lunes, 4 de diciembre de 2023

Diciembre, qué bueno que viniste

Estaba ya mosca, como en años anteriores, por la duración del mes de noviembre. Una cosa es lo que pone el calendario, 30 días tiene noviembre, y otra que nada tiene que ver, lo larguísimo que se me suele hacer. Pero ya estamos a 4 de diciembre, este mes sí sabe volar. Y una parte de mí lo agradece, al menos este año. Soy consciente que no todos los días de este mes van a pasarse así, pero me he propuesto pasarlos con los menores nudos en la garganta posibles. El comienzo del mes me pilló en la capital madrileña, en un concierto. La música es sanadora, y tiene el poder de consolar, animar, entristecer. calmar, alegrar, equilibrar. abrazar...Y hace que afloren nuestras emociones. No sé, a mí, muchas veces, me remueve por dentro. No es algo malo, me quita capas, y eso me gusta. La "terapia" musical fue con el cierre de gira de Vetusta Morla, en el Wizink. No es mi grupo favorito. Pero salí encantada del concierto. Me pareció un gran espectáculo, con algunos detalles muy cuidados. Y el carisma indudable del cantante, Pucho, que pot un lado sobresale y por el otro amalgama todo lo que había en el escenario. Y transmite una sensación de equipo que me encanta, sea cual sea su relación fuera de los escenarios.

Así que diciembre llegó con una dosis musical extra. Y con bastantes destellos navideños. Preciosos los belenes de El Corte Inglés en las proximidades de sus centros de Callao y Goya. Me gustaron mucho más que el del Ayuntamiento en la Plaza Mayor. Arbolitos de Navidad cada cuatro pasos, da igual de quién fueran. Qué bien desconectar un poco. Cambiar la rutina de otros fines de semana y hacer algo distinto. Lo de la cola de la lotería en "Doña Manolita" es para estudiar. Me niego a hacer cola para comprar lotería. Pensé, solo compro algún décimo si doy con una administración en la que no haya cola. Ni Manolita ni Manolito. Es la única lotería a la que siempre juego. Siempre me ha gustado. Igual que a mi padre. Yo disfruto hasta de ver cómo  meten las bolas de los premios y de los números en sus bombos respectivos. Cuando cae en sábado el día del sorteo, me levanto para ver esos primeros momentos, es mi comienzo oficial de vacaciones. Y aunque con la mano en el corazón mi mayor deseo es salud para los que quiero y para mí, me sigue haciendo ilusión llevar algún décimo de la lotería del 22 de diciembre. Pero lo primero y salud, lo básico, lo indispensable.

Las vacaciones navideñas son sinónimo de reencuentros. Y este año supongo que irán en una línea parecida. Pero no quiero llenar mi agenda de cenas y comidas, hay muchas maneras de ver a la gente. Y lo importante son las ganas. Reconozco que es una incógnita cómo va a reaccionar mi cabeza a estas primeras navidades sin papá. Pero me hago una idea, conociéndome, por esta porquería de "novedad" de 2023. Sería muy injusto decir que el 2023 ha tenido cosas malas únicamente. No es verdad. Pero el balance lo dejo ya para cuando tenga las 12 uvas en el frigo.

Ahora tenemos, los docentes, un precioso puente a la vista, y luego cuesta abajo y sin frenos, en mi caso elaboración de informes, corrección de exámenes y evaluaciones. Y con eso y un bizcocho, o tal vez algo de turrón, por las fechas, Felices Fiestas y hasta 2024. No sin antes despedirnos laboralmente del año en la comida de Navidad.

Y con todo lo que llevo puesto, reitero lo del título de esta entrada. Y he recibido diciembre con mayor tranquilidad, que no resignación. Pero con la conciencia tranquila y ganas de seguir luchando por tener mayor normalidad en mi día a día.

Este año, salvo que me dé la venada, no habrá OTN (Operación Tarjetas de Navidad). Me volcaré en terminar los arbolitos de la vida. Pero no voy a obligarme a hacer tarjetas. En nuestra casa habrá árbol, y por supuesto el belén. Y que salga el sol por donde quiera.

Gracias a los que respetan y no juzgan, a los que escuchan y arropan. A los que entienden los silencios y los cambios. Espero hacer mejor las cosas en los días que restan de 2023. Como nunca he estado el 31 de diciembre en la Puerta del Sol, ya pedí in situ mi deseo para el 2024. Las navidades suelen llevar aparejada una vista previa al centro de Madrid, aunque en esta ocasión fuera de día. 

Gracias a las canciones que son parte de la banda sonora de nuestra vida. A mí me queda mucho para considerar a Vetusta Morla parte de la banda sonora de la mía. Pero lo del viernes 1 en el Wizink fue una gratísima sorpresa. Por eso ellos están hoy aquí.


Redes sociales y adolescentes

Soy un poco extraterrestre en lo que respecta a redes sociales. Sí, tengo WhatsApp y lo uso a diario. También Facebook. Y llegué antes de ayer como quien dice a Instagram. De hecho caí en su mundo en tiempos de confinamiento. Con Facebook me hice de rogar, no me llamaba nada la atención, y como alguna vez he puesto aquí, fue un concurso educativo el que hizo que me decidiera, teniendo treinta y muy pocos años, a crearme una cuenta. pero estuve resistiéndome mucho tiempo. En estos años lo he abandonado varias veces, porque no me aportaba nada. Cada vez lo visito menos. Y me aparecen menos publicaciones de otras personas y muchas más "sugerencias". Últimamente es mi muro público, pero restringido, de fotografías de lugares que me encantaría conocer o sitios nuevos que visitar. Una especie de lista de deseos pero en imágenes. Reconozco que recientemente hice una "limpieza" considerable en Facebook, Instagram y mi lista de contactos del móvil. Y no me arrepiento ni un ápice. A veces la vida te da un buen tortazo y te ayuda a ver muchas cosas con una claridad antes impensable. Y es complicado de explicar y de entender. Tampoco me apetece hacer ni lo uno ni lo otro.

