domingo, 18 de abril de 2021

TRECE

El año pasado mi aniversario como docente "oficial" (no cuento mi etapa de profe de particulares de Inglés) pasó de largo. Se me olvidó por completo al estar confinados en casa. Inmersos en una pesadilla que va clareando pero sigue estando aquí. Esta vez no iba a permitir que el 18 de abril fuera una fecha más. Cumplo 13 añazos trabajando como maestra. Y en este tiempo he estado en 11 centros distintos, solo he "repetido" en cuatro ocasiones. Pero...¡Vaya cuarteto! CEIP Miróbriga de Ciudad Rodrigo, mis dos primeros cursos después de haber aprobado las oposiciones. Muy especiales. Quizás el grupo más unido con el que he dado. Aunque unos tenían más afinidad con otros, como es natural, percibía un sentimiento de grupo precioso, y visto en la distancia veo la enorme suerte de dar con ellos. Me tocó "pelear" para seguir siendo su tutora, pero valió la pena alzar la voz. En segundo lugar, el IES Vía de la Plata, fue un paso más allá. Nunca me había planteado trabajar en un instituto...Una experiencia muy gratificante. Continúo pensando en ellos, los adolescentes son los grandes olvidados del sistema educativo. Y concreto más, aquellos adolescentes (o preadolescentes) a los que nos les va bien en los estudios, porque precisamente son ellos lo que más atención necesitan. El tercer centro en el que he estado dos cursos es el Beatriz Galindo de Salamanca, inolvidable por muchas razones. Fue muy especial por el alumnado que tuve y por tres compañeras de cine: Charo, Feli y Lourdes (gracias infinitas a las tres). El cuarto sitio en el que también he estado dos cursos, aunque no fueran consecutivos, es el CEIP Filiberto Villalobos de Guijuelo. ¿Cómo resumirlo? Para mí ese fue el curso de la ilusión. Ya he dicho alguna otra vez que ese año trabajé incluso con más ilusión que cuando acababa de aprobar las oposiciones. Sentía una alegría indescriptible por regresar allí (y por otras razones de peso). Y era como volver a casa, a mi hogar, después de haber pasado un curso anterior durísimo. Solo con saber que Quinti era la directora fui más contenta que unas castañuelas. Y ser tutora de un 5º de Primaria y dar Inglés a 5º...Sin palabras. Mi tutoría no fue una perita en dulce precisamente. Los primeros meses fueron muy complicados, pero como se respiraba un cariño tan grande en el ambiente, todo parecía posible. Sentía que podía con todo lo que me echaran. No es cuestión de soberbia, sino de haber "sobrevivido" el año anterior y sentirme muy afortunada. Me sentí queridísima por esos niños y niñas, además de por muchas familias. Y ya sabéis, eso, no caduca, pasen dos, cinco o diez años. Para mí desde luego que no. Es querer y que te quieran. 

En el título de la universidad creo que pone "Maestra", pero eso incluye muchos otros roles. Por ejemplo el de comunicadora, psicóloga, madre, mediadora, trabajadora social, enfermera...¡Qué suerte! Esta profesión es como una caja de bombones,  la comparación que hacía Forrest Gump con la vida en la película. Nunca sabes qué te va a tocar, de alumnos, compañeros, familias...Hay años más agradecidos y otros más frustrantes, pero en cada curso hay algo bueno, y a eso me aferro. Sigo pensando que no hay profesión más bonita que la mía. Habitualmente no la concibo como trabajo, es algo más. Aunque también es sano poner límites, para que el grado de implicación no sea excesivo y no pase factura. A mí me cuesta establecer el "hasta aquí", pero voy aprendiendo a base de tropezones. Y va a ser verdad lo de "la experiencia es un grado", porque a menudo siento que la persona que soy actualmente reacciona de una manera menos explosiva, mucho más reflexiva y con bastante más paciencia de la que tenía hace algunos años. Me gustaría ser capaz de "contestar" (educadamente) ante injusticias, pero tiempo el tiempo, todo llega.

Y si celebro estos 13 es por la suerte. Es una fortuna gigante dedicarme a lo que me apasiona. Sé que muchas personas trabajan de lo que pueden, no de lo que les gustaría (si hubieran podido elegir). Trabajar no es un capricho, sino una necesidad excepto si eres "asquerosamente" rico. Y no es mi caso, ni con el "rico" a secas.

Por eso pienso disfrutar al máximo de este 18 de abril de 2021 sin estar confinados (como el año pasado). Y recuerdo bastante bien ese 18 de abril de hace 13 años, en el que un amigo (familia más bien), David, me llevó a Leganés y luego a Parque Coimbra (Móstoles). Recuerdo llevar puesto un jersey negro de media manga, pero con cuello alto (sin apretar, porque me agobian), con algo de brillo y un niqui de manga larga debajo. Además un colgante plateado de una muñeca, con alas, parecía un hada. Y ese colegio, el "Leonardo Da Vinci" ,que parecía recién estrenado y me recibía con un árbol como de cuento de hadas, colocado estratégicamente para camuflar una columna inoportuna.

No sé qué pasará el próximo curso. Ni siquiera sé cómo terminará este. Pero soy una maestra con suerte, y es bueno recordarlo de vez en cuando.

Muchas gracias a todas las personas maravillosas que me he ido encontrando en algún destino de estos 13 años y, por un motivo u otro, seguís siendo parte de mi vida. Gracias.


Las canciones que podéis ver y escuchar a continuación, son parte de la banda sonora de estos 13 años como docente.












martes, 13 de abril de 2021

David, Mayte, Lucía. Abrazos. Besos.

No me siento a escribir aquí hasta que no se dan determinadas circunstancias. Principalmente dos, sentir que hay algo que quiero contar/compartir/lanzar al mar y, la segunda, tener tiempo para hacerlo. Aprovecho hoy, no siendo que la semana se tuerza.

