lunes, 7 de octubre de 2019

MORRIÑA

Según la RAE, la palabra morriña tiene dos acepciones. La primera la define así:


Del gallegoport. morrinha.


Y como este blog va de eso, de emociones, hoy quiero deciros que siento morriña, tal cual.

La morriña podría tener muchas vertientes distintas, pero de todas las opciones que tenía, esta entrada va dirigida a los niños y niñas de mi tutoría, del Fili de Guijuelo, del curso pasado. ¿El motivo? Porque sí, porque me lo pide el cuerpo, soy una sentimental y me apetece, no hay más cáscaras. El jueves hará un mes que comenzó su andadura el año académico 2019-2020. Y anoche la almohada ya sabía que quería sentarme a dedicarles unas palabras a ellos, a los grandes responsables, pero no los únicos, de mi felicidad dentro de tierras guijuelenses.

Si bien Guijuelo no es mi tierra natal, sabéis que soy salmantina, de Salamanca, sin más, y bastante urbanita por cierto (tampoco tengo por qué disimularlo), siento a Guijuelo como mi segundo hogar.

Va por ellos, por VOSOTROS, aunque me temo que la mayoría no lo leerán, no lo LEERÉIS, no importa, es un mensaje que quiero lanzar y no me quiero reservar para mí.

Echo de menos daros los buenos días a las 9 de la mañana.

Echo de menos hacer sonar a Pedrita cuando a alguno (con o, solían ser niños casi siempre) se le habían pegado las sábanas.

Echo de menos escribir en vuestras agendas (sí, eso también).

Echo de menos vuestra alegría.

Echo de menos estar con algunos de vosotros en el comedor.

Echo de menos escuchar vuestras voces, aun cuando subíais el volumen demasiado.

Echo de menos que me digáis "Raquel qué guapa vienes hoy," y que os fijéis hasta en el más mínimo detalle de lo que llevo puesto, de si tengo mala o buena cara y de qué color me he maquillado los ojos.

Echo de menos vuestras ocurrencias.

Echo de menos "batallar" con vosotros en el comedor para que al menos probaseis la lechuga, el tomate, el puré o lo que fuera que no os gustara.

Echo de menos contaros historias con el libro delante, paseándome entre las mesas para que vierais los dibujos.

Echo de menos recitaros poemas de alguno de mis libros de la biblioteca de aula.

Echo de menos vuestros abrazos, los de dos o los grupales. Especialmente los que no tenían un motivo especial, los "porque sí", o cuando demandábais cariño tal cual, y lo decíais.

Echo de menos cuando hablábais sin filtro, sin censuras, sin miedo, sin vértigo, sin medir.

Echo de menos leer vuestros diarios de vivencias al menos dos veces a la semana. Y echo de menos escribiros algo comentando lo que vosotros me habíais contado en él.

Echo de menos pintaros las uñas.

Echo de menos veros en el patio.

Echo de menos acariciaros la cabeza.

Echo de menos poder estar a vuestro lado cuando se os escapaban las lágrimas.

Echo de menos curaros cuando os hacíais alguna herida.

Echo de menos intentar tranquilizaros cuando os enfurruscábais.

Echo de menos vuestros besos.

Echo de menos buscar la manera de calmaros cuando os notaba nerviosos o muy alterados.

Echo de menos vuestros silencios cómplices.


Echo de menos vuestra picardía.

Echo de menos cualquier gesto de cariño de todos los que teníais conmigo.

Echo de menos cuando al acabar el recreo veníais a explicarme el conflicto de turno, muchas veces por culpa del fútbol.

Echo de menos cuando algunos buscábais el momento para hablar conmigo, sin que los demás se percataran.

Echo de menos los recreos dentro de la clase, en los que nunca estuve sola, porque o había alguien castigado (no solía ser uno solo, sino un grupito) o algunas personas se quedaban de manera voluntaria, da igual lo que propusiera que íbamos a hacer. Da igual la razón, la verdad es que al final hasta los castigos no eran para tanto y acabábamos pasando un rato agradable.

Echo de menos daros galletas o lo que tuviera cuando se os había olvidado el "almuerzo" u os habíais quedado con hambre.

Echo de menos cuando hacíamos botellas de la calma y la cara que poníais al ver el despliegue de purpurinas que había a vuestra disposición.

Echo de menos vuestras sonrisas, tan puras, tan sinceras, tan dulces, tan únicas.

Echo de menos vuestra gratitud.

Echo de menos el sentido del humor en las aulas, hasta explicando Matemáticas.

Echo de menos desear que el curso no terminara, pese a estar agotadísima física y mentalmente (y querer volver atrás, para regresar al estreno de 5º de Primaria).

Echo de menos ver vuestra cara cuando, tras muchas explicaciones, habíais entendido algo que antes no alcanzábais a comprender.

Echo de menos vuestras miradas, que aprendí a interpretar y a valorar, como oro en paño. Especialmente cuando solo con una mirada ya nos entendíamos.

Echo de menos lo que no está escrito, nuestra media hora de educación emocional de los viernes, nuestras "Pinceladas de emoción."

Echo de menos incluso hasta vuestras interrupciones para contar alguna anécdota, y esa habilidad que tenéis para enlazar una con otra, aunque no tengan nada que ver.

Echo de menos veros crecer día a día, y alegrarme con cada cambio físico o de actitud que iba notando.

Echo de menos que el lunes por la mañana viniérais corriendo a mi mesa a contarme con pelos y señales algo que os hubiera sucedido durante el fin de semana.

Echo de menos escucharos hablar de vuestras familias, y notar cómo se os ilumina la cara.

Echo de menos las cosas especiales que hacíamos, como las tarjetas de Navidad, la carta y/o vídeo a la familia, las felicitaciones de los cumples...

Echo de menos animaros a superar miedos, a esforzaros más y a estudiar un poquito cada día.

Echo de menos pensar en detalles para sorprenderos, aunque con que esbozáseis una sonrisa, me bastaba.

Echo de menos vuestra impulsividad.

Echo de menos recordaros la importancia de las caricias emocionales.

Echo de menos haceros fotos, fueran individuales, por parejas, en pequeño grupo o las de toda la clase.

Echo de menos prestaros la cámara para que hicierais también vosotros de fotógrafos.

Echo de menos cambiar la decoración de la clase y ver vuestras reacciones, o colocar algo nuevo y ver quién se daba cuenta antes.

Echo de menos los reencuentros después de un puente, acueducto o unas vacaciones largas.

Echo de menos vuestra confianza.

Echo de menos reírme con vosotros.

Echo una barbaridad de menos las despedidas los viernes a última hora, de uno en uno, plantada en la puerta, deseándonos buen fin de semana y en el que cada cual se despedía como le apetecía.

Echo de menos vuestra complicidad.

Echo de menos deciros, mirándoos a los ojos, lo importantes que sois para mí.