No tengo TikTok ni ganas de tenerlo. Me encantan las fotos, más hacerlas que salir en ellas. Pero soy poco amiga del postureo y nada de los selfies (creo que mis brazos son cortos para encuadrar decentemente). Y hacer vídeos hablando, cantando o bailando, nanai de la China.

Trabajo en un instituto.  Eso me ayuda a estar relativamente próxima a parte de la realidad de los adolescentes actuales. Y me aterroriza. Me da miedo ver lo mal que se relacionan, lo poco o nada que se respetan en algunas ocasiones, la pésima manera de reaccionar cuando las cosas no salen como esperaban (existe un porcentaje llamativo de intolerantes a la frustración), el no saber respetarse a ellos mismos, y el no distinguir entre lo público y aquello que debería seguir siendo parte de su intimidad. Algo estamos, padres y docentes, haciendo mal. Algo estoy haciendo mal, seguro. Porque he comprobado que los años pasan pero ciertos aspectos de los adolescentes cada vez resultan más preocupantes. A lo mejor ellos piensan que soy de otro planeta, o una antigua. o a saber. Creo que mi mentalidad es más abierta que la de muchos de ellos, pese a que "peino" canas. Hay días que hacen unos comentarios que destilan machismo. Y vienen tanto de ellos como de ellas, y luego se colocan la medallita de feministas. Ver para creer. Alucinante.

Pero aquí seguimos, en pleno siglo 21, ojo que ya estamos terminando, por fin, 2023. Y seguimos sin contar con una asignatura específica sobre educación afectivo-sexual, y otra sobre bienestar emocional y autocuidado (¡qué amplio es todo esto!). Hay que ponerse pesados, hay que insistir desde todos los frentes. Tal vez algún año consigamos que la realidad educativa se conozca bien antes de redactar una LOMPOE, POGSE, o LUCE. Tranquilos, las siglas son inventadas, era por no señalar a una ley concreta. Siento que se redactan en los despachos, pero con una venda en los ojos. 

Comparto unos vídeos para reflexionar...un poquito al menos.






Ojalá el mensaje calase. Me encantaría que les llegara a ellos, y a todos los que les rodeamos. Y que pensáramos sobre lo que les estamos transmitiendo a los jóvenes. No es tratarlos como a niños, porque ya no lo son. Tampoco adultos, aunque muchos crean que sí. 

Soy optimista, y me gusta pensar que algo podemos mejorar entre todos. No todo está perdido. Aunque no resulte fácil. ¿Lo intentamos?

La nota musical, de la mano de Andrés Suárez.

martes, 7 de noviembre de 2023

Dos días después

 Querido blog:

Antes de ayer cumpliste siete años. No fue un despiste. Me acordé de tu cumpleaños, pero soy de madurar las cosas antes de escribir una sola palabra. Tras ese tiempo de reflexión, he de decirte que estoy contenta de haber seguido escribiendo en ti. 

No obstante, tengo ganas de volver a plasmar en este espacio algunas de las actividades que hago con mi alumnado, aunque no pueda hacerlo con la frecuencia de "Pinceladas de emoción" o "Emociónate". En cuanto tenga la oportunidad, reflejaré aquí lo tratado en el aula por si, como en anteriores ocasiones, alguno de los que me leéis se anima a hacer algo parecido con su grupo. Además muchas actividades eran adaptables al contexto familiar.

El año pasado no escribí nada el 5 de noviembre ni los días posteriores sobre tu aniversario. Perdóname, es probable que en aquel momento no me apeteciera.

La verdad es que en tus siete añazos de vida has sido testigo de momentos muy importantes en mi vida, no todos ellos los he reflejado aquí. Porque como siempre apunto,  en el blog comparto una pequeña parte de mí, y elijo lo que quiero compartir y lo que prefiero guardarme.

Como sabes mi padre ya no puede leerte, siento curiosidad por saber cuál fue la última entrada que leyó. Él no solía leerlas de una en una, sino que se pegaba "atracones" de lectura bloguera de vez en cuando. Y a mí me encantaba. Solo con eso ya era feliz,  pensaba que tenía sentido haber creado el blog. Y ahora, aunque no me pueda decir qué es lo que piensa cuando ve lo que escribo, sigo creyendo que de alguna manera le llega, y se emocionará conmigo.

Te habrás dado cuenta que desde que murió ha sido mi principal tema de escritura. No me gusta decir mi fuente de inspiración porque, ¡maldita sea! ojalá no hubiera tenido razones para escribir entradas tan dolorosas. Lo único "bueno" es que pueden servirles a otros, porque el dolor por la pérdida de un ser amado lo vive todo el mundo en varios momentos de su vida. Pero la mayoría opta por guardárselo para él/ella, ocultarlo, no dejarlo salir. Y a mí a ratos no me apetece ni un pelo, pero otros tengo muchas ganas de dejar que salga al exterior. Me siento algo más liviana al hacerlo, sea en forma de entradas en el blog, palabras al aire, lágrimas o algún que otro grito de rabia, porque de todo ha habido. Ni soy de piedra, ni lo pretendo.

