viernes, 24 de abril de 2020

Emo-ideas 11: CORONAVIRUS día 41

Se me ha encendido la bombillita, y no quiero acabar el día sin compartir con vosotros una idea de Plástica para el periodo de confinamiento y, complementada, puede servir para trabajar la educación emocional. Me he basado en una tarea que les puse a mis alumnos de Arts de Béjar de 6º de Primaria. Les hice llegar la imagen de "Figura en una ventana", cuadro en el que Salvador Dalí pintó de espaldas a su hermana Anna María asomada a la ventana.



Acompañaba la fotografía de datos sobre el cuadro,  pero no es lo relevante para lo que planteo ahora. Pedí a los alumnos que hicieran un dibujo de ellos mismos, de espaldas, asomados a alguna ventana/terraza de su casa. Y que desde la ventana se viera lo que ellos realmente ven. Como sus casas tienen más de una ventana, debían elegir aquella con las mejores vistas, según ellos. Lo que viene a ser un dibujo que plasme la realidad. Después tenían que hacer un segundo dibujo, con el mismo esquema básico, con ellos de espaldas, la misma ropa que en el primero y, asomados desde la misma ventana o terraza. En este segundo, quería que fueran más allá, y dibujaran lo que en estos momentos de confinamiento, si pudieran elegir, les encantaría ver desde su ventana. Por supuesto, soñar es gratis, y podía ser algo que ni siquiera estuviera en su localidad.

Hasta aquí, la actividad de ARTS. Todavía estoy pendiente de recibir algunos dibujos, pero los que he visto son todos preciosos, cada cual en su estilo. ¡Ah! Técnica totalmente libre, solo quería que el papel fuera del mismo tamaño en ambos, y que me enviaran  una fotografía de los dos.

Lo que os propongo es, además de esta actividad, que añadan, de manera oral, en forma de audio tal vez, o escrita, como más cómodos se sientan, por qué han dibujado el fondo concreto del segundo dibujo, en el que ellos podían elegir lo que querrían ver desde su ventana.

Comentaros que hasta ahora, todos han dibujado una playa, en la que se distinguen con claridad el mar, la arena, y el sol. Es más, hasta por la gama cromática os diría que todos son amaneceres. ¿Curioso, no? Si la semana que viene saco huecos, intentaré hacer el ejercicio, pero la versión que acabo de plantearos aquí.

Qué bonito soñar con ver amanecer. Será que todos estamos esperando un poquito eso, que el sol salga, brille con fuerza y lo cubra todo. Hay que saber esperar. Buenas noches.

jueves, 23 de abril de 2020

23 de abril: CORONAVIRUS días 30 al 40

El 12 de abril fue el último día que publiqué en el blog, y decidí hacer un más que necesitado paréntesis. Habría vuelto hace unos días, pero la bestialidad de tiempo que dedico a teletrabajar, me han hecho posponer el regreso. Vuelvo, pero no creo que sea factible publicar a diario, como todo, lo haré cuando pueda.

Aunque hay momentos en el que el tiempo pasa lentamente, o mejor dicho, tengo la sensación de notar cómo se detiene, el calendario no engaña. El 13 de marzo fue el último día que pisé el cole de Béjar y tuvimos clase "normal", aunque ya con la insistencia mayor en cuestiones de higiene como el lavado continuo y profundo de manos y cómo taparse la boca al toser o estornudar. 

Y me da mucha pena, porque me estoy perdiendo ver crecer a mis alumnos, sus preguntas que a veces me descolocaban; pero también su espontaneidad, alegría, energía, impaciencia, tristeza, cariño...Incluso sus mosqueos que, a veces, para los adultos, no tenían explicación ni alcanzábamos a comprender bien. Esa falta de trato diario con ellos, ese tú a tú, es espantosa, es lo más bonito de esta profesión. Por supuesto también echo mucho de menos a mis compañeros, sus qué tal estás, pasa buena tarde, las risas compartidas...Por supuesto que con unos y otros sigo en contacto de manera digital, pero no hay color, nada que ver. Con las familias este año es distinto, al no ser tutora el contacto con ellas es menor y menos profundo, pero es lo que me ha tocado este curso. Tengo muchos cursos por delante para volver a estar al timón de una tutoría, todo llegará.

Como dije hace ya unas cuantas líneas, siento a ratos el tiempo parado, y otros muchos vuela. Soy consciente del día en el que vivo cuando preparo las actividades para mis niños y niñas, escucho el Telediario y lo dicen (intento verlo poco y escucharlo todavía menos), porque se ha convertido en "Teledesgracias," o casi al final del día. en el momento de grabar el audio que envío a la gente que a mí me apetece. 

Entre medias de este paréntesis que me había tomado de publicar en el blog, se me ha pasado una fecha que siempre celebraba. No es que este año haya sido menos importante, sino que se me olvidó por completo. Me acordé hace nada hablando con una amiga. Empecé a trabajar como maestra interina un 18 de abril de 2008, en el CEIP "Leonardo Da Vinci" de Parque Coimbra, Móstoles (Madrid). Así que ya llevo doce años dedicada, de manera oficial, a "la profesión más bonita del mundo." Y si bien con el panorama actual no es que sea momento de celebraciones, este año, precisamente por la que está cayendo, me siento más afortunada si cabe, primero de tener trabajo estable; y en segundo lugar, de poder dedicarme a lo que me apasiona, la educación.

