BIENVENIDOS a este blog.
En él me gustaría unir varias ideas, la principal, que para que exista una buena EDUCACIÓN, uno de los ingredientes principales ha de ser la EDUCACIÓN EMOCIONAL. Y una de las herramientas de esa educación es, la que denomino la "palabra mágica", EMPATÍA.
Espero que seas docente, madre, padre, alumno, o simplemente hayas entrado a "dar una vuelta", pueda resultarte útil y/o interesante su contenido.
Queda mucho por APRENDER, pero claro está, con EMOCIÓN.
SKAM es una palabra noruega que significa vergüenza. Pero la entrada no lleva este título por su significado. Lo elegí porque así se llama una serie de Movistar +, cuya última temporada (salvo que cambien de idea, espero que no), acabó de emitirse hace una semana.
Es una serie con protagonistas adolescentes. La historia gira en torno a las vivencias de cinco amigas, estudiantes de bachillerato, y lo que les pasa, ni más ni menos. Creo que de refilón ya la había mencionado en una de mis crónicas de confinamiento publicadas en este blog. No he querido rebuscar para comprobarlo porque si bien las escribí porque deseaba dejar mi testimonio de unos momentos tan extraños a la par que durísimos, ahora mismo no me apetece lo más mínimo recordar aquellos días. Pero los menciono porque me gusta contextualizar lo que cuento. Descubrí por entonces, de pura casualidad, esta serie, una de esas noches en las que me dan las mil de la madrugada despierta. Y desde ese momento me enganché.
La última temporada no me ha decepcionado, es más, me ha sorprendido gratamente. Skam es una serie originaria de Noruega, pero el formato ha sido adaptado por otros países, entre ellos España, haciendo su versión, acorde a nuestra realidad.
Hoy le dedico estas palabras porque la recomiendo encarecidamente para el público adolescente. Y ¿por qué no? Para los adultos que tengan adolescentes en casa o cerca o, sin más, los que quieran acercarse al mundo adolescente. Creo que hace un retrato bastante acertado de lo que puede ser en la actualidad la juventud española, con sus miedos, preocupaciones, odios, amores, inseguridades...En la serie hablan muy claro, sin tabúes, y para mí ahí reside gran parte de su encanto. Las redes sociales son parte importante de la misma y, nos guste o no, creo que se aproxima bastante a cómo son muchos adolescentes. Me parece que el elenco hace muy creíble la historia que quieren contar y muestran todo con una cercanía no muy común, lo cual es de agradecer.
Así que, dicho queda, os invito a sumergiros en el mundo de Cris, Eva, Viri, Nora y Amira. A mí me ha emocionado y me ha acercado mucho a una parte de mí que ya no recordaba, y bienvenida sea.
Ojalá os animéis a verla, y ya luego, si queréis, me decís qué os ha parecido.
Una perla, "Patient ", es parte de la "banda sonora" de la serie, a la cual podría dedicarle otra entrada.
Dimos la bienvenida al pasado fin de semana con la mala noticia del "confinamiento" de Salamanca, avalado por los nada buenos datos de número de contagiados, nivel de ocupación de las UCIs...Y si bien es verdad que sorpresa, sorpresa no fue, tonta de mí sí me disgusté. Tenía una escapadita de ida y vuelta planificada y evidentemente, no ha podido ser. Bueno, cuando se pueda. Y a eso le añado la parte más dolorosa, el no poder a personas por la "frontera" invisible que debemos respetar. Todo sea por la salud, pero intuyo que se van a hacer largos los quince días. Además, con el runrún de pensar que tenemos muchas papeletas de no quedarnos solo en dos semanas de confinamiento relativo. Intentaremos disfrutar de lo que sí podemos hacer. Y desde luego que todos esos momentos "confinados" se disfrutarán más cuando puedan ser reales. Paciencia.
Ayer dando un paso nos topamos con un puente cortado, resulta que si cruzabas el puente estabas ya en Santa Marta. Si pienso en otro sitio ya me metería en Villamayor (y tampoco se puede). Se me ocurre otro y resulta que pertenece a Villares de la Reina. Y así un largo etcétera. Sí, ciertamente Salamanca es muy pequeña ja, ja, ja.
Pese a lo anterior ayer pudimos disfrutar de los colores de otoño, estación de la que me declaro profundamente enamorada. Me da igual que no sea la primera vez (ni la última) que lo menciono en el blog. Sé que hay muchos amantes del calorcito (verano), pero me quedo con el otoño, la pena es que en Salamanca suele ser corto, un pequeño puente entre el verano y el largo invierno. Pero la paleta de colores que nos ofrece (amarillos, ocres, anaranjados, rojizos, marrones...), la lluvia (el sonido de las nubes descargando con energía, ese olor a tierra mojada...), la caída de las hojas (inigualable ese leve crujido al pasear y pisarlas, o la suavidad con la que viajan del árbol al suelo)...No sé, todo, que soy de otoño, y punto.
Creo que por culpa del confinamiento, no el de ahora, que lo llamamos igual que al de "antes," pero afortunadamente poco se parecen, le estoy empezando a coger cierto gusto a lo de estar más cerca de la naturaleza. Antes suponía casi un esfuerzo el ir, ahora me lo pide el cuerpo, y me da en la nariz que esto va a más, pese a mí más que conocida alma de urbanita.
Y con todo lo que hay, la vida sigue, confinados, semiconfinados o desconfinados, pero el tiempo pasa y en menos que canta un gallo sé yo de un par de supermercados que van a bombardearnos con turrones, polvorones y todo dulce navideño que exista. Y me pregunto si de verdad 2020 va a terminar algún día. Tal vez no adelantemos mucho tomándonos las uvas y deseándonos Feliz 2021, más que nada porque con él no despedimos al doloroso COVID (y todo lo que se está llevando por delante); pero quiero pensar que el año nuevo sí traerá algo de esperanza. Y ojo, no voy a crucificar al 2020, porque por razones obvias (nada buenas) y otras, reconozco que me está dando muchos motivos para sonreír.
La mascarilla se ha convertido en una especie de escudo, barrera higiénica contra el virus, pero también barrera física que dificulta la comunicación. Mi memoria asocia nombre y cara. Sí, me resulta mucho más sencillo recordar el nombre de una persona cuando he memorizado su cara. Ahora no me ha quedado otra que intentar asociar el nombre con la parte de la cara que queda a la vista. Si bien mucha información está quedando oculta tras la mascarilla, hoy en día no nos queda otra que centrarnos en los ojos, y eso me encanta. De por sí es la parte del cuerpo en la que más me fijo, y disfruto mirando a la gente a los ojos, especialmente cuando da la sensación de estar recibiendo sonrisas a través de la mirada, amabilidad, dulzura, complicidad, cariño...Ya, ¡imaginación al poder! Puede ser, pero soy más feliz así.