Hace dos años obsequié con una kalanchoe y unas palmeritas a las atrevidas que comentaron en el blog. La kalanchoe es una planta que lleva ya bastantes años presentes en mi vida. Será porque necesita poco cuidado. Y algo que me encanta, florece en cualquier época del año, es una todoterreno de interior, de las más agradecidas que he visto. Me regalaron dos bonsáis, primero uno, luego el otro. Y los dos se me murieron, y con ambos lloré, por la rabia que sentía. Era como estar fallando a quien me los regaló, y eso me ponía muy triste. Otra vez hice un marcapáginas. Otro año una tarjeta de Navidad hecha a mano, para escribir a quien cada uno quisiera. Y hace ya algunos, cosas que no terminé. Eso me dejó muy mal sabor de boca, y seguro que a los que comentaron y no recibieron nada, igual. De verdad que lo siento. Fueron una serie de circunstancias que se juntaron.

Esta vez me pongo un plazo, este mes. Todo noviembre. Y como 7 años cumples, pues el detalle será para las 7 primeras personas que comenten algo aquí. No puede ser anónimo, que cada cual escriba lo que le parezca. El detallito va a ser un dibujo de un árbol de la vida, con o sin nombres, según las preferencias de cada cual, en tamaño DIN A-4, en cartulina. Por supuesto,  con mucho color. Dibujado a mano claro, muy artesanal, muy yo. Por si las moscas, voy a hacerlos a medida que vaya habiendo comentarios. Ahí lo dejo. Las personas que se animen, ya saben.

Y poco más, querido. Estoy orgullosa de haberte creado. Y más todavía de haber conseguido llegar a este punto. No sé si te apetece, pero mi idea es que sigas cumpliendo más años. Eso sí, solo si son con salud. Si en algún momento siento que ya no vale la pena, no voy a mantenerte abierto porque sí.

Gracias por brindarme instantes de felicidad junto a personas a las que quiero una barbaridad. Gracias por permitirme ser el lienzo en el que pintar días grises y otros muchos plagados de color.

Y a los que me leéis, gracias por lo de siempre: vuestra paciencia infinita, el cariño, la curiosidad, el compartir vivencias, sentimientos, ideas...

Hasta muy pronto...

Raquel Plaza Juan



Imágenes propiedad de Raquel Plaza Juan

martes, 31 de octubre de 2023

...Y llega noviembre

Y con él se cumplirán tres tristísimos meses sin ti, papá. Tres meses de lágrimas incontables e inagotables, punzadas en el corazón, nudos en la garganta, dificultades para respirar, taquicardias, rabia, dolor, vacíos infinitos en cualquier lugar y en cualquier circunstancia. Seguimos como podemos, recibiendo pésames. Y sí, estoy convencida de los muchos que todavía nos quedan por recibir. Pero trato de darles la vuelta y verlo como algo "positivo", son personas que piensan en nosotros, se preocupan por nosotros; y, claro está, piensan en ti, te apreciaban por la razón que fuera. Contigo era mucho más sencillo llevarse bien que mal. Lo mismo que menciono lo de los pésames, muchas personas están pendientes de nosotros. Entiendo que cada uno hace lo que le nace, y no es fácil "acertar" en algo así, porque ni yo misma habría imaginado cómo iba a reaccionar hasta que pasó lo que pasó. Gracias de nuevo a todos, y en especial a los que más me "aguantan". Soy consciente que aunque lo mío sea más reciente, los que más tiempo me arropáis, tenéis también vuestras tristezas, y consolarme no es fácil cuando vosotros mismos sentís todavía un dolor semejante, aunque haya pasado más tiempo. De ahí que siga sintiéndome tan agradecida. 

No voy a hablar de otro dolor que no sea el mío, porque cada uno decide lo que muestra y dónde. O si opta por guardárselo para él/ella. Plasmarlo aquí, en el blog, como he dicho en anteriores ocasiones, me ayuda a mí, simplemente por el hecho de expresarlo por escrito. Y además, sigo pensando que puede ayudar, aunque sea mínimamente, a personas que estén atravesando por el duelo, da lo mismo el punto del camino en el que se encuentren. De lo mejor que me he encontrado en las redes en estos complicados (muy sutil soy) tres meses ha sido Miriam Tirado. No se dedica a un sola cosa, pero me quedo con su faceta de escritora. Entre otros libros, es la autora de "El hilo invisible", "La fuente escondida" o "Tengo un volcán." Tengo algunos de sus libros y también los he regalado varias veces. Me parece que tiene una sensibilidad especial y una manera de entender el mundo que puede ayudar a que otros tantos lo comprendamos mejor. La publicación es de Instagram. Da para mucho, me parece imposible leer algo así y quedarse como si nada. Prefiero que la leáis y opinéis.

