domingo, 22 de marzo de 2020

¿Fin de semana?: CORONAVIRUS día 8

Creo que ha sido uno de los sábados más surrealistas de mi vida. Por eso de parecer cualquier cosa menos sábado, y el mes y el día los sé porque los miro en el calendario, pero si no hiciera eso...tampoco.

Fue una jornada tranquila, di la bienvenida al sábado pintando flores. Voy cambiando de tipo de dibujos y de técnicas, para no aburrirme. De madrugada hice el azul y ya por la tarde el de la cartulina negra. Le he cogido gusto a esyo de las flores y es probable que dentro de unos días haga algún dibujo más.


Fotografías propiedad de Raquel Plaza Juan.
Lo mejor de hoy fueron las voces, parece una tontería pero va un mundo de guasapear a escuchar una voz familiar al otro lado. No es lo mismo poner los emojis de caritas riéndose que escuchar las risas en directo, tan frescas, naturales...Las risas y cualquier cosa, el tono de voz ayuda a ver cómo se encentra la persona con la que hablas, aunque no la veas. Qué importante es la voz. Siempre me he considerado una persona muy visual, para memorizar y para todo, creo que es el sentido que mejor me funciona, e intento ser buena observadora. Pero cuando no es posible usarlo, los demás se agudizan, el oído en este caso.

Está siendo un confinamiento de mucho oído, plagado de música y cada vez con más voces. Vi a Manuel Carrasco cantando desde su casa, en una especie de concierto que ofrecía gratuitamente, desde Instagram. Maravilloso, qué nostalgia eso de ir a un concierto (Manuel Carrasco, Rozalén, Ara Malikian, Pablo López, Rosana, Antonio Orozco...) y disfrutar de la música así. Os dejo con "Pequeña sonrisa sonora", y cada uno que se sienta libre de dejar volar la imaginación y piense en lo que querría poder hacer y con quién (aunque se nos haga duro a ratos, este confinamiento no va a ser eterno):


La verdad es que no tuve tiempo de aburrirme. Es llamativo ver que al final del día veo que no he parado, sin salir de casa, pero sin parar. Los asuntos del cole contribuyen a esta ausencia de aburrimiento. Me prometí no abrir el Class Dojo en fin de semana. Considero que teletrabajo no es sinónimo de estar disponible 24 horas los siete días de la semana, pero no pude evitarlo. Tenía ya mensajes de algunas familias, tareas hechas que me mandaban...Intento que no es estresen y quitarle hierro a todo. Esta no es una situación normal y además es tan nueva que nadie estaba preparado para afrontarla.

Como ayer fue el "Día Mundial de la Poesía," el texto del audio diario tenía que ser en verso. Para evitar contribuir saturar el móvil de uno de los destinatarios, no me ha quedado otra que dejar de mandárselos, aunque me ha dado pena. Pero prefiero poder comunicarme con la gente a que tengan una Raquel "enlatada." Otra vez elegí el libro Incondicional de Defreds. Tras dudar entre varias poesías, me quedé con esta:

POR TODO ELLO
Por todas esas veces que no me doy cuenta de todo 
lo que haces.

Por cada esfuerzo, momento, beso y discusión 
que quedan por vivir.

Por cada abrazo que das que me salva la vida, aunque 
algunas veces no lo diga.

Por confiar, compartir y tener una mente que nunca 
deja de crear, de pensar y de idear.

Por todos esos sueños que no pudieron ser y sobre todo 
por todos aquellos que quedan por luchar.

Por las ilusiones que serán para toda la vida.

Por todo ello,
eternas gracias.

La acompañé de una versión instrumental de la canción "Somewhere over the rainbow."


Y al hilo del "Día Mundial de la Poesía," hay un detalle del que me he enterado gracias a mi amiga Marta, relacionado también con el COVID-19, y me parece la manera más hermosa de cerrar esta entrada del blog.

Cuando Japón envió equipo médico a China contra el coronavirus, añadió un haiku, que decía lo siguiente:
"Diferentes montañas y ríos, mismo viento y luna."

Cuando China (Xiaomi) envió ayuda a Italia, puso una frase de Séneca: "Somos olas del mismo mar, hojas del mismo árbol, flores del mismo jardín."

Y en la donación de mascarillas y buzos de INDITEX que en las próximas horas llegará a España, puede leerse (está en la imagen):


Aunque los océanos nos separen,
nos une la misma luna.



Cuando las fuerzas flaqueen, el ánimo decaiga y tengáis momentos grises, repetid esas palabras. 

Vamos a por este 22 de marzo, e intentemos quedarnos con los momentos en los que sonreímos, pese a la distancia, circunstancias...

sábado, 21 de marzo de 2020

Aplausos: CORONAVIRUS día 7

Ayer fue un día mejor, como si viera menos nubes en el horizonte, y eso ha sido en gran parte gracias a los que estáis pendientes de mí, no solo cuando notáis que estoy de bajón, sino un día cualquiera, y os tomáis la molestia de preguntarme qué tal estás, cómo fue tu día o qué hiciste hoy, con y sin cuarentena, en días "normales", pero en los días raros también, como los que estamos pasando. Gracias por las dosis extras de cariño.

Uno de los momentos más especiales del día sigue siendo el de los aplausos. Ese momento de encuentro en el que los vecinos del barrio nos asomamos a nuestros balcones o ventanas. La verdad es que ya vamos poniéndonos caras (aunque no nombres), y agrada ver que el número de personas se mantiene o aumenta. Sin dudarlo, es una buena señal.

En ocasiones los edificios de enfrente empiezan a parecerme una especie de "13 Rue del Percebe," en la que han sacado la vida a los balcones o están dentro, sin cortinas, supongo que todo esto son consecuencias del confinamiento. Tan pronto ves una pareja bailando reguetón en pijama y con cazadora casi a la una de la madrugada, como te asomas asustada por las ventanas a consecuencia de una persona hablando a voces que parece que se ha colado en tu casa, y resulta ser una vecina de un edificio cercano, hablando a grito pelao, con una niña de dos años paseándose en chándal por la terraza (de estas que tienen barras, me dan pavor por los niños),  de repente madre e hija se ponen a aporrear el cristal, porque las han dejado encerradas fuera y tienen ganas de entrar. 

