que lo vean como mucho más probable. Pero ni bajo esas circunstancias hay que pensar que nuestra casa va a "inundarse."

Me encanta que hablen, que se expresen, que compartan una ínfima parte al menos de lo que les quita el sueño, lo que les preocupa...de lo que sienten. Soy una privilegiada. Y en esas estábamos cuando miré el reloj y comprobé que era el momento de dejarlo ahí. Qué pena. De nuevo, me supo a poco. No sé si el próximo viernes terminaremos con El monstruo de colores, porque está dando pie a que todos quieran intervenir en algún momento. Y eso, eso que se respira en clase, me hace muy feliz.

En cuanto a los miedos, me he acordado de una canción de Jarabe de palo, que en su despedida de Salamanca me dedicaron en un karaoke dos amigos, Rubén e Iván. Y han pasado ya 12 años. Es un mensaje a todos los que me importan, que son muchos...¡GRITA!

domingo, 11 de noviembre de 2018

Pinceladas de emoción (3)

Viernes por la mañana, última media hora , escasa, mientras salgo de la clase en la que estoy, acaba la compañera que estaba en mi aula y cambiamos de chip.

Después de una semana de lluvia un día sí y otra también, muchos alumnos esperaban ansiosos las cartulinas para ir "coleccionando" los cumplidos que a lo largo del curso les vayan poniendo sus compañeros y yo. Bueno, en realidad ahora somos uno más, hasta las vacaciones navideñas. Llegó el lunes un compañero de prácticas, futuro maestro (en breve), que nos acompañará en todas mis clases. A mí me hace ilusión, porque creo que es una experiencia con la que ganamos todos (los niños y niñas, el alumno de prácticas y yo). Creo que todos podemos aprender mucho, los unos de los otros.

El caso es que, se lo había anunciado previamente, no me arriesgué a llevar las cartulinas (tienen tamaño DIN A-3) ante semejantes condiciones meteorológicas. Como veo que hay ganas de seguir poniendo cumplidos, y ellos saben que antes hay que quitar los que tenemos ahora, el lunes llevo las cartulinas aunque se esté cayendo el cielo a pedazos. Me encanta que le vayan cogiendo el gusto a las "caricias emocionales" en forma de palabras, tampoco cuestan tanto.

Estuve unos minutos leyendo en voz alta gran parte de esos cumplidos, sin decir quién era el autor o a quién iba dirigido. No obstante, la "silla de los cumplidos" está a la vista de todos, y cada cual sabe qué ha escrito o qué le han escrito. Aunque les advertí que al principio prefería que a mí no me escribieran nada y se centraran en ellos (lo que no quita que yo vaya a escribir), una niña me escribió uno, pero me dio vergüenza leerlo...

Y a continuación abrí la versión pop-up de El monstruo de colores, de Anna Llenas. Este vídeo lo he encontrado en Youtube, por si queréis ver cómo es por dentro la versión pop-up:


A mí me lo regalaron hace dos cumpleaños y fue un regalazo, es una delicia de libro, para todas las edades.

Os dejo también un videocuento, de la edición, normal, sin pop-up.


Los que me conocéis sabéis que mi favorito de Llenas es Vacío, pero ya se lo conté hace más de un mes para una actividad de Plástica. Reconozco que me da rabia que la gente, si escucha Anna Llenas, conozca solo El monstruo de colores. De hecho conocí antes sus ilustraciones que sus libros, me conquistó una mochila suya, suya por los dibujos. Pero tenemos Laberinto del alma, Te quiero casi siempre, Topito Terremoto... 

Sin embargo, pese a todo lo expuesto antes, El monstruo de colores me parece buenísimo para introducir el tema de la educación emocional e ir poco a poco. Tenía en mente una actividad para hacer después, pero prefiero ir piano piano...Cuando comencé a contarlo vi que la historia pedía a gritos que ellos participaran, y les pregunté qué hacían cuando, por ejemplo, sentían alegría, tristeza, rabia...Llegamos hasta la rabia, ahí tuvimos que dejarlo, porque media hora aproximada no es gran cosa. Al principio parecía que les costaba más hablar, por supuesto quien quisiera, que el tema es delicado y ni se me ocurriría obligar a un niño o niña (bueno, alumnos, da igual cuántos años tengan) a participar si no tiene ganas.

