martes, 31 de octubre de 2023

...Y llega noviembre

Y con él se cumplirán tres tristísimos meses sin ti, papá. Tres meses de lágrimas incontables e inagotables, punzadas en el corazón, nudos en la garganta, dificultades para respirar, taquicardias, rabia, dolor, vacíos infinitos en cualquier lugar y en cualquier circunstancia. Seguimos como podemos, recibiendo pésames. Y sí, estoy convencida de los muchos que todavía nos quedan por recibir. Pero trato de darles la vuelta y verlo como algo "positivo", son personas que piensan en nosotros, se preocupan por nosotros; y, claro está, piensan en ti, te apreciaban por la razón que fuera. Contigo era mucho más sencillo llevarse bien que mal. Lo mismo que menciono lo de los pésames, muchas personas están pendientes de nosotros. Entiendo que cada uno hace lo que le nace, y no es fácil "acertar" en algo así, porque ni yo misma habría imaginado cómo iba a reaccionar hasta que pasó lo que pasó. Gracias de nuevo a todos, y en especial a los que más me "aguantan". Soy consciente que aunque lo mío sea más reciente, los que más tiempo me arropáis, tenéis también vuestras tristezas, y consolarme no es fácil cuando vosotros mismos sentís todavía un dolor semejante, aunque haya pasado más tiempo. De ahí que siga sintiéndome tan agradecida. 

No voy a hablar de otro dolor que no sea el mío, porque cada uno decide lo que muestra y dónde. O si opta por guardárselo para él/ella. Plasmarlo aquí, en el blog, como he dicho en anteriores ocasiones, me ayuda a mí, simplemente por el hecho de expresarlo por escrito. Y además, sigo pensando que puede ayudar, aunque sea mínimamente, a personas que estén atravesando por el duelo, da lo mismo el punto del camino en el que se encuentren. De lo mejor que me he encontrado en las redes en estos complicados (muy sutil soy) tres meses ha sido Miriam Tirado. No se dedica a un sola cosa, pero me quedo con su faceta de escritora. Entre otros libros, es la autora de "El hilo invisible", "La fuente escondida" o "Tengo un volcán." Tengo algunos de sus libros y también los he regalado varias veces. Me parece que tiene una sensibilidad especial y una manera de entender el mundo que puede ayudar a que otros tantos lo comprendamos mejor. La publicación es de Instagram. Da para mucho, me parece imposible leer algo así y quedarse como si nada. Prefiero que la leáis y opinéis.

No puedo estar más de acuerdo con ella. Qué dura es esa ausencia física del que ya no está. Y qué bonito poder encontrar su presencia en una plano distinto. En aquel que sin tocar ni ver, pero hay sensaciones, recuerdos, olores, amor...A veces siento que he alcanzado ese plano. Que empiezo, a paso de tortuga, a "ver" a mi padre, de otra manera, a sentirlo. E intento que todo eso que nos aportó sea impulso para seguir adelante. Y trato de no ahogarme en mi tristeza, sino aprender a lidiar con ella, a convivir con el dolor, a asumir que ese dolor, esa tristeza, me van a seguir acompañando, pero en menor intensidad. Y una persona que me quiere mucho me lo dice las veces que haga falta, "tranquila, es normal." No hay día que no piense en ti papá, pero aun con ese pensamiento, está la idea de la continuación de la vida. A ti se te paró todo ese asqueroso 1 de agosto, y yo entonces sentí que no podía estarme quieta, tenía que hacer lo que fuera para recuperarte, pese a que al instante vi que no, por mucho que me doliera, no era posible, no había nada que hacer. Sentí después que mi cuerpo se paralizaba también, como si me atravesara un rayo. Pero no, sigo respirando, latiendo, sintiendo. Y me gusta pensar, estoy segurísima, que nos mandas fuerza, desde donde estés, y te alegras si nos ves bien; igual que seguro que te pones triste si no nos ves bien. Es una batalla papá, intento que no me venza el dolor, que la pena no me atrape en su red. En muchos momentos siento que lo estoy logrando. Eso sí, despacito, para mí todo está muy reciente todavía. Hemos pasado de ver las flores que tú habías elegido para los Santos, a verme en una tienda eligiéndolas, como si nada. Hasta que aterricé en casa, miré las flores, y me derrumbé. ¿Cómo no hacerlo? De por sí a mí nunca me ha gustado esta tradición, de llevar flores y visitar las tumbas de los difuntos con motivo del 1 de noviembre. No necesito 1 de noviembre. No necesito nada para acordarme de los que físicamente ya no pueden acompañarnos. 

Siempre me ha gustado mirar más allá, no quedarme solo en las costumbres españolas. Por eso os dejo un artículo que recopila costumbres de 8 países en torno al 1 de noviembre. Me parece interesante.

A mí me apetece recordar momentos especiales con los que ya no están. Con mi padre hay una burrada de momentos felices. Y en eso voy a procurar centrarme, en su felicidad, en la felicidad con nosotros, en instantes que reía o sonreía. Y seguro que el 1 de noviembre de 2024 dolerá un poquito menos. Por eso voy a sonreír al recordarte. Me sobran los motivos: por las celebraciones de los cumpleaños de uno de los cuatro; las excursiones a Miranda Do Douro; dar la bienvenida al año nuevo con todo lo rojo que teníamos a mano; las visitas a la Monográfica en las Ferias; las procesiones de Semana Santa; la cabalgata de Reyes desde casa el 5 de enero de 2022; los viajes en el R21 blanco; veros juntos a mamá y a ti en el sofá; leer el periódico a la hora de desayunar; apuntar refranes en cuadernos; escucharte cantar; felicitar a algún familiar por su cumple; ir a la playa unos días; los viajes con el Club de los 60; disfrutar del verano en nuestra casa sin pasar calor; acompañarnos a Míguel y a mí a los Jardines de la Granja y bailar el orden del gordo de la lotería navideña que cogiste allí; disfrutar del musical "El Rey León"; darnos las buenas noches; las tres visitas al salón del Ayuntamiento por los premios del blog; tu cara al empezar a reír y llorar porque había sacado las oposiciones; escucharte las mismas anécdotas al pasar por determinados sitios; las Ferias de Peñaranda; comer los frutos del huerto que pone y cuida mi hermano...Palabras me faltan cuando la emoción me sobra, como afirmó hace más de quince años Fernando Savater. Por eso, rememoremos momentos felices con los que ya no están. Volvamos a pasar por el corazón instantes de felicidad. Démosles espacio a todo ello, pero reservando sitio para todo lo bueno que seguimos viviendo. Y disfrutemos de la suerte de seguir respirando, latiendo...sintiendo. Y tranquilos, el 1 de noviembre también pasará. En nuestras manos está cómo lo afrontamos.