El sábado me dieron una sorpresa enorme. No soy excesivamente amiga de las sorpresas ni de improvisaciones. Pero hay excepciones. Las sorpresas agradables son bienvenidas, aunque lo habitual es que me descoloquen un poco (o "un mucho").  Fue una visita fugaz, pero muy esperada. Mayte y David, gracias gigantescas (¡y qué alegría ver a Lucía!). Sois lo mejor de mi etapa madrileña y creo que una cosa es ser amigos y otra muy diferente convivir con ellos. Es un paso más allá, puede unir más o salir el tiro por la culata. Os considero familia y, pese al paso de los años y los kilómetros que nos separan, siempre os tengo presentes. Necesitaba esos abrazos, los vuestros. Sigo teniendo abrazos pendientes a más personas también muy importantes para mí, pero confío en una mejoría de las circunstancias actuales y, poco a poco, ir dando y recibiendo esos abrazos guardados.

Soy incapaz de imaginarme un mundo sin abrazos, no entra en mi cabeza. De lo que la pandemia nos arrebata, para mí hay dos cuestiones muy dolorosas: guardar las distancias (por todo lo que implica) y la existencia de límites a nuestra movilidad geográfica (llevo esto mucho peor que el toque de queda).

Abrazar es salud, acariciar es salud, besar también es salud...Y en los puntos suspensivos podéis incluir lo que os apetezca y penséis que es bueno para vosotros.

Enlazo esos abrazos del sábado y todos los demás que recibo/doy, con el "Día Internacional del Beso." Hace tiempo leí una "frasecita" relacionada con los besos. Dice así: "No dejes para mañana los besos que puedas dar hoy." Añadiría un "Guarda para cuando puedas aquellos besos que no puedas dar hoy". Y además, ¿por qué no? con "intereses", sumando más besos por cada día que pasa sin poderlos dar.

  Fuente: www.aromasdeandalucia.com

Sé que hoy no va a ser un día de muchos besos, aunque algunos caerán fijo. No concibo la vida sin cariño. Acostumbro a poner en el blog la palabra "gracias" en casi todas las entradas. Quiero mantener las buenas costumbres. Gracias...¡Por quererme! Sé que tengo mis fallos, y meto la pata de vez en cuando, por eso valoro mucho a los que me quieren, tal vez no siempre lo exprese como debería. 

Y ya. Ojalá a los que leéis esta entrada no os falte el cariño, da igual de cuántas personas, con una que os quiera como os merecéis, no necesitáis más. Benditos besos. Benditos abrazos. Bendita piel.

Para acompañar todas esas muestras de cariño, la voz de Amaia Romero.

viernes, 2 de abril de 2021

La emoción de recordar. Hace dos años...

 ...me encontraba en tierras sorianas. Fue la mayor aventura (locura tal vez) que he afrontado como docente. Marcharme cinco días (cuatro noches) con 13 de los alumnos de los que entonces era mi tutoría, el 5ºC del "Fili" de Guijuelo al CRIE de Berlanga de Duero (Soria). Fueron unos días intensísimos. Un no parar de actividades, muy bien organizadas por cierto. Un aluvión de emociones. Muchas risas, algunas lágrimas (principalmente de mis peques, porque añoraban a su mamá, papá, hermano, hermana...Su hogar). Y, por encima de todo, cariño en cantidades brutales. Hasta ese momento, nunca me había sentido tan querida (excepto por mi familia y mis amigos). Pero tanto cariño, tan concentrado y de tantas personitas distintas, jamás. Y por eso dos años después lo sigo recordando. Por muchas veces que os dé las gracias, nunca me parecerán suficientes. Os quiero (a toda la clase), sin más, no hay vuelta de hoja.

Monté en el autobús de ida al CRIE más nerviosa que un flan, lo disimulé como pude, para tranquilidad de los niños y de sus familias. No soy amiga de la improvisación e intenté llevarlo todo bien "atado". No obstante siempre surgen cosas que hay que resolver, sin preparación previa, y casi sin tiempo para pensar. Pero pese a todo, me parece que salió bien, muy bien. Debo repetir que hubo un antes y un después en el grupo tras el CRIE. Fue curioso porque también noté distintos a algunos de los niños y las niñas que no habían ido (por decisión suya o mía, por el carnet de puntos). Creo que el CRIE unió un poquito más el grupo y lo que quedaba de curso aprendimos a vernos los unos a los otros con ojos diferentes.

Me di cuenta que es un riesgo tremendo estar tan pendiente de los alumnos y tan lejos de nuestras casas. Una cosa es la teoría y otra verme allí, en tierras sorianas, con ellos. Por eso el curso pasado, aunque hubiera podido ir con los alumnos de 6º  del  "Fili" de Béjar, preferí quedarme callada. Creo que las cosas llegan en el momento que tocan, no cuando pensábamos. El destino me reservaba esa vuelta al "Fili" de Guijuelo después de un curso nefasto, no por el alumnado precisamente, en otro centro de otra localidad. Fue un año para renacer, arriegarse y disfrutar de lo que hago con una ilusión bestial. Por eso me lancé a solicitar el CRIE, sin haber tenido tiempo de conocer a mis alumnos. Y gané, vaya que sí.

Y si las circunstancias mejoran, quiero pensar que algún otro año volveré al CRIE. El anterior no me apetecía, no era tutora de esos alumnos. Y, lo más importante, tenía el viaje con los niños de Guijuelo demasiado reciente, no quería volver tan "pronto". 

Con la excusa del segundo aniversario, he vuelto a ver todas las fotos...¡y los vídeos de los bailes! Y no, no he llorado, pero era consciente de estar sonriendo permanentemente y me he reído mucho con los vídeos. A los que estuvisteis allí conmigo, os "invito" a echar un vistazo a las fotos y los archivos que todos vosotros tenéis. 





Fotos propiedad de Raquel Plaza Juan.

Y ya, lo que toca ahora es seguir exprimiendo cada día de vacaciones. Y como esta mañana me comentaba una amiga, "en esta vida todo llega y todo pasa, incluso la propia vida." Como siempre hay mucha sabiduría y cariño en tus palabras.

Disfrutad, siempre hay algún motivo para sonreír.

Os dejo una versión de una canción de Aute, en el primer aniversario de su fallecimiento..."Pasaba por aquí".

domingo, 28 de marzo de 2021

Aislamiento afectivo: cuestión de tacto

El pasado 15 de marzo no me encontraba nada bien. Estuve tres días sin poder ir al cole. Y desde ese día se me ocurrió esta entrada. Ahora estoy casi bien, después de un fin de semana sin salir a la calle por los efectos secundarios de la vacuna. Pero no quería escribirla estando a medio gas. Gracias Marisa por regalarme, en un audio ese 15 de marzo, las palabras claves para lo que llevaba un tiempo queriendo contar: aislamiento afectivo.