Y en la rabia nos vimos obligados a hacer el paréntesis. Saqué bastantes "conclusiones" de todo lo escuchado y compartí las que me parecían más prudentes:

  1. Para poder decir qué haces cuando te sientes de una determinada manera (triste, alegre, rabioso...), previamente necesitas reconocer esa emoción.
  2. Hay muchas emociones que se confunden, y no son iguales. No es lo mismo estar triste que enfadado.
  3. Al hilo de la anterior, las emociones, aunque el libro las separe en distintos tarros, muchas veces se presentan de forma combinada. ¿Quién no ha sentido alguna vez una mezcla de tristeza y rabia? ¿O de alegría y calma?
  4. La rabia no se soluciona ni se apacigua con violencia, eso empeora la situación y es una pésima opción para gestionarla. 
  5. La mayoría tienden a aislarse cuando se sienten tristes, recurriendo a algún sitio que usan como "refugio." Les dije que con los años, en mi caso, intento buscar la compañía, el compartir mi tristeza con otras personas, me ayuda a atenuarla.
  6. Hay que continuar trabajando la escucha atenta. Escucho con atención por respeto hacia los demás. Igual que a cada uno nos gusta que nos escuchen, presten atención y no nos interrumpan cuando hablamos.
Y esta última la he comentado en bastantes entradas, pero la repito. Si nosotros queremos que nuestros alumnos compartan sus pensamientos, opiniones, preocupaciones, sentimientos...tenemos que estar (sí, los docentes), dispuestos a ser generosos y compartir las nuestras también, por muy descabellado que a algunos os pueda resultar. De hecho creo que es la base de la confianza con ellos, y con los alumnos de otros años, especialmente con los del instituto. No se puede estar todo el rato demandando, pidiendo...Me parece que debemos estar preparados para dar, para quitarnos parte de esas capas que a veces nos envuelven y mostrarnos más humanos, sin dejar de tener presente cuál es nuestro sitio, somos sus maestros. En este caso en particular, además, soy su tutora en el cole, que es mucho...Y encantada de serlo.

Aunque la clase terminó un poco después, la entrada prefiero cerrarla con una canción. Manuel Carrasco ha vuelto, y es un regalo. Un canto a muchas emociones. Todavía hay gente que compone cuyas letras emocionan, y mucho. Qué mejor despedida que Me dijeron de pequeño. Qué grande eres Manuel:








lunes, 5 de noviembre de 2018

Segundo cumpleaños FELIZ...Y que cumpla muchos más

Querido blog:
Hoy cumples dos añitos, aunque para mí han sido añazos. Costó que dieras tus primeros pasos, pero ahora eres capaz de caminar sin agarrarte a la lámpara ni a nada que se tope en tu camino. Has "besado" el suelo unas cuantas veces, pero siempre has encontrado la manera de levantarte. Y mira que no te lo han puesto fácil.

Gracias por ser refugio y altavoz de pensamientos, vivencias (docentes y personales) y emociones de todo tipo. Gracias por ser punto de encuentro de docentes, alumnado de muchas edades, papás, mamás, compañeros, amigos, familia, conocidos y cualquiera que haya sentido curiosidad por saber de qué iba esto de "La emoción de aprender."


La verdad es que no quiero repetirme, por eso lo del primer aniversario lo comenté hace justo un año y ahí continúa, en su entrada del blog correspondiente.

Entre las múltiples alegrías de este año, he tenido la suerte de disfrutar estas:

c       Ganar nuevamente el Premio al mejor blog en el     el   Certamen #CompartoBlog en la categoría de
        Primaria. Es más un premio simbólico que
.       otra cosa, pero recogerlo junto a mis alumnos del 
       Galindo fue un momento tan especial e inolvidable, 
         que solamente de recordarlo se me pone la carne de gallina. Obviamente únicamente fui con los  
          niños y niñas de 5º de Primaria de Emociónate,
       pero para mí representaban a TODOS
        mis alumnos de Compensatoria del cole. Además a 
      tres compañeras maravillosas que me dieron todo su
      aliento cuando más falta me hacía: Charo, Feli y 
      Lourdes. Al igual que a mis "niños" del cole, 
      nunca  podré devolveros todo lo que sumasteis a mi 
      vida cuando más necesitaba una mano amiga.

      En segundo lugar, la principal novedad del blog, 
    , los resúmenes semanales del Taller EMOCIÓNATE,
      una de mis mejores experiencias docentes (al menos
      hasta ahora). 