Y los vídeos de cierre van de flamenco. Sara Baras forma parte de uno de los recuerdos felices de mi padre.

domingo, 22 de octubre de 2023

EMOLECTURAS 16: EL MAR LO VIO

El 26 de septiembre de 2021 inauguraba la sección "Emolecturas" en el blog. El 11 de junio de 2022 escribí la número 15 y, por lo que sea, no he vuelto a retomarla.

Empecé con "Los invisibles" de Tom Percival y vuelvo a la sección con "El mar lo vio", del mismo autor.

Este segundo libro de Percival, narra la historia de una niña llamada Sofía. Ella tiene un osito de peluche al considera más un amigo que un juguete. El osito perteneció a su abuelo. Un día, tras un largo viaje de la niña con su padre en varios medios de transporte, llegan a la playa. Allí Sofía se divierte con su osito y su papá. Repentinamente empieza una tormenta y el osito queda olvidado en la playa. A partir de ahí lla historia nos va contando el camino del osito por una parte. Y por otra, cómo se siente Sofía con su ausencia. No desvelo al final.

Esta historia explica que nada se pierde del todo si se guarda en el corazón. 

Me parece apropiada para hablar del duelo, de las ausencias en general, de los cambios drásticos en la vida que logran mover nuestros cimientos. Y de qué manera podemos gestionar esas ausencias para continuar viviendo, pero sin que duela tanto. La tormenta, inesperada, cuando Sofía está tan feliz en la playa con el osito y su padre, me parece una metáfora potentísima. Y cómo, sin comerlo ni beberlo, esa tormenta la arrebata algo de lo que más quería. Y así es la vida a veces, con tormentas fortísimas de consecuencias impresvisibles que nos descolocan por completo.

Una vez más, gracias a Tom Percival, por crear historias tan apartemente sencillas, pero con un gran mensaje. Y por hacerlo de una manera tan bella, las ilustraciones son fabulosas.



martes, 3 de octubre de 2023

A mi alumnado de español

Queridos todos, chicos y chicas:

Como sabéis, me llamo Raquel, tengo 41 años (cumplidos a finales de agosto), y soy maestra. 

Este año el destino ha querido que coincidáis estudiantes de cinco países distintos para aprender español, conmigo, en el "Salinas". Sería más apropiado decir para mejorar vuestros conocimientos de español, ya que no sois muchos, pero hay muchos niveles distintos en clase.

Así que en clase van a estar representados Brasil, Paquistán, Rusia, Senegal y Ucrania...¡Y España, claro!

Quiero pensar que además de mejorar vuestros conocimientos del idioma, vais a enriqueceros de conocer a personas de otros países, algunos con culturas muy distintas a la vuestra. Como maestra, estoy segura que va a ser muy positivo para mí también. Quiero que sepáis cada vez más español, y os animéis a hablarlo. Aunque lo más importante es que seáis todo lo felices que podáis, con las circunstancias personales de cada uno.

Escuchad a los demás y a mí. Tened paciencia, en esta vida hay que saber esperar, y en las clases igual. Intentad comunicaros con las palabras que sí sabéis. Si os hace falta ayudaros de algún gesto, dibujo...¡Fenomenal! Eso es lo más importante, que logremos comunicarnos. Eso sí, ya sabéis que no está permitido hablar en Inglés en clase, luego pasa lo que pasa. Si tenéis alguna duda, no dudéis en preguntadme. Si queréis saber más de algún tema, decídmelo, y buscaré la manera de tratarlo en nuestras clases.

Sonréid mucho, estudiad lo que vamos viendo en casa cada día. Y, algo muy pero que muy importante, usad las palabras, expresiones...que aprendemos en mis clases fuera de ellas. Hay que practicar. Y no pasa nada si os confundís, es necesario equivocarse.

Siento que va a ser un curso especial, y cuento con vosotros para hacer de este 2023-.2024 un curso inolvidable, pero de cosas positivas (la vida ya nos trae las malas sin pedirlas).

Para acabar, os lanzo una pregunta:

¿QUÉ ESPERÁIS DE LAS CLASES DE ESPAÑOL DE ESTE AÑO?

Espero vuestras respuestas en "·comentarios".

Y si os pasa algo, sea lo que sea, contad conmigo. Las puertas del Departamento de Orientación, del que tengo suerte de formar parte, van a estar siempre abiertas para el alumnado. 

Ojalá tengamos muchos buenos recuerdos de las clases de español a final de curso. Gracias por adelantado.

Y la canción que comparto habla de amor. Sí, soy una romántica.

domingo, 1 de octubre de 2023

Dos meses de VACÍO

Aquí estoy, inaugurando las entradas de septiembre con otra dedicada a mi padre. Tengo muchas ideas para escribir en la cabeza, pero mi corazón manda, y más hoy, que se cumplen dos tristísimos meses desde que te perdimos. Y sigue doliendo...¡Vaya que sí! Y de vez en cuando reaparece esa punzada en el corazón, esa sensación de estar subiendo una cuesta empinadísima y no contar con el aire suficiente. Como si me faltará el aire. Una especie de nudo en la garganta que dificulta hasta tragar saliva.  

Hay días en los que sigo estando completamente desganada, y me limito a cumplir con mis obligaciones, sin más. Luego me da rabia, porque sé que no hay vuelta atrás. Sé que no estás, por mucho que apriete los ojos deseando que esta mierda de realidad fuera una pesadilla más larga de la cuenta. Pero no, estaba allí y vi que ya solo quedaba tu cuerpo, pero lo demás se había ido. 