Y gracias al periódico El País por publicar el artículo "Lo que nos perdemos al no tocar a los demás." Por favor, si disponéis de diez minutitos, leedlo. Me entristece profundamente la historia de Marina, y pensar en cuántas Marinas habrá hoy en día, mucho más.

En el artículo recuerdan que el tacto es el sentido más desarrollado de un recién nacido, su primera comunicación con el mundo exterior...¡Ahí es nada! Con esto del "bicho", al que yo llamo así con cierto asco, tirria o el nombre que queráis ponerle, muchas personas están padeciendo en sus carnes el aislamiento afectivo. Y, concretamente, la importancia del tacto. De sentir otra piel que nos roza, nos abraza y con su abrazo reconforta, como si fuera una isla, nuestra isla, recibiendo la paz/fuerza o lo que precisamos en un momento dado. Esos gestos de cariño que implican tocar. Qué pena. He reconocido en este mismo blog, en varias ocasiones que, pese a muchas ausencias en el mapa afectivo, ausencias por prudencia, no me siento menos querida. ¿Por qué? Porque los abrazos, besos u otros gestos de cariño que tengo la suerte de tener, valen cada día más. Y a lo mejor no suceden con la frecuencia deseada pero, cuando llegan, son magia pura.

Y es que tocar también es salud. ¿Qué sería de nosotros sin el tacto? No me imagino "no poder tocar," y esto, así de rotundo pero con otras palabras más sutiles, es parte del significado de  "distancia social",  consecuencia de una pandemia mundial. Y es lo que tenemos actualmente, excepto con los convivientes. Reconozco que me lo salto con alguna persona más, y es por salud también. Sí, tal cual lo leéis, lamento si no lo entendéis, hay gente a la que tengo que abrazar, o sí o sí.

Ojalá llegue pronto el día en el que recuperemos nuestro mapa de los afectos pre-COVID. O quizá sea mejor que mantengamos lo que ya tenemos aquí y ahora y se amplíe, de manera natural, no forzada, ese mapa de los afectos. Y los que quieran volver a formar parte de él, bienvenidos; los que no, no pasa nada, la vida tiene a personas que van y vienen y es parte de ella, hay que asumirlo.

Y es que aunque en la mayoría de los casos respetamos esa distancia social, hay muchas maneras de ser cariñoso. Sí, vale, nos han "quitado" el tacto, pero hay caricias emocionales, en las que las palabras suplen, como pueden, las terminaciones nerviosas de la piel. No es lo mismo, lo sé, pero también es una manera de demostrar el afecto. Y podemos hacer que otros se emocionen.

De momento no me arrepiento nada de haberme puesto la vacuna, AstraZeneca, a pesar de los casi dos días "chungos" que me ha costado. Al contrario, me alegro mucho de haber ido a vacunarme. Creo que el peligro habría sido no vacunarse pudiendo hacerlo. Y os animo a todos lo que podáis...¡Vacunaos!

Me gusta pensar que ya falta menos para retomar más caricias, besos, abrazos...Y volverán, ojalá que antes de lo que pensamos. Mientras tanto, aunque sea de manera virtual, no discuidéis el "mapa de los afectos" de aquellos a los que queréis. Hay gente que no es capaz de verbalizar el cariño que necesitan, pero a todos, sin excepción, nos hace falta.

La música corre a cargo de Rosana, porque la canción le va como anillo al dedo, "En la memoria de la piel." Y es que no habrá pandemia capaz de borrar lo que sentimos por los demás. En nuestras manos está recordárselo, eh, acuérdate, eres importante para mí, te quiero, me importas, te necesito...


viernes, 26 de marzo de 2021

Empieza por V

 Se nota que últimamente estoy más enganchada que nunca a "Pasapalabra." A ver si en breve Pablo Díaz se lleva el bote. Digo yo que vaya cabeza privilegiada, toda mi admiración para él y para los demás valientes concursantes que se dejan la piel en este programa. A mí  me dejan alucinada una tarde tras otra.

Ayer los docentes de Castilla y León, dimos la bienvenida a las vacaciones de Semana Santa. De ahí lo de "Empieza por V" del título de la entrada. Bien merecidas, muy deseadas, bastante necesarias...Así que, para todos los maestros y profes que lean esto...¡Felices vacaciones! Sigo pensando que uno de los momentos más placenteros cuando llegan unas vacaciones escolares, es el de desactivar la alarma del móvil. Me encanta decirle que no, que se olvide por unos días de sonar a las 6:20. Esas no son horas. Qué felicidad.

Pero además, comienza por V, como la primera dosis de la vacuna de Astra Zeneca que me han puesto hace unas horas en la Capilla del Colegio Arzobispo Fonseca. Tiene guasa la cosa, nos vacunan en una Capilla y, justo hoy, viernes de Dolores. Pues no lo tomaremos con humor. La segunda dosis para el 18 de junio, y a partir de entonces sí empieza la cuenta atrás para estar más protegidos frente al COVID. Las imágenes que veis a continuación son de la espera previa a entrar en la Capilla y luego ya dentro de ella, una vez vacunada, en los 15 minutos que hemos esperado sentados. Lo mejor es que la provincia es muy pequeña y he visto a compañeros con los que he coincidido en Guijuelo, Béjar o ahora, en Peñaranda. Hay reencuentros que siempre apetecen. 








Y soy una afortunada. Ojalá mis padres estuvieran vacunados, son los más vulnerables de mi gente. Y muchas personas que la desean pero todavía "no les toca". Es tristísimo ver que hay ciudadanos de varias "clases". La categoría humana no tiene que ver con la profesión. O eso pienso yo. Pero para las vacunas la humanidad no cuenta, sino a lo que te dedicas, excepto si eres de los mayores mayores (no es un error poner mayores dos veces) o grandes dependientes. A ver si van llegando las vacunas a muchas más personas, será la única forma de sentir de verdad que la vida continúa, pese al "bicho", o con el bicho, porque seguiremos conviviendo con él, pero con armadura, no a cuerpo valiente.

Y espero recordar esta fecha como el comienzo del camino real para recuperar gran parte de esa libertad perdida. Y que no existan distancias afectivas, ni físicas. Que nos podamos mirar completos, sin mascarillas, abrazar, besar, tocar...Y volver a sentirnos cerca, de verdad.