      Y puestos a destacar alegrías, cómo no, los mensajes
      de vuelta. Sin los que estáis al otro lado del blog, esto
      no tendría mucho sentido. Gracias por las lecturas
      anónimas y los comentarios, fueran anónimos 
      también o con nombre y apellidos. Ayudáis a que el
      blog siga muy vivo y hacéis que encuentre un 
      "cachito" de mi tiempo para sentarme con calma a 
       escribir en él.

       Precisamente por esto, este segundo cumple-blog 
       tiene un detalle reservado para vosotros. Sí, para 
       vosotros, queridos lectores. El año pasado me 
       decanté por un marcapáginas para los doce primeros
       que comentaran esa entrada. Esta vez, después de 
       algún que otro quebradero de cabeza, me he
       decantado por unas tarjetas. Son las primeras de mi
       OTN, edición 2018. Es decir, Operación Tarjetas de 
       Navidad. Igual que fueron 12 los marcapáginas, 12 
       son también las tarjetas. 
      
       Están hechas con cartulinas tamaño DIN A-4, 
       dobladas, así que a la vista son una cuartilla. No 
       están dibujadas por una razón muy sencilla y que
       comprenderéis: tiempo. O lo apropiado es decir 
       ausencia de tiempo. No obstante, he intentado
       hacerlas con idéntico mimo que si las hubiera 
       dibujado. Tienen washi-tapes para decorar, agujeros
       de troqueladoras para todos los gustos, papeles
       navideños y algún que otro detallito con rotuladores
       metalizados. Mejor será que las veáis:



Imágenes propiedad de Raquel Plaza Juan (La emoción de aprender)
       ¿Cuál es mi idea? Las doce primeras personas que
       hagan un comentario en esta entrada, no en 
       Facebook ni en ningún otro medio, recibirán una de 
       esas tarjetas. Por eso, tened en cuenta lo siguiente:
  •   - Necesito que el comentario no sea anónimo, sino   que pongáis vuestro nombre y al menos un  apellido.
-     - Si sabéis que no tengo vuestra dirección personal,
        email o móvil, pero me conocéis por leer el blog, 
        incluid vuestro correo electrónico en el comentario
        o mandadme vuestro email a esta dirección:
        raquel.plaza.juan@gmail.com. 

    - Los envíos se realizarán por Correos y únicamente
       dentro de España. Mi blog no produce ningún tipo de
       de beneficio económico, pero sí me da muchas 
       satisfacciones personales.

        - Por supuesto, publicaré todos y cada uno de los 
        comentarios que reciba, aunque solo hay tarjeta para
       los doce primeros, siempre que hayan tenido presente
       la información de los puntos anteriores.

       Cada uno de los destinatarios decide qué va a hacer
       con ella. Puede mandársela a alguien, dársela en 
       persona o conservarla, eso ya lo dejo en vuestras
       manos. No olvidéis que el blog va de emociones, de
       educación e inteligencia emocional, de aprender y de
       compartir (entre otros muchos posibles objetivos).
       Y para mí, una de las mejores formas para expresar
       lo que siento, es a través de las palabras. Me encanta
       escribirlas, porque habladas sí se las puede llevar
       el viento. Pero lo escrito, escrito queda. Lo de la
       Navidad es, un año más, una maravillosa excusa para
       transformar en palabras el cariño, la gratitud, 
       la empatía, la amistad, la  complicidad, la alegría, la
       ilusión, el amor...

E      Gracias anticipadas a los que se animen a comentar. 
        También a los que han comentado algo alguna vez,
        en público o privado, por colaborar a que este blog
        siga vivo.

        Y a los que habéis aterrizado recientemente por aquí,
        en especial a los que sois parte de esta nueva etapa
        guijuelense, mi más calurosa bienvenida. Este año
        ya no hay Emociónate, pero estoy convencida que 
        también os gustarán las Pinceladas de emoción
        porque tengo la suerte de estar rodeada de niños y
        niñas muy especiales. Por no hablar de los "compis",
        otro regalazo, los del "Fili" y mi gente del "Vía de la
        Plata." A estos últimos, hay abrazos pendientes, y no 
        deberíamos demorarlos más.

        Y mi mayor agradecimiento a los lectores habituales
        del blog, esa pequeña familia que está en periodo de
        expansión y sigue aquí, tras dos intensos años.