Hoy es 23 de abril, cumpleaños de mi amiga, maestra y vecinita Marisa, ¡felicidades, bonita! Lo de bonita es que ella lo usa bastante, y nos encanta, es muy suyo. Un cumple que no podrás comparar a ninguno de los anteriores, pero hay que celebrar que estamos aquí, que seguimos vivos y con ganas de luchar, y no es moco de pavo. Además, es San Jorge, felicidades con mucho cariño a los que os llamáis Jorge, el Día de Castilla y León y,  por supuesto,el  Día del Libro. Tengo la suerte que el Día del Libro yo...¡Libro! Por eso puedo dedicarle este ratito al blog, porque otros días no pasar ni un minuto más frente a la pantalla del ordenador era cuestión de salud, ni más ni menos.



Cualquier otro 23 de abril, a esta hora, estaría con mi cita ineludible en los soportales de la Plaza Mayor, haciendo acopio de nuevas historias, observando portadas, hojeando y ojeando libros, paseando de puesto en puesto de cada una de esas librerías que no sé si "mañana" (cuando la tormenta pase) podrán continuar con el comercio abierto. Y empiezo por la Librería Villamayor, aunque no pone puesto allí, es la mía, la de mi barrio, la que tengo a un pie de mi casa, de esas en las que al dueño le pones cara y nombre, Rufino. Ojalá pueda abrir el negocio, me entristece ver la trapa bajada y los libros del escaparate tapados con un papel continuo. Desde luego que si lo hace, ojalá,  allí estaré, porque creo que, los que podamos, tenemos que ayudar a las tiendas del barrio, al comercio de cercanía. Librería Víctor Jara (os debo una visita), Librería Cátedra, Librería Letras Corsarias, Librería Musarañas...

Disfrutar del Día del Libro en un marco tan maravilloso como la Plaza Mayor de Salamanca es un privilegio, para nosotros, lo "normal." Como otras mil cosas en esta pandemia, hasta que no se pierde la normalidad, no se valoran suficientemente todas esas cosas que siempre teníamos a nuestro alcance y podíamos disfrutar. Ahora nada es seguro. Me levanto cada mañana y sigo frotándome los ojos pero nada, no era un mal sueño, es una realidad, y si me pellizco lo noto, está pasando. Y como me encanta mirar hacia arriba, contemplar las nubes, escudriñar el cielo, hablar con las estrellas y alguna vez me quedo medio embobada mirando a la luna, comparto con vosotros un cuento infantil, se llama "Roberto el escultor de nubes."


Desde este domingo 26, salvo cambios de última hora, los cuales no descarto, los niños de 14 años o menos, podrán salir a la calle durante una hora al día, con sus restricciones, pero saldrán si así lo desean. Espero que esto no suponga un retroceso. Entiendo a los padres que sí vayan a salir con sus hijos esta hora diaria, porque ya notan que a los menores les está afectando, y necesitan ese tiempo de "recreo." Igualmente puedo comprender a los que decidan que no, que el peso del miedo es mayor que el deseo de salir a la calle, y van a continuar confinados en sus hogares. A partir del domingo ya  veremos, confiemos en que esta medida sea para bien, y no nos salga cara a todos.

Deseo que paséis un feliz Día del Libro. Aunque no sea uno nuevo, siempre habrá alguno (o muchos) en casa que podáis leer o releer. Uno que os haga viajar, imaginar, volar, emocionaros, haceros pensar...Compartid esas historias con los que tenéis cerca. No hace falta salir de casa. Y todo eso que estamos repartiendo ahora, esas inquietudes que verbalizamos, las preocupaciones, problemas y miedos de las que hacemos partícipes a otros, el cariño, amor y alegría...Todo eso, ya habrá momento de compartirlo en persona y devolver, al menos una pequeña parte, de ese gigantesco apoyo recibido. La gratitud es uno de los sentimientos que me invaden, por todo lo que nos brindan muchas manos en esta etapa tan complicada. En serio, ánimo, ya no queda tanto, hemos superado cerca de un mes y medio. Un día más, un día menos.




domingo, 12 de abril de 2020

Desconexión: CORONAVIRUS día 29

Ha llegado el momento de hacer un paréntesis en el blog en medio del confinamiento. No sé si serán un par de días o más, pero he pensado que, ahora mismo, quiero hacer un paréntesis. Escribir en el blog a diario (o casi), supone repasar mentalmente mi día, y estando las 24 horas en casa, no hay demasiado que contar.

Me sale el Resistiré por las mismísimas orejas, una canción que me encantaba. Y aunque me resista, al cabo del día como poco la oigo tres veces (sin ponerla yo, por supuesto). Algún vecino del edificio, de fondo en la TV, personas del barrio con una torre de sonido/altavoz o sabe dios qué...Sí, a lo mejor es una forma de animar, no sé. Pero a esos que ponen la música para todos, que vean también que con una media de 600 seres humanos fallecidos al día en España, en las casas estarán personas que ni siquiera han tenido la oportunidad de despedir ni velar a los que se están yendo. 