Me estoy haciendo el firme propósito de intentar disfrutar más cada día. Por lo mismo que duele, lo mismo que me hace llorar como una magdalena, ha de darme el combustible para seguir moviéndome. Por eso lo repito: en esta vida, no hay vuelta atrás. Esta tarde he montado en tu coche, en nuestro (de la familia, de los cuatro) coche. He intentado recordar la vez anterior sentada en él. Quizás fuera cerca de navidades, para traer alguna de las tablas para montar el belén, porque solo cabían en tu coche. ¡Cuántos recuerdos en ese coche rojo! Me ha costado estar en él sabiendo que nunca volverás a estar al volante. Necesito más tiempo, para eso que es una "chorrada", y para todo lo que está relacionado con tu pérdida. No tengo ni la más remota idea de cuánto. Pero me hace falta más para que todo se vaya recolocando por dentro. A los que me queréis, os ruego paciencia. Esta tarde me di cuenta que sigo teniendo algún mensaje de condolencias sin responder. No daba crédito. Espero no tener ya ninguno pendiente esta semana. La cuestión es que dosifiqué las respuestas porque cada una era revivir el dolor, y necesitaba frenar eso. Dos meses después, siguen llegando pésames. Hablabas con todo el mundo y eso se nota, para bien.

Pese al vacío, la vida sigue. Sé que me da muchas razones para sonreír y volver a "nadar". De momento estoy con el flotador de emergencia y empezando a mover los pies y los brazos, con cierta torpeza todavía. Pero tranquilo papá, que estamos en ello. Intento mitigar esta tristeza tan profunda como puedo. Afortunadamente no había vivido antes un dolor semejante. Por fortuna también tuve la suerte de ser tu hija, y de que tú seas mi padre, y eso está ahí. Y lo mismo con mamá y con Míguel. Soy una suertuda por ser su hija y su hermana, respectivamente. Aunque a veces pensemos distinto y/o choquemos, soy muy afortunada. 

Tengo ganas de viajar, muchas, de volverme a escapar, pero un poco más lejos. Y ojalá poder volar antes de cambiar de años. Soñar es gratis. Estas cosas son posibles, otras no, por eso prefiero no malgastar energía en imposibles. Tengo ganas de mar, los cuatro días de julio me supieron a poco. Los dos de agosto para otra ocasión, no estaba mi ánimo para ellos. Y dije que no pensando en quienes me iban a acompañar, y en mí misma. Lo entienderon. Habrá otras oportunidades, otras fechas.

A ver si voy a la óptica y me pongo las gafas ya, las necesito para leer. Lo echo mucho de menos. Y sin ellas no es fácil ya, mucho menos por la noche. A ti te dijeron que no te hacían falta unas nuevas, porque había variado poco. A mí a ver que me dicen de estas primeras gafas.

El otro día, mientras veía Masterchef, me emocioné con las palabras de Palito Dominguín, recordando a su abuela y a su hermana Bimba, ambas fallecidas. Hablaba de la suerte de haber coincidido con ellas en espacio y tiempo. Pues eso. ¡Cómo la entiendo! 

Y suerte la que me sigue acompañando ahora, con nombres y apellidos concretos. El universo ha sido generoso conmigo. 

Sé que no soy la misma desde ese 1 de agosto. Sigo siendo yo, pero una versión distinta. Quiero creer que mejorada. Me gustaría pensar que cuando todo se asiente la Raquel que va a florecer es mejor que la anterior, o tanto sufrimiento no tendría sentido. De momento siento estar algo mustia todavía, intento animarme y tirar de mí, aunque no siempre soy capaz.

Vamos a confiar en octubre. Fijo que trae alegrías. A mí en cuanto veo que el suelo está plagado de hojas y los bosques se tiñen de rojos, naranjas, amarillos y marrones, me cambia el ánimo, me encanta el otoño. 

Abrazad mucho, Besad mucho. Pedid ayuda cuando no os sintäis bien. Soñad mucho (despiertos y dormidos). Ayudad. Prestad atención a los detalles (y disfrutadlos). Sonreid todo lo que podáis. Elegid bien con quién pasáis vuestro tiempo, hasta un simple café es importante. Esforzaos por estar bien, por sentiros bien (por dentro y por fuera). Amad mucho...Y ya está, la vida.

La música os resultará familiar. Conchita por partida doble.

jueves, 21 de septiembre de 2023

21 de septiembre. Y ya

Puede sonar a chunga lo que pongo a continuación, pero ni mucho menos. No recuerdo los años que llevo escribiendo en el blog con motivo del Día mundial del alzheimer. Podría tirar de hemeroteca, pero no tengo ganas. Pese a esta desgana sí quería seguir acordándome tanto de los enfermos de alzheimer como de sus familias y otros seres queridos. Siempre me ha parecido una enfermedad durísima, y lo que han contado o me cuentan de ella gente que la "padece" o "ha padecido" a través de algún ser querido, han ayudado a que vuelva a sentarme a escribir sobre ella.

Siempre me gusta compartir algo, sea un anuncio, un artículo, una canción, un "algo" que pueda resultar interesante. Y he encontrado en Youtube un programa maravilloso. Es de hace cuatro años, pero eso no le resta valor. Es duro, es capaz de arañar el corazón. Si pese a estas advertencias os animáis a verlo, espero que saquéis algo positivo de su visionado.Se trata del programa de Telemadrid "Eso no se pregunta", y es el que trata sobre el alzheimer. Dura 40 minutos. Me ha parecido interesantísimo, y ayuda a empatizar, tanto con los enfermos como con sus cuidadores, sean familiares u otras personas. Para mí es una gran desconocida, lo que pasa que nadie está libre de sufrirla y siempre he pensado que es una enfermedad durísima y muy dolorosa para todas las partes implicadas. Y sigo creyéndolo.

Ojalá se invierta más en investigar enfermedades como el alzheimer. Ojalá existieran más servicios públicos para familias y cuidadores. Hay muchas cuestiones olvidadas en la sociedad, y desgraciadamente el alzheimer es para mí una de ellas.

Una de las preguntas que aparece en el programa de "Eso no se pregunta" es esta: ¿Qué es lo último que olvidan los enfermos de alzheimer? Me quedo con la respuesta de un familiar: Lo último que olvidan, es el amor...Y aún así no lo olvidan.