Jamás hemos tenido tanta vida de balcones, terrazas y ventanas. Y benditos sean. Da para escribir un libro, y eso que salgo poco a las terrazas, pero la vida en ellas llega aunque tengas todo cerrado. Parece que hemos subido el volumen. Creo que en mi caso lo mantengo, pese a la advertencia de mi hermano al empezar el confinamiento de "Raquel, no estás en el cole." Resulta que tengo tono maestra, y tiendo a hablar como si estuviera en clase, con los niños (jo, cuánto los echo de menos), una vez acabada mi jornada laboral.

Por cierto que prefiero madrugar a las seis de la mañana. No sé si los padres serán conscientes de todo el tiempo que hay detrás de unos ejercicios que les pides hacer, vídeos que seleccionas para que vean, canciones para escuchar y hacer oído...Perdí la cuenta del tiempo sentada frente al ordenador "teletrabajando." Entre seleccionar, preparar, colgarlas en la plataforma que fuera y responder a través de la misma a padres y alumnos, me levanté con un dolor de espalda (también del sitio en el que la espalda pierde su nombre) considerable. Pero ya es sábado y voy a hallar medias de todo. No sabemos qué pasará exactamente con la 2ª evaluación, pero suponemos que en breve seremos informados.

Ayer viernes era el Día Mundial de la Narración Oral, siendo sincera no tenía ni la más remota idea. Como hay un día en el calendario para casi todo, imposible llevar la cuenta de qué toca. Me enteré gracias a Encarna, o mejor dicho, Habicuela Cuentacuentos. Nos regaló un microcuento adecuadísimo para estos momentos: Ventanas, de Patricio Ríos.

Sabiendo la celebración del 20 de diciembre, me aventuré a grabar un audio diferente, algo más largo que otros y sin música...El cuento "Adivina cuánto te quiero." En los audios anteriores no he necesitado repetir, de hecho creo recordar que menos uno, el resto están tal cual, al primer intento de darle al botón rojo de la grabadora, quedó algo razonablemente potable. Con "Adivina cuánto te quiero" he necesitado de cuatro intentos y sí, no hay quinto malo, porque la quinta recibió mis visto bueno. Eso pese a darme cuenta tarde que justo en ese no había hecho el ruido del beso. 

Seguramente todos conozcáis el libro. Por si acaso hay algún despistado, os dejo un vídeo con el cuento.


Fue mi mejor descubrimiento de unas de mis prácticas de Magisterio, cuando fuimos una tarde, a la ya desaparecida sede de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en la calle Peña Primera. Nos presentaron una selección de libros por edades, para poder recomendar o trabajar con los niños, y uno fue ese. En ese momento supe que acababa de encontrar un tesoro. Es el tipo de historia que, me gustaría pensar, cualquier papá o mamá querría contar a su hijo/a. En mi estantería está por duplicado, una es una edición en inglés, del libro tal cual. La otra es una sorpresa a la vista, una versión pop-up de pequeño formato en una especie de caja roja. Desde luego que para mí es mejor que cualquier bombón. No llevo la cuenta de cuántas veces he regalado ese cuento en uno u otro formato, pero alrededor de nueve (a estas horas no estoy para hacer memoria), y siempre a personas que para mí son muy especiales, por el motivo que fuera. Nunca es un libro que regale al azar, hay una razón.

El curso pasado conté esta historia a mis niños y niñas del CEIP Filiberto Villalobos de Guijuelo, acompañada de Avellana, peluche bautizado así por mi querida Irene (una de mis alumnas). No tenía yo intención de ponerle nombre, pero con Avellana se quedó. Si la memoria no me hace aguas, fue en una de las sesiones de "Pinceladas de emoción", hablando del amor. Adoro la idea del amor infinito de una mamá o un papá hacia su hijo. Eso y la dulzura de las ilustraciones, hicieron de "Adivina cuánto te quiero" uno de mis imprescindibles. Si es que, es bonito hasta el título.



En cuanto publique esta entrada voy a cacharrear un poco con otro tipo de pinturas, hay que variar de técnica. Mañana veréis lo que sale...sea bueno o no, ja, ja, ja.

En un instante de aburrimiento, me dio por pintarme las uñas, con las uñas sin pintar no soy persona, es mala señal. Y tuve la feliz idea de tirar por los azules, y tengo las uñas de cinco tonalidades distintas de azul. Un cuadro total, en unas horas, cambio de color, o al menos no mezclo tanto. Si ve cómo las tengo una amiga que sé, me echa una bronca o le da un patatús. 

Espero que estéis bien, del ánimo no insisto, sabemos que depende del día (sin más) o de lo que pase o no durante el transcurso del mismo. Vamos a por otro día más.

viernes, 20 de marzo de 2020

Agobio: CORONAVIRUS día 6

Me da hasta vergüenza el título de la entrada, porque seguramente no debería sentir agobio, pero lo digo tal cual me sentí ayer. Digo ayer porque así es técnicamente, pero solo llevamos tres horas del 20 de marzo.

Creo que es de recibo empezar dando las gracias a todos los que me habéis dicho algo ayer, ya fuera de viva voz o por "guasap," se agradece mucho tanto cariño, la paciencia...Ayer fue un día malo. Sin saber por qué me levanté con el cable cruzado, con la escopeta cargada como le decía a un amigo. Es de esos días que sientes que no te soportas a ti mismo, no sé si entendéis a lo que me refiero.

Y es muy probable que el agobio fuera empeorando a lo largo del día por el informativo de las tres, porque los datos no eran nada esperanzadores. Además tenía en la cabeza muchas cosas, personales o de mi gente más cercana, que para el caso son iguales, porque me preocupan ambas. A eso le añadimos lo del teletrabajo, opté por permanecer prudentemente callada durante todo el día, porque son demasiadas novedades en un visto y no visto. Fue un conjunto de cosas, al levantarte con el cable cruzado a medida que pasan las horas, es difícil ponerlo en su sitio. Todo lleva su tiempo. Pero ya, voy a pensar que hoy es un nuevo día y va a ser mejor. Intentaré afrontarlo con otro talante. Perdón a los que os he preocupado sin que me hubiera pasado "algo." ¿Quién se atreve a definir ese algo?