El Resistiré es un pequeño ejemplo de las cosas que me sobrepasan...Podría seguir con los políticos hablando, estoy en un punto en el que antes todos me caían mal, ahora...fatal. Y en este punto ya no puedo ver ni una foto más de sanitarios con los equipos de (des)protección individual. Igual que los camioneros, a los que les quitaron el límite de horas al volante, tienen la mayoría de áreas de servicio cerradas y deben estar trabajando en condiciones infrahumanas. Añado aquí a los conductores de autobuses u otros medios de transporte, a todo el personal de limpieza, trabajadores de supermercados o tiendas de alimentación de barrio, carteros, repartidores de lo que sea a domicilio...Seguramente me deje a gente en el tintero, y eso no me gusta nada ni es mi estilo, pero la cabeza también se satura.

Si hago el pertinente repaso mental, creo que lo más productivo que hice hoy es una tortilla de patata para cenar. Me relaja mucho cocinar, desde siempre. Y sí, mientras la cabeza está en la cocina, se centra ahí, evitando pensar. Justo me ha pillado el momento del aplauso cuajándola y es el primer día que no salgo. Pero no pasa nada, habrá muchas más citas a las ocho de la tarde para seguir aplaudiendo, para agradecer a cualquiera que esté trabajando por los demás (y jugándose el tipo), a los que están atravesando un bache económico/personal (o los dos) por culpa del coronavirus, a aquellos que han perdido a algún ser querido en medio de la pandemia (fuera por el COVID o por otras razones), y para demostrar que estamos aquí, que seguimos vivos y con fuerzas para continuar aplaudiendo por todos.

Esta mañana un drogadicto subía a ritmo de marcha la avenida Villamayor, dirección no estoy segura si barrio Blanco o Pizarrales. Lo conozco porque es habitual verlo por la zona (subiendo o bajando). Iba solo, sin nada, ni una triste mochila. Por supuesto ni guantes ni mascarilla. A lo mejor él no le tiene miedo al coronavirus con la que tiene encima. Quizá él vea que ya lo ha perdido todo, y no por el COVID-19. Ni idea, son pensamientos que tenía y puedo estar confundida.

A ratos sigo haciéndome preguntas para las que no soy capaz de encontrar las respuestas. Lo peor es que me da que nadie las va a responder, ni siquiera cuando todo esto pase.

Sigo creyendo que es posible empezar a construir, si cada cual pone su granito de arena, un mundo mejor cuando amaine la tormenta. Pero con la que está cayendo necesito parar unos días. De momento me bajo del blog, pero volveré cuando haya cogido el aire suficiente. Gracias, muchas gracias.


sábado, 11 de abril de 2020

Fotografías y piel: CORONAVIRUS día 28

Me he levantado con la cara irritada, muy irritada. Una buena amiga dice que será por estrés, debido a  la situación que estamos viviendo. La verdad creo que está en lo cierto, porque si bien noté algo un rato después de la ducha, no he usado ni gel ni champú nuevo, así que descarto alguna reacción alérgica a ellos. Si lo pienso, cuando por temas laborales paso gran parte de un fin de semana en casa, el domingo mi piel ya se resiente, así que ahora...mucho más. Supongo que un par de días mejorará, no le doy mucha importancia.

He invertido gran parte de la tarde en recordar. Me ha dado por coger discos duros en los que tenía imágenes de hace años. Por ejemplo de mi etapa de Robleda, la del Santa Catalina y...¡Mi aterrizaje en el Fili de Guijuelo! He encontrado algún que otro tesoro en las de Guijuelo. Se me encendió la bombillita al darme cuenta que tal vez tendría fotos, de entonces (curso 2013-2014) de mis niños del Fili de 5ºC del 2018-2019. Y...¡bingo! No tengo de todos, pero sí de algunos, mientras se formaba la pirámide de alimentos de las Jornadas Culturales, o en su visita al gimnasio para degustar la comida saludable que prepararon los alumnos de 5º y 6º de Primaria. 

Ese lejano 2013-2014 estuve de maestra de Refuerzo/apoyo para 5º y 6º. Fue mi estreno como maestra de Compensatoria. No sabía yo que estaba haciendo fotos a mis futuros alumnos...¡Qué sorpresón! Y no solo a los de mi tutoría, también he localizado peques de las otras dos clases. Lo de buscar fotos de otros años era porque en mi casa, desde hace ni recuerdo cuándo, pero era muy peqieña, tenemos la costumbre de ir hoy, sábado santo, a Miranda Do Douro. De hecho si algún año no hemos cumplido con la tradición ha sido por alguna cuestión de peso. Pongo una imagen de hace un par de años. No es la más bonita de allí, pero es la que tenía más a mano en lo que he mirado.


A partir de mañana voy a dedicar un ratito a esas fotos pendientes de organizar y dar a la gente, en algunos casos hasta me da vergüenza la demora...Bueno, poco a poco. Eso y un curso que on line que voy a comenzar pero ya, así aprovecho mejor las horas en casa.

En el título he puesto "Fotografías y piel." Lo de la piel no era solo por el aspecto actual de mi cara, esa es la anécdota. Es la piel como algo que echo mucho de menos: acariciar, abrazar, agarrar, mimar, tocar...Sin límites de distancia ni tiempo, sin guantes ni mascarillas que nos separen. Soy muy de tacto, lo reconozco, y no es compatible con esta pandemia del COVID-19. Todo llegará. Como para muchísimas otras cosas ahora, hay que saber esperar. 