Al final, el amor me parece la respuesta para todo. La herramienta para cualquier cosa. El instrumento para poder batallar con cualquier adversidad que la vida nos depara, especialmente con las inesperadas. Y sí, me refiero a la muerte repentina de mi padre, el pasado 1 de agosto. No me canso de repetirlo, porque me siguen preguntando: No, no estaba enfermo. Sí, muy joven, solo 75 años, a punto de soplar las velas del 76 (Tranquilo papá, no se quedaron sin soplar).  Hasta en el momento más fastidiado, con amor, todo se puede afrontar, aunque no podamos cambiar la realidad, por abrumadoramente triste que nos resulte, y de eso sí sé, me está tocando hacer un máster al que no me he apuntado. Y mi flotador está siendo el amor que tengo, el que doy y me queda por dar, y todo el recibido. Curiosamente el amor de mi padre, que es la ausencia que más me pesa y duele, me ayuda a salir a flote, aunque siga doliendo, aunque cueste seguir nadando. Y el de los que están aquí, conmigo, escuchando mis lágrimas, mis preguntas sin responder y mil cuestiones que no se te pasan por la cabeza hasta que te pasa algo así. Un tortazo del "destino" con la mano abierta de par en par. Y a veces no hay palabras, el silencio es la mejor respuesta. Pero cada persona es un mundo. Y comprendo que mi manera de sentir y de vivir este duelo, quizá resulte difícil de entender para muchos, pero no me quita el sueño, eso no, eso nunca.

Vuelvo al alzheimer, que me he desviado. Quiero aprovechar esta entrada para mandar un abrazo repleto de cariño, ánimo y esperanza, a todos aquellos familiares de personas dependientes, da igual la razón (alzheimer, párkinson, otra enfermedad o las circunstancias que sean que convierten en dependiente a alguien, de manera puntual o permanente). Y también a los que son dependientes, el motivo es secundario. Nadie está libre de serlo algún día. Ninguno lo estamos.

Mucha fuerza y extraer de la realidad que os haya tocado vivir lo bueno, porque siempre, repito, siempre, hay algo.

Y no quiero despedir esta entrada sin dar, otra vez, las gracias, por todo ese amor que he mencionado hace algunos párrafos. Especialmente a ese pequeño grupito de personas con los que me desnudo por dentro. 

domingo, 17 de septiembre de 2023

Las patas del saltamontes

17 de septiembre, cumpleaños de Miguel Ángel,  mi hermano. Cuarta fecha especial sin ti, papá. Cuarta "puñalada" después de tu fallecimiento...Y sabemos que nos quedan todavía primeras veces por superar. Pasó el 15, tu cumple; el 21, el mío; el 11 de septiembre, cumple de mi prima Ana, fue pasarle mi móvil a mamá para que la felicitara y estallar mi llanto, eras tú el que empezaba esa cadena de felicitaciones y nos pasaba el móvil; y hoy, el de tu hijo, es decir, mi hermano. Debe ser así. Eso dicen, que es así. No me consuela un ápice, pero entiendo que los que han pasado por un dolor semejante, saben de lo que hablan. Y hay que respirar y seguir. Lo reconozco, miento a veces. Estoy mintiendo cuando digo que estoy mejor. Miento porque así la gente se queda más tranquila, y pregunta menos. Hay días que sí, que de verdad me encuentro mucho mejor, o gran parte del día, no nos vamos a engañar, pero estos últimos han sido bastante jodidos. Sí, siento decir que jodidos, pero es lo más aproximado, fastidiados sería edulcorar la realidad de mala manera. Y sigo acordándome de ti en cada milímetro de este mundo, incluso en lugares que no llegaste a conocer, qué curioso. Veo en el corcho de Míguel los calendarios de los cuatro de cada año, los de tamaño bolsillo. Y me parece mentira que ya no vaya a haber más veces de los cuatro. Pero por lo que sea, el destino, los astros, dios si es que existe, o lo que sea, decidieron que te fueras esa noche insoportable del 1 de agosto.

Repito, sé lo afortunada que soy, pese a que nos faltes tú. Recibo amor a manos llenas. Me siento amada, querida y valorada. Y no faltan personas a las que recurrir cuando me falta el aire.

Estoy empezando a huir de las redes sociales. O mejor dicho, no huyo, hago una limpieza profunda de ellas. En Instagram he quitado de un plumazo a la tira de personas, no descarto quitar más. Allá cada cual con su conciencia y sus circunstancias. 

Esta mañana fuimos Míguel Ángel y yo a una zona cercana al río que hacía mucho que no frecuentábamos. No llovía en ese momento y había que aprovechar. Vimos varios saltamontes, luego vuelvo sobre ellos. Estuve cogiendo moras. Mi hermano me advirtió que dejara de hacerlo, porque le parecía peligroso el sitio,  bajo unos olmos, por si pasaba algo. No cogí muchas y me fui a otro lado. Unos minutos después, uno de los olmos se tronchó. No una rama, el tronco. Había mucho viento. Escuchamos un ruido muy fuerte y se partió. Afortunadamente no había nadie debajo. Justo se iba a acercar a la zona de los olmos una familia con una niña pequeña y dos adolescentes. Dieron media vuelta. Y nosotros nos fuimos al coche, no era día para pasear por allí. Menos mal que no pasó nada. Razón tenía mi hermano, me quedé helada. 

Regreso a los saltamontes. Había uno de un tono poco habitual, un tipo de marrón que no es el que solemos ver normalmente. Con la cámara advertí que al saltamontes le faltaba una de sus patas traseras.. Dice internet que las dos patas traseras son largas y fuertes, y les permiten saltar o catapultarse 20 veces la longitud de su propio cuerpo. ¡Qué pasada!

El saltamontes carecía de pata trasera derecha, pero a pesar de eso seguía saltando, como podía, no se detenía, y seguro que notaba la ausencia de esa pata. Y se daba cuenta que desde su pérdida era más difícil moverse, pero fijo que era consciente de la importancia de seguir saltando para continuar con vida. Me sentí un poco (o un mucho) saltamontes, se me ha ido una de mis "patas", de las más importantes, las traseras. Y estoy aprendiendo, sin que nadie me enseñe. Aunque algunos que antes que yo han perdido alguna "pata" me arropen e intenten transmitirme calma. Pero sigo caminando, cuesta acostumbrarse, pero estoy viva, y tengo que aprovechar y disfutarlo. Y si hay que llorar pues se llora, se llora y se sigue. Y se sigue como se puede. Y ya. 