        No sé vosotros, yo mantengo intacta "la emoción de
        aprender." Es más, aunque suene osada, me atrevo
        a afirmar que ahora es mayor que cuando empecé
        a trabajar. Estoy acordándome de mi ilusión en el
        Miróbriga, pero con todo el bagaje de mis distintos
        destinos y el poso especial, gracias a Compensatoria.

        Quiero pensar que el próximo año, en esta misma
        fecha, estaré aquí, celebrando el tercer aniversario de
"       "La emoción de aprender." ¿Me acompañáis en este 
        viaje?

         Como broche final, nada mejor que un poco de
         MAGIA:

                PD: Tal vez sea  cosa de "duendes", como veis se ha descuadrado la entrada y no he logrado arreglarla del todo. Espero que la apariencia (horrorosa), no estropee el contenido.

domingo, 4 de noviembre de 2018

De puente y de domingo: recargando las baterías

Cuatro días. Ni más ni menos, no es moco de pavo. Cuatro jornadas para desconectar, descansar, relajarme, socializarme...y escaparme (un rato). Soy de las "raras" que echa de menos a sus alumnos, tal cual. No obstante, esta vez necesitaba estos días como agua de mayo. Ya hemos estrenado noviembre y estos dos meses de cole empiezan a pasar factura, es natural. Eso no quita que haya disfrutado mucho de este puente fabuloso, en el que han "colocado" el Día del docente (no universitario) para tener libre el viernes 2 de noviembre.

Tiempo para casi todo, digo casi porque algún plan suele quedarse en el tintero. He podido comenzar la OTN 2018. Para los nuevos por el blog, lo explico, la Operación Tarjetas de Navidad 2018. 

Sigo con la crónica. Exámenes corregidos. Dos visitas al cine: una, película para olvidar, ni la menciono. La otra, aunque con sus sombras, vi muchas más luces y me gustó mucho, Bohemian Rapsody. No soy muy de Queen pero salí con ganas de escuchar más música suya. Pelín densa en algún momento, pero muy recomendable. 

Aquí podéis ver un fragmento de la actuación de Queen en el concierto Live AID de 1985.



Y lo que más me gusta, la gente, ni mucha ni poca, suficiente. Sorpresas varias con reencuentros esperados, porque tenía muchas ganas de que se produjeran, pero no creía que me fuera a encontrar con ellos así, sin buscarlo. Gracias por esas reacciones a mamás, papás y ex (qué mal suena) alumnos/as, también yo me acuerdo de vosotros y seguís siendo tiempo presente. Lo mismo por otras vías, no todo es en persona, pero el cariño lo siento igual, y es inmenso. Sí, tengo muchos reencuentros, o más preciso, abrazos pendientes. Entre medias amigos y familia. Con los amigos tocaba ponerse al día, en persona, sin WhatsApp ni ná, porque como la comunicación cara a cara no hay nada, insisto, nada. 

En las redes disfruto de un grato descubrimiento en Facebook, lo incluyo aquí porque me parece muy interesante para maestros, profes, papás y mamás. El grupo se llama "La biblioteca de los peques: literatura infantil y juvenil." En tres días ya tengo un listado considerable de recomendaciones fantásticas de otras personas. Gracias a Rebeca, de Un punto curioso, porque al comentar ella algo supe de la existencia de este grupo. 

Y luego el otoño, con sus colores, sus sonidos y sus olores. Visita a los jardines de La granja de San Ildefonso. Me esperaba todavía más ocres, rojizos, amarillos, anaranjados..., pero la escapada fue un oasis, un remanso de paz aunque había gente para aburrir. Si alguno no ha visitado este "lugar con encanto" y puede, que se escape, que lo conozca y simplemente camine y ponga a trabajar sus sentidos. La verdad es que soy muy de otoño, una lástima que en esta zona dure menos que un caramelo a la puerta de un colegio. Mejor os hacéis una idea con "algunas" imágenes de ayer. Para ampliarlas solo hay que pinchar en cada imagen.
