No puedo estar más de acuerdo con ella. Qué dura es esa ausencia física del que ya no está. Y qué bonito poder encontrar su presencia en una plano distinto. En aquel que sin tocar ni ver, pero hay sensaciones, recuerdos, olores, amor...A veces siento que he alcanzado ese plano. Que empiezo, a paso de tortuga, a "ver" a mi padre, de otra manera, a sentirlo. E intento que todo eso que nos aportó sea impulso para seguir adelante. Y trato de no ahogarme en mi tristeza, sino aprender a lidiar con ella, a convivir con el dolor, a asumir que ese dolor, esa tristeza, me van a seguir acompañando, pero en menor intensidad. Y una persona que me quiere mucho me lo dice las veces que haga falta, "tranquila, es normal." No hay día que no piense en ti papá, pero aun con ese pensamiento, está la idea de la continuación de la vida. A ti se te paró todo ese asqueroso 1 de agosto, y yo entonces sentí que no podía estarme quieta, tenía que hacer lo que fuera para recuperarte, pese a que al instante vi que no, por mucho que me doliera, no era posible, no había nada que hacer. Sentí después que mi cuerpo se paralizaba también, como si me atravesara un rayo. Pero no, sigo respirando, latiendo, sintiendo. Y me gusta pensar, estoy segurísima, que nos mandas fuerza, desde donde estés, y te alegras si nos ves bien; igual que seguro que te pones triste si no nos ves bien. Es una batalla papá, intento que no me venza el dolor, que la pena no me atrape en su red. En muchos momentos siento que lo estoy logrando. Eso sí, despacito, para mí todo está muy reciente todavía. Hemos pasado de ver las flores que tú habías elegido para los Santos, a verme en una tienda eligiéndolas, como si nada. Hasta que aterricé en casa, miré las flores, y me derrumbé. ¿Cómo no hacerlo? De por sí a mí nunca me ha gustado esta tradición, de llevar flores y visitar las tumbas de los difuntos con motivo del 1 de noviembre. No necesito 1 de noviembre. No necesito nada para acordarme de los que físicamente ya no pueden acompañarnos. 

Siempre me ha gustado mirar más allá, no quedarme solo en las costumbres españolas. Por eso os dejo un artículo que recopila costumbres de 8 países en torno al 1 de noviembre. Me parece interesante.

A mí me apetece recordar momentos especiales con los que ya no están. Con mi padre hay una burrada de momentos felices. Y en eso voy a procurar centrarme, en su felicidad, en la felicidad con nosotros, en instantes que reía o sonreía. Y seguro que el 1 de noviembre de 2024 dolerá un poquito menos. Por eso voy a sonreír al recordarte. Me sobran los motivos: por las celebraciones de los cumpleaños de uno de los cuatro; las excursiones a Miranda Do Douro; dar la bienvenida al año nuevo con todo lo rojo que teníamos a mano; las visitas a la Monográfica en las Ferias; las procesiones de Semana Santa; la cabalgata de Reyes desde casa el 5 de enero de 2022; los viajes en el R21 blanco; veros juntos a mamá y a ti en el sofá; leer el periódico a la hora de desayunar; apuntar refranes en cuadernos; escucharte cantar; felicitar a algún familiar por su cumple; ir a la playa unos días; los viajes con el Club de los 60; disfrutar del verano en nuestra casa sin pasar calor; acompañarnos a Míguel y a mí a los Jardines de la Granja y bailar el orden del gordo de la lotería navideña que cogiste allí; disfrutar del musical "El Rey León"; darnos las buenas noches; las tres visitas al salón del Ayuntamiento por los premios del blog; tu cara al empezar a reír y llorar porque había sacado las oposiciones; escucharte las mismas anécdotas al pasar por determinados sitios; las Ferias de Peñaranda; comer los frutos del huerto que pone y cuida mi hermano...Palabras me faltan cuando la emoción me sobra, como afirmó hace más de quince años Fernando Savater. Por eso, rememoremos momentos felices con los que ya no están. Volvamos a pasar por el corazón instantes de felicidad. Démosles espacio a todo ello, pero reservando sitio para todo lo bueno que seguimos viviendo. Y disfrutemos de la suerte de seguir respirando, latiendo...sintiendo. Y tranquilos, el 1 de noviembre también pasará. En nuestras manos está cómo lo afrontamos.

Y los vídeos de cierre van de flamenco. Sara Baras forma parte de uno de los recuerdos felices de mi padre.

domingo, 22 de octubre de 2023

EMOLECTURAS 16: EL MAR LO VIO

El 26 de septiembre de 2021 inauguraba la sección "Emolecturas" en el blog. El 11 de junio de 2022 escribí la número 15 y, por lo que sea, no he vuelto a retomarla.

Empecé con "Los invisibles" de Tom Percival y vuelvo a la sección con "El mar lo vio", del mismo autor.

Este segundo libro de Percival, narra la historia de una niña llamada Sofía. Ella tiene un osito de peluche al considera más un amigo que un juguete. El osito perteneció a su abuelo. Un día, tras un largo viaje de la niña con su padre en varios medios de transporte, llegan a la playa. Allí Sofía se divierte con su osito y su papá. Repentinamente empieza una tormenta y el osito queda olvidado en la playa. A partir de ahí lla historia nos va contando el camino del osito por una parte. Y por otra, cómo se siente Sofía con su ausencia. No desvelo al final.

Esta historia explica que nada se pierde del todo si se guarda en el corazón. 

Me parece apropiada para hablar del duelo, de las ausencias en general, de los cambios drásticos en la vida que logran mover nuestros cimientos. Y de qué manera podemos gestionar esas ausencias para continuar viviendo, pero sin que duela tanto. La tormenta, inesperada, cuando Sofía está tan feliz en la playa con el osito y su padre, me parece una metáfora potentísima. Y cómo, sin comerlo ni beberlo, esa tormenta la arrebata algo de lo que más quería. Y así es la vida a veces, con tormentas fortísimas de consecuencias impresvisibles que nos descolocan por completo.

Una vez más, gracias a Tom Percival, por crear historias tan apartemente sencillas, pero con un gran mensaje. Y por hacerlo de una manera tan bella, las ilustraciones son fabulosas.



martes, 3 de octubre de 2023

A mi alumnado de español

Queridos todos, chicos y chicas:

Como sabéis, me llamo Raquel, tengo 41 años (cumplidos a finales de agosto), y soy maestra. 