Que probablemente a mi hermano le pasa como a mí en este último cumple, este sea su cumpleaños más triste hasta el momento. Pero creo que él sabe que es una de mis "patas", y siempre le desearé lo mejor, se merece ser feliz. Ojalá mis deseos hacia él se cumplieran. Hoy no me sale decirle "Feliz cumpleaños", me hago una idea de lo que puede estar sintiendo. Pero sí un "Te quiero", aunque me da que no va a leer esta entrada, pero lo sabe. Es el mejor "regalo" que mis padres me han hecho. 

Seguiré saltando, como el saltamontes de esta mañana. GRACIAS.

jueves, 7 de septiembre de 2023

Caminando septiembre...

Este curso tripito destino, no sé si ya lo había dejado caer en el blog, seguramente sí. Me hace mucha ilusión poder estar en el "Salinas" un tercer curso. Me siento rara por llevar dos cursos seguidos sin tener que irme presentando a todo el claustro. Pero qué queréis que os diga, lo agradezco. Y este año, cuyo agosto empezó de la peor manera posible, con la muerte repentina de mi padre, agradezco todavía más ahorrarme eso de tener que romper el hielo con todo el mundo. Sobre todo porque todavía tengo todo muy tierno,  lo siento demasiado reciente, y podrían conocer una versión mía bastante mustia, pero es lo que hay. Ni me paso todo el día llorando como una plañidera, ni con una sonrisa de oreja a oreja, para qué mentir. Voy al ritmo que puedo, al que me permite ir asimilando lo que ha pasado y la vida desde esa noche de mierda (fui muy sutil), con perdón, del 1 de agosto. Y me sigue importando un bledo si a ojos de los demás eso es lento o rápido, porque no están en mis zapatos. No he calculado porcentajes de los suspensos en empatía. Aunque por otra parte, debería calcular también los que me han sorprendido, para bien.

El domingo por la tarde una señora que no tenía el gusto de conocer, pero que sí debe conocer a mis padres, me dio el pésame. Me preguntó si estaba mi madre bien. Salté como un resorte, creo que se me subieron las dos cejas, lo siento, no lo pude evitar. De verdad que una pregunta tan simple me resulta ahora muy inoportuna, fuera de sitio, molesta, inconsciente, y algo a lo que no me apetece un pelo responder. Ni si preguntan por mi madre, por mi hermano o por mí. Vamos tirando, y punto. Mi hartazgo por dar explicaciones es ya considerable. Lo siento, pero esa pregunta y pésames, que obviamente siguen llegando, lo único que hacen es más daño a una herida monumental, todavía muy abierta. Ya, la gente no la hace queriendo, pero es un chorreo diario de la misma pregunta una vez tras otra y los pésames, que me quitan las ganas de salir a la calle. De hecho a gente que no me importa un rábano, me han preguntado qué tal, y les he dicho que bien, sepan o no lo de la muerte de mi padre, no me apetece dar explicaciones. No tengo que ·"desnudarme" sentimentalmente con todo el mundo, ni de lejos.

Y pese a las adversidades la vida sigue, y qué bien. Aunque en momentos puntuales siga sintiendo esa especie de pellizco en el corazón, un dolor tremendo, tengo muchos motivos para ser feliz. Muchas razones para sentirme una persona muy afortunada. Y hoy porque es 7 de septiembre, y mañana porque es 8, y pasado será 9. Pero hoy quiero celebrar la vida y el amor. Porque no somos los que somos sin aquellos que nos aman. Sin los que nos sostienen en los momentos en los que nos sentimos más frágiles. En los que no tenemos ganas de nada y parece que nos cuesta incluso respirar. En los días negros con los ojos hinchados de llorar y llorar. En los ratos que nos sentimos pequeñitos. En los momentos en los que la tristeza se intenta apoderar de nosotros. Eso es lo difícil, amar cuando estamos hechos una mierda, cuando nos sentimos una mierda por dentro y/o por fuera. Cuando parece que no somos capaces de soportarnos a nosotros mismos. Porque a mí quererme en mis días alegres es mucho más fácil, dónde va a parar. Ahora ya, hacerlo en mis momentos bajos, es una tarea complicada.

Por eso hoy me apetece celebrar el amor y la vida. Porque lo importante no puede dejarse para otro día. Porque al final lo vamos dejando y ese día no llega, y tal vez cuando queremos que llegue ya es demasiado tarde. Por eso celebro lo afortunada que soy, y lo amada que me he sentido y me siento. Y soy de las que expreso lo que siento porque me nace, y porque me parece que la persona que nos arropa, sonríe en silencio mientras nos mira a los ojos, se merece oír a viva voz un "Te quiero", "Te amo".  U otras cosas que con otras palabras expresan lo mismo. Y por supuesto una frase muy usada, pero que siento de corazón: Gracias por estar en mi vida, y por quedarte.  Y sigue quedándote a mi lado. Gracias por todo lo que me aportas y lo bien que me siento a tu lado.



Si tenéis ganas de un viaje especial, no esperéis al momento perfecto, puede ser que no llegue nunca. Hacedlo en cuanto las circunstancias os lo permitan. A lo mejor sois vosotros los que debéis crear esas circunstancias. Si tenéis algún proyecto personal, del tipo que sea, esperando, igual os digo, no renunciéis a él, lanzaos e intentadlo. Si nunca lo intentáis no sabéis si lo habríais logrado, por difícil que parezca.  No hagáis partícipes de vuestro sueños e ilusiones a mucha gente. A veces es preferible que los conozcan cuando sean una realidad. Que os apetece escribir un libro, pues una vez que lo tengáis en vuestras manos, lo compartís con los demás. Y si os quieren se van a alegrar.

Para todos, la nota mental que os mando está clara: La vida es una, aprovechadla. 

miércoles, 30 de agosto de 2023

40 + 1

El 21 de agosto del año pasado entré en el "Club de los 40". No me dio tiempo a asumirlo por el ictus de mi tío Antonio, pocos días antes de mi cumpleaños. Esta vez agosto ha empezado con la muerte, repentina y fulminante, de mi padre, uno de los pilares de mi vida. Ese fue nuestro tsunami emocional desde el día 1 de agosto por la noche. Vaya mierda de noche, tan inolvidable como dolorosa. A mí me ha condicionado el resto del mes, cumpleaños incluido. 