En la madrugada de ayer, finalmente sí empecé a dibujar, pero no acabé de colorearlo hasta hace un rato. Es un dibujo muy sencillo de pajaritos, y hace el cuarto de la serie COVID-19. No, no lo hago en plan broma, no quiero que se me olvide por qué hice esos dibujos, ni tampoco a las personas a las que se los regale cuando esto acabe, porque aunque cada vez vea un pelín más lejos el final del confinamiento, llegará el día en el que esto terminará. Soy tan ilusa que prefiero pensar en lo que estamos aprendiendo de esta situación. Me gustaría creer que aprenderemos la lección, tomaremos nota de nuestros fallos y no caeremos en ellos nuevamente. Ya, no me llaméis ilusa porque tenga una ilusión. En realidad, y afortunadamente aunque a veces parece que no las recuerde, tengo muchas. Y espero mantenerlas y ver cómo pasan de ilusión a realidad, bendita metamorfosis. Por eso en parte digo que en estos momentos me encuentro "en construcción."

Este es el dibujo con las pajarillos. 



Lo curioso del día es que tenía mil cosas que hacer, y absolutamente ninguna gana de hacer ninguna. Ya, los seres humanos somos así, o directamente, yo soy así. 

Como era el día del padre, a falta de regalos materiales, sí me metí en la cocina para hacer algo "rico, rico" je, je, como diría Arguiñano. No tenía ganas de innovar, tampoco hice un menú completo, pero según los que cataron la comida (mis padres), estaba todo muy rico (parece ser). También probé lo cocinado y lo mejor era la tarta de queso, no la desde hace demasiado tiempo, y nos supo a gloria. Sin duda alguna, un día del padre muy diferente.

Mandé tardísimo el audio de ayer, porque en mi tónica de día gris, tampoco había muchas ganas que digamos. Regresé a Defreds, y a su texto ABRAZOS:

El regalo más grande del mundo es un abrazo. Es la mejor forma que tienen las personas de demostrar que están ahí, que mientras esos brazos te rodeen, nada malo puede pasar. Uno fuerte y apretadndo puede parar durante unos instantes todas las guerras del mundo.
Un reencuentro y una despedida con abrazos. Unas lágrimas recogidas entre sus brazos. Un mal día con dos personas que se unen antes de dormir. El abrazo que estuvo a punto de suceder y nunca lo hizo. Del que todavía nos arrepentimos. Abrazos del final de la angustia. Del final de la carrera. Del final del miedo. Personas que sabes que cuando abrazan, aunque sea pocas veces, siempre lo hacen de verdad. El abrazo a tus padres. A tus amigos. El abrazo que es dice más que un beso.
Abrazar es una forma de vida. Y aunque creamos que no, no es lo mismo vivir sin abrazos. Ven.

La música de fondo era de la banda sonora de "Deseando amar", película de Wong Kar-Wai. Prometo seleccionar un texto para hoy que no incluya la palabra abrazo ni ninguna de su familia. A ver si lo logro...

El 20 de marzo no es un día cualquiera, hoy hace diez años Esther y mi primo David se casaron...Impresionante, ya una década. El caso es que me tengo recuerdos bastante frescos de la boda, y no me daba la sensación de haber llovido tanto. Solo desearos que celebréis al menos otros diez igual de felices que estáis ahora.

De momento sigamos aprendiendo la lección, me parece que vamos a tener tiempo de sobra para asimilarla o sí o sí. Cuando todo esto "pase", ya si eso nos paramos a analizar qué hicimos mal o cómo podíamos haber actuado mejor ante el COVID-19. Aunque reconozco mis errores y no me hace falta esperar. Ahora en la tele nos bombardean con el origen de este virus. Manda narices (por no decir otra cosa), lo indiferente que permanecía mientras hablaban del Coronavirus en China. Ni en mis peores pesadillas creía que llegaríamos a sufrirlo en España, y eso pasó en diciembre de 2019. No sé si decir que fui una ignorante o una ilusa, o las dos cosas.

De lo bueno voy a quedarme con los detalles del día, los gestos de solidaridad, la de personas dispuestas a tenderte una mano, el tiempo compartido con mis padres y mi hermano (pese a lo duro de estar entre cuatro paredes), y el cariño, toneladas de cariño que estoy sintiendo. A los que quieres, ante estas situaciones, te das cuenta que los quieres todavía más de lo que pensabas. Espero que nadie se haya asustado por lo de los abrazos, no voy a lanzarme a ningún cuello, pero os podéis ir olvidando de los besos por una temporada, al menos de los míos, si hay besos, irán bien acompañados por un buen abrazo, cálido, de los que reconfortan.

Por el contrario, aquellos que muestran indiferencia, me son más indiferentes todavía. Sigo sin querer estar en la vida de nadie que no me quiera en la suya. Puedo resultar tosca, en realidad es un ataque de sinceridad sin florituras.

Y hasta aquí la crónica de hoy del día de ayer, vaya asquito de jueves, este viernes tiene que ser mejor.

jueves, 19 de marzo de 2020

Distancia: CORONAVIRUS día 5

¿Cómo empiezo? ¡Ah sí! Ya sé. Nuestros pichones de tórtolas siguen en el árbol. STOP. 
Cada vez pasan más tiempo fuera del nido. STOP. 
El mayor ya se ha aventurado a volar hasta árboles cercanos. STOP.
Cuando se vayan me va a dar pena. STOP. 
Lo que hace el aburrimiento. STOP. 
Siguiendo las andanzas de la familia "pichonil". STOP. Creo que pichonil no está en el diccionario. STOP. Debe ser consecuencia de tantas horas en casa. STOP...