Echo de menos bajarme en la estación de autobuses de Guijuelo, en vez de tener que continuar el viaje.

Pues eso, espero haberos transmitido, no sé si con mucho a poco acierto, el porqué de mi morriña.

Por cierto, sé que no soy vuestra tutora este curso pero, algunas cosas no las va a cambiar ninguna circunstancia: OS QUIERO. Simplemente me apetecía muchísimo recordároslo, porque entrásteis en mi corazón y no vais a salir de él tan fácilmente. No iba a quedarme con las ganas de gritarlo, una vez más, a los cuatro vientos.

GRACIAS por todos esos momentos compartidos, por ser tan especiales e irrepetibles.

https://tintadedos.files.wordpress.com/2008/07/morric3b1a-de-ti.jpg

viernes, 4 de octubre de 2019

Día Mundial del Docente: cambiando vidas

Hace tres días, una compi de estudios del ISPE, compartió en Facebook unas palabras de la web "Ayuda para maestros." Se acordó de mí y me etiquetó...¡Gracias!

Esta es:

Desde que la leí pensé, estas palabras tienen que estar en el blog. Y son las que me han dado pie a escribir esta entrada. Ellas y que mañana, 5 de octubre, se celebre el Día Mundial del Docente. He intentado unir las dos para darle forma a lo que estáis leyendo. Gracias a un amigo que me recordó la celebración de mañana. Pese a que a diario escribo la fecha en la agenda, a veces no sé ni en qué día vivo...¡Muchas gracias!

Si soy sincera, al leer lo de "Me prometí cambiar vidas y tengo una de las mejores profesiones para hacerlo", vinieron a mi cabeza imágenes de muchos niños, niñas y adolescentes que han sido alumnos míos en algún momento. Pero no solo de ellos, también de compañeros y papás y mamás. La verdad es que nunca me prometí cambiar vidas ni nada que se le aproxime, no elegí ser maestra para esto ni creo tener ese poder. No obstante, soy consciente que es una de las maravillosas consecuencias de esta preciosísima profesión (con preciosa me quedaba corta). En cierta manera sí, a veces, en contadas ocasiones, podemos llegar a cambiar vidas. Y si no las cambiamos, al menos creo haber influido, aunque sea mínimamente, en la vida de algunas personas. Me gustaría pensar que cuando esto ha pasado, ha sido para bien. Si varío un ápice la vida de alguien, que sea para sumar algo bueno a su vida, para que me recuerden con alegría o, en los mejores casos, haberlos haylos, para que sigan en mi vida y yo en la suya. 

Aunque voy a darle la vuelta a la tortilla, son ellos los que han cambiado mi vida. Sí, afirmo alto y claro que hay alumnos (de la edad que sean), padres y madres de alumnos, compañeros, y otras personas alrededor de la docencia que no son profes, que me han cambiado. Me encanta empaparme de lo bueno que la gente tiene, descubrir la parte especial de cada persona y, una vez que conoces esa parte (no suele ser fácil de ver), disfrutar de la luz que desprenden.

Quiero pensar que me han hecho más tolerante, más paciente (muchísimo más de lo que era) y desde luego, han ampliado las ventanas por las que veía el mundo. Me han enseñado a no juzgar, a cambiar mi manera de ver muchas cosas y a darme cuenta de lo afortunada que soy por dedicarme a la docencia. Desde que empecé a estudiar en la universidad, incluso antes, lo que ansiaba era poder tener una profesión que me gustara. No es que me guste, es que me apasiona, no muchas personas pueden decir que su trabajo les apasiona, soy consciente de la suerte que tengo. Tal vez diría lo mismo si me hubiera dedicado a el Periodismo (en concreto la radio) o la Enfermería. Iba a haber puesto Psicología, pero me parece que para la docencia hace falta una barbaridad de Psicología, aunque en muchos casos brilla por su ausencia (qué lástima).

Además de la enumeración anterior, las personas que he conocido gracias a la docencia, han conseguido que me sienta especial, muy especial. Lo repito hasta la saciedad, pero es la pura verdad, y me han hecho un regalo impagable: su confianza. Sé que tengo parte de la culpa de esta confianza, porque doy pie a que se abran, eso implica estar dispuesto a escuchar y, sé de sobra que no es lo mas habitual entre profes y maestros que, y lo respeto, optan por mantener bastante distancia e implicarse poco con las familias de los alumnos. Lo respeto, pero no lo veo así. A mí me ayuda saber cómo son mis niños, niñas y sus familias, a la hora de hacer mejor mi labor. Si sé qué pasa, es más sencillo saber cómo actuar para que en el aula (y fuera de ella), todo marche lo mejor posible.

Por eso, aprovecho que estamos a un par de horas del Día Mundial de los Docentes, para dar una vez más las gracias, a los que suman en mi vida. Gracias a esos alumnos, de antes y ahora, por lo mucho que me han dado y el cariño tan bonito que me demuestran. Podría escribir un libro solo con los detallazos que ellos han tenido conmigo y los siguen teniendo. Os quiero hoy, os quise ayer y os seguiré queriendo, gracias por ser mi motivo para sonreír cuando voy a trabajar. También habéis provocado enfados, me habéis dado disgustos y a veces me he sentido fatal con el trato que me dispensabais, pero quiero creer que era parte del camino del aprendizaje que estábamos recorriendo juntos. Es muy bonito conseguir "algo", lo que sea, después de un gran esfuerzo, así las cosas saben mejor, las recompensas se saborean más.

Compañeros, con vosotros no paso tanto tiempo como con mi alumnado, pero he tenido la suerte de toparme con algunos profesionales como la copa de un pino. Y, de cuando en cuando, con bellísimas personas, que igual que los alumnos, tienen un hueco en mi vida, porque me encanta que formen parte de ella.

Y esta vez dejo para el final a los papás y mamás. Desgraciadamente sigo viendo que vuestra voz no se os escucha suficiente en las aulas. Compruebo también con disgusto, las pocas veces que os animáis (o atrevéis) a alzar la voz cuando lo que veis no marcha como deberíais. El colegio debe daros más oportunidades, no podemos pedir vuestra colaboración y luego no escucharos, no tiene sentido. Gracias a los papás y mamás que son generosos, a los que comparten y apuestan por explicar qué pasa en su casa, qué les inquieta sobre sus hijos y me ayudan a entender cómo es cada uno de mis alumnos. Sin vosotros mi profesión tendría un plus de soledad espantoso. Adoro haber compartido barco con un grupo importante de vosotros. Y, cómo no, disfruto e intento cuidar las pocas amistades que, con muy pero que muy poquitos, han surgido en estos más de once años y medio dedicados a la docencia. A este grupo chiquitito pero maravilloso, gracias por todo eso, por arriesgaros y apostar por mí, por cruzar barreras una vez que dejé de ser la maestra de vuestros peques (o no tan peques). Siento un cariño inmenso, inconmensurable, difícil de explicar y quizás más difícil de entender, pero me da igual, con que lo entiendan los implicados, basta y sobra.