A mis 41 años de vida no sé qué pedirles. Bueno sí, pero las tres cuestiones en las que pienso no quiero compartirlas aquí ni en ninguna parte.

Fue muy duro que me faltara tu voz, tu beso y tu todo al estrenarse el 21 de agosto papá, pero tenía que ser así. Hubo momentos tristísimos y otros de luz, mucha luz. Gracias a los que entendisteis y respetasteis mis palabras previas a ese 21 de agosto por varias vías.  Y los que me escribisteis teniendo en cuenta lo que había pedido. Disculpad a los que no os cogí el teléfono. Gracias por no juzgar y empatizar. Os quiero mucho.

Gracias a los que físicamente pasasteis parte de ese día conmigo. Solo sois cuatro personas, y sabéis ya quiénes sois. Pese a todo, soplé las velas. Y no una, sino dos veces. Hasta hubo fotos. Porque sí, la ausencia de mi padre es indescriptible, pero la presencia de los que amo y además estuvieron conmigo, también lo es, y la valoro muchísimo. Sé que para vosotros, por circunstancias diversas, pasar parte de mi cumple con vosotros supuso un esfuerzo. Gracias infinitas a los cuatro. No era un día fácil y lo hicisteis especial y mucho más llevadero. Os amo.

El destino me ha "robado" este agosto, pero habrá otros agostos, para poder hacer todo aquello que en este de 2023 no ha sido posible. O antes, no necesito esperar a agostos venideros. Qué importante es respetar el ritmo y los tiempos de cada uno.

Celebrad la vida, porque no se detiene. Y cuando la de alguien lo hace, la de los que lo rodean tampoco para, aunque parezca que sí, y sigue rodando.


Papá, casi un mes...sin ti

El 1 está a la vuelta de la esquina. Manda narices que vaya a hacer un mes desde que nos dejaste. Hay preguntas en el aire, y ahí se van a quedar. La qué más se repite en mi cabeza es "¿Por qué?". Y otras que no me estoy guardando dentro, sino que las saco, como puedo, muy despacito. O cosas que quiero compartir contigo.

No te puedes imaginar la de personas que nos siguen dando el pésame a estas alturas. Si siempre he pensado que tú habrías sido un relaciones públicas estupendo, por algo sería. Y mamá una vendedora de inmobiliaria de bandera. La verdad es que después del tiempo que ha pasado desde ese 1 de agosto, cada pésame de alguien conocido y relativamente próximo, es dolorosísimo. Es muy difícil no derrumbarse. Sin embargo, ¡qué curioso!, me duele que otras personas, ni conocidas ni próximas, no digan ni pío, por algo que llamo empatía, humanidad...No sé. Por ejemplo tres trabajadores, dos hombres y una mujer, de dos tiendas distintas de Orange. Me esfuerzo pero no me cabe en la cabeza que no les salga un "Lo siento", y luego ya me expliquen lo que corresponda. Igual en una de las tiendas de Movistar, nada, como si no hubieran escuchado nada. Y en tercer lugar, en La Gaceta, con la de años que llevabas siendo suscriptor. Me parece vergonzoso, pero no tengo ánimo de poner quejas, con las ganas me quedo, pero ahora no me veo con fuerzas para eso. Tampoco quiero decirles alguna barbaridad, de la que luego me pueda arrepentir. 

Además de los pésames, reconozco que no llevo nada bien el que me pregunten cómo estoy o cómo estamos. Pues estamos, ahí vamos, tirando...Cada día que me pasa me apetece menos dar explicaciones de mi estado de ánimo o el de Míguel y mamá. Sé que lo hacen con buena intención, porque se preocupan por mí/nosotros. Pero es complicadísimo de responder, y escuece mucho. Es una pregunta comodín, la más común tras saludar a alguien, pero ahora me sobra. Y eos no significa que me pase el día entero llorando, ni mucho menos, no es así. Pero sí hay silencios, lágrimas, o nudos en la garganta, en algún momento puntual del día a día, y los vamos llevando lo mejor que podemos y sabemos.

No me quita el sueño que no me entienda la gente. Sé perfectamente que no vas a volver, que la vida sigue, que tú nos querrías ver felices y estamos haciendo todo lo posible por salir a flote. Pero sigo sintiendo todo muy reciente, la herida está muy tierna (todavía) y tu vacío es un boquete de dimensiones descomunales. A la gente, no juzguéis, os lo pido por favor. No me gustaría que nadie, sin excepciones,  estuviera ahora en mis zapatos y tuviera que sentir lo que yo siento.

He pasado de no parar casi en casa a no tener ni pizca de ganas de salir. Salgo lo imprescindible, porque lamentablemente a los que se quedan aquí, a los familiares más cercanos del vivo, les queda burocracia para rato. Y ese papeleo inmenso contribuye a no poder desconectar, no poder dejar de darle vueltas a las cabezas. Sé que hemos empezado un capítulo nuevo en nuestras vidas, el de "Nuestra vida sin papá", pero pasar página y comenzar a escribirlo, no es moco de pavo, cuesta un mundo.

Creo que lo dije en alguna de las entradas anteriores, pero me gustaría dar las gracias a los que han vivido alguna pérdida que se asemeja a la nuestra o la supera, y han compartido ese dolor conmigo. Sé que en ningún momento os pedí que hiciérais eso, pero me ayuda a entenderos mejor y a comprender mejor algunos de los sentimientos que estoy teniendo. Y digo dolor, pero además de dolor hay otros que me han dado una lección, de cómo sí se puede seguir adelante ante una pérdida así (o peor, porque las hay mucho peores), y cómo se puede volver a ser feliz, con tiempo claro, pero esa luz que veo en vosotros me llena de esperanza. Lo vuelvo a decir, pese a la desgracia, también me siento muy afortunada. Espero salir mejor persona de todo esto. Desde luego, algunas cosas no las volveré a hacer de la misma manera, porque ahora que las estoy viviendo en mis carnes, sé que hay otras formas, mejores.