El audio de hoy era el poema "La gente que me gusta de Benedetti." Me he quedado a cuadros porque he encontrado una versión algo distinta al que conocía. Aunque es algo más extensa, también es menos conocida, así que he optado por el largo.


Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme.
La gente que tiene tacto.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
A estos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor.
La gente que nunca deja de ser aniñada.
Me gusta la gente que con su energía, contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
La gente que lucha contra adversidades.
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.
La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.
A mí me gusta la gente, y mucho. Y de la gente, la que más, la mía. Gracias por seguir en mi vida.



viernes, 10 de abril de 2020

Lluvia cae: CORONAVIRUS día 27

Estamos (los docentes y el alumnado) a escasos días de acabar nuestras "vacaciones" de Semana Santa. En este momento no tengo ni idea, tal cual, de qué va a ser de todos nosotros en la tercera evaluación. Imagino que será porque tal vez ellos (los de arriba del todo) también los desconozcan, y estén esperando a cómo evoluciona todo para decidirlo en los próximos días.

De cualquier forma, ojalá sea algo coherente, y den instrucciones claras, comunes para todos los centros educativos. Y que sea lo más justo posible. No digo que ser justo sea fácil. Pero reconozco que tal cual, la teleeducación es una injusticia, por muchas cuestiones. Espero que al menos anulen la tercera evaluación. Que podamos seguir virtualmente planteando actividades a los alumnos (planteen un repaso de las dos evaluaciones anteriores o avanzar materia), pero sin tener que ponerles una nota por este periodo surrealista, en el que las realidades de cada casa son distintas y me consta que hay diferencias abismales. 

A mí no me quita el sueño la parte académica de toda esta historia, pero lo que de verdad me preocupa es el plano personal. Me pregunto cómo estarán ellos, sus familias, y lo mismo respecto a todos mis compañeros de Béjar. Sí, seguimos en contacto, pero no es igual. Esta tarde una alumna me decía a través del Class Dojo que ella también nos echa mucho de menos, y me hablaba de las ganas que tiene de volver al cole...¡Y yo! Aunque con la mano en el corazón creo que en lo que queda de curso ese reencuentro en las aulas entre profes y alumnado no va a producirse (pero quién sabe). 

Tengo ganas de retomar esa rutina que tantos quebraderos de cabeza me da y es agotadora. Ganas de volver a madrugar a las mil de la mañana y empezar las clases en el Fili de Béjar a las 9. Con sus cinco sesiones y un descanso de por medio. Con la tarde, reuniones de coordinación, reuniones informativas, celebraciones, recreos...Con todo. Pero lo veo bastante negro. ¿Estaré equivocada? Mi cabeza prefiere hacerse a la idea de "esto va para largo," y así podemos salir antes de lo que creo, sería un alegrón. 

Y el "tengo ganas" podría ser bastante extenso, especialmente si enumerase a todas las personas con las que quiero reencontrarme. Hay días en lo que más que un deseo es una necesidad. Momentos en los que necesito ver nuevamente a determinadas personas, aunque nos quedemos en silencio. Me parece que los abrazos y las miradas hablarán por sí solos...

Poco después del aplauso de las ocho, se ha puesto a jarrear. ¡Bendita lluvia! Agradezco el sonido, el olor, verla, todo, todo, todo. En cuanto se pueda y llueva a cántaros, pienso salir a la calle sin paraguas, a disfrutar de la tormenta.

El aplauso es parte de mi nueva rutina, o mi COVID-rutina mejor dicho. Es como pasar lista, en vez de en el cole, en el barrio. Y creo que de alguna manera nos damos fuerza, nos miramos, sonreímos, demostramos que seguimos aquí, y todavía con energía para esos minutos de encuentro (a distancia), de apoyo colectivo. 

Otra parte de mi COVID-rutina, de la que ya habéis leído algo en el blog, son los audios. No recuerdo muy bien si empecé a enviarlos el segundo o el tercer día, sé que no tardé demasiado. Se me ocurrió, sin más, mandar una cosita diferente cada tarde (más bien noche casi siempre). Y ahora, con todos los días que llevamos superados y los que nos quedan por pasar, no me apetece dejarlo. El de hoy no fue fruto de la búsqueda, sino de la casualidad. Estaba revisando unas tareas en el Class Dojo y abrí el YouTube, por mi necesidad de tener música de fondo sí o sí. Y apareció una canción, que no me sonaba nada...La estrenaron hoy mismo. Es de Manuel Carrasco: PRISIÓN ESPERANZA.


Ánimo, mañana no vamos a salir, el día después de pasado mañana tampoco, pero va quedando menos y hay que visualizarlo. Mientras tanto, cruzaremos los dedos para quedarnos como estamos...y los que estamos.

Acabo con una viñeta publicada hace menos de una hora por 72 kilos. Pues eso...


jueves, 9 de abril de 2020

Dosificando: CORONAVIRUS día 26

Continúo intentando dosificar energía, no hacer de golpe todas las cosas que había pensado, y no desesperarme ante los días grises. Ni tampoco celebrar en exceso los buenos. Esta mañana he seguido ordenando y limpiando, lo bueno es que sigo con tarea pendiente para más días. Me topo con ropa de verano que tengo muchas ganas de poder llevar puesta...Eso sí, saliendo a la calle, al campo, a donde sea menos al supermercado y/o la farmacia, casi cualquier lugar vale, siempre y cuando esté en el exterior.