A todos los docentes, os deseo, seáis profes o maestros, un día muy feliz mañana 5 de octubre. Aunque lo que de verdad importa es el día a día en las aulas y las horas que le dedicamos en casa, no suelen ser pocas por cierto.

Sé que tengo la profesión más bonita del mundo, y no mucha gente corre la misma suerte.

Disfrutad de la magia de la docencia, que es capaz de abrir puertas donde antes había muros. 

Compañeros...¡Felicidades!

Termino con una frase en internet, la he encontrado en Pinterest. Precioso el contenido pero las tildes brillan por su ausencia: día, jóvenes y vocación, así deberían estar. Ah, y el signo de admiración también al principio de la oración, no únicamente al final.


Y que siga teniendo a alumnos que me saludan por la calle, que me abrazan, me dicen que me echan de menos, me felicitan por mi cumple... A mamás y papás que me dan los buenos días...o las buenas noches, se acuerdan de mí y se interesan por cómo estoy, me animan y me preguntan. En definitiva, a todos los que me impulsan a seguir yendo a "trabajar" con la idea de que sí merecen la pena los esfuerzos, los desvelos y todas las dificultades que me pueda ir encontrando. 

domingo, 29 de septiembre de 2019

Cuestión de LUZ (posible continuación de la entrada "Mucha LUZ")

Ayer desayunaba con la tele de fondo. Me sorprende en medio de un sorbo de leche una canción que escucho en las audiciones a ciegas de "La voz kids", es de Rosario Flores. Tiendo a poner las canciones al final de las entradas del blog...hoy no. Voy a dejarla como una especie de bienvenida, de agradecimiento por aquellos que se animan a continuar leyendo el blog. Su título es "Gloria a ti", espero que os guste:

Reconozco que me está costando volver a la rutina, y eso que septiembre está ya dando sus últimos coletazos. Aunque lleve cerca de un mes de "la vuelta al cole", son tantos los cambios que continúo en un periodo de adaptación, pero no va a ser eterno. Llevo mal lo de madrugar tanto, pero en Ciudad Rodrigo habría sido incluso peor, los madrugones nunca los he llevado bien, no son lo mío. Cuestión de tiempo y de acostarme a horas menos intempestivas. Lo intentaré pero no prometo nada.

Finalmente no podré tener el Taller de "La mochila de las emociones" los lunes por la tarde. Me dio mucha rabia que no saliera pero el alumnado y/o sus familias, han optado por otras actividades, hay que respetarlo. Me duele porque me quedo sin un tiempo semanal exclusivo para la educación emocional en las aulas. Sé que es un tema que está en nuestro día a día, en cualquier parte y, va a salir sí o sí en muchos momentos del curso. Solo espero que sea un paréntesis y retomarlo en cuanto sea tutora de nuevo. 

Mi plan b) para el blog es publicar aquí ideas, actividades, materiales, técnicas...de cómo poder hablar de educación emocional en las familias y en las aulas, sin que vuestros hijos y/o alumnos se aburran. Me encantaría que comentándolo en el mismo blog o por email (o móvil en el caso de que tengáis el mío), me fuerais diciendo si ponéis en práctica algo de lo publicado aquí, y cómo ha resultado...¡Gracias por adelantado!

Volviendo al tema de las personas con luz, que ya abordé en la entrada "Mucha luz" del 29 de agosto, sigo abrumada por esas personas que me rodean y que tienen tantísima luz.  En mis 37 años de vida habré hecho cosas mal, regular y bien, además de otras muy mal o muy bien. Quiero pensar que una de las mejores la forman los lazos humanos. Quizá por mi manera de ser, o por la de los que me he ido cruzando en alguna etapa de mi vida, tiendo a cuidar mucho el vínculo con las personas que me parecen especiales. No todo el mundo desprende lo mismo. Hay personas que te transmiten confianza, calma, bondad, valentía, cariño...No sé, es complicado de explicar por qué hay gente que se hace querer una barbaridad, con la que te sientes tan sumamente bien que puedes pasar horas y horas y vuelan, y siempre parecen pocas.

Si me tocara la lotería compraría tiempo. Sí, si se pudiera elegir por qué canjear el premio, elegiría tiempo (contando que tuvieran salud las personas a las que quiero). Tiempo para poder pasar muchos más ratitos con esas personas que tienen tanta luz y más tiempo para mí. Me encantaría pasear con ellos, encima ahora que en breve estará todo teñido de tonos anaranjados, ocres, rojizos y marrones...¡Adoro el otoño! Parece que estoy ya escuchando el crujido de las hojas secas al pisarlas mientras paseo, o me las imagino cayendo como una lluvia de colores.

Quien dice pasear dice sentarse en una terraza (mientras dure el veranillo de San Miguel), tomar un algo donde sea, hacer fotografías (tengo que recuperar la buena costumbre de llevar la cámara a todas partes...o casi), conversar sin límite horario, dar más abrazos, más besos y acariciar más. 

También me gustaría tener más tiempo para escuchar a esas personas que me importan, mejor si es en persona; para sentarme de madrugada a contemplar las estrellas; para ir más veces al teatro, al cine; para escribir (cartas, blog, o un libro ¿por qué no?); para dibujar por placer y no por obligación; para encontrar mi propio espacio y organizar comidas, cenas, "lo que sea" pero que implique reunirse para compartir alegrías y penas, sueños y desvelos, desilusiones y esperanzas...

Creo que hoy en día se valora muy poco la importancia de cuidar, de mimar a la gente que tiene un sitio importante en nuestra vida, a esos que se han ganado un hueco en ella y queremos que permanezcan, sin fecha de caducidad. La gente no se queda a nuestro lado porque sí, me parece que hay que aportar algo, demostrarles que los queremos, que son especiales y por qué lo son. Os animo a decírselo y a demostrárselo. En mi caso aproveché la entrada de "Mucha luz" para eso, con la excusa de mandarles el enlace a la entrada del blog. Hay personas que ni siquiera me respondieron, ni un sola palabra. Aunque la verdad es que volvería a mandárselo exactamente a la misma gente. Nosotros no elegimos lo que los demás nos hacen, pero sí cómo nos lo tomamos. Y como he empezado el día muy musical, acabo igual la entrada, con una canción que usé para felicitar el 2019, magistralmente interpretada por un coro gospel. Es "Stand by me" (Quédate a mi lado)



Gracias porque pese a que este curso no tengo mis queridísimas "Pinceladas de emoción" ni nada parecido, cada uno de vosotros, me aportáis tanto que tengo inspiración para escribir este blog y varios libros. Bendita luz, no para el blog, sino para mi vida.


sábado, 21 de septiembre de 2019

Fecha y momentos para recordar: 21 de septiembre

Pese al título, puntualizar que con el juego de palabras no he querido tomarme a guasa una fecha tan seria como la de hoy, Día Mundial del Alzheimer, sino hacer hincapié en algo que creo muy relevante: la importancia de recordar.