Ahora, a todas los roles que desempeñamos en nuestro día a día en las aulas: jueza de paz, psicóloga, limpiadora, enfermera, administrativo, mamá del cole...Se suma uno nuevo: traductora de emociones a través de la mascarilla. Y no es nada fácil. Reconozco que lleva su tiempo, pero merece la pena aprender este nuevo idioma. No vamos a dejar de sentir por llevar puesta la mascarilla gran parte de la jornada. Seguimos sonriendo, llorando, quejándonos, poniéndonos nerviosos, sintiendo vergüenza, mostrando cansancio (o agotamiento)...Y a lo mejor es solo eso, seguir con la vida, conviviendo con la anormalidad pero recordándonos a nosotros mismos que nunca vamos a dejar de sentir una u otra emoción, no habrá mascarilla que lo impida. Y a eso sí me apunto, a vivir la vida al máximo, sin cerrarnos puertas por más trabas que nos pongan o complicaciones que existan, pese a todo, pese a todos. Vamos a continuar sintiendo, y a ser muy felices, pese al COVID, o quizás gracias a él, la vida se ve de una manera distinta.
Un inciso que a lo mejor a muchos puede pareceros que no viene a colación. 19 de octubre, Día internacional del cáncer de mama. Un recuerdo muy pero que muy cariñoso para las que ya no están, Alejandra Sierra Martín, perdonadme pero quiero que en mi caso lleve nombre y apellidos. Para ella y para vuestras "Alejandras," luchadoras incansables, peleonas de la vida, ejemplo de humanidad, dignidad y de cómo se convive con la muerte pisándote más que los talones...Aunque no me apetece dedicarles a ellas únicamente estas palabras. El recuerdo de la fecha de hoy va también para las que siguen aquí, entre nosotros, al pie del cañón, luchando. Y para las familias y amigos de las ausentes que tuvieron que dejarnos (siempre antes de tiempo) y las presentes (que continúan batallando).
El punto musical es una canción de Rosana, recién sacadita del horno, "La vida es bonita." Desde luego que lo es.
¡Vaya comienzo de curso! La montaña rusa de otras ocasiones es anecdótica respecto a la de este año. Y pese a que olemos a gel hidroalcohólico las 24 horas, estamos muy ventilados (je, je, COVID-19 no, pero por favor, sentido común para evitar pulmonías), intentamos mantener la distancia social (cuando se puede), nos lavamos las manos incluso más que antes, pasamos al menos siete horas casi seguidas con la mascarilla...¡Valió la pena! Al menos a mí sí, pese a todos los inconvenientes de la anormalidad reinante. Tenía miedo, pero ganas, demasiadas, de volver a estar en las aulas con niños y niñas, de compartir experiencias con mis nuevos compañeros, y conocer mi nuevo destino. Y qué bonito es reírse mientras "trabajas," adivinar la sonrisa de los alumnos bajo la mascarilla (o sus bostezos, o sus malas caras...). Creo que si siempre he usado las manos para comunicarme, ahora parezco una azafata de Iberia, pero da igual. Hay que hacerse entender, procurar que las clases sean lo más amenas y fructíferas posibles y no una losa para todos. Y disfrutar cada cosa bonita que pasa en el cole, y las hay...¡Vaya que sí! Al principio pensé en no poner nada de decoración. Fui viendo las paredes de mi tutoría, de un tono azul precioso, ni hecho a medida...Y me cuenta que sí me apetecía poner algunas cositas, que dejaran ese espacio más humano. En ello ando, cuando esté lista, pondré alguna foto aquí. Esta vez he optado por las mariposas, pero en cantidades relevantes. Por mariposas no va a ser. Al fin y al cabo, todos teníamos ganas de volar, colorido no les falta y recorren todos los rincones del aula. Ah, y algo que no pega con la metáfora pero es necesario, son de plástico y me resulta fácil limpiarlas je, je (todo suma).
Como comentaba ayer con una compi de la Escuela de Idiomas (ha llovido bastante, pero fue una época muy bonita), al final, cada uno, ha de intentar estar bien y ser lo más feliz que pueda en su isla. Y nada de obsesionarse con el pasado o agobiarse con el futuro. Gracias Rubí, por la paz que transmites, y por ser un soplo de aire fresco y distinto en medio de tanta paranoia. Debo reconocer que mi isla es cada vez más mía y más confortable. Quizá no tenga todavía las medidas ni los "muebles" que me gustaría, pero tal cual está, es perfecta.
Esta pandemia me ha demostrado que los malos no se han hecho buenos precisamente. Los que ya eran buenos o se han quedado igual o han mejorado (excepto algún díscolo que ha ido a peor). También me ha ayudado a darle todavía más importancia a las relaciones humanas, al ritmo de cada persona, a las vivencias de cada cual, a los detalles compartidos, a la atención, al cariño (con y sin distancia), a los mimos sin fecha de caducidad, a las charlas sin tabúes, a la sinceridad con tacto, a la empatía real...Y por supuesto a recordar lo que de verdad importa. Para cuatro días que estamos en este mundo, vamos a pasarlos lo mejor que podamos, a arriesgarnos, a emocionarnos, a apoyarnos, a vivirlos con pasión. No sabemos qué nos deparará el mañana, ahora mucho menos que antes, pero sí aquello y aquellos que tenemos hoy, y es más que suficiente.
Y vivan los paseos por la ribera del río, las visitas a las tiendas de "chinos" en busca de tesoros, el cine, los cafés, las conversaciones de sofá y mantita (o de coche, o cualquier otro lugar...¡Viva la comunicación!), los libros que cuentan historias que te recuerdan a personas, las coincidencias, las diferencias, las terrazas (sin lejía chorreando por las sillas), los reencuentros, las escapadas por la naturaleza (cámara al cuello), la gente que nos quiere y que nos hace querernos más a nosotros mismos y a ellos. Vivan los amigos, la familia, los compañeros...Y que vivan también los silencios mientras miramos a alguien a los ojos, las caricias, el móvil (cuando no hay otra alternativa), las noches de luna llena, las ganas de seguir mirando al cielo, los recuerdos amables. Ah bueno, por supuestísimo, ¡viva la música! Y esas canciones que hacemos nuestras e incluimos en la banda sonora de nuestra vida. Las cuestas cuando las subimos acompañados (solos es más aburrido y parecen más empinadas). Viva la gente sin adornos, sin grandes florituras, que son lo que aparentan, cristalinos como la orilla del Mediterráneo cuando las olas son pausadas (¡qué ganas de pisar la arena de la playa y contemplar el mar!). Y creo que ya me he quedado satisfecha, sabéis que llevaba bastante sin sentarme de manera pausada a escribir en el blog y hoy ya me lo pedía el cuerpo.