Para esas horas más oscuras, os mando mucha paciencia y espero que no perdáis la esperanza. Y si hay que llorar, gritar, chillar, patalear...pues se hace, que será mejor eso a tragarse todo. A ver, si salir vamos a salir, pero la fecha todavía no asoma en el horizonte y eso agobia, no a cada hora, pero agobia...¿O soy la rara?

He dejado descansar unos días los libros de Defreds.  Ayer y hoy, he elegido poemas de David Sadness, de su libro Serendipia.

El de ayer es SALVAVIDAS:
Cuando no creía
que nada pudiese pasar,
que nada y mucho menos
que nadie pudiese aparecer
es justo cuando ocurre,
cuando lo que creías imposible
se vuelve real.

Ya no estás perdido,
ya te han dado esperanza.

Ya te han dado el mejor salvavidas
que podías encontrar
y, lo que es mejor aún,
es que ni tú te has dado cuenta.

Me lo repito a mí misma y a otras personas, qué suerte tengo por poder contar con determinada gente. Desde luego que no me faltan salvavidas, y sin buscarlos aparecieron en mi vida.

Si tenéis salvavidas, acordaos que ellos también tienen sus días malos. 

La de hoy es VER MÁS ALLÁ DE LA MIRADA:
Supongo que el secreto de todo
está en fijarnos
en los pequeños detalles.

En mirar
más allá de la mirada.

Es entonces,
cuando descubrimos
lugares,
momentos,
sensaciones
y hasta personas
que siempre han estado ahí,
esperando a ser
miradas.

Atrévete a mirar
y
verás.

Me encanta observar, no es ningún secreto, no curiosear ojo, pero sí trato de ser muy observadora. Echo de menos tener muy cerca a las personas, poder mirarlas a los ojos. Observar algún lugar, sin más, intentando captar toda la belleza que hay en él o o que lo hace especial...Ya queda menos.

Además de por ordenar/limpiar, para levantar un poco el día, me he metido en la cocina. Nada del otro jueves, pero hecho con cariño, empanadillas de pisto (o pisto a secas, para combinar con un huevo frito u otra cosa) y torrijas. La calidad de la imagen no es muy allá, es del móvil. Habrá que catarlas je, je...Creo que es la tercera vez que las hago en mi vida (soy más de salado).


La canción que comparto con vosotros es producto del confinamiento actual. Se llama "Barrer a casa:"



¡Ánimo!

miércoles, 8 de abril de 2020

Sapere aude: CORONAVIRUS día 25

Estamos a 8 de abril de 2020. Igual que tengo un ojo puesto en "cuando vayamos retomando la normalidad", al otro le está dando por recordar. Recuerdo que el sábado 14 de marzo, antes de escuchar al Presidente del gobierno anunciando el estado de alarma, fui con mi hermano al Carrefour a hacer la compra. Mi memoria se acuerda también del 12 de marzo. Había quedado con una amiga, ya mantuvimos distancia de seguridad y nos saludamos sin más, ni besos, ni abrazos ni nada. Estuvimos en un bar del centro, casi desierto, y tardamos poco en marcharnos, al ver que en una mesa a unos tres metros de nosotros, una señora tosía y no se tapaba precisamente como una superheroína. Quién me iba a decir que esa sería mi última (y fugaz) visita a una cafetería en mucho tiempo. 



Sigo retrocediendo, el sábado 7 de marzo estuve tomando algo en una terraza con un amigo. Si llego a saber que no hay fecha para volver a sentarse en terrazas, lo habría disfrutado todavía más. Si la memoria no me falla, me parece que llegué a quejarme de la fuerza con la que pegaba Lorenzo, y diciendo entre risitas que la próxima vez, mejor sentarse dentro...¡Qué tonta! (Ni en broma, claro, bendita terraza, bendito sol). Después había quedado para comer con una amiga, por una celebración pendiente de su cumple, a mediados de enero. Durante la comida, ella mencionó algo sobre la posibilidad de cerrar los colegios, y me lo tomé a guasa, no lo veía posible. Igual que con la cafetería y la terraza, si hubiera sabido que iba a tardar en poder disfrutar nuevamente  de esos pequeños placeres un tiempo indeterminado, a lo mejor le habría sacado más partido, lo habría exprimido más. Y volvemos al momento actual, miércoles 8 de abril.

Estoy muy segura que a partir del 26 de abril seguirán los coles cerrados. De hecho, en este caso me huelo que solo podré volver al cole a despedirme y a recoger, a finales de junio, y por supuesto sin niños. Sí, algunos datos no son tan malos, pero si volvemos la "normalidad" me da que sería una metedura de pata hasta el corvejón, con el peligro de retroceder, y no creo que sea un riesgo que debamos correr. No me hagáis mucho caso, son todo suposiciones mías y puede que no dé ni una. Sabéis que la lotería no me ha tocado nunca. Si alguno no sabía este dato pues es así, je, je. Así que ¿por qué iba a acertar en esto?