Todas las imágenes son propiedad de Raquel Plaza Juan (La emoción de aprender)
Y hasta aquí puedo escribir. En unas horas, más, que el 5 de noviembre no es un día cualquiera.

viernes, 2 de noviembre de 2018

2 de noviembre: un canto a la vida

A algunos les resultará extraño que hoy, Día de los Fieles Difuntos para los cristianos, hable de vida en el título de esta entrada. La "culpa" la tiene un amigo y compañero docente, Javier Hernández, que hoy me ha dado la inspiración para darle forma a lo que tengo en mi cabeza y en mi corazón. Gracias por tu humanidad y por la inteligencia emocional que derrochas por todos tus poros.

Todo ha venido a raíz de compartir en mi estado de WhatsApp esta imagen de una gran ilustradora y diseñadora, Anabel Lee.


No sé si hay algo más allá. Pero sí siento que los que nos han dejado siguen viviendo de alguna manera, no me resulta fácil explicarlo. O mejor dicho sí, explicarlo es sencillo, lo difícil puede resultar que los demás lo entendáis. Para mí viven en sus familiares, en sonrisas, miradas, gestos...que de repente te transportan a alguien que ya falleció y devuelven a esa persona a la vida. Y también todos los demás, los que tuvimos la suerte de ser familia, amigos, compañeros...Los que en definitiva, de la forma que fuera, formamos parte de su vida o ellos de la nuestra; en realidad da igual el orden, aquí se cumple la propiedad conmutativa, el resultado no varía. 

Por eso, también yo estoy en contra de la "tristeza paralizante", qué gran combinación de palabras. Y me apunto a recordar todo lo bueno vivido con los que ya nos dejaron, que no es poco. Y opto por quedarme con las risas, las miradas cómplices, las celebraciones, los abrazos, los tés del Bécquer con esas faldillas míticas, esas conversaciones casi infinitas en las que se hablaba de todo sin censura, los detalles...Y entonces se me escapa una sonrisa, tímida pero sincera al mismo tiempo. 

Afortunadamente hay personas que son capaces de seguir sumando cosas muy positivas a mi vida, aunque ya no estén vivas (literalmente). ¿Extraño, no? 

Y rescato una tarjeta navideña de mi gran ausente con mayúsculas, que escribió esta cita de Abraham Lincoln: "Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años." Qué razón tenías.

De ahí que en esta ocasión os invite a rememorar todos los buenos momentos vividos con los que os dejaron y, si tenéis fuerzas, volver a sonreír gracias a ellos. Sé que algunas de las personas de mi círculo cercano no están pasándolo nada bien, debido a esas ausencias. Entiendo que cada uno de nosotros tenemos gente sin la cual jamás nos hemos hecho la idea a vivir. Mucho ánimo, cada uno ha de pasar el duelo y le dura lo que haga falta, porque no todos tardamos lo mismo en reponernos de una caída. Supongo que algunas heridas no se cierran nunca, o tardan tanto que parece una eternidad. No obstante, no perdáis de vista la vida, que es preciosa (con todos sus ingredientes) y seguid caminando, que la tristeza no os paralice. 

Si os apetece (solo si os apetece), mirad fotos, leed cartas, repasad emails, visitad algún lugar especial...En definitiva, si queréis, haced un repaso mental de buenos recuerdos, el tiempo que os haga falta. Intentad refrescar lo bonito que os aportaron aquellos que actualmente ya no están, tal vez os ayude a disfrutar del presente un poquito más. Y hablad de ellos, ¿por qué no? Creo que si no hablamos de esas personas que murieron, las estaríamos olvidando, y morirían nuevamente. Desde luego en mi caso, no pienso dejar que eso suceda. 

Sin embargo mi empatía no es infinita y a veces puede no estar acertada. Me cuesta mucho intentar ponerme en la piel de determinadas personas, porque el mero hecho de intentarlo, hace que suponga un dolor inmenso y muy intenso por el que deben estar pasando; admiro la fortaleza de muchos, que para mí son héroes/heroínas anónimos/as. Gracias por las lecciones de vida que me ofrecéis y por hacerme partícipe, sin necesidad de lágrimas o con ellas, de vuestro dolor, pero también del ejemplo que sois.

Si en algo os puedo ayudar, a los que tenemos ausentes compartidos, o ausentes personales, sabéis que ayer, hoy y siempre, podéis contar conmigo. Las penas, compartidas, sí son menos penas. Pero es que además, las alegrías, sientiéndonos acompañados, resulta que aumentan. Por eso, la canción que he elegido esta vez es Qué bello es vivir, una versión a dúo de su autor, El Kanka, con Manuel Medrano.


Viva la gente y...¡Viva la vida!