En desorden, ya he hablado de la isla (mi isla) y el tiempo. Me falta Quino. El título me parecía que sonaba mejor en el orden que lo puse, pese a habérmelo saltado a la torera. Quino, qué tristeza, se nos fue el pasado 30 de septiembre, a los 88 años. De pequeña la verdad es que Mafalda no me llamaba la atención, era casi una completa desconocida para mí. La descubrí gracias a uno de mis dos ángeles de la guarda. Gracias Jesús, no por Mafalda, sino por todo, quién iba a pensar que unos pisos más arriba vivía uno de mis ángeles de la guarda. Pues bien, conocer a Mafalda es quererla. Y Quino era su papá, por eso me dio tanta pena enterarme de su fallecimiento. Aunque tenemos la suerte que su obra está ahí, para siempre, así que él no se ha ido del todo. Durante muchos años Mafalda me ha acompañado en mi andadura laboral. Recuerdo perfectamente una que hice para el hall del CEIP Miróbriga de Ciudad Rodrigo (mi primer destino como funcionaria en prácticas). Tenía los brazos abiertos, pinté su ropa con ceras DACS en tonos azul y rosa pastel, y puse Estás en el CEIP Miróbriga...BIENVENID@. Otra decoró una especie de árbol sobre la convivencia colocado en una de las escaleras del CEIP Santa Catalina. ¿Te acuerdas, Marisa? Y otras viajaron después conmigo a los destinos por los que pasé. De hecho cuando me decidí a formar parte de Facebook (la de años que opuse resistencia), tuve claro que iba a ser mi imagen, y ahí sigue, abrazando el mundo, tan amorosa como siempre. No sé si tengo mucho, poco o nada de Mafalda, o Mafi, como a veces la llamo cariñosamente. Pero adoro su agudo sentido del humor, tan ácido a veces, sus juegos de palabras otras, no sé, todo, su manera de ver el mundo, y escudriñarlo. Me encanta la gente que no pasa de puntillas por él. Como pequeño homenaje, he hecho algunas fotos a parte de las cositas de Mafalda que tengo. Lo que pasa es que están repartidas y no he podido reunirlas todas (también el calendario, un clasificador, un cuaderno...). Tengo en la lista de pendientes visitar Oviedo, y cuando lo haga me sentaré a su lado. Sé que esa escultura está en otras partes del mundo, pero Oviedo me pilla más a mano.
Pero a Mafalda no la he usado solo como motivo decorativo de coles y/o mi casa. También ha sido una herramienta educativa, en coles e instituto (Guijuelo). Por eso, gracias infinitas Quino, por traer a este mundo una niña así, tan especial, un personaje para la posteridad, igual que su creador.
Además incluyo tres de las tiras de Mafalda. Disfrutadlas.
Y como una de mis "actividades" preferidas es dar las gracias. Gracias a los que hacéis que vea la vida más bonita todavía a través de vuestros ojos, o con ellos cerca. De ahí que vuelva a Rozalén, pero a la versión acústica, para repetirme un pelín menos. Y ya veremos qué nos muestran las estrellas, la luna o cualquier parte de este mundo raro, hermoso, a ratos incomprensible, sorprendente en otros momentos.
Es el día en el que vuestros niños y niñas, ya más creciditos, comienzan el instituto. No sé si todos irán al Vía de la Plata o habéis escogido otro camino para ellos, obviamente en el que creáis que van a estar mejor. Pese a las dudas, los miedos, los cambios, las incertidumbres, el desconocimiento, su edad y mil y un factores, espero que les transmitáis mucho cariño y seguridad. Y que no se preocupen si al principio las novedades se les hacen cuesta arriba y se rompen algunos esquemas de cómo ellos pensaban que iba a ser esta nueva etapa. Daos tiempo, dadles tiempo y acabarán adaptándose. Y cuenten lo que cuenten mañana a la salida, tal vez a algunos os costará sacarles las primeras impresiones, os animo a quedaros unos y otros con la parte positiva, porque segurísimo la habrá. Restadle importancia a las cosas que no les han gustado ni un pelo y a las que probablemente ellos les den una relevancia mayúscula.
Supongo que la transición de un centro a otro es algo más difícil tras el largo confinamiento que todos padecimos y la anormalidad actual. No obstante, hay que intentar disfrutar de lo bueno de cada momento y seguro que del tiempo de "encierro" también han surgido cosas bonitas. El 2020-2021 es un curso lleno de interrogantes para todos los que integramos la comunidad educativa, pero a veces con las situaciones duras sale a relucir lo mejor de cada persona, y eso es fantástico.
Mañana es día de presentaciones múltiples, nuevos espacios, horarios diferentes...Aunque quizás los nervios se apoderen de algunos, tratad de transmitirles tranquilidad y que estén convencidos de algo: van a estar bien.
Poco más puedo deciros porque os he escrito tantas veces que me da en la nariz, ya conocéis muy bien mi "discurso."
Y a mis niños y niñas de ese grupo memorable, no es novedad, recordad que os quiero un montón, tengo pendiente un envío por email prometido a vuestras familias, ojalá me dé tiempo antes de acabar septiembre. Portaos bien, respetad las duras pero necesarias nuevas rutinas COVID, escuchad a todos, observad mucho (cuanto más mejor), y aprovechad el tiempo en las aulas. Da igual a qué queráis dedicaros en el futuro, la formación nunca sobra nunca. Os lo digo yo, que a mis recientes 38 años cumplidos, considero que sigo aprendiendo cada día, de los libros, pero también de la gente que me rodea y hace que me sienta muy afortunada y a nivel humano cada día más completa.
Disfrutad de las nuevas personas que van a aparecer en vuestra vida. La mayoría serán conocidos, pero un grupo reducido, con el tiempo, puede convertirse en uno de los mayores regalos de la vida: amigos.