En la madrugada anterior no seguí con las tarjetas de Navidad, no tenía ninguna gana. Iba a ponerme pero al final me di cuenta que era mejor dejarlo para otro día...Total, por días no va a ser. 

Pese a la nocturnidad de mi cerebro, he decidido levantarme a una hora determinada por la mañana, o esto podría convertirse en un caos total, y con lo que tenemos ya tenemos suficiente.

Es el segundo día que veo a la ambulancia en el portal del edificio en el que vivimos. Parece ser que se han llevado a dos vecinos...Cruzaremos los dedos. En esta situación, cualquiera ve una ambulancia cerca y se echa a temblar, pensando...¿coronavirus? Pero podrían ser mil cosas. Tiempo al tiempo, ya se verá y la cabeza hay que frenarla. Por ese motivo hoy he ignorado (casi) por completo los distintos informativos. Mi nivel de saturación empieza a alcanzar cotas peligrosas, y por salud mental me parece oportuno poner un poquito de distancia.

Distancia como la del supermercado, cuando hay que salir, y compruebas que según el sitio algunos la respetan a rajatabla y otros deben pensar que estamos de cachondeo, pues vaya, así nos va. He tardado en coger las cuatro cosas que me hicieron salir ayer, porque resulta que la distancia para la cola de las cajas o de frutas y verduras se respetaba escrupulosamente, pero por los pasillos la mayoría parecía tener una memoria pez y daba igual un metro que 20 centímetros. Resultado, asomarme antes a los pasillos, y si tenía gente a la vista, daba un rodeo por otro lado para evitarlos. 

Distancia la que nos separa los unos de los otros, a la vez tan cerca y tan lejos. Escuchando a la vecina (pared con pared con mi habitación), hablar con mi madre por el móvil, mientras escuchaba desde otra habitación de mi casa a mi madre responderla. Surrealista. Nunca hemos hablado tanto por teléfono, por WhatsApp y por todo. Habrá que cruzar los dedos para que internet no nos deje tirados. Incluid también en el aplauso de esta tarde a los informáticos, porque anda que no nos facilitan la vida y qué poco nos acordamos de su labor.

En varios momentos del día estuve leyendo textos en prosa y en verso, porque me apetecía y para elegir cuál mandaba ayer. Ahora ya creo que voy a continuar con esta idea peregrina mía hasta el final del estado de alarma, acabe en abril, en mayo o a saber. A este paso monto un audiolibro ja, ja, ja.

Una amiga respondió rapidito, me dijo que estaba esperándolo...Qué ilusión. Me alegra formar parte de la nueva rutina de mi gente, aunque sea en forma de audio enlatado. 

Por segunda vez, hoy jueves, recurro a un texto de Lola Ortiz, autora del blog de Facebook "Un rincón maravilloso." Lo acompañé de música de una peli que califico de estrafalaria, a la vez me encanta y, es la ocasión ideal para verla de nuevo: Amélie.

Dice así:
Hoy brindo por todos los amigos del mundo.
Por los de verdad, los que merecen la pena y marcan la diferencia.
Por los que hacen la vida no más fácil, pero sí mejor.
Por los que no son de la misma sangre, pero como si lo fueran.
Por los que son, al fin y al cabo, familia.
Por los que están en las buenas, en las malas, y en todas.
Por los que te sacan una sonrisa cuando no puedes más, y te dejan llorar si es lo que necesitas.
Por los que te abrazan fuerte sin romperte.
Por los que valen oro.
Por los que saben ser y estar, sin pensárselo.
Por los que dejan huella para siempre.
Por los que nos hacen felices y nos dejan un montón de recuerdos inolvidables.
Por los que sacan tiempo y ganas para estar a nuestro lado aunque sea un rato.
Por los que nos quieren de verdad.
Por los que se quedaron a pesar de todo, los que nunca se van.
Brindo por los que están aquí, y por los que nos miran desde allá arriba, desde esas estrellas que brillan como nunca.

He leído varias veces el texto anterior, para mí, en voz baja, y cuando lo iba leyendo pensaba que este texto lo podría haber firmado yo. No lo digo en plan soberbio, me refiero a que el contenido está muy en sintonía con mi manera de sentir y de expresarme. 

Sea como sea, hemos superado un día más.

Uno de los momentos más especiales sigue siendo el aplauso a las ocho de la tarde, notar que cada vez sale más gente a los balcones o aplaude desde sus ventanas. Esa idea tan bonita de la unión hace la fuerza, y cada día que pasa veo a mi barrio más unido...y por tanto, más fuerte.

Y entre tanto, miras el calendario y ves que es 19 de marzo, San José. Aprovecho para felicitar a todos los Josés, Pepes, Josefas, Pepitas, Pepas... Además, a todos los papás, qué importantes sois. Aunque esta vez no salgamos a celebrarlo, tenemos la suerte de poder comer juntitos los cuatro, en casa. Y eso ya es una celebración también. Pese a las circunstancias anómalas, quedaos con lo bueno de este periodo. Cada día saco alguna enseñanza.


Quizá ahora sí, dibuje algo antes de intentar contar ovejitas.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Cuando se pueda: CORONAVIRUS día 4

Cuando se pueda vamos a volver a abrazar a la gente como si no hubiera mañana, o sabiendo que lo hay, pero sin la certeza de saber qué nos deparará (a los hechos me remito). Y vamos a disfrutar de ese abrazo con todos los sentidos, del olor a la persona a la que abrazamos, de sentirla piel con piel, de notar cómo late su corazón, de ver cómo reacciona al abrazarnos, y sí, van a ser un gustazo esos abrazos guardados que tantas ganamos tenemos de dar (lo digo en plural porque no seré la única).