Este año el destino ha querido que coincidáis estudiantes de cinco países distintos para aprender español, conmigo, en el "Salinas". Sería más apropiado decir para mejorar vuestros conocimientos de español, ya que no sois muchos, pero hay muchos niveles distintos en clase.

Así que en clase van a estar representados Brasil, Paquistán, Rusia, Senegal y Ucrania...¡Y España, claro!

Quiero pensar que además de mejorar vuestros conocimientos del idioma, vais a enriqueceros de conocer a personas de otros países, algunos con culturas muy distintas a la vuestra. Como maestra, estoy segura que va a ser muy positivo para mí también. Quiero que sepáis cada vez más español, y os animéis a hablarlo. Aunque lo más importante es que seáis todo lo felices que podáis, con las circunstancias personales de cada uno.

Escuchad a los demás y a mí. Tened paciencia, en esta vida hay que saber esperar, y en las clases igual. Intentad comunicaros con las palabras que sí sabéis. Si os hace falta ayudaros de algún gesto, dibujo...¡Fenomenal! Eso es lo más importante, que logremos comunicarnos. Eso sí, ya sabéis que no está permitido hablar en Inglés en clase, luego pasa lo que pasa. Si tenéis alguna duda, no dudéis en preguntadme. Si queréis saber más de algún tema, decídmelo, y buscaré la manera de tratarlo en nuestras clases.

Sonréid mucho, estudiad lo que vamos viendo en casa cada día. Y, algo muy pero que muy importante, usad las palabras, expresiones...que aprendemos en mis clases fuera de ellas. Hay que practicar. Y no pasa nada si os confundís, es necesario equivocarse.

Siento que va a ser un curso especial, y cuento con vosotros para hacer de este 2023-.2024 un curso inolvidable, pero de cosas positivas (la vida ya nos trae las malas sin pedirlas).

Para acabar, os lanzo una pregunta:

¿QUÉ ESPERÁIS DE LAS CLASES DE ESPAÑOL DE ESTE AÑO?

Espero vuestras respuestas en "·comentarios".

Y si os pasa algo, sea lo que sea, contad conmigo. Las puertas del Departamento de Orientación, del que tengo suerte de formar parte, van a estar siempre abiertas para el alumnado. 

Ojalá tengamos muchos buenos recuerdos de las clases de español a final de curso. Gracias por adelantado.

Y la canción que comparto habla de amor. Sí, soy una romántica.

domingo, 1 de octubre de 2023

Dos meses de VACÍO

Aquí estoy, inaugurando las entradas de septiembre con otra dedicada a mi padre. Tengo muchas ideas para escribir en la cabeza, pero mi corazón manda, y más hoy, que se cumplen dos tristísimos meses desde que te perdimos. Y sigue doliendo...¡Vaya que sí! Y de vez en cuando reaparece esa punzada en el corazón, esa sensación de estar subiendo una cuesta empinadísima y no contar con el aire suficiente. Como si me faltará el aire. Una especie de nudo en la garganta que dificulta hasta tragar saliva.  

Hay días en los que sigo estando completamente desganada, y me limito a cumplir con mis obligaciones, sin más. Luego me da rabia, porque sé que no hay vuelta atrás. Sé que no estás, por mucho que apriete los ojos deseando que esta mierda de realidad fuera una pesadilla más larga de la cuenta. Pero no, estaba allí y vi que ya solo quedaba tu cuerpo, pero lo demás se había ido. 

Me estoy haciendo el firme propósito de intentar disfrutar más cada día. Por lo mismo que duele, lo mismo que me hace llorar como una magdalena, ha de darme el combustible para seguir moviéndome. Por eso lo repito: en esta vida, no hay vuelta atrás. Esta tarde he montado en tu coche, en nuestro (de la familia, de los cuatro) coche. He intentado recordar la vez anterior sentada en él. Quizás fuera cerca de navidades, para traer alguna de las tablas para montar el belén, porque solo cabían en tu coche. ¡Cuántos recuerdos en ese coche rojo! Me ha costado estar en él sabiendo que nunca volverás a estar al volante. Necesito más tiempo, para eso que es una "chorrada", y para todo lo que está relacionado con tu pérdida. No tengo ni la más remota idea de cuánto. Pero me hace falta más para que todo se vaya recolocando por dentro. A los que me queréis, os ruego paciencia. Esta tarde me di cuenta que sigo teniendo algún mensaje de condolencias sin responder. No daba crédito. Espero no tener ya ninguno pendiente esta semana. La cuestión es que dosifiqué las respuestas porque cada una era revivir el dolor, y necesitaba frenar eso. Dos meses después, siguen llegando pésames. Hablabas con todo el mundo y eso se nota, para bien.

Pese al vacío, la vida sigue. Sé que me da muchas razones para sonreír y volver a "nadar". De momento estoy con el flotador de emergencia y empezando a mover los pies y los brazos, con cierta torpeza todavía. Pero tranquilo papá, que estamos en ello. Intento mitigar esta tristeza tan profunda como puedo. Afortunadamente no había vivido antes un dolor semejante. Por fortuna también tuve la suerte de ser tu hija, y de que tú seas mi padre, y eso está ahí. Y lo mismo con mamá y con Míguel. Soy una suertuda por ser su hija y su hermana, respectivamente. Aunque a veces pensemos distinto y/o choquemos, soy muy afortunada. 