Ah, y un favor os pido, haced un ejercicio de empatía con vuestras familias. Vuestros papás y mamás estarán deseosos de saber cómo os va en el instituto, de tenderos la mano cuando lo necesitéis, y de arroparos con su amor siempre, pase lo que pase y hagáis lo que hagáis, incluso cuando en ocasiones no os portéis bien con ellos o metéis la pata hasta el fondo. Van a estar ahí, procurad tenerlo presente y contad con ellos, porque seguramente seáis lo que da más sentido a su vida, y su felicidad depende en gran medida de cómo estáis vosotros.
Vuelvo a la parte académica, estudiad (por favor), sois capaces de superar el curso en el que vais a estar. Todos nos tropezamos alguna vez. A vosotros os puede sucede, pero si se os atraganta el comienzo de 1º de la ESO, reflexionad sobre qué estáis haciendo bien y qué debéis mejorar, y ponerle remedio, porque seguro que tendrá solución.
Pues eso, que además de en centímetros, imagino que estaréis pegando ya cierto estirón, seguid creciendo como personas y aumentad vuestros conocimientos, que deberían ser parte de los instrumentos para encontrar un trabajo el día de mañana.
Con una sonrisa en la cara, con prudencia e ilusión...¡A por ello!...¡Mucha suerte!
Una cosita más, os quiero mucho, me da igual repetirme como las lentejas.
Queridos niños y niñas: He preparado esta carta para que salga publicada en el blog en cuanto se estrene el día. No es un día cualquiera, es 9 de septiembre de 2020, la "vuelta al cole." Una vuelta muy especial tras una larga temporada sin poder estar en las aulas con vosotros, desde el lejanísimo viernes 13 de marzo. A la hora de publicarse esta entrada, debería estar contando ovejas, espero que así sea, aunque ante los inicios de curso suelo ponerme algo nerviosa y a lo mejor esté dando vueltas en la cama.
Es la primera vez que se me ocurre escribir una carta a mis alumnos desconocidos (por ahora) y espero que salga bien. Ni me conocéis ni nos conocemos. Sé que esta vez conocernos los unos a los otros va a ser más difícil que nunca, por la distancia social, la mascarilla...No obstante, desde ya, os invito a que me dejéis conoceros un poquito, saber cómo sois, qué os gusta hacer, que no os hace ni pizca de gracia y lo que vosotros queráis. Igualmente os pido, por favor, un poco de paciencia y tiempo para que podáis conocerme.
Me encanta ser tutora y tenía unas ganas tremendas de serlo de nuevo. La vez anterior fue en Guijuelo, en el "Fili", hace dos cursos, y guardo recuerdos preciosos de todos, por la cantidad de momentos inolvidables que compartimos. De ellos y de sus familias. Soy muy afortunada porque, he comprobado que, cuando das mucho cariño, ese cariño, de una manera u otra, te lo devuelven con creces, y eso puede suceder en el momento más inesperado, y es tan bonito... Estoy convencida que juntos pasaremos ratos muy agradables, y seremos capaces de vencer los obstáculos que vayamos encontrando en el camino, me temo que no van a ser pocos.
Como no me gusta pedir a mis alumnos cosas que yo misma no haría. Acabáis de rellenar una ficha para romper el hielo, y ojalá me ayude a conoceros. Pero quiero predicar con el ejemplo y me presento yo. Ahí va:
Me llamo Raquel Plaza, recientemente he soplado una velita más en la tarta de cumpleaños. En lugar de describirme físicamente, cuando termine de leeros esta carta os enseño un foto, porque con la mascarilla no podéis verme la cara. Y el resto ya lo veis.
Los cursos pasados les dije a mis alumnos el primer día que había dos opciones: llevarnos bien o mal, y como sé que sois niños y niñas inteligentes, optaréis por la primera. Para mí lo más importante es el respeto. Además hay una palabra que os va a salir por las orejas este curso, quizá ya la conozcáis, se trata de empatía. La denomino la palabra mágica. Me parece imprescindible intentar ponerse en la piel del otro antes de decir o hacer algo. Si lo hiciéramos más a menudo, nos ahorraríamos muchos disgustos. Pese a eso, todos metemos la pata de vez en cuando, pero hay que reconocer nuestros errores y disculparse. Pedir perdón rara vez sobra.
En cuanto al carácter, creo que soy una persona muy alegre, optimista, prefiero no parar quieta, creativa, muy cariñosa, bastante sensible, testaruda, muy puntual, perfeccionista, trabajadora, sincera, leal y tremendamente observadora. Tengo muchísima paciencia, pero no es infinita je je. Creo que en cierta manera, sigo estando "en construcción."
¡Ah! Algo más que también me parece importante, adoro escuchar y me encanta dedicarme a la docencia. Si volviera a nacer creo que volvería a ser maestra, es uno de los grandes aciertos de mi vida. No mucha gente puede decir que su trabajo le apasiona, esa es una de mis suertes. Otra es mi familia, y también mis amigos...No sé qué haría sin ellos.
Me gusta mucho ver a la gente feliz, y así soy todavía más feliz. Espero que este curso seáis lo más felices que se pueda. Deseo que nos adaptemos a las circunstancias y saquemos de dentro lo mejor que cada uno lleva. Claro que me importa mucho que aprendáis el máximo, os esforcéis, seáis cuidadosos con lo que hacéis, estudiéis un ratito cada día...Pero lo que más me importa es que estéis bien, así, ni más ni menos. Aunque sea de manera imaginaria, por eso de guardar la distancia social marcada, os tiendo la mano. Espero que sepáis ver que estoy de vuestro lado, y que tal vez alguna vez tendré que deciros cosas que puede que no os gusten, pero siempre será pensando en vuestro bien. Si habéis llegado hasta aquí sin grandes interrupciones y sin dormiros, sois ya unos campeones. Otra cosa, creo que se nota, pero lo añado, escribir me gusta una barbaridad.
Deseo que hagamos de este curso algo muy especial, y que en clase aprendamos mucho y además, tengamos tiempo para reírnos, y eso hace falta siempre, aunque en las circunstancias actuales más.
Un abrazo virtual que ojalá pueda daros de verdad antes de terminar este curso...¡Salud! Vuestra tutora: Raquel PD: Ya puse que me encanta escribir y también...¡La música! No podría vivir sin música. Como vivimos una extraña anormalidad, he elegido la canción "Qué bonita la vida," de Dani Martín, para no olvidar pese a todo, lo bonita que es.