En medio del confinamiento sigo defendiendo la televisión como una de las fuentes de entretenimiento casero. En unos días, quizá un par de semanas, me he ventilado las tres temporadas de una serie llamada SKAM. Es una serie española sobre adolescentes. Cuentan la vida de un grupo de jóvenes estudiantes de bachillerato. Una madrugada di de casualidad con ella, en Movistar 0, y me enganchó. Recientemente venía en un periódico, que esa serie está teniendo mucho éxito, una de las guionistas es salmantina y, tienen ya una cuarta temporada grabada, pendiente de estreno debido al estado de alarma. Si alguno tiene Movistar y le apetece, os recomiendo que le deis una oportunidad, es muy entretenida y los guiones tienen su enjundia.

Y siguiendo una de las muchas recomendaciones pendientes de mi amiga Marta, como ya me he quedado sin capítulos de SKAM, he empezado hace un rato a ver otra serie, Merlí, sapere aude, de ahí que el título de esta entrada sea "Sapere aude" (atrévete a saber). Siendo sincera no me ha gustado demasiado, pero un capítulo es poco para tener una opinión de peso, así que a ver qué tal los siguientes.  

Acabado el rato televisivo, regreso al "apasionante" mundo de otra serie que a algunos quizá os resulte familiar. "Limpieza y orden de los armarios empotrados." Ja, ja, ja. Es lo que toca, estaremos confinados pero...¿Y lo bonitas y relucientes que van a quedar nuestras casas? Ver para creer.

Esta mañana hice otro viaje al pasado, pero musical, os dejo una de las canciones de mi banda sonora de hoy (y de gran parte de mi adolescencia):



Mañana...más.

Condicional: CORONAVIRUS día 24

Antes de ayer escribí una entrada doble, porque uno de los días es como si no hubiera existido, hora y media es muy poco tiempo dormido en una noche. Afortunadamente, esta vez la historia ha sido bien distinta, y ayer de madrugada algo antes de las dos (aproximadamente), debí quedarme frita. Y del tirón dormí seis horas, qué alivio...

El lunes no puse el contenido del audio que envío a mi gente en la entrada del blog porque no lo había grabado. Me gusta hacer cosas diferentes, por eso cogí el libro "Retahílas de cielo y tierra," de Gianni Rodari (editorial El barco de vapor). Se llama SUSPIROS:
"Diría, haría, querría..."
¡Qué educada letanía
es siempre el condicional!
No hay nada que suene mal
cuando, desde su sillón,
con cierta zalamería,
suspira y pide atención:

"Me escaparía a Samoa:
¿no creéis que está muy bien?
Aunque podría también
quedarme un tiempo en Lisboa..."

"Querría, me gustaría...
Volaría hasta la Luna
tratando de hacer fortuna.
Y vosotros, ¿no vendríais?
¡Qué divertido sería
merendar allí este invierno
columpiándonos de un cuerno...!"

"Querría, me gustaría...
¿Queréis saber lo que haría?
Escucharía algún disco.
Pero no...Mejor sería
tocar el piano de cola.
¿Decís que eso ya no mola?

Pues me dejáis hecho cisco;
me tendré que resignar...
Por cierto, no sé tocar."

"Tocaría si supiera,
desearía si pudiera,
comería magdalenas
si hubiera una en la alacena...
Siempre topo con un "sí."
La dichosa conjunción
es como una maldición
que solo me toca a mí."

Como veis esta retahíla es una cascada de verbos en condicional. Os invito a recurrir a él, al condicional,  hasta que sepamos cuándo va a acabar el estado de alarma, o nos consolaremos con poder llevarlo de otra manera, cuando sigamos alerta pero con alguna concesión. Quiero que penséis en ello. Me encantaría que imaginaseis dónde os gustaría ir, a quién os gustaría ver,  a qué personas querríais abrazar, qué viaje desearíais hacer... Qué olearíais, comeríais, observaríais, regalaríais, tocaríais, probaríais, aprenderíais...Mientras tanto, conjugad el presente: Yo quiero, amo, abrazo, beso, acaricio, tranquilizo, perdono, escucho, mimo, cuido, empatizo, olvido, apoyo, animo, ayudo, recuerdo, agradezco, aprendo...Cada uno que quite, añada o varíe lo que prefiera.

El martes pasó bien, bastante tranquilo, como es la tónica de la gran mayoría de los días. Sigo tirando cosas guardadas que ya no había un porqué para conservar, la verdad resulta liberador, es una sensación agradable ver el espacio que van dejando. Sí, aunque luego no tarde mucho en poner otros objetos en su lugar. 

También he escuchado enteros dos discos, "La memoria de la piel", de Rosana y, después, "La cruz del mapa", de Manuel Carrasco. En unas horas más, a lo mejor opto por la radio, pero por alguna cadena musical, no quiero escuchar noticias del COVID-19, con el telediario de las tres e información difícil de esquivar en internet, tengo de sobra.

Estuve hablando por teléfono con una amiga, de esas con las que tenía un café pendiente desde "antes de," y con la que me apetecía mucho hablar. La vida da que sigue existiendo gente con un fondo tan bueno, personas como Merce, con las que da gusto haber coincidido. Hasta de los recuerdos más amargos, siempre puedes llevarte "cosas" buenas. Qué ganas de seguir intentando que el mundo sea un poquito más humano. No pierdo ni un ápice de esperanza al ver que personas como tú siguen luchando. ¡Qué grande eres!