Hoy es un día, un día como los demás, para acordarnos de todas las personas con alzheimer. Aunque también me gustaría acordarme de los que ya no están y lo tenían. Y continuando la cadena, de los cuidadores de todos ellos, sean familiares o no. De esa gente muy próxima a los enfermos, de los que nos acordamos muy poquito. A mí no me gusta olvidar a las personas importantes y siempre he admirado el poder del amor, la valentía, aunque a veces flaqueen las fuerzas, de todas estas personas que sacrifican parte de su vida para permanecer a la vera de aquellos a los que más quieren, pese al dolor que supone ver cómo se deterioran poco a poco (o no tan poco a poco).

Por eso, perdonadme el atrevimiento, quiero mencionarlos a todos ellos. 

Y no sé qué pasará el día de mañana, si alguien a quien quiera tendrá alzheimer o yo misma puedo padecerlo en el futuro, porque nunca sabemos qué nos deparará el destino. Pase lo que pase, hay cosas que siempre me gusta recordar y, aunque resulte una enumeración considerablemente extensa, me he animado a plasmarla aquí, y a compartirla con las personas que forman parte de esas vivencias.

Allá voy:
Hoy y siempre, quiero recordar el amor de mis padres y de mi hermano. El cariño de mi familia, ya en un sentido más amplio. Acordarme por ejemplo, de cómo mi madre me contaba en la cama de mis padres, una y otra vez, el cuento de "Los siete cabritillos"  y las voces que ponía. También ir por la calle de la mano de mi padre, como si nada malo pudiera sucedernos nunca. O cómo nos han cuidado a mi hermano y a mí siempre, estando sanos o "pachuchos"...Me acuerdo de las vacaciones de los cuatro en la playa, y más recientemente las múltiples escapadas o vacaciones de mi hermano y yo, inolvidables todas.

Me gustaría no olvidar mis momentos felices en el cole, que fueron una barbaridad, y las personas con las que los viví. El "Paco Viruta" me marcó para bien.

Además, deseo acordarme de lo bueno de mi época en Salesianos y lo mucho que aprendí allí a nivel personal, y eso que no fue una época fácil, ni para mí ni para nadie, por la edad que teníamos. 

Me vienen a la cabeza, en paralelo a Salesianos, dos de mis ángeles, Cristina y Jesús, gracias por existir. Pero también por ser tan buenas personas, por saber cómo utilizar tan bien la inteligencia y por enseñarme a mirar el mundo con otros ojos.

Cómo no recordar los veranos Pinareros, cuando éramos un grupo reducido en sus inicios, la etapa de grupo grande y ahora, cada vez con menos gente y tiempo para compartir y más responsabilidades, asociadas al paso de los años. Mis mejores recuerdos de la adolescencia son de allí. Recordar esas noches sin hora de llegada, esas charlas infinitas con los amigos sentados en la acera a horas intempestivas, las madrugadas de karaoke, los juegos de cartas, las celebraciones de santos (Santa Marta), cumpleaños...

Sigo haciendo este paseo por la memoria de los años vividos. Llegamos a la época universitaria. De los dos Magisterios conservo buenos momentos (aunque no demasiados), más por las compañías, después amistades, que por los estudios en sí. Eso sí, me sirvieron para descubrir que soy maestra vocacional, y lo afortunada que soy por poder ganarme la vida con ello.

¡Ay mi CAV (Comunicación Audiovisual)!...Allí  recuerdo y quiero seguir recordando, lo feliz que fui en la Facultad de Ciencias Sociales, gracias a las personas tan maravillosas a las que conocí, y a algunos profesores como Javier Frutos Esteban (Fotografía) y Rafa Bustos Gisbert (Derecho de la Información). Lo bueno pasa volando, no hay duda. 

Por supuesto, muchos de los momentos que ojalá no olvide nunca, están ligados a mis distintos destinos laborales, de los cuales quiero acordarme de casi todos, menos de uno. 

En ellos aprendí, entre otras cosas, lo siguiente: es mejor hablar sin gritar, la generosidad de algunos compañeros es una suerte tremenda, la importancia de la humildad, hay que medir las consecuencias de lo que decimos o hacemos, no podemos exigirles a los alumnos lo que nosotros a veces somos incapaces de hacer, en esta función docente hace falta mucha más gente que trabaje con pasión, el sentido del humor es una herramienta a explotar, el cariño es el mejor recurso para prácticamente todo, no hay que juzgar lo que nos cuentan los alumnos (sea lo que sea), la importancia de las palabras mágicas (gracias, por favor, lo siento y...EMPATÍA), la educación emocional es el arma educativa más poderosa...Y claro está, mis alumnos han sido mis mejores maestros, y me da en la nariz que lo seguirán siendo. El cariño ya sabéis que para mí no tiene fecha de caducidad.

También di con un buen puñado de excelentes compañeros, que eran mi alegría y mi apoyo cuando lo necesité. Esa gente es hoy parte de mi vida, coincidiéramos hace poco o mucho, están ahí. Pasaron de compañeros a amigos.

Y fuera del horario de docencia directa, cuánto puede allanar el camino una buena relación con las mamás y los papás de mis alumnos. También, pero no es lo común, me di cuenta que de ahí pueden salir amigos. Carmen Jiménez, tú inauguraste esta pequeña lista, aunque de mi época madrileña luego reaparecieron personitas muy importantes, como Cristina Serrano. Hay otras a las que por respeto, no nombro aquí, porque cuando hace poco que has sembrado una semilla y ves que empieza a germinar, quieres cuidar la plantita con mimo, y no me apetece que nadie estropee las que tengo sembradas. Mira que son macetitas diferentes, pero cada una tiene su encanto. La gente buena escasea, la especial o mágica casi más, y soy una persona muy afortunada por haberlas encontrado, o ellas a mí, gente tan distinta, con tanta luz, con un corazón tan grande. 

Y a lo anterior añado ir al cine (acompañada), los conciertos, el teatro, las tardes de café, los reencuentros, las risas tontas, los diálogos, las conversaciones interminables por "guasap" (sí, habéis leído bien, pueden resultar hasta cálidas), las comidas y/o cenas, las visitas a la Feria del Libro de Madrid, hacer fotografías a las personas que me importan...

Quiero recordar a los amigos, a mis amigos, da igual de qué etapa de mi vida de las que he comentado aquí procedáis. Por vuestra confianza, paciencia, detalles, cariño...¡Mil gracias!