Esta entrada podría tener millones de destinatarios, obviamente llegará a un número de personas relativamente reducido, pero el mensaje es el mismo lo lean 10, 200 o 3.000 personas. He apurado hasta el último momento para escribirla, porque quería disponer de la información más reciente por unos medios u otros, antes de escribirla. En primer lugar, gracias a los equipos directivos de los centros educativos que, a la carrera, sin saber muy bien qué nos deparará septiembre, entregaron el correspondiente Plan de inicio de curso antes del 31 de julio. Gracias por ese esfuerzo ingente que habrá supuesto bastantes quebraderos de cabeza y ayudará a empezar el curso con un poquito menos de incertidumbre y bastante organización. Y no sé a vosotros, pero a mí llegar a un sitio donde veo que la organización está muy clara, me da tranquilidad, y por lo que me ha llegado la tendría tanto en el cole del que me despido, el CEIP Filiberto Villalobos de Béjar, como al que llego, el CEIP Severiano Montero de Peñaranda. Por eso este primer punto es un agradecimiento a todos los equipos directivos en general y, en particular, a los dos que ahora me tocan más de cerca. A todos los docentes, no sé como lo veis muchos de vosotros, otros tantos sí, porque es el tema de conversación más recurrente este mes, pero ojalá hayáis podido recargar las pilas este verano. Sí, ha sido un verano anómalo, para todo el mundo, de la comunidad educativa y de cualquier otro ámbito. papás y mamás, alumnado y profesorado. Y creo que no espera un curso plagado de retos. Os animo a que los afrontéis con paciencia, esfuerzo, ilusión, inteligencia emocional, flexibilidad, cariño y empatía. Nos vamos a encontrar ante situaciones novedosas y muchas pueden descolocarnos. Espero que apliquemos el sentido común y tengamos claro cuál es ahora la prioridad. La mía es la salud, la propia y la ajena. Me importa mucho mi salud, pero mucho más la de los míos, y eso sí me asusta. Tengo miedo a contagiar, especialmente a mis padres, más que a contagiarme yo. Por eso creo que "dar clase" va a ser secundario. Tenemos unas nuevas rutinas que hay que cumplir lo mejor que se pueda por el bien común. Y no nos engañemos, llevan su tiempo y tienen su complejidad. Seguramente al principio nos roben más tiempo, pero hay que acostumbrarse y tenerlas presentes siempre. Y por muy bien que cumplamos con ellas, suponen un tiempo a tener en cuenta. Además de la salud, quiero que mis alumnos estén lo mejor que se pueda, en la parte que dependa de mí. El nuevo escenario a priori puede derivar en clases más aburridas, monótonas y frías. No sé muy bien cómo lo haré, pero pondré toda la carne en el asador para evitar que se aburran, desconecten o no se sientan cómodos en el aula. Tenemos distancia social, mascarillas que limitan bastante nuestra comunicación no verbal, y no podemos relacionarnos los unos con los otros igual que antes. Deseo de corazón dar con la manera para hacerles sentir bien, escuchados, comprendidos, queridos, apoyados...Para mí mi alumnado es lo más valioso que tengo en mi profesión, siento lástima por los maestros que no lo ven así. Creo que explotaré al máximo el lenguaje de las miradas y los gestos con las manos, sin temor de hacer el ridículo. Hay que hacerse entender, hay que llegar a ellos. Debemos reírnos en las aulas, sonreír bajo esas mascarillas, aprovechar el tiempo, disfrutar de la compañía pese a las distancias, escuchar a todos, darles su espacio (y no me refiero a la distancia social) y aprender todo lo que las circunstancias nos permitan. A los alumnos sé qué decirles, pero quizás el cómo no lo tenga tan claro. Respetad lo que os digan desde vuestros hogares y en vuestros institutos o colegios, pensamos en lo que es mejor para vosotros. No siempre vamos a acertar, pero intentaremos hacerlo razonablemente bien. No penséis que sois una generación perdida, de eso nada. El COVID-19 no os convierte en generación perdida (cada vez que lo escucho siento un sarpullido). Como mucho quiero pensar que en total se "perderá" un curso. Hablo de perder en términos académicos, en la parte humana no, algo sí, pero no tanto. Habrá que dar con nuevas formas de socializarnos, no nos queda otra salida. Aunque tengamos distancia social, quiero pensar que daremos con la fórmula de tener calidez humana, de sentir el cariño de la gente aunque no haya besos ni abrazos ni nada que implique riesgo por el contacto físico. Y a lo mejor este curso aprendéis menos contenidos del currículo puro y duro, pero sí conseguimos que os llevéis algunas enseñanzas valiosas para la vida, habrá valido la pena, y el esfuerzo y los desvelos tendrán sentido. Quiero conocer a mis nuevos compañeros, a los niños y niñas con los que voy a estar en las aulas y en el patio, y a sus familias. No sé si en algún momento tendremos alguna clase en cuarentena o no quedará otra que cerrar durante un tiempo el colegio. Pero como no sabemos si eso sucederá o no, intentemos disfrutar del día a día. Como por desgracia no tengo una lámpara mágica que frotar para desear que vuelva ya la antigua normalidad, tal vez en los términos que la conocíamos no regresará jamás, quiero vivir el presente y disfrutarlo porque ahora sí que sí, ni idea de lo que nos deparará el futuro. Sé a quiénes tengo ahora en mi vida y con eso me basta. El a quiénes tengo implica con los que de verdad, sin límites ni condiciones de ningún tipo, puedo contar. Y eso sí tengo que agradecérselo un poquito a la pandemia, me ha acercado más a quien el destino debe querer que me aproxime. Todo pasa por algún motivo, lo repetiré hasta la saciedad. Y también me va alejando de los que, por lo que sea, no cuentan conmigo, yo para ellos no cuento o cuento menos que antes. Hace más de una semana, cuando escuchaba la radio mientras iba al volante, hablaban de la "vuelta al cole." Decían cosas interesantes así que subí el volumen un poquito. Me quedo con una idea, este va a ser un curso de "Educar para la vida." Todos deberían ser así, sin excepción, pero hay personas más testarudas que yo (ya es decir), empecinadas en anteponer la parte académica a la humana. A mí me apasiona la idea, y la repito en mi interior (Educar para la vida)...Y