El puntito musical corre a cargo de Rosario y Vanessa Martín. La canción más reciente no puede ser. Espero que os guste, qué razón tiene el título, "La vida es otra cosa." Me encanta que la vida sea otra cosa, desgraciadamente para darnos cuenta necesitamos de vez en cuando que nos zarandee un poco, pero sin pasarse. Disfrutémosla (la canción y, por supuesto, la vida).

domingo, 14 de marzo de 2021

Estado de alarma: aniversario

Hace un año a todos nos cambió la vida (en mayor o menor medida). Me quedé paralizada frente al televisor al escuchar al Presidente del Gobierno declarar el "estado de alarma". Fue como si hablara en otro idioma, eso sí, parecía grave, muy grave, no adivinaba por entonces la magnitud mundial que alcanzaría el COVID-19. Pues, pese a todo, debo decir que soy más feliz ahora que hace un año. No estoy bromeando. No me refiero a la fecha concreta de hoy, precisamente no ha sido un buen día, eso no tiene nada que ver. Pero sí a lo vivido en este tiempo, desde ese lejano y a la vez cercanísimo 14 de marzo de 2020.

Si me dan elegir, me quedo con el ahora. Sí, he dejado de recibir muchos besos y abrazos. No obstante los que sí doy o me dan, valen por mil. Por la calidez de los mismos, por todo el sentimiento que encierran en ellos, por muchas razones. El escritor Albert Espinosa dice en varios de sus libros algo así como que al final las pérdidas se convierten en ganancias. Puede ser que eso me haya sucedido a mí. No hay que obsesionarse por lo "perdido" con la pandemia (aunque duela), sino celebrar las "ganancias". He ganado mucha verdad a mi alrededor. A mi vida le sobraban florituras, ha tenido que venir una pandemia mundial para que espabilara. Ahora hay más espacio, y...menos personas. Es verdad que echo mucho de menos a algunos amigos, pero veo en el horizonte, aunque sin fecha, la existencia de reencuentros, y la esperanza ayuda a mantenerse más a flote todavía. Y los que no se lleguen a producir es que no tenían que ser, y ya está, no hay que llevarse malos ratos. Al final en la vida de cada uno se quedan los que tienen que estar.

Nuestras libertades se han visto mermadas, en cuanto a la movilidad geográfica, toque de queda, medidas como la mascarilla, el gel hidroalcohólico o la distancia social...Pero pese a las restricciones, al hartazgo que siento a menudo por ver que la situación se dilata demasiado, sigo manteniendo el "Pero qué feliz soy ahora". Eso a nivel personal, aunque es durísimo gestionar las malas noticias del día a día para mucha gente. Quiero pensar que no nos hemos hecho insensibles, pero no nos tomamos igual el número de fallecidos diarios a día de hoy que en los primeros momentos, por una cuestión de salud mental. Los fallecidos, pero también están los millones de damnificados por el COVID en otros sentidos. Esas personas que han perdido su trabajo, su negocio...y que luchan por sobrevivir. Cruzo los dedos para que los efectos de la Semana Santa no supongan una nueva ola. 

Mientras tanto seguiré llevando una vida lo más normal posible dentro de la anormalidad. Atesorando cada beso, caricia, abrazo apretado, sonrisa, carcajada, mirada cómplice, detalle...Ya no pongo fechas para casi nada, la realidad cuando quiere se puede revolver y darnos un nuevo bofetón. Hacer planes es perder el tiempo. Como canta Alejandra Gúzman, "Bienvenido al presente, el momento ha llegado, de empezar a quererte y, aunque llegue a dolerte, olvidar el pasado..." Si bien es una canción de amor, me parece que gran parte de la letra puede aplicarse a todo lo que hemos vivido en este año (14 de marzo 2020-14 de marzo 2021).

En este año, desde ese 14 de marzo de 2020, me he dado cuenta que no siempre he estado a la altura de personas a las que quiero una barbaridad, y me duele un montón. Quizá mi cabeza estaba demasiado dispersa, no sé. O mis ánimos en un momento bajo, pero no hay excusas. También hay gente que me ha decepcionado, pensaba que eran de una manera y he visto que no, se han desenmascarado. Pero no pasa nada, la vida sigue y...¡Qué bonita es!

Hay que celebrar que estamos vivos, que tenemos gente que nos quiere y a la que querer. Tenemos manos para trabajar y "ganarnos" la vida lo mejor que podamos. Y aunque sea con toque de queda, el día sigue brindándonos 24 horas para aprovecharlos lo mejor que sepamos (y nos dejen je, je). Ya llegarán los viajes, las reuniones familiares/de amigos, los conciertos, las obras de teatro, las celebraciones. 

Sé mucho más que hace un año, y soy tremendamente feliz, aunque todavía tenga muchas cuestiones sin respuesta, porque intento no permitirles que me quiten el sueño (no siempre funciona). Vivamos con prudencia, pero sin miedo. Seamos valientes. arriesgémonos a ser felices, porque vale la pena. 

Gracias inmensas a los que me cuidáis, me mimáis de alguna manera, sois detallistas, pensáis en mí, me queréis, me habéis regalado vuestra confianza, contáis conmigo, os acordáis de mí, me dejáis espacio, me hacéis partícipe de lo más importante que pasa en vuestras vidas, compartís las alegrías y los momentos "chungos". Gracias.



sábado, 13 de marzo de 2021

La belleza. Quiérete, quiérome, quiéreme

belleza

1. f. Cualidad de bello.

2. f. Persona o cosa notable por su hermosura.

Esta entrada está dedicada a todas las personas que, sin querer o intencionadamente, hayan entrado a echarle un vistazo o a leerla. A las que se ven bellas, pero especialmente a las que les cuesta encontrar belleza en ellos mismos, da igual la razón.

Me obligo a pasear, digo me obligo porque me gusta, y mucho, pero hay días que acabo rendida y tengo que tirar de mí misma para salir de la rutina (laboral) que me absorbe (o dejo que me absorba) muchas tardes, y salir "a dar una vuelta". La semana pasada fue especialmente dura, intensa, complicada o con cualquier otro sinónimo de las palabras anteriores. Y me salvan algunas personas, y también los paseos. Me salvan esos paseos "conmigo", sin un destino concreto (o sí), con el propósito de romper la rutina y moverme un rato (al ritmo que mis fuerzas me permitan).