Como esta noche, del 7 al 8, la luna era especial, la tercera "superluna" en lo que va de año, y la más grande, tenía que seleccionar un texto que casara con eso.  Enseguida me vino a la cabeza una canción de Julián Bozzo y Rozalén, llamada "Ecos de su luz." A los que han recibido el audio no quise decirles los intérpretes ni el título de la canción, pero estoy segurísima que muchos sí habrán adivinado de cuál se trataba. Invité a observar la luna (los que tengan la suerte de poder verla desde vuestro hogar). El vídeo de la canción es este:


A mí me dio por acompañar el texto de una canción instrumental de la película "Los chicos del coro." Por cierto, si no habéis visto la película, os recomiendo encarecidamente verla.


Su banda sonora es una delicia, y es de las pocas pelis que he visto dos veces en el cine...(¡Ay el cine, qué morriña!).

Y aquí seguiremos, pasando las horas lo mejor que podamos, y exprimiendo los momentos especiales de este confinamiento. Seguimos sin fecha para nada, pero creo que todo llega al que sabe esperar. Antes me ponía negrita hacer cola, ahora no. He aprendido a esperar, separada a más un metro (dos más bien) de los que me rodean, e incluso a agradecer la espera. Y en casa es igual, hay veces que tenemos ganas de algo pero ese algo no puede ser cuando queremos, pero la paciencia es la clave, o eso quiero pensar. Saber esperar, dos palabras mágicas.


Un día más, un día menos.  

lunes, 6 de abril de 2020

En blanco: CORONAVIRUS días 22 y 23

Casi 48 horas sin escribir en el blog. Llevo dos días prácticamente en blanco. El domingo fue un día con los horarios completamente cambiados, y anoche fue mucho peor. En total, logré dormir una escasa hora y media. No estaba preocupada, ni triste, ni nada de nada. Pero era imposible pegar ojo, desvelada, sin más. Ya no sabía qué hacer. Estuve viendo la tele, navegando en internet, leyendo, caminando (dentro de casa), tumbada en la cama, levantada. Ojalá esta noche tenga más suerte. Será que el confinamiento empieza a pasar factura.

Así que en el párrafo anterior quedan resumidos dos días, tal cual.

El audio de ayer fue una líneas de la letra "Por ti", de Ella Baila Sola. Las que vi actuar en las Ferias de Peñaranda de Bracamonte en agosto de 1997 (ya, ha llovido "un poquito"). Mi primera intención era haber leído toda la letra, pero recapacité y pensé...¡De eso nada! Muchas veces cantamos cosas sin más, y ojito a lo que dicen esas letras, como estas:

Por ti mi vida empeño
Por un momento de verte sonreír
Por ti mi alma vendo
A cambio del tiempo que necesites para ser feliz


Claro, no empeño mi vida por el amor de nadie, ni vendería mi alma (si es que tenemos)...Y eso son solo unos ejemplos. Pero me chirriaba leer eso ahora, a mis 37 años. Y opté por quedarme solo con esta parte:

Yo te quiero regalar palabras
Ser tu red para cuando caigas
Cogerte de la mano al andar
Y decirte cosas al oído
Ser tu manta para cuando tengas frío
Y ser tu hombro para llorar


Desde joven visualizaba tal cual lo de ser la red para que alguien no se caiga, ser la "manta" para cuando a una persona le haga falta (todos, a veces, necesitamos sentirnos arropados), o el hombro en el que llorar. Y qué bonito. Para mí cuentan más las personas que recurren a mí cuando pasan por un bache, que las que solo me llaman para fiestas, celebraciones y demás eventos. Y es que generalmente las que piensan en mí cuando están muy mal, también suelen hacerlo cuando las cosas les van fenomenal.

Os dejo que es la hora de sentir más cerca a los que no podemos tocar, es la hora de las vídeo llamadas. No lo hago todos los días, ni con unos ni con otros, pero de vez en cuando sí me apetece (y mucho).

No vamos a hablar de fechas, voy a dejar las quinielas (por ahora), pero sigo mandándoos a distancia todo mi cariño, y deseo de corazón que con días malos y otros mejores, no perdáis la esperanza.

sábado, 4 de abril de 2020

Lazos: CORONAVIRUS día 21

Hay días que estás arriba, otros abajo y otros no sabes ni dónde estás. No voy a detallar aquí, en el blog, cómo estoy exactamente cada día. Pero es verdad que este periodo de confinamiento está lleno de altibajos emocionales. Me doy con un canto en los dientes porque de días malos malos solo he tenido dos, que ni siquiera han sido días completos, sino parte de dos días. Con todos los días que llevamos, no me parece demasiado.

Esta pandemia es excelente para seguir estrechando lazos, para reforzar mi sentimiento de unión hacia los que quiero, y quiero en mi vida con todas mis fuerzas, cada día que pasa más, mucho más. Me parece que el cariño según con quién no tiene límite, es infinito. Esas palabras amigas, ese cariño apabullante, saber esperar, esfuerzo por entender, querer escuchar, animar, apoyar, perdonar...Y mil detalles que me reservo, porque no sé si la gente lo hace de manera intencionada o no, pero me siguen dando alas y me gustaría que siguieran teniéndolos. Y esas alas las necesito para volar, aunque sea con el corazón. Nuestro cuerpo está aquí, cada uno en su hogar o donde quiera que esté pasando el encierro, pero el corazón no, que salga a pasear, vuele, se renueve...Lo decía a algunas personas unos meses antes de empezar toda esta historia, estoy "en construcción." Es verdad que las "obras" se han paralizado, pero no hay nada, absolutamente nada, que no pueda retomarse tres meses después.