este es el momento, nuestro momento. Me parece que ha llegado la hora de abrir las puertas de los coles y de los institutos de par en par a la educación emocional. Dejemos que nuestros niños, niñas y jóvenes expresen sus alegrías, preocupaciones, miedos, tristezas, ilusiones, dudas...Todo, y si eso supone "sacrificar" un tema de Mates (o de lo que sea), ¿por qué no? Lo tengo muy claro y os invito a, con los medios que tenemos, aprovechar las circunstancias actuales para emprender una pequeña revolución educativa, aunque el Ministerio no ponga los recursos humanos y materiales en la cantidad que haría falta. No os rindáis, apoyaos en vuestros compañeros, de vuestro centro o de otros. Juntos llegaremos más lejos. Y respecto a las familias también me apetece dar algunas pinceladas. Entiendo los miedos de muchas. No sé qué haría en vuestro lugar, pero comprendo que, tal cual está el patio, algunos optéis por no llevarlos a los coles o institutos, al menos de momento. Nunca va a existir riesgo cero, pero vosotros decidís si van o no. Soy consciente de lo que dice la ley, la escolaridad es obligatoria desde los 6 hasta que vuestros hijos cumplan 16 años. Pero a veces hay que ajustar las leyes a la realidad, y no sirven para todas las situaciones. Y esta pandemia ha roto muchos de nuestros esquemas, por eso no deberíamos cerrarnos en banda, sino abrir puertas a los cambios. No cambios porque sí, más bien consensuados, reflexionados y que sean para mejorar, que nos permitan crecer. Las familias jugáis un papel importantísimo también, para transmitir prudencia pero no miedo a vuestros hijos. Una vez más os invito a remar juntos, parte de nuestros (de los docentes) éxitos o fracasos educativos con el alumnado dependen de cómo las familias estén dispuestas a colaborar con nosotros y a implicarse. Y sin vosotros no se puede llegar a buen puerto. Recordad que estamos en el mismo barco, y el destino es lo que más se aproxime a ver felices a vuestros niños y niñas. Mamás, papás, no estáis solos, contad con nosotros. Y si a alguno no lo ve así, lo personalizo, podéis contar conmigo. Y vuestros hijos, o lo que es lo mismo, mis alumnos, también...¡Siempre! (Sabéis que para mi lo de ex-alumnos no existe). Ojalá comenzáramos el curso con profesorado de apoyo, para realizar desdobles desde el minuto cero. O para coordinarnos de cara a la enseñanza telemática, porque no nos engañemos, hay bastantes papeletas de tener que volver a ella en algún punto del curso (deseo confundirme, con toda mi alma). Ojalá tuviéramos profesionales de Enfermería en los centros educativos. Ojalá contáramos con personal de limpieza durante toda la jornada escolar. Ojalá hubieran habilitado espacios públicos cercanos como aulas. Ojalá los políticos hubieran planteado una alternativa factible para la conciliación laboral y familiar por si no hay más cáscaras que echar el cierre en los colegios. Ojalá empezásemos con mejores noticias del número de contagios. Ojalá no tengamos que esperar demasiado para contar con una vacuna fiable y eficaz. Ojalá falte menos de lo que creemos para acercarnos a la normalidad. Hay muchos ojalá, pero saldremos de esta, o esa es mi actitud, la de luchar. No sé si soy un bicho raro, a ratos sí lo pienso. Pero con la que está cayendo valoro mucho más cada paseo, canto de pájaro, tormenta, día soleado, caricia, beso, abrazo, sonrisa, mirada...Para algunos pueden ser nimiedades, a mí me parecen muy importantes. Gracias a los que habéis decidido que parte de vuestro tiempo, por la vía que sea, vais a compartirlo conmigo. Gracias por hacerme partícipes de vuestros días buenos, los quebraderos de cabeza, los miedos, las ilusiones...Esos momentos me hacen sentir especial y me ayudan a colorear los días grises. Vuestra confianza y cariño me dan alas, para soñar en el mañana y no perder los sueños que todos tenemos. Tarde mucho o poco, saldrá el sol, estad seguros, y lo contemplaremos juntos.
El título de esta entrada, a la vista está, tiene dos partes, una cifra, 38, aunque me gustan más los impares. Y el nombre de un libro del ilustrador 72 KILOS que me han regalado hace un par de horas.
Y esto va a ser algo distinto, que a lo mejor muchos no alcancen a entender, pero sinceramente, no me quita el sueño. Observación, el orden no es relevante. Mis 38: 1-Tomar algo en compañía, sin prisas, sin planes. 2-Descubrir libros que me toquen las fibras. 3-El sonido del viento cuando parece que acaricia las hojas de los árboles, como si las estuviera meciendo. 4-Mi trabajo, o mejor dicho, mi profesión...porque me apasiona. 5-La poesía. 6-La independencia que da ir al volante. 7-El momento en el que se apagan las luces en el cine, justo antes de empezar la película y/o algún tráiler previo. 8-Que me acaricien el pelo. 9-La tortilla de patata que hace mi madre. 10-Los que me miran a los ojos cuando hablamos. 11-Escribir. 12-El olor a libro nuevo o el del forro transparente, el que no es adhesivo. 13-Los que hablan de sus sentimientos. 14-La ilusión, por todo, por la vida, por la gente, por cada día... 15-Las personas agradecidas. 16-Dibujar. 17-Los buenos compañeros. 18-Las cartas, escritas a mano por supuesto. 19-Mis amigos. 20-Las frasecitas, porque en pocas palabras condensan muchas cosas. 21-La gente buena, con un corazón enorme. 22-La generosidad. 23-Las risas compartidas. 24-Cocinar. 25-Las conversaciones sin tabúes. 26-Mis niños (y algunas mamás/algunos papás). 27-La confianza. 28-La música, especialmente pop, en español, y también en inglés. 29-Maquillarme. 30-Las personas empáticas. 31-Los besos con mucho cariño. 32-Ir de compras. 33-Contemplar el amanecer en la playa sentada en la arena. 34-Mis padres y mi hermano. 35-Los que me hacen sentir especial. 36-Los abrazos apretados. 37-Que me hagan cosquillas...y acierten. 38-Sentirme querida y/o amada. Y como hoy es 21 de agosto, esta especie de lista tiene 38 elementos, ni uno más, ni uno menos. El año que viene sumaré uno más. Son algunos de los muchos motivos que hacen que sienta que la vida, el mundo, es un regalazo. Y aunque en ocasiones se nos haga un pelín cuesta arriba, no deja de ser un regalo. Os dejo una "pequeña" selección musical ja, ja, ja. Gracias por estar ahí.