Por todo lo escrito hasta ahora y mil y otras razones, quiero decir a todos, aquellos que estáis en mi vida (familia biológica y familia elegida, mis amigos), lo mucho que os quiero, sí, OS QUIERO, no siendo que algún día la memoria me falle y se me olvide. Si os falla a alguno de vosotros intentaré que lo recordéis gracias a la memoria de la piel (una caricia, un beso, un abrazo, un simple roce...). O también os lo repetiré las veces que haga falta (Os quiero, os quiero, os quiero...), intentando hacerlo siempre con la misma intensidad y dulzura de la primera vez. Bueno, y no solo que os quiero, sino que os quiero a mi lado, cerca de mí, aunque no siempre tenga la oportunidad de veros o hablar todo lo que me apetecería con vosotros.

Solo era eso, quería convertir esta jornada en "mi día de los recuerdos", y tengo muchos motivos para sonreír, y es GRACIAS a vosotros.

Y la canción para acabar esta entrada del blog es de mi (disculpad mi falta de originalidad) querido Manuel Carrasco, SIEMPRE FUERTES.



martes, 17 de septiembre de 2019

Época de cambios: reflexiones, recuerdos y un par de sugerencias

El viernes pasado acabó la primera semana de cole con alumnos. Como ya sabréis a estas alturas, este curso estreno destino. Curiosamente voy de "Fili" en "Fili." El curso anterior en el  CEIP Filiberto Villalobos de Guijuelo y este, en el Colegio Filiberto Villalobos de Béjar.

Todavía estoy en proceso de asimilar cambios, bastantes por cierto. En broma digo que igual que los peques de tres añitos, ando en periodo de adaptación, igual que ellos, acabo de aterrizar en el cole.

Debo decir que todavía es pronto pero, hasta ahora, el balance es positivo, muy positivo. Es verdad que a todos los colegios voy a lo mismo, a hacer mi "trabajo" lo mejor que pueda y a sumar mi granito de arena a lo que tengan ya construido. Y eso no varía sea mi destino para un curso o para más.

Reconozco que es pesado tener que ir con la casa a cuestas como el caracol cargadita con todos los materiales que tengo de un centro a otro. Pero lo asumo porque quiero, es el peaje a pagar para estar más cerca de Salamanca que si me encontrara en mi destino definitivo. Sé que he de aprender a tirar más, y así evitar mudanzas que, excepto las personas que me han ayudado, desconocen, y mejor así...Gracias a una amiga este año y a mi hermano en cursos anteriores, por echarme una mano o ambas para hacer los traslados,  porque son una auténtica pesadilla. Espero escarmentar y aprender a tener todo menos lleno. Especialmente a deshacerme de tantos "por si acasos" , me temo que algunos, llegará mi jubilación (anda que no falta) y nunca los habré usado.

La primera semana con alumnado fue una montaña rusa. Mis funciones poco o nada tienen que ver con las de otros cursos. He pasado de ser tutora de un grupo de 5º y ser la especialista de Inglés de los tres grupos de 5º, en Guijuelo, a tener clases con cuatro grupos, 1º, 4º, 5º y 6º de Primaria, en Béjar. Y aunque son cuatro clases (cada curso tiene solo un grupo) tengo ocho agrupamientos distintos, según qué niños están en bilingüe o no. Es la primera vez que únicamente mis horas de docencia directa son todas como especialista de Primaria bilingüe (Inglés), repartidas entre Plástica y Ciencias Naturales en inglés y la asignatura de Inglés a una clase. 

Además no soy tutora y, lo que de verdad me preocupa, no sé todavía si tendré la oportunidad de contar con un tiempo semanal para trabajar la educación emocional, ojalá sí. Después de "Emociónate" en el taller que di en el CEIP Beatriz Galindo de Salamanca y "Pinceladas de emoción" en el CEIP Filiberto Villalobos de Guijuelo, me resultaría complicado encajar que puedo estar un curso sin eso. De acuerdo, se puede tratar en cualquier momento, pero al dar solo clases del bilingüe y del área de Inglés, no me parece el entorno más apropiado para hablar de emociones...Cruzo los dedos y, si no fuera posible, prometo daros periódicamente raciones de educación emocional, para el aula o para los hogares.

En cuanto a los alumnos, empiezo a asociar caras y nombres, aunque me queda un largo camino por delante. El tercer día una niña de primero se acercó a darme un abrazo y me encantó, porque no sé por qué lo hizo, quizá eso es lo mejor, que no hice nada especial, lo hizo porque sí, y punto. Otra alumna, de sexto, vino ayer lunes con un dibujo dedicado en inglés, muy bonito...¡Qué detalle! También me ha tocado ponerme seria, especialmente porque da igual el cole. Todos los niños necesitan mejorar sus capacidades de atención, escucha y silencio, no varía, sucede lo mismo en Béjar, Salamanca o Guijuelo. Espero llegar a conocer a mis alumnos lo suficiente como para que el curso vaya rodado y sea ameno y fructífero para todos. Las primeras sensaciones fueron bastante buenas. 

Y entre medias de unas cosas u otras, Guijuelo, mucho Guijuelo. Y eso que allí, parar lo que se dice parar, desde mi visita relámpago para recoger todos mis "aperos" del Fili, no he parado (no cuenta la parada que hace el bus, en la estación, camino de Béjar).Voy llevando razonablemente bien lo de pasar a diario por allí y asumir que, me guste o no (no me gusta un pelo), este año no es mi destino, pero no hay vuelta de hoja y sé que en Béjar voy a estar bien.

Es extraño, la mayoría me temo que no alcance a  entenderlo, para mí llegar a Guijuelo es sentirme como en casa, mi casa, y eso me encanta. Es casi como mi hogar, salvando las distancias, y tengo lazos importantes allí. Creo que se debe a lo feliz que he sido allí, e intuyo que me quedan muchos momentos felices por vivir ligada a esta localidad. El cariño recibido, me da igual si me repito como las lentejas, ha sido y continúa siendo abrumador, por parte de gente que me tiene en mente, me cuida, me mima y se preocupa por cómo estoy. Es precioso saber que hay personas que van a seguir estando en mi vida, y con mucho más peso que antes, algo positivo tenía que tener perder la etiqueta de "tutora de," ¿verdad? Gracias de corazón, sabéis que un cachito del mismo lo ocupan las personas del "Fili", de fuera y de dentro. Qué bonito es sentirme tan querida.

Es una de las cosas más hermosas que pasan en esta profesión, pero lo de Guijuelo ha sido de récord, el cariño ha alcanzado unas cotas altísimas, a veces me froto los ojos para comprobar que no ha sido un sueño. Quiero pensar que tiene mucho que ver con el momento en el que aterricé en Guijuelo. Justo venía de un año rematadamente malo a nivel laboral que se resintió bastante en el plano personal. Para mí significó mucho regresar al Fili, como si me hubiera tocado el gordo de la lotería Y en ese punto aparecieron ellos, mis niños y niñas, todo un reto...¡Menuda aventura!