Tengo ganas de viajar, muchas, de volverme a escapar, pero un poco más lejos. Y ojalá poder volar antes de cambiar de años. Soñar es gratis. Estas cosas son posibles, otras no, por eso prefiero no malgastar energía en imposibles. Tengo ganas de mar, los cuatro días de julio me supieron a poco. Los dos de agosto para otra ocasión, no estaba mi ánimo para ellos. Y dije que no pensando en quienes me iban a acompañar, y en mí misma. Lo entienderon. Habrá otras oportunidades, otras fechas.

A ver si voy a la óptica y me pongo las gafas ya, las necesito para leer. Lo echo mucho de menos. Y sin ellas no es fácil ya, mucho menos por la noche. A ti te dijeron que no te hacían falta unas nuevas, porque había variado poco. A mí a ver que me dicen de estas primeras gafas.

El otro día, mientras veía Masterchef, me emocioné con las palabras de Palito Dominguín, recordando a su abuela y a su hermana Bimba, ambas fallecidas. Hablaba de la suerte de haber coincidido con ellas en espacio y tiempo. Pues eso. ¡Cómo la entiendo! 

Y suerte la que me sigue acompañando ahora, con nombres y apellidos concretos. El universo ha sido generoso conmigo. 

Sé que no soy la misma desde ese 1 de agosto. Sigo siendo yo, pero una versión distinta. Quiero creer que mejorada. Me gustaría pensar que cuando todo se asiente la Raquel que va a florecer es mejor que la anterior, o tanto sufrimiento no tendría sentido. De momento siento estar algo mustia todavía, intento animarme y tirar de mí, aunque no siempre soy capaz.

Vamos a confiar en octubre. Fijo que trae alegrías. A mí en cuanto veo que el suelo está plagado de hojas y los bosques se tiñen de rojos, naranjas, amarillos y marrones, me cambia el ánimo, me encanta el otoño. 

Abrazad mucho, Besad mucho. Pedid ayuda cuando no os sintäis bien. Soñad mucho (despiertos y dormidos). Ayudad. Prestad atención a los detalles (y disfrutadlos). Sonreid todo lo que podáis. Elegid bien con quién pasáis vuestro tiempo, hasta un simple café es importante. Esforzaos por estar bien, por sentiros bien (por dentro y por fuera). Amad mucho...Y ya está, la vida.

La música os resultará familiar. Conchita por partida doble.

jueves, 21 de septiembre de 2023

21 de septiembre. Y ya

Puede sonar a chunga lo que pongo a continuación, pero ni mucho menos. No recuerdo los años que llevo escribiendo en el blog con motivo del Día mundial del alzheimer. Podría tirar de hemeroteca, pero no tengo ganas. Pese a esta desgana sí quería seguir acordándome tanto de los enfermos de alzheimer como de sus familias y otros seres queridos. Siempre me ha parecido una enfermedad durísima, y lo que han contado o me cuentan de ella gente que la "padece" o "ha padecido" a través de algún ser querido, han ayudado a que vuelva a sentarme a escribir sobre ella.

Siempre me gusta compartir algo, sea un anuncio, un artículo, una canción, un "algo" que pueda resultar interesante. Y he encontrado en Youtube un programa maravilloso. Es de hace cuatro años, pero eso no le resta valor. Es duro, es capaz de arañar el corazón. Si pese a estas advertencias os animáis a verlo, espero que saquéis algo positivo de su visionado.Se trata del programa de Telemadrid "Eso no se pregunta", y es el que trata sobre el alzheimer. Dura 40 minutos. Me ha parecido interesantísimo, y ayuda a empatizar, tanto con los enfermos como con sus cuidadores, sean familiares u otras personas. Para mí es una gran desconocida, lo que pasa que nadie está libre de sufrirla y siempre he pensado que es una enfermedad durísima y muy dolorosa para todas las partes implicadas. Y sigo creyéndolo.

Ojalá se invierta más en investigar enfermedades como el alzheimer. Ojalá existieran más servicios públicos para familias y cuidadores. Hay muchas cuestiones olvidadas en la sociedad, y desgraciadamente el alzheimer es para mí una de ellas.

Una de las preguntas que aparece en el programa de "Eso no se pregunta" es esta: ¿Qué es lo último que olvidan los enfermos de alzheimer? Me quedo con la respuesta de un familiar: Lo último que olvidan, es el amor...Y aún así no lo olvidan.

Al final, el amor me parece la respuesta para todo. La herramienta para cualquier cosa. El instrumento para poder batallar con cualquier adversidad que la vida nos depara, especialmente con las inesperadas. Y sí, me refiero a la muerte repentina de mi padre, el pasado 1 de agosto. No me canso de repetirlo, porque me siguen preguntando: No, no estaba enfermo. Sí, muy joven, solo 75 años, a punto de soplar las velas del 76 (Tranquilo papá, no se quedaron sin soplar).  Hasta en el momento más fastidiado, con amor, todo se puede afrontar, aunque no podamos cambiar la realidad, por abrumadoramente triste que nos resulte, y de eso sí sé, me está tocando hacer un máster al que no me he apuntado. Y mi flotador está siendo el amor que tengo, el que doy y me queda por dar, y todo el recibido. Curiosamente el amor de mi padre, que es la ausencia que más me pesa y duele, me ayuda a salir a flote, aunque siga doliendo, aunque cueste seguir nadando. Y el de los que están aquí, conmigo, escuchando mis lágrimas, mis preguntas sin responder y mil cuestiones que no se te pasan por la cabeza hasta que te pasa algo así. Un tortazo del "destino" con la mano abierta de par en par. Y a veces no hay palabras, el silencio es la mejor respuesta. Pero cada persona es un mundo. Y comprendo que mi manera de sentir y de vivir este duelo, quizá resulte difícil de entender para muchos, pero no me quita el sueño, eso no, eso nunca.