Y es que a veces no hace falta una revolución para escribir aquí. A mí me hace falta poco, porque es un pequeño altavoz que refleja parte de cómo soy, siento, actúo...Reconozco que en él vuelco mi pequeña vena escritora, hay momentos en los que el blog me sabe a poco y se me ocurren otras ideas, que a lo mejor algún día verán la luz. Quién sabe... Por eso el título de la entrada es el que es. Una canción es la responsable de estar sentada frente al ordenador. Se llama "Podrás contar conmigo," y es de Marta Soto. El vídeo con la letra de la canción salió hace 9 días en "Youtube" y esta tarde me aparecía como sugerencia. Aquí lo dejo:
Como en el vídeo ya tenéis la letra, no voy a repetirla. Simplemente maravillosa, una delicia. El mensaje me parece potentísimo y demuestra un cariño gigantesco, amistad en estado puro, y parece que eso no está de moda. Pero debo ser una especie de oveja negra, a la que le gusta ir contracorriente. Y precisamente el del título el mensaje que me gusta recordarle al pequeño grupito al que llamo "mi gente." Ya, a veces no encuentro las palabras apropiadas o quizá no lo digo con la frecuencia que debería. Lo reconozco. Como no soy compositora, no alcanzo a expresar tan bien lo que Marta Soto menciona en la canción con maestría. A veces necesitamos a alguien, aunque no queramos (o podamos) hablar. Llorar aunque no arreglemos lo que nos provoca las lágrimas. Otras querríamos gritar. En ocasiones sentimos miedo. Otros días vemos que nuestro mundo se derrumba. Hay días que no sabemos ni lo que queremos...Pues da igual qué tipo de día sea, a los míos, podéis contar conmigo, vengan tiempos excelentes, buenos, regulares, malos o pésimos. Que lo fácil es ser amigos cuando sopla el viento a favor, no cuando hay tempestad un día sí y otro también. A lo mejor no es mucho lo que puedo ofreceros, pero es todo lo que tengo, e intento que os llegue lo mejor que sé (aunque sé que también meto la pata). Gracias por cada ratito que de una forma u otra, compartimos. La vida es eso, vivencias, momentos compartidos, que nos hacen conocer mucho mejor a los demás y a nosotros mismos (y eso también hace falta). Y como dice el título, así, de manera individual, de tú a tú, como si te estuviera mirando a los ojos: Podrás contar conmigo.
Sí, tengo el blog semi-abandonado, y mis entradas desde junio pueden contarse con los dedos de una mano (y sobran). Acabo de comprobar que julio fue un mes en blanco, en el que al final no publiqué ni una palabra. Sí, yo, la misma con tendencia a explayarse, debí quedarme sin palabras...Creo que es un reflejo más de este año tan extraño. También parte de la culpa es del ordenador, me da alergia pensar en sentarme un buen rato frente a él, consecuencia de la enseñanza telemática. No obstante estoy mentalizada, es muy probable que tengamos que recurrir nuevamente a ella. Y será más fácil, porque sabemos mejor el terreno que pisamos. Ayer estaba deseando lanzarme a escribir, pero por la noche estaba entre vivir o plasmar aquí parte de lo vivido. Tengo claro que no voy a renunciar a cosas muy importantes para mí para dedicarle tiempo al blog. Por eso esta entrada llega con un pelín de retraso. A veces suceden cosas que nos "sacuden," el 2020 de por sí ya está siendo una fuerte sacudida (y los meses que nos quedan...). Aunque no hace falta una pandemia para sacudirnos. A mí ayer la sacudida me llegó en forma de cariño desbordante. Al bajar del autobús me encontré con dos alumnas mías, hermanas, de hace tres cursos. La pequeña tardó en reconocerme con la mascarilla. Y la mayor...Bueno, es que ella es mucho. La mayor decía que le emocionaba verme. Nos saltamos la distancia social aunque fuera con mascarilla. Sí. podéis tildarme de irresponsable, pero es que ya lo he dejado caer en entradas recientes, la distancia social me está pasando factura. Para mí abrazar es salud, como una medicina. Igual que agarrar la mano de otra persona con fuerza, acariciar o mirar a los ojos en un momento de mucha confianza. No sé, será que me gustan ese tipo de detalles. Siempre había pensado que era muy de vista, ahora veo que estaba confundida, soy más de tacto, de piel con piel. Hay personas que lo comprenden y otras ya estoy viendo que no. Y su reacción al verme, el abrazo y todo lo que hablamos, fue una sacudida en toda regla. Sé que muchas personas del gremio no alcanzan a entenderlo y/o están en desacuerdo, pero me doy a conocer bastante a mis alumnos. Y parece ser que algo queda. Y ya con los de Educación Compensatoria ni os cuento. Mis cinco cursos como maestra de Compensatoria pesan mucho, y para bien. Echando la vista atrás confirmo que ejercí mucho más de psicóloga y mamá que de maestra, y volvería a hacerlo. Éramos una especie de familia. Sabía que si tenían algún problema hasta que no me lo contaran ya podía aplaudir con las orejas que no había ni comprensiones de Lengua ni problemas de Mates ni nada de nada. Al fin y al cabo, son infinitamente más importantes los problemas de la vida (qué profundo me ha quedado esto je je) que los de los libros. Y agradezco esas sacudidas plagadas de tanto cariño. Miro el horizonte y el futuro próximo me asusta, no veo una vuelta al cole tal cual están las cosas. Supongo que por las noticias que escucho los coles abrirán o sí o sí, ojalá no tengamos que tirarnos de los pelos y cerrarlos en un tris. Deseo confundirme, de corazón, y que podamos estar en las aulas con cierta tranquilidad...Ya veremos. Soy experta en no aplicarme los consejos que doy, y doy pocos, salvo que me los pidan expresamente o vea que son estrictamente necesarios. Pero sí lanzo uno, tal vez no sea nuevo: no os encerréis en vosotros mismos. No vais a adelantar ni a solucionar nada. Y este sí me lo estoy aplicando. De madrugada me topé con una canción de Amaral. La conocía pero no había visto el vídeo. Se trata de Ruido. Viene al pelo para esta entrada:
Y como cada uno se queda con lo interesa, acabo la entrada con abrazos, achuchones, besos, caricias, mimos. En definitiva...CARIÑOTERAPIA.