Papá, que sepas que de tu muerte va a  nacer algo hermoso. Algo que pueda serle útil a muchas personas. Estoy ordenando mis ideas para empezar a darle forma, barajo varias opciones, sin plazos ni nada. Puede ser dentro de una semana o un par de meses, pero de aquí voy a crear algo muy bonito. Está genial hablar de la vida y de cómo exprimirla. La muerte es parte de ella, un punto y aparte al que arrinconamos. Y no por dejarlo a un lado va  a dejar de existir. Hay que integrarla, asumirla y valorar muchas cosas previas para poder afrontarla mejor, llegue antes o después. 

Afortundamente hemos superado ya varias primeras veces, como tu cumpleaños y el mío. Sé que seguirán doliendo, confío en que los próximos años en un grado menor.

Ya no me queda nada para dar la bienvenida a un nuevo curso. Tengo muchísimas ganas de volver a la rutina. Obligatoriamente parte de mi cabeza la va a ocupar el instituto, y me va a venir de fábula. Siento curiosidad por conocer a nuevos alumnos, compañeros...Y también por reencontrarme con los ya conocidos y saber qué tal les ha ido el verano. Bato un récord, tres cursos en el mismo destino, con matices porque el primer curso fue compartido con el CEIP "Filiberto Villalobos". Pero encaro ya mi tercer curso en el IES "Francisco Salinas". Y me ilusiona mucho, aunque soy consciente que bregar con los pre o adolescentes a secas, nunca es sencillo.

Hace poco volví a leer la entrada que había escrito el año pasado sobre mis 40 años. Continúo pesando que en esta década van a pasarme cosas preciosas, aunque poco antes del 41 me haya llevado un palo gordísimo.  Pero bueno, es la vida, y sigue, con o sin ausencias. Siempre vamos a amarte papá.

Y un par de canciones. Que nunca nos falte la música, siempre es buena compañía.


martes, 15 de agosto de 2023

Vacío. Algunas consideraciones respecto al duelo. Tu cumpleaños

Escribo de madrugada, siempre he dicho que lo mío a la hora de escribir son las horas intempestivas. Es casi la una de la mañana del recién estrenado 14 de agosto. No obstante esta entrada estará disponible desde el 15.

La verdad es que nunca me había imaginado cómo sería mi vida sin ti. O sin mamá, es algo que mi cabeza sabía que sucedería algún día, pero mi corazón no quería aceptar, y todavía le cuesta. Nos dejaste de una manera tan repentina, que estamos intentando asimilar tu ausencia como podemos, porque saber, no sabemos. Pero resulta que sí, la vida de un hijo/una hija sigue aunque no esté su padre, y parece que la de una esposa también continúa, aunque falte su marido (prefiero "compañero de vida").

Siento un vacío que sé que nada ni nadie va a suplir, soy muy consciente de ello. Pero confío en ir llevándolo un poquito mejor cada día, semana, mes, año...Sé que tengo muchas razones para ser feliz y sonreír con la voz, como dice un buen amigo. Pero hay detalles de cada día que sin que pase nada extraordinario, se me hacen bola. No es siempre a la misma hora ni en el mismo lugar. Pero en algunos momentos aflora esa tristeza y necesita salir al exterior, sean dos minutos o media hora o a saber.

Y por eso he vuelto al blog, porque escribir sobre lo que estoy sintiendo desde el 1 de agosto tal vez me haga bien. Es como una autorreceta. Me parece que me va bien y me la hago, sin más. No es tarea fácil, pero escupo lo que me duele y miro al futuro. Y sé que es muy bonito, incluso el día de mañana, sin ir más allá. Pero cuesta...¡Vaya si cuesta!

Por las circunstancias de tu partida, parece que he hecho un cursillo intensivo sobre el duelo, a la fuerza ahorcan. Aunque sin "profe", voy aprendiendo, sola, o acompañada, poco a poco, sobre la marcha. Aquí un inciso, quiero disculparme, con todas aquellas personas que a día de hoy ya hayan perdido a alguien muy querido para ellos, por si no estuve a la altura. He pensado en ello y habré fallado a más de uno y más de dos. Y es que siempre hablo de empatía, para todo. Pero en el caso concreto de las pérdidas, se nota mucho quién ha pasado por algo semejante y quién no. Y no tienen nada que ver lo que me dicen unos u otros, aunque se hayan enfrentado a situaciones similares. 

No obstante la inteligencia emocional de algunas personas es gigantesca, y eso hace que me lleguen "mensajes" muy acertados. Después de mi disculpa, prometo que a partir de ahora actuaré de manera distinta si muere alguna persona cercana de algún amigo/familiar. Básicamente porque a mí ya me está tocando. Y nada tiene que ver contemplar los toros desde la barrera a bajar a la arena y coger el capote. Disculpad también el símil, pero a mi padre le gustaban los toros, y esta entrada también es para él.

Algunas conclusiones que voy sacando de este aprendizaje exprés:

-El duelo es individual. Sí, que una persona fallezca le duele a muchas personas, pero cada cual ha de pasar su duelo, no es algo que se haga de manera grupal, familiar...Lo que no quita que a veces puedas apoyarte en otras personas que están pasando por algo parecido. Y por mucho que me duela no puedo cargar con la mochila-responsabilidad de ayudar a los que más quiero a pasarlo, porque no puedo ayudarlos.

-El duelo no tiene una velocidad estipulada. No hay una velocidad mínima ni una máxima a la que se pase. Cada uno, con sus vivencias previas, su bagaje emocional, y las "herramientas" de las que disponga, irá a la velocidad que crea más conveniente. Y nadie debería juzgar si eso es ir "rápido" o "despacio". Todo es muy relativo. Cada cual a su ritmo. Cada uno necesita un tiempo distinto.

-El duelo a veces es mudo y otras un cotorro que no cesa ni bajo el agua. Cada persona vive el duelo a su manera. Se puede guardar lo que siente o decidir compartirlo. Puede llorar sola o acompañada, o no llorar. Puede verbalizar lo que va sintiendo día a día o no decir ni pío. O unos días tener ganas de responder a los mensajes y otros ganas de mandar a más de uno a hacer puñetas. Y eso incluye quedar con gente y salir o recluirse en casa. Aunque no tiene porque ser una cosa u otra, me parece que quedar con quien creas que vas a sentirte más cómodo (según muchas circunstancias), no está reñido con optar por la soledad en determinados momentos. 