Vuelvo al alzheimer, que me he desviado. Quiero aprovechar esta entrada para mandar un abrazo repleto de cariño, ánimo y esperanza, a todos aquellos familiares de personas dependientes, da igual la razón (alzheimer, párkinson, otra enfermedad o las circunstancias que sean que convierten en dependiente a alguien, de manera puntual o permanente). Y también a los que son dependientes, el motivo es secundario. Nadie está libre de serlo algún día. Ninguno lo estamos.

Mucha fuerza y extraer de la realidad que os haya tocado vivir lo bueno, porque siempre, repito, siempre, hay algo.

Y no quiero despedir esta entrada sin dar, otra vez, las gracias, por todo ese amor que he mencionado hace algunos párrafos. Especialmente a ese pequeño grupito de personas con los que me desnudo por dentro. 

domingo, 17 de septiembre de 2023

Las patas del saltamontes

17 de septiembre, cumpleaños de Miguel Ángel,  mi hermano. Cuarta fecha especial sin ti, papá. Cuarta "puñalada" después de tu fallecimiento...Y sabemos que nos quedan todavía primeras veces por superar. Pasó el 15, tu cumple; el 21, el mío; el 11 de septiembre, cumple de mi prima Ana, fue pasarle mi móvil a mamá para que la felicitara y estallar mi llanto, eras tú el que empezaba esa cadena de felicitaciones y nos pasaba el móvil; y hoy, el de tu hijo, es decir, mi hermano. Debe ser así. Eso dicen, que es así. No me consuela un ápice, pero entiendo que los que han pasado por un dolor semejante, saben de lo que hablan. Y hay que respirar y seguir. Lo reconozco, miento a veces. Estoy mintiendo cuando digo que estoy mejor. Miento porque así la gente se queda más tranquila, y pregunta menos. Hay días que sí, que de verdad me encuentro mucho mejor, o gran parte del día, no nos vamos a engañar, pero estos últimos han sido bastante jodidos. Sí, siento decir que jodidos, pero es lo más aproximado, fastidiados sería edulcorar la realidad de mala manera. Y sigo acordándome de ti en cada milímetro de este mundo, incluso en lugares que no llegaste a conocer, qué curioso. Veo en el corcho de Míguel los calendarios de los cuatro de cada año, los de tamaño bolsillo. Y me parece mentira que ya no vaya a haber más veces de los cuatro. Pero por lo que sea, el destino, los astros, dios si es que existe, o lo que sea, decidieron que te fueras esa noche insoportable del 1 de agosto.

Repito, sé lo afortunada que soy, pese a que nos faltes tú. Recibo amor a manos llenas. Me siento amada, querida y valorada. Y no faltan personas a las que recurrir cuando me falta el aire.

Estoy empezando a huir de las redes sociales. O mejor dicho, no huyo, hago una limpieza profunda de ellas. En Instagram he quitado de un plumazo a la tira de personas, no descarto quitar más. Allá cada cual con su conciencia y sus circunstancias. 

Esta mañana fuimos Míguel Ángel y yo a una zona cercana al río que hacía mucho que no frecuentábamos. No llovía en ese momento y había que aprovechar. Vimos varios saltamontes, luego vuelvo sobre ellos. Estuve cogiendo moras. Mi hermano me advirtió que dejara de hacerlo, porque le parecía peligroso el sitio,  bajo unos olmos, por si pasaba algo. No cogí muchas y me fui a otro lado. Unos minutos después, uno de los olmos se tronchó. No una rama, el tronco. Había mucho viento. Escuchamos un ruido muy fuerte y se partió. Afortunadamente no había nadie debajo. Justo se iba a acercar a la zona de los olmos una familia con una niña pequeña y dos adolescentes. Dieron media vuelta. Y nosotros nos fuimos al coche, no era día para pasear por allí. Menos mal que no pasó nada. Razón tenía mi hermano, me quedé helada. 

Regreso a los saltamontes. Había uno de un tono poco habitual, un tipo de marrón que no es el que solemos ver normalmente. Con la cámara advertí que al saltamontes le faltaba una de sus patas traseras.. Dice internet que las dos patas traseras son largas y fuertes, y les permiten saltar o catapultarse 20 veces la longitud de su propio cuerpo. ¡Qué pasada!

El saltamontes carecía de pata trasera derecha, pero a pesar de eso seguía saltando, como podía, no se detenía, y seguro que notaba la ausencia de esa pata. Y se daba cuenta que desde su pérdida era más difícil moverse, pero fijo que era consciente de la importancia de seguir saltando para continuar con vida. Me sentí un poco (o un mucho) saltamontes, se me ha ido una de mis "patas", de las más importantes, las traseras. Y estoy aprendiendo, sin que nadie me enseñe. Aunque algunos que antes que yo han perdido alguna "pata" me arropen e intenten transmitirme calma. Pero sigo caminando, cuesta acostumbrarse, pero estoy viva, y tengo que aprovechar y disfutarlo. Y si hay que llorar pues se llora, se llora y se sigue. Y se sigue como se puede. Y ya. 