Qué complicadas son las despedidas. Esta entrada podía haberla escrito casi cualquier día desde el 26 de mayo, sí, hace dos meses y una semana. Pero ningún día era "bueno" para escribirla, ni va a serlo. Iba a decir que las despedidas nunca me han gustado, en general, y en el trabajo llevo unas cuantas. Aunque siendo sincera, en varias ocasiones sí han sido sinónimo de alivio, paz y recuperar salud. No es el caso. Me despido hoy, 1 de agosto de 2020, del Colegio Filiberto Villalobos de Béjar. Es una despedida atípica, como gran parte de lo vivido en el periodo de confinamiento o en la desescalada. Sin embargo es lo que toca y hay que adaptarse. No he podido dar besos, abrazos ni nada que fuera de contacto, ni a mis compañeros del cole ni a mi alumnado. Y me cuesta mucho en cualquier ámbito, más en el personal, no lo voy e negar. Para mí la distancia social es durísima y aunque sea por salud, porque sin salud no somos nada, a nivel anímico me pasa factura ese espacio que nos separa, esa calidez de sentir a los demás, a los que en estos momentos debemos no acercarnos en exceso...por la cuenta que nos trae.
Además de esa distancia social, el ya lejanísimo viernes 13 de marzo, sonó el timbre, y me parece que nadie sabía con certeza todo lo que pasaría después. Desde entonces nada de volver a las aulas con alumnos. Sin mucha capacidad de reacción, nos vimos inmersos en la enseñanza telemática, para la que, lo confieso, no estaba debidamente preparada. A marchas forzadas hice lo que pude, primero con "Class Dojo" y luego con "Teams," bendito "Teams." En ocasiones he llegado a aborrecerlo, porque tenía la sensación de estar trabajando las 24 horas. Ha habido días durísimos, jornadas interminables y un sentimiento de frustración, de no saber cómo llegar a todos. Con el tiempo fui manejando más funciones del "Teams" y con frecuencia, especialmente con los niños y niñas de Inglés de 5º de Primaria, enviaba audios por chat privado para corregir las tareas, porque me parecía algo un poquito más cercano y útil. Me lancé a la piscina de tener algunas clases por videollamada, únicamente en los grupos de 8 (Science de 4º y 5º de Primaria), porque no veía factible tener una "clase" sin poder ver a la vez a todo mi alumnado. Y la verdad es que las disfruté una barbaridad, necesitaba ver a mis alumnos, hablar con ellos, no sé, recuperar una pequeña parte de lo que nos estábamos perdiendo. He hecho lo que tocaba, como todos, y sé que los maestros han hecho un esfuerzo tremendo durante el estado de alarma, por seguir adelante de la manera que se pudiera, todo mi reconocimiento para los docentes, para las familias implicadas (y ojo a las circunstancias de cada casa) y el alumnado que ha puesto de su parte para aprovechar lo que tenía a su disposición. Reconozco que mi "trabajo" me apasiona y soy maestra por vocación. Me encanta la docencia a través de la emoción y del sentido del humor, considero que son dos de las "armas" más poderosas que puede usar un maestro o un profesor, y he podido emplearlas también en las videollamadas. Aunque nada es igual a las clases presenciales, las considero insustituibles. Lo que no quiere decir que tengan que tener lugar a cualquier precio, a las noticias actuales de brotes y rebrotes me remito. Ojalá sea posible comenzar el curso 2020-2021 en condiciones de no poner en peligro la salud de nadie, o que el riesgo sea mínimo. Si no puede ser así, me parecería una auténtica locura.
Este curso he tenido la suerte, pese a la COVID-19, de disfrutar de un gran centro educativo. De un cole no muy grande en cuanto al número de alumnos, pero sí en lo que a espacio se refiere, es asombrosamente amplio. Y una de mis mayores suertes ha sido formar parte de ese colegio, concretamente de ese claustro, de un grupo de docentes muy especial con los que me he sentido francamente bien. Me parece que es quizás una de las salas de profesores en la que más cómoda he estado, un ambiente buenísimo. Somos muy diferentes pero, sabía que daba igual quiénes estuvieran, si iba, siempre había alguien a quien poder escuchar y/o con quien poder hablar. Nos han quedado vivencias por compartir, pero he sido muy feliz, y eso es lo que me llevo. Es un lujo dar con compañeros así. Gracias María, Espe, Tiby, Rocío, Esther (Infantil), Angelines, Meli, Maribel, Jose, Mario, María José, Mercedes, Sergio, Esther (Música), Ismael, María Jesús, Silvia, Noemí y Dori.
Y del alumnado, ¿qué decir? Igual que he comentado sobre mis compañeros, a pesar de habernos quedado con momentos por vivir, me quedo con muchas risas, emoción...Me ha encantado estar con vosotros en las aulas, en los momentos agradables y en los duros, y de estos segundos se aprende mucho más y los ha habido, para qué negarlo. Fue un reto tener clase con cuatro cursos distintos y ocho agrupamientos diferentes. Ah, y tres áreas (Science, Arts e Inglés). Me quedo con el cariño de muchos de vosotros, las bromas, la ironía, el esfuerzo, la capacidad de adaptación...Sois fabulosos. Mención especial para los de 4º, porque hemos compartido muchas sesiones, y eso une, o al menos me siento un pelín más unida a vosotros que a otros cursos, porque el tiempo que hemos pasado juntos ha sido notable. Lo mismo sucede con los alumnos de Science de mis cursos, era una sensación muy bonita, de estar como en familia.
Me gustaría aprovechar para pedir perdón tanto a compañeros, alumnos y familias, por si alguna vez os he fallado, de verdad que lo siento. Y de paso disculparme también con aquellas niños y niñas a los que no había respondido por el Teams a sus deseos de buen verano y a preguntas/comentarios sobre si iba a continuar o no en Béjar el próximo curso. Me veía incapaz de responderos. Lo mismo en las videollamadas, no tuve valor para deciros que no iba a seguir en el cole, me da mucha pena y se me hacía un nudo en la garganta, igual que en el claustro virtual de fin de curso, o ahora mismo al escribir estras líneas, me emociono, es inevitable.
Gracias de corazón a todos: mis compis de batallas; mis alumnos; nuestro dispuesto conserje; las familias que forman el cole...Aunque actualmente las noticias sobre la evolución de la COVID-19 son bastante malas, quiero pensar que en algún momento del curso será posible veros, aunque debamos mantener las distancias.
Tenéis el cole con las vistas más bonitas del mundo, un lujo para los sentidos. Espero que todos, niños y adultos, hayáis tenido la oportunidad de desconectar un poco de los momentos duros vividos y, con ilusión, podamos seguir hacia delante. ¡Suerte y abrazos sin distancia! Con mucho cariño: Raquel