Cuando se pueda vamos a retomar nuestra vida "normal" y valorarla como nunca antes. Ayer observé desde la ventana cómo las escasísimas personas que van por la calle no suelen mirarse si quiera. Van mirando al suelo o a ninguna parte, cabizbajos, no estaría mal empezar a regalar sonrisas las pocas veces que pisemos las aceras de nuestras calles en este periodo complicadísimo. Y voy a valorar el contacto directo del día a día con todo el mundo mucho más, esas risas compartidas en la Sala de profesores durante los recreos, los deseos de pasar un buen fin de semana entre compañeros, las conversaciones breves en el pasillo, las anécdotas de cada jornada, las cosas de los niños, con esa espontaneidad que es sorprendente pero muy agradable (y su cariño); los cafés con mi gente, los paseos por el campo, ir de tiendas; el amor de mi familia sin distancias; los momentos compartidos con muchas personas...

Cuando se pueda, aunque tardemos, volveremos a levantarnos después del coste económico que toda esta situación supone. Algunos ya ven las consecuencias ahora, otros no, pero son conscientes de algo: llegarán.

Cuando se pueda vamos a ir viendo una a una a todas esas personas a las que les dijimos "tenemos que quedar" y lo hemos ido dejando, y vamos a encontrar huecos debajo de las piedras porque las queremos, y deseamos su presencia en nuestras vidas, sin excusas, Y me lo aplico, no voy a dejar que llegue el 2021 con ni una sola quedada pendiente.

Cuando se pueda vamos a hacer realidad esos planes en el aire que nos hacen ilusión y no nos hemos atrevido a que vean la luz, por miedo, inseguridad, por lo que sea.

Cuando se pueda vamos a hacernos el firme propósito de sonreír más y quejarnos menos, de escuchar mucho más que hablar, de esforzarnos por buscar un término medio en vez de enfrentamientos.

Cuando se pueda deseo, más bien quiero, que todo lo anterior sea algo de lo que poder hablar en presente (ni en condicional), y no caiga en saco roto.

Y habría más "cuando se pueda," pero no quiero saturar a nadie.

Ayer martes fue un día distinto, increíble teniendo en cuenta el confinamiento en casa. Cero salidas, ni la basura, ni el pan ni nada. Ni siquiera al rellano. De nuevo a las ocho de la tarde hemos salido a aplaudir a las terrazas, por todo el mundo, por no tirar la toalla, por hacerle ver al de enfrente que no está solo...Hay mil y un motivos para seguir haciéndolo.

En la madrugada del lunes al martes seguí con las tarjetas navideñas, hice tres y dos están "en proceso", por eso no pongo foto de ellas en la entrada.

Durante un arrebato de aburrimiento y energía contenida, di con un rotulador para cristales, y me lancé a los de mi terraza, a poner en letras mayúsculas, bien hermosas, las palabras QUÉDATE EN CASA (no sé si se aprecia bien en las imágenes). También h
ice fotos a los pichones de tórtolas, con el convencimiento que no tardando mucho, volarán a otro lugar, porque pasan ya mucho tiempo fuera del nido. Definitivamente, la vida sigue su curso, a otro ritmo, pero no se detiene.






Imágenes propiedad de Raquel Plaza Juan.
Acabé el libro "Soy lo que siento." Su autora es Pau Albert y es de la editorial Espasa es poesía.  Para mí es una historia sobre la vida de la autora, a cerca de sus sentimientos sobre muchas cosas, y cómo lo que siente puede hacer que nos identifiquemos con ella e incluso revolver algo en nuestro interior. No es un libro para todo el mundo, tal vez a muchos les resultara infumable o incomprensible. A mí me ha encantado.  Tenía varios fragmentos para compartir aquí, pero leo y releo y siempre elijo el mismo...Son solo algunas pinceladas, para haceros a la idea de lo que sale en el libro:

He decidido que tengo que cuidar a un corazón que aún lleva a otro cerca, que acaba de perder algo que le duele mucho, que lo recuerda porque aún respira muy cerca.
Nos obligamos a sacar a las personas de nuestra vida como si eso fuera lo que "toca" ahora mismo, como si no fuera importante sentir el vacío que dejan, lo que necesita nuestro cuerpo y corazón ahora mismo, el tiempo y cuidado que todo esto necesita.
Les pedimos demasiado. Que no sufran, que no lloren, que estén bien pronto, que no busquen nada fuera y mucho menos a esa persona, que se curen rápido y que olviden más rápido aún.
No nos damos cuenta del daño que nos provocamos aquí, la poca escucha y el poco amor que usamos con nosotros mismos/as. Nos pedimos lo imposible para intentar que esto pase rápido, que nadie se entere, que nada se note.
[…]
No se cura sacando a las personas de nuestra historia, se cura colocándolas donde sientes ahora que pueden estar. Es algo orgánico.
[…]

Estas palabras son solo un pequeño fragmento del libro, una parte que consiguió que se me saltaran las lágrimas. Solamente por eso, a la autora, si pudiera leerme, ya le diría un GRACIAS inmenso por haber escrito un libro así, con tanta delicadeza, con tantos matices, tan lleno de amor en cada página. Gracias, Pau, muchas gracias.

Y ya no recuerdo en qué momento del día, estuve viajando al pasado con la cabeza, transportándome a los lugares, situaciones concretas, compañías, estaciones...que aparecen en la friolera de 78 fotos que tengo en mi habitación. En marco de fotos solo dos, el resto decoran laterales de otros muebles, incluso por dentro. ¿Os sorprende? Me encanta hacer fotos, no es ninguna novedad. Y esas fotos me vinieron de perillas para sentirme más cerca de muchas personas. Estuve reviviendo recuerdos, momentos felices...No sé a vosotros, pero ahora esas imágenes son de gran ayuda. Como dato curioso (lo que hace el tiempo libre), 15 de esas fotografías están relacionadas, de una manera u otra, con mis dos etapas en Guijuelo. Para que luego haya gente que se extrañe de lo mucho que Guijuelo sale por mi boca. Natural, fueron, son y van a seguir siendo importantísimos para mí.

Las que tengo ahora las puse hace no mucho. Me gusta cambiarlas cada cierto tiempo para variar qué recuerdos voy refrescando. 

Y por tercer día, ayer martes mandé un audio a un grupito de personas muy importantes para mí. No es un poema, es un texto de Lola Ortiz, autora de la web de Facebook, es un blog personal, llamado "Un rincón maravilloso." Lo publicó recientemente, cuando estábamos ya en el ojo del huracán por el Covid-19.