Personalmente, y no sabía cómo iba a reaccionar, prefiero hablar de lo que siento, pero tengo el poder de decidir cuándo, cómo y con quién. Sigo teniendo llamadas que no he cogido o mensajes sin responder. Me ha pasado que hay gente que llama en un momento en el que no me apetece hablar, y no creo que tenga que obligarme a hacerlo. O también haber hablado más veces del mismo tema en muy poco espacio de tiempo, y no tener ganas de repetirlo, porque duele, y mucho.

-El duelo no tiene que ser visible. Si me visto de rojo no quiero menos a mi padre. Si me maquillo no quiero menos a mi padre. Si suelto una carcajada no quiero menos a mi padre. Su ausencia es lo verdaderamente visible. Se nota que no está en cualquier lugar, situación, parte del día...

-El duelo a veces necesita de ayuda externa. En general las personas no cuidan su salud mental todo lo que deberían. Y no pasa nada por acudir a alguien para tratar temas delicados, que tal vez hagan daño a nuestros pensamientos y sentimientos. Me parece que nadie nace enseñado, y ante determinadas situaciones novedosas, es complicado saber gestionar lo que nos está pasando. Aunque a nadie se le puede obligar a recurrir a esa ayuda.

-No hay por qué hablar del duelo. Como dije hace algunos párrafos, el duelo es individual. Pienso que hay tantas formas de duelo como habitantes en el mundo, me da igual si insisto en este punto, pero considero que muy importante. Y hay que respetar si alguien no quiere hablar de ese dolor, de esa rabia, de esa etapa tan amarga. A veces un inocente ¿cómo estás? es un cuchillo. O que me escriban como si fuera un día normal, y no hubiera pasado "nada". Y sí, sí ha pasado...

-Hay un antes y un después del duelo. Mejor dicho, creo que es un antes y un después de un fallecimiento de alguien a quien amas tanto. Porque cambia a cualquiera. No me siento la misma que antes de esa noche del 1 de agosto. En esencia sí. Te toca espabilar mucho en pocos días. Verte en situaciones que ni en tus peores pesadillas. Afrontar retos que parecen subidas al Everest. A lo mejor lo que para mí son retos, para otros son "chorradillas", pero hay que pasarlas. Y cada uno a su ritmo.

Y de momento no voy a poner nada más respecto al duelo.

Os pido comprensión, paciencia, empatía y escucha. No soy la misma con todas las personas porque el vínculo con cada cual es diferente. Y depende en qué momento me pilléis.

Tengo una suerte bárbara porque con muchos podría irme de aquí a la luna. Hay gente, más bien pocos,  que me ha decepcionado, pero probablemente no sea culpa suya, sino del momento que estoy atravesando, u otros factores comentados en otras partes de esta misma entrada. Pero, siempre hay un pero, son muchas más las personas que han sabido arroparme, sin agobiarme, empatizar sin hacer daño, acompañar sin hacer ruido...Gracias infinitas, sí, otra vez. No me voy a cansar de repetirlo. Porque este es el primer gran bofetón que me da la vida. Eso sí, ha venido con fuerza.

Gracias a los que habéis compartido cuestiones muy íntimas relacionadas con pérdidas vuestras. No es fácil compartir lo que nos duele, yo digo que a veces ese dolor es una especie de pellizco en el corazón. Veo bastantes paralelismos y os conozco todavía más y a mí mejor cada día.

Y la última parte es por el día en el que esto verá la luz. Papá, tu cumple, el 15 de agosto. Te has quedado a solo 14 días de poder soplar las velitas del 76. Encontré hace nada el ticket de compra de las velas, con fecha del 28 de julio. Manda huevos. Sé que tú no eras muy de poner números con tu edad. Pero a mí me gusta hacerlo con mamá y contigo especialmente, porque es una señal de que estáis. Esta vez ya no vas a hacerlo como siempre, con nosotros tres (mamá, Míguel y tú), pero quiero soplarlas yo. No sé si me ayudarán o no, o si tendré fuerzas para ello, pero siento que esas velas eran tuyas, y no debo castigarlas en un cajón o reciclarlas, sin más, para otros cumpleaños. Total, un par de semanas más y lo habríamos podido celebrar juntos. Cosas del destino.

Intento centrarme en los innumerables momentos felices de todos los años compartidos contigo. Y en mi caso, son cuarenta años largos. Si bien no tengo recuerdos desde que estaba en la cuna, sí cuento con fotos y todo lo que nos contabais mamá y tú. Como el no dejaros dormir casi nada en mi primer año de vida. Lo siento, je, je. Seguramente ya tenia ganas de observar detalladamente todo lo que me rodeaba.

Hasta me acordaba de ti librándome de una araña hace algunas noches. Estaba sola en casa, y de repente al ir a mi dormitorio ahí estaba ella, muy negra, grande y fea. Estaba en la pared, justo por encima de mi cabecero. Mi primer impulso fue llamarte a grito "pelao", como solía hacer, para que acudieras en mi auxilio. Pero no lo hice. Pensé, papá ya no está, pero a esta araña me la cargo yo solita, como hacía papá. Y así fue, claramente sabes que con ella en la pared no habría podido pegar ojo.

Espero que el dolor por tu ausencia vaya atenuándose con el paso del tiempo, pero entiende que tu marcha está muy reciente y cuesta recomponerse. 

Sigues vivo en nuestros recuerdos y en nuestros corazones. Y este 15 de agosto de 2023 seguramente sea un día tristísimo para nosotros, por ser el primero sin ti. Pero es lo que nos ha tocado, lamentablemente nos quedan muchas "primeras veces" sin ti. Poco a poco. Ni sufriste, y eso es un bálsamo.

Creo que no llegaste a ver esta foto de los cuatro en el ordenador, celebrando el santo de mamá.

Papá, gracias por todo lo que hiciste por nosotros durante toda tu vida. Allá desde donde estés, sonríenos y sigue cuidándonos a todos como cuando estabas a nuestra vera.

Con mucho amor. Tu hija,

Raquel

PD: esta entrada se acabó de escribir a las 2:40 horas del lunes 14 de agosto.