Tal vez por todo lo anterior, dar con unos alumnos nada fáciles, fue lo mejor que me pudo pasar, lejos de desmotivarme provocaron todo lo contrario. Y a pesar de las dificultades, que fueron muchas y de frentes distintos, consiguieron que fuera al colegio con una ilusión que hasta entonces nunca había experimentado, jamás. Jamás me había volcado a esos niveles con unos alumnos ni con sus familias, y desde luego, no me arrepiento. Me parece que han podido disfrutar de una de mis mejores versiones, lo cual no quita que de vez en cuanto haya podido meter la pata, también soy consciente de ello. Por eso creo que todo puede mejorarse y mi mejor versión está por llegar.

Os sugiero a todos que viváis a tope el camino que el presente os ofrece, pese a las dificultades, aunque no entendáis por dónde os lleva el destino, algo bueno deparará.

Y una sugerencia menos profunda, pero no me resisto a hacerla. El viernes fui al cine, la película se llama LITUS. Es española, desgraciadamente creo que no va a aguantar mucho en cartelera. Sin destripársela a nadie, solo os diré que vayáis a verla. Únicamente está en el Van Dyck, el de toda la vida. No dejéis de verla si pensáis que el cine ha de ser una máquina de contar historias, de hacernos pensar, de hablar de sentimientos y de emocionarnos a la vez.




Y el puntito musical lo trae Rozalén, gracias al conciertazo de la Plaza Mayor en las pasadas Ferias de Salamanca. Aunque es más cómodo, intimista y con mejor acústica disfrutar de su música en espacios como el CAEM, el marco de la Plaza Mayor tiene su encanto. Y empezar un concierto con Rozalén deseando al público que saliera del mismo con más ganas de vivir, pura magia. Por eso vuelvo a recurrir a "Vivir."




Doy por rematada la entrada con parte de la letra, con la que me siento muy identificada: "Cuando me miren sabrán...que me toca ser FELIZ." 

jueves, 29 de agosto de 2019

Mucha LUZ

Julio fue el mes del descanso, la desconexión, los reencuentros, la tranquilidad, el escaparse (un poquito), el disfrute e incluso tuve tiempo de aburrirme. Llegó agosto y todo cambió, un mes intenso, de idas y venidas, de hasta luegos, felicitaciones por varias razones, bienvenidas, de encuentros y como julio, de reencuentros. Lo bueno de la vida es que no deja de sorprenderme. Y hasta con el cambio menos deseado, empiezo a darme cuenta de la parte positiva, porque la tiene, y a eso me agarro como un clavo ardiendo.

Una amiga me mandó por mi cumple una imagen del ilustrador "72 KILOS." Como me gustó tanto, navegué en internet buscando otras imágenes de ese ilustrador. Una de ellas me ha servido de punto de partida para escribir esta entrada. Es la siguiente:
Siempre lo he sabido, pero a medida que pasan los años veo que soy todavía más afortunada de lo que creía. Estoy rodeada de gente que es pura luz. De personas con las que puedes pasarte hablando horas y horas casi sin pestañear, y el tema es lo de menos, porque tienes la seguridad que ningún tema es tabú (siempre que se digan las cosas con tacto) y que quien lo lee (o te escucha) tiene interés en lo que le cuentas, y tú estás deseando saber qué tal le va a esa persona.

Personas que son luz y que solo habías tenido ocasión de atisbar lo mucho que podían ofrecer, pero se van quitando capas y ganan con cada capa que se quitan. Y me encanta conocerlas con esas capas de menos.

Personas llenas de luz que te colman de cariño, de detalles, gratitud, confianza...Esa clase de gente con la que no dudas en compartir tu tiempo y mantener el hilo rojo que cada vez es más fuerte. 

Y de repente te encuentras con unas palabras preciosas, voces que te emocionas solo por escucharlas de nuevo, tarjetas hechas a mano (y unas dedicatorias preciosas), flores que inundan de color y olor el salón y no te cansas de contemplar, un dibujo dedicado...No sé, una barbaridad de detalles que me hacen sentir muy especial y tan querida que estoy a punto de estallar de emoción, pero he optado por respirar y disfrutar, sin más.

Amigos y amigas que dicen que tienen muchas ganas de verte, así, tal cual, porque sí. Y yo estoy deseando verlos/as también, aunque no tenga una fecha concreta.

Aunque sigo convencida que para poder querer a los demás primero hay que quererse a uno mismo,  veo que soy lo que soy gracias a esas personas de luz con las que he ido coincidiendo. Y ojalá pueda seguir pasando muchos ratos con todas ellas, y sigan en mi vida (y yo en la suya), soplando velas o cualquier otro día, lo importante es saber que están ahí. Intuyo que en septiembre va a haber más cafés que días, y me encanta. 

A veces la distancia ayuda a valorar más a las personas con las que pasas el día a día, y cuando pasas un tiempo sin verlas, te das cuenta de la falta que te hacen y lo bien que estás cuando las tienes a tu lado.

Por eso agosto está resultando ser el "mes de la luz." Me he llevado muchas más alegrías que decepciones y voy tendiendo puentes con los que de verdad me apetecen, porque para mí la amistad, o la semilla de la amistad, tiene que ser algo recíproco, no basta con querer ser amiga de una persona, esa persona también tiene que querer ser amiga mía. 

De ahí que esta entrada sea una oda a la amistad, un pequeño homenaje a mi "gente de luz," a los que ya llevan tiempo a mi vera y a las personas "nuevas" en este círculo, de tamaño suficiente como para sentirme FELIZ, sí, otra vez, uso las mayúsculas para resaltarlo.

Ah...Por supuesto, ¡gracias!

viernes, 16 de agosto de 2019

GUIJUELO...¡Gracias!

Hoy me gustaría emplear el blog para dirigirme a las personas con las que he tenido la enorme suerte de coincidir en Guijuelo.

El miércoles 14 salieron las adjudicaciones del Concursillo y, el destino, caprichoso como siempre, pero bastante sabio a la vez, me lleva en esta ocasión al CEIP Filiberto Villalobos...de Béjar. Digo lo de bastante sabio, porque aunque a veces ha hecho cosas que en su momento no he entendido, el tiempo le ha dado la razón y he ido comprendiendo los porqués de casi todo.

Pero esta entrada no se refiere a mi destino el próximo curso en tierras bejaranas. Por cierto, es algo que voy a afrontar repleta de ilusión y con todas las ganas del mundo, de aprender, disfrutar y empaparme de todo lo bueno que seguro encontraré allí. Un reto más que me llama, como todos los que he ido afrontando hasta ahora.