Lo acompañé de la música de la Comunidad del anillo, dentro de la BSO de El señor de los anillos. Dice así:

Y ojalá no perdamos nunca el humor. Ni la sonrisa. Incluso si el mundo ahí fuera se está volviendo loco, incluso si todo está patas arriba. Ojalá la distancia solo nos una más, y lo que nos quiten ahora solo sea para que cuando lo volvamos a tener lo agarremos bien fuerte. Y lo valoremos de verdad. Ojalá no se acaben las risas, las necesitamos ahora más que nunca. Ojalá nos achuchemos bien fuerte cuando nos volvamos a encontrar. Y lo celebremos como se merece antes de lo esperado.

Para cerrar la entrada de hoy, no se me ha ocurrido nada mejor que compartir una imagen del brillante ilustrador 72 KILOS. Porque es verdad que esto está siendo catastrófico en muchos sentidos, pero también nos ha "regalado", aunque sea de una manera impuesta, algo que solía escasear en la vida de muchos de nosotros: TIEMPO.

Ya sabéis, un día más, un día menos. Que no decaiga el ánimo. 

martes, 17 de marzo de 2020

Estableciendo nuevas rutinas: CORONAVIRUS día 3

No llevamos "ná" (más lo que nos queda), y ya no sé si vamos por el tercer día o el vigésimo...Escribo las crónicas de estas jornadas tan anómalas a toro pasado y, como a mí me gusta, de madrugada. No tengo la presión del despertador a las seis de la mañana, aunque empiezo a añorar parte de mi rutina, esa precisamente no. Todo esto puede servirnos para darnos cuenta de la importancia de esos pequeñísimos detalles del día a día, que como siempre suelen estar ahí, no les damos la relevancia de que de verdad tienen.

Una de las cosas que peor llevo del encierro en sí, además de pasar prácticamente todo el día en mi casita, es la falta de piel, de contacto físico, de abrazar, besar, mimar, sentarte muy cerca de alguien para hablar...Sin dudarlo, por mi manera de ser, me está costando muchísimo. Lo de estar en casa va a ratos, disfruté de mi fugaz salida al supermercado, y de los cuatro copos de nieve (bendita nieve) que me cayeron encima mientras aguardaba mi turno en la cola para poder entrar. Estábamos unos de otros a más de dos metros, sin mediar palabra, esperando, sin alboroto, ni una sola voz más alta que otra, directamente, reinaba el silencio.

A la vuelta vi a unos amigos y vecinos, pero a una distancia de unos tres metros (aproximadamente), no era una quedada con amigos, pero sí ver qué tal lo llevan.

Entre las nuevas rutinas está limpiar y ordenar mi habitación concienzudamente, hasta el más mínimo detalle es importante y digno de ser analizad. Lo hago por fascículos adrede, no puedo acabar eso en un día y así tengo tarea asegurada para más tiempo. Continúo tirando papeles, es impresionante la de cosas inútiles acumuladas en ella. Y siempre encuentro "algo", que me hace viajar en el tiempo. Esta vez fue la hoja del calendario de Defreds de 2019, justo la del día de mi cumpleaños. Defreds puso una frase para cada día, y como soy mucho de esas cosas, el calendario me pegaba mucho. El 21 de agosto puso esto:

NO ENTIENDO DEMASIADO DE NADA, PERO HAGO SIEMPRE LAS COSAS DESDE EL CORAZÓN.

Me siento muy identificada con esas palabras, me hace gracia que justo él las colocara en la hoja del día de mi cumple. Es verdad que me confundo, sí, meto la pata, pero a lo mejor parte de la "culpa" es por eso, por mi "manía" de hacer las cosas desde el corazón. Aunque a veces duela, cueste...o me pase factura. No me sale actuar de una manera diferente, estaría perdiendo mi esencia, sería mucho menos yo.

También entre mis nuevas rutinas, desde antes de ayer (domingo) que me dio por ahí, lo de mandar una poesía a la gente que me apetece. Curiosamente hoy me respondieron muchas más personas. Y eso que no necesito una respuesta, es solo porque quiero hacerlo, sin más. Aunque no voy a negar que me hace ilusión que respondan, es una manera (la mía) de decirles, en verso, que he pensado en ellos.

El segundo poema elegido es de David Sadness, de su libro Serendipia. Se llama "Oscuridad iluminada." Estoy casi segura de habérselo leído a mis alumnos de Guijuelo del curso pasado.

Cuando crees 
que todo está perdido,
cuando ya no ves
la salida
al túnel sin fin,
entonces, ocurre ese milagro.
Y es que, por más tiempo
que pases perdido entre sombras,
no olvides
que siempre habrá alguien
esperándote
queriendo iluminar
la mayor de tus oscuridades.

A ver qué se me ocurre para esta tarde...Aunque tengo una idea de lo que me apetece enviar.

Por supuesto leer un rato (o dos, o tres...).

Y una novedad en mi rutina directamente relacionada con el COVID-19: salir a la terraza a aplaudir. Ayer lunes fue el primer día que nos hemos asomado los cuatro. Cada vez es un momento más emotivo, esos aplausos no son solo de reconocimiento y gratitud para los que están llevándose la peor parte, también una señal de unión, de hacerle saber a la gente del barrio que no está sola. Cada día me gusta más. Esta tarde, a las ocho, saldremos nuevamente a la terraza.

A lo anterior le añadimos la limpieza, a horas poco habituales, en este caso del cuarto de baño y el de aseo. Y de madrugada dos cosas, escribir en el blog y, anoche no dibujé, me dio por ponerme con las tarjetas navideñas. Las primeras son sencillitas. Tiempo tengo de ir haciéndolas más complicadas, aunque eso no es sinónimo de ser más bonitas (depende).





Lo demás más o menos lo natural, ducha, desayuno, comida, cena...¡Ah sí, cocinar algo! Y ya hoy, con instrucciones recibidas, poder ponerme a tope a mandar actividades/tareas para todos mis alumnos y áreas.