En uno de ellos me encontré con una de las esculturas del artista chino Xu Hongfei (no es la primera vez que expone en las calles salmantinas). Y pensé, "me encanta". Y este es parte del porqué de esta entrada. Mi pequeño granito de arena a "otros cuerpos", a esos que no responden ni se aproximan al 90-60-90, pero igualmente hermosos. Me harta la etiqueta de "tallas grandes". En las que no son "grandes" no pone ninguna etiqueta, pero en las que no encajan en esos cánones sí, lo advierten, tallas "grandes". Me he tomado la molestia de investigar en internet y es curioso. No se ponen muy de acuerdo las marcas, algunas denominan "tallas grandes" desde la talla 46, otras desde la 48...Así que, obviamente, pertenezco a ese grupo. Mucho menos grande que hace un año, pero sigo estando ahí, y no pasa nada. Como las piezas de un puzzle, al final es cuestión de tiempo que todo "encaje". Y me parece que el mayor cambio es el interno, aunque el que más puedan apreciar muchos sea el externo. Podría etiquetar a muchas personas, pero creo que se lo he dicho de alguna forma, están en mi círculo, cada día con un radio más pequeño. Menciono a Nutre-t, es decir, a Estefanía Falagán, porque sí, porque el paso lo da cada persona, y es complicadísimo,  pero el apoyo, el seguimiento, los ánimos, son necesarios y eres muy buena dándolos. Gracias Estefanía. Y hay cosas que van más allá del "trabajo".

Cuando veo las esculturas de Xu Hongfei pienso muchas cosas, qué bien, ¡ya era hora! o me paro a contemplarlas por la buena energía que me transmiten. Y sí, me encantan. Con sus curvas, sus michelines, sus pechos grandes, sus anchas caderas. Y su sonrisa, y esa fuerza que me transmiten. Esa imagen de mujeres poderosas, orgullosas de ellas mismas. Y es que hay que quererse, con una 36, una 48, una talla 54 o una 60. Ojo que la sociedad no lo pone fácil, nada fácil. Querernos a nosotras mismas es la única forma de conseguir que otros nos quieran. Aunque no engaño a nadie, si nos rodeamos de gente que sabe apreciar nuestra belleza más allá de una talla determinada de pantalón, de sujetador o de blusa, todo es más sencillo. Todo ayuda. Gracias a los que me miráis con cariño, amor y hacéis que me quiera más y mejor. No se trata de tener una autoestima por las nubes, pero sí de saber querer a la persona que somos en cada momento de nuestra vida, y aceptarnos con nuestra talla. 

Y repito otra vez ese reventante "qué guapa eres de cara". Llegan a mi boca sapos y culebras, pero por educación no suelo decir ni pío, aunque hago importantes esfuerzos para evitar saltar. Un poquito de empatía...¡Por favor!

Volviendo a las esculturas, quiero compartir unas fotos con vosotros. Están en La Alamedilla (esta ya lleva un tiempo allí, de manera permanente) y las de la exposición actual (Plaza Mayor, Plaza del Liceo y patio de La Salina). Os invito a verlas. No me gustan nada lo selfies, así que un día que vaya acompañada y pediré que me hagan fotos con alguna de ellas.











                                            Fotografías propiedad de Raquel Plaza Juan.

La de la "tenista" se llama "Fuerza". Ahí queda eso.

Ah, y la fachada está muy bien, pero no es eterna, la que de verdad dura es la belleza interior. Y adoro dar con gente que es tan bella, que irradia magia en la mirada, de sonrisa dulce/tímida/limpia, de risa contagiosa, seguridad al caminar, mover el pelo, gesticular con un sello, voces cálidas...Así que vamos a intentar que exista la mayor armonía posible entre nuestra belleza interna y externa...

Esta vez la nota musical corre por cuenta de "Efecto Pasillo" y su canción "Cuando me siento bien." Pues eso. A querer, a quererse, a querernos...¡Guapos! ¡Guapas!


domingo, 7 de marzo de 2021

7 de marzo de 2021

Sí, desde luego no me he herniado buscando un título a esta entrada. Es simplemente "hoy". Quizás sea por la relevancia del "Estoy aquí y ahora" que nos recordaba Pau Donés. Por eso tampoco voy a mirar más allá, sino centrarme en el presente y disfrutarlo, sin más.

Ayer por la mañana visité un par de librerías y, sin ser yo consciente, me di cuenta que tenía "hambre de libros." Lo gracioso es que entre regalos de Reyes y otras adquisiciones varias, tengo todavía títulos a los que no he podido "meterle mano", pero en la mañana del sábado el cuerpo me pedía nuevas historias. En esta imagen los tenéis, de todo un poco porque creo en lo de "en la variedad está el gusto" y me apetecía un poco de (casi) todo.

 Mis elecciones son fruto de rebuscar (me encanta sumergirme en las librerías y dejarme atrapar por los libros que me rodean) y algunos de recomendaciones. En cuanto pasen las sesiones de evaluación, los disfrutaré sin prisas...¡Qué ganas!

Esta semana no hubo "Seve emociones". En esta ocasión, dada la cercanía del final de la 2ª evaluación, necesitaba exprimir el tiempo de Plástica. No obstante, también ha sido un paréntesis buscado en una semana intensa. Hay que ser consciente de cuándo es momento para hacer algo y cuándo es mejor dejarlo para otro momento.

He tardado en ponerme manos a las teclas porque, cumpliendo con la costumbre, estaba viendo Los Goya.  Era una ceremonia complicada por las circunstancias, es verdad, pero pese a los esfuerzos, no dudo que hay mucho trabajo tras algo así, no ha acabado de convencerme. Aunque lo han intentado, me parece que le ha faltado calidez. Hemos tenido algunos destellos que han valido la pena y emociones a flor de piel, pero pese a todo, se me hizo larga y no ha logrado engancharme. Para mí el momento más emotivo lo ha protagonizado Ana Ruiz. Ella es enfermera del SUMMA 112 y fue la encargada de presentar el Goya a la mejor película. De madrugada quise incluir un vídeo de este momento pero no di con él en internet. Ahora, ya de mañana, he editado esta entrada para hacer una crítica. Sorprendentemente RTVE lo incluye entre los 10 mejores momentos de la gala de anoche pero, el vídeo que han puesto es únicamente de la reacción al premio que ella leyó. Lo siento, lamentable. No obstante, incluyo el enlace con esos mejores momentos y os invito a leer el número 6, menos da una piedra.