No sé muy bien por dónde seguir. Hay muchas personas con nombre a las que tengo ganas de hacerles llegar este mensaje. Intentaré que no sea tan nominal, salvo excepciones, para no herir sensibilidades.

Comienzo con el claustro de maestros, aborrezco la palabra profesor, cuando en realidad existe la preciosa "maestro" para las etapas de Infantil y Primaria (cada cosa por su nombre). Quinti, gracias por tu apoyo, tu cariño y cómo no,  por "darme" 5ºC, un reto de aúpa y una fuente inagotable de felicidad. Compañeros, gracias por recibirme en septiembre de 2018 con los brazos tan  abiertos. Incluyo por supuesto aquí a la PTSC y a Puri, nuestra orientadora. Y a los que no conocía y he estado este curso con ellos, como Carlina, Marta, Carmen MARE e Inés, gracias por darme la oportunidad de conoceros y por esos intereses comunes. A los ya jubilados, gracias por el cariño que veo y me seguís demostrando, es mutuo. A cada uno, por todos esos ratitos compartidos, las risas, las miradas cómplices, la mano amiga los días de agobio o cansancio, las conversaciones...No sé, infinidad de cosas del día a día que son de agradecer y hacen que todo sea más fácil.

Sigo con Esther, de la Cafetería, pastelería, panadería Sancho. Y antes de nada he de pedirte perdón. Siento haberme ido sin decirte adiós. No fue casualidad, aunque en junio no sabía si iba a regresar o no a Guijuelo. Por si las moscas, preferí no despedirme de ti. Recuerda que nos conocemos de hace ya unos añitos y me habría costado un mundo. Tengo una visita pendiente ( y un par de vídeos) y ahí te doy un abrazo en condiciones. Gracias por regalarme tantas sonrisas, cariño y alegría en cualquier estación del año, aunque hubiera "tormenta" (para ti o para mí).

Continúo con el personal del centro que sin ser maestros están también ahí, al pie del cañón. ATE, fisio, personal de limpieza...Gracias por esos momentos que hemos pasado juntos en la vida diaria del Fili. Trabajadoras del comedor, por lo bien que me han tratado...Muchas gracias.

Gracias a las personas que conocía de mis anteriores etapas en Guijuelo por el subidón de energía cada vez que me comunicaba con vosotros, fuera en persona o por otro medio. Kaio, seguimos teniendo un café pendiente. Me encantó que te dejaras caer por los alrededores del cole y poder ponernos al día, aunque fuera en un ratito. Míguel Ángel, qué bien coincidir. Por eso tenía que perder el autobús de las 14,30 hr el día de las notas...para poder hablar contigo, en persona. Arantza, por seguir en contacto pese a la distancia y estar tan pendiente...¡Gracias!

A los que ya a estas alturas os habéis aburrido de leer, de verdad lo entiendo, pero quiero asegurarme que me acuerdo de todo el mundo que tengo en mi lista. Gracias a las familias de mis alumnos: a las de 5ºA y 5ºB, alumnado al que he podido conocer en vuestras clases de Inglés, tanto a niños como adultos, me he sentido muy bien trabajando y/o hablando con vosotros.

Mención aparte merecen mis papás y mamás, los de mi tutoría, 5ºC...Bendito grupo que tanto tiempo me "ha robado", porque, sin duda alguna, habéis calado hondo en mí. En mis anteriores experiencias docentes, jamás había atendido tantas veces a papás y mamás en tutorías. Y ya de los correos electrónicos (y de muchas otras cosas) ni os cuento, porque es la primera ve que recurro a este medio para informar de manera tan fluida a las familias. Gracias por esos emails de vuelta, incluso los que hacían que se me saltaran las lágrimas. Además gracias por no haberme mandado a freír churros, soy consciente de lo insistente que he sido en algunas ocasiones, quizá más de la cuenta. Espero que hayáis comprendido por qué actuaba así, 5ºC es mucho 5ºC.

Y los detallazos de final de curso los conservo como oro en paño, en particular los artesanales, son preciosos y me llegaron al alma. ..Gracias, gracias, gracias. Me da la sensación que hay semillas que vosotros o yo hemos plantado que están ya dando fruto u otras empezando a germinar. Aunque no siga en el Filiberto (de Guijuelo je je),  podéis seguir contando conmigo. Sé que tengo envíos pendientes.

Me reservo para el final a los "protas" absolutos, mis alumnos o mejor dicho, como a mí me gusta llamarlos, porque lo hago con todo el cariño del mundo: Mis niños y niñas de 5ºC. Son Nerea, Irene, Jaime, Ainara, Claudia P., Marcos R., Alaiz, Adrián, Sheila, Alejandro, Sheila, Claudia S., Lucas, Iris, Daniel, Marcos S., Ana, Olga y Victor. Mis 19 soles, mis 19 torbellinos emocionales y mis 19 razones para haber peleado como una jabata (aunque sin éxito) por permanecer el próximo año en el CEIP Filiberto Villalobos de Guijuelo, anteponiendo las personas (vosotros) a los kilómetros. Es mucho más importante con quién que el dónde. Sabed que hasta se lo llegué a pedir a las Perseidas...no os digo más, hasta a las "estrellas" fugaces me he dirigido.

Os quiero tantooooooo, sois tan especiales (alegrías, enfurruscamientos, silencios, energía, amor,  apoyo, respeto, esfuerzo, empatía, madurez, inocencia, espontaneidad, sinceridad...). Es verdad que también me habéis dado disgustillos, no vamos a pintar todo color de rosa. Lo que pasa es que en la balanza esas alegrías, cariño casi infinito, tremenda confianza, complicidad...ganan por goleada. No sé vosotros, pero en mi corazón ocupáis un cachito muy importante. Siento las veces que haya metido la pata, no siempre se puede acertar. Lo que más lamento de toda esta historia, como recientemente hablaba con un par de personas a las que aprecio mucho, es no poder veros crecer. Sí, tal cual. Llamadme rara o lo que queráis. Sé que he tenido el privilegio de compartir muchas vivencias y emociones con vosotros a lo largo de este 2018-2019 tan especial. No sé si mejor docente, pero desde luego sí me habéis hecho mejor persona.

Me hacía muchísima ilusión veros crecer el próximo curso, en el Fili, fuera o no vuestra tutora, pero veros. Y poder cantaros las 40 si no estabais haciendo lo que debéis, escucharos cuando hiciera falta, daros un abrazo cuando lo necesitáis o lo que queráis incluir aquí. Ahora me alegro mucho más de tener tantos documentos gráficos de todo el curso pasado, porque son imágenes congeladas de muchos instantes preciosos que hemos vivido juntos y cada vez que las veo vuelven a cobrar vida. Las "Pinceladas de emoción" quedan para nosotros, y sus crónicas, para siempre en este blog. Os he dicho ya que os quiero ¿no? Pues eso...Estoy aquí, y seguiré estándolo porque este cariño no tiene fecha de caducidad (ni falta que hace).