Que probablemente a mi hermano le pasa como a mí en este último cumple, este sea su cumpleaños más triste hasta el momento. Pero creo que él sabe que es una de mis "patas", y siempre le desearé lo mejor, se merece ser feliz. Ojalá mis deseos hacia él se cumplieran. Hoy no me sale decirle "Feliz cumpleaños", me hago una idea de lo que puede estar sintiendo. Pero sí un "Te quiero", aunque me da que no va a leer esta entrada, pero lo sabe. Es el mejor "regalo" que mis padres me han hecho. 

Seguiré saltando, como el saltamontes de esta mañana. GRACIAS.

jueves, 7 de septiembre de 2023

Caminando septiembre...

Este curso tripito destino, no sé si ya lo había dejado caer en el blog, seguramente sí. Me hace mucha ilusión poder estar en el "Salinas" un tercer curso. Me siento rara por llevar dos cursos seguidos sin tener que irme presentando a todo el claustro. Pero qué queréis que os diga, lo agradezco. Y este año, cuyo agosto empezó de la peor manera posible, con la muerte repentina de mi padre, agradezco todavía más ahorrarme eso de tener que romper el hielo con todo el mundo. Sobre todo porque todavía tengo todo muy tierno,  lo siento demasiado reciente, y podrían conocer una versión mía bastante mustia, pero es lo que hay. Ni me paso todo el día llorando como una plañidera, ni con una sonrisa de oreja a oreja, para qué mentir. Voy al ritmo que puedo, al que me permite ir asimilando lo que ha pasado y la vida desde esa noche de mierda (fui muy sutil), con perdón, del 1 de agosto. Y me sigue importando un bledo si a ojos de los demás eso es lento o rápido, porque no están en mis zapatos. No he calculado porcentajes de los suspensos en empatía. Aunque por otra parte, debería calcular también los que me han sorprendido, para bien.

El domingo por la tarde una señora que no tenía el gusto de conocer, pero que sí debe conocer a mis padres, me dio el pésame. Me preguntó si estaba mi madre bien. Salté como un resorte, creo que se me subieron las dos cejas, lo siento, no lo pude evitar. De verdad que una pregunta tan simple me resulta ahora muy inoportuna, fuera de sitio, molesta, inconsciente, y algo a lo que no me apetece un pelo responder. Ni si preguntan por mi madre, por mi hermano o por mí. Vamos tirando, y punto. Mi hartazgo por dar explicaciones es ya considerable. Lo siento, pero esa pregunta y pésames, que obviamente siguen llegando, lo único que hacen es más daño a una herida monumental, todavía muy abierta. Ya, la gente no la hace queriendo, pero es un chorreo diario de la misma pregunta una vez tras otra y los pésames, que me quitan las ganas de salir a la calle. De hecho a gente que no me importa un rábano, me han preguntado qué tal, y les he dicho que bien, sepan o no lo de la muerte de mi padre, no me apetece dar explicaciones. No tengo que ·"desnudarme" sentimentalmente con todo el mundo, ni de lejos.

Y pese a las adversidades la vida sigue, y qué bien. Aunque en momentos puntuales siga sintiendo esa especie de pellizco en el corazón, un dolor tremendo, tengo muchos motivos para ser feliz. Muchas razones para sentirme una persona muy afortunada. Y hoy porque es 7 de septiembre, y mañana porque es 8, y pasado será 9. Pero hoy quiero celebrar la vida y el amor. Porque no somos los que somos sin aquellos que nos aman. Sin los que nos sostienen en los momentos en los que nos sentimos más frágiles. En los que no tenemos ganas de nada y parece que nos cuesta incluso respirar. En los días negros con los ojos hinchados de llorar y llorar. En los ratos que nos sentimos pequeñitos. En los momentos en los que la tristeza se intenta apoderar de nosotros. Eso es lo difícil, amar cuando estamos hechos una mierda, cuando nos sentimos una mierda por dentro y/o por fuera. Cuando parece que no somos capaces de soportarnos a nosotros mismos. Porque a mí quererme en mis días alegres es mucho más fácil, dónde va a parar. Ahora ya, hacerlo en mis momentos bajos, es una tarea complicada.

Por eso hoy me apetece celebrar el amor y la vida. Porque lo importante no puede dejarse para otro día. Porque al final lo vamos dejando y ese día no llega, y tal vez cuando queremos que llegue ya es demasiado tarde. Por eso celebro lo afortunada que soy, y lo amada que me he sentido y me siento. Y soy de las que expreso lo que siento porque me nace, y porque me parece que la persona que nos arropa, sonríe en silencio mientras nos mira a los ojos, se merece oír a viva voz un "Te quiero", "Te amo".  U otras cosas que con otras palabras expresan lo mismo. Y por supuesto una frase muy usada, pero que siento de corazón: Gracias por estar en mi vida, y por quedarte.  Y sigue quedándote a mi lado. Gracias por todo lo que me aportas y lo bien que me siento a tu lado.



Si tenéis ganas de un viaje especial, no esperéis al momento perfecto, puede ser que no llegue nunca. Hacedlo en cuanto las circunstancias os lo permitan. A lo mejor sois vosotros los que debéis crear esas circunstancias. Si tenéis algún proyecto personal, del tipo que sea, esperando, igual os digo, no renunciéis a él, lanzaos e intentadlo. Si nunca lo intentáis no sabéis si lo habríais logrado, por difícil que parezca.  No hagáis partícipes de vuestro sueños e ilusiones a mucha gente. A veces es preferible que los conozcan cuando sean una realidad. Que os apetece escribir un libro, pues una vez que lo tengáis en vuestras manos, lo compartís con los demás. Y si os quieren se van a alegrar.

Para todos, la nota mental que os mando está clara: La vida es una, aprovechadla.