Y ya que nos ponemos, a ver si a más de uno se le refresca la memoria y recuerda esos aplausos en los balcones y se conciencia de la importancia vital de tener un sistema sanitario en condiciones, con medios personales suficientes y recursos materiales que sirvan para cubrir las necesidades que hay. Ellos ya han cuidado de todos nosotros cuando peor estaba el país...¿Cómo cuidamos nosotros de todos ellos? Ahí lo dejo.

El pasado 2020 es el que menos películas he visto (de las nominadas y, en general, de todas). No quiero equivocarme pero me suena que han hablado de 43 millones de euros la recaudación de las salas de cine españolas en 2020. Mientras que en 2019 fueron...96 millones. Quiero lanzar desde aquí un mensaje, a favor del cine en España: Ojalá logre renacer después de unos meses durísimos. Ojalá las salas vuelvan a llenarse (cuando se pueda) y la gente pueda disfrutar nuevamente de nuevas historias frente a la gran pantalla. Porque el cine tiene un encanto especial, no es sencillo de explicar, hay que ir y vivirlo. A mí el cine siempre me ha acompañado. En cualquier etapa de mi vida ha estado ahí. 

Parte de mi infancia está unida a él, cuando mi madre nos llevaba a los ya desaparecidos "Multicines Salamanca" en la calle Vázquez Coronado, por ejemplo viendo "La Sirenita". O yendo con mi cole de toda la vida, el Francisco Vitoria, a ver una película el día que nos daban las vacaciones de Navidad. También recuerdo haber ido (muchas menos veces), a los también extintos ya "Cines Bretón". Por ejemplo a una de las pelis de Indiana Jones o, ya crecidita, "El hombre con la máscara de hierro." Puse parte de mi infancia pero siempre ha sido parte de mi vida, da igual la etapa. Para el recuerdo quedan además esas sesiones maravillosas con mis compañeros de Comunicación Audiovisual, en los Van Dyck...¡Qué suerte la nuestra! 

Me encanta el cine por muchos motivos, entre otros esa capacidad que tiene de sumergirme en otras realidades muy distintas a la mía. O simplemente por contar historias, de las que invitan a hacer un viaje extraordinario a nuestra imaginación y nos alejan de nuestras preocupaciones. Sí, veo en el cine cierto poder sanador, capaz de curar heridas que a veces no recordábamos que teníamos pero, eso no las hace desaparecer. Y la vida tiene mucho de cine o el cine tiene mucho de vida. A ratos drama, otros de terror, en algunos momentos thriller, si nos frotamos los ojos algo de ciencia ficción, y comedia romántica (y que no nos falte nunca). Vamos a seguir escribiendo nuestra historia, a no olvidar que somos los protagonistas de la "película" de nuestra vida y, el día de mañana, cuando miremos atrás, sería muy bonito hacerlo con una sonrisa. Pero eso está por llegar y nadie sabe qué va a suceder. De momento exprimamos ese "aquí y ahora". Vamos a ser felices hoy, 7 de marzo de 2021.

Y como la de hoy fue una noche de mucho cine, la canción pertenece a la Ceremonia de los Goya. Aitana interpretó "Happy days are here again" (Los días felices están aquí de nuevo)...Y si no lo están, ya llegarán, un poquito de paciencia, por favor. Todo llega.


domingo, 28 de febrero de 2021

FEBRERO, SILENCIO, PALABRAS...

No quería despedir febrero, por corto que sea, sin una entradita más en el blog. Con la mano en el corazón os lo digo, está siendo un mes largo y duro. Un poco cuesta arriba, como si me hubiera atragantado, como un hueso de aceituna. Pero hoy ya lo despido con alegría e ilusión. Alegría porque termina, no hay mal que cien años dure. Ilusión porque espero que marzo se porte mejor conmigo, sin más.

Y no voy a culpar a la pandemia, aunque su parte de culpa tiene. De las vacunas mejor no hablo. Pero a veces las cosas no salen como nos gustaría que salieran. Y es frustrante, doloroso, sientes rabia, impotencia...y agotamiento (emocional principalmente, pero físico también). Así que recibo a marzo con los brazos abiertos y ojalá este nuevo mes sea más llevadero, agradable y traiga algo más de paz.

Es de sobra conocido mi gusto por escribir. Nunca he dicho que sea una persona que escriba bien, sí que me encanta hacerlo. Más de una vez he fantaseado con pasar la frontera del blog y escribir en algún otro lugar, en otro formato, en un contexto bien distinto. Quién sabe, a lo mejor un día veo que es el momento de hacerlo y me lanzo a la piscina.  A día de hoy el blog es donde más huellas hay de lo que escribo. He dicho en varias ocasiones que este espacio es un pequeño altavoz de lo que pienso, lo que siento y lo que soy. A veces (no demasiadas) etiqueto a personas en el Facebook cuando pongo allí la entrada del blog más reciente. Otras (esto lo hago más a menudo) comparto el enlace con lo escrito en el estado de "WhatsApp" o en un mensaje del mismo (enviado solo a un grupo de personas, no de manera indiscriminada). 

Y alguna, esto último pasa poquísimas veces, solamente envío el enlace a una o dos personas. Si hago esto es porque me apetece que personas concretas, con nombre y apellidos, lo lean, porque he pensado en ellas al escribir y me encantaría que lo vieran. No espero un gracias, porque escribo pensando en la gente que quiero porque me sale, ni más ni menos. Pero reconozco que agradezco algún tipo de reacción /comentario, no tiene por qué ser en los comentarios del blog, hay mil maneras. Acertada o equivocadamente interpreto el silencio como un "no me ha gustado", "ni lo he leído", "no me interesa" o a saber... Intento tirar de empatía y relativizar, pero sí, hay silencios que duelen y no debo ser muy lista, porque no alcanzo a entenderlos, y de verdad que pongo empeños. Será porque las personas no venimos al mundo con manual de instrucciones, y cada una "funciona" a su manera. Me pasa igual con las no reacciones a otras "cosas" que escribo, como las tarjetas de Navidad, pero lo hago porque me apetece y tal vez lo que debería hacer es replantearme los destinatarios, para ahorrarme disgustos.