El "guasap" ha seguido pitando como un poseso, ya silencié (otro) grupo porque era un pitido constante. Hablar por teléfono y conversaciones por WhatssApp con mi gente, pero con más calma, porque a todos nos han dado la vuelta pineta a nuestra rutina habitual y hay que ir recolocándose. Qué ganas de abrazar de nuevo, de dar cariño, de no poner barreras en nuestra comunicación. Lamento repetirme como las lentejas...Acabo de dar en "El País" con algo llamado "Guía para superar el impacto emocional del coronavirus", escrito por Pilar Jericó. Os recomiendo encarecidamente que le echéis una ojeada.

Y eso ha sido todo, he intentado aislarme un poco de tanto bombardeo informativo sobre el tema, y centrarme más en sacar lo bueno de todo esto, y esperar pacientemente a que pase la "tormenta." Buenas madrugadas. Mañana más. Cambio de tercio.



domingo, 15 de marzo de 2020

Quédate en casa: CORONAVIRUS día 2

Madre mía, ¡cuántas cosas! Nunca pensé que 24 horas sin salir de casa dieran tanto de sí. Debido a la siesta de ayer, he estado despierta hasta casi las cinco de la mañana, dibujando. Había mencionado en el blog mi idea de hacer cada día un dibujo, tarjeta o lo que se me ocurriera, y cuando pase todo esto, porque pasará, regalárselos a personas de las que me estoy acordando en estos momentos. Pues bien, esto acaba de comenzar, y llevo ya tres dibujos. Aquí os adjunto fotos de cómo estoy ocupando parte de mi tiempo casero.




En breve, quizá esta madrugada, me pondré con las tarjetas de Navidad. Sí, como lo leéis. Es eso o subirme a un árbol, que tampoco lo descarto. Ya, no es el fin del mundo, ni mucho menos. Pero reconozco que me está costando bastante este cambio de rutina, aunque intentaré llevarlo mejor.

He podido limpiar el frigorifíco, guasapear, hablar por teléfono, leer, ver la TV, hablar con mis padres y mi hermano (sin prisas), cocinar...Y se me ocurrió después de hablar con una amiga, mandar un poema de Defreds. Es de su libro "Incondicional." Se llama RECORDATORIO:
Pase lo que pase. Pasen las personas que pasen. Pasen días buenos y también los malos.

Pase lo que pase. Te veas mejor o peor en el espejo. Las cosas salgan o no salgan.

Pase lo que pase, aunque la soledad apriete.

Pase lo que pase. Aunque algunas canciones recuerden a alguien que está en el cielo.

Pase lo que pase. Aunque te intenten tirar. Aunque no quieran que pases.

Nunca te olvides de ti.
De volver siempre a levantarte


No me hace falta que el grupito que lo ha recibido me conteste, solo quería que cada una de esas personitas lo tuvieran, y sepan que me acuerdo de ellas, y ya, con eso me basta.

Me parece que ese poema en concreto, encaja a las mil maravillas con lo que estamos viviendo, y la tenía marcada de cuando leí el libro "Incondicional." Mañana, en principio, haré lo mismo con otra, pero de un autor diferente.

Y uno de los momentos más bonitos del día, además de los mensajes continuos de gente a la que quiero un montón (cada día más), ha sido el aplauso, en esta ocasión a las ocho de la tarde. Hemos salido más, y me ha parecido muy emotivo. Vamos a sumar juntos. 

Mañana saldré comprar el pan, y disfrutaré de un gesto tan sencillo como es pisar la calle. Hoy tenía que frotarme los ojos para comprobar que era cierto o que veían, furgones de la Policía Nacional avisando por megafonía a los cuatro gatos (eran dos exactamente) que regresaran a sus casas porque no podían estar en la calle.

La foto del día es de parte de la familia de tórtolas que tenemos en un árbol que vemos desde casa. La vida para ellas sigue, ajena a la que a los demás se nos viene encima. Mucho ánimo para todos y gracias por demostrarme que la distancia no importa, sé que cuento con vosotros. Abrazos virtuales.


Imagen propiedad de Raquel Plaza Juan.


Y gracias a Jorge Drexler por tu canción "Codo con codo." Y me quedo con una frase "No se toca el corazón solo con la mano."


Emo-ideas (10): Y tú, ¿de quién te acuerdas?

La idea que esta madrugada os doy está relacionada con la situación actual. La verdad es que no es el fin del mundo ni mucho menos, pero es una situación complicadísima, novedosa y para la que claramente nadie estaba preparado. Me parece que todavía me encuentro en proceso de asimilación...

Se me ha ocurrido algo para combatir las largas horas de permanencia en nuestros respectivos hogares. Desgraciadamente, por lo visto y escuchado, creo que la situación que estamos viviendo va a prolongarse más de quince días, y por eso he pensado en las personas, concretamente en mi gente.

Aunque algunos tengáis que trabajar, otros cuantos no, y en general todos vamos a pasar más tiempo en nuestras casas. Estuve pensando en aquellas personas de las que ya me estoy acordando, Ya, ya, es verdad que debo tomarme las cosas de otra manera porque esto acaba de empezar y va para largo. Y se me ha ocurrido hacer algo cada día, para cada una de esas personas de las que me vaya acordando. Puede ser un dibujo, una tarjeta, unas palabras..."algo", lo que sea, detalles de todo tipo que espero entregar en mano, en cuanto sea posible, acompañados de cariño, de mucho cariño acumulado. Por si alguien más se anima, para ir dando ideas, a medida que vaya haciéndolos colgaré en el blog fotos de los mismos. Eso sí, sin poner el nombre del futuro dueño o dueña de cada uno, para que sea una sorpresa. 

No sé vosotros, pero necesito alguna vía de escape para gestionar mejor todo en estas próximas semanas, y sé que canalizar lo que siento a través del dibujo y de entradas en el blog, va a venirme de fábula. ¿Me acompañáis? Sabéis que aquí siempre seréis bienvenidos.