Me da mucho apuro etiquetar a todas las personas en las que pienso ahora. De hecho ya he estado tentada otras veces y no lo he hecho. Pero si pudieran leer estas líneas, me encantaría que se dieran cuenta que pienso en ellos al escribir aquí cada día (y en muchos otros momentos, 24 horas son muchas), hablemos a diario o no. 

No somos nadie si no fuera por los lazos humanos que tenemos, los que vienen dados desde que nacemos y además, los que hemos ido construyendo a lo largo de nuestra vida...y lo que nos quedan por seguir edificando o fortaleciendo. Y de eso trata la vida también ¿no? De lazos, de personas a las que, llueva o truene, queremos tenerlas (o sentirlas) cerca por encima de todo, y saber que forman parte de nuestro viaje, dure lo que dure.

Esta mañana ya supe qué iba a enviar el audio de esta noche. Como dije en él, no he variado ni una coma, está tal cual lo ha escrito Lola Ortiz, autora del blog "Un rincón maravilloso," sobre el que habéis podido leer aquí en anteriores ocasiones. Y dice así:

Esto tan solo es una lección de vida. Se ha puesto frente a nosotros para que nos paremos de una vez por todas, para que recapacitemos, para que nos demos cuenta de lo que realmente importa. 
Para que valoremos los detalles, los pequeños detalles, y sepamos cuáles son las prioridades. Para que recordemos que todo cambia en cuestión de segundos, que no podemos planificar el futuro, porque no sabemos si vamos a llegar. Y para que recordemos que el hoy es mucho más importante que mañana.
Esto es una lección, una manera de decirnos que seamos felices con lo que tenemos, y no busquemos más allá.
Para que aprendamos y cuando salgamos no seamos los mismos, pero sí mejores.

¿La música de fondo? Hoy sí, encajaba hasta el título, parte de la banda sonora de...¡La vida es bella! (Pese a todo, lo es) Y un regalazo de los muchos que nos ha dejado Luis Eduardo Aute...Prefiero amar.




viernes, 3 de abril de 2020

La vida sigue: CORONAVIRUS día 20

Otro día pasado casi sin pestañear. Y es que pese al confinamiento, todo sigue, a su ritmo pero continúa, los ríos han pueden variar su curso si encuentran algún obstáculo en el camino, pero siguen en movimiento, no se detienen, pues igual nosotros. Los árboles de la avenida dejan ver ya unos hermosos brotes, señal de que sí, la vida sigue. Las palomas campan a sus anchas por el barrio, extrañadas quizás por la paz que reina en él ante la pequeña cantidad de humanos circulando por las calles al día...Estar en casa no es sinónimo de estar parado o no hacer nada. Ahora nuestra vida está de paredes hacia adentro, y contemplamos vidas ajenas, palomas incluidas, desde el cristal.

Y así vamos soplando velas. ¡Muchas felicidades de nuevo, Javier! O para que él me entienda, JaviHer, no no es una falta de ortografía. Gran profesional, amigo y, lo mejor, excelente ser humano. De esas personas con las que es facilísimo conectar y a las que es muy sencillo querer. Y con las que tuve la suerte de cruzarme por los pasillos del Vía de la Plata. Como bien decías esta tarde, va a ser una celebración simplemente el poder reunirnos, el día que se pueda, del mes que sea. 

La vida sigue mientras pongo en orden papeles (y tiro otros tantos), libros, objetos de lo más variopintos...Además de teletrabajar, cocinar, hacer fotografías, leer, ver la tele, hablar (en persona, videollamada, por "guasap", manteniendo una distancia de seguridad...) Depende del día, voy pasándolo de una u otra forma, según cómo de arriba o no esté mi ánimo. El mío y el de los míos, en mi casa somos cuatro, como los mosqueteros je, je.

En medio de esas horas dedicadas a ordenar (si voy pasito a pasito, tengo para varias cuarentenas), doy con un molinillo rojo, lo junto al verde que ya usé hace unos días para grabar un vídeo muy breve para mi alumnado de Béjar. Y me pongo a soplar, como una niña pequeña. Ya de paso les hago una foto a los molinillos. 


Estoy dedicando mucho tiempo a poner e orden los muebles de mi habitación, porque es un continuo viaje entre mis recuerdos, y me gusta parar, contemplar y revivir. La verdad es que tengo tendencia a conservar, a guardar, pero cada vez tiro más cosas sin dolor. Lo de tirar es curioso, cuesta dar el primer paso, pero luego es un no parar.

También saco a propósito el libro "Soñador feliz", comprado en la Feria del libro de Madrid de hace dos años. Y para guinda del pastel, las marionetas, guardadas con mimo para el momento en el que pueda usarlas con los niños, sean alumnos o no. Os dejo una foto de dos de ellas, tampoco es cuestión de hacer un inventario de toda mi habitación.






Todos los cuentos no tienen final feliz, no sabemos cómo terminará esta historia (pesadilla) actual, pero espero que el final, o la continuación, los escribamos entre todos, con letra firme y clara, con ganas de que la vida siga, sin sobresaltos, y aprendamos a disfrutar más de ella. Por eso, La vida sale, de José Mercé.