He optado por respetar el orden del título, me quedan las "palabras". Las palabras con las que me encantaría despedir febrero, son los 20 "mandamientos", ahí es nada, que nos "regaló" Pau Donés, sobre la felicidad. Los compartió mi tía Concha (gracias) en Facebook hace menos de una semana, y quería que estuvieran aquí:

1. Que sepamos vivir el presente.
2. Que no perdamos el tiempo pensando en el futuro.
3. Que dejemos de creer en la suerte y creamos en nosotros mismos.
4. Que dejemos de hacer montañas de granitos de arena.
5. Que la tristeza nos dé ganas de reír. Que nos riamos mucho.
6. Que cantemos en la ducha, en los bares, en las bodas, en las cenas con los amigos o donde nos apetezca cuando nos venga en gana.
7. Que aprendamos a decirnos «te quiero» sin que nos dé vergüenza.
8. Que nos besemos, nos toquemos y nos achuchemos mucho.
9. Que nos escuchemos tanto como sepamos compartirnos en silencio.
10. Que nos queramos, a los demás y sobre todo a nosotros mismos.
11. Que nos peleemos lo menos posible. Estar enfadado es una gran y estúpida pérdida de tiempo. ¡A la mierda el ego y el orgullo!
12. Que nos dejemos de rollos, de chorradas, de hacer ver lo que no somos, que eso no sirve pa' ná.
13. Que le perdamos el miedo a la muerte, pero también le perdamos el miedo a vivir.
14. Que decidamos por nosotros mismos. Que nunca dejemos que los demás decidan por nosotros.
15. Que cuando la vida nos cierre una ventana sea cuando más abramos las alas para romper el cristal y salir volando.
16. Que las cosas nos lleven adonde sea, pero que nos vayan bien.
17. Que los cerebros de zafios, hipócritas, memos, mamelucos, corruptos, pesaos, estúpidos, tocapelotas, mentirosos, gilipollas... se reprogramen y entiendan que en la vida no hace falta ser así, que la vida va de otra cosa.
18. Que a las penas, puñaladas y al mal tiempo, buena cara. O mala, que tampoco pasa nada.
19. Que la vida sea siempre un sueño.
20. Y, en fin, que a la vida le demos calidad, porque belleza sobra.

Pues sí, queridísimo Pau, belleza le sobra. A veces se nos olvida que es un sueño, pero hay que intentar verla así, aunque a ratos tenga momentos de sombra.
Ojalá encontremos siempre la manera de encontrar algo abierto, sea una puerta, una ventana, o unos brazos calurosos que nos rodean y nos transmiten todo el cariño, la calma y el amor que podemos sentir al escuchar el latido de otro corazón.
Qué importante lo de perderle el miedo a vivir, y arriesgarse, hablar, acariciar, escuchar, valorar, rectificar, perdonar, cuidar, amar, observar, sentir...Anda que no hay miedos que perder, pero poco a poco.
Y sí, hay que querer, aunque antes hay que quererse. Ninguna de las dos es una "tarea" sencilla, pero nunca debemos dejar de querernos a nosotros mismos por querer a otros. Y no es cuestión de orgullo, sino de salud. Quiérete y será más fácil que te quieran. Quiérete aunque la gente no sepa verlo.
Lo de escucharnos y compartirnos en silencio me parece una auténtica delicia. Escuchar es imprescindible, que nos importe lo que escuchamos, es una manera de demostrar que nos interesa la persona que está hablando. Y lo de compartirnos en silencio roza la magia, esos silencios que sí nos gustan, que son cómodos, y hasta apetecen. Esos momentos de silencio con otra persona en los que sobran las palabras, y qué bien que sobren. Esto lo digo yo que reconozco que soy una "cotorrilla", pero sé apreciar también lo hermoso de determinados silencios.
En lo del tacto, lo veo un pelín complicado por la distancia social, pero según las circunstancias, y la relación, por supuesto que hay que besar, achuchar, acariciar...Hay que aprender a disfrutar de la piel, y no solo de las palabras.
Lo de decir "Te quiero" desde luego, y no debería dar vergüenza, entiendo que a según a quién y cuándo, pueda costarle, pero es tan necesario. O a mí me lo parece, no debemos dar nada por sentado, y menos hoy en día, con la distancia reinante. Creo que en esta época que nos ha tocado vivir, hay que procurar (me incluyo) ser más cuidadosos y detallistas que nunca. No sé a vosotros, con la pandemia siento mucho más todo a flor de piel. A lo mejor no es justo, no debería ser así, pero estoy más sensible que de costumbre...Y también más irascible. Y a veces salto cuando debería quedarme callada o permanezco en silencio cuando lo que corresponde es hablar y expresar lo que siento. Todo tiene solución, me he propuesto ya en marzo intentar que esto suceda lo menos posible. Intentar morderme la lengua cuando note que voy a "saltar" y no ha lugar, por el daño que puedo hacer (y suele ser encima a los que más quiero). Y por otra parte, no guardarme lo que me causa dolor, sino comunicarlo, sin reproches, pero verbalizarlo. O quizás no me cause dolor, pero no me siento bien si me quedo callada en algunos momentos, y nadie tiene una bolita mágica para ver lo que sentimos/pensamos/deseamos en cada momento. Creo en el poder de una buena comunicación, de la sinceridad y de empatizar, ceder...

Gracias Pau, allá donde estés, por tus sabias palabras y porque siempre nos quedará tu música. Y la vida, con música, es más vida. Buen domingo. Marzo, estás tardando je, je, dame aire, vida, cariño, palabras. A ser felices, pese a todo, pese a todos.

Perdonad si la entrada no transmite una alegría desbordante, no todos los días se puede estar como unas castañuelas y, como ya he comentado, febrero no ha sido sencillo y se me ha hecho largo.

domingo, 21 de febrero de 2021

Seve Emociones (6 y 7): La FELICIDAD

Aquí estamos, tras el intento fallido de tratar el amor (quizás lo retome más adelante), opté por un sentimiento del que raro es que alguien no tenga algo que decir al respecto. Habitualmente los niños/as disfrutan hablando de él. Así que, en tiempos raros, de pandemia, de restricciones a nuestras libertades (por motivos de salud) y nuevas costumbres (al menos "de momento")...¿Por qué no, una dosis de FELICIDAD?