Ah, como planteo en el título de la entrada, respondo a la pregunta.

Me he acordado a las diez de la noche, al asomarme a aplaudir al balcón de mi terraza, de los sanitarios, autónomos, policías, militares, personal de limpieza, trabajadores de recogida de basuras, cajeros, reponedores, repartidores, camioneros, taxistas...Y el aplauso iba para todos ellos. Ha sido emotivo y ojalá esta noche se sumen más personas. Como alguien me dijo ayer, no son héroes, son personas que tienen que ser responsables, coherentes con el trabajo que tienen y lo que deben hacer, lo cual no tiene que coincidir con lo que quieren y, ahora, no les queda otra que estar al pie del cañón. Su esfuerzo es de agradecer.



Nuevos retos: CORONAVIRUS día 1

Y aquí estoy, en casa, mentalizándome de las muchas horas que pasaré en ella durante las próximas semanas (como mínimo). Antes de ayer, por fin, se confirmó en Castilla y León lo que ya todos sabíamos tras haber escuchado a Pedro Sánchez el jueves por la tarde...Me da la sensación que en mi comunidad autónoma siempre vamos dos pasos (o más) por detrás, y...¡Qué rabia!

Así las cosas, tendremos los centros educativos cerrados, espero que vacíos y, por lo visto esta noche, con gran parte de todo a nuestro alrededor paralizada. 

La verdad es que no tener clase durante un tiempo es una faena, para TODOS (mamás, papás, profesorado, alumnado, otros trabajadores de los colegios, institutos...). Pero ahora me acuerdo de todos aquellos que no van a poder parar de trabajar, por razones de causa mayor, porque estén en primera línea de fuego, el personal sanitario; policías, militares;autónomos; hombres y mujeres de los servicios de limpieza; conductores de autobuses, trenes, cercanías..., camioneros, repartidores,...y personal administrativo relacionado con estas empresas que no tenga la opción de trabajo telemático; cajeros, reponedores y todas las personas que trabajan en supermercados o tiendas de alimentación; farmacéuticos...Es muy bonito eso de hablar de "teletrabajo" pero...si se puede claro. Y hay veces que por más que nos empeñemos, no se puede.

En mi caso, y en el de muchos otros docentes castellano leoneses, el lunes no tendremos que ir al cole, pero por lo que he leído en las distintas instrucciones, la patata caliente de cómo organizarse recae en los equipos directivos de cada centro. Todo mi ánimo y reconocimiento para ellos, ante una papeleta complicada. Confío en que todos, ellos incluidos, podamos trabajar desde casa, si no es el lunes, desde el martes.

A mis alumnos les he insistido que no son unas vacaciones, ni para ellos ni para nosotros. He intentado concienciarles de la importancia de respetar lo que digan las autoridades. Sé que muchos padres van a tener que hacer malabares para compaginar trabajo y poder pasar más tiempo con sus hijos, que no dejan de ser niños, con ganas de salir a jugar, quedar con los amigos...

Mentalmente tengo ya pensado qué voy a hacer con mi tiempo. Lo primero las obligaciones, de asignar tareas y estar en contacto, supongo que vía "email" corporativo y/o alguna plataforma, con mi alumnado y sus familias. Lo segundo, aprovechar esas horas de más en casa para poner más orden en mi vida. Orden en sentido literal, emprenderé lo que denomino la "operación zafarrancho", alternando tareas arduas y poco agradecidas (por ejemplo colocar armarios) con otras que me mantengan activa e ilusionada (aquí se me ocurren mil cosas). Entre esa larga lista estará dibujar, ver películas o series en versión original, escuchar música, por supuesto leer, comenzar alguna manualidad que me apetezca aunque no sea la fecha y, lo más importante, cuidar a los míos. A los cercanos lo tengo más fácil, porque convivo con ellos, pero a todas esas personas a las que ahora tengo muchas ganas de besar y/o abrazar y no puedo (no debo), les mando de manera virtual todo mi cariño. Qué ganas de abrazar y besar a los que quiero, y eso que esto acaba de comenzar. 

Confío en que mi teléfono resista (no está para muchas), porque por supuesto va a echar humo, siendo la mejor manera de hablar con los que quiero, me preocupan...

Hablando de querer, como bien señalé antes, tendré más tiempo para leer, y ya he empezado una de las lecturas (me da que me la ventilaré en un tris, consecuencias lógicas de las horas de encierro). Se llama "Así es la vida", el autor es Tomi Ungerer (editorial Blackie Books). Es mi más reciente adquisición, en la librería Antígona de Zaragoza. Hay que reconocer que el título viene "ni pintao" al momento en el que estamos. Es un libro con respuestas filosóficas y divertidas a preguntas de niñas y niños. Os dejo un ejemplo, podéis encontrarlo en la página 48:

¿Cómo sabes si alguien te quiere? 
Emma, 6 años.

En general, es algo que se manifiesta en la ternura. Basta con observar cómo los animales les hacen arrumacos a sus crías para comprender qué es el amor.

El problema es que muchos padres y amigos son "introvertidos", es decir, que no consiguen expresar sus sentimientos, a menudo por timidez.

Es en los momentos en los que tenemos problemas, sufrimientos, enfermedades, tormentas y fracasos, cuando se dejan ver con toda su fuerza la comprensión y la compasión.

¿Cómo saber si te aman? Se nota por instinto. Si no es así, lo mejor es ir a buscar el amor en otra parte.  O está ya ahí, contigo, o te está esperando.


Pues eso, el momento actual es un ejemplo de tormenta, quizá una sacudida sea más preciso. Pero quiero pensar que de esta crisis también sacaremos algo positivo. A mí me ayuda a valorar todavía más la importancia de la "normalidad", y de poder demostrar a los que ocupan un pedacito de nuestro corazón y parte de nuestra vida, lo mucho que nos importan. Y no pasa nada, van a seguir ahí después del Covid-19.

Toca poner a trabajar el ingenio, armarse de paciencia y disfrutar de un tiempo que a veces añoramos no tener. Cuidaos.