Así que esto no es una despedida como tal, solo una carta de gratitud hacia el "universo Guijuelo" que a mí me ha conquistado y al que dejo la puerta abierta de par en par. Sé que hay razones para pensar que va a convertirse en un "hasta pronto" y no en un adiós. Lo que tengo muy claro es que en Guijuelo me siento como pez en el agua y veo al Fili, como "mi cole."

Espero haber estado a la altura de las circunstancias y haber logrado plasmar con más o menos acierto los sentimientos tan bonitos que provocáis en mí. 

Acabo con una foto de un faro de Peñíscola y una canción con un título como anillo al dedo, EL DESTINO. Del "Te quiero" cambiad únicamente el TE por un OS y...¡Listo!

Imagen propiedad de Raquel Plaza.






viernes, 9 de agosto de 2019

¡Vivan las uñas de colores...una vez más!

Casi se me corta la digestión. Justo después de comer, como muchos, y más en vacaciones, me entra cierta modorra que, en verano en particular, suelo combatir con una siesta (qué gran invento español). Pero hoy no, no es el día. He de "agradecérselo" a una noticia recogida en Salamanca24horas, antes de continuar, os dejo el ENLACE. La noticia recoge cierta polémica por un vídeo publicado por una vecina de Villoria, en el que se queja de una actividad de la Escuela de Verano de esa localidad, en la que pintaron las uñas a su hijo.

No pensaba opinar porque al acceder a la noticia no salía ya el enlace al vídeo. No obstante, sí aparece al entrar en el "Facebook" de uno de los vecinos que le ha respondido: Rubén Cañizares Sánchez. Tiene el perfil público y por eso he podido verlo. Está en varios de los comentarios que hacen a lo que él publicó.

El vídeo no tiene precio, para más inri esta vecina al final de mismo pide que "esto llegue lejos", y no estoy yo por llevarle la contraria...en este punto solo. Advertencia, el vídeo dura la friolera de 15 minutos, tiempo más que suficiente para haberme levantado de la silla en varias ocasiones. 

Como cualquiera que siga este blog, sabéis que soy docente, concretamente maestra. Habitualmente tengo alumnos de la etapa de Educación Primaria (6 a 12 años); no obstante, en mi historia laboral he dado además Inglés a Infantil y he sido maestra de Refuerzo-apoyo con chicos y chicas de 1º y 2º de la ESO. 

Me he dado por aludida porque, precisamente en este curso que acabó en junio, yo misma he pintado las uñas a los niños (con O) y niñas (con A) de mi tutoría. De hecho me parece que si hubiera tenido tiempo algunos adultos también las habrían llevado pintadas, pero no pudo ser por falta de tiempo. En clase, un día conté la historia de ¡Vivan las uñas de colores!, escrito por Alicia Acosta y Luis Amavisca (dos personas encantadoras a las que posteriormente, en la Feria del Libro de Madrid, pude conocer en persona) e ilustrado por Gusti. Os recomiendo el libro, es muy sencillo, pero tiene mucha miga.

Hace meses hablé de este libro en el blog y de la actividad que hicimos en Carnaval relacionada con él. Por prudencia, opté por pedirles a mis alumnos que lo consultaran en casa, si les dejaban o no pintarse las uñas para los Carnavales. Y todos los que iban a estar en clase el viernes de Carnaval quisieron pintárselas, sin excepción y, según me dijeron, ningún papá ni mamá dijo "no", algo que nuevamente es de agradecer, mucho más visto lo visto...He de reconocer que tengo una suerte bárbara con los papás y mamás de mi clase. No vi ninguna maldad en ello y me pareció una actividad muy especial. De hecho me di cuenta que, quizá por la novedad, la disfrutaron más algunos niños que las niñas.

Para mí fue un gesto de cariño hacia todos, un detalle, una atención distinta y me encantó. Cuando la planteé no pensaba que resultaría tan bien. Solo con ver sus caras, vi que había merecido la pena. Partiendo de la premisa, actividad absolutamente voluntaria, no creo que nadie se sintiera mal. Ni tampoco me parece que ningún chico vaya a "convertirse" en gay por tener las uñas pintadas. Lo he dicho muchas veces, me es indiferente si el día de mañana cualquiera de todos los alumnos que he tenido en estos años, me dice que tiene novio en vez de novia. Lo mismo si es al contrario y alguna niña que en su momento haya sido alumna mía me cuenta que tiene novia (y no novio). Si ellos son felices, voy a ser todavía un poquito más feliz, sin dudarlo.

A mí lo que de verdad me importa es que sean felices, no con quien. Esto vale para mis alumnos pero es aplicable a cualquier persona que conozca. Y sea con quien sea, no quiero que lo escondan. Yo sigo "buscando" a mi príncipe, o algo más preciso, mi compañero de vida (lo de llamarlo príncipe suena ya obsoleto y utópico), pero respeto que cada cual esté con quien su corazón le dicte (príncipe, princesa, sapo, rana o lo que les apetezca). Lo que dice esta señora en el vídeo, afirmando tener amigos homosexuales y conocidas lesbianas y muy bien con ellos porque dejan esas cosas para su intimidad, me horroriza. El mismo derecho tendrá alguien heterosexual que homosexual para darle un beso a su pareja, ¿o no?, por poner un ejemplo.

Intento dejarme la piel con mis alumnos, en todo, les insisto en la importancia de la educación emocional (y la "trabajo" a diario), pero además de la empatía, el esfuerzo, pedir perdón y también perdonar, no rendirse y, lo que para mí es más relevante, en "Educar para respetar" (por ponerle algún nombre). Jamás he buscado que mis niños y niñas piensen igual que yo o adoctrinarlos. 

Me gusta creer que estoy poniendo mi granito de arena para formar niños y niñas que en el futuro sean hombres y mujeres respetuosos, libres para mostrarse tal y como son o piensan y lo más felices que puedan ser. Y no lo reduzco a su orientación sexual, sino a cualquier aspecto de su vida. El año pasado relaté parte de mis miedos, inquietudes, pensamientos...en una entrada denominada ¿Gordofobia?

Y quiero a mis alumnos tal cual, aunque algunos a veces me lo pongan muy difícil. Y los quiero como son, por dentro y por fuera, y no los cambiaría por nada del mundo. Creo que el tiempo nos hace madurar y limar nuestras no virtudes, claro está me incluyo, da igual la edad (siempre estamos a tiempo de cambiar...solo si es a mejor). 

Por todas esas razones me he animado a interrumpir mi descanso vacacional del blog y de medio mundo, para mostrar mi cabreo hacia mentes cerradas que constituyen un buen ejemplo. Hoy más que nunca...¡Vivan las uñas de colores!