Como cada grupo es un mundo, elegí el libro de  la editorial VVKids, llamado "¿Qué nos hace felices?".  Mediante unos dibujos bastante dulces de animales, nos plantea cuestiones importantes que nos hacen reflexionar...y mucho. Es la primera vez que elijo este libro para tratar en el aula la felicidad. Le tengo un cariño especial por eso de tenerlo firmado y dedicado (con dibujito incluido) por la ilustradora.










He puesto los números 6 y 7 en la entrada del título porque tratamos la felicidad en dos momentos distintos, la última media hora del jueves pasado. Y aproximadamente media hora del viernes. Esto me parece importante para que calculéis el tiempo que le hemos dedicado.

En la primera sesión, recordé lo visto hasta ahora en Seve Emociones: la autoestima, el miedo, la nostalgia y el amor. Además les expliqué el por qué de un paréntesis en las mismas, al notar que el interés no era el adecuado ni la atención. Pero les dije que me apatecía seguir intentándolo, y se veía que no funcionaba, me planteaba dejar de hacerlas. Les conté el libro  "¿Qué nos hace felices?". No dio tiempo a mucho más.

Hablamos un poquito de la importancia de la felicidad y de relacionarla con los sentidos, aprovechando que en Naturales la unidad que mañana empezaremos trata de la función de relación. Y la unimos, como ya hice otra vez, en el "Fili" de Guijuelo, con los cinco sentidos. Les entregué una ficha sobre la felicidad a través de la vista, el olfato, el gusto, el oído y el tacto. Os la dejo aquí, por si a algún otro compi docente le interesa para sus clases...

Empezaron a rellenarla en escasos cinco minutos el jueves. Para evitar olvidos, siguieron completándola en clase, después de acabar un examen. Así, de 12,30 a 13 hr, el viernes, pudimos dedicarnos a compartir lo que cada cual había escrito.

Ellos sabían de antemano que la idea era poder leer en voz alta lo que hubieran puesto (salvo que alguno no tuviera ganas). Y próximamente podrán ver con calma la ficha de cada compañero de clase y la mía. Les conté que mi idea era hacer un mural sobre "La felicidad de 4º de Primaria". Espero que esté terminado para el jueves (como muy tarde).

Para que no se aburrieran y resultara más ágil, compartimos lo escrito en forma de lluvia de ideas, por filas, diciéndole uno de los cinco sentidos a cada fila. Y en orden, cada uno iba leyendo lo que había puesto sobre la felicidad asociada a ese sentido. Les pedí que intentaran no repetir la misma respuesta en varios sentidos. Por ejemplo, en el del gusto puse la tortilla de patatas de mi madre, también da gloria verla, pero no la repetí en la vista je, je. Les di la opción de poner con cada sentido más de una respuesta.

Fue muy curioso escuchar sus respuestas. Cada niño/niña tuvo tiempo de contar lo que había puesto en relación a tres de los cinco sentidos. El resto, para verlos en el mural, con calma. Como acostumbro siempre que hablamos de educcación emocional, también rellené la ficha. Nunca les pido a mis alumnos algo que yo no esté dispuesta a hacer. Por eso jamás les pediría que hicieran puenting je, je, ni tampoco saltar el potro (para mí fue una tortura en su momento).

Luego, no sé por qué, se me ocurrió pedirles que levantasen la mano los que consideraban que eran felices, en el momento actual (y pese a lo difícil que nos lo pone el COVID). Teniendo en cuenta que conmigo éramos 19, faltaba una niña, 14 piensan que sí son felices. Lo que me preocupa son los que no levantaron la mano. Pedí, voluntariamente por supuesto, a aquellos que se veían infelices, si alguno quería explicarnos sus motivos. Dos de ellos lo hicieron, asociando la felicidad a cosas materiales, a caprichos que no consiguen en su casa, digo caprichos porque no eran cosas imprescindibles para vivir, ni necesarias.

Me vino como anillo al dedo para que se dieran cuenta que la felicidad no la compra el dinero. Y si todavía alguno no lo veía claro, podía bastarle con leer sus respuestas de la ficha o haber estado atento a las de los demás. La mayorían habían puesto cosas que no son caras, o son gratuitas. Por ejemplo, sobre la vista, el cielo, los colores del amanecer/anochecer...

No obstante, sí les di mi opinión sobre algo bueno del dinero, y es que para mí, el dinero puede (depende) comprar tiempo. Y el tiempo sí puede dar felicidad. Mejor lo explico. Les hablé de alguien que trabaja mañana y tarde, un autónomo, y de la barbaridad de horas que echa para ganarse el sueldo. Si a esa persona le tocara la lotería, no tendría que trabajar tantas horas, ya que podría usar parte del dinero del premio para sus gastos, y no le haría falta estar tantas horas "currando". Podría pasar algunas de esas horas que tendría "libres" haciendo algo que le guste, o compartiendo ese tiempo con la gente que quiere. 

Y con ese runrún de la felicidad, y la importancia de las cosas sin precio que nos la pueden proporcionar, di por finalizado el segundo ratito de Seve Emociones sobre este tema y continuamos con Plástica.

Volviendo a las cosas que el dinero no puede comprar, y lo triste que sería que nuestra felicidad estuviera solo en función de las cosas materiales, recordé (para mí misma) mi respuesta relacionada con el sentido del tacto: ACARICIAR. Y en concreto acariciar yo y que me acaricien a mí. Anda que no "valen" los detalles, esas pequeñas cosas que a veces, salvo que nos paremos a pensar en ellas, no somos conscientes del "peso" que tienen. 

Con pandemia, sin vacuna a la vista todavía (sí, van llegando, a paso de caracol y a cuentagotas), pero, hay que ser felices, o poner todo de nuestra parte para intentarlo. Bonita la felicidad que nos proporcionan las personas que nos quieren. Bonita la vida, por eso que vosotros (los que me queréis), me dais. Y con "Bonito" de Pau Donés, cierro esta entrada, porque justo ahora están emitiendo "Eso que tú me das" en la tele.